La espero en el cabo. El agua hoy esta cristalina y calmada,
se ven las rocas del fondo, revestidas de verde placton y con pequeños peces
rodeándolas con bastante rapidez. Al fondo el infinito del mar, con algún que
otro pequeño barco navegando y varias motos acuáticas que al estar tan lejos no
llegar a romper el encanto de esta cala situada en el cabo.
20 personas me acompañan en el cabo. Es normal, es verano y
hace calor. La mayoría son chicos jóvenes que están solos o van con otros
chicos. Estamos todos desnudos, menos dos o tres. Espero a mi chica tumbado en
la toalla, en una dura roca, de cantos rodados, que junto a otras forman la
orilla donde chocan las débiles olas.
Viene solo con 20 minutos de retraso, todo un record para
ella. No me importa tener que esperarla, merece la pena por el beso de
recompensa que me da cuando llega tras la larga espera. La veo venir desde
lejos, andando entre las rocas que forman el cabo y los arbustos que componen la
escasa vegetación del lugar. Conforme se va acercando los chicos la van mirando.
Esta radiante, lleva un pareo naranja que le sienta de maravilla y que no cubre
sus largas piernas morenas. Su pelo castaño está recogido en una coleta y sus
labios tan carnosos, que no me canso de besar, forman una alegre sonrisa. Creo
que me ha identificado desde lejos. Tiene buena vista, tiene bueno todo.
Va esquivando a los chicos que toman el sol y que casi
prestan más atención a mi cuerpo que al de ella. Eso si, les dedica una sonrisa
a cada uno. ¿Se estará recreando con los cuerpos desnudos? ¿y por que no iba a
hacerlo? Si fueran chicas yo también lo haría, además están todos muy bien
físicamente. Me alegra pensar que cuando llegue a mi estará ya caliente.
Ya se acerca, puedo oler su perfume afrutado. Llega a mi
lado, me mira y extiende su toalla al lado de la mía. Se arrodilla para darme un
beso. Se funden nuestros labios, mi lengua juega con la suya, me la comería
entera. Hoy esta especialmente preciosa. Por fin ha accedido a venir a una playa
nudista conmigo. Me cuesta separarme de sus labios, pero finalmente ella lo
hace, me quedo saboreando el aroma que ha dejado en mi boca.
De pie, se quita el pareo que lleva anudado al cuello. Se
queda con el mini biquini que le regale. Es negro, solo cubre sus pezones que
coronan sus grandes pechos, duros y redondos. Y un tanga también negro me deja
la excitante vista de su culito redondo y respingón. Meto la mano entre sus
nalgas para encontrar el hilo del tanga. Lo cojo con dos dedos y estiro de el
fuerte hacia fuera, luego lo suelto de golpe. Ella da un respingo y me lanza una
dura mirada de reproche. Pongo cara de inocente y miro al suelo, se que así me
perdonará.
Me ha puesto muy caliente verla así vestida. Si no fuera por
la dulce expresión de su cara parecería una zorrita. Tengo la verga semierecta y
la mirada de varios chicos clavadas en ella, en mi verga digo…
Se tumba a mi lado. Le hago un gesto para que se quite la
parte de arriba del bikini. Se resiste. Meto la mano entre el bikini y sus pezón
derecho. Intento coger su pecho con la palma de mi mano. Imposible, son bastante
grandes. Su duro pezón se clava en mi palma. Ella se gira y se tumba de costado.
Una invitación clara para que sea yo quien desabroche el sujetador. Y no lo
dudo. Este cae sobre la toalla y sus pechos se liberan. La imagen de sus tetas
sin ningún obstáculo hace que mi erección sea más que evidente.
La suave brisa hace que sus pezones se pongan duros. Me
encantan. Me lanzo a comérselos, los mordisqueo con los dientes y los baño con
mi saliva. Besos sus pechos, mientras acaricio su cintura. Los baño con la
saliva que deja mi lengua sobre ellos. A ella se le escapa un gemido. Entonces
me doy cuenta de que se ha quitado el tanga y sus manos juegan con su coñito
depilado. Esta ya húmeda. Yo sigo con sus pechos. Nos miramos y sonreímos, es
increíble que estemos haciéndolo allí.
De repente sus manos cambian de posición y van hacia mi
verga, dura, apuntando hacia el cielo azul y con el capullo mojado. Empieza a
masturbarme. Hago yo lo mismo con ella. Meto mis dedos en su caliente coñito.
Juego suavemente con ellos entre sus labios vaginales. Se donde darle para hacer
que se estremezca. Cuando lo hago, cuando mis dedos encuentran el punto mágico
de su chochito ella se estremece, se le pone la piel de gallina.
No tarda en correrse. Se ve que ha manejado mis dedos bien
dentro de ella. Su coñito se moja. Dejo sus pechos, con los que llevo un buen
rato jugando, y bajo a beber sus jugos. Con la lengua recorro la longitud de su
rajita y lo saboreo. Creedme que es delicioso como sabe.
Satisfecha, entre dulces gemidos me hace una señal para que
suba hasta su boca. Y así lo hago. Me besa. Le como la boca. La postura es
propicia para meterle la verga y follarla. Así lo hago. Mi polla entra rápido.
El ambiente del lugar invita a una follada suave, tranquila, romántica. Encima
de ella la voy penetrando lentamente. El sol empieza a apretar y pica en mi
espalda. Gemimos. Todo lo largo de mi polla entra dentro de ella, la saco entera
y se la vuelvo a clavar muy despacio, recreándome en las sensaciones que me
produce esa trayectoria. Ella me coge por el culo, hace fuerza hacia abajo para
que se la clave entera y le presione.
Cuando empiezo a notar las palpitaciones se que no falta
mucho para correrme. Y así ocurre, la abrazo fuerte, me hundo dentro de ella y
le lleno de mi leche.
Nos quedamos tumbados, juntos, sin importarnos que pensarán y
que estarán mirando. Lo repetiremos. Le volveré a esperar en el cabo.