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TODORELATOS » RELATOS » OSCAR Y SUS FANTASíAS |
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[ Reniego de la viña que torna a ser majuelo. ] |
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TODORELATOS.COM |
Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
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| Fecha: 09-Sep-06 |
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| Variedad de amantes para escoger. |
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Esa noche Oscar había tenido un sueño bastante ajetreado y al
abrir los ojos cuando sonó el despertador, todavía en la oscuridad, tanteó el
revuelo de sábanas que se entrelazaban por sus piernas. Al encender la luz pudo
contemplar su cuerpo totalmente desnudo y con una fuerte erección tal y como le
sucedía todos los días, pero esta vez había ido más lejos pues su polla y su
vientre estaban manchados de semen, señal inequívoca de que había tenido una
abundante polución nocturna. No le extrañó en absoluto y se quedó un rato
desperezándose en la cama, entre las alborotadas sábanas, mientras en su mente
se volvían a dibujar las imágenes de la noche anterior.
Se había acostado tarde porque, como todos los domingos, estuvo navegando por la
red y recaló en unas de sus páginas favoritas que habitualmente devoraba, con la
saciedad de un buen voyeur, a sabiendas de que nadie le podía observar a él.
Había estado saboreando los jugosos comentarios del foro futbolero, al que
conducía la página, pasando con precipitación de principiante de uno a otro
enunciado (Ranking de los mejores culos de la liga, Guti está de muerte, El
paquetón de De Pedro, El culo de Ballack, El pibito Saviola, Iker Casillas y
Fernandito Torres, Ver el próximo capítulo de UPA, ¿Cuánto creeis que mide la
polla de Joaquín?, El risitas de OT,...) hasta llegar a los mas sugerentes que
rápidamente pinchaba para explorar anhelante su contenido y las fotos que en
ocasiones se abrían entre el texto.
Una vez rastreado todo el foro, tan sigilosamente como un zorro, y quedándose
con las ganas de contestar alguno de los mensajes, cosa que no hacía por una
parte por miedo a que su identidad quedase revelada y por otra al ridículo que
podía hacer debido a su escaso conocimiento del mundo del fútbol. A él sólo le
interesaba poder leer comentarios y ver fotos de esos macizos jugadores de los
que leía noticias y veía imágenes en los periódicos pero que no sabía a que
equipo pertenecían. Si alguna vez había intentado adentrarse en ese mundo se le
había hecho cuesta arriba, pues era incapaz de aprenderse una alineación y si al
final lo hacía, los nombres y las imágenes de los jugadores se mezclaban e
incluso mezclaba los jugadores de un equipo y otro y se hacía tal galimatías en
la cabeza que en ocasiones se le ponía un insoportable dolor; por lo que decidió
no preocuparse del asunto y concentrarse en exclusiva en los cuerpos de esos
jugadores cuyos nombres aparecían en el foro y en los periódicos y que a él le
ponían muchísimo y a los que le gustaría poder ver en toda su esplendorosa
desnudez, aunque esta no fuese mas que un montaje de laboratorio, pero como él
decía - "que más da si es verdad o no, nunca lo voy a poder comprobar y lo más
importante de todo es el poder de la imaginación y el deseo"-. En ciertos
aspectos para él esas imágenes eran los dioses a los que se entregaba en cuerpo
y alma durante sus sesiones de onanismo.
Aquella noche se quedó con las ganas de enviar una imagen de un nuevo nombre que
hacía unos días aparecía en el foro y que ya unos años atrás le había impactado,
no era futbolista pero daba igual, de vez en cuando también tenían cabida
cantantes, actores y deportistas de otras especialidades; pero no disponía de
los medios necesarios para hacerlo. No tenía escáner y por tanto no podía pasar
al ordenador las imágenes que aparecieron hace años cuando comenzaba a despuntar
la carrera del saltador Yago Lamela, en las que aparecía marcando un
considerable paquete en las blancas mallas con las que cubría su cuerpo, dejando
al desnudo un pecho bien formado y peludo al que hubiese acercado su cabeza para
aspirar el potente olor a macho que parecía desprender.
Una vez leídos minuciosamente los mensajes del foro pasó a ver las imágenes de
las distintas galerías, las tenía ya muy revisadas pero siempre le gustaba echar
un vistazo, pues desnudo como estaba bajo el albornoz que le cubría del frescor
de la noche, su polla se ponía a palpitar ante aquellas imágenes y él se
masturbaba con tal fuerza que se corría con una violencia inusual sobre su
estómago y descargaba en tres o cuatro potentes oleadas tal cantidad de semen
que luego extendía con un suave masaje sobre su piel mientras imaginaba que era
su futbolista preferido, el rubio David Beckham, quien lo hacía y quien luego se
lo lamía hasta secarle completamente, le retiraba la mano de su verga y la
sustituía por aquella boca de labios carnosos que se la chupaba tan delicada y
expertamente que enseguida estaba otra vez en el cielo y deseando correrse en
aquella boca golosa que succionaba su pene sin parar y a la que él ayudaba
empujando su rubia cabeza para que se lo tragase por completo y le dejase
totalmente extenuado.
Esa noche Oscar estaba especialmente excitado y pasó a leer uno de aquellos
idealizados relatos en que los futbolistas daban rienda suelta a sus instintos y
sus musculosos y deseados cuerpos se fundían en aquellos improbables actos
sexuales que tanto le gustaba releer casi tumbado en la silla de estudio, y que
le erotizaban de tal modo que, mientras sus ojos se deslizaban por la pantalla
devorando línea tras línea del escrito, su mano izquierda acariciaba su vientre,
su pecho, sus pezones, su cuello, el interior de sus muslos y el agujero ansioso
de su culo que se dilataba cuando uno de sus dedos, que previamente había mojado
en saliva, se abría paso al interior cálido y acogedor de su cuerpo que esperaba
el rabo que le penetrase a fondo y le follase a la manera de lo que sucedía en
los textos que releía con avidez. Con la otra mano se sobaba las peludas pelotas
que colgaban al aire y que al endurecerse dejaba de lado para pajearse
suavemente la polla con la mano ensalivada hasta casi llegar al éxtasis y que
sólo soltaba para pasar el texto con el pequeño ratón que se acurrucaba en la
mano; con lo que retardaba de manera inconsciente el clímax y no echaba toda su
leche hasta no acabar el relato, salpicando la pantalla que luego limpiaba con
la lengua pues le gustaba ese sabor agridulce de su propio semen que iba
escurriendo por el visor. El onanismo de Oscar en esas noches de insomnio
llegaba al paroxismo y no cesaba de darle marcha a su rabo hasta quedar
completamente agotado después de masturbarse, como siempre, visionando esa foto
de Salgado que por la espalda agarra de los huevos a Kluivert que tanto le
ponía.
Pero esa noche todo había sido diferente y mucho más placentero, pues estuvo muy
caliente y excitado y las corridas habían sido mayúsculas con unas oleadas de
placer que recorrieron las terminaciones nerviosas de su cuerpo de punta a punta
dejándole en un estado de relajación tan indescriptible que creía estar en otra
órbita, que únicamente giraba a su alrededor llenándole de placer de tal manera
que ni en un solo segundo, de las más de dos horas que se tiró delante de la
fluorescente pantalla, dejó de estar empalmado, con una erección tan poderosa
que en ocasiones hasta le hacía daño y es que todo: los textos del foro, las
fotos mil veces vistas y los relatos ya tan releídos, le habían puesto tan
cachondo que se encontraba como en una nube.
Extasiado de gusto consiguió a duras penas apagar el ordenador y se dirigió a la
cama. Se limpió los restos de semen que se habían resecado en su cuerpo y se
puso los pantalones del pijama y la camiseta que le había regalado el hombre con
el que había compartido siete años de su vida y que hacía uno se marchó una
tarde dando un portazo por su recién descubierta adicción al onanismo delante de
la pantalla reluciente del ordenador. Todavía se ponía aquella ropa para dormir
porque le recordaba su olor, la suavidad de sus manos deslizándose por su cuerpo
y aún sentía la polla que se iba endureciendo lentamente cuando, acostado de
lado, lo abrazaba por la espalda intentando conciliar el sueño; con lo que se
iniciaba una retahíla de juegos amorosos que les dejaba a ambos sin resuello y
completamente satisfechos. Por eso, porque todavía se acordaba de aquel macho,
era por lo que se ponía aquella vestimenta que en el fondo le estorbaba, porque
a él le gustaba dormir desnudo, pero que al mismo tiempo la necesitaba para
sentir imaginariamente el calor de otro cuerpo pegado muy cerca del suyo.
Esa noche no se volvió a pajear fantaseando con su antiguo amante como solía
sino que rápidamente se quedó dormido. Pero en su mente empezaron a cabalgar los
sueños y las imágenes vividas en el ordenador se alborotaron y empezaron a dar
vueltas, desordenadamente, en su mente con tal velocidad que comenzó a agitarse
en el lecho y se vio de repente así mismo levantándose y dirigiéndose al baño
donde se ducho mientras se volvía a masturbar como solía sintiendo el agua
caliente que le recorría el cuerpo a lametones. Se secó con la toalla
deteniéndose un buen rato en su sexo y su vientre y luego se vistió unos
vaqueros ajustados y una camisa arrugada, que le realzaba sus hombros anchos y
su bien cincelado torso, con más botones desabrochados que abrochados y salió a
la calle en busca de un buen semental con quien follar toda la noche.
El, que no solía salir a ligar, se vio en el sueño llegando a un local
abarrotado en el que todo eran miradas e insinuaciones, un local tan caldeado
sexualmente como lo estaba él. Y lo que son los sueños aquello estaba lleno de
futbolistas: Casillas, Morientes, Torres, Raúl, Tristán, De Pedro, Roberto
Carlos... incluso los míticos Zidane, Figo, Hierro y Guardiola. Todo le empezó a
dar vueltas en la cabeza y los personajes se le mezclaban y les veía o imaginaba
en las posturas que había leído en los relatos, mezclándose unos con otros sin
limitación.
Y así enfebrecidamente la pista de baile se convirtió en unos vestuarios, donde
desnudos veía a los miembros del equipo bromeando y a Figo agarrando de la mano
a Guardiola a quien dirigía hacia la zona de duchas de donde salía un espeso
humo que abría paso a esos dos cuerpos gloriosos que nada más penetrar volvieron
sus caras y las juntaron en un beso largo y húmedo, entrelazando sus lenguas
adentrándolas en las respectivas bocas, lamiéndose, mientras con las manos
recorrían cada centímetro de sus espaldas hasta llegar al culo. La proximidad de
sus cuerpos hizo que sus vergas se empalmasen rápidamente y ambos las sintieron
crecer sobre su estómago mientras se frotaban y sus manos buscaban urgentemente
un agujero donde vaciar sus deseos. Pep deslizó suavemente su lengua por la cara
del portugués, raspándose con los pelos duros de la incipiente barba que
comenzaba a asomarse por los poros, hasta llegar a una de sus orejas que
succionó con avidez intentando penetrar en su interior y haciendo que el
portugués cimbrease su cuerpo mientras con la mano izquierda agarraba
fuertemente aquella polla descapullada que deseaba penetrase en su interior.
Guardiola siguió deslizando la boca por el pecho velludo deteniéndose en
aquellos pezones rosados, endurecidos y erectos que tanto gustaba lamer.
Figo no soltaba el rabo de su compañero que cada vez se alejaba un poco más pues
éste iba chupándole su cuerpo cada vez mas abajo recorriéndole el pecho y el
vientre hasta llegar a la negra mata de recio pelo que orlaba la joya de la
corona, aquel enorme rabo de proporciones cuasi perfectas del que bien podía
vanagloriarse el luso. Allí hundió su nariz el catalán intentando atrapar el
olor de macho que despedía su compañero de equipo como antes había hecho con sus
sobacos. Aquel olor profundo, seco y dulzón que en mitad de un partido, cuando
el sudor invadía sus cuerpos, a Guardiola le gustaba aspirar porque
instantáneamente embriagaba sus sentidos y respondiendo como un muelle su polla
se elevaba recia y dura intentando salir por la cinturilla de sus calzones.
Entonces únicamente quería rozarse con aquel cuerpo que deseaba, que necesitaba,
que le erotizaba con sólo mirarlo o con tan solo sentir que le tenía cerca;
porque el portugués tenía para él un poder tal de seducción que no podía
controlarlo y que desde el mismo instante en que se conocieron quiso poseerle,
tocarle, dejar que su cuerpo se fundiese con el de él.
Por eso cuando en su primer partido juntos, tras meter un gol y en el momento de
la celebración, Figo se acercó y le dio aquella palmada en el culo ya no sintió
nada más y el campo dio la vuelta en su cabeza y estuvo jugando sin saber que
hacía, flotando sobre el verde césped y sólo sintiendo el calor de aquella
poderosa mano que le había tocado, sintiendo su olor, su calor y su fuerza.
Menos mal que faltaban pocos minutos para concluir que si no tendría que haber
sido sustituido porque en definitiva no sabía donde estaba. Luego en el
vestuario las bromas, la alegría, el bullicio de la victoria le rodeaba pero él
solo tenía ojos para buscar con vehemencia al macho, al hombre aquel que no
conseguiría nunca pero que le dejaba sin respiración, sin sentido y de repente
ese olor a él que le envolvía y le devolvió a la realidad. Su cara frente a la
suya felicitándole, tendiéndole la mano, invitándole a una fiesta que luego
terminó como no podía ni imaginarse, en la cama, ambos derrotados en el fragor
de aquella inmensa batalla que traería consigo otras muchas siempre nuevas y
distintas.
Ahora sentía ese mismo olor mientras le lamía la verga oscura con la intensidad
que él sabía que a él le gustaba, introduciéndola lentamente en su boca, cada
vez un poco más adentro, sintiendo sus poderosas manos jugueteando con su pelo y
adivinando la cara de él, relajada, contrayéndose del placer que él sabía
administrarle en dosis tan justas que le dejaba al borde del clímax, que él le
retardaba porque quería recibir toda su espesa leche en su interior, sentirla
penetrar en él a sacudidas tras lo cual su cuerpo se desplomaba sobre el suyo y
se quedaban tendidos un rato, para él interminable, sintiéndolo tan cerca y tan
suyo que se volvía a excitar y de nuevo empezaba a toquetear las duras pelotas
velludas que antes había chupado y volvía a hacerlo y la verga de nuevo se
hinchaba y pedía más guerra y el proceso volvía a comenzar y el placer se
extendía por sus cuerpos y ahora el portugués se dejaba penetrar a horcajadas
sobre la rosada polla del catalán imprimiendo un ritmo extraordinario que le
hacía volar. Pero esto sólo eran pensamiento de lo que vendría después pues
todavía estaba embadurnándole con su saliva y el portugués no podía más y le
retiró la cara de su miembro y le dio la vuelta rozando sobre sus muslos aquel
aparato jubiloso hasta apretar su culo contra él y meterle entre sus piernas
mientras recorría su cuello y espalda a lametones y pequeños mordisquitos
voraces que se detuvieron al llegar a aquellas nalgas prominentes separadas por
una raja profunda por la que él pasó la lengua lentamente ensalivándola e
introduciendo la punta en el agujero que se expandía y se abría anhelante y él
lo lubricaba con su saliva preparándolo para recibirle mientras le pajeaba
suavemente. De repente Guardiola se volvió enfrentándose a Figo y se agarró al
marco por el que se accedía a las duchas elevando su cuerpo y entrelazando sus
piernas alrededor de la cintura del portugués atrayéndole hacia él y cuando
estuvieron casi pegados le besó con pasión saboreando su lengua húmeda. Figo,
con ambas manos en las nalgas, le aupó hasta que su verga quedó al alcance de la
boca y se la tragó entera con una voracidad desconocida que hizo que Pep se
abandonase al placer proporcionado y casi se cae cuando soltó una de sus manos
del marco. Durante un rato Figo se la estuvo mamando y chupando los huevos que
se metió a la boca primero uno, después el otro para acabar con todas las
pelotas del catalán en su boca, endureciéndoselas de tal manera que casi
estallan dentro de su propia bolsa. Cuando dejó de lamer sus huevos continuó por
la base de su polla mientras con la otra mano le acariciaba la raja y le
introducía el corazón en el culo al mismo tiempo que se tragaba todo su aparato
y comenzaba un movimiento al unísono de dedo y boca que hizo que Pep le echase
toda su lefa agridulce en tres trallazos mayúsculos que no le dio tiempo a
tragar y se le escapó por la comisura de la boca embadurnando los muslos de su
compañero que cuando terminó de correrse limpió con los labios sin dejar ni
rastro. Entonces Guardiola se dejó caer sobre el rosado capullo que se izaba
dominante y este llegó a tocar el agujero y un escalofrío recorrió el fibroso
cuerpo que volvió a elevarse. Figo le sujetaba por la cintura con sus musculosos
brazos y el cuerpo de Pep volvió a dejarse caer y el dardo de Figo esta vez
acertó en el centro de la diana y empezó a penetrar con decisión en el dilatado
ano de Pep; pero este detuvo su caída cuando sólo había penetrado la punta del
capullo y acercó su rostro al de Figo y juntaron sus bocas en un profundo beso
mientras dejaba descender su cuerpo y la verga del portugués se hundía
lentamente en las profundidades de su culo con una mezcla de dolor y placer
inenarrable que Guardiola desde su posición trataba de controlar hasta que por
fin la gruesa polla penetró por completo y Pep sintió las huevos de Figo golpear
sus nalgas. En esa posición se quedaron por unos instantes hasta que el culo de
Guardiola se acostumbró al grosor del aparato que se había introducido y comenzó
un metesaca brutal que con cada embestida se hacía más placentero y cuando por
la expresión del rostro de Figo, Pep adivinó que estaba a punto de correrse izó
con rapidez su fibroso cuerpo y se sacó la verga del portugués por completo para
al instante volvérsela a meter completamente haciendo alcanzar el clímax a su
compañero que lanzó varios trallazos de su espesa leche que Pep sintió como
ascendía por el interior de su culo que lo tragaba todo sin permitir que nada
del preciado líquido se derramase, pues Pep apretó su esfínter sobre el rabo de
Figo anillándole de tal manera que todavía este le soltó un último chorro de
esperma en su interior. En ese momento Guardiola soltó las manos del marco y se
agarró al cuello de Figo fundiéndose en un abrazo seguido por un largo beso
mientras continuaba ensartado. Todavía continuaron así un rato hasta que Figo
agotado dobló las rodillas y acabó sentándose en el suelo húmedo con su verga
todavía hincada hasta dentro en el culo del catalán, que comenzó a moverle
nuevamente cuando Figo se tumbó completamente y él a horcajadas sobre su vientre
prosiguió el juego metiendo y sacando la verga y proporcionándose un placer tal
que nuevamente sintió como la leche de Figo inundaba su culo y su propia polla
sin llegar a tocarla regaba con su espeso y blanco esperma el pecho velludo y
moreno del portugués e incluso alguna gota llegó hasta sus labios relamiéndola
con deleitación. Una vez acabado Guardiola se levantó un poco para dejar salir
el aparato de Figo que todavía mantenía algo la erección y tumbarse también
junto a él dejando que el agua de la ducha, que abrió con una mano, cayese
sobres sus extenuados cuerpos que se abandonaban en el verde césped del estadio
abarrotado de público en el que se había convertido el escenario.
Esta visión había dejado boquiabierto y completamente excitado a Oscar, pero de
inmediato desapareció y se encontró de nuevo en mitad de la pista de la
discoteca rodeado de otros futbolistas que se besaban y se acariciaban: Guti con
Solari, Zidane con Torres, Portillo con Albelda, De Pedro con Casillas y Saviola...
en una rueda que giraba y giraba a su alrededor y allí ve en imágenes las
historias tantas veces releídas en los relatos que más le gustaban.
De repente las caras cambiaron y junto a los deportistas aparecieron otros
rostros que no eran populares pero que él si conocía porque eran las caras que,
en la intimidad de su casa frente a la pantalla del ordenador, él había
imaginado que tendrían los redactores de aquellos mensajes que leía con ansiedad
en el foro y así allí estaban como él imaginaba que serían las figuras que
correspondían a los nicks de: Terront, Baraja, uoiea, Liu. Robin, Nino, Tares,
Gom... todos juntos en una impresionante orgía con sus jugadores favoritos. Y
este maremagnun de imágenes que cambiaban con asombrosa rapidez y que no
permanecían en la retina más que unos instantes, los justos que le permitían
relacionarlos, dejó de girar a su alrededor y se fue concretando hasta que la
vorágine se detuvo y se vio así mismo acodado en la barra del bar completamente
sólo mientras que algunos personajes se desplazaban por la pista y otros
aparecían sentados en animadas charlas.
Todo se había calmado y de la orgía primigenia a la que él había asistido ya no
quedaba nada, todo estaba tranquilo y él parecía haber vuelto a la realidad pero
de inmediato se percató de que aquel lugar no le era conocido, de que no sabía
donde se encontraba y se sintió perdido en aquella gran sala iluminada con una
fría luz azulada, casi desnuda, de un diseño tan innovador que le asustaba en
ocasiones porque se sentía desprotegido en ese espacio minimalista que le
rodeaba.
Se volvió y pidió al camarero, que le observaba fijamente, una tónica con
ginebra azul y mientras se la servían quedó perplejo al reconocer en sus rasgos
los que él había imaginado pertenecerían a Gombil que compartía barra y miradas
cómplices con Saviola. Así otra vez se fueron dibujando aquellos rostros
ocultamente deseados, cincelados sobre unos cuerpos impresionantes, cubiertos
con las ropas que él habría elegido en la sección de moda de las revistas que
caían en sus manos. La visión de todos aquellos chulazos era para él lo mas
cerca que había estado de ese mundo idealizado que te ofrecen las revistas y la
televisión y que él, tan práctico como era, decía que no existía que solo eran
los sueños prefabricados de los estetas de la imagen.
Dando la espalda a todo aquello Oscar bebía mientras deslizaba su mirada por el
gran espejo que, frente a él, recorría toda la barra y que le devolvía todo el
bullicio de la fiesta y allí apoyado en una columna adivinó la espigada silueta
de espaldas de Helguera ceñida por unos vaqueros apretaditos y una camiseta
celeste que no llegaba a cubrir la cinturilla por la que asomaba el elástico
blanco de los calzoncillos. Esa imagen quedó grabada en su retina mientras
jugaba como a él le gustaba, y solía hacer a menudo, a adivinar como sería el
resto de la prenda que ahora apenas vislumbraba. Era tal la fijación que tenía
con aquel juego que siempre que observaba, en silencio y a solas, a los tíos
trataba de imaginar que tipo de calzoncillos llevaban puestos y les perseguía
con la mirada esperando el momento en que algún movimiento por ellos realizado
le permitiese contemplar el preciado borde asomando por el pantalón, lo que le
llenaba de una satisfacción tal que alteraba su percepción al ver que coincidía
con sus deseos. Siempre cuando lograba por fin entreverlos sufría una potente
erección y el deseo ascendía por el pecho dejándole un sabor de triunfo en la
boca. Ahora le estaba pasando lo mismo y tan absorto estaba en la contemplación
que no se dio cuenta que junto a él se había acodado un morenazo, de cuerpo
atlético a base de machacarse en el gimnasio y ojos de un negro profundo como un
pozo, hasta que en un movimiento impulsivo derribó su vaso derramándose el
contenido por el mostrador y alcanzar a su vecino, empapándolo la manga de la
camiseta multicolor y la pernera del pantalón. Entonces se volvió hacia él y
reconoció en sus rasgos los que él había dibujado en su mente como los
correspondientes al nick de Baraja para que las líneas que bajo ese nombre leía
en la lejana pantalla se pudiesen corporeizar.
Siempre se le había imaginado así, desde la primera vez que leyó aquellas líneas
y ahora que lo tenía enfrente no sabía que hacer. Torpemente balbuceó unas
palabras de disculpa y sacó un pañuelo para tratar de secarle. Pero el
valenciano se anticipó a sus movimientos y de un sólo golpe se sacó la camiseta
que, mientras se deslizaba hacía arriba, dejaba descubierto ante los ojos de
Oscar un pecho moreno y de marcada musculatura que bien podría haber pertenecido
a una antigua escultura griega de cualquiera de sus dioses o héroes. Al deslizar
la vista por él comprobó que a la altura de su ombligo aparecía una fina línea
de vello que penetraba en el interior del pantalón del que ¡Oh cielos! asomaba
una estrecha franja blanca perteneciente al elástico de sus calzoncillos que él
imaginó slips por la forma recogida que su paquete marcaba en su apretado
pantalón. Como siempre ante aquella visión sufrió una potente erección que no
pudo disimular y que incluso aumentó cuando Baraja, al terminar de quitarse la
camiseta, le miró a los ojos y le dijo "¡como me has puesto, me voy a tener que
quitar hasta el pantalón!". "No eso no" pensó Oscar pues así se acabaría aquella
visión que tanto le gustaba y el misterio quedaría por fin revelado y en el
fondo lo que él deseaba era poder ir desabrochado uno a uno los botones de su
pantalón para él mismo descubrir lo que llevaba puesto y a continuación poder
hurgar en su interior hasta saciar todos sus sentidos.
Con un torpe gesto acercó la mano a la pernera del pantalón y comenzó a secar
con el pañuelo la superficie mojada mientras clavaba su mirada en el prominente
paquete que por un momento sus ojos quisieron ver aumentar de tamaño. Fue
entonces cuando Baraja le cogió la mano parando sus movimientos, dejándola por
un instante apoyada en la pierna tan cerca del paquete que sintió un
estremecimiento. Oscar alzó su brazo para apoyarle en el pecho y cuando se
sintió liberado del peso de la otra mano y sus ojos se cruzaron en una mirada
cómplice, le rozó la mejilla, besó sus labios carnosos y le pidió perdón. No
mediaron ni una palabra más avanzaron un paso y al fin sus cuerpos se
encontraron, se abrazaron y se fundieron en un largo beso que para Oscar pareció
no acabarse nunca. En la proximidad de sus cuerpos sintieron como sus miembros
chocaban percibiendo su erección a través de la ruda tela que los albergaba y
así de pie junto a la barra a la vista de miradas indiscretas continuaron
besándose sin importarles lo que ocurría a su alrededor, recorriéndose las
espaldas con las manos abiertas y apretando los cuerpos con fuerza para sentirse
mas cerca y Oscar por fin deslizó sus dedos por el vero del calzoncillo y hundió
la lengua en la boca y se besaban como locos y se tocaban y se deseaban como
nunca y se mordisquearon el cuello, los dedos, los hombros y se comieron a besos
delante de todos y sus manos se paseaban por todo el cuerpo, que se arqueaba
para adelantase hacia sus propias caricias.
El fragor de la batalla se atemperó tras la urgencia de estos primeros momentos,
fundiéndose en un abrazo prolongado que puso a Oscar frente al espejo desde el
que contempló como Helguera continuaba apoyado a la columna pero esta vez vuelto
hacia ellos, con los pulgares colgando de la trabilla de sus vaqueros
permitiendo asomar un poco más de sus níveos calzoncillos y sus manos cercando
el abultado paquete que dibujaba una polla larga y gruesa que apuntaba hacia
arriba y pugnaba por salir. Sólo él estaba mirándoles mientras ellos seguían
abrazados, besándose y tocándose todo el cuerpo, aumentando su deseo
paulatinamente pero sin ir más allá, sin atreverse a proponer un encuentro
cuerpo a cuerpo mas íntimo y de nuevo a los ojos de Oscar la pista volvió a
llenarse de imágenes, de cuerpos sudorosos, de caras extasiadas de placer, de
recuerdos que su mente hacía realidad, de tantos relatos leídos, de futbolistas
follando con otros futbolistas, de sus ídolos amándose como había leído y como
se les imaginaban tantos compañeros de fatigas que hubiesen dado cualquier cosa
para poder estar tan íntimamente unidos a sus ídolos, para poder tocarles,
verles desnudos, lamer sus cuerpos y poseerles o ser poseídos por ellos. Ahora
también allí estaban todos aquellos nicks del foro corporeizándose según sus
deseos y haciendo con sus futbolistas soñados lo imposible, lo que sabían que
sólo podrían hacer en el interior de su mente. Como él que tenía entre sus
brazos a Baraja tal y como soñó desde el primer día en que leyó sus mensajes en
el foro, pero sobre todo desde que recibió aquel enigmático e-mail suyo
preguntándole quien era pues había recibido sus noticias sin que él le hubiera
escrito nada y que con un poco de precaución y algo temeroso por salir de su
anonimato se atrevió a contestar devolviéndole la pregunta y que jamás fue
respondido quedándose perdido, enmarañado, en esa inmensidad de redes que
imaginaba circulaban entrelazadas por el espacio y que le ponían en contacto con
otros mundos a través de su conexión a internet.
Disfrutando como estaban de aquel encuentro en que sus cuerpos y sus pollas se
rozaban y sus manos acariciaban con urgencia a la vista de todos; Oscar se
percató de que Helguera se aproximaba balanceando su cuerpo espigado y vio que
al llegar a su altura los miró fijamente y Baraja le palmoteó el culo en el
preciso momento en que el futbolista recorría con un suave roce la espalda de
Oscar, tras lo cual se sucedieron unas miradas cómplices. Sus cuerpos se
separaron un poco para recibir al ídolo que sin dudarlo se unió al grupo posando
las manos en sendos paquetes a punto de explotar.
Oscar perdió la noción del tiempo y cuando volvió a recuperarla, notándose
tremendamente excitado y con el capullo húmedo por las primeras gotas de líquido
seminal, vio caminando delante de él los culos gloriosos de sus dos amantes
apretados dentro de los vaqueros y orlados por la blanca cinturilla de sus
calzoncillos. Aquellos culos redondos y musculados a los que deseaba penetrar,
moviéndose al ritmo maravilloso de sus cuerpos. Dio un paso adelante y se abrió
un hueco entre los dos agarrándoles por la cintura, caminando hacia el lugar
desconocido donde los sueños tantas veces alimentados por sus fantasías podían
hacerse realidad.
Ahora no caminaban por ninguna calle sino que parecían flotar sobre un gran
espacio nebuloso que no se dirigía a ningún sitio y tan grande como una
eternidad pero feliz por llevar a su lado a los hombres que en aquel momento más
deseaba y ante ellos pareció abrirse un claro y Oscar reconoció, por la
disposición de los muebles, su propia habitación flotando en la luz y sin ningún
otro rastro de identidad.
Al llegar, mientras Natxo y el futbolista se besaban, él aprovechó para pasar
sus dedos por la cinturilla del pantalón entre este y los calzoncillos y comenzó
a desabrochar de uno en uno los botones de la bragueta de Natxo y luego los de
Helguera, dejando asomar sus blancos slips que a duras penas podían contener sus
tremendos miembros y pegar la cara contra ellos para aspirar el olor dulzón de
sus pollas erectas que comenzó a lamer sobre la tela viendo como ellos se
besaban con tal glotonería que sus lenguas se metían hasta lo más profundo de
sus gargantas. Los cuerpos de sus dos amantes se arqueaban de placer y él
comenzó a desvestirles poco a poco aprovechando la ocasión para recorrer con sus
ávidos labios cada parcela de piel que iba quedando al descubierto. Por fin
liberó sus pollas que saltaron al aire irguiéndose libres y las saboreó
alternativamente con gran delectación envolviéndolas con su húmeda boca. Se
desnudamos en un abrir y cerrar de ojos y subieron a la gran cama que apareció a
su lado.
Baraja, que tenía un pene enorme y glorioso con una cabeza rosada perfecta, se
tumbó en el centro y Helguera a su lado le sobaba la peluda bolsa que colgaba
bajo su miembro mientras se tragaba entera la polla de Oscar, que aún permanecía
de pie junto a la cama, momento que aprovechó Natxo para bajar la cabeza hacia
el bajo vientre del futbolista y agarró aquel grueso y hermoso pene con ambas
manos y lo chupó furiosamente. Al principio parecía tener problemas para
metérselo en la boca pero él insistía y al final Helguera le ayudó empujando su
grueso mango hacia el interior de aquella garganta que lo recibía con
deleitación. Por su parte Oscar se soltó del cepo de labios que rodeaban su
miembro y se tumbó sobre ellos para devorar el rabo de Natxo que se erguía
imponente en todo su esplendor. De pronto Helguera se levantó de la cama y Oscar
vió como se dirigía a la mesilla y se ponía un condón. Su culo estaba en la
posición perfecta para ser penetrado, pues de rodillas al borde de la cama no
dejaba de chupar la polla de Baraja. El futbolista se acercó y, mientras
mantenía sus labios envolviendo aquel miembro, empezó a introducir un dedo
embadurnado en vaselina en la raja de Oscar y cuando sintió que estaba preparado
comenzó a introducir su pene, tieso como un palo, en su culo que se iba
ensanchando para recibirle y sentía como se iba llenando más y más hasta que se
la metió por completo. Mientras seguía chupando el enorme pollón de Natxo y le
veía sonreír desde lo alto, Helguera empezó a follarle, lenta pero
inexorablemente, agarrando sus caderas con fuerza con ambas manos y fue
acelerando progresivamente el ritmo y a cada golpe le hincaba todo su rabo
echándose hacia atrás y luego volviendo a lo más hondo; aquello le hizo ascender
por toda la escala del placer a una velocidad enloquecida y creyó que se le
escapaba el domino de sus sentidos con ese movimiento de va y viene que
aumentaba aun más su excitación que ya casi era insostenible.
A la vez tenía la polla de Baraja agarrada con las dos manos y estaba
mamándosela furiosamente al mismo ritmo con el que Helguera le estaba dando por
el culo y mientras este seguía con su mete y saca brutal gruñendo de placer
Oscar notó como el cuerpo del valenciano se iba envarando esperando la
eyaculación que al fin llegó con un alarido. Su semen empezó a correr dentro de
su boca y trató de tragarlo todo pero era imposible así que se le escapó entre
los labios y goteó sobre sus pelotas y mientras se las lamía para limpiárselas
Helguera dio un último empujón y con un fuerte grito comenzó a descargar en el
interior de Oscar mientras sus manos, que hacía rato manipulaban su rabo,
aceleraban sus movimientos y consiguieron que descargara violentamente su semen
de varios trallazos en ellas, lo que aprovechó para embadurnarle el vientre.
Tras ese estallido de éxtasis los tres se desplomaron sobre la cama con sus
miembros todavía duros y pidiendo guerra.
Cuando recuperaron el aliento Baraja acarició la polla a Oscar y comenzó a
mamársela limpiando a la vez los restos todavía calientes de su propia leche. El
juego volvió a comenzar y esta vez se invirtieron los papeles y así mientras
Natxo le hacía una mamada espectacular a Helguera, Oscar se puso un condón y
buscó ansioso el orificio rosado que el culo en pompa de Baraja le ofrecía y
comenzó a lamerlo, introduciendo la punta de su lengua en su interior, lo que
hizo que se fuera dilatando poco a poco. Una vez bien lubricado apuntó el rosado
capullo al centro de su agujero y con un leve empujón introdujo la punta de su
polla en su culo que, a pesar de entrar justa, enseguida se adaptó a su medida y
lentamente se deslizó hacia su interior ardiente que la recibió entera con un
movimiento de vaivén que le producía escalofríos. Una vez por completo en su
interior la volvió a deslizar hacia fuera sacándola entera para a continuación
volver a penetrarle de un único golpe mientras él no paraba de mover el trasero
adelante y atrás sin dejar de bombear la dura polla de Helguera con sus labios
carnosos. El futbolista todavía con su rabo hincado profundamente en la garganta
del forero alargó una mano y cogió uno de los condones de la repisa al que rasgó
el precinto, le extrajo y se lo colocó entre los labios, en un momento se liberó
de la mamada que le estaban haciendo, se giró por completo y acercó su cara a la
polla de Baraja que empezó a manosear y una vez dura como un palo la aproximó a
su boca y comenzó a tragársela en toda su longitud a la vez que le deslizaba el
condón sobre ella y manipulaba su culo metiéndose primero un dedo y una vez
abierto camino, otro. Ya dilatado y lubricada la polla se deslizó debajo de
Natxo y éste le fue penetrando, siguiendo el ritmo que Oscar le imprimía desde
atrás, mientras rodeaba fuertemente su polla con las manos y le pajeaba con
verdadera maestría.
Así acoplados cabalgaron sobre sus respectivas monturas al unísono cada vez mas
violentamente y penetrando mas profundamente en sus entrañas en un mete y saca
que les hizo casi perder la conciencia pues las oleadas de placer de todo tipo
inundaron sus cuerpos en esa cabalgada frenética hacia el éxtasis que casi
explotó al mismo tiempo en un espasmo que puso sus cuerpos en tensión y que se
esforzaron en prolongar mientras tres gruñidos de placer salieron de sus
gargantas fundiéndose en uno sólo en el momento en que consiguieron echar todo
el líquido seminal que almacenaban sus vergas. Al final cayeron sobre el amplio
lecho abrazados en un revoltijo de jóvenes cuerpos sudorosos y completamente
rendidos tras aquella sesión agotadora en la que sus cuerpos alcanzaron el
utópico séptimo cielo del placer compartido con los mejores amantes que sin duda
había tenido nunca. Y entre las nebulosas del sueño que aparece tras una
maravillosa corrida volvieron a emerger las escenas más deseadas hasta que lenta
e inexorablemente Oscar cayó en los brazos acogedores de Morfeo que le acunó en
su regazo toda la noche.
Tras recorrer con su mente toda la experiencia soñada Oscar decidió levantarse
porque se había demorado bastante y se le hacía tarde. Antes de dirigirse al
baño echó una última ojeada al revuelto dormitorio en el que parecía haber
tenido lugar una verdadera batalla campal. Una vez dentro se miró al espejo
apreciando los estragos que en su rostro había dejado el duermevelas de la
ajetreada noche y al abrir el grifo para refrescar su cara vio que colgaban del
lavabo tres preservativos todavía llenos de semen y su mente nuevamente comenzó
a girar enloquecida llenándose de maravillosos recuerdos, no sabia a ciencia
cierta si reales o soñados, y la vorágine le volvió a invadir y en su interior
una frase ascendía con fuerza:
"Entre lo vivido y lo soñado siempre está lo deseado".
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