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TODORELATOS » RELATOS » YO, MI NOVIO Y UNOS DUROS MILITARES
[ Alegrías secretas, candela muerta. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 06-Sep-06 « Anterior | Siguiente » en Orgías (1609 de 1941)

Yo, mi novio y unos duros militares

luisfo
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Soy una puta bastante cerda, así que mi novio me convenció en seguida para que me fuera un fin de semana con él y sus amigos militares a una casa rural, en donde me iban a hacer barbaridades que jamás hubiera soñado. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

(Nota del autor: Este relato no está recomendado para aquellos en los que el sexo guarro no esté entre sus fantasías. Hay ciertos pasajes que pueden no resultar de su total agrado. El autor busca crear morbo, por lo que intenta formar una borrosa frontera entre ficción y realidad. En ningún momento se intenta engañar a nadie. Gracias)

He de reconocer que desde siempre he sido muy puta y que me encanta el sexo. Siempre que puedo me dejo llevar por mis instintos más bajos y suelo insinuarme a los más diversos hombres, con los que acabo follando en los lugares más insospechados. Durante una época incluso solía follar cada dos días con tipos diferentes a los que no volvía a ver. Cualquier situación era buena si se me ponía algún tío a tiro, siempre y cuando le viese cara de buen follador y de que me diera lo que necesitaba.

Cuando empecé con José, mi novio, pensé que todo eso cambiaría, pero no, muy al contrario. Un día le confesé a mi chico lo que hacía antes de conocerle y deberíais ver lo dura que se le puso sólo de pensarlo, así que era él mismo el que comenzó a buscarme hombres para que me los follase, con él mirando o también participando. Encima José no se conformaba con que me follara a uno. Casi siempre me la liaba y acababa follando con grupos enteros de tíos, bien llena de lefa por todos los agujeros pero encantada de la vida. Mi coñito siempre estaba alerta.

José es militar así que un día me propuso un plan. Él y un nutrido grupo de sus compañeros estaban de permiso, así que habían alquilado una casita rural en la sierra para pasar el fin de semana a sus anchas, emborrachándose y hablando de cosas de hombres. La cosa era que a José le apetecía montar una buena juerga, cosa en la que entraba yo. Al principio le miré incrédula pero la proposición de que sus compañeros me follaran sin piedad de viernes a domingo iba totalmente en serio, así que no lo dudé. Me embarqué sin pensármelo dos veces.

El ansiado viernes llegó. Deberíais verme, allí delante del cuartel, esperando en el coche de José. Cuando vi otros tres coches más estuve a punto de salir corriendo. En total se habían juntado doce tíos contando a mi chico. Doce tíos que me iban a follar una y otra vez.

Poco a poco fueron llegando todos y echando sus cosas en los coches mientras me lanzaban miradas de soslayo, divertidos, nerviosos, excitados. ¡Qué hijos de puta! Me quedé sentada en el asiento del copiloto. No quería ni moverme, aunque sentía curiosidad por lo heterogéneo del grupo.

Podía decirse que ninguno se parecía a otro y que cada uno tenía una complexión diferente así como un amplio abanico de edades. Me quedé loca. Además de que había hasta un negro y un sudamericano, me puso super cachonda ver a un tío mayor que rondaría la cuarentena, con un poblado bigote, una cara de grandes mofletes y una barriga que me recordaba a un pizzero italiano. Todos tenían caras de auténticos burros, de sementales. Delgados, corpulentos, altos, bajos… El que me llamó la atención sobremanera fue el que tenía la cabeza rapada. Era un tío alto, delgado pero a la par corpulento, que traía un rottweiler atado con una correa.

-No os importará que haya traído a Toro, ¿no? –se refirió al perro.

-Claro que no –rió mi novio-. Cuantos más, mejor –me lanzó una mirada bromista, a la que le respondí con otra de odio-. Una vez ese rottweiler se dio un buen banquete de sexo con nosotros –me guiñó un ojo.

-Pues a mí no se me va a acercar ese chucho, José. –Al decir eso me recorrió un escalofrío. Todavía estaba a tiempo de quedarme en casa. El problema es que no lo hice, pues algo dentro de mí pedía quedarse a gritos.

En poco más de hora y media llegamos a la casa. Los chicos abrieron los coches y descargaron las cosas. Litros y litros de alcohol y toneladas de comida. Se iban a poner como cerdos.

Les contemplé colocar el equipaje y lo demás y volví a temblar. Esta vez descubrí con sorpresa que tenía las bragas mojadas. Durante el viaje había visualizado a aquel grupo de tíos follándome sin descanso durante horas. Me iban a destrozar viva.

Fui al baño a mear y la sorpresa fue mayúscula al volver y encontrarme el gran salón de la casa sin mesa ni nada, tan sólo con tres colchones tirados en el suelo.

-Venga, cariño –me dijo José-. Túmbate que vamos a empezar.

-¿Ya? –dije alucinada.

-Claro –dijo mi novio con los ojos y la bragueta quemando de deseo.

Me puse de rodillas en los colchones y miré a los doce hombres, titubeante. Estaban puesto en círculo a mi alrededor. Sin previo aviso se abalanzaron y comenzaron a manosearme. Al minuto mis tetas estaban fuera de mi escote y varios dedos exploraban mi coño y mi culo bajo mi falda.

He de decir que tengo unas tetas bien grandes, como melones, con unos pezones rosados también grandes y puntiagudos que aquellos cabrones comenzaron a mamarme con tantas ganas que me hacían daño. En cada teta tenía dos bocas mordiendo y succionando como si fuesen a sacar leche, algo que me volvía loca. Y mi coño estaba encharcado cuando las primeras lenguas llegaron hasta allí.

Me habían arrancado la ropa y estaba completamente desnuda, siendo desvirgada por varias lenguas en cada uno de mis agujeros. Aquellos cabrones no tenían reparos en que estas entrechocaran entre sí, en compartir sus salivas mezcladas con mis jugos. El Ejército les había convertido en un equipo y lo compartían todo por instinto, como los lobos. Suerte que tenían a una puta como yo que les iba a dar todo lo que pidieran y más.

Comencé a verles desnudos. Los muy maricones se ayudaban a quitarse la ropa los unos a los otros para no perder tiempo o atención en mí y se arengaban entre ellos para comerme el coño de forma salvaje, a chuparme las tetas o a lamerme el agujero del culo. Sin darme cuenta empezaron a plantarme sus pollas frente a la cara y yo, mientras masturbaba a dos, me metía otras dos en la boca.

Les observaba. Observaba sus vientres, sus pechos, sus caras, de placer. Vientres planos, velludos, imberbes, musculazos, imponentes barriguitas endurecidas, pectorales de infarto. Sopesaba sus cargados y peludos cojones con mis manos, me deleitaba en el sabor de sus deliciosos cipotes. ¡Qué ricos estaban! ¡Me encantaban todos!

Un tipo delgado y fibroso me entregó un cimbel de tamaño imposible que al descapullar dejó al descubierto un tremebundo olor a polla. El cabrón debía de tener una polla de 21 cm.

-Joder –dije sacándome otra polla de la boca-, ¿es que no te lavas? –observé mirando los resto de esmegma blanquecino que reposaban sobre su glande.

-No, claro que no. Fue tu novio. Nos dijo que te gustaban estas cosas. Que querías probar experiencias fuertes.

Busqué a mi novio con la mirada y le encontré. Le miré con odio y él se arrodilló detrás de mí.

-Eres un hijo de puta –dije.

-Vamos. No les hagas un feo a los chicos. Pórtate como la puta que eres y déjales las pollas bien limpias.

-Eso me da asco –calibré el fuerte sabor que debía de tener aquel nabo.

-Sólo será al principio. –Me recogió el pelo y lo hecho hacia atrás, después empujó mi nuca hacia aquella polla mientras veía como otros cuantos más me mostraban sus sucios cipotes. Todos tenían un calibre de 16 cm para arriba. El que más, podía llegar fácilmente a los 23. Y varios sobrepasaban los 7 cm de diámentro, así que me iban a empalar.

Saboreé en mi boca aquella densa sustancia blanca que José me animaba a degustar. Yo la iba guardando en mi boca como él me mandaba. Limpios los doce cipotes, no todos estaban en tan deplorables condiciones higiénicas, les mostré el resultado abriendo mis labios.

-Échalo aquí –me dijo uno, que me ofreció una jarra en la que escupí aquel líquido. La llené a la mitad.

-Buena chica –me dijo otro.

-Ahora abre la boca y traga sin rechistar –me ordenó José autoritario. Yo le obedecí. Estaba demasiado excitada para oponer resistencia.

Entonces mi novio les dijo a sus amigos que me rellenaran la boca de escupitajos. A muchos les escuché carraspear en sus gargantas y después soltar aquellos lapos en mi boca, que no dudaba en mostrarles antes de comérmelos, casi masticándolos.

Mi coño no paraba de soltar jugos. Estaba cachondísima. Aquellas cerdadas me ponían en órbita. Quería más, más fluidos de aquellos machos que me escupían en la boca y se masturbaban, me la metían un poco en mis carnosos labios, se las chupaba, me la sacaban y volvían a escupirme.

Para entonces allí olía a macho. Había sido idea de José que aquellos once hombres no se ducharan ni se cambiaran de ropa interior en varios días. Mi novio, mientras ellos me llenaban de lapos, se dedicó a amontonar sus calzoncillos cerca de mí.

-Cariño –me llamó-. ¿Ves estos calzoncillos? Pues los chicos y yo queremos verlos bien limpios, ¿entendido?

-Sí, lo que me pidáis –dije sumisa y fuera de mí misma. Aquellas depravaciones convertían mi coño en una catarata de jugos. Pocas veces me recordaba tan lubricada.

-Bien. Entonces empieza por estos.

Mi novio tomó unos slips claros y me los llevó a la cara. Los miré y pude ver grandes manchones de orina, algunas gotas resecas de semen y lo que sí me inundó la nariz fue un importante olor a culo y a cojones sudados.

-¿De quién es éste? –preguntó mi novio.

-Mío –respondió un tipo moreno, musculoso, de cara cuadrada, con bastante pelo en le pecho.

Mi novio se acercó los slips a la nariz y puso cara de satisfacción.

-Joder, como huelen. Chúpalos –me pidió.

Ni corta ni perezosa pasé mi lengua por todos lados e inhalé el olor a culo sudado que tenían. Los dejé empapados de saliva. Y una vez húmedos me los restregué por las tetas y por el coño, estimulando bien mis duros pezones. Quería impregnar mi chocho con aquel olor a macho.

Eso les excitó el doble, así que mi novio continuó dándome más calzoncillos que fui chupando y saboreando en mi boca y después frotando contra mi coño, dejándolos llenos de mis jugos. Hubo unos cuantos que a punto estuvieron de producirme un desmayo pues olían a auténtico cerdo e incluso tenían restos marrones de la zona del ojete, pero aquellos fueron de los que más cachonda me pusieron. Soy una puta y una cerda depravada, lo sé. Pero me lamí toda aquella marca con olor a culo mierdoso y después me los introduje en el coño con dos dedos. Hubo un momento en el que volví a coger los calzoncillos encharcados de mis babas y de mi flujo y me los fui introduciendo de uno en uno y hasta de dos en dos en el coño y algún que otro en el culo, dejándolos allí por largo rato.

-A tu piva le mola el olor a ojete –le dijo uno a José.

-Sí, tío –sonrió mi novio a aquel grandullón-. Tú tienes un pedazo de culo, así que ven aquí y que te lo coma entero- El tipo se acercó y me puso el culo en la cara. Era un culo tremendamente peludo y regordete, pues el chaval estaba bien pero le sobraban un par de kilos. –Buah, macho –exclamó José-, cómo hueles a sudor –dijo.

-Llevo dos días sin pisar las duchas –adujo el chaval divertido.

-Así me gusta –habló mi novio, dándole unas palmadas en los cachetes y dejándoselos rojos.

-Te lo voy a dejar reluciente –le avisé cachonda, y metí mi cara en aquella raja, rebañando el sabor a ojete que me entregaba aquel machote, llenándome el rostro de sus ensortijados pelos y metiéndole la lengua en el culo, cosa que le arrancaba suspiros de gusto.

Después de él vino la mayoría. A todos les zampé el culo, los cojones y la polla. ¡Deliciosos! Incluso les acariciaba el ojete con mis pezones puntiagudos, les mamaba las tetillas y les pasaba la lengua por las axilas. Después de aquello necesitaba agua para borrar el ácido sabor de mis papilas, pero mi novio se empeñó en quitarme el sabor de la boca con otras cosas. Así que comenzaron a comerme el coño y llenándose los mofletes de mis propios flujos me los escupían en la bocaza, no dudando en tragármelo…

¿CONTINUARÁ?

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