Supongo que todos alguna vez visitaron un baño público, en
alguna estación, café u otro similar. Creo que uno de los factores que hacen del
sexo en un lugar así tan atractivo es la adrenalina que sentimos al cogernos a
un wey o que te cogan y saber que en cualquier momento puede llegar otro, o caer
alguien que nada que ver.
Yo tenía 18 años cuando visité por primera vez un baño
público. La idea que yo tenía de los baños de las estaciones de camiones era que
adentro te dejaban en pelotas, pero no justamente para tener sexo, sino para
asaltarte. Bueno, resulta que cierto día me encontraba esperando el camión en
una estación que no voy a nombrar para dejarles jugar a todos ustedes con su
morbo. Sin ninguna otra intención que esperar el camión miré hacia el andén de
enfrente y ví el baño de caballeros.
Al lado de la puerta, estaba parado un tipo de unos 40
añitos, morenon, vestido de saco y corbata. Recuerdo que también llevaba una
gabardina de pana color camelo, ya que era invierno. Me di cuenta que me estaba
mirando de tal forma que, sentí, no sólo me desnudaba, también me cogía. Fue
increíble, nunca había sentido la calentura de un wey sin que me tocase hasta
ese día.
Yo estaba tan nervioso que no tenía idea qué hacer. Reconozco
que mi pito estaba dura como un cañón, pero me sentía tan desubicado que no
sabía para dónde disparar. A todo esto, llega el camión. Ante la indecisión, me
subí, pero sin dejar de mirar al tipo del otro lado. Cuando el camión arranca, y
nunca voy a olvidar esta imagen, EL TIPO SE APRIETA EL PANTALÓN, PARA MARCAR LA
VERGA. Qué increíble. Casi acabo en ese mismo instante.
Imagínense, un wey de 18 años, muy calentón, siendo tentado a
agarrarse de semejante miembro. Cabe destacar que yo ya había tenido sexo unas
horitas antes, algo bastante pervertido e interesante que quizás les cuente
alguna vez.
Prosigo, para no perder el clima.
Cuando se detiene el camión en la siguiente parada, me bajo
corriendo y alcanzo el que estaba por salir en la dirección opuesta. Llego al
punto del comienzo de este relato y lo veo, con su carita de animal enfermo y
alzado, atento a cada bulto que pasaba a su lado. Al verme, y sin dudarlo, se
mete en el baño. ¿Y qué si me quiere robar? ¿Y SI ME VIOLA?
Aparentemente, no me importó demasiado, porque yo también
entré sin pensarlo dos veces. ¡Qué linda verga tenía! Un choricito de unos 18
centímetros, pero grueso en serio. Y morenito, como él.
Nos metimos a una de las letrinas (que tenían puerta), y me
lamió todo el cuerpo. Debo admitir que me encantaba cuando su verga rozaba mi
pierna: estaba calentita y húmeda. Me fue guiando, me dio una lamida de culo
monumental y de a poquito se puso un condon y me fue penetrando Creo que por
todo lo que me había hecho la cabeza, no duré más de 2 minutos. ¡Pero cómo
acabé! Cuando saco su miembro de mi ano, lo que más me llamó la atención es que
parecía una bombita de agua: ¡estaba lleno de leche!
También estaba sucio, lo cual me excitó más todavía. Saco el
condón y me restrego la verga por todo el cuerpo, mmmm que delicia!!!!!