EN LA MANGA, PLAYAS CERCANAS A MURCIA
Corría el mes de Julio del año 2004.
Habíamos salido toda la familia de vacaciones a las playas de
La Manga, que distan como 100 Km. de Murcia, lugar de España donde vivimos. Era
más o menos al filo del medio día, cuando me encontraba medio dormido tomando el
sol.
Mi nombre es Steve. Recuerdo que en esa época yo tenia
alrededor de 17 años y las chavas me traían loco.
Las personas mayores de la familia se habían retirado a
descansar, y yo pensé que me encontraba solo.
Estaba tirado en la arena cuando repentinamente siento que
alguien me besa en los labios.
Fue un beso fugaz pero apasionado.
Medio abrí los ojos y descubrí que era mi primita Estela,
entonces de 14 años, quien me veía fijamente y que sin despertarme quería seguir
besándome, sin que yo me diera por enterado
Me dejé acariciar, me dejé besar por mi prima Estela. En mis
17 años andaba casi siempre empalmado y esta no iba a ser la excepción. La polla
se me empezó a poner durísima
Recuerdo que a esa edad yo ya tenía muchos pelitos y mi polla
media alrededor de 15 cms.
No pude evitar ponerme súper-excitado, por lo que, viendo que
no había ninguna persona mayor de la familia en los alrededores, en total
silencio correspondí al beso de mi prima Estela y la empecé a acariciar.
Por supuesto de inmediato dirigí mis manos a la parte de su
cuerpo que más me interesaba: su entrepierna. Mi prima se impresionó pero no
dijo nada, lo cual me dio la seguridad de que le gustaba que la tocara.
Mi primita reaccionó a mis caricias con gemidos de gusto,
pero no se atrevió a tocar mi polla.
Dentro de la excitación que ambos teníamos en ese momento,
reaccionamos creo que con prudencia, debido a que estábamos teniendo como techo
el cielo y el sol y sin nada que alrededor nos cubriera de las posibles miradas
de las personas, principalmente de nuestros familiares con quienes habíamos
acudido de vacaciones a las playas de La Manga, cercanas a Murcia.
En silencio, mi prima Estela me instó a retirar mi mano de su
entrepierna, acomodó sus braguitas, bajó su faldita, se puso se pie y se retiró
corriendo.
¡Momentos inolvidable que desde entonces no he podido
olvidar, mucho menos en lo que restó de ese día que quedó para siempre en mi
memoria!
El tiempo que restaba de ese día, fueron horas que para mí
transcurrieron lentamente: nunca ha tardado tanto el sol en ocultarse.
Para mi buena suerte, esa tarde todos los mayores, los
abuelos, mis padres y mis tíos planearon irse juntos de paseo, de compras y
luego al cine. Algunos de mis primos decidieron hacer lo mismo.
Solo nos quedamos mis abuelos, que descansaban en habitación
por separado, mi hermano que es 3 años menor que yo y otro primo de 12 años, mi
prima Estela y yo.
Como el chalet que había alquilado la familia para estas
vacaciones no era muy grande, las habitaciones solo ajustaban para que
durmiéramos acomodándonos como podíamos.
Los abuelos fueron hospedados en una habitación especial, por
su edad, en la planta baja. Los primos más pequeños cerca de los padres y los
que ya no éramos tan niños, escogimos las habitaciones de la planta alta. A mi
prima Estela y a mi nos tocó, junto con otros primos y primas en la misma
habitación.
Pero esa tarde todos se fueron. En la habitación nos quedamos
solos mi prima Estela y yo. Todos regresarían por la madrugada y seguramente con
demasiado vino en las venas.
Ni mi prima Estela ni yo nos pusimos de acuerdo para
quedarnos solos. Todo fue en un silencio de cómplices para repetir lo de ese
medio día de hacía unas cuantas horas.
Llegó el momento de acostarnos. Mis abuelos a su habitación;
mi hermanito y mi primo a la suya, y mi prima Estela y yo a la nuestra. Mi prima
se retiró primero y transcurridos algunos minutos la seguí.
Cuando llegué a nuestra habitación Estela estaba en su cama
fingiendo dormir.
Me quité mi ropa y me quedé solo en trusas. Mi polla,
sumamente inquieta, estaba más dura que nunca. Mis huevitos me dolían de la
excitación.
Distendí mi ropa de cama como para disimular que estaba
acostado, pero en silencio me dirigí a la cama donde estaba mi prima Estela
fingiendo dormir.
Empecé a besar a Estela en los labios y ella correspondió de
inmediato a mis caricias.
Las caricias empezaron rápidamente a subir de tono.
Mi prima traía una tanguita que le quité rápidamente.
Noté que ella estaba asustada y extrañada, pero en medio de
ello estaba también excitadísima, ya que nunca rechazó mis caricias.
Yo estaba al borde de la cama.
Le separé las piernas y empecé a lamerle la panochita para
que se lubricara bien.
A sus catorce años, mi primita Estela gemía como una loca.
En medio de su miedo y su extrañés, se dejó hacer todo lo que
yo le hacía: se retorcía de placer en la cama.
Al lamerle la panocha tuvo un superorgasmo tan fuerte que
rápidamente, con sus manitas, buscó mi verga.
Me acomodé de forma tal de darle oportunidad que también ella
me chupara, pero a la vez seguir yo lamiéndole sus jugos que me sabían a
néctares nuevos y desconocidos.
En ese momento siento que me voy a correr y solo alcancé a
tomarle su cabeza con firmeza con mis piernas para que no me soltara la verga y
lancé abundantes chorros de mecos dentro de su boca.
Mi verga no se me bajó.
Seguí súper-empalmado y caliente.
Cambié de posición.
Me bajé de sobre de ella y abriendo sus piernas con mis manos
separé sus labios vaginales.
Apoyé la punta de mi lanza en su pequeña abertura y empujé.
Mi lanza empezó a penetrar y al sentir mi punta la muestra de
su virginidad, empujé con mayor firmeza.
Mi prima Estela lloró de dolor y me dijo un montó de
groserías (cabrón, hijo de p…, me has desgraciado para siempre, y otras
linduras), pero el hecho de que no se sacara me impulsó a bombearla.
La culié como un loco.
Mi verga me dolía de su estrechez.
Estela, no obstante su estrechez, quizá por su corta edad,
empezó a corresponder, abrazándome, gimiendo y a veces clavando sus uñas en mi
espalda desnuda, debido seguramente, al dolor de su primera penetración.
Cuando sentí que de nuevo la sensación de que mis mecos me
brotarían a chorros, le saqué mi verga.
Mis chorros fueron expulsados con fuerza bañando sus
chichitas desnudas.
Nos quedamos ambos sin fuerzas.
No podíamos seguir en la misma cama.
Aunque era seguro que todos regresaran tarde, podría ocurrir
que llegaran de un momento a otro.
En silencio me levanté y con mis calzones en la mano me
dirigí a mi cama.
Mi prima Estela se levantó desnuda y caminando como patito y
con sus piernas un poco abiertas se dirigió a la ducha. Se bañó y caminando en
la misma forma se regresó a su cama y se acostó.
El resto de la noche no dormí, y estoy seguro que mi prima
tampoco.
Esas vacaciones fueron inolvidables para Estela y para mi.
Lo hicimos muchas veces. A la fecha lo seguimos haciendo,
aunque no a diario como lo hicimos en La Manga, playas que distan como 100 Kms.
de Murcia, nuestra ciudad.
Pero ya habrá oportunidad de contarles otras aventuras.
Recibe mi saludo.
Steve.