Ya en su cama la observe mientras dormía profundamente, el
color de su tez color oliva se contrastaba formidablemente contra el blanco de
las sabanas. En el silencio de su casa la observe por un largo rato en su sueño
profundo, admirándola y deleitándome con el espectáculo de su cuerpo desnudo.
Después de un largo rato me senté a un lado de ella y empecé a acariciar su
suntuoso cuerpo; mi boca empezó a salivar, y mi pene comenzó a endurecerse una
vez más….
Me era imposible detenerme, ya estaba yo respirando
agitadamente nomás en verla allí, reposando. Debía de haberla dejado quieta, sin
perturbarla; debía de haber sido un caballero y haberla dejado dormir. Pero no,
Cristina estaba allí frente a mi, desnuda, lista para mi placer, sin nadie que
nos moleste, sin nada ni nadie que me detenga, y como lo había dicho ella con
ganas de cogerme desde esta mañana. En ese momento Cristina estaba a mi
disposición, su cuerpo yacía allí, flácido, inerte, rendida, y solo para mí. Una
oportunidad grandiosa para un joven lleno de morbo, pasión erotismo.
Con mi pene pulsando con ansiedad, mee acerque a ella comencé
a acariciar su cuerpo. Al acariciarla me di cuenta que, después de nuestro
revolcón en el patio, su cuerpo estaba sucio. Me ví a mi mismo y también mi
cuerpo estaba sucio. En un derrame de inspiración me dirigí al baño y prepare la
bañera con agua tibia. Tomé a Cristina en mis brazos, la llevé al baño, y
cautelosamente la deposite en la bañera. Al sentirse siendo inmersa en el agua
de la bañera Cristina medio abrió sus ojos y con dificultad me pregunto "¿Qué
haces Mi’jo?" levantando su cabeza y con una mirada aturdida ella misma se dio
cuenta de la situación. "Mmmmmm" Con un largo suspiro de placer cierra sus ojos
y recuesta su cabeza sobre una toalla que ya le había preparado como almohada.
Relajando su cuerpo en el agua tibia de la bañera Cristina vuelve a caer dormida
profundamente.
Hincándome a un lado de ella tomé la esponja y comencé a
tallar y a lavar su cuerpo. Un leve ‘mmff" surgió de su garganta cuando toqué
sus senos. Observándolos más detalladamente ví que sus pezones estaban rosados e
hinchados, y sus senos mostraban rasgones, moretones e impresiones de mis
dientes sobre ellos. Sonriéndome con placer recordé como me había gustado sentir
mis dientes enterrarse en sus senos, y como Cristina reacciono con dolor y
placer retorciendo su cuerpo aparatosamente cuando le
mordí sus pezones a mi gusto. Ahora viendo el efecto de mis
mordidas en sus senos quede un poco intrigado. ¿Porque no me había pedido que me
detuviera? Al contrario me pedía a gritos que no parara, que siguiera y ente mas
la mordía, mas se incitaba, mas se alocaba, y mas se enloquecia con cada
orgasmo. A la mejor Cristina era una de esas mujeres que le gustaba el
Sadomasoquismo pensé mientras le lavaba el resto del cuerpo. Al lavarle su vulva
le abrí su labia y corrí un dedo por su raja para limpiarla. Casi al terminar,
me sorprendi al sentir el bulbo de su clítoris medio hinchado. Volteé a verla y
comprobé que seguía profundamente dormida. Tal ves el baño la excito un poco
pensé intrigado, una vez mas. Le pase el dedo sobre su clítoris con un poco de
más presión para observar su reacción. Cristina permaneció inmóvil pero su
clítoris se endureció un poco más. "No puede ser", me dije a mi mismo, "¿a poco
sigue caliente esta mujer?" Le di unas pasadas más a su clítoris y en efecto
comprobé que Cristina se estaba enardeciendo una vez más. Con entusiasmo
continué moviendo mi dedo sobre su clitoris en movimientos rápidos. Cristina
todavía con los ojos cerrados enderezó su cabeza tirándola hacia atrás sobre la
toalla, levanto sus brazos, se macizó sobre el filo de la bañera, y levanto sus
rodilla abriendo sus piernas. Con incredulidad continué atizando su clítoris
mientras observaba a cristina detenidamente "¡Que bárbara!" me dije a mi mismo
"¡a esta mujer de veras que le gusta el sexo!". Quise enterrarle un dedo dentro
de su vagina pero al ver el agua sucia decidí nomás seguir atizando su clítoris.
Pensé también en tocarle sus senos, pero dada su condición también decidí no
tocarlos. Después de un rato Cristina empezó a jadear su cuerpo. Sus espasmos
comenzaron leves y tenues, pero después de varios orgasmos su ritmo se
regularizo; Cristina respiraba profundamente, mantenía su aliento por unos
segundos mientras tensaba su cuerpo, y exhalaba rápidamente mientras su cuerpo
vibraba. Cuando sentía mi dedo fatigado, nomás lo cambiaba por otro y continuaba
atizando a Cristina con sus orgasmos. Quería saber que tantos podría soportar.
Cristina parecia una maquina imparable de orgasmos mientras yo fascinado
continuaba observandola. Después de un largo rato la frecuencia de sus orgasmos
se fue alargando, pero cuando se corría, se corría más intensamente. Mis dedos
ya estaban cansadísimos cuando finalmente Cristina aspiro aire y tenso su
cuerpo; después de unos segundos más, aspiro de nuevo esta ves arqueando su
espalda un poco. Poniendo atención continué atizándola. Veo los músculos de sus
brazos tensarse y aspira una vez mas esta vez más profundamente mientras
levantaba su torso aventando su cabeza hacia atrás y emite fuerte sonidos
guturales "¡Ggfff!" , "¡Ggfff!", "¡Ggff!". Intensifique la frecuencia de la
estimulación a su clítoris. "¡Ooooooooohhhhhhhhhhh!", "¡Ooooooooohhhhhhhhhhh!",
"¡Ooooooooohhhhhhhhhhh!" Cristina grito frenéticamente mientras su cuerpo se
jadeo violentamente salpicando el agua de la bañera por todos los lados. Al
terminar de contorsionar su cuerpo Cristina se relajo nuevamente, y mientras
terminé lavándole su cuerpo volvió a caer de nuevo en un profundo sueño.
Puse una toalla sobre la cama, levante a Cristina de la
bañera, y postre su extenuado cuerpo sobre ella. Mientras Cristina yacía
totalmente inmersa en el letargo de su sueño dejó que le secara su cuerpo sin
resistencia alguna. Al terminar la cubrí con una sabana y me dispuse a tomar una
ducha para también asear mi cuerpo. Antes de entrar a la ducha, me dirigí a la
cocina a tomar agua. En la mase encontré dos tragos ya servidos, con la sed que
tenía agarre uno y me lo tome. Mientras me empinaba el baso, se me ocurrió darle
el otro a Cristina. Si yo tenía sed, ella aun más con todo el esfuerzo que había
hecho en sus orgasmos. Antes de dirigirme a la recama para ofrecérselo, me
percate que la botella estaba aun lado y pensando rápido, le echa mas brandy a
su bebida.
Levantándole la cabeza con mucho cuidado le puse el baso con
el trago a sus labios. Cristina entreabrió los ojos al sentir lo frío del
liquido en sus boca, ella tomo el baso con sus dos manos y se lo empino
acabándose rápidamente el contenido del baso. Lamiéndose los labios me devuelve
el baso y me dice "¡más!" mientras se recostaba. Me dirigí a la cocina y le
prepare otra bebida, básicamente puse solo brandy con hielo. Lo menee muy bien
asegurándome que estuviera bien frío y así se lo ofrecí a Cristina. Igual que
con la bebida anterior, se reclino al sentirse ser levantada, tomo el baso en su
manos y se lo empino. Después del primer trago ella tocio como ahogándose, al
sentir lo fuerte de la bebida, pero después de eso, se empino el baso
acabándoselo todo. Me sonreí triunfalmente, sabiendo perfectamente que Cristina
estaba completamente ebria a este punto.
Tome mi tiempo para tomar mi ducha. Quería que el alcohol en
Cristina tomara efecto. Mientras en mi mente confabulaba como iba yo a tomar
ventaja de Cristina. En la ducha mi pene se endurecía más y más mientras un
frenesí de ideas, pensamientos, y deseos eróticos pasaban por mi mente. Todas
las posturas, actos, y fotos significantes de imágenes sexuales que había visto
hasta ese punto se me vinieron a la mente con Cristina y yo como protagonistas.
Comencé a frotarme al pene masturbándome. "¡Pero que haces pendejo!" me dije a
mi mismo recordando que Cristina estaba a escasos pasos de mi, lista para mi. Me
seque rápidamente y me encamine a Ella.
Al destaparla, el cuerpo de Cristina resplandeció bellamente
sobre el blanco de las sabanas. Cautelosamente me coloque entre sus piernas, y
lentamente las empecé a abrir mientras encaminaba mi cuerpo hacia ella. Poco a
poco doble sus piernas contra sus muslos doblando sus rodillas forzando sus
muslos a rotar y caer a cada lado de su cadera. Su vulva se abrió ante mis ojos
con mi cara a escasos centímetros de ella. Poniendo mis manos bajo sus glúteos
amasándolos levemente mientras con mis ojos la observaba asegurándome que mis
acciones no la despertaran, cuando menos todavía no. Con mis ojos fijos en ella
suavemente toque su vulva con mi lengua. No reacciono, de nuevo saco mi lengua y
la vuelvo a tocar. Aun no reacción. Su rítmica respiración continuaba
ininterrumpida, "que bien" me digo a mi mismo sonriendo felizmente. Poco a poco
incremente la presión de mi lengua sobre su vulva. La sensación de mi lengua
sobre su lánguida vulva fue formidable. Su labia, su clítoris, y toda su raja
empapada con mi saliva se deslizaban, ondulaban, y se estiraban gelatinosamente
sobre mi lengua, labios, y especialmente entre mis dientes.
Normalmente cuando un hombre llega al punto de mamar, chupar,
y besar la concha de una mujer ella ya esta ardiendo, con su clítoris inflamado,
su labia hinchada y caliente, con sus jugos suturando de su vagina, al mismo
tiempo que ella ya esta jadeando, empujando, y meneando sus caderas junto con
gemidos, y alaridos de placer. No es que me este quejando, al contrario me
encanta hacer y sentir tal acto. Pero el de poder tener la oportunidad de
chupar, besar, y mamar una concha como se lo estaba haciendo a Cristina es algo
que rara ves ocurre.
Por un largo rato Cristina me dio ese placer, pero yo ya
sabia que no iba a durar para siempre. Eventualmente, bajo circunstancias
normales, el sistema autonómico de nuestros cuerpos se activa. Poco a poco el
clítoris de Cristina comenzó a endurecerse; poco a poco su pelvis comenzó a
rotar; poco a poco comencé a sentir el sabor de sus jugos en mi boca; poco a
poco su respiración se hacia mas y mas agitada; poco a poco su cuerpo comenzó a
hacer esos movimientos típicos de una mujer enardeciéndose; poco a poco comencé
a chupar, a mamar, y a lamer su vulva con mas y mas intensidad. "¡ Ooooohhhh!"
finalmente Cristina gime con placer poniendo sus manos sobre mi cabeza
entrelazando sus dedos en mi pelo. "¡Aaahhh!", "¡Aaahhh!" arqueo su cuerpo
entreabriendo sus labios. Mi pene ya tieso, pulsante, y listo para engullirse en
ella; pero antes la quería enardecer al punto de que me implorara que me la
cogiera.
Unos minutos mas tarde Cristina se ya se estaba retorciendo
loca de lujuria. Sus jugos emanaban profusamente escurriendo de su vagina. Con
mis dientes apretaba y jalaba su clítoris mientras le ensartaba un dedo dentro
de su vagina. "¡ Ooohhh!", "¡ Ooohhh!", "¡Ooohhh!" empezaba a gemir y su cuerpo
a estremecerse con su prototípico vibrar de su orgasmo elevándola casi a su
clímax. A ese punto, minorizaba mi entre y saca del dedo y soltaba su clítoris
de mi boca. "¡Mmmfff!", "¡Mmmfff!", "¡Mmmfff!", Cristina resollando agitadamente
de inmediato apretaba mi cabeza sobre su pelvis, y empujaba sus caderas hacia mí
indicándome que continuara. Ya que note que Cristina estaba totalmente inmersa
en su delirio erótico, le tome las piernas por la parte trasera de sus rodillas
las empuje hacia atrás y a un lado, su pelvis roto hacia arriba mientras su raja
se abrió completamente. Sosteniéndola fuertemente prense mi cara contra su vulva
insertando mi lengua dentro de su vagina retorciéndola dentro de ella mientras
que con mi nariz le oprimía su clítoris. "¡Aaahhh!", "¡Sigue!", "¡Sigue!", "¡No
pares!", me imploraba escandalosamente mientras se cimbraba orgasmo tras
orgasmo.
Para mi siempre a sido un gran placer en hacer que la mujer
se corra cuantas veces pueda. Así es que viendo, sintiendo, y oyendo a Cristina
correrse una tras otra ves a través de mis caricias sobre ella solo servia para
enaltarme más y más a continuar sin parar. Así es que entre mas se corría
Cristina, mas me enardecía yo, entre mas me enardecía yo, mas motivaba a
Cristina, entre mas Cristina se corría, etc., etc. Pero esta vez mis motivos
eran otros.
Por un largo rato continué chupando a Cristina, ya sabia que
eventualmente la intensidad de su desemboques la agotaría y la dejaría exhausta
tal como esta mañana. Finalmente sus jadeos menguaron, y sus sacudidas casi se
desvanecieron mientras ella respiraba profundamente con una mirada fija y sus
ojos brillosos. Con mi cara totalmente mojada con sus jugos levanto mi torso
sobre ella aun sosteniendo sus piernas. Fijo mi mirada en ella, nos sonreímos
uno al otro, y minorando mi pasión sobre sus piernas dejo que las levante un
poco haciendo que sus caderas cayeran un poco al nivel de mi pene. Con una
mirada perversa me muerdo el labio mientras pongo mi glande en la entrada de su
vagina, ella me mira todavía respirando profundamente y me dice "¡Cógeme!",
"¡Cógeme!" atizándome con su pelvis.
En la mañana la primer cogida, fue rápida, e impetuosa. Todo
ocurrió con arrebatos desesperantes, y reacciones inéditas. No hubo tiempo de
interacciones, jugueteos, o preámbulos. Esta ves había tiempo, y me encanta
hablarle sucio a mis amantes y que ellas me hablen sucio a mi; Cristina no me
defraudo.
"¿Te gusto mi verga. Verdad?" le dije mientras empuje mi pene
un poco dentro de ella. "Si", "Mucho" me respondió mientras se sonreía meneando
su cabeza afirmativamente. Sus ojos brillosos, sus palabras arrastradas e
incoherentes denunciando su ebriedad "Nunca había sentido una verga tan dentro
de mi" continuo mientras su respiración se agitaba nuevamente "¡Cógeme!",
"¡Anda!", "¡Cógeme!". Empujo mi pene dentro de ella un poco más. "¡Aaahhh!",
"¡Aaahhh!", gime frunciendo su cara "¡Si!", "¡Si!", "¡Asi!", "¡Así!", "¡Mmmm!"
me encanta sentir que me estires "¡Aaahhh!" veo que su cuerpo se eriza.
"¡Mmmmfff!", "¡Mmmmfff!", "¡Mmmmfff!" gime fuertemente, mi pene la a medio
camino, su cuerpo arqueándose poco a poco. "¿Quieres mas?" le pregunto haciendo
pulsar mi pene dentro de ella. "¡Ooohhh!", "¡Ooohhh!", "¡Si Mi’jo!", "¡Si!",
"¡Toda!", "¡Toda!" "¡Nunca había sentido una verga tan dentro de mi!" Su
respiración una vez más en su ritmo lujurioso, su aliento ebrio y lleno de
lujuria. "¡Anda!", "¡Cógeme!" sus piernas empezaron a temblar. "¿Me vas a dejar
cogerte cuantas veces quiera?" le pregunte mientras le abría mas sus piernas
preparándola a recibirme una vez mas "¡Si!", "¡Si!" me contesto entusiasmada.
"¿Como yo quiera?", "¿Dónde yo quiera?" empinadome sobre ella dándole a saber
que me estaba alistando a ensartarle el resto de mi pene. "¡Si Mi’jo!", "¡Si!",
"¡Como quieras!, ¡Cuando quieras!, ¡Donde quieras!". Habiendo dicho eso empuje
dentro de ella con todas mis fuerzas. "¡Hiiijjjjjj!" levanto sus brazos sobre su
cabeza macizándose de la cabecera de la cama. "¡Si, Siii, Así!", "¡Jódeme mas
fuerte!", "¡Mas fuerte!" Cristina me miro con una mirada desafiante. ¡Empuje
contra ella como una bestia! "¡Aagghh, Aagghh, Aagghh, Aagghh, Aagghh!" Cristina
gemía intensamente con una sonrisa lasciva, y deleitosa. Con encanto y
fascinación me regocijé al concluir que a Cristina le gustaba ser abusada, y su
deleite y satisfacción era obvio cundo sentía mis fuerte y desmesuradas
embestidas contra ella. ¡Cristina tallaba su pelvis contra el mío con una
desesperación insólita! Yo me di el placer de perderme en la locura de Cristina.
Entre mas desmesurados mis arrebatos contra ella, mas quería sentir mi poder
sobre ella. Nuestros cuerpos brillaban con el sudor de nuestros esfuerzos
tratando de superarnos uno al otro con nuestros arranques de pasión, con nuestra
brusquedad, con nuestra rabia de ser saciados. Nuestros bríos eran interminables
y la energía de dar, de compartir, y de atizar mas y mas; queríamos hacer
estallar ese fuego interno que nos calcinaba, queríamos que nuestra fiebre nos
vinculara en una llamarada fulminante, penetrante, y fatal. Mis manos se
deslizaban libremente por todo su cuerpo, húmedo, caliente, y suculento. Yo
doblaba, retorcía, trastabillaba, estrujaba, maltrataba, y abusaba del cuerpo de
Cristina como si fuese una muñeca de trapo. Finalmente Cristina se perdió en el
deleite de un largo, atrabancado, y fenomenal clímax mientras continué mi fuerte
y descomunal entre y saca de mi pene en ella. Ya cuando estaba mi pene
totalmente inflado y cercas de mi eyaculacion la mire directamente a sus ojos
con una mirada determinante "¡Ahora Sí!" ¡Vas a ser mi puta!" Cristina nomás me
vio con una expresión intrigante. ….
(continuara)