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TODORELATOS » RELATOS » LA AMIGA DE MI MADRE (2)
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 TODORELATOS.COM Fecha: 04 de Diciembre, 2008.
Fecha: 05-Sep-06 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras (1229 de 1586)

La amiga de mi madre (2)

duromaduro
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Como Cristina continuo disfrutando mis avances sexuales hacia ella deleitandome como ninguna otra mujer lo habia echo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Ya en su cama la observe mientras dormía profundamente, el color de su tez color oliva se contrastaba formidablemente contra el blanco de las sabanas. En el silencio de su casa la observe por un largo rato en su sueño profundo, admirándola y deleitándome con el espectáculo de su cuerpo desnudo. Después de un largo rato me senté a un lado de ella y empecé a acariciar su suntuoso cuerpo; mi boca empezó a salivar, y mi pene comenzó a endurecerse una vez más….

Me era imposible detenerme, ya estaba yo respirando agitadamente nomás en verla allí, reposando. Debía de haberla dejado quieta, sin perturbarla; debía de haber sido un caballero y haberla dejado dormir. Pero no, Cristina estaba allí frente a mi, desnuda, lista para mi placer, sin nadie que nos moleste, sin nada ni nadie que me detenga, y como lo había dicho ella con ganas de cogerme desde esta mañana. En ese momento Cristina estaba a mi disposición, su cuerpo yacía allí, flácido, inerte, rendida, y solo para mí. Una oportunidad grandiosa para un joven lleno de morbo, pasión erotismo.

Con mi pene pulsando con ansiedad, mee acerque a ella comencé a acariciar su cuerpo. Al acariciarla me di cuenta que, después de nuestro revolcón en el patio, su cuerpo estaba sucio. Me ví a mi mismo y también mi cuerpo estaba sucio. En un derrame de inspiración me dirigí al baño y prepare la bañera con agua tibia. Tomé a Cristina en mis brazos, la llevé al baño, y cautelosamente la deposite en la bañera. Al sentirse siendo inmersa en el agua de la bañera Cristina medio abrió sus ojos y con dificultad me pregunto "¿Qué haces Mi’jo?" levantando su cabeza y con una mirada aturdida ella misma se dio cuenta de la situación. "Mmmmmm" Con un largo suspiro de placer cierra sus ojos y recuesta su cabeza sobre una toalla que ya le había preparado como almohada. Relajando su cuerpo en el agua tibia de la bañera Cristina vuelve a caer dormida profundamente.

Hincándome a un lado de ella tomé la esponja y comencé a tallar y a lavar su cuerpo. Un leve ‘mmff" surgió de su garganta cuando toqué sus senos. Observándolos más detalladamente ví que sus pezones estaban rosados e hinchados, y sus senos mostraban rasgones, moretones e impresiones de mis dientes sobre ellos. Sonriéndome con placer recordé como me había gustado sentir mis dientes enterrarse en sus senos, y como Cristina reacciono con dolor y placer retorciendo su cuerpo aparatosamente cuando le

mordí sus pezones a mi gusto. Ahora viendo el efecto de mis mordidas en sus senos quede un poco intrigado. ¿Porque no me había pedido que me detuviera? Al contrario me pedía a gritos que no parara, que siguiera y ente mas la mordía, mas se incitaba, mas se alocaba, y mas se enloquecia con cada orgasmo. A la mejor Cristina era una de esas mujeres que le gustaba el Sadomasoquismo pensé mientras le lavaba el resto del cuerpo. Al lavarle su vulva le abrí su labia y corrí un dedo por su raja para limpiarla. Casi al terminar, me sorprendi al sentir el bulbo de su clítoris medio hinchado. Volteé a verla y comprobé que seguía profundamente dormida. Tal ves el baño la excito un poco pensé intrigado, una vez mas. Le pase el dedo sobre su clítoris con un poco de más presión para observar su reacción. Cristina permaneció inmóvil pero su clítoris se endureció un poco más. "No puede ser", me dije a mi mismo, "¿a poco sigue caliente esta mujer?" Le di unas pasadas más a su clítoris y en efecto comprobé que Cristina se estaba enardeciendo una vez más. Con entusiasmo continué moviendo mi dedo sobre su clitoris en movimientos rápidos. Cristina todavía con los ojos cerrados enderezó su cabeza tirándola hacia atrás sobre la toalla, levanto sus brazos, se macizó sobre el filo de la bañera, y levanto sus rodilla abriendo sus piernas. Con incredulidad continué atizando su clítoris mientras observaba a cristina detenidamente "¡Que bárbara!" me dije a mi mismo "¡a esta mujer de veras que le gusta el sexo!". Quise enterrarle un dedo dentro de su vagina pero al ver el agua sucia decidí nomás seguir atizando su clítoris. Pensé también en tocarle sus senos, pero dada su condición también decidí no tocarlos. Después de un rato Cristina empezó a jadear su cuerpo. Sus espasmos comenzaron leves y tenues, pero después de varios orgasmos su ritmo se regularizo; Cristina respiraba profundamente, mantenía su aliento por unos segundos mientras tensaba su cuerpo, y exhalaba rápidamente mientras su cuerpo vibraba. Cuando sentía mi dedo fatigado, nomás lo cambiaba por otro y continuaba atizando a Cristina con sus orgasmos. Quería saber que tantos podría soportar. Cristina parecia una maquina imparable de orgasmos mientras yo fascinado continuaba observandola. Después de un largo rato la frecuencia de sus orgasmos se fue alargando, pero cuando se corría, se corría más intensamente. Mis dedos ya estaban cansadísimos cuando finalmente Cristina aspiro aire y tenso su cuerpo; después de unos segundos más, aspiro de nuevo esta ves arqueando su espalda un poco. Poniendo atención continué atizándola. Veo los músculos de sus brazos tensarse y aspira una vez mas esta vez más profundamente mientras levantaba su torso aventando su cabeza hacia atrás y emite fuerte sonidos guturales "¡Ggfff!" , "¡Ggfff!", "¡Ggff!". Intensifique la frecuencia de la estimulación a su clítoris. "¡Ooooooooohhhhhhhhhhh!", "¡Ooooooooohhhhhhhhhhh!", "¡Ooooooooohhhhhhhhhhh!" Cristina grito frenéticamente mientras su cuerpo se jadeo violentamente salpicando el agua de la bañera por todos los lados. Al terminar de contorsionar su cuerpo Cristina se relajo nuevamente, y mientras terminé lavándole su cuerpo volvió a caer de nuevo en un profundo sueño.

Puse una toalla sobre la cama, levante a Cristina de la bañera, y postre su extenuado cuerpo sobre ella. Mientras Cristina yacía totalmente inmersa en el letargo de su sueño dejó que le secara su cuerpo sin resistencia alguna. Al terminar la cubrí con una sabana y me dispuse a tomar una ducha para también asear mi cuerpo. Antes de entrar a la ducha, me dirigí a la cocina a tomar agua. En la mase encontré dos tragos ya servidos, con la sed que tenía agarre uno y me lo tome. Mientras me empinaba el baso, se me ocurrió darle el otro a Cristina. Si yo tenía sed, ella aun más con todo el esfuerzo que había hecho en sus orgasmos. Antes de dirigirme a la recama para ofrecérselo, me percate que la botella estaba aun lado y pensando rápido, le echa mas brandy a su bebida.

Levantándole la cabeza con mucho cuidado le puse el baso con el trago a sus labios. Cristina entreabrió los ojos al sentir lo frío del liquido en sus boca, ella tomo el baso con sus dos manos y se lo empino acabándose rápidamente el contenido del baso. Lamiéndose los labios me devuelve el baso y me dice "¡más!" mientras se recostaba. Me dirigí a la cocina y le prepare otra bebida, básicamente puse solo brandy con hielo. Lo menee muy bien asegurándome que estuviera bien frío y así se lo ofrecí a Cristina. Igual que con la bebida anterior, se reclino al sentirse ser levantada, tomo el baso en su manos y se lo empino. Después del primer trago ella tocio como ahogándose, al sentir lo fuerte de la bebida, pero después de eso, se empino el baso acabándoselo todo. Me sonreí triunfalmente, sabiendo perfectamente que Cristina estaba completamente ebria a este punto.

Tome mi tiempo para tomar mi ducha. Quería que el alcohol en Cristina tomara efecto. Mientras en mi mente confabulaba como iba yo a tomar ventaja de Cristina. En la ducha mi pene se endurecía más y más mientras un frenesí de ideas, pensamientos, y deseos eróticos pasaban por mi mente. Todas las posturas, actos, y fotos significantes de imágenes sexuales que había visto hasta ese punto se me vinieron a la mente con Cristina y yo como protagonistas. Comencé a frotarme al pene masturbándome. "¡Pero que haces pendejo!" me dije a mi mismo recordando que Cristina estaba a escasos pasos de mi, lista para mi. Me seque rápidamente y me encamine a Ella.

Al destaparla, el cuerpo de Cristina resplandeció bellamente sobre el blanco de las sabanas. Cautelosamente me coloque entre sus piernas, y lentamente las empecé a abrir mientras encaminaba mi cuerpo hacia ella. Poco a poco doble sus piernas contra sus muslos doblando sus rodillas forzando sus muslos a rotar y caer a cada lado de su cadera. Su vulva se abrió ante mis ojos con mi cara a escasos centímetros de ella. Poniendo mis manos bajo sus glúteos amasándolos levemente mientras con mis ojos la observaba asegurándome que mis acciones no la despertaran, cuando menos todavía no. Con mis ojos fijos en ella suavemente toque su vulva con mi lengua. No reacciono, de nuevo saco mi lengua y la vuelvo a tocar. Aun no reacción. Su rítmica respiración continuaba ininterrumpida, "que bien" me digo a mi mismo sonriendo felizmente. Poco a poco incremente la presión de mi lengua sobre su vulva. La sensación de mi lengua sobre su lánguida vulva fue formidable. Su labia, su clítoris, y toda su raja empapada con mi saliva se deslizaban, ondulaban, y se estiraban gelatinosamente sobre mi lengua, labios, y especialmente entre mis dientes.

Normalmente cuando un hombre llega al punto de mamar, chupar, y besar la concha de una mujer ella ya esta ardiendo, con su clítoris inflamado, su labia hinchada y caliente, con sus jugos suturando de su vagina, al mismo tiempo que ella ya esta jadeando, empujando, y meneando sus caderas junto con gemidos, y alaridos de placer. No es que me este quejando, al contrario me encanta hacer y sentir tal acto. Pero el de poder tener la oportunidad de chupar, besar, y mamar una concha como se lo estaba haciendo a Cristina es algo que rara ves ocurre.

Por un largo rato Cristina me dio ese placer, pero yo ya sabia que no iba a durar para siempre. Eventualmente, bajo circunstancias normales, el sistema autonómico de nuestros cuerpos se activa. Poco a poco el clítoris de Cristina comenzó a endurecerse; poco a poco su pelvis comenzó a rotar; poco a poco comencé a sentir el sabor de sus jugos en mi boca; poco a poco su respiración se hacia mas y mas agitada; poco a poco su cuerpo comenzó a hacer esos movimientos típicos de una mujer enardeciéndose; poco a poco comencé a chupar, a mamar, y a lamer su vulva con mas y mas intensidad. "¡ Ooooohhhh!" finalmente Cristina gime con placer poniendo sus manos sobre mi cabeza entrelazando sus dedos en mi pelo. "¡Aaahhh!", "¡Aaahhh!" arqueo su cuerpo entreabriendo sus labios. Mi pene ya tieso, pulsante, y listo para engullirse en ella; pero antes la quería enardecer al punto de que me implorara que me la cogiera.

Unos minutos mas tarde Cristina se ya se estaba retorciendo loca de lujuria. Sus jugos emanaban profusamente escurriendo de su vagina. Con mis dientes apretaba y jalaba su clítoris mientras le ensartaba un dedo dentro de su vagina. "¡ Ooohhh!", "¡ Ooohhh!", "¡Ooohhh!" empezaba a gemir y su cuerpo a estremecerse con su prototípico vibrar de su orgasmo elevándola casi a su clímax. A ese punto, minorizaba mi entre y saca del dedo y soltaba su clítoris de mi boca. "¡Mmmfff!", "¡Mmmfff!", "¡Mmmfff!", Cristina resollando agitadamente de inmediato apretaba mi cabeza sobre su pelvis, y empujaba sus caderas hacia mí indicándome que continuara. Ya que note que Cristina estaba totalmente inmersa en su delirio erótico, le tome las piernas por la parte trasera de sus rodillas las empuje hacia atrás y a un lado, su pelvis roto hacia arriba mientras su raja se abrió completamente. Sosteniéndola fuertemente prense mi cara contra su vulva insertando mi lengua dentro de su vagina retorciéndola dentro de ella mientras que con mi nariz le oprimía su clítoris. "¡Aaahhh!", "¡Sigue!", "¡Sigue!", "¡No pares!", me imploraba escandalosamente mientras se cimbraba orgasmo tras orgasmo.

Para mi siempre a sido un gran placer en hacer que la mujer se corra cuantas veces pueda. Así es que viendo, sintiendo, y oyendo a Cristina correrse una tras otra ves a través de mis caricias sobre ella solo servia para enaltarme más y más a continuar sin parar. Así es que entre mas se corría Cristina, mas me enardecía yo, entre mas me enardecía yo, mas motivaba a Cristina, entre mas Cristina se corría, etc., etc. Pero esta vez mis motivos eran otros.

Por un largo rato continué chupando a Cristina, ya sabia que eventualmente la intensidad de su desemboques la agotaría y la dejaría exhausta tal como esta mañana. Finalmente sus jadeos menguaron, y sus sacudidas casi se desvanecieron mientras ella respiraba profundamente con una mirada fija y sus ojos brillosos. Con mi cara totalmente mojada con sus jugos levanto mi torso sobre ella aun sosteniendo sus piernas. Fijo mi mirada en ella, nos sonreímos uno al otro, y minorando mi pasión sobre sus piernas dejo que las levante un poco haciendo que sus caderas cayeran un poco al nivel de mi pene. Con una mirada perversa me muerdo el labio mientras pongo mi glande en la entrada de su vagina, ella me mira todavía respirando profundamente y me dice "¡Cógeme!", "¡Cógeme!" atizándome con su pelvis.

En la mañana la primer cogida, fue rápida, e impetuosa. Todo ocurrió con arrebatos desesperantes, y reacciones inéditas. No hubo tiempo de interacciones, jugueteos, o preámbulos. Esta ves había tiempo, y me encanta hablarle sucio a mis amantes y que ellas me hablen sucio a mi; Cristina no me defraudo.

"¿Te gusto mi verga. Verdad?" le dije mientras empuje mi pene un poco dentro de ella. "Si", "Mucho" me respondió mientras se sonreía meneando su cabeza afirmativamente. Sus ojos brillosos, sus palabras arrastradas e incoherentes denunciando su ebriedad "Nunca había sentido una verga tan dentro de mi" continuo mientras su respiración se agitaba nuevamente "¡Cógeme!", "¡Anda!", "¡Cógeme!". Empujo mi pene dentro de ella un poco más. "¡Aaahhh!", "¡Aaahhh!", gime frunciendo su cara "¡Si!", "¡Si!", "¡Asi!", "¡Así!", "¡Mmmm!" me encanta sentir que me estires "¡Aaahhh!" veo que su cuerpo se eriza. "¡Mmmmfff!", "¡Mmmmfff!", "¡Mmmmfff!" gime fuertemente, mi pene la a medio camino, su cuerpo arqueándose poco a poco. "¿Quieres mas?" le pregunto haciendo pulsar mi pene dentro de ella. "¡Ooohhh!", "¡Ooohhh!", "¡Si Mi’jo!", "¡Si!", "¡Toda!", "¡Toda!" "¡Nunca había sentido una verga tan dentro de mi!" Su respiración una vez más en su ritmo lujurioso, su aliento ebrio y lleno de lujuria. "¡Anda!", "¡Cógeme!" sus piernas empezaron a temblar. "¿Me vas a dejar cogerte cuantas veces quiera?" le pregunte mientras le abría mas sus piernas preparándola a recibirme una vez mas "¡Si!", "¡Si!" me contesto entusiasmada. "¿Como yo quiera?", "¿Dónde yo quiera?" empinadome sobre ella dándole a saber que me estaba alistando a ensartarle el resto de mi pene. "¡Si Mi’jo!", "¡Si!", "¡Como quieras!, ¡Cuando quieras!, ¡Donde quieras!". Habiendo dicho eso empuje dentro de ella con todas mis fuerzas. "¡Hiiijjjjjj!" levanto sus brazos sobre su cabeza macizándose de la cabecera de la cama. "¡Si, Siii, Así!", "¡Jódeme mas fuerte!", "¡Mas fuerte!" Cristina me miro con una mirada desafiante. ¡Empuje contra ella como una bestia! "¡Aagghh, Aagghh, Aagghh, Aagghh, Aagghh!" Cristina gemía intensamente con una sonrisa lasciva, y deleitosa. Con encanto y fascinación me regocijé al concluir que a Cristina le gustaba ser abusada, y su deleite y satisfacción era obvio cundo sentía mis fuerte y desmesuradas embestidas contra ella. ¡Cristina tallaba su pelvis contra el mío con una desesperación insólita! Yo me di el placer de perderme en la locura de Cristina. Entre mas desmesurados mis arrebatos contra ella, mas quería sentir mi poder sobre ella. Nuestros cuerpos brillaban con el sudor de nuestros esfuerzos tratando de superarnos uno al otro con nuestros arranques de pasión, con nuestra brusquedad, con nuestra rabia de ser saciados. Nuestros bríos eran interminables y la energía de dar, de compartir, y de atizar mas y mas; queríamos hacer estallar ese fuego interno que nos calcinaba, queríamos que nuestra fiebre nos vinculara en una llamarada fulminante, penetrante, y fatal. Mis manos se deslizaban libremente por todo su cuerpo, húmedo, caliente, y suculento. Yo doblaba, retorcía, trastabillaba, estrujaba, maltrataba, y abusaba del cuerpo de Cristina como si fuese una muñeca de trapo. Finalmente Cristina se perdió en el deleite de un largo, atrabancado, y fenomenal clímax mientras continué mi fuerte y descomunal entre y saca de mi pene en ella. Ya cuando estaba mi pene totalmente inflado y cercas de mi eyaculacion la mire directamente a sus ojos con una mirada determinante "¡Ahora Sí!" ¡Vas a ser mi puta!" Cristina nomás me vio con una expresión intrigante. ….

(continuara)

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