Como todos los domingos que Manuel pasaba en su casa, ayudaba
al pequeño Jefferson a hacer los quehaceres escolares. A Manuel las matemáticas
era lo que mas le gustaba enseñarle y así poder practicar lo que aprendió en la
carrera de ingeniería.
A pesar de tener solo 9 años Jefferson, es muy despierto y
entiende todo lo que pasa a su alrededor, su madre lo sobreprotege pero el no
deja que ella lo haga en exceso, es demasiado independiente para el gusto de Ana
(su madre).
Ana cocina para los dos hombres de su vida, y los ve desde la
cocina suspirando, su familia es bella (se dice para ella misma).
No es así… - grita Jefferson
Pero no te lo diría si no fuera porque tengo razón – le
replica Manuel
No, mi maestro me enseño de otra manera – levantando aun
mas la voz
Hay muchas maneras de solucionar los problemas – le decía
aun con su voz calmada Manuel
Ana sale de su letargo y secándose las manos desde la cocina,
sale caminando sin prisa, cuando se da cuenta de la actitud de su hijo y decide
apaciguar las cosas.
Jefferson, hazle caso a tu padre – con voz muy calmada
El no es mi padre, no es mi padre… - sin dejar de gritar
se para de la silla dejándola caer tras de el y desaparece corriendo a su
habitación.
Con los ojos llorosos Ana solo arruga con sus manos su
mandil. Manuel agacha la cabeza, se para y camina hacia el sillón, prende la
tele y el sonido de la televisión se escucha en toda la casa.