Agradezco mucho casi todos los comentarios sobre la primera
parte de este relato. Y lamento no haber sido más explicito en el final, pero lo
que pasa es que este relato tiene dos parte más y lo que quería es ir llevando
la trama, sin reiterarme, ya que esas cositas van en este y en la próxima
entrega. Espero que esta les resulte tan interesante como la primera… Six
No Fui a trabajar
Lo que había pasado con Antonio, no fue una cosa, que pasaría
sin dejar huellas. A penas él se fue de casa, esa noche, mi cabeza no paró de
pensar, en mil cosas. Nunca imaginé que las cosas que escribía se podrían
convertir en realidad.
Tenía veinticuatro horas para resolver mi cabeza y mi cuerpo.
Me había despertado y seguía vestido con bombacha, medias
largas, y un camisón, todas prendas de mi mujer. Sabía que si me asomaba al
balcón, podría encontrarme con la mirada de Antonio en su ventana.
Fui a la cocina, preparé un café y me quedé allí a tomarlo…
Me sentía preso en mi propia casa… Me asomé al living y vi que la persiana del
vecino estaba cerrada y eso me daba algún tiempo para pensar.
Me fui a lavar los dientes y a mear, me sorprendo sentado en
el inodoro y con la bombacha debajo de mis rodillas, como si siempre lo hubiera
hecho así. Pero ¿Qué quiero hacer? ¿Me voy a seguir comportando cómo una
señorita? ¿Hasta cuándo?
Estaba yo, con esos pensamientos, cuando sonó el timbre.
¿Será Sheila, que adelantó su regreso? Ella tiene llaves. ¿Será el fumigador? Me
llegué hasta el portero eléctrico y atendí:
- ¿Quién es?
- Compre medialunas para mi princesa ¿Desayunamos juntos?
- ¿Antonio, sos vos?
- Si, ¿Bajás a abrirme?
- Si. No… - No sabía que hacer, mi corazón se escapaba de mi
pecho y realmente no sabía si estaba bien que pase o no. Era imposible que baje
enseguida ya que me tenia que vestir de hombre y yo estaba de camisón. – Te tiro
las llaves por el…
- No hace falta aquí me abren.
Corrí a mi cuarto y me empecé a arreglar, Me puse un corpiño
y busqué un vestido, que sería más sencillo que ponerme esos pantalones, tan
apretados. Me calcé unas sandalias cerradas, con taco. Sonó el timbre, pero yo
me fui al baño a peinarme y tratar de componer mi cara, los pelos de la barba
empezaban a aparecer, pero no tenía tanto tiempo como para rasurarme, pinte mis
labios y fui hasta la puerta. Allí estaba él, con una bolsita de papel en una
mano y un ramo de jazmines en la otra.
- Pasá, rápido.
Cerré la puerta detrás de él y sin soltar las cosas que traía
en la mano me abrazó y me dio un beso en la boca… parece que no le importaba
nada, que sea de día, (la noche enmascara y entona.) que no me haya afeitado,
que seamos dos hombres, nada parecía importarle, solo quería besarme y besarme.
Lo tuve que parar, ya que las flores se iban a estropear y las medialunas iban a
terminar deshechas.
- Bueno, basta. Vamos a desayunar, que para eso viniste…
- Vine porque quiero estar con vos…
- ¿Estás loco?
- Estoy loco por vos
- Pero yo son un hombre y además estoy casado y esto de
vestirme así fue… no sé.
- ¿Y lo de anoche, qué fue?
- No sé, no lo tengo claro.
- ¿Y por qué estas todavía vestida de mujer?
- No lo sé… estoy confundido y vos no colaboras en nada para
que las ideas se me aclaren.
- Yo quiero ser tu amante. ¿Está mal?
- Si… No… Yo que sé. Pienso que Sheila va a llegar mañana y
no sé con que cara la voy a mirar.
- ¿La amás?
- Claro que la amo, y por eso es que no la quiero perder por
una locura como esta…
- ¿Y por qué la vas a perder? Esta locura, como vos decís nos
hace felices. Siento que con vos podemos estar muy bien, ayer fue increíble.
- Si fue muy fuerte y por eso no puedo reaccionar, pero
cuando me pregunte que hice en estos días… ¿Qué le voy a decir? Ella se da
cuenta cuando le miento y a mí no me gusta mentirle.
- Que estuviste en casa, que no saliste y que la extrañaste.
¿A caso le estarías mintiendo?
- Ella se va a dar cuenta de todo… se lo voy a tener que
decir y ella me va a odiar.
- Dos cosas: La primera es que lo nuestro puede ser
clandestino, vivimos enfrente y no sería difícil vernos sin que sospeche y la
segunda es que quizás ella lo entienda.
- Ella no lo va a entender. Yo no lo entiendo… Me encantan
las mujeres, me calientan.
- No llores, mi princesa… Te gustan tanto las mujeres, que
quieres ser una de ella. – Me tomó del mentón y me dio un beso tierno. Lo dejé
que me besara, necesitaba contención, necesitaba de sus besos…
Olía a la noche de ayer, su sudor era el mejor de los
perfumes, sus brazos fuertes, sus ojos negros, su bulto haciéndose sentir a
través de su pantalón. Así que me colgué de su cuello y me dejé hacer. Nos
besamos y seguimos besándonos, entre mis lágrimas y su piel.
Me cogió, como si yo fuera su mujer, me lamió, me mordió, me
sostuvo, con pasión. Me cogió, como si yo fuera su puta lo chupé, lo olí, le
rasguñé la espalda, sin temor.
Lo que más me gusta de él, es que es todo un hombre, que
habla como hombre y me trata como a una mujer, que me escucha y que me entiende,
que no desea que yo lo penetre, que me dices cosas chanchas, cosa que me hacen
sentir su hembra, que me halaga, me piropea y me deja exhausta.
- Quiero sentirte toda. Quiero que me sientas todo.
- Te estoy sintiendo, ¿Vos no? – dije sorprendida, ya que
sentía que lo estaba poniendo a mil y más.
- Quiero acabarte, sin condón.
Había leído que era de lo mejor sentir cuando sale el semen e
inunda las entrañas, pero no sabía nada de Antonio.
- No, así está bien.
- Es que sería lo máximo.
- Yo estoy libre de dudas, pero de vos, no estoy seguro, así
que mejor…
- Hace más de un año que no tengo relaciones con nadie y te
juro que no tengo nada.
- No sabes ni mi nombre.
- ¿Cómo te llamás?
- No sé cual es mi nombre, para vos.
- Para mí, sos mi princesa.
- Entonces debería llamarme Carolina o Máxima.
- A mí, me gusta Carolina. Máxima es muy gorda.
Me moría de ganas de sentirlo dentro, pero el miedo me pudo.
- Dejémoslo para otra oportunidad.
- ¿Habrá otra oportunidad?
- No lo sé.
Saqué su verga de mi culo, le saqué el condón, y lo hice
acabar en mi boca… Fue increíble. Dos y tres latigazos, La leche me caía de la
boca. Si así se siente en la boca debe ser fantástico sentirlo en el interior de
mi ser.
Me encanta saciarlo, dejarlo cansado, sentirlo hasta que su
fuego se acaba y volverlo a excitar.
Fui al baño a refrescarme la zona, ya que me ardía la cola.
Quizás su leche hubiera sido un bálsamo… ya pasó.
Luego nos quedamos acostados, abrazados, dormitando. Hicimos
todo lo que quedaba del día y esa noche, vida de amantes. Cociné para él,
comíamos algo nos acostábamos, charlamos, nos besamos, tomábamos algo, nos
provocábamos, fumábamos, nos reíamos de todo y nos volvíamos a coger. Su verga
recorrió todo mi cuerpo, centímetro a centímetro y su leche y la mía,
humedecieron toda la sabana y todo lo que estaba alrededor… Lo hicimos en la
cama, en el baño, en la cocina, en el living… Gemí, grité, ladré como una perra.
A la mañana siguiente se fue a su casa. Me puse un jean mío y
lo acompañé hasta abajo, para abrirle la puerta.
- ¿Vas a estar bien?
- No lo sé.
- Si necesitás, llamame.
- No sé.
- Llamame para saber como te fue con ella.
Ordené la casa, que había sido el nido de nuestra pasión, ya
que esa tarde volvería mi esposa.
Mi cabeza, no dejaba de pensar. Pese a todo lo que había
pasado, sabía que la amaba y que la deseaba, como siempre la deseé. Sheila iba a
volver tostada, como más me gusta y sé que me voy a calentar cuando la vea, a
pesar de que estoy fundido.
Todo pasó tan rápido y sin previo aviso.
Me depilé, me vestí, acepté la invitación de Antonio, acepte
sus besos y luego lo besé, acepté sus caricias y lo acaricié, hicimos el amor,
los dos con ganas. Él se fue y volvió al otro día, hablamos de ella, de él y de
mí. Me acabó dentro, en el pecho, en la espada, en la boca y ahora se va, se fue
y ahí está en frente. Puedo cruzar la calle e ir…
Pero ahora regresará ella y tengo ganas de verla. Vuelve y
quiero que me entienda.
Tengo tantas preguntas para hacerme, Tengo tantas respuestas
para darme, tengo tantos miedos…