Otro día más en mi vida en la gris Lima, aunque estos días no
lo eran en lo absoluto y sólo esperaba la sorpresa que me tenía preparada la
señora Ysabela.
Seguí con mi nueva rutina, y una vez en el techo, dí unos 3
silbidos largos. Al poco rato apareció mi vecina, que al levantar la vista,
sonrió y me hizo señas para que baje.
La acompañé hasta la cocina donde ella aún terminaba de
cocinar.
- Y, ¿ya estas listo para una nueva experiencia?- preguntó
sin voltear.
- Por supuesto, Ysa, yo soy buen alumno.- respondí
entusiasmado.
- Eso ya lo estoy viendo, mi niño.- dijo conforme. Bueno,
esto ya está listo, así que vamos.
Nos dirigimos al cuarto, y nos desnudamos sin apuros y con
total confianza. Luego ella fue hasta la cómoda y abrió un cajón extrayendo algo
que no alcancé a ver.
- ¿Qué tienes ahí?- pregunté curiosísimo.
- Algo que nos va ayudar mucho.- respondió sonriendo
traviesa.
En su mano se suspendía un frasco de aceite de bebé.
- Me vas a tener que lubricar bien, pequeño.- dijo seductora.
- Eso es para...- respondí sin saber.
- Pues, que hoy vamos a probar el sexo anal.- dijo con
seguridad.
Sin demorar, la señora Ysa se subió a la cama y se puso en
pose de perrito; mientras me ofrecía su trasero firme y goloso.
Destapé el frasco y me unté un dedo con el aceite, para luego
proceder a frotárselo en todo el ano. Mientras estaba en esta labor, una imagen
me vino a la mente y la risa salió en arcadas.
- ¿De qué te ríes, pequeño?- preguntó curiosa.
- Es que... ja,ja,ja, bueno te vas a reír.- dije aguantando
la risa.
- Ja,ja,ja... pero, ¡dime que cosa es!- dijo ya al borde de
la desesperación.
- Pues, que imagine, ja,ja,ja, si tu esposo, mi madre y los
vecinos nos vieran así, que pensarían.- dije soltando la carcajada.
- ¡Jaaaaaaaaaaa! te pasas mi niño.- dijo jocosa. Tienes una
imaginación.
- Ja,ja,ja, que locura.- dije aún riendo.
- Bueno, bueno, sigamos de una vez.- dijo ordenando.
Yo seguí lubricando su delicioso ano y me animé a introducir
el dedo.
- Sí, mi niño, así es.- dijo contenta.
Mi dedo se introducía completamente, ante los movimientos de
mi vecina que disfrutaba con la exploración.
- Ya, por favor, empieza a meterme tu verga.- gimió arrecha.
Con la mano izquierda abría sus nalgas y con la derecha ponía
el glande en la entrada de su orificio anal. Suavemente, me fui deslizando en su
interior, y así, ya tenía metida toda la cabeza de mi pene.
- Ayyyy, sigue papito lindo.- gimió ella.
- Sí, ya entró la cabeza.- dije sin detener mi embestida.
A un ritmo lento, iba dejando que mi verga se introdujera
centímetro a centímetro, pues iba siendo consciente de mi tamaño.
- La quiero toda dentro.- gritó con voz de hembra caliente.
Seguí atento a sus pedidos y no dudé en continuar mi labor.
Sin embargo, me percaté que no sería tarea fácil pues mi verga empezaba a hacer
estragos en la señora Ysa.
- Ayyyyyy, me dolió.- dijo moviéndose y sacando gran parte de
mi pene.
- Lo siento Ysabela.- contesté preocupado. Pero creo que no
va entrar todo.
- Yo también lo creo así.- dijo resignada. ¡Qué mala suerte!
- Pero, ¿entonces que hago?- pregunté.
- Métemela hasta donde te diga.- dijo ordenando.
Volví a introducir gran parte de mi verga que había salido
hasta que ella me indicó que ya no empujara más.
- ¿Cuánto es lo que ha entrado?- preguntó volteando a verme.
- Poco más de la mitad.- contesté tanteando.
- ¡Woouwww! y eso que aún falta meter bastante.- dijo
admirada. Y ya me duele mucho.
- Y, ¿qué haremos?- pregunté.
- Bueno, por mientras continuar con esto.- dijo indicando. Y
en los siguientes días seguiremos tratando hasta que entre por completo.
Con las manos abrí sus nalgas y pude ver claramente la fuerte
opresión que su ano le daba a mi verga. Esta visión aumento mi lujuria y con
vigor empecé a dar las primeras embestidas. La señora Ysa enterraba su cara en
la almohada y ahogaba sus gritos desgarrados, su cabello era una maraña
endiablada que se extendía libremente sobre la cama.
- Ayyyyy, papacito, que rico se siente.- gimió ella
doblándose de placer.
- Está tan apretado tu ano.- dije tomándola por las caderas y
aumentando la velocidad de mi embate.
- ¡Me matas, mi niño, me matas!- gritó desbocada.
Mi empeño era desquiciado y sólo deseaba disfrutar a
perpetuidad ese agujero. La señora Ysa se movía alejándose cuando, por el calor
del acto, mi verga penetraba más profundo de lo que podía resistir.
- ¡Qué rica colita tienes Ysabela!- grité embistiendo con
locura.
- ¡Me partes mi niño! ¡Me partes!- gritó a su vez mi vecina.
Una sacudida eléctrica atravezó mi espalda y su agujero se
vio inundado de borbotones de leche. Saqué mi pene y pude ver como de su ano,
rojo y abierto, destilaba mi semen en abundancia. Ambos caímos sobre la cama
agotados.
- Uffff, no tengo palabras para esto.- dije extenuado.
- Me has dado con unas ganas, mi niño.- dijo la señora Ysa
abrazándome.
- Nunca imaginé que fuera así de maravilloso.- dije
sonriendo.
- Si pues, mi pequeño, me has abierto mi colita mucho más.-
susurró apoyando su cabeza en mi pecho.
Con caricias nos fuímos sumergiendo en el sueño, y en
silencio, dormimos.
Entre sueños sentía que alguien me llamaba, y al abrir los
ojos ví a la señora Ysa, que me masturbaba.
- Hola, pequeño durmiente.- dijo sonriendo.
- Vaya, ¿qué hora es?- pregunté desubicado.
- Recién es mediodía.- respondió sin detenerse.
- Ah, aún es temprano.- dije.
- Sí, como para seguir con uno más.- susurró divertida.
- Por supuesto, pero me siento algo sudado.- dije tocándome
el cuello.
- Bueno, entonces que tal si nos damos una ducha juntos.-
dijo coqueta.
Nos levantamos y fuímos al baño. Mi vecina abrió el grifo del
agua y esta cayó tibia sobre nuestros cuerpos. Ella jabonó cada rincón de mi
cuerpo y luego yo hice lo propio. Muy divertidos jugábamos tocándonos y yo
soltaba unos palmazos a sus paradas nalgas. Seguimos un rato jugando, hasta que
ella volteó frotando su colita contra mi verga que reaccionaba ante tamaña
tentación.
- Ya se está despertando otra vez.- susurró divertida.
- Claro, con semejante provocación cualquiera.- respondí
tomándola por la cintura.
Ella se inclinó, mi verga se frotaba entre sus piernas y su
vulva. Tomó con su mano mi capullo y lo dirigió a la entrada de su vagina, que
ya tan bien empezaba a conocer.
- Ya tú sabes que hacer mi pequeño.- susurró con su voz de
madura arrecha.
De una fuerte embestida logré enterrar más de la mitad de mi
verga, y ella soltó un agudo grito lastimero. Mientras la sujetaba de las
caderas iba entrando y saliendo de la señora Ysa. Tan sólo recordar que estaba
cogiéndome a mi vecina, una mujer casada, con 2 hijos pequeños que conocía,
lograba que mi sangre hirviera hasta descontrolarme.
- Ayyyyy, papito lindo, ¡¡¡qué pedazo de verga te manejas!!!
- Ysaaaaa, ¡¡¡qué vagina tan deliciosa tienes!!!
- No te olvides de mis tetas, mi niño.- gimió húmeda y
desquiciada.
Mis manos se posaron sobre sus jugosos melones y ella era
quien se movía permitiendo la copulación. El agua corría sobre nuestros cuerpos
enceguecidos de placer. Mis huevos producían un sonoro chasquido al chocar
contra su vagina caliente que recibía gustosa su pedazo de verga.
- Uhmmm, mi pequeño, ¡¡¡eres eterno!!!
Y razón no le faltaba a la señora Ysa pues sintiendo la dulce
opresión de su vagina no deseaba salir de ahí.
- Ahhh, ¡¡¡ya no aguanto más!!!- grité mientras mis
testículos soltaban su carga láctea.
- ¡¡¡Yo también mi niño!!!- gritó soltando su orgasmo.
Yo la tenía abrazada disfrutando de las últimas descargas del
coito. Y así, acababa un nuevo día, aprovechado al máximo pues nos veríamos
hasta el lunes, como los dos amantes candentes e insaciables que ya éramos.