Como ya les he comentado el metro de la
ciudad de México es un mal necesario y es el medio mas común para nosotras que
tenemos que desplazarnos en esta enorme ciudad. Hasta hace poco que me mudé aquí
me di cuenta que las historias de encuentros y desencuentros con la gente nunca
termina y este relato es uno que recuerdo –ha habido tantos que ya no caben en
mi mente- y sucedió hace como 2 años aproximadamente. Era el fin de las
vacaciones escolares – por ese tiempo estaba en primero de prepa – y entré a
estudiar a la UNAM. Mi primera semana de clases era horrenda por que tenía que
levantarme a las 5 de la mañana, arreglarme, vestirme, pintarme, desayunar y
salir volando; en especial esa mañana tenía que estar puntual por que el
profesor de redacción era muy estricto y salí a tomar el colectivo cuando estaba
todavía oscuro.
Al llegar al metro, este estaba atestado
–como siempre- y no había forma de subir. Pensé en salirme pero el tiempo corría
y al intentar abordar el metro se quedó mi suéter en la multitud y lo perdí sin
remedio alguno, y no era el suéter en sí lo que me dolía perder, pero éste me lo
amarraba a la cintura para evitar a los malosos y en ese momento me sentí
desnuda y vulnerable por que ya era una carnada para los lobos, ya que desde que
tengo memoria los hombres (lobos) me han chuleado mi culo que es de buen tamaño
además de poseer unas piernas que quien sabe por que dios me hizo así, pero ya
estoy acostumbrada a las miradas morbosas de la gente.
El caso es que no tardó en aparecer el
primer tipo que se acercó descarado y simulando ver hacia el túnel, recargaba su
cuerpo sobre mí y podía sentir su loción barata cuando se acercaba y solo me
hice a un lado tan solo para sentir a otro como de veintitantos años que me
tomaba por la cintura al tiempo que decía cuidado señorita, no la vayan a
lastimar al tiempo que llegaba el metro y quedé de espaldas a él, quien ni tardo
ni perezoso se acomodó detrás de mí y me empujó con fuerza que casi me desmayo
pero me metió a la fuerza al metro y el quedó a mi espalda cuando cerraron la
puerta.
Esa vez estaba con una falda negra a
arriba de la rodilla, de tela estampada muy bonita que me había comprado para la
escuela, una blusa fucsia de botones y tacones. No tardé en sentir al tipo que
se revolvía a mi espalda y se acomodaba lentamente, haciendo una suave presión
con su cuerpo, mientras crecía su enorme arma que intentaba acomodar en medio de
mi culo.
Solo me agachaba y empecé a reir de
nerviosismo y el tipo ha de haber pensado que me gustaba o que sé yo que imaginó
pero empezó a soplarme al oído, muy quedito…
El vaivén del metro me obligaba a
sujetarme del tubo con una mano y con la otra sujetaba mi carpeta y con ésta me
cubría mi sexo pero no tenía defensa alguna por la retaguardia, donde este
empezaba su ataque. Al ver que no le decía nada ni le reclamaba nada –por dios,
hacer un pancho por un arrimón!- y además no me molestaba por que el tipo era lo
bastante guapo como para negársele, empujé mis nalgas apretando se sexo
suavemente…. Mala táctica¡
A todo esto frente a mí estaba también
una señora joven, que solo se mecía cuando el que tenía detrás le daba sus
arrimones. Me sonrió con aire de complicidad y con un mirada le hice saber que
yo también sufría (o disfrutaba?) lo mismo. Creo que eso encendió mas a la
señora quien, al estar prácticamente embarrada a mi cuerpo y nuestra cercanía
era una sola, empezó a echar el cuerpo para atrás muy discreta y empezó a pegar
sus pechos a los míos, frotándolos suavemente.
Fue ahí cuando empecé a sudar de verdad
por que tipo a mis espaldas me embarraba cada vez mas su sexo y me empujaba muy
despacio, como si me estuviera clavando. Podía sentir su calentura y al sentir
que había bajado su mano empezó a tomarme de la cintura, recorría mi culo y
levantando la falda, le dio un apretón con su enorme mano a una nalga y siguió
su recorrido por toda la piel, haciendo a un lado la tanga que llevaba.

Faltaba poco para que me bajara pero
quería saber hasta dónde se atrevería este tipo y empecé a frotarme en su verga
que estaba durísima y dispuesta a todo, me solté y bajé mi mano para rozar con
la punta de mis dedos ese bulto que sentía sobre el pantalón. Al sentir mis
dedos el tipo al principio se intimidó pero luego tomó mi mano y la puso sobre
su verga y empecé a bajarle el zipper y el, presuroso, sacó su pene el cual
empecé a palpar con la punta de los dedos y después a sobarle la cabeza con los
dedos y escurría líquido que me mojó los dedos y la saqué toda, masajeándole los
huevos y pegué mi culo a él, restregándolo.
Solo sentí un chorro caliente que bañó
mis dedos y eso me excitó y tuve un orgasmo, mientras el tipo frotaba su verga
debajo de mi falda, buscando afanosamente algún hoyo para meterla para lo cual
casi me paro de puntitas y me incliné para rozar su pene en mis labios
vaginales… delicioso! Ese frotar sobre mi sexo me hacía desearlo aún mas.
Mientras la señora joven seguía
disfrutando el viaje –que de la Raza a Universidad es mas de media hora de
recorrido- y recuerdo ver su cara de lujuriosa cuando vi que ella metía su
pierna entre las mías, obligándome a abrir las mías y sentí unas manos que se
abrían paso subiendo lentamente por debajo de mi falda y pensé dios mío, el
metro es un cogedero ambulante! Cuando sentí al tipo de atrás que prácticamente
me venía abrazando de la cintura y un olor a sexo impregnó el ambiente y volvió
a eyacular por entre mis piernas y la señora joven debe haber sentido el chorro
de semen por que se me quedó viendo con una cara de que pedo, que pasó? y
sonriéndole cerré los ojos y dejé que el airecito que entrara y el vaivén del
metro secara mi cara que estaba aperlada de sudor.
En la próxima estación hubo menos gente
y noté que el muchacho tenía su pantalón mojado y le escurrían hilitos de baba.
La señora joven me miraba muy extraña y noté que su pierna se veía pegajosa.
Finalmente me acomodé discretamente la ropa, y como si nada hubiera pasado
caminé de prisa cuando bajé del vagón ante la mirada de la gente que me
observaba cada paso que daba… ah, por cierto ese día llegué tarde a la clase,
pero no me importó por que esa tarde recibí la llamada del muchacho del metro,
ya que al bajar me alcanzó y me acompañó hasta la escuela y es, hasta la fecha,
uno de los mejores amigos que tengo cuando quiero tener sexo.