Hola a todos. Disculpen la tardanza de mi tercer relato, pero
he estado muy ocupada, pronto sabrán porque. Gracias por sus mails y por las
fotos tan excitantes que mandan. Empezaré.
No podía dejar de pensar en paulina, y de lamentar que ese
fin de semana fuera tan largo, era algo muy raro, pues con mi tío y Marcelo no
me pasaba lo mismo, realmente disfrutaba lo que hacía con ellos y cuando estaban
lejos, deseaba hacerlo, pero en realidad lo que extrañaba era la sensación, el
placer; esta vez en cambio me moría de ganas por ver a Paulina.
¡Por fin era martes! Llegué a la escuela y me moría de ganas
por salir al receso. Creo que ella también me extrañó pues cuando salí de
inmediato me alcanzó. Se veía tan feliz de verme como creo que también me veía
yo.
Hola Karen.
Hola Paulina.
Que bonita te vez.- Me dijo, sonrió y cerró el ojo.- No
puedo hablar mucho, sólo pedí permiso para salir al baño y poder verte rápido.
Me sentí muy triste, pero se me quitó pronto. De verdad aun
recuerdo la sensación de ese momento, ahora que lo escribo sonrió porque me
siento un poco como cuando me sentí en ese momento con sus palabras siguientes.
¿Puedes convencer a tu mamá de que te deje ir a mi casa
después de clase?- Preguntó tiernamente.- Tal vez puedes decirle que vas con
otra amiga de tu salón...no sé cualquier cosa.
Claro. Mi mamá sale tarde del trabajo. Nadie se va a dar
cuenta si llego a mi casa antes de las seis.
Vale. Ven conmigo.
Fuimos al baño, que estaba vacío. Cerró la puerta y me sonrió
de una forma tan linda que yo no supe que hacer. Pero ella al parecer lo tenía
todo calculado; se agachó un poco y posó sus labios sobre los míos, que se
abrieron para recibirla. Su piel fría me gustaba, y la textura de sus labios
carnosos invadiendo mi boca me dio un gozo indescriptible, era como si nos
contáramos sin palabras los mucho que habíamos deseado este momento durante todo
el fin de semana. Yo estaba tan metida en el beso que cuando quitó los labios
fue como si me arrancaran de mi sueño.
Debo de irme. Paro te veo a la hora que sales.-
Echó a correr y me preparé para otras cuantas horas de
impaciencia.
Caminamos hasta su casa, y si dijimos más de diez palabras
fue mucho. Las dos nos moríamos de los nervios, pero ninguna lo diría. A pesar
de lo que había pasado el viernes en la escuela, sabíamos que estábamos a punto
de vivir algo nuevo y diferente.
Su casa era bonita, pero estaba decorada de una forma muy
rara, demasiado color rojo, pero era la tendencia entonces. Al llegar y cerrar
la puerta tras nosotras nos quedamos de pie mirándonos un rato, sin decir nada.
Yo sentía claramente como la sangre se agolpaba en mis mejillas, era como inflar
un globo sin pensar que podía reventar.
¿Quieres tomar algo?
Sí gracias.
Después te puedo mostrar mi cuarto.
Su cuarto resultó ser muy bonito, el típico cuarto de
adolescente, de ese entonces claro. Nos sentamos en la cama y aunque parezca
raro, debimos estar platicando como una hora, y sin tocarnos. Pero de pronto
Paulina se acercó a mí, pasó su mano por detrás de mi espalda y se recargo en la
cama, de forma que quedó medio acostada, pero no del todo. Ahora fui yo la que
puse los labios sobre los suyos, que de inmediato reaccionaron y parecían
devorarme. La piel fría que bese en la escuela, ahora ardía como brazas.
Su mano rodeo mi cintura y empezó a recorrer mi cuerpo;
pronto llegó a mis piernas y empezó a recorrer mi falda en busca de su fin, para
poder tocar mi piel. Yo por mi parte puse mi manecita en su cara y empecé a
recorrerla desde la base del cuello hasta su frente. Metí mi mano entre sus
cabellos suaves y brillantes, y la tomé por la nuca para tenerla más cerca;
justo como Cristian hacía con migo.
Nos separamos y nuestros corazones parecían estallar, sentía
mi pulso en mis propios oídos, fue un momento alucinante. Pero ella era otra
persona, su expresión era de deseo, amor e impaciencia, me tomó por los hombros
y me tiró en la cama, de una forma dura, pero muy rica, sin pasar un límite.
Empezó a besar mi cara y mi cuello. Su lengua empezó a recorrer mis labios hasta
entrar en ellos de nuevo. Sus manos sacaron mi blusa de la falda y empezó a
frotarme el abdomen y los pechos cada vez más arriba. Yo estiré las manos y me
sacó la blusa. Ahora me empezó a besar todo el cuerpo, besos cortos pero suaves,
que me hacían sentir la humedad de sus labios en cualquier parte que los ponía.
Levantó mi corpiño y mis pequeños pechos brotaron, que aunque
daban señales de crecimiento aun eran pequeños. Los lamió como si fuera la única
vez que pudiera hacerlo, besó mi abdomen, me bajó la falda y me sacó los
zapatos; estaba en ropa interior ante ella. Paulina se arrodilló en la cama y se
quitó la blusa, sus pezones rozados y erectos se transparentaban por el sostén;
luego se sentó y le ayude a quitarse la falda y los zapatos.
Te ves preciosa Karen.
Y tú.
Entrelazamos nuestras piernas y nos abrazamos. Nos reímos un
rato, realmente de felicidad de estar juntas. Nos besamos, yo empecé a besar,
soplar y chupar debajo de sus orejas, pues así lo hacía mi tío y me encantaba. A
ella la enloquecí, pero me correspondió poniendo la mano sobre mis bragas y
comenzado a frotar mi rajita virgen. Ahora fue ella quien se tiró de espaldas en
la cama, se quito el sostén y yo el corpiño. Me recosté sobre ella y nuestros
pechos se movían en pequeños círculos, mientras ella me guiaba poniendo sus
manos en mis nalgas.
Yo comencé a bajar y comencé a lamer sus pechos de inmediato,
que rico sabían, creo que era el sudor en mi boca, o tal vez el suyo, pero me
encantó; no pude resistirme y los mordí.
Hay Karen, te adoro.
Yo no respondí pues quería seguir chupando como si fuera una
bebe. Sus manos abrieron mis piernas y esta vez se metieron incluso dentro de
mis bragas, el masaje sobre mi rajita fue fácil, pues me encontraba muy húmeda,
su dedo invadió mis labios externos; yo dejé de chupar y me abracé a ella, pues
la sensación más hermosa que había tenido en mi vida estaba a punto de llegar,
de la mano de mi amigas Paulina: Un orgasmo.
Que increíble era lo que me estaba pasando, me aferre a su
cuerpo con más fuerza y mis dedos rozaron el resorte de sus bragas, empecé a
recorrer todo su contorno, pasando mis deditos por las caderas de paulina, quien
tenía la boca entre abierta y gemía bajo y rítmicamente; todo mientras su dedo
continuaba causando una revolución en mi cuerpo. Mis dedos bajaron al contorno
de sus piernas y de ahí al triángulo que las bragas dibujaban en su cuerpo.
Quiétamelas.- Dijo Paulina mientras se tiraba de espaldas y
se recargaba un poco en la cabecera.- Quiero sentir tus dedos en mí, Amor.- Yo
me levanté y le bajé las bragas, su cuerpo olía de una forma muy extraña, pero
rico y atrayente. De pronto una idea llegó a mi cabeza tan intempestivamente
que no pude rechazarla. Yo le iba a hacer a Paulina lo que a mi hermano y a mi
tío le encantaba hacerme.
Guiada por su aroma, tan rico, me dirigí a la fuente. Mi cara
y mi boquita se acercaron lentamente al punto de unión de sus piernas, empecé a
besarlas. Paulina abrió los ojos sorprendida, puso sus manos en los costados de
mi cara y me empezó a acariciar.
Mi cara llegó al fin de su camino, su vagina rica, húmeda, y
llena de bello estaba tan cerca de mí que sólo tuve que sacar la lengua para
probar su humedad por primera vez. Lo gemidos de Paulina salieron de inmediato,
y aumentaron de volumen conforme mi lengua ponía más presión sobre ella. En un
par de minutos la estaba devorando, ella chorreaba, y yo tenía la cara empapada
de ella. Me tomó las manos y me las puso sobre sus pechos, y los comencé a
estrujar de inmediato. Ella no dejaba de gemir y mover las caderas intensamente.
Quité una mano de su pecho y me aventure a internar dos de
mis dedos en su rajita, la cual se abrió generosa a ellos, se empezó a mover
como mi mamá cuando mi tío le hacía el amor; yo sólo deje mis dedos en una
posición y ella se los metía y sacaba con sus movimientos. Pronto empezó a
gritar más duro y su vagina y mi boca se inundaron de jugos; apretó mi cabeza
contra su cuerpo durante todo el tiempo que duro su orgasmo.
Esa vez con Paulina fue increíble, me encanto que nos
descubriéramos de esa forma, lamente que tuviera que regresar a casa a tan
temprana hora; claro que ella me acompaño, y arriesgándonos mucho, nos
despedimos dándonos un beso en la boca.
En mi casa las cosas siguieron igual unos meses más, yo ya
tenía como once años y medio, los baños con mi tío, darle sexo oral a él y a mí
hermano ya eran algo más que común. Pero un fin de semana mi mamá salió de viaje
para ver a una tía suya que estaba muy enferma; esta tía no era familiar de mi
tío. Mi mamá deseaba llevarnos con ella, pero el dinero no le alcanzaba para el
viaje. Mi tío habló con ella y le dijo que no había problema en que me dejara y
que fueran ella y Marcelo; pero mi mamá decidió dejarnos a los dos.
Mi tío habló conmigo y me dijo que me tenía preparada una
sorpresa; claro que él no podía dármela, a menos que estuviéramos solos. Así que
me di a la labor de convencer a mi mamá de que se llevara a Marcelo; claro que
mi tío me estaba aconsejando. Empezamos con el argumento de que el viaje era
peligroso y no queríamos que se fuera sola.
Mi mamá no quería aceptar, incluso yo empecé a temer que mi
mamá sospechara algo. Pronto descubrimos que el problema de mi mamá no era la
desconfianza en mi tío, sino en mí; ella temía que si me dejaba sola yo me
portaría muy mal y haría pasar un mal fin de semana a mi tío. El habló con mi
mamá, y como seguramente lo hizo en la cama después del sexo, no le costó mucho
trabajo convencerla de que no tenía ningún problema en que me quedara.
Yo obviamente sabía cual era mi sorpresa, pero me moría de
nervios, era lo que llevaba esperando por meses, pero estaba aterrada. Mi tío
nos llevó a la estación y ahí dejamos a mi mamá y a Marcelo. De regreso mi tío
me llevó a comer y después fuimos a pasear. Cuando llegamos a la casa nos
bañamos. El me desnudo y me talló con una esponja, todo mientras me besaba y
recorría mi cuerpo con esos labios que yo ya conocía muy bien.
Me sacó de la regadera y me secó muy metódicamente; cada
rincón de mi cuerpo, mientras lo besaba y lo recorría con sus manos. De una
bolsa sacó ropa interior nueva para mí; toda era completamente blanca. Unas
bragas de encaje y un corpiño, además un camisón de tirantes delgados y cortos.
Me cepilló y me peino poniendo dos moños también blancos en mi pelo. Me pinto
los labios de un color rosa muy suave.
Te ves hermosa Karen.
Gracias tío.
Tan pura y tan deseable. ¿Sabes lo que vamos a hacer?
Sí…bueno, creo que sí.
¿Quieres hacerlo?
Sí.
El blanco es el color de la pureza, perfecto para que te
conviertas en mujer, nenita mía.
Se inclino y me besó en los labios, yo le correspondí; y al
aproximarnos, noté que su corazón latía casi tan rápido como el mío. Me tomó de
la mano y entramos a su recamara, la cual estaba medio oscura con dos velas
encendidas y una lámpara con un foco muy tenue.
Cristian me tomó en sus brazos y nos besamos de nuevo, luego
me recostó suavemente en su cama. Se quitó la bata y quedó completamente desnudo
ante mí. Su pene poderoso y viril como siempre apuntaba directo a mí, impaciente
como su poseedor. Yo doblé las piernas de lado y me senté en la cama, a la
espera de lo que hacía él. Tomó su falo y empezó a masturbarse frente a mí
recorriéndome con la vista, sin que un solo centímetro de mi cuerpecito se le
escapara.
Me encantas pequeña. Apenas puedo creer que estoy apunto de
hacerte mía.
Su pene no dejaba de crecer, ni su mano de masajearlo
lentamente. Subió a la cama y se sentó junto a mí, alejó de mi cara un mechón de
mi cabello rubio, y con el mismo movimiento recostó mi cabeza sobre la almohada.
Quedé de espaldas y pronto él se puso sobre mí con mi torso entre sus piernas,
como si estuviera arrodillado. Su pene me rozaba la barbilla. Como ya nos
conocíamos muy bien le vasto con una mirada para indicarme que quería que lo
masturbara.
Con una de mis manos tomé su verga y empecé a moverla
lentamente, con la otra tomé sus testículos y empecé a frotarlos lentamente.
Cristian cerró los ojos y se abandono a mis atenciones; empezó a soltar pequeños
gemidos de placer y después de un par de minutos se hizo un poco hacía adelante;
de inmediato lo entendí. Levanté mi cabeza un poco y alcancé su glande sólo con
la punta de mi lengua, pues quería gozarlo; era la primera vez que no teníamos
prisa. Alejé mi lengua y un hilo de líquido colgó entre la punta de su pene y la
punta mi lengua. Mi boca regresó a él, pero esta vez para absorber todo su
glande y empezar a frotar en círculos con mi lengua; siempre sin dejar de
masturbarlo y sobar sus testículos.
Él, impaciente, empezó a balancearse sobre mí metiendo cada
vez más su verga en mi boquita; y sin darme cuenta cómo, por primera vez pude
tragar más de la mitad del pene de mi tío; aunque claro, no me entró toda. Le di
sexo oral por unos cinco minuto, hasta que el empezó a retirarse, seguramente
porque no quería eyacular tan rápido. Mi boca estaba completamente inundada de
su sabor, cada parte de ella; y me encantaba.
Esta vez fue él quien se tiró de espaldas en la cama. Me tomó
con sus manos, las cuales casi rodeaban toda mi cintura; me levantó y me sentó
sobre él, justo sobre su pene, el cual ponía una tremenda presión en mí, empezó
a mover mi cadera, y yo seguí el ritmo, era como masturbarlo, pero de otro modo.
Dime qué eres de mí nenita.
Tu sobrina.
¿Y qué edad tienes pequeña?
Once.
Me encanta que lo digas nenita.
Tomó mi camisón desde abajo y lentamente lo fue sacando de mi
cuerpo. Levanté mis brazos y la tela rozó todo mi cuerpo, al igual que sus
manos. Se levantó y me besó de nuevo, era como si nunca se saciara de mi piel,
como si le encantara el sabor o el contacto. Me desabrochó el corpiño, pero no
me lo quitó. Comenzó a pellizcar mis pezones con sus dedos pulgares e índices,
luego bajó una mano y tomó mis nalgas con fuerza para devolverme la cadencia que
yo había perdido por el placer.
Era increíble estar a disposición de mi tío ser suya y
dejarlo hacer lo que deseara, porque todo lo que hacía, para mí era placer y
todo me agradaba. Me tiró en la cama, terminó de sacar mi corpiño y se agachó
para besar pis pechos y mis pezones, mis pechos eran apenas una protuberancias
tímidas, pero ya visibles y palpables, lo cual él estaba comprobando muy bien.
Me besó y de un movimiento bajó hasta mi rajita y empezó a soplar aire caliente
a través de mis bragas. Lamió mis piernas y me mordió muy quedito. También lamió
mis bragas hasta empaparlas, con su saliva y con los jugos que comenzaban a
salir. Levantó mis piernas hacia el techo y las juntó, me escupió sobre las
bragas y puso su verga entre ellas. Empezó a moverse como si me penetrara, pero
entre mis piernas, lo cual parecía volverlo loco.
De pronto se detuvo regresó a mi cara y me besó
apasionadamente, metiendo su lengua hasta mi garganta; y yo lo más dentro que
podía de su boca.
¿Estás lista Amor?
Sí.- dije o creo que lo suspiré, no lo recuerdo.
Sin quitar sus ojos de los míos me bajó las bragas y luego
las sacó de mis pies. Metió su cara entre mis piernas y empezó a frotar su
lengua en mi rajita; de inmediato la llenó toda de saliva, lo cual hizo todo más
placentero. Calentó mi vagina e hizo que mis labios se abrieran un poco, luego
hizo algo increíble que me llevó al clímax sin que aun me hiciera suya: Empezó a
lamer como un loco, para después frotar su barbilla en mi rajita. Eso me puso
tan caliente como nunca lo había estado; todo un mundo se abría ante mí, como
mis piernas ante mi tío.
Se levantó y me sonrió tiernamente. Me tomó de las piernas y
me jaló hacía él; levantó mis piernas y se metió entre ellas. El momento estaba
llegando. Sentí la presión de su glande en mi vagina, la cual de inmediato
empezó a ceder, era como si no le costara trabajo, o eso creía yo. No sentía
dolor, sentí tan rico que creí que ya me había penetrado, pero no.
El dolor llegó de golpe, y de golpe empezó crecer. Conforme
mi vagina se abría ante la verga de Cristian, el dolor incrementaba. Gemí y una
lágrima se me escurrió por el ojo, pero como si fuera todo por arte de magia,
cuando por fin estuvo todo dentro de mí, el dolor empezó a ceder, más lento,
pero el placer crecía al mismo ritmo. Ya no era virgen, mi tío me lo hizo a mis
once años. Se recostó sobre mí y empezó a envestirme como antes lo hacía con mis
piernas, pero ahora dentro de mi cuerpo, estábamos unidos, y el placer no dejaba
de crecer en mi; un orgasmo como nunca lo tuve me inundo; pero digo como nunca,
no por el placer si no porque fue rápido y así de rápido se fue, dando paso a un
rico placer pero no tan tremendo. Mi tío clavo su lengua en mi boca y nos
fundimos en un tremendo beso. Se levantó y me envistió con más velocidad.
Abre la boquita nena.- Dijo entre jadeos y suspiros.
Sacó la verga de mi le dio dos jalones duros y chorros de
esperma brotaron y cayeron sobre mi, sobre mi boca, mi cara y mi cuerpo. Él se
desplomó sobre mí, tomó su semen con el dedo, y de su dedo yo lo chupe todo
hasta que quedé limpia.
¿Te gustó nena?
Sí tío, pero sentí algo raro, creí que sería diferente.
Es la primera vez nena. La segunda será inolvidable,
estarás más dispuesta.
¿De verdad tío?
Claro, el sexo es como cualquier cosa, es cuestión de
desarrollar habilidad.- Me tomó entre sus brazos.- Veras que antes de que tu
mamí regrese lo dominaras mucho más y te agradara mucho más. Mira.- Tomó mi
mano y la puso en su verga que ya estaba totalmente erecta.- Pronto tendrás
más, lo haremos todo el fin de semana. Veras que pronto estarás gozando todas
esas poses en las que has visto a tu mamá.
En la noche nos bañamos de nuevo. Con una esponja removió la
sangre seca, que si he de ser sincera no era mucha. Nos acostamos a dormir
juntos, pero de inmediato el comenzó de juguetón, me quitó la ropa interior de
inmediato. Nos besamos, nos dimos sexo oral al mismo tiempo. Una vez más me tomó
por la cintura, pero esta vez presiono su verga tan rápido que creí que no me
penetraría, pero lo hizo.
Ah! Tío.-
¿Te dolió?
No, me gusta.
Se quedó quieto y empezó a moverse lentamente, cada vez
aumentando la velocidad, como era posible que mi cuerpecito pudiera absorber
toda esa verga, que me volvía loca. Tomé sus brazos con las manos y lo jalé
hacia mí. Sentía como la humedad chorreaba por mi vagina. Se empezó a mover en
círculos, lo cual hizo mi placer indescriptible. Sentí como mi vagina se
contrajo y presiono más su verga, creo que el lo sintió también pues empezó a
gemir y a manosearme por todo el cuerpo.
Sí, tío…no dejes de moverte así tío. ¡Hay hay hay¡
¿Qué era lo que sentía? Era un orgasmo o algo más rico y
cautivador. Mi cuerpo no me respondía a mí, sino a los movimientos de ese cuerpo
que no era el mió, pero que se adueñaba de mí. Yo sólo gemía del cansancio
cuando el placer disminuyó, pero eso no era todo. Me tomó y me indicó como
ponerme, era la pose en la que tantas noches había visto a mi mamá, pero ahora
era yo la estelar, vi el biombo donde yo me ocultaba. Me puso en cuatro patas, y
empezó a lamer mi vagina y mi ano, el cual casi penetra con su lengua. Tomó mis
nalgas con las dos manos, y de inmediato sentí como su verga se puso en la
entrada de mi rajita, el contacto era delicioso, el muy malvado, no me penetró;
la puso ahí y empezó frotar, creo que desde esa segunda vez no puedo estar
callada, siempre que lo hago gritó como loca.
Por fin me penetró, era delicioso, sobre todo que sus manos
tuvieran prensadas mis nalgas, casi causándome dolor. Se empezó a recargas más
en mi cuerpo, empujando más mi cara en la cama y empinando más mi culito, eso
mejoro la posición y se tradujo en más placer.
¡Tío me encanta!
Ya se, eres igual de putita que tu mamí nena.- Se empezó a
mover más rápido, sentía como sus huevo golpeaban mi colita.- ¿Te gusta así
Karen?
Mucho tío. Me gus.. Hay sí, sí tío.
Me tomó por la cintura y se recargo todo en mí, mi cuerpo no
aguantó y caí boca abajo en la cama, sin que él dejara de penetrarme, su cuerpo
entero provocaba que su falo enorme se clavara más en mí. Ya no era más una
niña, ahora estaba siendo cogida como toda una mujer, esto era delicioso, y
ahora sabía que el sexo era bueno, ya no tendría más dudas. Y para confirmarlo
llegó mi tercer orgasmo, este nació en mi ano y se expandió, mis pezones
explotaban. Gemí, grite y mordí la almohada; creo que hasta patalee.
Levántate nena.
Yo sabía para que y así lo hice. Mi tío soltó chorros en mi
boca, tanto que parecía que no se había venido antes, una gran cantidad de semen
escurrió por las comisuras de mis labios y cayó en mi pecho. Esta vez mi tío
lamió su propio semen de mi cuerpo. Nos besamos y me dormí abrazada a su cuerpo
toda la noche. Saben, él tenía razón, el domingo antes de que mamá llegara ya lo
había hecho nueve veces.
Les mando besos y les agradezco su tiempo. Mua.
Karen O.