Regresé pronto de la oficina. Si Marta, mi secretaria y
amante, hubiese trabajado ese día ya que no pudo por culpa de la gripe, nos
hubiésemos metido en la sala de archivos a "darle a la centrifugadora" pues
disponíamos de tiempo.
Me fui caliente a casa. Se me ocurrió intentar recordar por
el camino cuánto tiempo llevábamos mi esposa y yo sin echar un polvo. Hacía
tanto en resumidas cuentas que no lo recordaba.
Abrí la puerta y el hilo musical se hallaba conectado. En
nuestra gran casa sonaba un minuetto de Boccherini. Pocas cosas teníamos Alberta
y yo en común, pero aquella música era una de ellas. Supuse que ella estaría en
su despacho ganándose la vida como crítica de cocina y enviando e-mails a la
revista "Coma y disfrute" con la que ella colaboraba. Me dirigí a saludarla no
fuese que se asustase con mi presencia inesperada por anticipada.
No estaba en su despacho. Era un estúpido, cómo olvidar que
mi esposa ponía música clásica sólo cuando iba a ducharse. Fui al baño y antes
de sobrepasar el umbral:
- ¡Alberta, querida! ¿Estás ahí?
- Mmmm…- contestó somnolienta y como toda respuesta.
Al entrar en el baño la contemplé sumergida en la bañera. Se
estaba masturbando, con los ojos entornados, como si estuviese colocada. Por no
estar acostumbrado a este tipo de sorpresas le pregunté:
-¿Se puede saber que demonios estás haciendo?
-¿No lo ves? Me estoy pajeando –contestó impúdica.
Sentí calor. El agua caliente de la bañera y su vapor
inundaban el ambiente.
-Siempre has sido una puta. Estoy harto de ti desde hace
años.
-¡Joder Baltasar, déjame en paz! ¿Por qué has tenido que
llegar tan pronto? Lo pasaba muy bien sola, y da gracias a que no he invitado a
bañarse conmigo al cartero que ha pasado hace un rato que además se nota que
está loco por mí.
- ¿Cómo puedes hablar de ese modo? Has perdido totalmente la
vergüenza pedazo de zorra.
Toda la conversación se desarrollaba sin ningún otro tipo de
aspavientos o violencia. Ella se seguía tocando el chicha.
-Yo no me he metido nunca en tus cosas y sin embargo sé que
tienes una amante, aunque ignoro si es hombre o mujer, porque últimamente tienes
una cara de marica impresionante.
Me desanudé la corbata rabioso. Desde luego no la iba a
estrangular, no era mi estilo. Sólo que hacía mucho calor. Alberta a lo suyo.
Dicen que si no puedes con el enemigo es mejor aliarte con
él. Me saqué la verga y me masturbé frente a ella. Cuando obtuvo su orgasmo y
abrió la boca gimiendo y gozando yo eyaculé en su interior.