* Relato 61…
La confabulación
SINOPSIS: La abstinencia sexual de madura mujer, es
aprovechada por su hija para confabularse y hacer que tenga sexo con su novio.
ECSagardez
La cena estaba prevista a las 9 de la noche… Era un sábado
bullicioso y alegre en el puerto de Veracruz… La noche era calurosa y llegué
hasta la puerta de la casa de mi novia Morayma con un bote de helado de vainilla
que era su favorito. Cuando toqué el timbre, la puerta se abrió y en el umbral
apareció la señora Noemí, su madre…
Enseguida la señora se disculpó porque su hija no estaba en
casa, ella era estudiante de medicina y hacía su servicio social en el hospital
regional de la ciudad. Por lo que había sido llamada para cubrir una guardia de
emergencia, tras el accidente de un autobús de pasajeros. Tenía media hora que
se había marchado y no pudo localizarme para avisarme de su ausencia. Es lógico
que en ese año aún no se inventaban los celulares…
Sin embargo, la señora Noemí, quien había simpatizado
conmigo, me dijo que no había problema alguno y que pasara al interior de la
casa. Todo estaba preparado y la recomendación de su hija, si llegaba, era que
no me fuera sin cenar.
Así que le entregué el bote de un litro de helado y de
inmediato se trasladó a la cocina para meterlo al refrigerador. Yo me quedé en
la sala y no hice ningún intento por seguirla, pese a que me invitaba a estar
ahí, porque ultimaba los detalles de la cena…
Sentado en el sofá de la sala, las aromáticas especias del
suculento guisado llegaban y se esparcían a lo largo de la casa. Sin duda, la
señora Noemí era una experta cocinera, incluso daba clases del arte culinario en
una academia de la ciudad.
Pasaron algunos minutos, dos o tres si acaso, cuando llegó
con un refrescante vaso lleno a tope de una sangría con hielo… Cuando lo ingerí
el sabor era exquisito y servía en ese momento para apaciguar la sed por el
calor que hacía.
La señora Noemí se sentó a mi lado y aproveché para
preguntarle por su hija Claudia, quien un año antes se había graduado de
licenciada en Turismo. Por lo que me dijo que había salido a la ciudad de México
a un curso, porque tres días antes la había contratado una cadena hotelera muy
importante y que tenía instalaciones en el puerto jarocho.
En la forma en que contaba la ausencia de su hija Claudia,
intuí la alegría que eso le causaba. Debo decir que la señora Noemí, era viuda
desde hace seis años y su única compañía la representaba sus dos hijas a quien
ellas adoraban por haber tenido el valor suficiente para enfrentar el destino y
sacarlas adelante. Debo decir que mi novia estaba en el último año de medicina y
constantemente cubría las guardias, debido a su alto grado de responsabilidad y
conocimientos que eran aplicados en los servicios de urgencias del citado
nosocomio.
II
La señora Noemí era como de 1.60 de estatura, delgada, sin un
cuerpo de locura y tenía 49 años de edad. Se notaba feliz, pero no alcanzaba a
comprender en ese momento, cuál era el motivo… Así que la plática continuó por
media hora a lo sumo, cuando me dijo:
— Román, si quieres cenar, ya está todo listo. Sólo voy
a la cocina y empiezo a servir, mientras me ayudas a poner la mesa del comedor o
si lo prefieres lo hacemos en el desayunador…
Consideré que hacerlo en la cocina sería mejor, para evitar
tanto movimiento de trastos y además porque en cierto modo me daba pena con la
señora. Pero tampoco quería dejarla sola y le sugerí:
— Señora, si quiere cenamos en la cocina. Para no mover
tanto trasto. Claro si usted no tiene inconveniente…
Su respuesta fue lacónica:
— No hay problema hijo… No hay problema…
Se trasladó de nuevo a la cocina y ahora si la seguí… Como
llevaba el vaso de sangría vacío, la señora Noemí muy diligente se aprestó a
llenarlo… Y ella también llenó el suyo…
Sirvió la cena y todo transcurrióo con normalidad… La plática
versó sobre mis estudios de Periodismo y cuando terminaba, así que me felicitó,
terminamos de probar las exquisiteces y la conversación siguió su curso, hasta
que llegó lo inevitable… El tema del sexo comenzó a hacer su aparición en
nuestra plática y aunque la señora me atraía por su carácter, no estaba en mis
pensamientos hacerle una jugada a mi novia y menos con su mamá.
Los vasos de sangría siguieron llegando y eso fue el
detonante, para que ya un poco mareada la señora me confesara lo siguiente:
— Hijo… A pesar de mi edad, no creas que no tengo el
interés de volver a tener una relación. Sobre todo cuando ya se acerca el que
mis hijas hagan su propia vida y tengo miedo de quedarme sola…
A lo que respondí:
— Señora usted no tiene de que preocuparse. En
principio, usted es muy simpática, es una excelente cocinera. Además dicen por
ahí que el amor entra por el estómago…
Los dos reímos por la ocurrencia. Pero la señora Noemí
insistía en sus interrogantes:
— ¿Acaso piensas que puedo gustarle aún a algún hombre?
— Claro –fue la respuesta-. Debo confesarle que usted
tiene esa belleza a la que muchos hombres aspiran y no sería nada extraño, que
ya ande rondando por ahí algún príncipe azul…
Nuevamente soltó la carcajada y me dijo:
— ¿A ver… A ti te podría inspirar algo, esta mujer
madura?
La pregunta me cayó como bomba… No quise verme atrevido ante
mi suegra y le contesté:
— Señora yo mantengo una relación con su hija y mi
opinión no sería valedera…
— Hagamos de cuenta que no eres novio de mi hija y dime
tu verdad…
— De veras, ¿quiere qué se lo diga?
— Si.. Vamos, rompamos el tabú…
— Pues en honor a la verdad, usted me gusta, porque
tiene algo que me inquieta. Además de que en lo personal me gustan las mujeres
maduras como usted…
IV
Ella sonrió y se me quedó mirando… Luego de cavilar su
respuesta… Me soltó una proposición que me dejó estupefacto…
— Te gustaría hacer el amor conmigo… En este momento…
La verdad yo no iba preparado para ello… Mi intención era
pasar una buena velada con mi novia y con ella… Y después de que nos dejara
solos la señora, tener un buen agasaje con Morayma, ya que eso nos conduciría a
echarnos un buen polvo…
Así que le respondí:
— Sí… Fíjese que si me atrae la idea…
Ella se retiró y al pasar junto a la silla donde estaba
sentado, agachó un poco la cabeza y tras darme un ligero beso en la mejilla, me
dijo al oído:
— Espera a que te hable…
Su cercanía, el aroma de su perfume, las palabras en el oídio
y el leve ósculo, enervaron mis sentidos y algo puso en funcionamiento mis
gónadas, provocándome una erección total en mi pene que buscaba salir y
demostrar su rudeza y potencia…
No pasaron ni cinco minutos, cuando escuché su voz… En ese
momento me pareció encantadora y llegó a mis oídos como algo cantarino… Así que
dirigí mis pasos hacia la habitación de la señora Noemí…
V
Cuando crucé la puerta… Me volví para cerrarla y ponerle
seguro… Sólo una lámpara alumbraba la recámara y las cortinas se movían por el
leve aire que pasaba a través de la ventana… El lugar era muy acogedor… La cama
tenía un edredón de color verde turquesa y las fundas de los cojines, hacían
juego con él…
Cerca del buró pude distinguir la figura de la señora Noemí
que sentada en la orilla de la cama peinaba su hermoso cabello oscuro… Llevaba
puesto un camisón transparente que dejaba traslucir un juego de ropa interior,
compuesto por un brassier y un bikini color negro… El color favorito para mis
fantasías sexuales…
Me acerqué hasta donde ella estaba y me senté a su lado… Le
tomé el rostro y todavía alcancé a preguntarle:
— Estás segura Noemí de lo que vamos a hacer… No quiero
problemas después…
Ella sonrió y buscó mi boca para depositarme un beso, al
principio un poco atolondrado, pero después se posesionó de mis labios, los
cuales abrió con su lengua para engarzarse con la mía… Así transcurrieron
algunos segundos… Su aliento era fresco con sabor a mentol… Había usado un
enjuague bucal, porque no pretendía que llegara el olor del vino ingerido antes
y durante la cena…
El beso continuó y se hizo más apasionado… Le besé la frente,
las mejillas y poco a poco con mi lengua fui recorriendo sus oídos y su cuello.
Fue en ese lugar, cuado percibí que era su área de excitación… Así que dirigí
mis manos a sus senos, por lo que no tuve impedimento alguno, ya que el sostén
se abría por delante…
Un movimiento casi imperceptible bastó para desabrocharle el
brassiere y sus tetas saltaron a mi vista… Tomé uno de los pezones y lo comencé
a tocar con mis dedos… La respuesta fue casi inmediata, ambos pezones se
irguieron desafiantes y comprendí que era el momento para chuparlos y lamerlos…
La excitación de la señora Noemí iba en aumento… Se podía percibir, porque
empezaron sus gemidos y el corazón se le aceleró demasiado…
VI
Mientras yo chupaba y jalaba con la fuerza de mis labios sus
pezones… Mi mano se metió entre su bikini negro, ella no puso objeción alguna,
porque abrió sus piernas y dejó que pasara con toda la confianza del mundo… No
era necesario ser adivino para entender que la señora Noemí, tenía hambre de
sexo y que durante seis años había ayunado de tener una verga para ella sola…
Así que la humedad de su vagina era latente… Introduje un dedo en su oquedad y
busqué su clítoris para tocarlo y masajearlo… Luego introduje otro y logre
asirlo con los dos dedos… Ella sólo gemía y gemía con desesperante anhelo…
Cuando intenté bajarme y recorrer con mi lengua su cuerpo, me
detuvo por un instante en su ombligo y me interrogó:
— ¿Qué me vas a hacer?
Por lo que le contesté con suavidad:
— Sólo déjate conducir… No haremos nada que no quieras…
Ella se quedó por un momento pensativa, pero respondió:
— Está bien continúa…
Mi lengua se entretuvo unos segundos en el agujero de su
ombligo, por cierto algo profundo… Pero la caricia la hizo estremecerse, porque
mi lengua se depositó en lo más profundo de ese hoyo… Hasta que llegó al lugar
anhelado…
Su bikini negro descendió lentamente y me mostró un panorama
hermoso de gran cantidad de vellos púbicos entre rizados y lacios de color
castaño que penetraron en mi boca al momento de acercarme, pero a los cuales no
hice caso para que mi lengua siguiera su camino de exploración, hasta empezar a
lamer sus labios superiores y un poco de sus paredes vaginales…
Los gemidos de placer se intensificaron… El movimiento de
estirar sus piernas a cada instante, me señalaba que estaba gozando la intensa
mamada que le prodigaba… Le arranqué varios suspiros que se entrecortaban con el
desesperado deseo de ser poseída por ese macho joven…
Debo decir que aún no me desvestía… Mi verga ya empezaba a
dar signos de desesperación por que no recobraba la ansiada libertad que
necesitaba para hacer su trabajo…
Pero yo estaba muy entretenido, sorbiendo el clítoris que mis
labios ya habían tomado y en algunos instantes lo jalaba, mientras en otro lo
chupaba, provocando la encendida pasión de mi madura dulcinea…
De pronto ella exhaló y por un instante jaló todo el aire que
pudiera llegar a sus pulmones… Los músculos de sus piernas se tensaron y su
cuerpo se arqueó totalmente para lanzar un grito que debió haberse oído en el
vecindario. Pero logró controlarse y en la soledad de la recámara se escuchó:
— Sigue, por favor sigue… Me voy en tu boca… Me
vooooooooooooyyyyy…
Fue un orgasmo sensacional… Levanté la mirada y mi boca
destilaba fluidos femeninos… Se le notaba la satisfacción que produce un buen
orgasmo y me musitó unas palabras:
— Nadie me habia hecho esto… Nunca pensé que una mamada
me diera tanta excitación y que me podía venir… Fue algo que no puedo definir
con palabras…
VII
Es claro que mi ego de macho se vio por las nubes. Pero no
hice ningún comentario al respecto… Ella ya había tomado la iniciativa y me
había desabrochado el pantalón, para tirarme en la cama y jalarlo por las
piernas, hasta que quedé sólo en truza. Enseguida me despojó de ella y pareció
que mi pene agradecía ser liberado porque inició un movimiento nervioso, como si
fuera el péndulo de un metrónomo…
En ese ritmico movimiento, más de nervios que de firmeza,
ella logró asirlo e hizo algo que jamás llegué a comprender. Lo midió con su
mano y dijo que era muy grande y grueso… Más razones para incrementar mi ego…
Así que comenzó un sube y baja con su mano, en algunas
ocasiones me lo apretaba con desesperante fuerza y en otras lo tomaba con
intensa suavidad, hasta que empezó a besarlo en la punta… Pero no daba muestras
de querer engullirlo…
Yo la miraba, pero no le decía nada, quería ver hasta dónde
podía llegar la señora Noemí… Fue entonces cuando limpió con su lengua mi
líquido preseminal e hizo un gesto de repugnancia… Hasta que me confesó:
— No puedo mamártela, porque nunca lo he hecho… Intenté
hacerlo contigo, pero no puedo… Mejor intentemos otra cosa…
No fueron necesarias más palabras… La tiré en la cama boca
arriba y en forma salvaje, porque me sentía un macho herido en mi amor propio,
le puse la punta en el agujero de su vagina y la penetré con fuerza.
La humedad de su vulva no fue impedimento para que mi verga
entrara totalmente. Ella sólo respingó un poco, pero pude captar que era yo el
segundo hombre en su vida… Los seis años de abstinencia sexual, le habían
estrechado sus paredes vaginales, como si fuera su segunda virginidad…
Comprendí que no debía precipitar las cosas y lentamente
comencé a meter y sacar mi verga. Poco a poco ambos entramos en ritmo y nuestros
movimientos se acompasaron a tal grado que a lo lejos se escuchaba una melodía
de jazz, la cual nos sirvió de relajante para mantener la penetración…
Ella se empujaba hacia mi pelvis y mis huevos chocaban con
sus nalgas… Un trasero nada fuera de lo común, pero si con gran firmeza en sus
carnes… El goce de ambos era indescriptible… Ella gemía por las embestidas que
le daba y yo bufaba porque debido a su estrechez sus músculos vaginales parecían
darle masaje a mi tieso pito.
El movimiento de mete y saca, nos hizo cambiar a varias
posiciones, hasta que ella se quedó boca abajo y levantó sus nalgas para poderla
penetrar en su agujero frontal desde atrás… Fue algo tan delicioso, porque ella
se sintió con mayor libertad para mover sus nalgas y me dejó atónito ese
movimiento, porque yo no tenía que hacer alguno…
Ese movimiento iniciado por Noemí, me produjo que le dijera:
— Me voy a venir… Vente conmigo, amor…
Pareció no oirme… Porque siguió con ese movimiento que me
estaba transportando hacia el edén o a otro universo… Cantos de pájaros se
escuchaban en mis oídos… O no sé que me pasaba, nunca había sentido nada igual,
hasta que no pude contener mis impulsos de macho y comencé a aventarle los
clásicos cinco o seis chisguetazos de caliente esperma que rebotaron en sus
paredes vaginales y quizá llegaron hasta lo más profundo de su útero…
Pero ella no se calmó… Siguió moviéndose más y más… Hasta que
cayó desmadejada en la cama con el culo hacia arriba, pero con mi verga en sus
entrañas… Se estaba corriendo de una forma que jamás he vuelto a encontrar en
otras mujeres…
La corrida de la señora Noemí, fue espectacular… Cuando mi
verga se empezó a poner flácida… Se la saqué y comencé a tocarla… Estaba súper
húmeda y su clítoris se encontraba palpitante… Era indudable que había gozado
como una posesa del sexo.
VIII
Los dos nos recostamos en la cama y empezamos a platicar
sobre como se había sentido, después de seis años de abstinencia de verga… Ella
sonreía y me dijo:
— Chico, eres espectacular, hiciste que recobrara mi
confianza de mujer y subiera mi autoestima… Eres en verdad un chavo sensacional…
Nuevamente mi ego subió por los cielos… La señora Noemí,
tenía la virtud de elevar mi egocentrismo y aunque no me gustaba ser creído… Era
lógico que siempre hacerlo con una mujer madura te da algunas enseñanzas…
Por varios minutos, cerca de la medianoche, platicamos
encerrados en la habitación, hasta que ella me dijo:
— ¿Quieres hacerlo de nuevo…?
Y a quién le dan pan que llore… Así que asentí con un ligero
movimiento de cabeza y ella volvió a apoderarse de mi pene, hasta que logró que
recobrara su potencia viril y ahora si, solita, sin precipitaciones se lanzó a
la carga y lo engulló con hondo placer…
Se notaba que no era una experta mamadora, porque no lamía,
sino nomás lo chupaba y se lo introducía en la boca, pero sin hacer movimiento
alguno que me produjera satisfacción…
Empecé a mover mi pelvis, como si la estuviera fornicando por
la boca y fue cuando entendió el mensaje y lo chupó mejor, aunque se veía que
necesitaba otras clases más…
Luego de aburrirse del sexo oral, porque no era su
especialidad, me dijo que me acostara y ella se montó en mi para dirigir con su
mano mi pene hasta su ya mojada hendidura y otra vez sentí como sus paredes
vaginales masajeaban el grueso pedazo de carne que sentía como se despedazaba
por dentro…
El vaivén de su espectacular jineteo, me hizo cerrar los ojos
y mis manos buscaron sus senos y sus pies, quería tocarla y lo hacía con
desesperación… Era algo sorprendente sentir como se encajaba en cada movimiento
mi largo y grueso miembro…
La señora Noemí ya se había acostumbrado a las dimensiones
del pene y no hacía más gestos que los de la satisfacción recibida… Hasta que su
cuerpo se volvió a tensar… Ahora fue ella la que se vino primero que yo…
Su grito fue estentóreo… El vecindario, de haberlo escuchado,
debió prever que algo malo le había pasado… Pero nuevamente el silencio inundó
la penumbra de esa habitación, para volver a la tranquila y agitada respiración…
Se había producido el milagro del placer sexual. Un nuevo orgasmo se apareció de
repente e inundó con sus fluidos el edredón verde turquesa de su cama…
Como yo aún no me venía… Ella se detuvo por unos momentos…
Pero siguió a la carga con su mete y saca… Hizo movimientos peristálticos… Se
detenía y volvía a moverse, se lo sacaba hasta la punta y se lo introducía más y
más hondo… Era algo que me gustaba de ella y no se ni cómo… Pero en un segundo
le descargué tres o cuatro chisguetazos de leche caliente que pareció llegaron a
su matriz…
En forma de broma, me dijo alterada:
— Ya me preñaste…
Abrí los ojos ante tal exabrupto… Pero me tranquilizó…
— Fue una broma, chico… Ya estoy operada…
IX
Ambos nos fundimos en un beso y un abrazo. No supimos ni cómo
pasó el tiempo, la cosa es que ambos nos quedamos profundamente dormidos…
Cuando sonó el despertador, eran las ocho de la mañana… Sólo
alcanzamos a escuchar la llave de la puerta de entrada… Cuando quisimos
reaccionar fue demasiado tarde…
La puerta de la recámara se abrió y entró Morayma… Pero para
mi sorpresa, no estaba enojada y se tiró en la cama junto a nosotros… Me besó en
los labios y me dio las gracias…
Ambas habían planeado todo… A Morayma le preocupaba que su
madre no mantenía ninguna relación masculina y el argumento era que, tanto ella
como su hermana, se casarían y la dejarían sola…
Debí entender que fui usado como conejillo de indias de las
dos mujeres y no me quedó más que aprovecharme de la situación… Aunque en el
fondo estaba un poco molesto… Pero no demostré mis emociones…
X
La relación con Morayma, se fue deteriorando con el tiempo y
la dimos por concluida a los pocos meses... A la señora Noemí la seguí viendo y
fui su amante por algunos años, hasta que entró en la etapa de celos enfermizos
y poco a poco abandoné la casa que me dio cobijo y que me permitió lanzar mis
descargas de sémen en ambos traseros.
Fue sin duda, una experiencia inolvidable de poseer a la
madre e hija, aunque la verdad, dicha sea de paso, prefería a la madre porque
con el tiempo se convirtió en una experta mamadora, amén de tener una buena
sazón en la cocina… ¡Que comelitones mis queridos lectores!
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