3.
Han pasado varios días desde el último polvo con el viejo, y
sigo sin entender qué es lo que me pasa. No sólo permití que se metiera en mi
casa y me cogiera con mi novio durmiendo a cinco metros, sino que además vivo
pendiente de él. Cada vez que escucho el ascensor, corro a espiar por la mirilla
si es el viejo que llega o está por irse; cada noche cuando me acuesto pasó
horas atenta a ver si esucho ruidos en su departamento, y cuano me canso de la
vigilia, me pajeo recordándolo. Trato de contenerme y no acabar, pero a veces no
lo puedo evitar, y otras, las menos, se mete en mi cabeza la idea de que está
escuchando y me vuelvo loca y grito. Grito como desesperada sabiendo que si
está, es imposible que no me escuche. En el fondo mi intención es que venga a
sacarse la gana conmigo, pero hasta ahora sólo lo he visto tres veces, siempre
en el ascensor, y siempre con la misma actitud de indiferencia. Eso ya lo
aprendí, y hago lo mismo que él, ni buenos días, ni una mirada, ni nada que
delate mi deseo. Pero el deseo está y no lo puedo quitar.
De mi novio hace días que no sé nada y la verdad es que no me
importa. Prefiero no verlo. No me hace bien la idea de estar con él y pensar en
otro, no me sirve. Y mucho menos que se repita la situación de echarme dos
polvos en cinco minutos con dos tipos distintos, y no precisamente en una
partusa. No soy fiestera, y no lo soy no por pruritos sino porque no me
interesa. Menos ahora. Ahora solo quiero con él. Me alcanza y sobra. Y
especialmente hoy, que llevo varios días pajeándome sin acabar.
Me preparé como para un encuentro muy esperado,
lamentablemente temo que el encuentro será sólo con mis dedos. Pero mi mente
viajará por donde quiero, y lo que quiero es que viaje por su cuerpo, pesado y
peludo, por el mío, delicado y suave; por su pecho amplio, por mis tetas chicas;
por su pija gruesa y generosa, por mi concha estrecha e insaciable. El la hace
insaciable, me pone insaciable. Y me encanta como cogemos. Como me coge. Me
lleva por donde quiere y donde me lleva me gusta. Y ahí quiero ir, aunque sea
sola. Por eso el baño de inmersión, el porro, y hasta un vaso de vino blanco
helado. Por eso las sábanas limpias que abordo desnuda para deslizarme,
revolcarme. Y chupo mis dedos y los paseo por los pechos, los pezones, como si
fuera su lengua. E inclino mi cabeza para tocar con la lengua los pezones, y
morderlos, e imagino que es él, papito comiendo mis tetitas, ahhhshhh, turro,
papito turro, me calentás, como me calentás. Y quiero ir despacio pero mis dedos
vuelan por el vientre y se meten en la cuevita, así, así, así, ayyy pa, ayyy
paito, paito, paito... Papito mi vida que lendo cogés... Ahhhhyyy... Me toqueteo
el clitorí. Pajera, pajera, pajera. El dedo adentro ase, ase, ase... Un ruido me
interrumpe. Levanto la cabeza, el corazón da un salto por el susto. Es él, está
ahí, mirando como me pajeo. ¡Hijo de puta! Me asustaste, loco de mierda, le
grito. Estoy enojada, asustada. No me gusta lo que hizo, me da miedo.
Entró silencioso por el balcón, desnudo. Me mira fijo y me
aterroriza. ¡Basta, andate, hijo de puta! Lo veo avanzar hacia mí. Trato de
encender la luz pero su mano me detiene tomándome por la muñeca. Me revuelvo en
la cama para zafarme, pero el viejo es fuerte y me puede. De repente me suelta
una mano, aprovecho y lo golepeo donde puedo. Parece no sentir mis golpes, me ha
tomado una muñeca con sus dos manazas y veo que intenta algo. ¡Atarme! Me está
atando al barral de la cama. A pesar de mi resitencia, lo consigue, y luego se
ocupa de inmovilizar mi otro brazo. "¿Qué querés? ¿Qué me vas a hacer?". Como
siempre, mudo. Ni una palabra. Pataleo, pero poco puedo hacer con las manos
atadas y su cuerpo sobre el mío. Me toma de los múslos, abre bien mis piernas y
veo las sogas que tiene en la mano. Baja sus manazas hasta uno de mis tobillos y
me ata un pie a la cama. Después el otro. Quedo extendida y abierta en cruz, a
su merced, muerta de miedo. El, arrodillado en la cama, me mira. Lloro, lloro,
lloro, le pido por favor que no me haga nada. Se inclina sobre mí y me besa.
Esquivo su boca, pero como si no le importara, lame mis lágrimas con delicadeza,
lava mi cara con su lengua con tanto cariño que empiezo a tranquilizarme. "Ya
basta, por favor, no quiero seguir jugando" le imploro. El sigue por mi cuello,
la loma de mis pechos, los pezones, todo con extrema suavidad, me distiende, me
afloja. Mi resitencia ahora es tibia. El sigue bajando, lentamente. Empiezo a
estremecerme. Su lengua se mete entre mis pendejos, me olfatea, tira su aliento
cálido entre mis piernas, toquetea el clítori con la punta de la lengua. Así
paito, así que me gusta. Dale, paito, que me dejo chupar la concha, me dejo, me
dejo. Me asustaste paito malo, malo, malo. Así, pa, ahí que me encanta, me
encanta, así, paito lendo, el clitori, el clitori.
Ahora toda la lengua, así, así, así, ahhhhshhhh. Ay, pero que
chupaconcha que sos, que chupaconcha, viejo chupaconcha. Ay, como me chupás toda
la concha, toa, paito, toa, dame lengua, dame lengua, así, por toda la concha,
así ligerito, asi que me vuelvo loca. Estoy emputecida, emputecida,
emputecida... "Ay, pa, pará, no seas turro. Basta de chupar concha, basta, que
me voy a ir, basta de chuparme, basta de chuparme, basta de chuparme que me voy,
hijo de puta, viejo chupaconcha, pará. Pará, paito, paráhhhhhhh,shhhhh... Me
voy, me voy, me voy. Me estás cogiendo la concha, me estás metiendo la lengua
dura y me voy. No me chuponees el clítori, ay, carajo que me vuelvo loca. No
paito, quiero coger, quiero coger, dale pa, cogeme que me voy, ayyyy, me voy,
qué divino me voyyyyy...". Un río de leche me baja caliente por la vagina y no
para y me retuerzo, y muevo la pelvis para que me coma toda la concha porque me
estoy yendo y no puedo contenerme más.
"Quediviiiiiiiiiiiiiiiiiiiinooooohhhh,ahhhh, shhh, por favor, que divino...
Pija, pija, quiero pija, pija, pija, damepijadamepijadamepijadamepija
¡PIJAAAAAAAA! Ahhhh,shhh...". Me relajo. Soy un relajo. "Ay, qué turro que sos,
te odio... Hacerme acabar así, con la lengua, ahhhh, papito malo".
El se arrodilla entre mis piernas, su pija alzada late. A mi
me molestan las sogas. Le pido que me desate. "Porfi, pa". Empieza por los pies.
Quita las sogas, acaricia las marcas que dejaron, la planta de un pie, del otro.
Lame uno y me estremezco. Lo nota y me pasa las uñas provocando una electricidad
que me corre por todo el cuerpo. Chupa los dedos, sube con la lengua por las
piernas, la ingle, el vientre, las tetas... Me está calentando y sé que con él
es así, coge y coge sin dar respiro entre polvo y polvo. Me gusta,
definitivamente este hombre me gusta. Lo siento lamiéndome el cuello,
mordisqueando, jadeando, y me parece que está hecho para mí, y quiero que él
sienta lo mismo, quiero darle todo, todo. Quiero que me sienta toda. Me desata
las manos, acaricia las muñecas, las besa, lame los dedos. Lame mi cara hasta
meter su lengua en mi boca, jugamos con las lenguas, come la mía, como la suya.
Su pija frota mi concha, él empieza a jadear, empuja y la
mete toda de un golpe, sin ninguna piedad. Comienza a moverse lentamente. Lo
sigo, te sigo, pa. Nos amacamos. Delicioso vaiven, interminable. Cogemos y
cogemos y cogemos. Lo siento gemir en mi oreja, me la lame y jadea. Estoy a mil,
le acaricio la espalda, alzo las piernas, pido, más, más, más. La hunde y lo
siento entero dentro mío, todo para mí. "¡Así, paito, así! ¡Cojamos, cojamos,
cojamos!" Y cogemos y cogemos y cogemos, hasta que no doy más, de calentura, de
cansancio, de ardor en la concha, de fuego en el cuerpo. Cogemos hasta que el
empieza a rebuznar como un burro y acelera la cogida, y siento su leche
inundándome, y me licuo en su pija, y nos fundimos, nos desarticulamos, nos
disolvemos, y somos un grito prolongado y final. "Ahhhhhhhhh".
La saca despacio y deja su cuerpo pesado e inerte sobre el
mío. Le acaricio la espalda, la nuca, y veo el amanecer rojizo besando la
ventana y le digo: "Me gustás mucho, mucho. No sé qué me pasa, no entiendo nada,
pero me gustás tanto, tanto, pa".
El se levanta despacio, me mira, camina hasta el balcón por
donde entró, se da vuelta y me dice: "Vos a mí también. Demasiado".
Me costó dormirme, pero tuve un sueño plácido y un depertar
feliz.
Después de dos días sin verlo escuché ruidos en su
departamento. Sin dudarlo fui y le toqué el timbre. Se abrió la puerta de par en
par y vi un muchacho desconocido delante de un departamento vacío. "¿Venís por
el aviso?" preguntó. El departamento estaba en alquiler, el inquilino acababa de
dejarlo cancelando el contrato imprevistamente. Volví a casa, me senté en la
cama y me puse a llorar como una idiota.
Ayer recibí un mail de una amiga que vive en Mendoza. Dice
que está viviendo una historia alucinante con un vecino que acaba de mudarse
junto a su casa. Que es un tipo grande y un poco extraño, pero que en la cama la
pasan bomba.
Que lo disfrute mientras dure.