Parecía otra mañana larga y aburrida en la facultad, así que
decidí pasar de ir a clase y dar un paseo por el centro de la ciudad. Estaba
curioseando en una perfumería cuando me encontré con Diana, una amiga de la
infancia que hacía mucho que no veía. Nos pusimos a hablar y quedamos en vernos
para comer al día siguiente en mi casa, yo prepararía la comida.
Al día siguiente yo ya tenía la comida preparada cuando sonó
el teléfono, era Diana, se retrasaría porque estaba en un atasco en el centro de
la ciudad. Genial. Porque se me había pasado la hora y todavía tenía que
cambiarme. Me di una ducha rápida y me puse lo primero que encontré en el
armario, una minifalda negra un poco ajustada que marcaba mi culo y dejaba ver
mis largas y estilizadas piernas, una blusa blanca que se me ajustaba marcando
el pecho y la cintura, me dejé los últimos botones abiertos. De ropa interior
simplemente un tanguita blanco. Me dejé el pelo suelto para que se secara, lo
tenia largo, casi me llegaba a la cintura algo ondulado y de un castaño oscuro
que hacia resaltar mis ojos azules.
Justó cuando acabé de arreglarme sonó el timbre, fui a abrir
y era Diana, venía guapísima. Tenía un vestido azul de satén, que se pegaba a su
cuerpo y marcaba todas sus curvas, con un escote que dejaba entrever sus pechos,
del tamaño de dos manzanas, y era corto por lo que se veía por completo sus
piernas que aunque cortas eran preciosas, y acababan en unas sandalias blancas
de tacón que dejaban ver completamente sus pies. Su melena rubia le caía
delicadamente sobre los hombros y sus ojos verdes resaltaban en una tez apenas
bronceada por el sol del verano.
La abracé, le di un par de besos y le pedí que pasara. Entro
hasta el salón y le ofrecí algo de beber, hacía un calor sofocante así que me
pidió algo fresco. Miré el refrigerador y solo quedaban unas cervezas que habían
sobrado de la fiesta de la semana pasada. Se la ofrecí y aceptó encantada.
Nos sentamos en el sofá mientras nos tomábamos esas cervezas
y charlamos de lo que había pasado en nuestras vidas desde que dejamos de
vernos. Ya íbamos por tercera cerveza cada una.
¿Qué tal te va con Pedro? –preguntó Diana- Un día me
encontré con tu hermano y me dijo que estabais juntos.
Lo dejamos hace un par de meses, se fue a trabajar con su
padre y casi no nos veíamos-contesté.
Yo también lo dejé con Ernesto, ya no era tan bueno en la
cama- yo la mire sorprendida.
Haber probado en la mesa de la cocina- dije sin darme
cuenta, Diana se echo a reír y yo con ella.
Pero en serio Alba,-dijo después- cuando un tío no te
satisface es mejor dejarlo y empezar de nuevo en otro lado.
Al tener el estómago vacío las cervezas empezaron a hacer
efecto, y la conversación comenzó a tornarse un tanto "verde".
También te queda la opción de probar del otro lado- dije
con picardía- o hacer un trío, cambia totalmente tu forma de pensar después
de eso.
¿Tú ya lo has probado?- preguntó sorprendida.
Me sonrojé un poco, después de tanto tiempo sin vernos tener
confesiones tan íntimas me estaba intimidando.
Si, lo probé hace unas semanas con Pedro y una amiga de
la facultad. –dije muy seria.
¿Has estado con una chica? – preguntó casi asustada, yo
asentí con la cabeza- y… ¿y no es como raro?
Al principio un poco –le di un trago a mi cerveza- pero
luego te desinhibes y disfrutas como nunca.
Me miró sorprendida, como incrédula, bebió lo que le quedaba
en la botella de un solo trago y me pidió que fuéramos ya comer.
Nos fuimos a la cocina y nos sentamos a la mesa, le serví su
comida y una copa de vino.
¡Quieres emborracharme eh pillina! – me dijo en broma-
como me descuide me vas a violar aquí mismo, sobre la mesa de la cocina.
Me puse un poco colorada porque me sorprendió su comentario
pero nos echamos a reír las dos, yo me serví una copa de vino y brindamos.
¡Por el buen sexo! – gritó Diana, la cerveza ya la tenía
algo perjudicada.
Yo la miré y una carcajada cerró el tema.
Cuando acabamos de comer me pidió que le enseñara la casa,
accedí gustosamente. Le fui enseñando habitación por habitación y se quedó
alucinada con la colección de cámaras fotográficas y de video que tengo en mi
habitación de trabajo, soy fotógrafo profesional y tengo mi estudio en casa.
Nos fuimos de nuevo a la sala y allí Diana me dijo.
Después de las cervezas y el vino de la comida como que
apetece una copa.
Nos serví unos tragos de wisky y nos sentamos a charlar
nuevamente en el sofá.
Oye… ¿y no te resultó extraño ver a Pedro haciéndoselo
con otra delante de tus narices? –pregunto intrigada.
Al principio un poco, pero lo bueno del sexo es
disfrutarlo sin pensar en un porque, hacer lo que te apetece, cuando te
apetece y con quien te apetece –dije- es la actitud más sana que se puede
tomar al respecto.
Nunca me lo había planteado de ese modo contestó
pensativa.- ¿Me sirves otro wisky?
Se lo serví y me ausenté un segundo al lavabo, cuando volví
al salón Diana no estaba allí. Comencé a buscar por toda la casa y la encontré
rebuscando en el armario de mi estudio, donde guardo algún disfraz que he
utilizado en sesiones de fotos.
¡Alba esto es genial! –gritó entusiasmada- Tienes de todo
aquí dentro, ¿Puedo probarme algo?
¡Claro! –dije con el mismo entusiasmo- así podré hacerte
unas fotos de recuerdo.
Sería genial, pero para redondearlo puedes disfrazarte tu
también y nos las sacamos juntas, seguro que tienes alguna cámara con
temporizador por ahí.
Si… si… claro que tengo -dije algo sorprendida por la
propuesta- elige un disfraz y cámbiate tras ese biombo mientras yo lo voy
preparando todo.
Diana escogió un disfraz, se metió tras el biombo y comenzó a
desnudarse. Yo mientras coloqué una tela azul en la pared, puse en sofá blanco
en el centro cubierto con una sábana negra y espolvoreé algún pétalo de rosas
blancas sobre la sabana.
Alba cariño- me dijo asomando su cabeza pos uno de los
laterales del biombo- ¿puedes traerte el wisky hasta aquí? lo hecho de
menos…
Fui a buscar el wisky y cuando volví Diana estaba sobre el
sofá, con un traje de bailarina oriental de color verde. Era una falda larga,
dividida en varios pañuelos en diferentes tonos de verde, que se ajustaba a su
cadera y un corpiño dorado con unas mangas verdes también, todo ello acompañado
de un cinturón y de un pañuelo que cubría su rostro.
No quedaba wisky- dije- te he traído champagne, espero
que te guste
Me encanta- dijo arrancándome la botella y las copas de
la mano- Cámbiate mientras lo sirvo, he dejado tu disfraz sobre la silla
tras el biombo.
Me había elegido un disfraz como el suyo pero de color rojo,
me lo puse todo lo rápido que pude y salí para sentarme con ella en el sofá.
Me tendió la mano con una copa de champagne y me dijo
Te ves perfecta, ojala tuviera yo ese culito- dijo
mientras me daba un pellizco en el culo.
Yo reaccioné dando un salto y un pequeño grito y le devolví
el pellizco en su nalga izquierda, ella sonrió y me dio un cachete.
Te echaba de menos peque – y me abrazó con fuerza. El
alcohol empezaba a causar un efecto notable sobre ella y también sobre mí
porque sin darme cuenta le devolvía el abrazo muy cariñosamente apretándola
fuerte contra mi cuerpo.
Coloqué la cámara y empezamos a hacernos las fotos sobre el
sofá, unas ella sola, otras las dos juntas.
Pasado un rato Diana me propuso cambiar de disfraz, yo asentí
entusiasmada… el juego ya me estaba gustando. Se volvió a meter dentro del
armario, sacó dos disfraces de rojos de navidad y su cara se ilumino, los trajes
eran una faldita corta con un bordecito blanco y un corpiño rojo ajustadísimo,
muy pequeños ambos. Acompañados de unas medias blancas y unas botas rojas.
Me dispuse a meterme detrás del biombo para cambiarme pero
ella me sujetó por una mano.
¿Qué haces? –Preguntó Diana- Cámbiate aquí mujer, si lo
no voy a ver nada que no haya visto ya.
Me guiño un ojo y comenzó a desnudarse. Yo comencé a
desnudarme también, pero sin dejar de mirar disimuladamente lo que ella hacía.
Cuando se quitó el sostén mi tanga empezó a mojarse, sus pechos revoloteaban
ante mí y no podía dejar de mirarlos y excitarme con ellos.
Cuando ya tenía su disfraz puesto y yo el mío se sentó de
nuevo en el sofá con la botella de champagne y bebía de ella a pequeños sorbos.
Yo me acerqué a la cámara fotográfica y la programé para que hiciera una foto
cada 10 segundos.
Me senté a su lado y me ofreció la botella para que yo
también bebiera. Y comenzamos a poner posturitas raras para las fotos, dando
pequeños tragos de champagne de vez en cuando.
En uno de esos, mientras yo bebía, ella me dio un golpecito
en un brazo sin querer, haciendo que se me derramara un poco de líquido por el
pecho. La miré entre sorprendida y divertida. Ella puso una sonrisa pícara y se
acerco más a mí.
No te preocupes –Dijo. Aquí no se desperdicia nada.
Se acercó más a mi pecho, yo no sabía lo que se disponía a
hacer pero podía imaginarlo, mi corazón comenzó a acelerarse. Ella acercó su
cabeza a mi pecho, sacó la lengua y comenzó a chupar el champagne que había
caído por mi piel. No pude evitar suspirar, y eso parecido gustarle porque con
sus manos me bajo un poco el corpiño para que su lengua llegara más lejos.
En un momento dado bajo mas el corpiño y comenzó a besarme
los pechos. Mientras besaba uno me acariciaba el otro y así sucesivamente. Hasta
que yo me desabroché el corpiño y dejé mis pechos completamente libres. Diana se
hizo a un lado y desabrochó también el suyo. Y cuando se acercó a mi pecho para
besarlo de nuevo, la sujeté por la barbilla, y me acerqué a sus labios para
besarlos dulcemente. Ella me devolvió un beso tímido, para luego empezar a jugar
con nuestras lenguas salvajemente. Y yo poco a poco fui echando mi cuerpo sobre
el suyo mientras la besaba hasta quedar completamente tumbabas en el sofá.
Ahora mis besos fueron bajando lentamente por su cuello. Ella
suspiraba y se dejaba hacer. Le mordisqueé el cuello y se lo besé hasta la
saciedad. Luego agarré la botella y derramé algo de champagne sobre sus pechos,
para luego abalanzarme sobre ellos dejándolos completamente limpios. Ella se
retorcía de placer bajo mi cuerpo. Luego hice que se sentara en el sofá y yo me
puse de rodillas entre sus piernas abiertas.
Continué besando sus pechos y ella enredaba sus dedos en mi
pelo empujando mi cabeza contra su cuerpo. Continué besándola lentamente,
bajando de sus pechos por su abdomen, hasta llegar a su ombligo. Lo besaba y
metía mi lengua dentro, haciendo que se estremeciera con escalofríos mientras
con mis manos masajeaba sus pechos prestando mucha atención a sus pezones,
pellizcándolos suavemente.
Después de su ombligo, me acerqué de nuevo a su rostro para
besarla con mucha pasión en los labios. Le agarre fuerte la pierna derecha, la
elevé un poco y le acaricié lentamente desde su pie hasta su muslo, donde
encontré el final de sus medias, las agarre y la fui bajando suavemente dejando
un mar de caricias con mi lengua justo detrás. Ella suspiraba, gemía,
escalofríos recorrían su espalda y yo me sentía en el cielo dándole tanto
placer. Hice lo mismo con su pierna izquierda, hasta dejarla sin ambas medias.
Ahora acariciaba sus piernas desnudas, tenía una piel muy
suave, el simple roce de las yemas de mis dedos sobre aquellos muslos hacia que
mi entrepierna estuviera ya empapada de mis flujos. Fui subiendo mis caricias y
besos por sus piernas, hasta meter mis manos bajo su faldita y llegar a sus
caderas. Allí encontré la goma de su tanguita, la recorrí suavemente alrededor
de su cintura, mientras besaba sus muslos incansablemente. Ahora deslice mis
dedos por su tanga, desde el centro hacia abajo, hasta llegar a su rajita.
Estaba completamente mojada y el simple roce de mi dedo en su clítoris sobre su
tanga hizo que se estremeciera una vez más. Empecé a masajearle el coñito sobre
su tanga, sus gemidos cada vez eran más fuertes. No pude resistirme y me
abalancé sobre su coñito, se lo comí salvajemente sobre la tela, empapándola
todavía más. Diana se retorcía de placer, sus gemidos eran casi gritos, con mi
mano derecha empecé a acariciarle el culo, llegando hasta la tira central de su
tanga, la recorrí hacía abajo hasta llegar a su ano, la separe levemente y
después de pedirle que humedeciera mis dedos con su lengua empecé a acariciarle
su hoyito con mucho cuidado, con cara roce se contraía para luego abrirse un
poco más. Hasta que pude meter la yema del dedo y moverla en círculos, todo esto
sin dejar de comerle el coñito sobre el tanga, que estaba ya empapado.
Mi dedo ya entraba completamente en su culo, así que intenté
meterle un segundo también, ella se retorcía sobre el sofá. Tenía sus piernas
completamente abiertas para que yo pudiera trabajar perfectamente. Solo se
dejaba hacer entre suspiros mientras me agarraba fuerte del pelo y me empujaba
contra su coñito.
No pude aguantarlo más, le arranqué literalmente el tanga,
haciéndolo pedazos, y a la vez que metí dos dedos en su culo, metía otros dos en
su coñito y le devoraba el clítoris con la boca. Ella empezó a arquear su
espalda, sus piernas estaban tensas y le temblaban, me agarró mas fuerte del
pelo, casi me hacía daño. Gritaba de puro placer y note como se derretía en mi
boca, me comí toda su corrida y luego me tiré sobre ella para besarla y comerme
también su boca. Estaba fuera mí, quería devorarla, pero ella levanto su pierna
izquierda, la apoyó en mi pecho y de un empujón me tiró al suelo, abalanzándose
sobre mí
Albita, ahora te vas a enterar de lo que es bueno. – me
dijo con una expresión de delirio en su rostro.
Empezó a arrancarme una a una todas las prendas de ropa que
llevaba sobre mi cuerpo. Cuando me tuvo completamente desnuda se quedó
observándome unos segundos. Agarró mi pierna derecha, deslizó suavemente su mano
de la rodilla al tobillo, acercó su boca muy despacio a mi pie y comenzó a
lamérmelo. Dedo a dedo iban perdiéndose en su boca y yo sin saber porque estaba
en un estado de éxtasis que nunca había experimentado. Sus besos fueron subiendo
poco a poco. Y yo tumbada en el suelo, completamente desnuda y con las piernas
abiertas me dejaba llevar por la situación sin saber muy bien el porque.
Llegó a mi coño y comenzó a chupar mis labios delicadamente.
Su lengua estaba caliente y con cada caricia me volvía loca. Agarró la botella
de champagne y la vació completamente sobre mi cuerpo, la echó a un lado y
empezó a chupar sin dejarme ni una sola gota. Acariciaba mis coño con su lengua
y oleadas de placer recorrían mi espalda. Se abrió paso entre los labio para
llegar a mi clítoris, lo mordisqueaba, lo lamía, lo succionaba… me estaba
haciendo perder el control. Yo estaba ya deseando correrme pero ella no me
dejaba. Justo cuando estaba a punto dejaba de acariciarme el coño y me dejaba a
la orilla, desesperada. Esto lo hizo varias veces.
De repente paro de tocarme. Se puso en pie, me miro desde
arriba, yo estaba completamente desarmada en el suelo, sudando, con las piernas
abiertas y el pelo revuelto. Sonrió con malicia. Salio de la habitación. Y
volvió con la botella de wisky que habíamos acabado antes. Estaba vacía, así que
no tenía ni idea de lo que querría hacer con ella. Se arrodilló entre mis
piernas, y empezó a comerme el coño otra vez. Yo estaba desfallecida, con una
larga lista de orgasmos reprimidos por soltar, así que con cada caricia me
volvía loca. Lo notó enseguida, y dejó de hacerlo. Pero continuaba arrodillada
entre mis piernas, yo no la veía, no sabía lo que estaba haciendo, intenté
incorporarme para verlo pero no pude. Enseguida note como algo alargado y duro
intentaba abrirse paso en mi coño. Un grito salió de mi garganta, mis brazos
perdieron toda su fuerza y me deje caer pesadamente sobre el suelo. Diana
comenzó a follarme el coño con la botella mientras su lengua no dejaba de jugar
con mi clítoris. Me estaba volviendo loca y esta vez de verdad. La botella
entraba y salía de mi coño cada vez con más velocidad, entraba y salía con una
facilidad pasmosa y poco a poco empecé a notar como se acercaba mi ansiado
orgasmo. Mi espalda comenzó a arquearse, me temblaban las piernas, un sudor frío
me recorría todo el cuerpo y sin poder evitarlo comencé a gritar de puro placer.
Diana aceleró sus arremetidas con la botella, eso me hizo perder más el control.
Gritaba, me retorcía de placer estirada sobre el suelo, era el orgasmo más largo
e intenso que había tenido en mi vida.
Cuando todo acabó, me quede tirada en el suelo sin poder
apenas moverme. Diana se tumbó derrotada mi lado. Me miró y me dio un dulce beso
en los labios. Había sido alucinante.
Y ahora me dirás que es la primera vez que haces esto. –
Le dije casi susurrando porque el cansancio me podía.
Si es la primera vez, hace tiempo que me siento atraída
por las chicas pero nunca me había decido- explicaba- pero hoy al verte así,
no pude más, tuve que lanzarme.
Menos mal que lo has hecho, si no me habría perdido todo
esto, y he disfrutado como nunca.
Se notaba peque, se notaba- dijo sonriendo mientras me
colocaba un poco el pelo.
¿Te hace una duchita? –dije con picardía
A eso no puedo negarme.
Continuará