Selección de Personal 2
Había pasado mucho tiempo quizás horas. Lo único que Susan
sabía era que la habían metido en algún lugar y que estaba en movimiento, un
coche, un camión. Imposible saberlo.
A Susan se le hacía cada vez más difícil respirar dentro de la bolsa dentro de
la cual estaba totalmente inmovilizada. El vibrador que estaba en su vagina
había hecho su trabajo y, para gran sorpresa de Susan, le había arrancado ya
tres orgasmos que la habían dejado agotada. Durante todo cautiverio transcurrido
hasta el momento, privada de cualquier movimiento y estímulo, había tenido
tiempo de sobra para percibir el tacto de la goma contra su piel, el estricto
corsé ajustado a su cintura, los inmensos tacones de sus zapatos enganchándose
con la bolsa dentro de la que estaba cuando hacía el más mínimo y difícil
movimiento, el ardor de su culito que todavía sufría por los azotes recibidos,
sus agujeros llenos, sus babas rebosando por toda su boca inundada por una
mordaza que no la permite ni tragar, el incómodo sonido del silencio, el dolor
de su brazos por la tensión de la camisa de fuerza.....
Pensando en la miseria en la que se había convertido su existencia, unos fuertes
brazos la levantaron del suelo. Inmediatamente pudo percibir que allí había más
de una persona ya que la sujetaban por los brazos cintura y tobillos.
La pusieron de pie e inmediatamente calló al suelo ya que mantener el equilibrio
estando tan inmovilizada y después de tantas horas era realmente imposible. El
precio que pagó por tal atrevimiento fue una dura serie de golpes con algo que
se asemejaba a las típicas fustas de montar a caballo.
Susan necesitó repetir la lección tres veces hasta que quedó totalmente erguida
y quieta.
Sus súplicas apagadas por su mordaza no eran escuchadas, ni siquiera ella se
escuchaba llorar a pesar de ser consciente de que lo estaba haciendo.
Alguien se le acercó lo suficiente para que pudiera escuchar las instrucciones
claras:
- Ahora eres una esclava más de nuestro señor. Nadie te puede oír gritar. No
puedes escapar. Si no haces lo que se te ordena pagarás por ello. Vamos a
soltarte, no preguntes, no hables, no hagas nada que no se te ordene. ¡Muge bajo
tu mordaza si has entendido bien las normas esclava!
- UUUHHHHHHMMM
A Susan le pareció que la voz era femenina, pero no podía estar segura. Lo que
supo era que le infundía un tremendo temor. Fuera quien fuera no bromeaba.
Sintió como empezaron a desatar sus piernas y con dos buenos golpes de fusta le
indicaron que debía tenerlas bien separadas.
- De ahora en adelante los únicos momentos en los que tus piernas estarán juntas
serán cuando estén atadas ¿entendido?
- UUUUHHHHHHHMMM
- Veo que aprendes rápido esclava
Lo siguiente que le retiraron fue su capucha de cuero y lo que pudo ver la dejó
sin habla. La rodeaban un grupo de varias chicas, no supo cuántas, todas ellas
vestidas con ajustadísimos trajes de goma y botas o zapatos de altísimos
tacones. Al ver una de ellas lo fijamente que las miraba le propinó una fuerte
bofetada que casi la arroja al suelo:
- ¡No nos mires a los ojos! Aprende esto rápido o el Amo acabará contigo
El Amo ¿qué querría decir eso? Si ellas no eran las que mandaban allí y
demostraban esa falta de piedad con ella ¿cómo sería ese Amo del que hablaban?
Mientas pensaba en estas cosas le retiraron la camisa de fuerza de sus brazos
que, totalmente dormidos, se quedaron a ambos lados de su cuerpo como si fuese
un muñeco de trapo. Le desabrocharon el corsé, le quitaron los
zapatos y con mucho esfuerzo comenzaron a retirar el ajustadísimo catsuit que
era ya como una segunda piel de Susan. Se preguntaba por que no le habían
quitado primero la mordaza y la capucha cuando pronto lo descubrió: de repente
la sujetaron entre varias con fuerza mientras que la que parecía más veterana
arrancó con fuerza la cinta adhesiva que sujetaba los
vibradores que tenía en sus "agujeritos". El grito de dolor bajo su mordaza fue
inmenso y trató vagamente de soltarse de los brazos que la sujetaban.
Le retiraron los vibradores. Susan podía sentir lo dilatados que tenía sus
orificios.
El bello que le quedaba fue arrancado por el mismo procedimiento.
- Esta noche es tu ceremonia de iniciación esclava. Si la soportas tendrás que
estar siempre perfectamente rasurada ¿entiendes?
- UUUUHHHHHHHMMM
Susan empezaba a intuir que las cosas sólo podían empeorar y desde ese momento
comenzó a saber que realmente debía someterse a lo que le dijeran. Le quitaron
la mordaza, la capucha de goma y los tapones de sus oídos. Le ordenaron sentarse
en un taburete y fue entonces cuando empezó a fijarse en su entorno: estaba en
algún lugar lo más parecido a una mansión de enormes
proporciones, al no haber luz ni ventanas intuía que estaba en un sótano aunque
pudo ver al fondo unas escaleras que bajaban todavía a niveles inferiores... una
sonora bofetada interrumpió sus pensamientos.
- Ya has visto dónde vamos a ir más tarde esclava, pero todavía tenemos que
prepararte
Empezaron a lavarla con esponjas mientras que una de ellas le empezaba a cortar
el pelo hasta dejarlo al cero. En otro momento habría montado en cólera, su pelo
era sagrado para ella pero ahora no supo más que callar y entregarse. En cuanto
la secaron volvieron a untarla con polvos de talco. Susan ya sabía lo que venía
ahora, o mejor dicho no lo sabía. Lo primero que
trajeron fue un tanguita que incluía dos enormes falos que introdujeron en su
vagina y ano. Curiosamente el color era blanco al igual que el vestido que le
trajeron a continuación...
Susan se quedó perpleja: era una especie de traje de novia de latex con un corsé
incorporado que sin duda apretaría su cintura de manera insospechada. La falda
era larga hasta los tobillos, totalmente ceñida. Para introducirla dentro del
vestido necesitó la ayuda de cuatro chicas. Mientras dos de ellas apretaban el
corsé hasta hacerla gemir, otra de ellas le acercó unos zapatos
de tacón de 12cm. Se vio en un espejo y sintió excitación: su figura era
imponente, el vestido
marcaba todas sus curvas y el corsé, apretando justo por debajo de sus pechos
les daba a estos una forma sin igual. Lástima que no conservara su cabellera
aunque pronto dio igual cuando le enfundaron una máscara de látex también blanco
con un copete de pelo plateado que adornaba la parte más alta del mismo.
Sus brazos fueron sujetos por una camisa de fuerza similar a la que llevaba
cuando llegó pero de color blanco. De igual manera se le ajustó un collar de
fuerza (blanco como no) del que colgaba una cadena de la que tiraron para que
comenzara a andar:
- Ha llegado la hora esclava
Andar con aquellos tacones y aquella falda era realmente imposible. Estuvo a
punto de caer en dos ocasiones por lo que recibió varios latigazos. El paso a la
siguiente estancia fue un suplicio aunque sus últimos pasos demostraron que
aprendía rápido. Allí no había nada excepto una especie de trono vacío y una
especie de cabina bastante amplia en un lado de la habitación.
Una figura oscura surgió de un lado de la habitación, ante la
cual las demás chicas se arrodillaron totalmente sumisas. Susan no podía ni
intentar hacer lo mismo y lo hubiera hecho de buena gana ya que aquella figura
infundía un enorme terror. Por su volumen podía ver que era un hombre y muy
fornido, vestía totalmente de cuero negro y no se podía ver ni un centímetro de
su piel. Su pánico comenzó cuando otra figura vestida de igual manera apareció
por otro lado. En este caso parecía una mujer por lo que le pareció que debían
ser pareja. Susan quiso decir algo pero le fue imposible pronunciar palabra. En
esos momentos el hombre habló:
- Bienvenida. Sólo tienes que saber una cosa: de aquí no saldrás nunca, lo que
te pase de ahora en adelante sólo dependerá de mí y de tu comportamiento. Ahora
nos perteneces como nunca antes te has podido imaginar pertenecer a nadie. Aquí
sólo quiero a las esclavas más duras y día a día has de demostrarlo. Hoy vas a
empezar a demostrar que eres digna de servirnos, tendrás que demostrar tu
capacidad de sufrimiento. Si superas la prueba tendrás el honor de servirnos, si
no ya no te importará nada.
Con estas palabras dos de las chicas se levantaron y llevaron a Susan a la
cabina que estaba a un lado. Allí no había nada salvo una puerta que parecía
hermética y un pequeño gancho en lo alto del techo. Colocaron a Susan en el
centro de la cabina. Debía de medir unos 4x4 metros y el suelo era acolchado por
lo que mantener el equilibrio era todavía más difícil. Las dos muchachas
salieron y regresó una con un tubo típico de submarinismo. Ajustó el respirador
en la boca de Susan y sujetó el otro extremo en el gancho del techo. Esto le
empezaba a asustar sobremanera.
- No te preocupes esto durará sólo 24 horas. En lo único que tienes que pensar
es en no perder el tubo. De ello depende tu vida.
Dicho esto se cerró la puerta dejando a Susan en la más absoluta oscuridad.
De pronto comenzó a sentir como poco a poco la estancia se llenaba de agua ¡la
estaban inundando!
El agua le sobrepasó la cabeza, si por cualquier motivo tropezaba o no aguantaba
de pie se ahogaría sin remedio ya que perdería el tubo que le permitía respirar.
Atada, con una estrechísima falda que con el agua se ajustaba todavía más, unos
tacones de aguja que pisaban en un suelo acolchado, en total oscuridad, sin oir
nada excepto su respiración... No
pensaba tener muchas posiblidades cuando de repente estuvo a punto de caer al
suelo: mediante un mecanismo de control remoto alguien activó los vibradores que
tenía dentro de su vagina y ano produciendo una fuerte sacudida. No se lo pudo
explicar pero vivió un orgasmo como nunca antes había podido imaginar, un
orgasmo que casi le cuesta la vida.
Esas 24 horas iban a ser muy muy largas..........
Fin
Autor: Mazter Zero