Hubo muchos encuentros entre Roxana y Enrique, luego de ese
primer encuentro. Algunas veces se encontraban en la casa de él, otras en la
casa de ella y otras…
Llegó un día Enrique a su trabajo, y llegó de muy mal humor.
-¡Buenos días Quique! –dijo Juan, un compañero de trabajo-
¿Cómo estás?
-Mirá, para el culo –respondió Enrique indignado-. En primer
lugar el reloj despertador no sonó, así que me levanté tarde, cuando voy a
salir, se me rompe el auto. Después me tomo un taxi que chocó a dos cuadras de
mi casa. Me subí a un colectivo: iba tan lleno, que me cagaron a pisotones y
encima un trolo me tocó el culo. ¿Qué te parece?
-Me parece que te tomés un te de tilo y te tranquilices,
porque el jefe dijo que te quiere ver urgente en su oficina y no sé para que
cuernos es que te quiere ver.
-Lo único que me faltaba.
Enrique dejó sus cosas en su oficina y partí resoplando hasta
la oficina de Pablo Radeudo, su jefe. Golpeó la puerta y en el interior se
escuchó un cálido "Pasá Quique". Abrió la puerta y sus ojos se dirigieron a
aquello que parecía una visión: Roxana estaba sentada en el sofá de la oficina
de Pablo. Estaba extraordinariamente vestida: blusa y vestido negros y un gran
escote que no dejaba nada a la imaginación.
-Buenos días señor, ¿Qué se le ofrece?
-Presentarte a mi esposa. Roxana, te presento a Enrique
Taonino, uno de mis hombres de confianza. Esteban, ¿conocías a mi esposa?
-Creo que a través de fotografías –dijo Enrique mientras
estrechaba la mano de Roxana.
-Mucho gusto en conocerlo –respondió Roxana, mientras notaba
que ambos tenían las manos sudadas- mi marido ha hablado mucho de su eficiencia
en todos los asuntos.
-Muchas gracias señora.
-Bueno Quique, te cité aquí para informarte que a partir de
hoy, Roxana va a colaborar con vos en tu trabajo de marketing: es lo que ella
estudió e insistió mucho en trabajar conmigo en la empresa y pensé que lo mejor
sería dejarla en tus manos. Confío plenamente es vos, se que vas a hacer que
esto se convierta para ella en una formidable experiencia…
Mientras el largo discurso continuaba, Roxana y Enrique se
miraban continuamente, el fuego había comenzado a encenderse dentro de ellos y
estaban tan absortos en sus fantasías que no prestaban atención a lo que decía
Pablo.
-… ¿estás de acuerdo entonces? –concluyó Pablo
-¿Perdón? Me desconecté por un momento, ¿qué decías? –se
apresuró a decir Enrique
-Que si tenés algún problema con que instale un escritorio en
tu oficina para mi esposa, de esa manera van a poder trabajar más juntos, se van
a convertir en una sola mente.
(Y en un solo cuerpo), pensaron ambos al unísono.
Pablo mostró a Roxana las instalaciones y dejó a su esposa en
la oficina de Enrique "para que vayan conociéndose".
En cuanto la puerta se cerró, ambos se miraron a los ojos y
sólo atinaron a besarse apasionadamente. El deseo era tal, que el bulto en el
pantalón de Enrique comenzó a crecer en su máxima capacidad. Sus lenguas se
entrelazaban, mientras el deseo aumentaba progresivamente. Enrique interrumpió
este encuentro apasionado, corrió a la puerta, miró hacia fuera para asegurarse
de que nadie vigilaba y cerró la puerta con llave:
-Así nadie podrá interrumpirnos.
Se abalanzaron sobre el escritorio, tiraron todo lo que había
encima y comenzaron un salvaje ritual que llevaban realizando desde casi un año.
Las manos de Enrique se perdieron en la falda de Roxana, que
estaba sentada sobre el escritorio durante ese interminable beso.
Los labios de Enrique comenzaron a bajar por el cuello y
escote de Roxana hasta que las cuatro manos de desprendieron de la blusa. Sus
senos estaban tibios y la lengua de Enrique paseándose por ellos hacían que la
excitación entre ambos continuara creciendo.
Enrique ya se había despojado de la camisa y los zapatos,
cuando las piernas de Roxana se abrieron y sus manos impulsaron la cabeza de él
hasta su vagina.
-Dale, chupame el coño un rato, que estoy que hiervo.
Enrique jugaba tocando con las manos los senos de Roxana,
mientras que su lengua se perdía y masajeaba el clítoris, Roxana sólo atinaba a
revolcarse de placer por todo el escritorio, hasta que tomó a Enrique del
cabello, lo apartó, se bajó del escritorio e hizo que se sentara él.
Desabrochó su cinturón, le quitó el pantalón y el slip y
masajeó fuertemente el pene de Enrique, mientras lamía su glande y sus
testículos. Los ojos de Roxana buscaban permanentemente los de Enrique.
-¡Dale puta! Chupá, dale, más fuerte.
El semen comenzó a salir del pene de Enrique y Roxana lo
lamió todo. Luego comenzó a frotar sus sexos entre sí: quería más, él también.
Enrique se paró, se sentó en una silla muy cómoda que había
en la oficina y Roxana se arrodilló para seguir succionando. Él la agarró de los
brazos y dijo:
-No, eso no. Sentate arriba de mi pija, tengo el deseo de
hacerte el amor sentado: nunca lo hicimos así.
Roxana se sentó de espaldas en el regazo de Enrique, pero sin
dejar que la penetrara, comenzó a rozar su suave y tibio culo por las piernas de
Enrique, que segundo a segundo se excitaba más y más. La tonó de las caderas, la
obligó a darse vuelta, hizo que abriera las piernas, la sentó sobre su pene y la
penetró suavemente. Ella colocó sus manos en los hombros de su pareja, y comenzó
a moverse lentamente, aumentando la velocidad segundo a segundo. Mientras esto
sucedía, la lengua de Enrique jugueteaba con los senos de Roxana y sus manos
masajeaban sus muslos.
Los movimientos ya estaban muy acelerados, el orgasmo ya
estaba próximo.
-¡Sí!, movete perra, sacame toda la leche, dale.
En este momento último sus labios se encontraron y besaron
apasionadamente. De repente, el orgasmo, los gritos y gemidos se vieron
interrumpidos cuando recordaron donde estaban, pero sin embargo las convulsiones
no cesaban, el deseo y el placer eran tan grandes, que la noción del especio y
del tiempo se habían perdido.
Enrique la tomó de la cintura, la levantó y la sentó sobre el
escritorio, ella se recostó con los pies colgando y él se agachó y comenzó a
lamerle la vagina, jugosa y empapada de semen y fluidos vaginales. Al terminar
la besó, se apartó y comenzó a vestirse. Ella hizo lo mismo, se peinaron
mutuamente y se volvieron a besar antes de salir de nuevo al mundo real.
Abrieron la puerta que aun estaba con llave y en ese preciso
instante golpearon la puerta. Asustados ambos, él más que ella, se sentaron
apresuradamente cada uno en su lugar y al unísono respondieron diciendo: ¡Pase!
Tras la puerta estaba Pablo. Entró, cerró la puerta con una
seriedad jamás vista en su rostro dijo. Enrique y Roxana comenzaron a sudar de
susto e incluso no sabían que decir, pensaron que habían sido descubiertos.
-¿A que no sabés quien llegó? ¡Tu esposa! Hace más de media
hora que está aquí, pero la entretuve charlando en mi oficina; es muy simpática.
Mientras decía esto y otras cosas más que ni Enrique ni
Roxana escucharon, entró María por la puerta y con una tierna sonrisa y un beso
saludó a su esposo y dio un gran abrazo a su amiga.
NADIE SOSPECHABA NADA. ¿O SÍ? EN EL PRÓXIMO EPISODIO EL FINAL
Y EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD.