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El día siguiente,siempre hay un día siguiente. Muchas veces,
lamentablemente. Abro los ojos y veo el techo impecable, la cama tibia y
revuelta. Siento ardor entre las piernas, ardor en el corazón por la debilidad.
Tal vez la vergüenza. Quisiera que no hubiera pasado. No sé quién es, ni
siquiera cómo se llama. No me cabe ni justificarme pensando que me sedujo. No le
hizo falta. Simplemente me doblegó. Dobló mi voluntad generándome un deseo
irreprimible. Me cogió. Creo que hasta me sentiría mejor si me hubiera violado.
No quiero pensar en eso. No quiero acordarme. Me levanto de un salto y me meto
en el baño, derecho al bidet. Agua fría, mucho agua fría y jabón. Quiero borrar
los rastros que dejó en mi cuerpo, quiero quitarme su olor, sus líquidos, este
ardor insoportable que parece fuego quemándome las entrañas. Paso a la ducha y
me quedo un buen rato bajo el chorro buscando que se disuelvan los pensamientos.
Va a pasar, me consuelo, ya va a pasar.
El día es gris, triste. Lo paso encerrada mirando tele. No
quiero fumar para no deprimirme más. Estoy cansada y aburrida pero no voy a
salir de casa porque tengo terror de encontrarlo en el pasillo. Quisiera no
verlo nunca más. Por suerte mi novio no aparece. En el estado en que estoy no lo
soportaría. Y menos si se le ocurre coger. Es extraño pero no he pensado en él.
No relaciono lo que sucedió con algo que lo incumba ni siquiera indirectamente.
Es algo mío y no tiene por qué saberlo.
Y como todo pasa, por suerte pasó el día, aunque el silencio
de la noche empiece a preocuparme. No quisiera volver a escucharlo. Estoy
serena, asumiendo lentamente lo que pasó, y no me gustaría que volviera a
perturbarme. Quiero dormir.
Después del día siguiente vinieron otros días, mi cuerpo se
reacomodó, pasaron los ardores, no hubo ruidos extraños ni cruces en el
ascensor. Eso me ayudó a superarlo. Tampoco mi novio dio señales de vida. Estoy
empezando a pensar que es hora de que ese boludo aparezca. Como le conozco los
tiempos, sé que no va a pasar mucho para que llegue desesperado por echarse un
polvo. Ese guacho me tiene harta... Al final lo involucro en la historia y
pienso, te mereces un buen par de guampas.
Del viejo no supe nada. Al principio pensé "menos mal".
Después empezó a llamarme la atención que hubiera desaparecido. ¿Tendrá algún
compromiso y le agarró la paranoia? Cómo si a mí me importara... ¿O se borró por
qué no le gustó? No fue la impresión que me dio esa noche. ¿Y a mí, qué? ¿Me
gustó? ¿Hasta dónde me gustó? ¿Estoy segura de que quiero enterrarlo
definitivamente, de que si él me tocara ahora el timbre no le abriría la puerta?
No, no se la abriría, como no voy a abrirle nunca más las piernas, aunque me
muera de ganas. Porque tengo que reconocer que estuvo bueno, mucho mejor que
todo lo que conocí. Pero no me tengo que llevar por calenturas.
Es verdad que lo sentí muchísimo, que me hizo ceder, que hizo
todo lo que me gusta, y lo hizo como no me lo hicieron nunca. Esa manera que
tiene de someter, de acorralar, de apretar, de hacer sentir su fuerza, la fuerza
de su deseo. Fue como si se metiera en mi cabeza, me la comiera, y desde de
adentro de mí fuera haciendo. Esa lengua recorriéndome, abriéndome, tocando
donde me gusta hasta hacerme abrir las piernas, ahhh, cómo me gustó, por favor.
Cómo chupó mi concha, ahhhhhhhhshh. Es un turro, chupaconcha, con eso me
calentó. Esa chupada de concha, acá, así, justo ahí, cómo me gusta ayyyy.
¡Basta! Basta de pajearme. Estoy otra vez hecha una pajerita y así empecé la
otra vez y después terminé cogida. Cogida, cogida, cogida...Ahhhh, cómo me cogió
ese viejo hijo de puta, con esa pija que me hacía doler y no paraba...¡Qué
divino! Esos besos salados mientras cogíamos, con gusto a mi concha, a su pija,
esa mamada de tetas que me hacía mientras me daba pija y pija hasta hacerme
gritar de placer, ahhhh, más, pedí más, supliqué más, dame más, hay qué puta me
puso, cogeme papito, me hacía rogar el guacho... Y esos pijazos finales ¡Por
favor, qué placer! ¡Qué manera de acabar! Parecía que me partía en dos, así,
así, que me viene, ahhhh, ahhhh, cómo me gusta pajearme con ese viejo, ahshhh,
que me mojo toa, toa, toa... ¡Basta! Basta de paja. Necesito otra cosa, otra
cosa que lo borre de mi cabeza.
Ducha fría, sueño tibio, despertar sereno.
Y justo esta mañana lo vuelvo a encontrar. En el palier,
esperando el asecensor. Y no puedo digerir lo que me hizo. Lo miré, me miró,
sonreí. Me dio vuelta la cara, abrió el ascensor y me hizo pasar sin dirigirme
la palabra. Sentí tanto odio que lo hubiera matado. Llegamos a planta baja sin
que hubiera sacado la vista del piso. Bajé como una tromba y desaparecí
avergonzada, humillada. Apenas una semana después de cogerme, me ignoraba,
mientras yo luchaba por sacármelo de la cabeza y no terminaba de conseguirlo.
Pero tuve mi revancha.
Llegada la noche, hace apenas un rato, suena el tiembre y se
anuncia mi novio. Bajé a abrirle pensando que era lo mejor que podía pasarme.
Sin embargo había más, un bonus track. En el mismo momento en que entrábamos
llegaba el viejo. Subimos los tres en el ascensor, y yo aproveché para colgarme
del cuello de mi novio y besuquearlo, y él, que venía caliente, se olvidó de que
teníamos compañía y respondió a mis besos sacando su lengua y comiendo mi boca.
¡Qué bien me sentí! ¿Te gusta viejo hijo de puta? Reventá. Esto es lo que vos te
perdés.
Cuando llegamos al piso seguíamos chuponeándonos, y vi con el
rabillo del ojo como el viejo abría la puerta y bajaba, inmutable. Nosotros
cortamos un poco la franela y nos metimos en casa. Un vez adentro yo pensaba en
qué habría pensado el viejo, mientras el flaco sólo pensaba en coger, y tiraba
de la remera para sacármela sin perder tiempo.
-Basta loco ¿Tanto apuro tenés?
No pudo contestarme, tenía la boca llena con mis tetas. Se
ocupó de lamerlas con desesperación, para luego bajar por mi vientre,
desabotonarme el vaquero, y buscar con su lengua llegar más abajo del elástico
de la bombacha. Le ahorré el trabajo sacándomela y lo dejé que enterrara su
cabeza entre mis piernas, y así, arrodillado, se esmerara con torpeza en
chuparme. Y pensar que eso apenas unos días antes hubiera bastado para empaparme
de flujo. Ahora sólo me enjugaba su saliva, de mí, nada. Lo veía tan pobre, tan
lejos de palpitar conmigo, como si todo fuera, "te hago esto, y ahora te hago
esto otro, para después hacerte aquello". Nada, no me hacés nada porque no
siento nada. Y decidí terminar cuanto antes, asi que lo aparté, me eché en la
cama abriendo las piernas, y le dije:
-Cogeme de una vez, mi amor, que no aguanto más.
Y era cierto, no aguantaba que esa farza se prolongara mucho
más.
El flaco se desnudó como rayo y en dos segundos lo tenia
adentro, bombeando, suspirando y aguantando para que no se le escapara la leche,
creyéndose generoso en su esfuerzo, mientras yo pensaba que ni dándome toda la
noche iba a conseguir que me viniera un orgasmo. Hasta que sentí la música. El
viejo trataba de tapar nuestros ruidos escuchando a Vivladi a todo volúmen.
Entonces cerré los ojos, lo imaginé undido en la oscuridad solitaria, pajeándose
en silencio, su enorme verga erguida palpitando en su mano que iba y venía
buscando la leche, tratando de aturdirse para no admitir su deseo por mí, sus
espantosos celos por saber que me estaban cogiendo, y sentí el inmenso placer de
la venganza en un hilo de leche tibia que empezó a correr por mi vagina. "Yo te
voy a enseñar", y decidida a gozarlo grité con todas mis fuerzas "cogeme así,
así, mi amor, así que me voy" y eso acabó con la resistencia del flaco que
bombeó desesperado su leche impaciente, mientras yo gritaba con premeditada
exageración "Qué bien que me cogés, qué bien, qué bien, qué bien" mientras una
suave y breve corriente anunciaba el final de un polvo tibio pero seguramente
mucho mejor que su triste paja.
-Ya está mi amor, ya está, salite que me quiero ir a lavar.
-Qué buen polvo.
-Hermoso –digo entrando al baño. Refrescante ducha de
asiento, y cuando vuelvo a la cama el boludo duerme su sueño de macho
satisfecho.
Necesito relajarme. Prendo un fino y salgo a fumarlo al
balcón. Hermosa noche, calurosa, suave caricia para mi cuerpo desnudo. Miro la
puerta de su balcón, está abierta, por ahí salen las notas de Vivaldi. Pero
estoy segura de haber sonado más fuerte que toda esa orquesta. Pienso si ya
habrá acabado, si me habrá pensado, si aún me desea. De pronto noto que algo se
mueve en el rincón más oscuro de su balcón. Es él, desnudo, mirándome. Camina
hacia mi balcón, se acerca y puedo ver que está con la pija alzada, dura y
amenazante como la imaginé, tan grande como la recordaba. Camina hasta el
macetero que separa su balcón del mío. Estoy paralizada por el estupor, no sé
qué hacer, qué decir. Lo veo apoyar sus grandes manos en los ladrillos, darse
impuso y pegar el salto. En un instante, antes de que llegue a darme cuenta qué
es lo que pasa, lo tengo a dos pasos.
Retrocedo. Avanza. Me arrincona. "No". Es lo único que
alcanzo a decir. Me tapa la boca con la mano, me apoya contra la pared tirándome
su pesado cuerpo encima. Abandona mi boca para usar su dos manos y tomarme por
las nalgas, me alza, busca mi concha con su pija, la pasa dos o tres veces por
mi clítori y la deja resbalar hacia el agujero. Siento su glande caliente
trantando de entrarme, mi concha palpita. Pienso en mi novio durmiendo ahí, a
cinco metros. Desesperada le hago que no con la cabeza. Tarde. Aunque intento
cerrar las piernas, aunque lucho por soltarme, ya siento su cabezota penetrando
en mi cuerpo. Me está cogiendo. Y me gusta. Y me duele. Y cuanto más entra, más
duele y más me gusta. Y cuando la cabeza por fin se calza pego un respingo y
estoy a punto de gritar, pero su mano presta tapa mi boca, me aprieta contra la
pared para meterla bien, y en punta de pie, entrando desde abajo me la hace
llegar hasta el fondo, y es un dolor, un goce, que creo que me desmayo. Y
tomándome con las dos manos de las nalgas me sube y me baja clavada en su pija,
corre mi concha por toda su pija, arriba, abajo, arriba, abajo, cómo me gusta,
la puta que lo parió, y no puedo abrir la boca, y si pudiera le diría cogeme,
cogeme, no pares de cogerme. Y de repente me aprieta contra la pared, la clava
en lo más hondo de mí y la deja quieta, engranpada, palpitando. Y vibro, vibro,
tiemblo de los pies a la cabeza.
Estoy desesperada, quiero que me mueva, que la mueva, carajo.
Arrimo la boca a su oreja y murmuro, cogeme pa, cogeme. Y sólo consigo que la
hunda más y la deje quieta, partiéndome, abriendo un surco porque el que quiere
escapar mi leche a mezclarse con la suya. Tiemblo, tiemblo, me aferro a él, me
enrozco en su cuello y siento como su pija vibra y parece que se moviera el
piso. Damela toa, papito toa, le pido desesperada, pero es puro temblor sin
movimiento y quisiera gritar, desahogarme de alguna forma. Estrecho mis piernas
alrededor de su cintura, me pego a su cuerpo y restrego mis tetas contra su
pecho peludo, y no puedo más, duele gusta, toa, y por el surco que abre en mí
con su verga empieza a correr mi leche, y lo muerdo, muerdo su cuello, clavo mis
uñas en su espalda, me voy, me voy, me voy, y un chorro de su leche me inunda, y
él está colorado, parece a punto de reventar, pero se la banca quieto y en
silencio. Tenso todos mis músculos como queriendo retener la leche que ya me
empapa la concha, y la saca y la clava y me desarmo, sale todo lo que llevo,
todo, todo, me vacío, me vacío, me vacio, me vacío mordiéndolo desesperada,
vibrando, necesitada del pijazo final que no me da, no me da, nomeda,
nomedaaahhhhshhh. Ahhh, basta, le digo al oído, ya está papito, basta. Cómo me
arde la concha. Me baja lentamente, pero sin sacarla, me acomoda y empieza a
emperrarme apoyándome contra la pared. Hijo de puta, no doy más y me sigue
cogiendo.
Golpeo su espalda con mis puños para que afloje, y el turro
acelera, me coge más rápido, más fuerte. Y ya acabó, sentí su leche, su verga
temblando cuando la echaba, pero sigue como si tuviera más. Es inaguantable, un
fuego en mi vagina. ¡Hi.. hijo.. hijo de puta... pará.. me arde.. arde, arde,
arde... Le muerdo suave la oreja y empiezo a apretársela como amenaza, y como si
no le importara el viejo fifón coge y coge, perro alzado, dejame, dejame, arde,
arde, arde...Ahhhsss... afloja un poquito y vuelve a acelerar y arde, arde, arde
y me viene algo, un resto de lechita me está bajando, me viene, hijo de puta que
me hacés acabar otra vez, dale, dale, no te pares, dale, así, así, así,
uhhhhhhhyyyyy. Qué gana de chillar, este fuego me enloquece, ahhhhshhh. Se
restrega bien, ay cómo sabe el hijo de puta, como me sacude, como me saca todo,
tooo, tooo, tooo... pijazo, pijazo pa, pijazo. Y me lo da, me lo da, me lo da.
Divino, divino, divino, diviiino. Lo muerdo para no gritar, qué lendooohhh...
Ya, ya, ya. Ahora sí, depacito la va sacando, ya acabamos todo los dos y me deja
apoyar los pies en el piso y la saca despacio, con cuidado de no hacerme doler.
Y me acaricia la cara, la lame, me besa y se aparta. No quedamos mirándonos.
Sonríe y se va.
Lentamente vuelvo al baño.
Mi novio duerme y nada ha pasado aquí.
Para él.