Todo empezó un día que me
propusieron un nuevo trabajo. Soy modelo, y últimamente me he dedicado a las
secciones eróticas de revistas para adultos (aunque no soy una actriz porno).
Soy una chica de 21 años, morena, 1'65, y para qué negarlo, con un culo bien
formado, y unos pechos ni grandes ni pequeños, pero sí muy bonitos. Mi nombre es
Carla.
Me ofrecieron una sustanciosa
suma por protagonizar una sesión de fotos de bondage. No era la primera vez que
las protagonizaba, y no me importaba porque todas las que había hecho tenían
truco (en la foto parecía que estaba atada, cuando en realidad no lo estaba).
Iba a aceptar, cuando mi agente me advirtió de algo: esta vez no sería igual.
Por eso pagaban más de lo normal: estaría atada de verdad. También me advirtió
que sería una sesión larga, muy larga.
Yo acepté encantada, ya que era
mucho dinero. Imaginaba lo típico: una chica atada revolviendose en la cuerdas,
luego una teta al descubierto, o una mano en el lugar exacto.... lo típico en
una de estas sesiones.
Contacté con mi contratista, que
me citó en una casa de las afueras un viernes por la mañana. Me presenté ahí
vestida para la ocasión, ya que no me exigieron nada en concreto: una minifalda
vaquera, una blusa blanca y unas braguitas negras, sin sujetador.
Cuando llegué, salió a recibirme
un hombre llamado Pedro, mi contratista. Me hizo pasar a un despachito dentro de
la casa.
- Aquí tienes el contrato. En el
aceptas trabajar para nosotros días seguidos, a cambio del dinero que
acordamos.
- ¿4 días? Joder, cuantas fotos
piensan sacarme?
- Es fácil, sólo disponemos de
esta casa, y cada día vamos a representar un ambiente distinto. Mientras tú
descansas entre sesión y sesión, mis ayundantes se encargarán de cambiar el
mobiliario y el decorado acorde con la situación.
- Vale, entiendo. Ahora veo el
porque de tanto dinero.
Entonces firmé.
- Bien - dijo Pedro - Ven
conmigo, te llevaré a donde toca la sesión.
Me guió por el interior de la
casa, hasta el sótano. Estaba decorado como una mazmorra, pero habían varios
aparatos modernos. Pedro caminaba rápido, así que no pude detenerme a estudiar
los aparatos. Dentro del a habitación habían dos hombres más, que estaban
manipulando las cámaras. Me saludaron, y me indicaron que me pusiera de rodillas
entre unas argollas, que estaban para atarme las piernas al suelo (que por
cierto, estaba frío y era desagradable al tacto). Me ataron las piernas. Luego
me pusieron las manos a la espalda, y me las ataron por la muñeca. Luego ataron
otra cuerda larga a mis manos, y la pasaron por una argolla del techo. Me
subieron los brazos por detrás de la espalda hasa que empezó a dolerme, y así me
dejaron. Luego me pusieron un ball-gag negro en la boca, más grande de los que
había utilizado yo (pero no tube mucho problema, ya tengo practica en estas
cosas).
La posición era muy incómoda, y
así estuvieron sacándome fotos durante cerca de media hora. Entonces, Pedro se
me acercó, y mientras tomaban fotos, me arrancó la falda. Luego cogió la blusa,
y de un movimiento brusco la rasgó desde el cuello hasta mi ombligo, dejando mis
pechos al aire. Los sobó un poco, y yo para darle mejor ambiente, cerré los ojos
con "cara de pena". Entonces, escucho al hombre que me dice:
-Chúpala
Al abrir los ojos, me encontré
la tranca de Pedro delante de mi cara. Era un pene grande, grueso y lleno de
venas. Me quitó el Ball-gag, y levanté la vista mirándolo enfadada:
-Yo aquí solo he venido a una
sesión erótica, no pornográfica.
-No Carla, no. Has venido a esta
sesión, y si hubieses leido el contrato sabrías que estoy en lo cierto. También
has firmado que vas a grabar una película, y la protagonista eres sólamente tú.
-¡No puedes hacer esto!
¡Suéltame, el contrato está roto!
-Me temo que no es así. Ahora,
¡cómete la polla de tu amo!
Yo aparté la cara, no pensaba
hacerlo. Pero entonces él me pellizcó un pezón, y apretó y estiró de él hasta
que grité, y él aprovechó para follarme la boca. Yo ya no podía hacer nada, las
rodillas me estaban destrozando, la espalda me dolía horrores, y aquel hombre me
había cogido la cabeza para follarse mi boca.
Un buen rato después, me la
metió hasta la garganta, y se corrió. Me lo tragué todo. Entonces me desató,
para volverme a atar las muñecas a dos argollas separadas del techo. Lo mismo
hizo con mis piernas, de forma que no podía cerrarlas. En ese momento ví la
cámara de video.
Me volvió a poner el ball-gag, y
me arrancó lo que quedaba de mi blusa de un solo tirón. Recorrió todo mi cuerpo
con sus manos, poniendo especial énfasis en mis tetas, hasta que llegó a mi
braguita negra. Metió su mano por debajo de él, y empezó a acariciarme, y muy
bien por cierto. Así estuvo unos minutos, y cuando yo estaba cerca del orgasmo,
paró. Me arrancó también las bragas de un tirón, que me dejó adolorido el
vientre. Entonces me inclinó hacia adelante, y antes de que me diese cuenta de
lo que ocurría, me la metió por el culo de un sólo golpe. Yo intenté gritar,
pero la mordaza solo me permitió gemir, mientras una lagrima se me escapaba.
Estuvo follándome un buen rató,
y se corrió dando un gran grito.
-Hoy has sido una mala esclava,
y como tal, tendrás tu castigo.
Entonces, fué hasta un armario,
y sacó un gran tapón anal. Yo gemí, y le pedí que no con la cabeza, era muy
grande. Pero de nada sirvió. Me ató las piernas por las rodillas a una cuerda
del techo, de forma que qudé bien expuesta para que me penetrara con eso. Me lo
empezó a meter, y yo pensé que no cabría todo. Pero empujó con tanta fuerza, que
al final lo consiguió. Me ardía el culo, y en cuanto intentaba cualquier
movimiento, me dolía mucho.
Entonces "mi amo" cogió una caja
con botones que había en el suelo, la acercó, cogió un cable que sobresalía, y
lo conectó al tapón anal. Tocó varios botones, y unos segundos después, detuvo
su dedo sobre un botón que decía "on". Me miróy dijo:
-Disfrútalo.
Apretó el botón, y una descarga
eléctrica salió del aparato. Todos los músculos se me contrajeron, incluyendo mi
esfinter. Y ese dolor era terrible. Habría podido aguantar las descargas sin el
tapón anal, pero con él, eran horribles. La descarga duró un segundo, y cinco
segundos después se repitió. Luché, grité, e intenté liberarme, pero todo fué en
vano.
- Hoy el castigo durará una
hora. Hasta entonces.
Y los tres hombres dejaron una
dos cámaras grabando desde distintos ángulos, y abandonaron la habitación. Al
final, antes de cumplir el tiempo, caí inconsciente.
Cuando desperté, habían
desconectado el aparato, pero todavía tenía eso en el culo, pero me habían
quitado el ball-gag. El resto del día, los tres hombres se dedicaron a
follarme, a llevarme al borde del orgasmo, y a obligarme a chupar sus pijas.
Tambien, muy considerados, me dieron un descanso para que hiciera mis
necesidades. Fué el único momento del día en el que me quitaron el tapón anal,
luego me lo volvieron a colocar.
Me colocaron en una mesa boca
arriba, y me ataron las manos a las esquinas. Luego me ataron las piernas, de
forma que tenía las rodillas flexionadas y hacia arriba. Cogieron un pequeño
consolador, y me lo metieron por el coño. El aparato funcionaba de maravilla, y
en cuanto lo conectaron, noté cómo me acercaba al orgasmo. Y una vez más, cuando
estaba apunto de correrme, pararon el aparato. Jugaron un poco más, hasta que
acercaron otro aparato, que yo reconocí como un "Fucking machine". Una maquina a
la que le podías enganchar distintos consoladores, para que te follase.
- Mi esclava -dijo Pedro- ahora
te toca elegir. ¿Quieres correrte?
- SssSssisiiiiii -le conteste
- Hoy has sido una mala esclava,
pero te daré a elegir. Si te corres, te conectaré el Fucking-machine a tu tapón
anal, durante toda la noche. Si eliges no correrte, te pondré este aparatito
(refiriendose al consolador) durante toda la noche, y estarás siempre en las
puertas del orgasmo. ¿Qué me dices?
Yo intentaba pensar, pero no
sabía qué elegir. El maldito vibrador me traía loca, y quería correrme.
-Como veo que no te decides,
haremos una prueba.
Entonces paró el consolador, y
engancho el tapón anal a la máquina. La conectó, y la máquina empezó a follarme
el culo, pero a cada embestida parecía que el tapón iba cada vez más adentro. Yo
gritaba a cada embestida que parase, pero me tuvieron así por unos larguísimos
minutos.
-Bueno -dijo al desconectarlo-
ya lo has probado todo. ¿Qué me dices?
-¡No quiero correrme! -dije
entre sollozos.
-Muy bien.
Entonces conectó el vibrador que
me tendria toda la noche a las puertas del orgasmo.
-Buenas noches, mi esclava-
Me volvieron a colocar el
ball-gag. Los tres salieron del sótano, y me dejarón allí, con una luz muy
tenue, que permitía que la cámara siguiese tomando fotos. Esa fué una noche
larguísima. Y el jodido aparato funcionaba bien: no logré correrme. Y estuve
toda la noche a punto de hacerlo, pero no pude.
Por la mañana (supongo, no tenía
hora ni veía la luz solar), llegaron mis verdugos.
-¿Qué tal has pasado la noche?
- Mpfssssssss (estaba intentando
suplicarles)
- Si hoy te portas bien, puede
que hasta te dejemos correrte -me dijo mi amo mientras me desconectaba el
vibrador.-Para empezar, vas a chupársela a ellos dos desde esa posición.
Los dos hombres acercaron sus
pijas a mi boca, y yo empecé a comérsela como podía, así atada y tal. Estaba
enfrascada en mi labor, y justo cuando el primero se corría en mi boca, el amo
había conectado la Fucking-machine a mi tapón anal. Intenté gritar, pero tenía
una polla en la boca. Luego se acercó mi amo, y me dijo que se la chupara a él
tambien. Entre lagrimas por el dolor lo hice. Durante más de una hora se fueron
turnando todos, haciendome repetir el plato hasta dos veces a cada uno.
- Te acabas de ganar tu premio,
querida.
Salió de mi campo de visión, y
al volver ví que traía un palo largo, para conectar al ficking machine, y otro
consolador, tan grande como el que tenía en el culo. Desconectó el aparato, y
sacó el tapón de mi culo (lo noté completamente abierto, y dolorido), Estuvo
trasteando unos minutos, mientras los otros dos cogían dos cámaras de video.
- Preparada querida?
Y en ese momento, el tapón y el
consolador me penetraron a la vez el coño y el culo. Dolió mucho al principio,
pero poco a poco, y gracias a los roces de mi amo, empecé a excitarme. Dos
minutos después, entre gritos, llegué al orgasmo más intenso de mi vida. Y todo
quedó grabado en video.
Lo desconectaron y me sacaron
los dos consoladores. Me desataron las piernas, y me ataron las manos a la
espalda. Me llevaron a una esquina del sótano, de donde sacaron unas mantas y un
pequeño colchón. Me tumbaron en él.
-Ahora duerme.
No tardé en obedecerle, y me
dormí.
---Continuará----