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TODORELATOS » RELATOS » ME SIENTO AVERGONZADA
[ Dos no discuten si uno no quiere. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 17-Ago-06 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2238 de 3500)

Me siento avergonzada

onekiss
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Las consecuencias de leer un anuncio escrito en la puerta de un lavabo público en una noche desesperada. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

ME SIENTO AVERGONZADA

Me siento avergonzada por lo que hice.... Todo comenzó cuando regresaba de una fantástica noche de juerga. Aquella noche conocí a Jaime, un chico bastante atractivo y con el que podía pasar cientos de horas charlando. Durante la despedida quedamos en vernos al fin de semana siguiente. La discoteca donde habíamos estado no quedaba muy lejos de mi casa, así que regresé andando, al igual que en otras ocasiones. Cuando llevaba cinco minutos de camino me comenzaron a venir unas ganas horribles de mear. Aún me quedaba un rato para llegar a casa, y a esas horas de la noche no iba a encontrar nada abierto. Ver la antigua estación de tren fue un gran alivio, pues estaba apunto de mearme encima. Las taquillas estaban cerradas, pero tenía la esperanza de que hubieran dejado los servicios abiertos. Afortunadamente lo estaban. Entré corriendo en uno de los lavabos del medio, el que tenía la puerta abierta. Al mismo tiempo que me bajaba los pantalones cerraba la puerta. Mientras acababa de mear me distraje leyendo un escrito que había en la puerta: “¿Quieres sentirte como una puta? Ven el próximo sábado a la 1 de la madrugada.”

Yo pensé: “Ja, el idiota este se cree que va a venir alguien”. Pero durante un rato fantaseé con la idea de venir y comportarme como una guarra .... “ojalá estuviera aquí Jaime para consolarme”. En ese momento ya me encontraba humedeciéndome el dedo con la lengua y posteriormente acariciándome el clítoris suavemente. “Lo acabaré en casa, este sitio es un poco asqueroso” pensé, y reanudé mi camino a casa.

La semana se hizo eterna. Solo deseaba ver a Jaime, es lo único que anegaba mi mente, hasta que finalmente llego el día. El sábado por la tarde lo pasé bebiendo algunas copas con mis amigas. Había quedado con Jaime a la una de la madrugada, pero yo estaba impaciente por verle, así que me dirigí con mis amigas a la discoteca una hora antes, sobre la medianoche. Allí continuamos bebiendo algún chupito de tequila más. “Hoy no te cortes como la semana pasada y haz algo, tonta, toma la iniciativa tú” me dijo Sandra, una de mis amigas, ofreciéndome una pastillita pequeña. Yo la acepté, sabiendo que no sería nada fuerte, pues ese rollo no le va. Mientras bebíamos comencé a fantasear viendo a una pareja besándose y frotando sus cuerpos en un rincón de la sala, me imaginé que era yo con Jaime, y no fue muy difícil, pues el chico se parecía bastante a él. Yo me estaba poniendo muy caliente... ¡ y solo estaba viendo un beso!; sentí unos calores por todo el cuerpo y unos pellizcos en la vagina, “la pastilla hace su efecto..., deja de mirar y espera un poco ” me dijo nuevamente Sandra en un tono burlón.

La pareja acabó de besarse y dirigieron sus miradas al centro de la pista de baile. Casi me desmayo cuando vi la cara del chico. Ese... ese cabrón era... ¡era Jaime ! . “¡Maldito desgraciado hijo de la gran puta!” chillé desde el extremo de la pista dominada por la ira. Me dirigí  rápidamente hacia él y le solté un bofetón, ¿qué digo un bofetón?, le solté una ostia que me dejó la mano temblando; después salí corriendo y con los ojos llenos de lágrimas de la discoteca en dirección a mi casa. Tras correr un rato, y con el corazón golpeando mi pecho,  me senté en un banco a descansar. No me acaba de creer lo que había visto. Me sentía humillada, defraudada, imbécil, pero el alcohol y la pastilla seguían haciendo su efecto, y de forma extraña, la irá iba desapareciendo para dar paso a una excitación fuera de control. Si Jaime hubiera estado allí en ese momento, frente a mí,  pidiéndome perdón, le hubiera dicho: “si quieres que te perdone deberás echarme el polvo de tu vida, desgraciado”, pero Jaime no se encontraba allí... estaba con otra. En ese momento me vino a la cabeza el anuncio de la puerta. No podía hacer algo así, no sabía quien había escrito eso, ni como era... ¡o eran!, pero eso me despertaba la libido como si fuera un volcán dormido. ¡Ooh no! ¿que estaba apunto de hacer?. Una voz en mi cabeza me repetía: “¿Por qué te engañas? Asúmelo... eres una guarra, no censures lo que tu cuerpo te pide”, mientras que poco después, otra voz me sugería: “Vamos, sácate esa idea de la cabeza, no vayas hacer algo de lo que después te arrepientas”. Finalmente me decidí: “No pienses, déjate llevar, que pase lo que dios quiera, esta situación me pone a mil, no puedo evitarlo, necesito follar, necesito que me follen, necesito hacerlo ya... ”. Y de forma automática me dirigí hacia la estación. Llegué sobre la una menos veinte, faltaban unos pocos minuto para la hora indicada; me metí en el mismo lavabo,  cerré la puerta y me senté. La simple espera me excitó como jamás hubiera imaginado. A esas alturas, mis bragas parecían una esponja recién sumergida en agua. Agarré uno de  mis pechos y lo presioné fuertemente con la mano. Cerré los ojos, apreté los dientes y me llevé la otra mano a la entrepierna; estaba francamente húmeda. Apreté más fuerte mi pecho y lo pellizqué. Necesitaba ser follada, no podía más, necesitaba sentir, satisfacer mi deseo, era como el deseo de comer tras dos días de ayuno... te comes lo que sea.

Abrí los ojos  y me di cuenta de que a mi lado, en el suelo, había una bolsa negra de terciopelo. La cogí, la abrí y saqué de su interior una nota. En esta  ponía:

“Si estás aquí es porque eres una guarra y has querido ser nuestra puta esta noche. Desde este momento dejarás de hablar y pensar, tan solo obedecerás. Sigue las instrucciones que se detallan en esta lista:

1. Quítate la ropa y ponte la minifalda y la camisa blanca que encontrarás en la bolsa, después te sientas.

2. Coge la cuerda que también encontrarás en la bolsa y póntela sobre los muslos.

3. Coge el pañuelo negro y véndate los ojos, después espera a que golpeen tres veces en la puerta, entonces abres..

Seguí los pasos indicados. Cuando hube acabado me senté y esperé.

Cuando escuché los golpes en la puerta, el corazón me subió a la garganta. Me levante y palpé la puerta en busca del cerrojo para abrirlo; después me volví a sentar. La puerta se abrió. Una mano me agarró la cara y me la levanto.

- Vaya,  estoy sorprendido... una chica tan guapa como tu debería ser más selectiva a la hora de ofrecer su cuerpo. ¿Qué opináis?.

-Es una zorra como otra cualquiera, agárrala y vámonos.

-Levanta...  nos lo vamos a pasar muy bien contigo, no pensamos desaprovechar ni un solo rincón de tu cuerpo.

Me cogieron del brazo y me levantaron.

-Las manos a la espalda.

Me llevé las manos a la espalda y me ataron las muñecas; imagino que con la cuerda que había dejado sobre mis muslos

Salí de la estación arrastrada por dos de los individuos. Salimos a la calle y me subieron a los asientos traseros de lo que parecía un todo terreno. Se me sentaron uno a cada lado, por lo que deduje que al menos serían tres. A los cinco minutos de camino noté como una mano se colaba por el interior de mis muslos  y como me introducían unos dedos en la boca:

-Chúpalos- me ordenó uno de los hombres.

Yo hice caso y comencé a lamer los dedos entre jadeos;  la situación me llenaba de excitación, hubiera hecho lo que fuera en aquel momento, estaba dispuesta a todo.

Las manos que acariciaban mi entrepierna fueron subiendo hasta llegar a mi ropa interior. Tras apartarme las bragas con los dedos comenzó a introducírmelos por la vagina. Primero uno, después un par, y comenzó a meterlos y sacarlos con gran destreza. Notaba los fluidos recorriendo mi vagina.

Llevábamos largo rato de trayecto cuando el todo terreno comenzó a tambalearse bruscamente. Debíamos estar entrando en un camino de montaña. Solo cuando el coche se detuvo dejaron de manosearme. Me hicieron bajar y me hicieron caminar unos metros. Por un rato me sentí abandonada, habían parado el motor del coche  y los tres se mantenían callados. Solo sabía que permanecían allí gracias a que los faros del todoterreno continuaban encendidos. ¿Qué estaban dispuestos hacerme?, no estaba segura, y eso me excitaba aún más. Después de un rato de espera noté como alguien se situaba detrás de mí. No me giré, pues no podía ver nada, y aunque hubiera podido, y no me hubiera gustado lo que veía, no hubiera podido defenderme con las manos atadas a la espalda. Unos brazos me rodearon desde la espalda y comenzaron a manoseándome los pechos por encima de la camisa... y de pronto, de un fuerte tirón,  me la desgarraron junto con el sujetador.  Nada más pasar esto noté como rodeaban mi cintura con una cuerda y le hacían un nudo. Un manotazo en el culo me hizo dar un pequeño grito y un paso hacía delante; este vino acompañado de otro azote algo más fuerte... sentí como la palma de la mano impactaba sobre mi nalga derecha, la misma en la que había recibido la anterior, pero esta vez, mi paso adelante quedó frenado por la cuerda que tenía atada a la cintura, y ello provocó que perdiera el equilibrio y cayera al suelo de culo. Al tener las manos atadas a la espalda se me hizo difícil levantarme. Uno de los chicos me colocó de rodillas mientras otro me cogía de la cabeza, obligándome a doblar la espalda hacia delante. Intuía lo que me esperaba en ese momento; me encontraba asustada, y al mismo tiempo excitada, y no deseaba otra cosa que  ser follada para saciar la subida de la libido. Noté como mis pezones se endurecían... y mi respiración se acelera cada vez más. Algo de textura suave me oprimió los labios de la boca; era sin duda la punta de una polla. No me resistí y dejé que la verga entrara para acariciar mi lengua. Desde atrás me levantaron la falda y con algún instrumento afilado me cortaron las bragas. Mi sexo comenzó a sentir las caricias de unas manos fuertes y grandes pero que se movían con gran agilidad. Al rato las caricias fueron acompañadas de secos guantazos en las nalgas. Me gustaba sentir la palma de la mano impactando contra mi trasero mientras tenía la boca llena. La temperatura de mis nalgas había subido con los azotes. Debía tener el culo rojo cuando pararon, y pronto me dieron lo que tanto deseaba: una polla que consolara mi sexo. Me penetraron violentamente y comenzaron a follarme por turnos, mientras uno me penetraba por la boca, el otro lo hacía por mi vagina, mientras el tercero me introducía sus dedos por el ano. Mi vagina se había dilatado muchísimo, y eso no parecía gustarles mucho, así que pasaron a usar mi canal más estrecho. Era la primera vez que iba a experimentar el sexo anal, y estaba asustada, auque al mismo tiempo lo deseaba más que nada el mundo, pues era una fantasía con la que había mojado muchas bragas. Al notar la presencia de la punta de un miembro en mi estrecha entrada, sentí un escalofrío por todo el cuerpo. Aquello podía resultarme muy doloroso, pero no quise resistirme, necesitaba sentirme poseída. ¡Oh dios!, no acababa de creerme que el dolor que sentía me llenara de gozo, y menos aún que me corriera de aquella manera...  

Fui manejada por tres individuos que ni tan solo pude ver, me colocaron de diversas formas y jugaron conmigo a su antojo. Se fueron cambiando de posición  para hacer uso prolongado de mis tres agujeros hasta que decidieron llenármelos de semen. Cada uno eligió un conducto donde depositar su néctar. Al rato tenía el semen saliendo de sus recipientes. Durante la ejecución de estos actos tuve tres orgasmos intensísimos que me hicieron gozar del sexo como nunca antes había gozado...  pero aún faltaba más.

Me vistieron y volvieron  a meterme en el coche. Desconocía que iban hacer conmigo, no sabía si me dejarían donde me recogieron o continuarían usándome, y la verdad es que no me atreví preguntar. Habíamos regresado a la ciudad, lo noté por la velocidad y la continua parada del vehículo, seguramente a causada por los continuos semáforos. Finalmente se detuvo y me llevaron a lo que debía de ser un apartamento que, indudablemente, pertenecía a alguno de ellos.

Me sentaron en un sillón y me ataron a él con las piernas abiertas sobre los reposabrazos. Desde la cabeza a los pies quedé inmovilizada en el sillón nuevamente a disposición de sus fantasías. Seis manos al mismo tiempo recorrieron mi cuerpo inspeccionando cada rincón del mismo... metiéndome los dedos y dilatando nuevamente mis dos entradas.   Al rato dejaron de tocarme  y noté una pequeña presión tanto en la entrada de mi vagina como en mi culo. Poco a poco noté la penetración de dos objetos por mis agujeros, el de la vagina era notablemente más grande y grueso que el otro, y parecía tener una forma irregular, como una especie de pinchos que resultaban ser de lo más placentero. Los dos instrumentos comenzaron a entrar y salir acompañados de un pequeño ruido, al parecer aquellos dos consoladores eran manejados por una especie de maquinaría que marcaba el ritmo del movimiento. A los cinco minutos me volví a correr. 

El ritmo fue subiendo poco a poco. Cada vez entraban y salían con mayor rapidez... y con la velocidad incrementaba mi placer. Debía de llevar cerca de 20 minutos con esos consoladores cuando me pusieron unas pinzas en los pezones... el dolor que me provocó el tener esas pinzas me excito muchísimo. Después dijo uno de los chicos:

-Esta bien, vemos que estas disfrutando mucho con esto... nosotros nos vamos, queremos que te familiarices con la maquina, ya volveremos jaja.-

Eso me inquietó, ¿cuanto tiempo iban a tardar? No sabía cuanto más aguantaría con aquello penetrándome....

El tiempo fue pasando y comencé a sentir mis zonas más sensibles algo doloridas. Suplicaba que regresaran para que me retiraran la maquina. No estoy segura del tiempo que pasó, pero recuerdo que me encontraba exhausta y con mis dos agujeros doloridos cuando regresaron. Me retiraron la maquina y me dijo uno de ellos:

-No queríamos que te fueras sin tomar nada, así que fuimos a reponer un poco de fuerzas... nos dejaste secos en la montaña. Queremos que te tragues toda nuestra leche guarra. Te has comportado como una autentica puta, y queremos recompensarte.-

Me desataron y me pusieron de rodillas. Fui chupando una a una sus pollas hasta que se fueron corriendo dentro, después me obligaron a tragarme el semen que expulsaron. Jamás me había sentido tan puta como ese día.

Me pusieron como única ropa una camisa de manga larga de color blanca y me llevaron donde me habían recogido. Allí me dejaron tirada y sin mi ropa.

Me siento avergonzada por lo que hice, pero no me arrepiento. Esta experiencia despertó mis más profundas inquietudes sexuales, y hoy por hoy  disfruto de mi sexualidad libremente y sin ningún tipo de prejuicio.

TodoRelatos.com © onekiss

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