ME SIENTO AVERGONZADA
Me siento avergonzada por lo que
hice.... Todo comenzó cuando regresaba de una fantástica noche de juerga.
Aquella noche conocí a Jaime, un chico bastante atractivo y con el que podía
pasar cientos de horas charlando. Durante la despedida quedamos en vernos al fin
de semana siguiente. La discoteca donde habíamos estado no quedaba muy lejos de
mi casa, así que regresé andando, al igual que en otras ocasiones. Cuando
llevaba cinco minutos de camino me comenzaron a venir unas ganas horribles de
mear. Aún me quedaba un rato para llegar a casa, y a esas horas de la noche no
iba a encontrar nada abierto. Ver la antigua estación de tren fue un gran
alivio, pues estaba apunto de mearme encima. Las taquillas estaban cerradas,
pero tenía la esperanza de que hubieran dejado los servicios abiertos.
Afortunadamente lo estaban. Entré corriendo en uno de los lavabos del medio, el
que tenía la puerta abierta. Al mismo tiempo que me bajaba los pantalones
cerraba la puerta. Mientras acababa de mear me distraje leyendo un escrito que
había en la puerta: “¿Quieres sentirte como una puta? Ven el próximo sábado a la
1 de la madrugada.”
Yo pensé: “Ja, el idiota este se
cree que va a venir alguien”. Pero durante un rato fantaseé con la idea de venir
y comportarme como una guarra .... “ojalá estuviera aquí Jaime para consolarme”.
En ese momento ya me encontraba humedeciéndome el dedo con la lengua y
posteriormente acariciándome el clítoris suavemente. “Lo acabaré en casa, este
sitio es un poco asqueroso” pensé, y reanudé mi camino a casa.
La semana se hizo eterna. Solo
deseaba ver a Jaime, es lo único que anegaba mi mente, hasta que finalmente
llego el día. El sábado por la tarde lo pasé bebiendo algunas copas con mis
amigas. Había quedado con Jaime a la una de la madrugada, pero yo estaba
impaciente por verle, así que me dirigí con mis amigas a la discoteca una hora
antes, sobre la medianoche. Allí continuamos bebiendo algún chupito de tequila
más. “Hoy no te cortes como la semana pasada y haz algo, tonta, toma la
iniciativa tú” me dijo Sandra, una de mis amigas, ofreciéndome una pastillita
pequeña. Yo la acepté, sabiendo que no sería nada fuerte, pues ese rollo no le
va. Mientras bebíamos comencé a fantasear viendo a una pareja besándose y
frotando sus cuerpos en un rincón de la sala, me imaginé que era yo con Jaime, y
no fue muy difícil, pues el chico se parecía bastante a él. Yo me estaba
poniendo muy caliente... ¡ y solo estaba viendo un beso!; sentí unos calores por
todo el cuerpo y unos pellizcos en la vagina, “la pastilla hace su efecto...,
deja de mirar y espera un poco ” me dijo nuevamente Sandra en un tono burlón.
La pareja acabó de besarse y
dirigieron sus miradas al centro de la pista de baile. Casi me desmayo cuando vi
la cara del chico. Ese... ese cabrón era... ¡era Jaime ! . “¡Maldito desgraciado
hijo de la gran puta!” chillé desde el extremo de la pista dominada por la ira.
Me dirigí rápidamente hacia él y le solté un bofetón, ¿qué digo un bofetón?, le
solté una ostia que me dejó la mano temblando; después salí corriendo y con los
ojos llenos de lágrimas de la discoteca en dirección a mi casa. Tras correr un
rato, y con el corazón golpeando mi pecho, me senté en un banco a descansar. No
me acaba de creer lo que había visto. Me sentía humillada, defraudada, imbécil,
pero el alcohol y la pastilla seguían haciendo su efecto, y de forma extraña, la
irá iba desapareciendo para dar paso a una excitación fuera de control. Si Jaime
hubiera estado allí en ese momento, frente a mí, pidiéndome perdón, le hubiera
dicho: “si quieres que te perdone deberás echarme el polvo de tu vida,
desgraciado”, pero Jaime no se encontraba allí... estaba con otra. En ese
momento me vino a la cabeza el anuncio de la puerta. No podía hacer algo así, no
sabía quien había escrito eso, ni como era... ¡o eran!, pero eso me despertaba
la libido como si fuera un volcán dormido. ¡Ooh no! ¿que estaba apunto de
hacer?. Una voz en mi cabeza me repetía: “¿Por qué te engañas? Asúmelo... eres
una guarra, no censures lo que tu cuerpo te pide”, mientras que poco después,
otra voz me sugería: “Vamos, sácate esa idea de la cabeza, no vayas hacer algo
de lo que después te arrepientas”. Finalmente me decidí: “No pienses, déjate
llevar, que pase lo que dios quiera, esta situación me pone a mil, no puedo
evitarlo, necesito follar, necesito que me follen, necesito hacerlo ya... ”. Y
de forma automática me dirigí hacia la estación. Llegué sobre la una menos
veinte, faltaban unos pocos minuto para la hora indicada; me metí en el mismo
lavabo, cerré la puerta y me senté. La simple espera me excitó como jamás
hubiera imaginado. A esas alturas, mis bragas parecían una esponja recién
sumergida en agua. Agarré uno de mis pechos y lo presioné fuertemente con la
mano. Cerré los ojos, apreté los dientes y me llevé la otra mano a la
entrepierna; estaba francamente húmeda. Apreté más fuerte mi pecho y lo
pellizqué. Necesitaba ser follada, no podía más, necesitaba sentir, satisfacer
mi deseo, era como el deseo de comer tras dos días de ayuno... te comes lo que
sea.
Abrí los ojos y me di cuenta de
que a mi lado, en el suelo, había una bolsa negra de terciopelo. La cogí, la
abrí y saqué de su interior una nota. En esta ponía:
“Si estás aquí es porque eres
una guarra y has querido ser nuestra puta esta noche. Desde este momento dejarás
de hablar y pensar, tan solo obedecerás. Sigue las instrucciones que se detallan
en esta lista:
1. Quítate la ropa y ponte la
minifalda y la camisa blanca que encontrarás en la bolsa, después te sientas.
2. Coge la cuerda que también
encontrarás en la bolsa y póntela sobre los muslos.
3. Coge el pañuelo negro y
véndate los ojos, después espera a que golpeen tres veces en la puerta, entonces
abres..
Seguí los pasos indicados.
Cuando hube acabado me senté y esperé.
Cuando escuché los golpes en la
puerta, el corazón me subió a la garganta. Me levante y palpé la puerta en busca
del cerrojo para abrirlo; después me volví a sentar. La puerta se abrió. Una
mano me agarró la cara y me la levanto.
- Vaya, estoy sorprendido...
una chica tan guapa como tu debería ser más selectiva a la hora de ofrecer su
cuerpo. ¿Qué opináis?.
-Es una zorra como otra
cualquiera, agárrala y vámonos.
-Levanta... nos lo vamos a
pasar muy bien contigo, no pensamos desaprovechar ni un solo rincón de tu
cuerpo.
Me cogieron del brazo y me
levantaron.
-Las manos a la espalda.
Me llevé las manos a la espalda
y me ataron las muñecas; imagino que con la cuerda que había dejado sobre mis
muslos
Salí de la estación arrastrada
por dos de los individuos. Salimos a la calle y me subieron a los asientos
traseros de lo que parecía un todo terreno. Se me sentaron uno a cada lado, por
lo que deduje que al menos serían tres. A los cinco minutos de camino noté como
una mano se colaba por el interior de mis muslos y como me introducían unos
dedos en la boca:
-Chúpalos- me ordenó uno de los
hombres.
Yo hice caso y comencé a lamer
los dedos entre jadeos; la situación me llenaba de excitación, hubiera hecho lo
que fuera en aquel momento, estaba dispuesta a todo.
Las manos que acariciaban mi
entrepierna fueron subiendo hasta llegar a mi ropa interior. Tras apartarme las
bragas con los dedos comenzó a introducírmelos por la vagina. Primero uno,
después un par, y comenzó a meterlos y sacarlos con gran destreza. Notaba los
fluidos recorriendo mi vagina.
Llevábamos largo rato de
trayecto cuando el todo terreno comenzó a tambalearse bruscamente. Debíamos
estar entrando en un camino de montaña. Solo cuando el coche se detuvo dejaron
de manosearme. Me hicieron bajar y me hicieron caminar unos metros. Por un rato
me sentí abandonada, habían parado el motor del coche y los tres se mantenían
callados. Solo sabía que permanecían allí gracias a que los faros del
todoterreno continuaban encendidos. ¿Qué estaban dispuestos hacerme?, no estaba
segura, y eso me excitaba aún más. Después de un rato de espera noté como
alguien se situaba detrás de mí. No me giré, pues no podía ver nada, y aunque
hubiera podido, y no me hubiera gustado lo que veía, no hubiera podido
defenderme con las manos atadas a la espalda. Unos brazos me rodearon desde la
espalda y comenzaron a manoseándome los pechos por encima de la camisa... y de
pronto, de un fuerte tirón, me la desgarraron junto con el sujetador. Nada más
pasar esto noté como rodeaban mi cintura con una cuerda y le hacían un nudo. Un
manotazo en el culo me hizo dar un pequeño grito y un paso hacía delante; este
vino acompañado de otro azote algo más fuerte... sentí como la palma de la mano
impactaba sobre mi nalga derecha, la misma en la que había recibido la anterior,
pero esta vez, mi paso adelante quedó frenado por la cuerda que tenía atada a la
cintura, y ello provocó que perdiera el equilibrio y cayera al suelo de culo. Al
tener las manos atadas a la espalda se me hizo difícil levantarme. Uno de los
chicos me colocó de rodillas mientras otro me cogía de la cabeza, obligándome a
doblar la espalda hacia delante. Intuía lo que me esperaba en ese momento; me
encontraba asustada, y al mismo tiempo excitada, y no deseaba otra cosa que ser
follada para saciar la subida de la libido. Noté como mis pezones se
endurecían... y mi respiración se acelera cada vez más. Algo de textura suave me
oprimió los labios de la boca; era sin duda la punta de una polla. No me resistí
y dejé que la verga entrara para acariciar mi lengua. Desde atrás me levantaron
la falda y con algún instrumento afilado me cortaron las bragas. Mi sexo comenzó
a sentir las caricias de unas manos fuertes y grandes pero que se movían con
gran agilidad. Al rato las caricias fueron acompañadas de secos guantazos en las
nalgas. Me gustaba sentir la palma de la mano impactando contra mi trasero
mientras tenía la boca llena. La temperatura de mis nalgas había subido con los
azotes. Debía tener el culo rojo cuando pararon, y pronto me dieron lo que tanto
deseaba: una polla que consolara mi sexo. Me penetraron violentamente y
comenzaron a follarme por turnos, mientras uno me penetraba por la boca, el otro
lo hacía por mi vagina, mientras el tercero me introducía sus dedos por el ano.
Mi vagina se había dilatado muchísimo, y eso no parecía gustarles mucho, así que
pasaron a usar mi canal más estrecho. Era la primera vez que iba a experimentar
el sexo anal, y estaba asustada, auque al mismo tiempo lo deseaba más que nada
el mundo, pues era una fantasía con la que había mojado muchas bragas. Al notar
la presencia de la punta de un miembro en mi estrecha entrada, sentí un
escalofrío por todo el cuerpo. Aquello podía resultarme muy doloroso, pero no
quise resistirme, necesitaba sentirme poseída. ¡Oh dios!, no acababa de creerme
que el dolor que sentía me llenara de gozo, y menos aún que me corriera de
aquella manera...
Fui manejada por tres individuos
que ni tan solo pude ver, me colocaron de diversas formas y jugaron conmigo a su
antojo. Se fueron cambiando de posición para hacer uso prolongado de mis tres
agujeros hasta que decidieron llenármelos de semen. Cada uno eligió un conducto
donde depositar su néctar. Al rato tenía el semen saliendo de sus recipientes.
Durante la ejecución de estos actos tuve tres orgasmos intensísimos que me
hicieron gozar del sexo como nunca antes había gozado... pero aún faltaba más.
Me vistieron y volvieron a
meterme en el coche. Desconocía que iban hacer conmigo, no sabía si me dejarían
donde me recogieron o continuarían usándome, y la verdad es que no me atreví
preguntar. Habíamos regresado a la ciudad, lo noté por la velocidad y la
continua parada del vehículo, seguramente a causada por los continuos semáforos.
Finalmente se detuvo y me llevaron a lo que debía de ser un apartamento que,
indudablemente, pertenecía a alguno de ellos.
Me sentaron en un sillón y me
ataron a él con las piernas abiertas sobre los reposabrazos. Desde la cabeza a
los pies quedé inmovilizada en el sillón nuevamente a disposición de sus
fantasías. Seis manos al mismo tiempo recorrieron mi cuerpo inspeccionando cada
rincón del mismo... metiéndome los dedos y dilatando nuevamente mis dos
entradas. Al rato dejaron de tocarme y noté una pequeña presión tanto en la
entrada de mi vagina como en mi culo. Poco a poco noté la penetración de dos
objetos por mis agujeros, el de la vagina era notablemente más grande y grueso
que el otro, y parecía tener una forma irregular, como una especie de pinchos
que resultaban ser de lo más placentero. Los dos instrumentos comenzaron a
entrar y salir acompañados de un pequeño ruido, al parecer aquellos dos
consoladores eran manejados por una especie de maquinaría que marcaba el ritmo
del movimiento. A los cinco minutos me volví a correr.
El ritmo fue subiendo poco a
poco. Cada vez entraban y salían con mayor rapidez... y con la velocidad
incrementaba mi placer. Debía de llevar cerca de 20 minutos con esos
consoladores cuando me pusieron unas pinzas en los pezones... el dolor que me
provocó el tener esas pinzas me excito muchísimo. Después dijo uno de los
chicos:
-Esta bien, vemos que estas
disfrutando mucho con esto... nosotros nos vamos, queremos que te familiarices
con la maquina, ya volveremos jaja.-
Eso me inquietó, ¿cuanto tiempo
iban a tardar? No sabía cuanto más aguantaría con aquello penetrándome....
El tiempo fue pasando y comencé
a sentir mis zonas más sensibles algo doloridas. Suplicaba que regresaran para
que me retiraran la maquina. No estoy segura del tiempo que pasó, pero recuerdo
que me encontraba exhausta y con mis dos agujeros doloridos cuando regresaron.
Me retiraron la maquina y me dijo uno de ellos:
-No queríamos que te fueras sin
tomar nada, así que fuimos a reponer un poco de fuerzas... nos dejaste secos en
la montaña. Queremos que te tragues toda nuestra leche guarra. Te has comportado
como una autentica puta, y queremos recompensarte.-
Me desataron y me pusieron de
rodillas. Fui chupando una a una sus pollas hasta que se fueron corriendo
dentro, después me obligaron a tragarme el semen que expulsaron. Jamás me había
sentido tan puta como ese día.
Me pusieron como única ropa una
camisa de manga larga de color blanca y me llevaron donde me habían recogido.
Allí me dejaron tirada y sin mi ropa.
Me siento avergonzada por lo que
hice, pero no me arrepiento. Esta experiencia despertó mis más profundas
inquietudes sexuales, y hoy por hoy disfruto de mi sexualidad libremente y sin
ningún tipo de prejuicio.