El Baile de los Incestos (Capítulo-II).
Asistí a un encuentro caliente entre madres e hijos y tuve la
enorme fortuna de follar con mi madre. Desde ese momento vivo en un mundo nuevo.
Soy Pancho Alabardero, tengo treinta y algunos años, vivo en
Madrid y hace unos días organicé un encuentro caliente entre madres e hijos al
cual denominé como "El Baile de los Incestos" que quizás hayan podido leer con
anterioridad. Algunas historias entre los protagonistas merecen capítulo aparte,
debido tanto a la intensidad de la relación entre ellos como por los
acontecimientos que sucedieron posteriormente, los cuales me han sido confiados
por los protagonistas. Así me los hicieron llegar y así se los transmito a
ustedes. Que los disfruten.
Hace algunas semanas me encontré en un foro de Internet con
una propuesta que podría denominar como "indecente". Proponían un encuentro
sexual entre mujeres maduras y chicos jóvenes y el premio sería un Mercedes de
clase A. Soy Alejandro Zarzalejos de Madrid, tengo veinticuatro años, acabó de
terminar la carrera de licenciado en derecho, mi novia de toda la vida me acaba
de dejar hace un par de meses de modo que lo que se dice follar, no follo, y
además cuando necesito utilizar un coche tengo que pedírselo a mi madre, de modo
que como ustedes pueden suponer, acepté la oferta en barbecho.
Para no aburrirles con detalles de la selección, les diré que
apenas un par de semanas después de mandar mi "solicitud", me encontré un
Viernes por la tarde en una casa rural cerca de Madrid en un salón donde
estábamos cinco chicos, más o menos de mi edad, y cinco señoras de mediana edad,
una de ellas era mi madre.
Yo me quedé literalmente "pasmado" porque desde siempre había
tenido a mi madre como una santa y aquí estaba, la muy puta, había venido a
follar con un chico joven, porque uno de estos que estaban conmigo y con los que
en el viaje de ida nos lo imaginábamos iba a ser de fábula, se iba a follar a mi
madre y además delante de mis barbas, la muy cabrona, además le dijo a mi padre
que se iba a casa de una amiga que se había mudado a vivir en el campo. Menuda
guarra, lo que había venido era a ponerle los cuernos a mi padre y uno de estos
se la iba a montar.
Yo desde que descubrí que mi madre estaba entre las
seleccionadas para follar con un chico joven, no daba pie con bola. Por un lado
no quería dejar de participar en el encuentro porque necesitaba por igual follar
y el coche, pero por otro lado ver a mi madre y ver que uno de esos chicos se la
iba a follar, me ardía la sangre y no sabía qué camino tomar, de modo que fui
dejando hacer.
A las señoras las identificaron con el nombre de una letra
griega, concretamente a mi madre la identificaron como señora Gamma. En el
sorteo para emparejarnos, salió la Alfa, la Beta y la Delta, sólo faltaban de
emparejar mi madre y otra señora y naturalmente solo dos chicos, uno, que fue el
que mejor me cayó desde el principio, y yo mismo, de modo que respire, porque
por lo menos mi madre follaría con un chico con el que había iniciado una
amistad, pero no fue así, porque el sorteo me emparejó con mi madre. Menuda
putada, iba a ser yo quien se la metiera a mi madre y quien le pusiera los
cuernos a mi padre.
Desde ese momento me quedé paralizado, me angustiaba tener
que metérsela a mi madre, me aterrorizaba su reacción y me jodía enormemente
perder el Mercedes de clase A, porque además ya lo había elegido, uno de color
negro y con todos los extras, vamos una pasada, pero si quieren que les diga la
verdad, para joderme, joderme, me jodía enormemente no poder tirarme a una de
esas tías que estaban riquísimas, sobre todo una de ellas, la señora Delta,
estaba para tirar cohetes, y mi madre, la pobre, estaba delgada y aparentemente
poco apetecible, por lo menos para mi.
Cuando por fin todos nos dispusimos a follar, cada uno con su
pareja, mi madre y yo nos quedamos como petrificados. No nos atrevíamos ni a
mirarnos y de pronto vi que mi madre hacía como intención de marcharse. Yo
entonces reaccioné, y créanme ustedes, en ese momento no pensaba en el coche que
iba a perder, pensaba en los polvos que no iba a echar y clavé mis ojos en los
de mi madre y prácticamente con la mirada la conminé a que se quedara y follara,
que a eso habíamos venido los dos.
Mi madre reaccionó muy bien y se empezó a quitar la blusa y
la falda y eso me envalentonó. Bueno eso y al ver a mi madre que había venido
vestida para follar. La muy puta, se había puesto un conjunto de ropa interior
de lo más sexy. Traía una braguitas de encaje negro con detalles de cintas rojas
y lo mismo el sujetador, que eran tan ajustado que le saltaban las tetas del
interior, bueno no sólo por lo ajustado, además es que nunca me había percatado
que tenía unas tetas duras y empinadas que daban gloria verlas.
Yo me desnudé raudo para recuperar el tiempo perdido y de
inmediato le quité las bragas a mi madre, y ahí fue cuando la polla se me puso
como un poste, la muy zorra, tenía una mata de pelo en el chumino que te quitaba
el hipo, además le metí un dedo en el chocho y lo tenía totalmente mojado, que
hija de puta, estaba cachonda y con ganas de que se le metieran.
Yo creo que eso me trastornó, porque de pronto me sentí un
afortunado de tener la hembra que tenía delante, de que esa hembra fuese mi
madre y de que mi madre fuese tan cachonda. La tumbé en el suelo, le abrí las
piernas, se la metí y me sentí flotar en el cielo, pero no me duró demasiado,
porque mi madre, que hasta ese momento había permanecido francamente estática,
al sentir que se la habían metido, se transformó y pasó de mujer pasiva a hembra
en celo.
No sé ustedes, pero yo hasta el momento nunca me había
acostado con una mujer madura y que además te jalease para que la jodieras,
porque eso es lo que hacía mi madre. De pronto se subió encima de mí, se me
montó a horcajadas y me empezó a follar y a ilustrarme en esto de joder. Lo
primero que hizo fue susurrarme al oído que tenía una polla de oro y además la
atrapó con sus músculos vaginales y me la estrujaba dentro de su chumino que
daba gloria sentírmela dentro de su chocho.
Todo esto de los músculos vaginales se lo digo porque ella me
lo cuchicheaba lamiéndome el óvulo de la oreja y pellizcándome con una mano el
pezón de las tetillas, además los vaivenes de metérsela y sacársela eran suaves,
pero intensos. Quiero decir que su chumino era todo suavidad pero lo hacía con
una intensidad que yo nunca antes había sentido, de modo que me corrí como lo
que era, como un principiante contra una experta.
Ella sintió cómo me vaciaba dentro de ella, pero no me la
sacó, al contrario, se volvió a dar la vuelta y me puso encima de ella para que
la siguiera follando. Ahí empezó una nueva batalla, porque yo ahora, mucho más
calmado aunque con la polla un tanto flácida, la miraba a la cara, me deleitaba
mirándome en sus ojos, la besaba en los labios, incluso le llegué a meter la
lengua en su boca y pude mantener mi polla en razonable erección para continuar
metiéndosela y sacándosela, eso sí, ahora era yo quien le susurraba al oído,
despacito, despacito, para decirle cosas y que nadie más que ella las escuchara.
Y lo primero que le dije es que follaba de puta madre, le
dije que tenia un chocho deslumbrante y atractivo, con tanta pelambrera que daba
gloria verlo, que lo tenía muy mojado y muy resistente.
-Marisa lo tenía blando y seco, se lo tenía que mojar con
saliva- le dije despacito al oído. Ya supondrán que Marisa era mi novia, la que
hace un par de meses me dejó.
-¿Has follado mucho?- le pregunté mirándola a los ojos.
-Un montón de veces, me encanta follar con chicos jóvenes
para enseñarles, pero cada vez me es más difícil encontrar chicos nuevos- me
dijo mientras rezumaba deleite por todo su cuerpo.
-Enséñame a follar, enséñame a follar como tú- le dije
suplicándola mientras se la metía y se la sacaba ya con la polla un tanto
restablecida.
Ella poco a poco iba ganando en intensidad y ya
descaradamente se le notaban sus jadeos, comprendí que se me iba a correr y en
ese momento noté una erección descomunal dentro del chocho de mi madre, a la vez
que noté que sus nalgas se ponían con carne de gallina, que sus ojos
desvariaban, que sus labios temblaban y que su cuerpo entraba en convulsiones
rítmicas y espasmódicas… y se me corrió.
Me gustaría decirles lo feliz que me encontraba, me gustaría
contarles que me sentía el rey del mundo, me gustaría que supieran que era el
momento más feliz de mi vida, pero quedaría ensombrecido por lo que en realidad
sentía. Sencillamente había probado la fruta del árbol prohibido del paraíso y
me entusiasmaba.
Aquella noche pude hablar en privado con Antonio, el chico
con el que hice amistad nada más comenzar el viaje. Su pareja era una gorda, una
mujer obesa y a él le había visto follando con ella un tanto desganado. Me
felicitó por el polvo que le había metido a mi pareja y directamente me
preguntó:
-La señora que te has follado es tu madre verdad-
-Joder, como has podido averiguarlo- le pregunté extrañado.
-Sencillo, la mujer que abandonó la estancia nada más vernos
todos juntos era mi madre y tú venias entusiasmado pensando en follar con una
madura, pero al ver la que te tocaba te quedaste paralizado, de modo que supongo
que todos habéis follado con vuestras madres, excepto yo que me pusieron una
sustituta porque mi madre no supo estar a la altura de las circunstancias-
Ahora lo entendía, mi madre y yo nos quedamos rezagados, pero
a los demás les ocurrió más o menos lo mismo hasta que traspasaron la frontera.
Todos estábamos cometiendo incesto y por lo que se ve a todos nos entusiasmaba,
porque mire a un lado y a otro y todas las parejas estaban de lo más feliz.
Si leyeron el anterior relato de "El Baile de los Incestos"
recordarán que a partir del sábado por la tarde, después del sexo oral había
barra libre. Cada uno podía hacer lo que quisiera siempre que el otro se lo
permitiera, de modo que pedí permiso a mi madre para que mi amigo Antonio se la
tirase. Ella aceptó y Antonio al menos tuvo un premio de consolación. Yo traté
de tirarme a la gorda, pero la tía no estaba por la labor, también se había dado
cuenta de que todos teníamos una relación filial madre-hijo y la tía estaba que
trinaba porque su hijo no se la follara a ella, tanto que pidió permiso al
coordinador del "party" y consiguió que le trajeran a la fiesta a su hijo para
follárselo.
También intenté tirarme a la señora Alfa, que la muy jodida
tenía un culo tremendamente provocador, pero su hijo estaba al quite y tenía la
mano cubriendo el chocho de su madre para que nadie se la metiera, pero lo que
no consiguió es que, al menos, le metiese un restregón en su culo con mi polla.
Los Beta nada de nada, vivían el uno para el otro y no dejaban ni acercarse y
los Delta a esas horas estaban ya medio borrachos y estaban medio desaparecidos,
de modo que sólo Antonio, mi madre y yo conseguimos sintonizar.
A la semana siguiente fui a ver a Pancho Alabardero. Era el
dueño de una empresa con muchos trabajadores y me prometió que me recibiría para
ver si me podía dar trabajo. Mi currículo no era malo, pero como tantos que hay
en la actualidad en Madrid, joven aunque sobradamente preparados y sin trabajo
adecuado a nuestra preparación, pero había algo en mi currículo que le llamó
poderosamente la atención.
-¿Hablas árabe?- me preguntó un tanto extrañado.
Y me mandó de inmediato a ver a la jefa de personal Pepa
LaDiosa que me ofreció un trabajo que yo una semana antes ni podía soñar, y es
que la empresa realiza una gran parte de sus negocios con países del mundo
árabe.
¡Ah! se me olvidaba decirles que mi madre es de origen árabe
y que en casa de mis abuelos siempre se habla en árabe. Se me olvidaba decirles
que mi madre tiene una mata de pelo cubriéndola el chocho que lo hace realmente
irresistible. Se me olvidaba decirles que siempre pensé que mi madre era una
mojigata en materia sexual, pero que tras cualquier mojigata se puede esconder
una folladora de primera, y se me olvidaba decirles que nada más metérsela a mi
madre, tuve la certeza que mi vida había cambiado radicalmente… a mejor.
Pancho Alabardero
alabardero3@hotmail.com