DEBUT HOSPITALARIO
Soy una mujer como tantas otras, felizmente casada, con una
profesión que me hace sentir a gusto y una vida normal. Tengo 32 años, llevo 8
años de matrimonio y trabajo de enfermera en un hospital donde me encargo de la
sala de mujeres que han dado a luz. Mi matrimonio fue planeado y soñado,
teníamos todo imaginado como si las cosas sucedieran según los deseos de cada
uno, pero un día me di cuenta que la vida no está prevista desde antes y que a
veces surgen piedras en el camino y muchas veces esas piedras son verdaderas
rocas muy difíciles de pasar.
Eso me sucedió hace 3 años cuando sentí la urgente necesidad
de ser mamá, tanto trabajar con mujeres que recién dan a luz y con bebés recién
nacidos que mi instinto maternal se materializo en la necesidad de tener mi
propio hijo. Un bebé mío y de mi marido… incluso imaginaba la búsqueda de ese
bebé como algo hermoso, hacer el amor teniendo la certeza de estar engendrando
un ser. Comenzamos con la tarea de buscar los días más fértiles, de tener
relaciones en esos días y efectuar todos los consejos de los allegados… pero… el
bebé no venía. El tiempo fue pasando y de pronto ya llevábamos muchos meses en
la búsqueda y cada vez que me llegaba el período me sentía más frustrada.
Fui a una consulta con mi ginecólogo, el que inmediatamente
me indicó una serie de análisis para descartar algún problema, todos dieron
bien. Allí surgieron grandes discusiones con mi marido se negaba rotundamente a
hacerse un espermograma, él suponía que era cuestión de tiempo y que el bebé ya
iba a llegar. No hubo argumento capaz de hacerlo cambiar de opinión. Eso nos
distanciaba cada vez más.
Un día estaba muy triste y le conté a un compañero de trabajo
lo que sucedía, él en broma me dijo, bueno pero eso no es problema!!!, si él no
accede entonces que sea padre de todas maneras!!!... ¿pero cómo? Le pregunté… él
sonriendo me dijo: metele los cuernos!!! Avivate!!!
Desde ese día esa idea no se me iba de la cabeza… entonces
decidí llevarlo a la práctica, yo quería un hijo y mi marido no estaba dispuesto
a mover un dedo por eso, entonces de todas maneras iba a tener mi hijo. Le pedí
ayuda a mi compañero, que me diera consejos sobre como llevarlo a la práctica…
en esa charla quedamos de acuerdo en que el papá de mi hijo debería tener
facciones parecidas a mi marido. Por lo tanto me pasaba en la calle buscando
alguien que se le pareciera. Aunque no me imaginaba como encarar a un hombre.
Pero era tanto el deseo que me movía a ser madre que no me importaba nada más.
Un día estaba en mi casa… (tenía franco)… suena el teléfono y
era mi compañero… me dijo: ¿por casualidad… estás en los días fértiles?... yo le
dije que sí que quizás faltaban un par de días pero que estaba dentro del
período de fertilidad. El me dijo: tengo la solución para vos, pero tiene que
ser ya. Vení volando al hospital.
Tenia tanta emoción que apenas me vestí salí corriendo…
llegué y busqué a mi compañero… me dijo: tengo un chico de 15 años que está
internado para una operación de apendicitis que se le practicara mañana, él
parece un clon de tu marido con algunos años menos… está tan asustado que se me
ocurrió una idea… mi compañero había entrado en confianza con el muchacho, de
allí le sacó que nunca había estado con ninguna mujer, el chico era virgen,
entonces se le ocurrió decirle que a muchas personas cuando tienen relaciones
sexuales se les suele desinflamar el apéndice y que muchos se salvan de la
operación, obviamente que no resultaba con todos pero si él quería lo podía
ayudar.
El chico no daba más de la emoción, no sé si era por tener su
primera vez o por salvarse de la operación, de todas maneras, yo también estaba
tan o más emocionada que el muchacho. Esperamos un tiempo prudencial y entramos
a la habitación… mi compañero nos presentó y le dijo que yo era una buena amiga
que iba a tratar de ayudarlo para ver si se le desinflamaba el apéndice… era
cierto; el muchachito era igual a mi marido… ojos grandes, cejas bien marcadas,
cabello ondulado, castaño con tintes rojizos… apenas me vio se puso colorado
pero debajo de las sábanas se notaba como su bulto virginal iba aumentando de
tamaño. Mi compañero me hizo señas de que debía apurarme… era allí o nunca… por
lo tanto me subí arriba del chico… tenía una carita de asustado que hasta me
daba ternura, él no podía creer lo que estaba sucediendo, abrí mis piernas y
lentamente fui introduciendo ese vigoroso y virginal pene… fue delicioso ver
como se le doblaban los ojos de placer, como los abría y cerraba disfrutando con
mis movimientos ondulantes, la tenía recontra dura, pero estaba tan desesperado
que enseguida comenzó a lanzar el manantial de su ser dentro de mí, yo estaba
feliz imaginando que dentro de pocos días tendría la maravillosa noticia de ser
mamá. Y obviamente iba a tener que darle la razón a mi marido… "que con el
tiempo iba a quedar embarazada".