Me llamo Alberto, tengo 32 años, soy un tipo con un buen
físico, me considero atractivo, con ojos color verde, piel morena, cabellos
castaños y una buena talla, soy casado y tengo un hijo de un añito.
La historia que les voy a relatar me sucedió hace un par de
años.
La familia de mi esposa vive en una ciudad ubicada al norte
de mi país. Resulta que el hermano menor de ella (de 18 años) había decidido
venir a la capital para seguir estudios universitarios y había elegido nuestra
casa para hospedarse durante un tiempo hasta buscar otro lugar, no tuvimos
ningún problema y decidimos recibirlo. Mi mujer acondicionó un cuarto para
recibir a nuestro esperado huésped.
Días después saliendo de trabajar y rumbo a mi casa encontré
a mi cuñado que había llegado de su largo viaje y muy afectuosamente me saludo.
-Hola Alberto estoy agradecido por haberme recibido en tu
casa-me dijo.
Sonreí a lo cual respondí: "No es problema, esta es tu casa y
si necesitas algo estoy para ayudarte".
-Gracias eres muy amable me dijo.
Note que estaba algo cambiado, como que era muy refinado y
por su aspecto se veía medio rarito, además; me daba unas miradas en algunas
partes del cuerpo que me incomodaron un poco.
¡Andrés estás imaginándote cosas que no son!, pensé.
Mi esposa estaba muy contenta con mi cuñadito, pues este
ayudaba mucho en los quehaceres del hogar, ni bien llegaba de sus estudios se
disponía de inmediato a apoyarla en lo que podía; cosa que yo no hacia porque
para ello era bastante flojo.
Durante un par de semanas las cosas estaban normales, había
diálogos amenos entre mi mujer, Edgard (mi cuñado) y yo; aunque siempre quedaban
esas miradas por parte de él hacia mi, que al comienzo me incomodaban pero
después no le daba importancia total si era gay para mi no era ningún problema.
El sábado de esa semana mi mujer se sentía mal debido a que
se encontraba gestando y como era costumbre los fines de semana salimos a hacer
compras para la casa y uno que otro paseo, ir al cine y esas cosas que forman
parte de la vida de una pareja de casados. Sin embargo mi cuñado se ofreció
cortésmente a acompañarme, hasta allí todo bien. Me dispuse a sacar el auto de
la cochera mientras el se iba a cambiar de ropa para salir, no tardo mucho y
salimos.
En el camino hablamos de muchas cosas de él y algunas mías.
Pero no me atrevía a preguntarle sobre sus novias puesto que no me había
comentado nada de eso y además no quería incomodarlo, aunque si me daba cuenta
que de vez en cuando me miraba el paquete, creo que ya no tenía dudas mi
cuñadito era gay.
En el supermercado compramos las cosas necesarias y me
dispuse a alquilar algunas películas para distraernos en casa con mi mujer ya
que ella estaba delicada y no habíamos salido.
Mi cuñado salió por la tarde y yo me quede con mí querida
mujercita pensando en pasar buenos momentos en lo que resta del día, estaba con
ganas de tener sexo con ella pero debido a su estado no lo pudimos hacer, me
quede frustrado pero que se iba hacer. Vimos algunas películas, hubo unos
cuantos tocamientos y nada más. Al rato ella se fue a dormir y me quedé
entretenido viendo una película muy buena llamada "Troya". En algún momento me
quede dormido y cerca de las 3 de la mañana mi cuñado me estaba despertando, lo
note algo ebrio le agradecí y me dispuse a ir a mi habitación y le dije que se
fuera a dormir, se quedo parado sin hacer nada y me acerque para llevarlo a
dormir:
-Estás muy pasado de copas yo te llevo-
-No yo quiero seguir tomando contigo unas copas- me
respondió.
-Es tarde y tu hermana se va a molestar porque estas así-
-No me importa me contestó vamos a otro lado.
-A donde.
Y de una manera descarada me dijo que a su cuarto.
No le insistí; debido a su estado, lo abrace y lo guié para
que se vaya a dormir. Se dejo llevar, pero al llegar me abrazo fuerte y me
agarró mi bulto, mi nerviosismo hizo que soltara una carcajada pero muy en el
fondo me gusto; tal vez fue porque no hacia el amor con mi mujer varios días o
quizá me atraía mi cuñadito y no lo quería aceptar o tal vez se debía a la
situación, era un sin fin de sentimientos encontrados que me turbaron, pero
reaccione y le dije que respetaba su opción pero que no me gustaban los hombres
y que amaba a su hermana, me miró y se echo a dormir.
En lo que restaba de la noche no pude dormir pensando en
aquella situación que me perturbaba, pero que me excito muchísimo, quería
levantarme y hacerlo mío, me imaginaba haciéndole el amor, explorando su
anatomía;( que se notaba que estaba bien formado) penetrándolo, besando toda su
cuerpo, tan lampiño, tan joven, tan ansioso de entregarse a un hombre.
Por la mañana había resuelto en hacer como que no hubiese
pasado nada me retiré a trabajar pero de mi cuñadito no vi ni su nariz. Iba en
camino a mi trabajo en mi auto pensando en ese chiquillo que no se como me había
confundido de esa manera, quizá haberme descubierto que era bisexual, pero me
negaba a aceptarlo yo Alberto que había tenido un montón de mujeres, que en el
rincón de las cuatro perillas hice gozar a muchas de ellas, que había dejado esa
vida de pura diversión por una mujer, que iba a ser padre, que a estas alturas
de mi vida ya tenia claro lo que quería, ¿Qué fue lo que pasó?, me preguntaba y
no encontraba respuesta.
Al siguiente día lo vi, se le notaba avergonzado, pero trate
de no hacerlo sentir mal pues, lo salude con una sonrisa, estaba esquivo y
salió. Yo puse de mi parte para que nuestra relación de cuñados siga bien y de
allí en adelante lo que venga. Estaba dispuesto a darle lo que quería, tenia que
encontrar el momento para tenerlo, sin que su hermana se diera cuenta.
.
Por la tarde, mientras dormía Lidia; (mi esposa); que por
cierto durante el embarazo se le había dado por dormir mucho, trate de buscarlo
y conversar con él sobre lo sucedido (que era un pretexto en realidad para
lograr mi cometido) , salí, me dirigí hacia su cuarto, el cual se encontraba
cerrado, toque y el abrió:
-Hola puedo pasar-.
-Si pasa-
Al entrar cerró la puerta.
-No quiero que te incomodes por lo de la otra noche. Le dije-
-Pensé que ibas a decírselo a mi hermana, me moría de la
pena. Quiero que me disculpes, no sabía lo que hacía, si quieres me voy de tu
casa.
Me puse muy cerca de él, y le contesté:
-No es necesario, pero quiero que me hagas un favor a cambio
de mi silencio, que me mames la verga.
Él me miro con una cara de susto y excitación y sin decir una
sola palabra se abalanzo sobre mi paquete que ya estaba erecto lo saco de entre
mi pantalón y mi slip y miró mi pieza. Yo con mis manos agarre mi verga y se la
ofrecí para que se diera un gran festín con ella. Sin demora, agarre su cabeza y
se la introduje dentro de su boca, para que lo sintiera hasta el fondo de su
garganta, veía como su boca pequeña, de adolescente, disfrutaba golosamente de
mi pene maduro y bien desarrollado y me alivie, esas ganas de cogerlo, sin
complicaciones, sin culpas y disfrutar de lo que estamos viviendo. El por su
parte, succionaba con experiencia, recorría con su lengua mi excitado glande, ni
mis huevos se le escapaban, mientras con sus manos recorría mi pecho por debajo
de mi camisa, mis nalgas, todo lo que podía tocar. Estuvimos así cerca de 15
minutos, de un momento mis movimientos dentro de su boca eran más rápidos,
sintiendo que estaba a punto de darle mi leche.
Mi cuñadito presintiendo del torrente que le iba a lanzar
movía su boca con bastante gozo, hasta que no pude más y mi abstinencia de
varias semanas, se convirtió en una descarga incesante de semen que el muy
goloso tragaba sin dejar de perderse ni una sola gota, el muy puto succionaba
hasta extraer todo.
Inmediatamente me guarde y le pregunté:
-Te gusto mi pija.
-Es lo que deseaba por mucho tiempo desde que te conocí, me
dijo el muy puto.
Salí de su cuarto con la preocupación de que mi esposa haya
oído algo, pero para mi suerte se encontraba bien dormida. Me acoste a su lado
pensando en su hermano y bastante convencido de que la siguiente vez iba a ser
fenomenal.
Continuará…