[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ]
 Enlace Recomendado del día: [ Contactos Personales ]
 1,020,719 Miembros | 12,811 Autores | 53,899 Relatos | 3,867 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
SITIO DESTACADO
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
COMUNIDAD
EXTRA
VARIOS
 
 
TIENDA
TODORELATOS » RELATOS » LO BUENO, SI DOBLE, CUATRO VECES BUENO (4)
[ Lo que se han de comer los gusanos, que lo disfruten los cristianos. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 17 de Mayo, 2008.
Fecha: 12-Ago-06 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2275 de 3270)

Lo bueno, si doble, cuatro veces bueno (4)

saraslla
Accesos: 3,828
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 29 min. ]
 -   + 
De cómo cambian las vidas de cuatro personas totalmente (acaba octubre). Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

23

Laura estaba siendo salvajemente penetrada por Ricardo, gozando como nunca había gozado. Su polla entraba una y otra vez en su coño, y Laura pedía más, y más…

Y entonces Laura despertó. Estaba en su habitación, era la tarde del jueves y se había quedado dormida en su mesa, donde estaba trabajando. ¡Qué sueño! Había gozado más que en cualquier momento de su vida, y no era más que un sueño. Laura estaba temblando y sudando.

"Eres la chica más lista de tu edad que he conocido. Y la más guapa"

No se podía concentrar en sus deberes. No podía. No hacía más que pensar en aquel hombre, en Ricardo. Pensó que lo mejor sería salir a la calle un rato, para relajarse y despejarse. "Y tal vez vea a Ricardo". A pesar de que el pensamiento era absurdo (vivían en las afueras), no pudo evitarlo. Tal vez fuera por eso que, inconscientemente, eligió una falda en vez de sus habituales pantalones; y tampoco se puso una blusa demasiado holgada. Bajó de un salto al piso de abajo.

Su madre, como siempre últimamente, se hallaba ausente. En su defecto, había una criada en la cocina, recién contratada por su madre, encargándose de la cena. A Laura no le hacía mucha gracia que otra persona entrara en la casa, suplantando a su madre en parte. Pero lo peor no era eso. Su madre seguía vistiéndose como una zorra (Laura no podía buscar otro adjetivo) para ir a cualquier sitio, pero la diferencia era que ahora estaba siempre muy contenta. Además, había oído comentarios en el Instituto según los cuales su madre se estaba comportando realmente como una zorra. Ya para colmo, varios alumnos en el Instituto (los más estudiosos) comentaban que ya no daba las clases como antes, que no las preparaba tan bien… Y eso debía ser verdad, porque Laura nunca la veía haciendo lo que tenía que hacer.

Todavía pensando en eso salió de casa. La brisa fresca del atardecer atizó su rostro, y Laura olvidó a su madre y se puso a pensar en Ricardo de nuevo, mientras caminaba lentamente por la calle. Era imposible que se encontrara con él por aquí. ¿Para qué iba a venir? Por eso Laura no estaba preparada para oír de nuevo su voz.

-Hola guapa.

Ricardo estaba de pie, detrás de ella.

-Ricardo –la cara de Laura se iluminó con una sonrisa. -¡Qué sorpresa! ¿Qué haces aquí?

-¿Y si te dijera que he venido a verte? –le contestó sonriente.

-No te creo… ¿para qué querías verme entonces?

-Digamos que simplemente me gusta verte.

Laura estaba cada vez más cortada. Las palabras llegaron a su boca antes de que se diera cuenta, y a medida que las iba diciendo se daba cuenta de la estupidez que estaba haciendo, pero no pudo evitarlo.

-Ricardo, estoy enamorada de ti. Estoy locamente enamorada de ti, perdidamente enamorada. Haría cualquier cosa por ti. Eres como… un…. ángel… para mí…

Entonces se puso coloradísima y huyó corriendo. No paró hasta llegar a su casa. ¿Qué coño había hecho? ¿Había echado a perder la única oportunidad de estar a aquel hombre que tanto deseaba? ¡Qué estúpida había sido!

Pero si hubiera mirado a la calle hubiera visto la sonrisa de lobo que puso Ricardo. Y se le hubiera alegrado el corazón.

 

24

Álex y Sandra estaban tan pegados y tan abrazados que era difícil distinguir de quién era cada brazo y cada pierna desnuda. Se acababan de echar el polvo más bonito, más apasionado, más duro y más sentido de toda su vida. Al menos así era para Álex. Y la cara de satisfacción de Sandra no dejaba tampoco lugar a dudas.

La habitación se hallaba a oscuras, ya era tarde. Afortunadamente sus jadeos y suspiros no parecían haber traspasado las paredes de aquella habitación.

Estaban ambos sudando. Los labios de Álex buscaron de nuevo las de Sandra, comenzando otro apasionado morreo. Se iban calmando, ya. Pero sus cuerpos seguían pegados.

Álex había follado innumerables veces, con todo tipo de chicas, pero ninguna vez había sido como esta. Sus cuerpos se habían fundido perfectamente desde que entraran a la habitación de Sandra. Sus movimientos parecían previamente estudiados y ensayados. Casi sin decir una palabra, los dos sabían perfectamente qué hacer, qué quería el otro. Parecían hechos a medida.

Álex y Sandra. Parecía una unión tan natural…

Finalmente Sandra se hizo a un lado. Álex apartó su melena rubia de la cara y encendió un cigarro.

-¿Qué tal, mi amor?

Los ojos de Sandra brillaban en la oscuridad.

-De puta madre –dijo sonriendo. -¿Tú?

-Nunca mejor.

Las palabras sobraban en aquel momento. Álex miró al perfecto cuerpo que hacía unos segundos estaba sobre él. Una melena teñida con tonos amarillos y marrones, ahora suelta, ocultándole parcialmente la cara. Un cuerpo moreno, fuerte y a la vez delicado y femenino. Suave. Con unas grandes curvas. Las tetas más ricas que Álex nunca había probado. Unos pezones duros y oscuros que invitaban al morbo…

Al lado de otro cuerpo, masculino, musculoso, fuerte y duro, perfecto.

-Pensar que te resistías a salir conmigo…

-¿Qué quieres? No soy una chica fácil.

Ambos sonreían. Álex adivinaba el pensamiento de la chica, y estaba seguro de que ella el suyo también. Pensaban al unísono, lo mismo.

-Es una pena que tenga que irme… -dijo Álex con voz melosa.

-Es un poco tarde para volver a casa. Puedes tener un accidente en moto… -dijo Sandra con picardía. –O pueden atracarte… o incluso violarte, y yo me pondría muy celosa… Quédate aquí toda la noche.

-No podré dormir. Tus padres están por ahí. Tu hermano es mi amigo y está al lado. Y… tú no me dejarías cerrar ojo, no puedo apartar la vista de tu cuerpo… y de tu cara –Álex hablaba lentamente, casi más para él que para ella.

-Bueno… no te preocupes por mis padres, no se enterarán de nada. Ni de mi hermano, no es la primera vez que estoy con un chico aquí. Olvida que es tu amigo. Y con respecto a mí… -sus ojos brillaban con malicia –¿quién te ha dicho que vayamos a dormir?

Álex se lanzó sobre Sandra. Los dos cuerpos se volvieron a fusionar y durante horas, fueron uno sólo de nuevo.

 

25

Ricardo se sentía victorioso. Estaba a punto de ganar la partida. Y no había sido difícil.

La niña era bastante tonta. Había caído a sus pies.

Con una facilidad asombrosa. Con demasiada facilidad.

Un pequeño sentimiento de compasión se apoderó de Ricardo. La verdad es que era una niña tan inocente… parecía cruel hacerle nada.

En seguida la crueldad se apoderó de él. La niña apareció en la calle, y Ricardo no pensó en otra cosa que en apoderarse de ella y obligarla (no por la fuerza) a cambiarla totalmente.

Al fin y al cabo, era el precio justo por estar esperando horas y horas enfrente de su casa.

Cuando Laura lo vio quiso evitarlo. Cruzó la acera. Ricardo respiró hondo, como siempre que quería calmarse. Sonrió y cruzó la acera.

-¡Laura! ¡Espérame!

Como única respuesta Laura apretó el paso.

-Laura por favor… -Ricardo la alcanzó. –Déjame decirte lo que te tenía que haber dicho ayer, cuando tú me confesaste lo que sentías por mi. De no ser yo tan cobarde, todo estaría ya solucionado.

Ricardo pensó que tendría que haber sido actor, cuando Laura se quedó quieta y se dio la vuelta, lentamente. Le miraba con ojos llorosos.

-Ricardo, lo siento, no debía haber dicho nada.

Ricardo le puso un dedo en los labios.

-Laura, ¿crees que yo no estoy perdidamente enamorado de ti? –Laura alzó la cabeza, esperanzada. –Laura, estoy loco por ti. Desde la primera vez que te vi, quedé embobado al ver lo guapa que eres, y lo inteligente y simpática que eres. No te he dicho nada porque pensaba en mi familia… Pero esto es demasiado fuerte para seguir ocultándolo.

-¿Me lo dices de verdad? –dijo la niña, con una voz absurdamente infantil.

-Totalmente.

Lentamente, ambos se dieron un beso. Un beso en los labio. Un simple beso.

Pero aquel beso cambiaría la vida de Laura.

-Ahora escúchame, Laura. Esto que te voy a decir es muy importante. Yo tengo treinta años más que tú. Una familia, una mujer y tres hijos. Y no les quiero hacer daño.

-Tranquilo, eso no me importa –dijo Laura. –Lo único que me importa es estar contigo.

Ricardo sonrió.

-En ese caso, tendríamos que mantener lo nuestro en secreto. Seremos amantes, pero sin que lo sepa nadie. Como si fuera una película.

-Perfecto. Entiendo que no quieras hacer daño a tu familia. No te preocupes. Haremos todo como tú lo digas.

-Muy bien, Laurita. Yo estoy muy ocupado muchas veces… pero te voy a proponer una cosa. Para que nos conozcamos a fondo, y para comenzar nuestra relación… creo que deberíamos estar juntos durante unos días. Un fin de semana. –Ricardo aparentó duda. -¿Qué te parecería si el fin de semana que viene (este no, tengo un compromiso) fuéramos los dos a una casa de campo que tengo. Los dos solos. Un par de días.

"Jaque", pensó Ricardo. Ahora tenía que esperar cómo reaccionaba. Suponía que la niña pondría pegas, o dudaría, o que diría que tendría que hablar con su madre. Pero la respuesta lo sorprendió.

-Me encantaría, Ricardo. Cariño. No hay ningún problema. Me encantará estar contigo solo en la casa de campo. Haré todo lo que me digas, no seré un estorbo. Y sé cocinar, limpiar…

-¿Y tu madre?

-No te preocupes. Me dejara. Yo me encargo de ello. –y le dio otro beso, más profundo.

"Jaque mate" .

 

26

En la agenda de Ángela el sábado veinticuatro de octubre estaba marcado con un rotulador rojo. Un curioso círculo con una ligera forma de corazón. Era el día en que había quedado con Ricardo para cenar.

Aquella noche Ángela estaba sola en casa (exceptuando a varios criados que no cuentan, todos ellos se irían a casa pronto), poniéndose el mejor vestido negro que tenía, y muchas joyas y colgantes de oro, auténticos. Quería estar bien guapa para Ricardo. Sus dos hijos estarían fuera toda la noche. Su marido, muy enfadado, se había marchado a los Pirineos, junto con otra pareja.

"Yo debía haber ido con él". Pero si había que elegir entre un fin de semana en los Pirineos con su marido esquiando y ella aburrida charlando en un restaurante con un montón de gente rica, y una cena con Ricardo, se quedaba con lo segundo. A su marido no le había dicho lo de la cena. Por si acaso. Ángela no creía que estuviera mal cenar con otro hombre, pero a su marido no le hubiera gustado saberlo. Mejor mantenerlo en secreto.

Ya que la casa estaría vacía, Ángela pensó que podría invitar a Ricardo a tomar una copa a su casa, después de la cena. El pensamiento le vino de repente, y no quiso pensar en ninguna posible consecuencia. Iba a pasárselo bien con otro hombre casado y ya está.

 

27

Ricardo entró en casa de Ángela tras ella. Eran ya más de las doce, pero la cena se había alargado. No había estado mal, aunque Ricardo se había aburrido un poco. La cara de boba que ponía Ángela delante de él era de chiste. Después, Ángela misma le había invitado a su casa. Había conducido él, que no había bebido. Pero se había asegurado de que Ángela bebía varias copas.

En la casa no había nada barato. Todo en perfecto orden, hasta los más mínimos adornos eran de lujo. Entraron en la sala, donde Ángela sirvió otras dos copas de champán, del auténtico.

-Muchas gracias por todo, Ricardo.

Ricardo se estaba cansando de aguantarla. Ya era hora de ir a saco.

Su mano derecha apretó una teta de Ángela, sobre el vestido.

Y Ángela no se movió.

Ricardo siguió estrujando, apretando, pellizcando, haciendo daño en aquella teta.

Ángela no se movió.

Ni dijo nada.

Empezaron a morrearse. La copa cayó de la mano de Ángela, y se rompió. Las manos de Ángela comenzaron a acariciar la espalda de Ricardo. Éste sacó las tetas de Ángela del escote y comenzó a estrujarlas, a mamarlas, con fuerza, haciendo daño.

Y Ángela se dejaba hacer.

-Vamos a mi habitación, cariño –fue lo único que dijo.

Nada más entrar se tiraron a la enorme cama de matrimonio de Ángela. Que estaba rodeada de fotos de toda su familia.

Y en la cama, Ricardo y Ángela se desnudaron y follaron. Follaron salvajemente. Ricardo clavaba su considerable polla en las entrañas de Ángela, muy a su pesar, con condón. Ya habría tiempo de hacerlo sin él. Sin parar, seguía chupando y succionando aquellas tetas que necesitaban una mejora. Tras correrse, le exigió que le hiciera una paja. Ángela se la hizo sin rechistar. No se atrevió a hacerlo por el culo, de momento. Por no estropear la jugada.

Después, Ángela quedó dormida, y Ricardo encendió un cigarro, saboreándolo lentamente.

Ángela se despertó cuando los primeros rayos de sol entraron por la ventana. Ricardo seguía fumando tranquilamente. No había dormido. Estaba demasiado excitado para ello.

Ángela pensaba que el momento del morbo había pasado. Ricardo sabía que ahora empezaba todo.

-¡Dios mío! Ya es por la mañana… ¿Qué he hecho? –Ángela estaba aterrorizada. –Tienes que irte de aquí antes de que vengan mis hijos. Y… tengo que recoger todo antes de que lleguen los criados también…

Se había levantado de la cama, desnuda como estaba, y estaba buscando la ropa esparcida por la habitación. Ricardo observó su figura, que no estaba mal, pero le faltaba mucho para estar medianamente bien. Las tetas eran demasiado pequeñas, una talla 85 o 90 solamente, y bastante caídas. Sus dos embarazos también habían deformado su vientre.

-…porque no pueden ver todo esto. No sé qué pasó, prefiero no pensarlo…

Ángela se volvió y vio que Ricardo no se había movido de la cama.

Fumaba tranquilamente.

-Te ha encantado. Dilo. –dijo simplemente.

-Sí, cariño, me ha encantado. –Ángela no paraba de moverse. –Pero ya hablaremos otro día. Ahora te tienes que ir…

-No me voy de aquí todavía.

-Cariño, pueden llegar en cualquier…

-HE DICHO QUE ME QUEDO AQUÍ.

Su voz autoritaria hizo que Ángela parara en seco. Ya no estaba mirando a un hombre amable y sonriente. Ahora miraba a un hombre totalmente serio, mirándola cruelmente.

-Escúchame. ¿Tú crees que a mi me ha gustado lo de hoy? Lo único que he hecho ha sido complacerte. Y ahora ya no lo puedes evitar. Estarías dispuesta a hacer lo mismo.

Nadie dijo nada. No se oía más que el lejano rumor de un motor.

-Yo estoy felizmente casado, y no encuentro ningún atractivo de momento en tu cuerpo. Si quieres algo conmigo, tendrás que estar dispuesta a hacer muchas cosas, Ángela.

Ángela había bajado la mirada, dolida, pero no dijo nada.

-Sólo hay un modo de que te acepte (y sólo a veces, cuando me apetezca a mi): vas a ser mi puta y esclava particular.

Ángela lo miró asombrada, pero Ricardo no se inmutó.

-Vas a servirme y obedecerme en todo, adorarme como si fuera tu Dios. Te voy a putear y te voy a poner en situaciones muy desagradable y humillantes, además de obligarte a servirme y castigarte. Voy a destruir todo lo que tienes. Pronto perderás a tu familia, tu nueva actitud lo hará inevitable. Tu actitud cambiará a la par que tu físico. Te voy a utilizar como a la más vulgar de las muñecas, y tú me agradecerás de rodillas todo esto. Y de vez en cuando, te dejaré follar conmigo, sí.

El silencio que siguió a estas palabras fue sepulcrar. Ricardo, sonreía para sus adentros.

-¿Te ha quedado claro, verdad, puta de mierda? Bien, tómate tiempo para pensártelo. Exactamente dentro de dos semanas haremos una tercera cena. Te espero en el mismo restaurante que ayer, a las diez en punto. Si no acudes, te olvidarás de mi para siempre, y eso es algo que no puedes hacer. Si acudes, asegúrate de despedir todo lo que tengas. No es más que una elección.

Dicho esto, Ricardo se levantó y se vistió. Ángela estaba tan quieta que parecía que se había quedado petrificada. Ricardo salió de la habitación sin decir nada más. Cuando cruzó el umbral pensó, "Alea jacta est".

 

28

A Sara la obsesionaba una sola idea. "Ya falta menos de una semana". Tan sólo unos días para que llegara el dichoso uno de noviembre. Una semana, y podría ser la zorra de Álex, como él quería.

O bien, una semana y Álex le diría que la olvidaba para siempre. Pero Sara no podía creer que eso ocurriera. Había obedecido a Álex en todo.

Sabía que la situación pronto se volvería cada vez más insostenible. Ya, en cierto sentido, se estaba volviendo insostenible, imprevisible e incontrolable.

Como por ejemplo, la víspera, un domingo, en que Sara se había ido como de costumbre a un bar, para exhibirse y zorronear. Encargándose siempre de sacar fotos para poder probarlo. Estaba siendo "atacada" por varios hombres cuando su madre la llamó al móvil. Pensó en no contestar, pero finalmente lo hizo.

Su madre estaba preocupada. Le empezó a hablar de la ropa que llevaba el otro día, que no era lo adecuado… y de mientras Sara estaba siendo sobada por varios hombres. No estaba segura si su madre lo había oído o no. De repente se había callado y colgó. Sara no se atrevió a volverla a llamar.

Además, le daba igual. Pronto su vida cambiaría del todo. Y a mejor.

También en el instituto comenzaba a tener problemas. Al principio, los alumnos se habían quedado cortado con su cambio de look y actitud, intentando no forzar la situación. Pero, claro, cuando vieron que Sara seguía igual o más zorra día tras día, comenzaron a forzar la situación, poco a poco, para ver si les paraba o no. Y Sara tenía muy presente sus órdenes.

"Insinúate. Compórtate como una zorra".

Nunca les podía decir que pararan.

"Esté quien esté delante".

Era lo que más le dolía a Sara.

Salía del Instituto andando junto con su hija, de camino al coche. Vestía una larga falda negra con una gran apertura a un lado, y una blusa blanca, muy prieta, que transparentaba ligeramente sus tetas sin sujetador. En un momento, una cuadrilla de chicos les alcanzaron. Tenían unos diecisiete años, eran de bachillerato.

-Hola Sara. Hola Laura –dijeron sonrientes.

-Hola.

"Sé complaciente"

-¿Vais hacia el parking? –preguntó uno.

-¿Las dos ricuras del Instituto?

"Esté quien esté delante"

Normalmente nunca le dirían esas cosas, pero Sara no tuvo otro remedio que sonreir.

-Sí, guapos.

-Sara, me encanta la blusa que llevas hoy.

-Sí, mola. Aunque yo desabrocharía otro botón, ¿no te parece? Tienes qué lucir.

Teniendo en cuenta que Sara, como siempre, llevaba ya un gran escote, la sugerencia estaba fuera de lugar. Las tetas ya se asomaban peligrosamente. Sin embargo, sonrió.

-Claro que sí, no se me había ocurrido. –soltó otro botón. Ahora las tetas se asomaban muchísimo, estaban a punto de salir. –Gracias.

-Así mucho mejor, sí.

Sara evitó mirar a su hija, que seguía caminando a su lado.

-Pero a mi me gustó más el top del otro día, Sara –djo otro alumno, que era negro.

-Sí, ¿por qué no lo traes mañana?

"¡Qué capullos"

-Claro, lo traeré –Sara sudaba. Pero no podía evitar mojarse, aunque su hija estuviera allí, aunque aquellos chicos se estuvieran aprovechando de ella. ¿Ella misma lo había decidido, no?

Llegaron al coche. Sara se movía con cuidado para que sus tetas no salieran. Laura se sentó en su asiento y cerró la puerta. Cuando Sara iba a entrar, los chicos le pararon.

-No sé, yo diría que aún debería soltar otro botón, ¿no? –dijo el negro. –¿Qué te parece, Sara?

Sara se humedeció y contestó sin pensarlo.

-Sí, claro.

Desabrochando otro botón las tetas prácticamente quedaban fuera. Se veían hasta las aureolas, la mitad entera de las tetas. No podía moverse si quería que no se vieran…

-¡Venga mujer, entra al coche, que tu hija te espera!

Sara les sonrió y comenzó a entrar al coche. La teta derecha salió limpiamente de la blusa, y quedó colgando a la vista de todos. Una gran teta, firme, redonda. Con un pezón firme y oscuro en el centro. Los chicos comenzaron a descojonarse. Sara, roja como un tomate, entró al coche, se metió la teta en la blusa pero no lo abrochó. Su hija miraba al otro lado.

Mientras arrancaba el motor y se alejaba, y aún oía las risas de aquellos chicos, no pudo evitar ponerse muy muy cachonda, pensando en lo justo que había estado, y en que la próxima vez aún sería peor.

 

29

Durante toda aquella actuación penosa de su madre, Laura intentó aparentar que no se enteraba de nada. ¿Cómo coño podía comportarse su madre así? Cansada ya de su actitud, decidió abordarla.

-Mamá. ¿Por qué les estabas haciendo caso? No ves que son unos idiotas…

-Bueno, Laura, déjame. –su madre no la miraba directamente, estaba concentrada conduciendo. –Sé lo que estoy haciendo. Además, no es mala gente. Son unos chicos divertidos y majos. Me gustaría verte a ti también con chicos más a menudo…

El genio de Laura era muy vivo, y perdía la paciencia fácilmente.

-Por lo menos yo no voy enseñando las tetas por ahí. –nada más decirlo se arrepintió de haberlo hecho. Su madre parecía muy avergonzada.

Pero entonces se dio cuenta de que tenía que aprovechar que estaba en ventaja sobre su madre. Había prometido a Ricardo que su madre no se opondría a que pasara un fin de semana con él, pero sabía que no era cierto. Pero con su "nueva" madre, ahora que parecía avergonzada…

-Lo siento mamá. Te tengo que pedir un favor. –lo mejor era decir todo seguido. Pero no hacía falta decir la verdad –Mi amiga Soraya, ya sabes, tiene una casa de campo. No está lejos y… me ha invitado a pasar el fin de semana con ella.

-¿Solas?

-Sí. Ya tenemos trece años, no somos niñas. Además, tú siempre dices que debería salir más… no hay nada malo en que pase un par de días sin ti. –en el fondo, Laura pensaba que ya llevaba demasiados días sin estar con su madre realmente.

-No sé, Laura. ¿Y la comida?

-Sabemos cocinar, mamá. Nos lo pasaremos muy bien, no nos meteremos en líos.

Su madre parecía dudar. De repente preguntó.

-No iréis con algún chico, ¿no?

-¡Claro que no! Para nada. –en el fondo, era verdad. Ricardo era un hombre.

Sara suspiró.

-De acuerdo. Puedes irte. Pero nada de tonterías, jovencita.

-Tranquila, mamá. Me comportaré como una perfecta señorita.

Una vez en casa, Laura no perdió un segundo en llamar a Ricardo, cuyo número le había dado en su último encuentro y ya se lo sabía de memoria.

-Hola… Ricardo. Ya está, he hablado con mi madre y no hay problema. Puedes venir a recogerme el sábado, pero sin que te vea ella.

-Perfecto guapa. El sábado a las nueve de la mañana estaré allí. Vente guapa.

-Claro. Un beso.

Y por primera vez, Laura decidió que iría muy guapa a una cita.

 

30

La casa de campo de Ricardo era magnífica, tal y como pudo comprobarlo Laura nada más llegar. Estaba alucinada: iba a pasar allí un par de días, siendo una especie de novia o amante secreta de aquel hombre que significaba tanto para ella.

Aquel sábado, último día de octubre, estaba siendo perfecto para Laura desde el comienzo. Con un sol radiante (uno de esos últimos días soleados del año), la niña se había vestido especialmente guapa para Ricardo. Aparte del tanga, no había querido ponerse falda, pero se puso unos pantalones vaqueros muy cortitos y prietos, dejando al descubierto todas sus piernas, lisas aún sin necesidad de depilación. Llevaba unas sandalias sin tacón. Arriba se había puesto una camiseta informal que marcaba bien sus formas, y un poco escotadita. Además, en el último momento hizo un nudo en la cintura, dejando parte del ombligo al aire. Y se había maquillado más que nunca, sin pasarse, pero aparentando más años de los que tenía. El pelo negro suelto. Como esperaba, Ricardo no paró de decirle lo guapa que era en todo el viaje.

La casa estaba rodeado de un gran terreno. Había varios caballos, que los cuidaba un chico que venía todos los días. La casa en sí era grande y bastante lujosa, y estaba bien cuidada. La cocina estaba llena de comida.

-Laura, cariño. No te comenté que no soy muy buen cocinero. Espero que sepas cocinar…

-No te preocupes, cariño –contestó ella sonriente. Ahora ya le llamaba cariño y le encantaba. –Yo me encargaré de preparar todas las comidas.

Ver la sonrisa de satisfacción de Ricardo la alegró tanto que no pensó en todo el trabajo que tendría que hacer.

-Bien, Laurita. Ahora me apetece tumbarme un rato al sol, que estoy cansado. ¿Por qué no me sacas una cerveza y luego vas a la habitación a dejar tus cosas?

Laura le sacó la cerveza, mirando a Ricardo extasiada (se había quitado la camisa), y luego subió su mochila a la habitación. La única habitación de la casa.

Nada más entrar en ella, se puso nerviosa. No lo habían hablado, pero era obvio que tendrían que dormir juntos, en la misma cama. ¿Y si él quería algo más? Laura no sabía si estaba preparada o no… Observó detenidamente la habitación. Poco a poco se fue mentalizando y dando cuenta lo que realmente significaba que Ricardo fuera treinta años mayor que ella. "Significa que tengo que dar la talla. Tengo que estar a la altura". Laura sabía que ni su cuerpo ni su mente eran propios de una chica de su edad. Era mayor. Así que, la edad en realidad, no importaba. Tenía que cambiar su mentalidad, y comportarse como una persona mayor, para que Ricardo pudiera apreciarla de verdad.

Bajó adonde Ricardo estaba tumbado, y sin decirle una palabra puso sus labios sobre los suyos y comenzó a besarle apasionadamente, metiéndole a la primera oportunidad, la lengua hasta el fondo. Era el primer beso de toda la vida de Laura, pero instintivamente sabía cómo hacerlo. Notaba que Ricardo disfrutaba, y ella también, de aquel primer húmedo beso.

-Eres una diablilla, Laurita.

-Mucho más de lo que crees.

Laura se tumbó sobre Ricardo, dejando por primera vez que un hombre la tocase sin miramientos. Notó sus grandes manos sobre sus firmes nalgas, por encima de los pantaloncitos. Después las notó en sus grandes tetas, acariciándolas con delicadeza. Laura sintió por primera vez un inmenso placer al notar que alguien utilizaba aquel par de melones como debían utilizarse.

Con una sonrisa pícara le habló sin saber dónde había aprendido a decir esas cosas:

-¿Tienes miedo de hacerme daño, o qué? Déjate llevar, cariño.

Vio la mirada lujuriosa de Ricardo, y notó con placer que sus manos ahora estrujaban sus melones, amasándolos, pellizcándolos. Entonces, reprimiendo las ganas de seguir, se apartó.

-Habrá que dejar algo para la noche… -su voz era ahora la de una lolita lasciva y viciosa. Ni Laura misma se reconocía. Pero le estaba gustando su nuevo papel.

El día fue perfecto. Cocinó lo mejor que pudo para los dos, y le sirvió a Ricardo, contoneándose sin parar. Ricardo disfrutaba claramente. Pasearon juntos, Ricardo continuamente metiéndole mano a Laura, y ella dejándole e incluso pidiéndole.

Finalmente, llegó el momento más esperado de Laura: la noche. Había decidido que tenía que impactar a Ricardo con su madurez. Le haría un regalo que nunca olvidaría. Debido a su corta edad, Laura nunca había visto un strip-tease en vivo, pero sabía cómo hacerlo. Por la casa encontró ropa vieja de toda la familia de Ricardo. Vio que tenía una hija pequeña, de apenas nueve o diez años. Su uniforme escolar estaba guardado en un armario, y a Laura le dio una idea increíblemente morbosa. Se quitó la ropa, quedando únicamente en tanga y sujetador. Tras pensarlo un rato, se quitó este último, quedando sus melones al aire. Entonces, comenzó a vestirse con el viejo uniforme de la hija de Ricardo. Le quedaba obviamente ridículamente pequeña, pero era el efecto que buscaba. La faldita era tan corta que apenas tapaba el culo (con cualquier movimiento se veía), y no pudo abrochar del todo la blusa, pues sus enormes tetas amenazaban con destrozarla.

Se miró en el espejo, y se rió de ella misma. Sus grandes melones invariablemente llamaban la atención, pero era lo que quería. Se puso un montón de maquillaje, pareciendo (en su opinión) una puta. Pero todo valía con tal de impresionar a Ricardo.

Pilló a Ricardo por sorpresa. Lentamente comenzó a bailar, tocando sus tetas, levantando la faldita, acercándose y rozando a Ricardo para alejarse en seguida, como toda una experta en strip-teases. Y eso que sólo tenía trece años. Veía a Ricardo sacarse la polla y hacerse una paja, tranquilamente. Ella siguió desabrochando lentamente los botones, haciéndolas saltar con la presión de sus tetas… hasta que quedaron completamente a la vista de Ricardo. Por primera vez, perfectamente a la vista de un hombre. La polla de Ricardo se puso a echar leche de inmediato. Laura se asustó un momento (nunca había visto eso), pero sonrió y siguió quitándose lentamente la falda, lanzándola al aire. Cuando acabó, estaba vestida tan sólo con un minúsculo tanga, desnuda frente al hombre que amaba.

-Laura. ¡Te quiero! Eres genial…

-Lo estoy intentando, amor –le contestó, sentándose a su lado.

Ricardo sacó su paquete de tabaco. Encendió un cigarro, y después, sorprendentemente, ofreció otro a Laura. Ella dudó. Nunca había fumado, y sabía que era muy malo. Obviamente su madre ya la había advertido.

-¿Qué pasa, Laura? ¿No quieres fumar?

-Es que nunca lo he hecho.

-Nunca has hecho un strip-tease tampoco, hasta hoy. Deja de ser la niña que eras, y sé la mujer que eres –le dijo Ricardo sonriente. Esto eliminó toda duda. ¿Acaso no había empezado su madre a fumar también? Laura cogió un cigarro y lo encendió. En la primera calada empezó a toser, pero intentó aparentar que no le importaba, y siguió fumando. Al rato, se dio cuenta de que fumar no era tan malo en absoluto.

-Laura. ¿Por qué no sacas un par de copas y un buen whisky?

-Claro.

Laura lo hizo. Tampoco había bebido nunca, aunque ahora no tuvo casi dudas. La mayoría de la gente de su edad si había bebido, y no era tan malo como fumar. Así que…

El whisky le quemó la garganta, pero no dijo nada.

-Laura. Comprende que soy una persona muy mayor para ti. Yo necesito a mujeres hechas y derechas a mi lado, no una mojigata que no fuma ni bebe. Sé que no eres una de esas. –Laura asintió con determinación. –Me gustaría que a partir de ahora te acostumbraras a fumar. Y a beber a veces. Por mi.

-Claro que sí, Ricardo. Si en realidad, está bueno. –inmediatamente decidió remediar esa mentira, decidiendo fumar y beber hasta que le gustase.

Ricardo sonrió:

-Así me gusta, Laura.

Siguieron en silencio, él vestido y ella sólo en tanga. Fumando y bebiendo. Laura se sentía muy tranquila, muy relajada.

-Laura, sabes que no aguanto sin dar un paso adelante.

Ella sonrió. Estaba lista para ello.

-No soy ninguna niña, ya lo sabes. Y estoy deseando follar contigo.

Dicho esto se abalanzó sobre Ricardo. Comenzaron a morrearse, y para cuando se dieron cuenta estaban en la cama de matrimonio. Laura estaba como poseída. Su decisión de estar a la altura de Ricardo y sus más profundos instintos la obligaban a comportarse como una perra en celo. Se quitó el tanga de golpe, y le fue desabrochando los botones de la camisa a Ricardo con la boca, mientas con una mano se acariciaba una teta. Miraba a Ricardo con ojos de pura lujuria.

Ninguno de los dos pudo resistir mucho tiempo acariciándose, una vez sus cuerpos estuvieron desnudos. Laura deseaba ardientemente ser penetrada salvajemente por él, que su himen se rompiera y le doliera.

-¿Tienes ya la regla, verdad, cariño?

-Soy una mujer hecha y derecha, lo sabes.

-Perfecto.

Ricardo se puso el condón en una polla que a Laura le pareció bastante grande, suficiente para colmar sus deseos. Por unos segundos quedaron quietos, mirándose. Luego, por mutuo acuerdo, Ricardo metió con fuera la polla en el coño de Laura. La chica dio un chillido, y comenzó a jadear, mientras Ricardo, sobre ella, la penetraba una y otra vez, cada vez más salvajemente, cada vez más salido. Laura no podía creer que se pudiera experimentar semejante placer. Estaba extasiada, loca, y no paraba de gritar palabras que ni para ella tenían sentido. Ricardo la penetraba cada vez más rápido, y ella cada vez chillaba más… hasta que ambos llegaron juntos a un gran orgasmo, que los dejó exhaustos.

Laura estaba casi delirando, infinitamente feliz. Antes de pensarlo incluso encendió un cigarro. Él otro. Se apartaron y se miraron.

-¿Te ha gustado, amor?

-Muchísimo. Follar es mucho mejor de lo que pensaba. –dijo sonriente la niña.

-También tendrás que aprender a hacer pajas. Pero tenemos todo el día de mañana por delante.

-¿Eso quiere decir que ya se acabó por esta noche? –deseaba más, su cuerpo y su mente lo pedían. Además, estaba decidida a demostrarle que aquel cuerpo de trece añitos podía aguantar tanto como el que más. Agarró uno de sus enormes melones y se lo acercó a la boca, comenzando a lamerlo, con vicio.

-Eres una viciosa insaciable, por lo que veo.

-¿Eso te gusta verdad? Me gusta ser lo que a ti te gusta, cariño.

Ricardo sonrió con lujuria. Laura se puso de repente a cuatro patas.

-Venga. Penétrame por el culo. Seguro que lo estás deseando.

Pudo ver la cara de asombro de Ricardo ser sustituida por la cara de morbo.

-¿Estás segura? –dudó.

-Totalmente. Tú me has desvirgado y quiero que lo hagas por ambos agujeros. Quiero recordar esto para siempre.

-Pensar que sólo tienes trece añitos –dijo Ricardo, mientras se preparaba, y Laura sonrió. Casi lo había olvidado. -Voy a por algo para lubricarte el culo, Laura. Te dolerá muchísimo.

-Quieto ahí. Eso quiero. Quiero que me duela, quiero sentirte profundamente.

-No sabes de lo que hablas. No tienes ni idea de lo que te va a doler.

-Y tú no tienes ni idea de con quién hablas. –sus ojos echaban chispas, como siempre que se enfadaba. -¿Crees que no podré soportarlo? Métemela ya de una vez, y de golpe. Sin preparar. De la forma en que más duela.

Ricardo sólo dudo medio segundo. El dolor que siguió a ese intervalo es indescriptible. Laura aulló con unos chillidos que taladraron la noche, y sangró un poco. Pero aún tuvo fuerzas para gritar:

-No pares. Sigue más fuerte. ¡Destrózame!

Ricardo la embistió salvajemente, y poco a poco el dolor dio paso al placer, y Laura se encontró disfrutando de su primera enculada como una cerda viciosa. Cuando acabó Ricardo estaba exhausto, y Laura, la verdad, también.

-Laura, eres genial.

-Gracias.

Hubo una larga pausa, de un silencio absoluto. Cuando Ricardo habló, lo hizo con una voz más baja.

-Ya sabes que esto va a ser difícil. No quiero perder a mi familia, y lo mejor será que tu madre no sepa lo nuestro tampoco. No podremos juntarnos todo el rato que queramos. Pero estás dispuesta, ¿verdad?

-Claro que sí. Estoy dispuesta a lo que sea tan sólo por unos minutos contigo.

-Bien. –Ricardo sonrió. –Entonces, no te lo tomes a mal, pero me gustaría que hicieras algunas cosas por mi.

-Dime qué.

-No quiero que seas nunca más la niña que eras hasta que me conociste. Quiero una joven madura y muy atractiva en su lugar.

-Entendido.

-Quiero que, ya que no puedes tenerme a mi tanto como quisieras, te conviertas en una zorrita calientapollas. Vístete muy muy sexy, muy provocativa. Para nada pienses en tu edad. Y quiero que te conviertas en la putita de tu instituto, de tu barrio, por mi. Que todos lo sepan. Exhíbete, excita y calienta a los chicos. Chupa pollas como te enseñaré mañana. Y folla. Todo lo que quieras. Y, obviamente, fuma y bebe como costumbre.

Laura intentaba asimilar todo esto. ¿Le estaba pidiendo que cambiara totalmente su actitud, pasando de ser la tímida niña avergonzada de sus formas a una puta zorrita que calentara a todo el mundo? Todo valía con tal de estar con él.

-Y recuerda, que lo sepa todo el mundo. Cambia la forma de ser a una mujer, Laura. ¿Lo harás?

Laura sonrió y le dijo a Ricardo:

-No te preocupes. A estas alturas, no creo que pueda evitarlo.

 

 

 

 

Siento haber tardado tanto en publicar esta parte. He estado de vacaciones, y acabo de volver. Esta entrega finaliza el mes de octubre. Es más breve que las anteriores precisamente por eso, por no mezclar dos meses en una misma entrega. En breve me pondré a trabajar en el mes de noviembre.

Precisamente por estar de vacaciones no he podido contestar a los comentarios que habéis dejado aquí y en mi correo. Sin embargo, los he leído y

agradezco mucho todas las críticas y sugerencias, y os pido que sigáis escribiéndome. Muchas gracias por las buenas críticas!

Como veis, por primera vez he narrado escenas de sexo explícito, aunque siempre dejándolo en segundo plano. Las siguientes entregas avanzarán el trama, porque quedan preguntas por contestar…

¿Qué decidirá Ángela? ¿Aceptará ser la sumisa de Ricardo destruyendo su vida, o no?

Sara está a punto de finalizar su periodo de prueba. ¿La aceptará Álex? Y si lo hace, ¿qué le hará hacer en el futuro?

¿Cómo cambiará Laura? ¿Realmente pasará de ser una niña tímida a una calientapollas descarada?

Y finalmente… Álex y Sandra parecen estar ahora muy enamorados y compenetrados. ¿Afectará eso a las intenciones de Álex, es decir, de tener a Sandra por sumisa?

Un beso y hasta pronto.

Sara

TodoRelatos.com © saraslla

SEXO EN VIVO
Nueva Webcam de Sexo de TodoRelatos!
CONTACTOS
Contacta con gente de tu misma ciudad!
SEXSHOP TODORELATOS
Tienda de confianza ideal para regalos, sorpresas...

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!
 Comentarios (19)
\"Ver  Perfil y más Relatos de saraslla
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Versión para Imprimir
 Enviar este relato a un amigo/a
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« Volver a la página anterior Ir arriba
Usuario
Contraseña

 
» Registrarse
» Recordar Clave
» Ayuda
 
SEXO EN VIVO
Sexo en Vivo
 
SEXO

Fotos de Sexo
 

Videos de Sexo
 

Descargar Peliculas
 

SexShop
 

WebCam de Sexo
 

Sexole
 

FisgonClub
 
 
CONTACTOS
» Red de Contactos
 
RELATO HABLADO

Psicóloga para todo
 
     
WEBCAM EN DIRECTO
[ Sexo en vivo, prueba gratis! ]
 
RELATOS HABLADOS
[ Un relato hablado nuevo cada día! ]
Copyright © 1999 - 2008 TodoRelatos.com v3.30 - LWNET. Todos los derechos reservados.
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda y FAQ · Contacto