Los picores de Manuela
Un imprevisto en vacaciones, la madre de mi cuñada en casa, y
sexo del bueno......
Soy un golfo, lo reconozco y lo tengo asumido. Mis conocidos
y mi familia también lo tiene más que asumido y ya ni me preguntan por mi eterna
soltería. Mi máxima en cuanto al sexo es que el primer polvo no se le puede
negar a ninguna mujer, todas tienen algo que las hace especiales, pero repetir
ya es otra cosa, tiene que tener algo más.
Por mi vida y por mi cama han pasado muchas mujeres y aunque
no soy un hombre de físico espectacular, me cuido y esto es como todo, una vez
que le coges el truco todo viene rodado y la "mala fama" también ayuda a que
muchas quieran probar el porque de los comentarios.
Yo intento que mi agitada vida sentimental no interfiera en
mi relaciones familiares. Y de hecho en las fechas en que se celebran reuniones
y eventos familiares siempre acudo yo sólo, pues nunca he tenido una pareja que
me haya durado más de un año, y lo normal es que mis relaciones sean puramente
sexuales y duran lo que dura el hechizo de los primeros polvos. Luego o bien
ellas buscan nuevas aventuras ó bien quieren compromisos de pareja que yo por
ahora no estoy dispuesto a asumir.
Aunque mis aventuras son mucha os voy a contar una de las más
increíbles que me han pasado.
Antes explicaré un poco mi situación personal. Como dije
estoy soltero y ya en los 40 años, tengo un hermano y una hermana los dos
casados y tengo 5 sobrinos, a los que quiero y malcrío los suficiente para que
todos adoren a su tío. Tengo un trabajo agradecido, con un sueldo aceptable que
me permite por un lado tener muchas relaciones sociales y por otro el haberme
permitido independizarme ya hace un montón de años.
Vivo solo en un pequeño y coqueto apartamento, y con mis
ahorros y un buen consejo que me dieron también compré otro apartamento en la
Costa Brava. Allí suelo pasar mis vacaciones de verano y varios fines de semana
al año. Suele ser mi refugio cuando quiero desconectar del estrés del trabajo o
bien de alguna relación demasiado absorbente.
Mi hermano, mi hermana y mis padres también tienen otro
apartamento en la misma urbanización, (Un familiar nos aconsejo la compra, hace
unos cuantos años, el precio era muy bueno y de hecho la inversión se ha
revalorizado notablemente desde entonces) Así que el verano para mi es la forma
de estar en contacto con la familia y que no me agobien demasiado, los tengo
cerca pero puedo escaparme de ellos cuando lo necesito.
Esos días para mi suelen ser de castidad, descanso de los
excesos de todo el año y me viene muy bien para cargar pilas, y es curioso
porque mi familia sabe de mis correrías y verme ese tiempo haciendo vida
familiar, saliendo lo justo, ir a la playa a jugar con mis sobrinos, sin
trasnochar pues no se lo acaban de creer. Pero en las vacaciones pasadas todo
cambió. El apartamento de verano es pequeño, dos habitaciones y un salón con
sofá cama para los imprevistos. Pues bien el verano pasado muy hermano hizo
reformas en el suyo y pese a que deberían haber acabado para cuando fuesen en
vacaciones no lo hicieron, por tanto la solución era o bien no ir a la playa o
repartirse por el resto de los apartamentos de la familia. Con mi hermana con
tres niños no podía ser y en el de mis padres malamente, así que mi madre
("Como son las madres") me dijo que los alojase yo en el mío. No me quedó
otro remedio, y es que yo con mi hermano me llevo fenomenal, es 8 años menor que
yo y siempre me ha tenido como un ídolo, pero es que mi cuñada es muy estirada y
muy seria, y se pasa la vida discutiendo conmigo porque dice que malcrío a sus
hijos, porque les compro lo que me piden y siempre estoy dispuesto a sus
caprichos.
Mi hermano siempre se va de vacaciones antes que yo así que
les cedí la casa, él pasa un mes allí y luego cuando tiene que volver al trabajo
mi cuñada se queda con los niños durante otro mes.
Cuando fui yo, mi hermano estaba todavía por allí, así que me
vi en la disposición de irme a dormir al sofá del salón, aunque incomodo me
dejaba libertad para ir y venir a mi ritmo. La primera semana pasó fácil,
disfruté de mis sobrinos a tiempo completo, ellos felices con su tío aunque me
llevé buenas reprimendas de mi cuñada. Cuando mi hermano volvió al trabajo, me
preguntó si me importaba que viniese su suegra a pasar el resto de las
vacaciones, como solía hacer todos los años, pues así le ayudaba a su mujer con
la casa y con los niños. No supe que contestar y dije que bueno, solo pregunté
como íbamos a dormir. Acordamos que entre semana dormirían madre e hija en mi
gran cama, y el fin de semana cuando vuelve mi hermano yo iría a casa de mis
padres y su suegra se pasaba al sofá. Accedí por las buenas relaciones y por que
iba a ser solo ese año, y tampoco me cuidaban tan mal, me despreocupaba de la
comida y de todo de la casa. Solo me ocupaba de ir a la playa y jugar con mis
sobrinos.
Cuando vino la suegra de mi hermano todo cambió. Manuela es
una mujer de 52 años, viuda desde hace 6 años y que ha tenido que trabajar
bastante para sacar adelante a su familia, es de un carácter afable, alegre y
para nada se parece a su hija que heredó el carácter huraño de su padre. Yo la
conocía lo justo, de la boda y de unas pocas comidas familiares en casa de mi
hermano, pero nunca supuse que tuviera tanta vitalidad y tantas ganas de vivir y
de ser feliz.
Como conté al principio mi lema es que todas las mujeres
tiene derecho a un primer polvo, y yo me fije sin querer, queriendo, en Manuela.
No fue malicioso, pues mi idea era descansar ese tiempo de sexo y de
complicaciones, pero el hombre dispone y ..... nada sale como te propones.
Muchos días yo bajaba a la playa con ella y con mis sobrinos,
y pude observarla detenidamente y charlar de todo tipo de temas con ella. Era
bastante clásica en el vestir e incluso llevaba un traje de baño de cuerpo
entero pese a que está delgada y podría lucir un bikini sin ningún problema.
Cuando alguna vez se lo comenté me dijo que ya era mayor y viuda y que estaba
mejor así.
Inevitablemente en casa, y al ser tan pequeña acabábamos
encontrándonos sin querer en todos los sitios, en el salón, al ir o venir del
baño, en la terraza, y cada día me fijaba más en ella. Una tarde en el tendedero
vi colgadas unas bragas de color cereza y con encajes, pequeñas, pero sin llegar
a ser un tanga. Estaban colgadas de tal forma que no se viesen pero yo me fijé,
y me extrañó porque a mi cuñada con lo sosa que es no le pegaban, y nunca le
había visto nada parecido, aunque nunca se sabe. De hecho yo me he acostado con
algunas mujeres absolutamente frías en la calle y que en la cama se
transformaban en perras salidas. Estando de charla con Manuela le comenté que su
hija había modernizado su lencería y que ya era hora. Ella enrojeció y me di
cuenta que las bragas no eran de mi cuñada sino de Manuela, entonces le dije que
me parecía estupendo que una mujer todavía joven le gustase cuidarse incluso por
dentro, que nunca se sabía lo que podía pasar. Manuela se puso muy nerviosa y
como siempre me cortó con lo de la edad y su viudez y esas cosas.
En ese momento decidí que me la iba a follar, y que la iba a
dejar satisfecha por una temporada. Empecé una táctica de acoso y derribo. Ya en
la playa con la tonta excusa de darla crema me pase media hora sobándola la
espalda y casi el culo. Ella no quería darse la vuelta, supongo que estaba un
poco avergonzada. Cuando lo hizo, por obligación tuvo que ver mi verga que
marcaba un prominente bulto en el traje de baño. Se sofocó tanto que dijo de
irse al agua y me dejo al cuidado de mis sobrinos. Cuando volvió estaba
magnifica y se le marcaban los pezones en la lycra del bañador, seguro que en el
agua no dejó de pensar en mis manejos y se puso todavía más cachonda.
Yo le tome el pelo, con una broma que no recuerdo,
señalándola los "pitones"; se puso como un tomate y se tumbó boca abajo en la
toalla. Y entonces volvía la carga, diciendo que tenía que darse crema otra vez.
Intentó hacerme desistir pero no lo consiguió. Me cansé de sobarla la espalda,
las piernas y cuando podía por los flancos intentaba llegar a sus tetas, aunque
ella intentaba impedírmelo. Tenía que estar como un horno, y yo no podía ocultar
una terrible erección, que además intenté que ella notase, apoyándome en su
espalda o dejando que me viera de perfil. Cuando la situación se puso peligrosa,
dijo que nos íbamos, aunque todavía quedaban un par de horas de playa. Volvimos
al apartamento con sorpresa de mi cuñada y el mosqueo de mis sobrinos; pero
Manuela dijo que le dolía la cabeza. Mis sobrinos estaban como siempre
revoltosos y para ellos todavía era hora de estar en la calle, así que a mi
cuñada no le quedó más remedio que bajarlos a la piscina de la urbanización.
Manuela cuando vio que su hija se marchaba puso cara de miedo, supongo que no
quería quedarse a solas conmigo en casa. Dijo que se iba a dar una ducha y entró
al cuarto de baño, cuando salió vestida de nuevo; dije que ahora iba yo. Estando
en la ducha la llamé diciendo que me había olvidado coger una toalla y que me la
acercase por favor. Yo había salido ya de la ducha y estaba desnudo en mitad del
cuarto de baño, con mi rabo apuntando al techo. Manuela tardó, supongo que no
quería entrar en el baño, temerosa de lo que pudiese pasar. Llamó a la puerta y
supongo que su intención era entrar rápido y dejar la toalla encima de cualquier
cosa y escapar, pero al entrar y verme en mitad del baño, desnudo y empalmado,
dio un grito e intentó dar la vuelta para salir. Yo fui más rápido y apoye mi
mano en la puerta para que no pudiese salir, ella quedaba de espaldas a mi,
pasamos un minuto en silencio.
Entonces Manuela a muy baja voz, me dijo que la dejase
marchar. Yo había estado a su espalda pero sin tocarla, y acercándome aún más,
cerca de su oreja le dije que desde esa mañana estaba caliente por pensar en
ella, ella sin volverse y con vocecita de niña, me dijo que estaba loco que no
podía ser, que era muy mayor, que era viuda, familia de mi hermano, y todas esas
cosas. Mientras hablaba una de mis manos la abrazó haciendo que mi polla desnuda
quedase pegada a su culo, a la vez que mi mano por delante acariciaba su
vientre, y buscando por debajo de la camiseta que llevaba, acariciar lo que
podía. Ella seguía con su retahíla de pegas y lamentos, mientras yo con mi cara
apoyada en su cuello besaba su nuca y mordía su oreja. Seguía hablando pero se
dejaba hacer, apoyándome en su hombro la hice volverse de cara a mi, su cara era
todo un poema, mezcla de excitación, miedo, deseo y angustia, y sus ojos se
quedaron fijos mirándome. Entonces fui acercando mi boca muy despacio a la suya
sin dejar de mirarnos, cuando mi aliento se abría paso entre sus labios, Manuela
cerró los ojos, y entonces mi boca se posó en la suya, al principio sus labios
estaban cerrados, pero cuando mi lengua presionó los abrió del todo fundiéndonos
en un beso largo y húmedo. La empujé un poco apoyando su espalda en la puerta y
con mi cadera hice varios movimientos de acercamiento con los que claramente mi
rabo rozaba su entrepierna. Manuela estaba vencida y creo totalmente cachonda,
con mi mano cogí una de las suyas e hice que la apoyase en mi culo desnudo, la
dejó allí sin hacer nada, sintiendo el calor de mi piel, pero cuando mis besos
se hicieron más fuertes, comenzó a recorrerme todo el culo y la espalda. Yo
tampoco paré quieto y busque sus tetas por encima de la camiseta. En una pequeña
parada le dije que deberíamos ir a la cama, que se merecía un buen polvo.
En ese momento le volvieron los temores, que si podía volver
su hija, que si...., que si..... mi boca acalló sus protestas, la hice separarse
de la puerta, salimos del baño, y escapándome un segundo eché el cerrojo a la
puerta de entrada y tomándola de la mano la lleve a mi cama, que ahora era la
suya. De pie ante ella conseguí sacar su camiseta por encima de la cabeza, y
solté su sostén. Sus tetas, algo caídas y no muy grandes, de pezón pequeño pero
muy tieso quedaron ante mi, y no lo pude evitar; inclinándome mi boca se amorró
a ellos y comí desesperado mientras mis manos agarrando su cintura la hacían
bailar pegada a mi rabo que cabeceaba furioso. La calentura no la dejaba pensar,
y mordiendo su oreja le pedí que se desnudase para mi, sin soltar el abrazo
consiguió soltar su falda quedando tan solo con unas bragas enormes de algodón,
metí mis manos por el elástico llevándolas hacía abajo, y dejándolas caer por
sus piernas, cuando cayeron la cabeza de mi polla presionó su mata de pelo,
abriéndose paso entre los pliegues de sus labios. Tenía un coño peludo, negro y
ya con alguna cana, llevaba la pelambrera sin arreglar, tan solo recortada lo
suficiente para que no se notase con el bañador. Mis brazos la agarraron desde
atrás presionando su culo y haciendo que las caderas se encontrasen, como si
estuviéramos follando de pie. Manuela gemía en voz baja, sin abrir los ojos y
totalmente entregada. Cuando me cansé, la fui acercando a la cama y con suavidad
la ayude a tumbarse, quedó con las piernas abiertas apoyadas en el suelo y la
espalda en la cama, entonces me recosté encima suyo, puse mi rabo a la entrada
de su coño y le dije que iba a follarmela, solo dijo "SIIIIII" con un chillido
agudo.
Entré en ella con mucha facilidad, de lo lubricada que
estaba, y cuando mis pelotas chocaron con su vientre empecé a bombear como un
loco, fuerte, y a ritmo. Manuela chillaba, me mordía el hombro, gemía, movía las
caderas como loca, y se corrió chillando a voz en grito. Tuvo un orgasmo muy
largo, creo que hasta se meó y quedó totalmente inerte soportando mi peso y mi
rabo todavía dentro de ella. Yo estaba que me dolía la polla de lo excitado que
estaba. Cuando empezó a reaccionar comencé de nuevo a bombear, ella estaba medio
traspuesta pero besándola y diciéndole guarrerías volvió a estar en marcha. Mi
bombeó se hizo muy rápido mientras le decía cosas como que le iba a llenar el
coño de leche, que sería mi puta, lo que sé que algunas mujeres les encanta oír
en ese trance, y Manuela es de esas. Y entonces me puse a soltar leche, y le
regué el coño a conciencia. Ahora el que se quedó como muerto fui yo. Estabamos
los dos sudados y pringados y vista la hora que era dije que tocaba irnos a la
ducha, ella se dejaba hacer como una principiante, y en la ducha mientras la
enjabonaba la di una sobada terrible, tanto se calentó que sin dudar se fue
acercando a mi rabo, todavía a medio gas, para animarlo. Cerré el grifo del agua
y apoyándola en la pared conseguí de pie que mi polla entrase en su coño, de
nuevo mojado y ansioso. Manuela se corrió de nuevo pero a mi me costaba. Debido
a la hora que era y muy a mi pesar le dije que debíamos dejarlo, y que no sabía
como lo iba a hacer, pero que esa noche le iba a dar mucha leche de nuevo. Yo me
vestí y salí de casa mientras ella arreglaba la cama para cuando volviese su
hija. Por la noche, mientras hacía la cena, y a la mínima oportunidad le estuve
metiendo mano, y en una de las ocasiones le quite las bragas, dejándole tan solo
con la falda y el coño al aire. Y cada vez que nos cruzábamos mis dedos le
entraban hasta lo más dentro.
Manuela estaba que chorreaba de lo caliente que iba, cenando
con su hija a la mesa conseguí que una de mis manos se escapase por debajo de la
mesa y llegar a su coño, puso cara de pánico y luego de puta en celo, y si no
llegó a parar se hubiese corrido chillando delante de su hija. Esa noche dije
que había una buena película en la tele y que me pensaba quedar hasta verla
acabar, Manuela se hizo la encontradiza diciendo que si la peli era buena ella
también se quedaba un rato. También estuvo un rato su hija, mientras yo no deje
de lanzarle miradas de un deseo incendiario, cuando su hija se aburrió y pasado
un rato desde que se había dormido (Manuela fue a comprobarlo) se sentó a mi
lado y fue ella misma quien me pidió que la follase, no nos desnudamos, sólo
subí su falda hasta la cintura y haciendo a un lado mi pantalón corto, mi polla
salió al encuentro de su coño, mojado a tope. Estuvimos follando solo unos
minutos pero tuve que cerrar su boca para que no chillase, volví a llenar su
coño con mi leche, y quedamos relajados. Volvimos a sentarnos de tal forma que
las apariencias quedaban a salvó justo unos minutos antes de que a mi cuñada le
diese por levantarse a beber un poco de agua. Y extrañarse de que siguiésemos
viendo la tele.
Desde ese día y mientras duraron las vacaciones estuvimos
follando todos los días, donde podíamos, en la terraza, en la cama en los pocos
momentos que estabamos solos y sin sobrinos, en mi coche incluso, y un par de
días antes de marchar fuimos a un hotel, donde tuvimos casi cuatro horas para
nosotros solos.
De vuelta a casa nos hemos seguido viendo, seguimos follando
con cierta regularidad, sin compromisos, sin agobios, solo sexo y del bueno.
Hemos compartido muchas cosas, de hecho cuando quiero ir a un club de
intercambios, o de ambiente liberal es ella siempre mi pareja, porque le encanta
todo lo que le propongo. Y cuando así lo hemos hecho ha sido la atracción,
follándose a todo el que le venía bien. Ha cambiado de forma de vestir, pese a
que de cara su familia sigue manteniendo una imagen seria, en cuanto puede se
viste más juvenil, su lencería es ahora la de una autentica puta y se está
cansando de follar, sobre todo con jovencitos pues le ha cogido el gusto a
desvirgar veinteañeros pardillos. Tiene un don para que se queden prendados de
ella, en el supermercado, en una tienda, en cualquier sitio y luego con un poco
de mano izquierda directamente a la cama. Se esta volviendo tan salida que hemos
compartido incluso algún trío con alguno de sus jóvenes amantes, pues una de sus
fantasías era una doble penetración y de hecho le encanta sentirse ensartada por
dos pollas a la vez. Ahora estoy pensando en hacer un trío con alguna de mis
amigas más liberales pero tengo que encontrar a la candidata ideal. Cada uno de
nosotros tenemos nuestros propios asuntos pero cuando realmente necesitamos
sexo, enseguida nos ponemos de acuerdo para echar un buen polvo.
Ahora que llegan de nuevo las vacaciones coincidiré con ella
en la playa, con la suerte de que mi apartamento será sólo para mi y creo que
tendré que replantearme mi actitud de descansar del sexo en estas vacaciones
porque conociendo a Manuela y lo salida que está ahora seguro que me va a
ordeñar a todas horas, y que queréis que os diga me siento un poco culpable, y
tendré que calmar sus picores.