ROSAS DESGARRADAS (3)
Eva cae en las redes del actor, pierde
la virginidad y lo pasa fenomenal.
- Así que has venido.
- No, estás alucinando.
- Entonces vamos a alucinar
juntos.
- En realidad mi visita se debe
a un desengaño. El hombre a quien verdaderamente amo…
- Un comienzo de mal gusto,
fuera de las reglas del género “cita amorosa entre dos”. Dejemos aparte a
“otros” y “otras”, ¿de acuerdo? No me apetece rodar un culebrón.
- Disculpa. Tienes razón.
- No pasa nada. Eres muy joven…
y muy virgen.
- ¿Qué te hace pensar eso?
- No sé, muchas vírgenes tienen
un aire enigmático como si guardaran un secreto de gran importancia.
- Y después lo de siempre:
esfinge sin secreto.
- La mejor manera de comprobar
mi teoría – recurrir a métodos empíricos, - y, rodeándola con sus brazos
musculosos, el actor arrastró a su presa hacia el cuarto de baño. – ¿Te gustan
esencias?
- Naturalmente.
- Nuestra tarea es preparar un
“cóctel Mólotov” mientras vamos llenando la bañera. 6 ingredientes, 6 gotitas, 6
fragancias que representan distintos tipos del placer. Elige.
- A ver… ciprés.
- ¿A qué tipo de placer
corresponde?
- Placer tímido, disfrazado que
no deja decir su nombre.
- Bien. Yo optaré por naranja –
placer alegre, sencillo, revolcones matutinos. Sigue.
- Ilang-ilang. Placer exótico,
maduro, pasión oriental entre penumbras y surtidores.
- Jengibre. Placer tórrido,
agotador, un torbellino en el desierto.
- Jazmín. Placer refinado,
misterioso, camino a Nirvana.
- Por fin llega el último…
Pachuli. Placer oscuro, ancestral, llamada de un cavernícola salvaje.
Alejandro mezcló 6 esencias en un
frasco, añadió un poco de espuma y lo virtió todo en el agua caliente.
- Ya tenemos el elixir que
permitirá relajarnos y a la vez agudizar los instintos. Te metes ahí y me
esperas un rato. Habrá otra sorpresa.
- Pero…
- ¿Alguna protesta?
- Ninguna.
- ¿Te desvistes sola o te ayudo?
- Sola.
- ¿Segura? ¿No quieres que sea
tu criada?
- ¡No!
- Date prisa, ¿vale? 2 minutos,
no más.
Alejandro salió dejándola frente al
espejo. Eva se quitó las ropas con la mayor rapidez posible. No podía definir si
el juego le agradaba o no, pero se alegraba de que la falta de tiempo le
impidiera analizar lo que ocurría. Decidió acatar las órdenes de su captor para
ahorrarse reflexiones inútiles. De pronto se sintió invadida por el miedo de su
total desnudez. La imagen reflejada mostraba todos sus encantos juveniles: piel
sedosa, radiante, de blancura intachable; cuello de cisne; pechos de tamaño
mediano, perfectas esferas, orgullosamente erguidas; vientre plano, con
abdominales bien moldeados gracias al ejercicio; piernas firmes, acostumbradas a
nadar y correr; caderas y nalgas eran su tortura - “generosas”, provocativas,
apetecibles, en pleno contraste con la cintura menudita – convertían la ropa
ajustada en un señuelo irresistible. Eva odiaba este cuerpo delineado como
“reloj de arena”, le gustaría ser flaca e impersonal para librarse de
comentarios picantes que, según ella, “profanaban sus sentimientos por Julio”.
Se sumergió en la bañera algo indecisa,
su mente parecía una colmena alocada. ¿Habrá llegado Julio? ¿Están buenas las
carreteras? ¿Se aburre con su madre o todo lo contrario? – se preguntó. Se
requería una auténtica maestría de conductor para llegar a la finca ubicada en
un pueblo de montaña. En efecto, la lógica feminina es una enredadera. Estoy a
punto de perder mi virginidad con un hombre interesante y me rompo la cabeza
imaginando el trayecto de Julio. ¡Basta! ¡Eso sí que es culebrón! Entretanto,
el “cóctel Mólotov” empezó a surtir efecto. Miles de agujas invisibles
perforaban suavemente los rincones más recónditos de su carne. La tensión de sus
músculos dio paso a una ansiedad expectante, la misma ansiedad diluida en el
aire ante una premonición de tormenta que debe unir la Tierra con el Cielo.
“¡Dios mío!” – el asombro la hizo asomarse por los bordes, al encuentro de la
mirada ávida de Alejandro. Apareció igualito a su personaje de función –
esmoquin, camisa blanca, sombrero de alas anchas… y un enorme ramo de rosas. Por
un momento quedó paralizado en el umbral contemplándola con una sonrisa de
cómplice.
- ¿Has robado el vestuario?
- Tengo compinches comprensivos
en mi teatro.
- ¿Y qué quiere decir la escena
con las rosas?
- Nada de particular. El tío
acude a la cita con Edith Piaf, dispuesto a ser todo un caballero amable, pero
desde el primer instante la desea con tanta fuerza que se pone a destruir las
cosas a su alrededor, incluyendo su propio regalo. No puede esperar, le falta la
paciencia para cumplir con los trámites previos a la cama. Y yo tampoco puedo.
Arrancó las ropas de una manera
acentuadamente teatral, fundiendo el pasado con el presente. Esta vez la
excitación era mucho mayor. En una fracción de segundo hizo jirones de telas
finas y cortó con tijeras las telas gruesas. Eva le observaba extrañada. ¿Está
en sus cabales? ¿Acaso me he metido en la guarida de un maniático? – semejantes
preguntas retóricas la calentaban aún más, hasta un punto increíble. Disfrutaba
de dos deseos contradictorios – abrazar y rechazar – una mezcla conocida a todas
las mujeres. Entendía por qué había elegido a Alejandro. Pese a su aparente
frialdad Eva tenía un temperamento colérico que respondía a la “llamada de un
cavernícola salvaje”. El actor parecía un oso folklórico que raptaba a las
vírgenes y las encerraba en una cueva. Su cuerpo superaba las fantasías más
atrevidas. Robusto, rebosante de vida, moderadamente velludo, con unos kilitos
de más que no llegaron a convertirse en grasa y daban un toque atractivo a sus
piernas poderosas, espalda atlética, culo bien puesto. Alejandro dio la vuelta y
se rio de buena gana al oír un grito ahogado de Eva.
- ¿Te asusta tanto mi verga?
¡Qué pena!
- No, no me asusta aunque el
tamaño y el grosor son impresionantes. Es por su aspecto… guerrero.
- Cierto. Se muere por dar
guerra a una sirenita de pelo largo, ojos verdemar y líneas sinuosas.
Espermosauro – así la calificaría Marqués de Sade. Lo más apropiado para los
estrenos.
- Sí…
- Pues entonces… Queda pendiente
el último detalle.
Alejandro recogió del suelo el ramo de
rosas, lo trituró con sus dedos y dientes en un abrir y cerrar de ojos, tomó
unos puñados de pétalos y los esparció por la superficie acuática.
- ¿Lo has plagiado de la
película American Beauty?
- Más o menos. ¿Qué tiene de
malo?
Se produjo un silencio cargado de
electricidad. Eva estaba mareada, la cabeza le daba vueltas, un nudo en la
garganta iba creciendo.
- ¿Dónde estás, tesoro? ¿En
algún país utópico? Voy a apagar la luz pese a mis ansias de mirarte. Ha de ser
así... por ahora.
- ¿Para qué…? – se acordó de su
decisión de acatar sus órdenes y se guardó el comentario.
Era preferible quedarse a oscuras, sin
ver esos ojos insondables, esos dedos amenazantes como garras, esa verga
apuntada hacia el techo. Alejandro dejó encendida una micro-bombilla que daba un
mínimo de luz para poder vislumbrar algo.
Un chapoteo, una oscilación
fluorescente, un olor varonil llenando el espacio. Sus sombras entrelazadas
formaban dibujos surrealistas sobre las paredes.
- Alejandro… cuidado… no
cabemos.
- Tranquila. Sé controlarme, no
te haré pasar malos ratos en un sitio tan poco confortable para la iniciación
sexual. Pretendo otra cosa.
Su mano le palpó la cara, acarició la
frente, los pómulos, bajó por las mejillas hasta detenerse en el cuello
palpitante. La otra mano rodó cuesta abajo para recrearse en sus pezones tiesos,
de una dureza admirable. Las bocas se juntaron y desde aquel momento no dejaron
de besarse en un vano intento de saciar la sed. Sus cuerpos estaban pegados como
dos pulpos en una pescadería. Las esencias se infiltraban por la piel
despertando las ganas de jadear y gemir de gusto. Sin embargo, los muslos de Eva
se cerraron instintivamente.
- No lo hagas, princesa. Se
trata de una resistencia natural a la invasión de tu territorio. Precisamente
por eso muchos hombres se excitan tanto en la lucha con una chica que defiende
la entrada a su intimidad. La sangre derramada añade bestialidad al asunto
aproximándonos al mundo animal.
Alejandro logró separarle las piernas
sin importarle la estrechez de la bañera. Su dedo índice iba introduciéndose en
la vagina apretada haciendo una presión lenta, pero insistente.
- Estás sellada a piedra y lodo,
habrá que cambiarlo.
Eva mordió los labios para reprimir
grititos de una hembra hambrienta al notar el choque de sus nudillos. Era
fabuloso, no le dolía nada, sólo había un escozor agradable. Arqueó la espalda
incitando a entrar más profundo. Continuaron besándose con desenfreno mientras
una mano del hombre le magreaba los pechos a su antojo y la otra hacía
movimientos de vaivén en su entrepierna. De vez en cuando Alejandro restregaba
su paquete contra el sexo suave de su joven amante y le masajeaba el clítoris
con una habilidad incomparable. Se dejaron llevar sin reservas ni restricciones.
Fuera de límites temporales y corporales, disueltos en el agua perfumada, su
aliento y su pelo mezclados.
- Es la hora de salir. Estás
preparada.
Le ayudó a incorporarse en la penumbra y
la llevó en sus brazos hasta el dormitorio. La luz cegadora de las lámparas la
sobresaltó, disipó el ensueño. Eva se encogió, presa de un pánico incontenible.
Se sentía capaz de acostarse con Alejandro en un ambiente desinhibido, entre
bromitas acerca de la situación. Pero él llegó a dar rienda suelta a un deseo
tenebroso que la quemaba con su voluntad de hierro. La frase “por fin te tengo
en mi disposición” no hizo más que echar leña al fuego. Su terror subió al
máximo nivel. Los juegos, permitidos entre tinieblas, parecían una traición
imperdonable en un cuarto iluminado. Volvió a evocar el rostro de Julio.
- ¡No! ¡Suéltame! ¡No puedo
terminarlo!
- ¡Otra vez! Y yo no puedo
detenerme a un paso de culminación, - la obligó a tocar su pene hinchado,
totalmente erecto.
- Reconozco mi error…
- ¡Cállate!
- Será una traición…
- Sí, será una traición de tu
deseo y el mío. No te suelto por nada del mundo.
Eva intentó zafarse y recibió una ligera
bofetada que revivió en su memoria la violencia con la que Alejandro había
pegado a la actriz. En seguida se vio estrujada, manoseada, tumbada de espaldas.
El actor se lanzó sobre ella sin preámbulos. Por más que se esforzara quitarle
de encima arañando, rasgando, mordiendo, no conseguía nada. Era demasiado frágil
y vulnerable para apartar aquella mole gigantesca que la aplastaba con su peso.
Contra toda lógica, los escalofríos de pasión la recorrían entera, erizaban la
piel y la ponían más y más lubricada, lo que permitió a Alejandro penetrarla con
relativa facilidad. Aturdida, Eva pasó por alto el momento clave – la rotura del
himen. Siguió con sus tentativas inútiles. “Es tarde, mi ángel. Estoy dentro”.
Ya se percató de ello, las punzadas de dolor la horadaban con crueldad inefable.
- Para, Alejandro, no lo
aguanto.
- Te haré mayor daño si paro.
Resultó imposible deslindar la
transformación de incomodidad rayando en asco al placer más puro, un viaje en el
arco iris. Eva se estremeció de pies a cabeza y alzó las caderas para seguir el
ritmo pese a la dificultad de movimiento.
- ¿Quieres que pare ahora? –
espetó Alejandro disfrutando de la cavidad estrecha que oprimía su miembro en
una caricia deliciosa.
- ¡No!
- ¿Por nada del mundo?
- Por nada del mundo.
Sí, Alejandro supo transmitirle su
calentura. No tardaron en estallarse en un orgasmo demoledor, casi simultáneo.
Unos potentes chorros de semen irrumpieron en ella a velocidad vertiginosa de un
torrente tibio.
- Oye, ¿y si me quedo
embarazada?
- Mi hijo tendrá un hermano muy
guapo.
- ¡Qué gracioso!
- La verdad que he preparado un
par de preservativos, pero me has puesto como una fiera. Eres la chica más terca
que conozco. Resistías hasta el último momento.
- Ya sé, estás acostumbrado a
otro tipo de amantes.
- Bueno, sí. No te preocupes,
eres de lo mejor. Tan fresca y lozana… Lástima que me veas como un toro
semental.
- A ti tampoco te interesan mis
gustos y aficiones, ¿te acuerdas?
- Tal vez me interesen.
- Cuéntame de tu mujer. ¿Es
guapa?
- Atractiva y muy caliente. 5
años mayor que yo, ha cumplido 40. Es actriz. Fue ella quien me ayudó a dar mis
primeros pinitos en el mundo artístico. Sin conexiones no vales nada. Mi mujer
sí que tiene enchufe. No la quiero desde hace mucho tiempo, me deja indiferente.
Me divorciaría si no fuera por el niño. Le adoro.
- ¿Qué papeles eliges?
- Yo no elijo. En el cine me
encargan papeles de asesinos. En el teatro hay más variedad aunque los
directores tratan de utilizarme como modelo decorativo. Mi físico me impide
revelar mi potencial tal como me gustaría. Espero realizarlo más tarde… ¡Mira!
Tienes un montón de pétalos adheridos a tu piel. ¡Qué bonito! Una escama de
sirena…
- ¡Ay! – una espina accidental,
recogida de la bañera, se clavó en su hombro. Alejandro la sacó con sumo
cuidado, chupó la sangre de la herida y besó tiernamente la huella del pinchazo.
- Por cierto, ¿te he desgarrado
bien? ¿Ha sido el estreno de primera calidad?
- Sí. Te lo agradezco mucho. Se
me pasó el nerviosismo.
- Y yo agradezco a mi coche. Me
encontré en aquel bús debido a una avería. ¿A quién o a qué debo dar las gracias
por tu consentimiento maravilloso?
- Da las gracias a las rosas de
función.