Érase una vez y media por lo menos, que en un país muy
lejano, vivía una bonita niña. Se llamaba Ditanieves porque su madre era así de
caprichosa ella, y el año en que nació se puso de moda el nombre de Jennifer
María, pero como le gustaba ir contra corriente… pues eso. Y además de eso,
contemos la verdad… en la noche de bodas, el rey padre de Ditanieves estaba
jugando a hacer que su joven esposa se mirase el chirri con un espejito, y en
medio de la excitación, la joven reina dijo "oh… me gustaría tener una niña
cuyos cabellos fuesen tan rosados como mi vagina, su piel tan blanca como tu
esperma y su carácter tan dulce y poderoso como este orgaaaa aaaaaaaaaa
aaaasmooooooooo ooooooooOOOO OOOOOOhh!!!!" Y nueve meses más tarde, nació la
dulce Ditanieves…
Por desgracia, su madre tuvo el capricho de instalar butano
en el palacio, y ya se sabe lo que pasa con los butaneros… que un día, la madre
de la princesita desapareció, dejando una nota que decía, "he ido a por tabaco.
Casi que no me esperéis a cenar". Y tenía razón, porque ella no fumaba. El padre
de Ditanieves, se sumió en la desesperación pensando que nunca podría reemplazar
a su esposa, de modo que tres días más tarde, se volvió a casar. Se casó con una
mujer bellísima, más guapa que ninguna otra en su reino o en los alrededores…
bueno, y además hacía los mejores franceses en sopocientos kilómetros a la
redonda y a la cuadrada, que eso también influyó.
La bellísima nueva reina, la Madrastra de Ditanieves, era una
bruja… no, es que se trajera a vivir allí a su madre y a sus dos hermanas, es
que sabía de hechicería y tenía un espejo mágico, en el cual se miraba varias
veces al día como quien se sienta ante la tele para mirar su belleza, y día tras
día preguntaba al espejo:
"Espejito, espejito, dime una cosa:
¿Quién mamando vergas es la más habilidosa…?
Y el Espejo, invariablemente, contestaba:
"Sólo vos, mi reina y señora,
sois, sin igual, la mejor mamadora"
Y es que la Madrastra, pese a estar casada con el Rey, no
dejaba de divertirse con el resto del personal del palacio, así se lo pasaba en
grande y no dejaba el chollo de la realeza… De modo que unos días bajaba a las
cocinas y mientras el cocinero preparaba las ensaladas, se arrodillaba frente a
él, y descorriéndole el delantal, empezaba a succionar su miembro sin descanso,
acariciándolo con manos y lengua mientras el cocinero cortaba verduras a la
velocidad del rayo. Por regla general, la Madrastra solía hacerse con un pepino
o zanahoria o similar, y usarlo para masturbarse mientras mamaba el miembro del
cocinero, hasta tragar toda la descarga… oh, cuántas veces no había recibido
sobre ella a todo el personal de las cocinas… y qué decir de los fogosos
jardineros, o los deshollinadores, o su maestro de esgrima, o su… bueno, ya os
hacéis una idea.
El caso es que la madrastra empezaba a inquietarse…
Ditanieves iba creciendo, y su belleza aumentaba día en día… de momento, la
chiquilla aún era virgen, pero, ¿qué sucedería cuando probase por vez primera
las delicias del amor…? ¿Le quitaría su puesto de mamadora número Uno…? Lo que
ignoraba la Madrastra es que ese día estaba más cercano de lo que imaginaba…
A objeto de que nadie se fijase en ella, la Madrastra puso a
Ditanieves a limpiar la casa y las habitaciones (como el personal masculino lo
copaba ella, no había peligro que se encontrase con nadie), y Ditanieves lo
llevaba bastante bien, porque ella se conectaba el mp3, y limpiando y bailando
"like a virgin" y "You can leave your hat on", se le iba el día tan alegremente,
pero el caso es que cierto día que andaba limpiando la habitación de su
madrastra (y especulando acerca del funcionamiento de ciertos cinturones que
parecían llevar adosado algo muy semejante a un salchichón de a quilo…), el
Espejo se iluminó y le habló:
- Hola, Ditanieves.
La joven ya sabía que el Espejo hablaba y que su Madrastra
tenía una extraña pregunta para él, que ella no entendía, de modo que no se
asustó:
- Hola, Espejo.
- Tu madrastra quiere que permanezcas ignorante en los
secretos de la vida y el amor, y yo sé que tú ansías descubrirlos, ¿verdad?
- ¡Oh, sí, Espejo! Todas las noches, y todos los días y a
todas horas, cada vez que se acaba una canción, oigo sus jadeos y sus gritos de
ánimo a los hombres de la casa, y siento que mi potorrín se humedece, siento
mucho calor y una especie de cosquilleo recorre todo mi cuerpo… mis ansias
crecen y no sé porqué suceden ni cómo calmarlas, ¿tú me ayudarás?
- Claro que sí – sonrió maliciosamente el Espejo – Mira esto:
En la luna del Espejo empezaron a aparecer imágenes, tórridas
imágenes sexuales de su madrastra con varios hombres, desnuda, chupando sus
miembros con ansia y cara de vicio y recibiendo su semen mientras ellos la
masturbaban. Tal imagen hizo caer de rodillas a Ditanieves y una mano,
inconscientemente, se dirigió hacia su sexo, que acarició de modo algo torpe.
- Esto, es lo que hace tu madrastra con todos esos hombres,
se llama sexo y es muy bueno… Yo puedo enseñarte a disfrutarlo.
- ¿Lo harías de verdad? ¿No te importa? – Ditanieves, con las
mejillas rojas de excitación, vio salir de la luna al hombre del Espejo, un
varonil genio de ojos negros afilados, cabello y barbita negros y sonrisa
radiante de deseo.
- Ven aquí con Espejo… - Espejo cogió a Ditanieves en sus
brazos y la dejó sobre la cama – voy a enseñarte a disfrutar de tu cuerpo y a
hacer disfrutar a los demás.
Ditanieves temblaba de excitación cuando sintió la mano de
Espejo separar suavemente sus rodillas y hacer cosquillas en la entrada de su
sexo, ligeramente húmedo:
- ¡Mmmmmmmmmmmmhh…! – gimió dulcemente, ondeando su cuerpo de
placer. Espejo rió bajamente y tiró con suavidad de las bragas de la joven,
hasta dejarlas en uno de sus tobillos. Ditanieves tenía toda la piel de gallina
y tuvo que cerrar los ojos de placer cuando Espejo acarició sus labios vaginales
y estos se abrieron casi imperceptiblemente para recibir más placer.
- Qué niña más traviesa… mira como es tu propio cuerpo quien
pide más… ¿te gusta, verdad, nena…?
- ¡Sí, sííííííí…! No pares, por favor, no pares, me da mucho
gustito… mmmmh…
Espejo sonrió con perversidad, y, sin dejar de acariciar el
virginal sexo de Ditanieves, se apartó el pantalón bombacho y dejó a la vista su
gran miembro, muy cerca de la cara de la joven.
- ¡Oh! ¿Qué es esto tan enorme…? – se asombró.
- Se llama de muchas maneras, tú puedes llamarlo verga, o
polla… para hacer que yo sienta tanto placer como tú, tienes que acariciarlo,
besarlo y chuparlo, pero co…ooh… oooooooooooooohh…. – Espejo no pudo ni terminar
su frase (lo cual, dadas las circunstancias, no será considerado como
incumplimiento de contrato…), porque Ditanieves apresó su miembro entre los
labios y se puso a mamarlo como la mejor de las profesionales… Espejo, que tanto
había visto y tan sabio era en materia sexual, tuvo que reconocer que estaba
ante un talento natural, una verdadera genio de la felación. Tal era su placer,
que sin darse cuenta, comenzó a acelerar su ritmo de caricias, haciendo que la
joven se estremeciera de gusto y comenzase a sudar. Su boca recorría el miembro
de Espejo con avidez, con deseo, su lengua hacía mil caricias, siguiendo el
recorrido de las venas, torturando el frenillo, apretando con la presión exacta
el glande…
- ¡Mmmmmmmmmmh… mmmmmmmmmmmmmhhh…! – Ditanieves, al no poder
soltar la verga de Espejo, disfrutaba de su primer orgasmo sin gemir en voz
alta, todo su cuerpo se estremecía y temblaba, y sus atenciones a la polla de su
amante, fueron aún más rápidas y ardientes, haciendo que el propio Espejo,
summun de la contención y el sexo tántrico, no pudiese controlar su cuerpo por
vez primera en doce mil años (siglo arriba, siglo abajo…),el placer le subiese
en oleadas, electrizándole maravillosamente y soltase una abundante descarga
sobre la boca de Ditanieves, en medio de poderosos espasmos de placer, que
dejaron un dulcísimo cosquilleo sobre su sexo primero y sobre todo su cuerpo
después, desde las piernas hasta la nuca.
- Oooooooooohh… aaaaaaaaaaaaaahhh… uffff, ¡ha sido genial…! –
susurró, agotado, Espejo, mientras Ditanieves tragaba parte del esperma, pero
sin poder evitar que otra parte de la misma salpicase sobre su rostro y uno de
sus turgentes pechos, que había saltado fuera del escote por efecto de las
contorsiones orgásmicas de la joven.
- Mmmmmmmmmh… ha… ha sido muy bueno, gracias, Espejo… ¿me
enseñarás más otro día…? Quiero volver a sentir esto tan bueno, quiero que me
riegues otra vez con ese líquido ardiente que te sale de la polla… ¿lo hice
bien?
Espejo la miró con ternura y acarició el cuerpo y rostro de
Ditanieves, asegurándole que lo había hecho de maravilla, sin dejar de pensar
"si sin ninguna experiencia ha logrado que me corra con tanta rapidez y tan
poderosamente, ¿de qué será capaz esta tierna y dulce virgen si yo mismo la
enseño? Ha de ser mi discípula a toda costa".
Ditanieves pensó que podría descansar unos momentos y volver
a su mp3 y a su trabajo, pero notó que unas manos acariciaban con suavidad aquél
pecho travieso que había salido a ver mundo, y de nuevo una sensación de placer,
si bien algo más suave, se apoderó de ella…
- mmmmh… oh, Espejo… ¿qué… qué me haces ahora….?
- Eres tan buena alumna que… ¿porqué dejar para mañana lo que
se puede hacer hoy? Voy a seguir enseñándote, y te va a dar mucho más gustito
aún, ¿quieres?
- ¿Más aún….? Oooooh, sí, sí quiero, más… más… mmmmmmmmh… qué
bien acaricias…
Era cierto. Espejo, todo un Genio del Sexo, sabía acariciar y
pulsar resortes secretos que podían convertir a la señorita Rottenmeyer en una
perra en celo sedienta de sexo (pero de eso en concreto, hablaremos otro día).
No obstante, hoy sus caricias eran suaves y más eróticas que pornográficas, pues
se trataba de una iniciación, y eso es delicado. Suavemente, acarició el pecho
de Ditanieves primero por arriba, después por abajo, sacándolo por completo del
escote, y aquél botó graciosamente cuando él retiró la mano, provocando un nuevo
gemido de placer en la joven, que sonrió abiertamente cuando Espejo metió la
mano en su corpiño para liberar su otro pecho, que también fue objeto de
dulcísimas caricias, y finalmente, los pezones erizados que reclamaban su
atención, también la obtuvieron… Espejo los pellizcó suavemente, y agachó la
cabeza para lamerlos, sin dejar por ello de amasarlos, lo que provocó en
Ditanieves su primer gemido de placer realmente sonoro:
- ¡Aaah! Aaaaaaaaaaahh… ooh… huy… mmmmmmmmhh… haaaahh… - la
joven apenas podía articular palabra, pero su rostro contraído de gozo, sus
sienes sudorosas, sus mejillas coloradas y su sexo chorreante eran más que
elocuentes. Espejo masajeó incansable aquellas tetas redondas y duras de pezones
rosados, indeciblemente sensibles y suaves, cálidas y tan agradables al tacto,
que le parecía que podría estar jugando con ellas horas y horas,… pero
Ditanieves, por más que gozase en ello, necesitaba algo más. Sus caderas subían
y bajaban, buscando más placer… Decidió no hacerla esperar más.
Espejo se quitó y echó a un lado los inútiles bombachos,
quedando sólo con el chaleco puesto, y acarició con la punta de su verga el
palpitante y ansioso coñito de Ditanieves, viendo como ésta asentía con la
cabeza al sentir el calor y la deliciosa sensación de gozo al ser acariciada,
pidiéndole que la penetrase al instante. Espejo sabía que ella era virgen y
podía dolerle, de modo que intentó hacerlo poco a poco…
- mmmmmmh… aah… ooh… qué estrechoo… aah… qué gusto…
Espejo apenas tenía el capullo dentro, y Ditanieves gemía y
se agitaba de placer, loca de excitación, cuando se aupó sobre las puntas de los
pies, y elevando su cadera, se ensartó de golpe. Espejo temió que se hubiese
hecho daño, pero la cara de intensa felicidad… y vicio de la joven, no dejaba
lugar a dudas que estaba gozando como una loca.
- ¡Aaaaaaahh… aaaaaaaaahhh…. Oh, oh, oho.... máááááááááááás…
por favor, muévete, …! ¡Clávamela!
"Es una superdotada para el sexo, no hay duda", se dijo
Espejo, apresurándose a hacer lo que su amante le pedía, o más bien le exigía,
pues había cruzado las piernas a su espalda y le clavaba las manos en los
hombros para que lo hiciera. Espejo bombeó con fuerza, e hizo que Ditanieves
elevase las piernas hasta apoyarlas en sus hombros, para que sintiera al máximo,
lo que la joven agradeció con un ronco gemido de placer que le salió de lo más
profundo de las entrañas.
- ¡OOh…. SÍ, SÍ,…. EMPUJA, MI MACHO, EMPUJA!
Espejo comprendió que su compañera estaba próxima al orgasmo,
igual que él, pues la tierna vagina de Ditanieves era la más cálida, dulce y
apretada que hubiera penetrado jamás, era como repetir la maravillosa sensación
de la primera metida en cada embestida, le volvía loco, no podía soportar tanto
placer, de modo que empujó como una bestia tal como ella le pedía, haciendo que
el placer de ambos subiera sin cesar… Ditanieves se veía sobrepasada por aquello
que sentía por primera vez… sudaba copiosamente y su cuerpo parecía capaz tan
sólo de pedir más y más placer, y éste le llegaba en cantidades maravillosas, le
parecía que iba a explotar de gozo… Espejo tenía la sensación de que realmente
no conocía el sexo, que lo que él pensaba que era sexo no era más que tonterías,
que el verdadero placer sexual lo estaba descubriendo aquella tarde… finalmente,
ninguno de los dos aguanto más, y de forma simultánea, se corrieron sonoramente:
- ¡AAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAH… HAAAAAAAA AAAAAAAAAAAH, SÍ,
SÍ, SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ ÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ…. YA ACABOOOOOO OOOOOOO… AAAAAAA
AAAAAAAAHHH.. AAAAAAAA AAAAAAAAAaaa aaaaaaaaaaaaaahhh… hhaaaa aaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaahhhhhhhh… mmmmmmmm mmmmmmmmmmmhhhhh… oooooooooooooh…. Aaaaaaaah… qué…
qué gusto… mmmmmmmmmmh….!
- ¡También yo… también yo me corroo…! ¡Sí, SÍ…..Aaaaaa
aaaaahhh… oooooohhh…. Mmmmmmmmm mmmmmmhh….. qué buenooooooooooohh
Espejo se dejó caer suavemente sobre el cuerpo de Ditanieves,
mientras sentía cómo su polla se estremecía soltando cantidades imposibles de
esperma… pero ella aún quería un último detalle, y sonriendo a su amante, le
hizo levantar, para que sacase su verga de su cuerpo, de modo que esta chorrease
con fuerza sobre sus tetas y aún sobre su boca abierta, que esperaba aquél
néctar con ansiedad. Ditanieves acarició la polla y los testículos de Espejo con
ganas, como si quisiera exprimirlo… Él, de rodillas, se acercó hasta su boca, y
ella, entre gemidos de placer, lo lamió con dulzura, y succionó con fuerza hasta
extraerle las últimas gotas de la descarga… sólo entonces le dejó libre y pudo
Espejo tenderse junto a ella, para dedicarse mutuamente infinidad de caricias.
Espejo, con una sonrisa hasta las orejas, volvió a la luna
una media hora después de aquello, y Ditanieves, prometiéndole que volvería al
día siguiente para reengancharse, volvió a su mp3 y a su limpieza (que le tocó
cambiar las sábanas de su madrastra). No mucho después, llegó la madrastra
dispuesta a darse una ducha, pues tenía abundantes restos de esperma en el
cabello, la cara, el traje… y peor estaba donde no se veía, pero antes de pasar
a la ducha, pensó que estaría bien que le regalasen los oídos, y plantándose
ante el espejo, le preguntó:
"Espejito, espejito, dime una cosa:
¿Quién mamando vergas es la más habilidosa…?"
Pero Espejo, como se jacta de de fiel y sencillo, lisa y
llanamente la verdad le dijo:
"Hasta ayer érais vos, señora,
pero el genio de Ditanieves, de hora en hora,
con gran habilidad poderoso se aúpa,
y ya es ella quien mejor la menea y la chupa"
Ni que decir tiene que la Madrastra no se puso precisamente a
dar alaridos de júbilo ante semejante noticia, sino que se sintió ultrajada y
humillada (y por regla general, eso solía gustarle, pero las circunstancias…),
de modo que ideó un plan para suprimir a la dulce Ditanieves del panorama
felador y volver a ser ella la número Uno… pero eso lo contaremos otro día,
¡ahora, un besito a la abuelita, y vamos a la cama!
(Continuará)
Dita.