Paulina
Parte 7
Ante la mirada aprobadora de su padre, Juanita se llevo los
dedos a la boca, y lamiéndoselos, sintió el gusto, casi insípido del liquido
lubricante que se encontraba en la vulva de su made, no le desagrado en absoluto
su sabor, es mas, se introdujo sus dedos en su propia vulva y luego sacándolos,
se los metió en su boquita para comparar sabores.
Una vez comprobado todo esto, se aproximo a la verga de su
padre y tomándola en sus manos trato de imitar a su madre, en la deliciosa tarea
de chupar y lamer un miembro.
Esther, miro fijamente la verga de Juan, todavía sorprendida,
no de la rigidez ni de la dureza, si no, de su tamaño, especialmente del glande,
redondo y gordo; la tomo entre sus manos, por la base, la apretó y fue subiendo
la piel hasta que esta tapó totalmente la gorda cabeza, luego, lentamente la fue
bajando, salieron algunas gotas de liquido pre seminal, que corriendo por el
tronco se deposito en sus manos.
Si algún prejuicio le quedaba, al ver esto y sintiendo los
dedos de su hija hurgando en su concha, se le borro inmediatamente de su mente,
solo quería gozar, ella, de semejante instrumento y por supuesto hacer gozar a
su hijo, a quien adoraba.
Agachándose, Esther, comenzó a lamer la verga de Juan,
comenzando por el glande, siguiendo por el tronco, para terminar pasándole la
lengua por los huevos; sentía como el cuerpo de su hijo, se movía
espasmódicamente; las enorme tetas de Esther descansaban en los muslos de Juan,
este, irguiendo lentamente, su cuerpo, llevo las manos a las tetas de su madre y
manteniendo los ojos cerrados, las tomo y comenzó a sobarlas de tal forma que
los pezones se le endurecieron aun mas; Esther, lamía la parte baja de los
huevos de su hijo, al levantarlo, con sus manos, descubrió el oscuro agujero del
culo de este, recordó que el padre Jerónimo lo había echo gozar por allí,
advirtió también que este ya estaba dilatado por la verga del cura y a pesar de
que aun había resto de la pomada colocada minutos antes, metió su lengua y
comenzó a darle pequeños golpecitos; esto hizo que Juan comenzara, no a gemir,
si no a aullar de placer, su lengua pasaba del ano de su hijo hasta los huevos,
su mano, se había apoderado nuevamente de la verga, y mientras lo lamía, lo
masturbaba lentamente.
Juan, se estremecía de tal forma que incluso su cuerpo se
arqueaba, jamás pensó que su madre, a la que conocía por lo general callada y en
cierto modo ingenua, supiera darle tanto placer a un hombre, lo que Juan
desconocía era que Esther, en su interior se moría de ganas de tener relaciones
con el, pero por pudor y por que sabia que el incesto era pecado, jamás trato de
insinuársele; pero ahora todas las barreras habían caído y así como sabia que su
esposo en minutos mas le metería la verga hasta los mismos huevos a Juanita,
ella, se metería hasta el fondo de su vulva el esplendida garrote de su hijo.
Juanita, estaba sentada sobre las piernas de su padre, entre
sus manitas, húmedas aun de los jugos de su madre y de ella, tomo la tiesa verga
de Edmundo, la noto muy caliente, esto la emocionó mucho ya que sabia que estaba
dura y caliente solo por ella, sus recién formados pezones se le endurecieron
mas aun de lo que ya estaban, sintió un agradable calor en su rajita y también
en la entrada de su cerradito ano; reunió bastante saliva en su boca y
agachándose muy lentamente coloco el glande dilatadísimo de su padre en su
labios, la saliva corrió por la cabeza de la verga y lentamente, por el tronco,
depositándose en los abundantes pelos negros que rodeaban la base del miembro.
Las manos de su padre entraron en contacto con sus nalgas,
recorriéndolas en una interminable caricia, de pronto de detuvieron en su anito,
uno de los dedos trato de entrar en el, Juanita creyó que se desmayaría de
placer, abrió grande la boca y se trago media verga de su padre, sintió en el
primer momento cierto ahogo, pero inmediatamente su instinto le dijo como hacer
para no ahogarse y la acomodo en su paladar, chupando fuertemente; su manito que
se mantenía ahora en lo que quedaba fuera de su boca, comenzó a subir y bajar,
masturbando a su padre de una forma tan perfecta que era casi imposible de
pensar en una pequeña de tan solo 12 añitos.
El dedo medio de Edmundo estaba, como hemos dicho, en la
entrada del cerrado ano de Juanita, esta, empujo su culo, solo un poco hacia
atrás y el dedo de su padre entreabrió apenas el esfínter de su hijita.
Edmundo retirándolo se lo llevo a su boca, mojándolo
abundantemente con saliva para lubricarlo, luego nuevamente al culo de su hija,
forzando el esfínter hasta que la primera falange entro sin inconveniente; un
largo gemido se escapo de la boca de Juanita, su cuerpo se convulsiono, al
sentir como su ano era penetrado por el dedo de su padre, después de unos
segundos, se recobró y comenzó a contestar al placer que Edmundo le estaba
produciendo; chupo furiosamente la verga que estaba en su boca; mientras su
manos subía y bajaba rápidamente, masturbándolo fuertemente, su boca apretada
alrededor del tronco, succiono, con tanta fuerza, que Edmundo pensó que sus
huevos comenzaban, sin poder el impedirlo, a largar litros de leche.
Con su mano, libre, colocándola en la frente de la niña, la
aparto, Juanita, sacándose la verga de la boca y con ella en la mano, lo miro
sorprendida.
- Despacio querida – le dijo – Lentamente, no te apures, ya
que tenemos todo el tiempo del mundo para gozar, los dos, tienes que aprender a
hacerlo despacio, ya que nosotros acabamos rápidamente si tu, nos chupas de esa
manera, ¿entiendes amorcito mío?
Sonrió su hija, aliviada, por que pensó que algo estaba
haciendo mal y su padre se enojaría, movió la cabeza en señal de asentimiento y
comenzó a pasarse la dura verga por las mejillas y darle pequeños besitos en
todo el tronco, una de sus manos se apodero de los peludos y grandes huevos y
los apretó dulcemente.
Mientras estos sucesos se desarrollaban en las habitación de
los empleados de la gran casona, Paulina y Eva, terminando de cenar se habían
dirigidos a su cuartos, las dos estaban muy cansadas, ya que el día había sido
por demás de movido, así que entraron en el cuarto, cerraron la puerta y se
dispusieron a dormir; sin embargo, las dos estaban muy excitadas, por los
eróticos momentos vividos.
Se desnudaron, cada una tomo su camisón de dormir; se miraron
y con una sonrisa cómplice, arrojaron los pijamas a un lado, así desnudas
totalmente, se acostaron, se abrazaron y Paulina noto los pezones erectos, de su
hermana, apretarse contra sus propios pezones, la vulva de Eva se acomodó,
pegada a la de Paulina, tanto así que los pelos del bajo vientre de su amiga,
cosquillearon en su propio vientre; Paulina comprendió que no se dormirían tan
rápido como ella había pensado y esto la éxito nuevamente, sintiendo de que por
enésima ves, su conchita, se humedecía.
Juan, se sentía como transportado al paraíso, a su costado
veía a su hermana, con los pezones en formación, duros como una roca, las puntas
erectas, de color rosa pálido, sus ojos brillantes, sus manos aferrando la dura
verga de su padre, su concha tan humedecida descansando sobre las piernas de
Edmundo, veía, también, a su madre, chupándole la verga de una forma que solo
alguien con mucha experiencia podría hacerlo igual, su madre, con la que soñó
tantas veces haciendo lo que efectivamente ahora en la vida real estaba
haciendo; sus tetas, grandes, bambolearse cada ves que se movía, los pezones,
oscuros de grandes areolas, la concha, cubierta de largos pelos negros,
entreabierta, veía su interior, húmedo, el clítoris duro, que ella, de ves en
cuando se tocaba para endurecerlo mas aun, sentía su verga dentro de la boca de
su madre, chupando y lamiéndole el glande, mientras sus manos le acariciaban los
huevos; segundos antes sintió su lengua entrar apenas en su dilatado ano, esto
le había producido un placer sin limites, que hasta le arqueo el cuerpo.
Sin poderse contener mas, Juan se sentó sobre la cama, la
tomo de los hombros, obligándola a dejar de chuparle la verga, le paso los
brazos por el cuello y atrayéndola hacia el la beso en la boca apasionadamente,
respondió Esther inmediatamente a este beso, su lengua busco la de su hijo,
entablando una lucha húmeda y calida, la saliva de uno y de otro se
intercambiaron y algunas gotas de estas corrieron por las comisuras de sus
bocas, las manos de Esther apretaron la espalda de Juan, sus tetas de aplastaron
en el pecho de este, notando Esther el sudor que corría por el pecho de Juan,
este sudor se pego a ella, esta humedad la excitó de tal forma, que sin poder
contenerse, chupo le lengua de Juan de tal forma que este pensó que se la
arrancaría.
Se separan sus bocas, Esther lo miro y le dijo:
- ¿Quieres chuparme las tetas, como cuando eras un bebe y te
mecía en mis brazos para darte de mamar?-
Sin poder articular palabras, Juan, asintió con un movimiento
de su cabeza.
Se acomodo entre los brazos amoroso de su madre, esta
tomándose, la punta de un seno con los dedos índice y medio le coloco el duro y
largo pezón en los labios, Juan lo tomo con su boca y comenzó a mamarlo de la
misma forma que lo haría un bebé, Esther, al mismo tiempo que sentía como una
corriente eléctrica pasar por todo su cuerpo, le tomo, con la mano libre, la
verga a su hijo y comenzó lentamente a masturbarlo.
Juan tomo con sus dos manos la enorme teta de su madre, las
mejillas se le hundían al succionar con fuerza el pezón, eso hacia que Esther
gimiera de una manera como jamás ni siquiera su esposo la hubiese echo gemir; su
mano masturbaba con mucha fuerza a su hijo; el sudor los cubría a los dos, la
cabeza de Esther, se acomodo en el cuello de Juan que no dejo ni por un instante
de chupa y chupar ese pezón, enorme y grueso.
Juanita acariciaba los huevos de su padre, pero sus ojos no
podían apartarse de lo que sucedía a su lado (no olvidemos que los cuatros
estaban en la misma cama), su hermano chupaba con verdadero placer la teta de su
madre, mientras esta, lo masturbaba; en la posición que se encontraba ella tenia
bien cerca el miembro enorme de Juan, veía perfectamente como se ocultaba y
descubría el morado glande de su hermano, al compás de la mano de su madre.
Juan sentía que se moriría de placer, sentía la mano de su
madre agarrada firmemente a su verga, moverla con una maestría que el sabia que
no aguantaría más y largaría todo un torrente de leche.
Esther, sabia que su hijo no aguantaría mucho mas y acabaría
ya que en su manos sentía el palpitar de la verga anunciando la pronta
eyeculacion, por su cuerpo como una corriente eléctrica notaba su propio placer
que le causaba Juan al chuparle con tanta fuerza el pezón, sin poder contenerse
acelero la velocidad de su mano, sintió como el cuerpo de su hijos se arqueaba y
este soltando su botón de la boca emitió un gemido tan profundo que casi fue un
grito; fijo Esther la mirada en el glande de Juan, al mismo tiempo le grito a su
hija
- ¡Mira, mira! Juanita, mira hijita mía como la leche le sale
a tu hermano-.
Juanita abrió grande los ojos al ver los largos chorros de
esperma salir por la punta de la enorme verga de Juan, chorros que fueron a
parar sobre ella y sobre las sabanas, vio como las gotas de leche que habían
caído cerca de sus propios pezones corrían, tibias y espesas hasta su ombligo;
las toco con los dedos y llevándoselas a la boca; saco su rosada lengüita y
lamió, le encanto su sabor y se textura, ese sabor metálico y lo pegajoso que se
sentía entre sus dedos de niña.
El cuerpo de Juan se distendió, quedando laxo entre los brazo
de su madre, esta coloco su cabeza nuevamente en el cuello de Juan y comenzó a
besarlo nuevamente con muchísima pasión, mientras su mano que no había soltado
en ningún momento la verga ya casi flácida, lo seguía masturbando para sacarle
las ultimas gotas de semen que salían casi sin fuerza y corrían por los dedos de
Edith
Juanita, al ver todo esto, se éxito machismo, mas aun de lo
que ya estaba, comenzó a desear enormemente tener algo así dentro de ella y que
le largara esos chorros tan potentes de leche, lo que mas quería era ver como
luego la leche habiendo llenado su pequeña rajita, saliese de ella y corriese
por sus piernas y que mejor que la verga durísima de su padre, así que, se
irguió en la cama, paso las muslos a cada lado de Edmundo y bien abierta de
piernas comenzó a descender, tomo con sus dos manitos la verga de su padre y se
fue acomodando la cabeza entre los labios de su pequeña rajita.
Edmundo miro algo asombrado a su hija, la vio pararse y
soltarle el miembro; por unos segundos, la vio luego abrirse de piernas
dejándole bien a la vista su entreabierta y humeda vulva, la vio también
agacharse lentamente hasta que tomando su verga con la manos se la acomodo en su
entrada , vio como los labios se abrían para facilitar la entrada de esta y como
esos mismos labios tomaban la forma de su glande, tan abierta quedo la rajita de
su hija que el clítoris asomó, largo y duro sobre la cabeza de su verga.
La concha de Juanita estaba muy bien lubricada por los jugos
que largaba la pequeña, ya que entre los que sucedió con el cura y lo que ahora
estaba sucediendo, hizo que Juanita estuviese mojada constantemente.
Esther, levanto la cabeza del cuello de su hijo, se notaba
claramente los círculos enrojecidos en el, donde la boca de su madre en los
momentos de mayor excitación había chupado y lamido.
-- Espera Juan – le dijo –Ayudemos a tu padre a meter tan
grande verga en la conchita de tu hermana, ya que si lo dejamos este animal la
destrozara sin miramientos – termino diciendo mientras reía de buena gana.
Juan, sin muchas ganas de separarse de su madre, asintió,
pero al ver que el miembro de su padre ya estaba en el portal de la rajita de
Juanita se entusiasmo y alegremente se acomodo en la cama a ayudarlos.
Continua