(Me gustaría pedir disculpas por adelantado a todo aquel que
se sienta ofendido por ciertos contenidos. Alguien me señaló que convertir un
cuento infantil en pornografía es una idea perversa, pero esa es precisamente la
idea que quería utilizar, darle la vuelta a las maneras de un cuento de hadas y
convertirlo en algo sólo para adultos. Por eso todo es premeditado y gratuito.
Gracias anticipadas por leerme, os guste el relato o no)
LOS TRES OSITOS
Erase una vez, en un bosque de un país lejano había una
cabaña en la que vivían tres osos. Mamá Oso, Papá Oso, y el Osito pequeño.
Un día, mientras Mamá Oso preparaba el desayuno en la cocina,
el Osito pequeño, de rodillas, le chupaba su grande y peluda polla a Papá Oso.
Córrete en mi boca, Papá — Dijo el vicioso Osito—
Trágatela toda, hijo — Contestó Papá Oso y acto seguido se
corrió en su garganta. El Osito, por supuesto, se tragó la leche sin dejar una
gota, por que le gustaba mucho.
Enseguida Mamá Oso terminó el desayuno y lo puso sobre la
mesa de madera. Se trataba de tres platos de gachas: uno grande para Papá Oso,
otro mediano para Mamá Oso, y un tercero más pequeño para el Osito. Los puso
enfrente de tres sillas, una bastante grande y fuerte de Papá Oso, una mullida y
blanda para Mamá Oso, y una pequeña para el Osito.
Los tres osos se sentaron a la mesa para desayunar, pero tan
pronto el Osito hundió la cuchara en su plato y probó las gachas retiró los
labios por que quemaban mucho.
Están muy calientes, mamá.— Dijo el Osito.
Yo si que estoy caliente — Le contestó su madre y le beso
en la boca.
Enseguida estaba el Osito lamiendo el peludo y mojado coño de
su mamá, mientras su papá se hacía una paja mirándolos.
No tardó mucho Mamá Oso en correrse en la cara de su hijito
con fuertes alaridos de placer. Papá Oso también llegó al orgasmo y decidió
correrse en el plato de gachas del Osito.
Tienes razón, hijo — Dijo Papá Oso — estas gachas queman
mucho. Demos un paseo por el bosque y cuando volvamos ya estarán tibias.
Y Los tres ositos se marcharon a dar un paseo por el bosque.
Al rato se acercó a la cabaña una niña muy particular. Tenía
el cabello dorado y peinado en grandes bucles, por lo que todo el mundo la
llamaba Rizos de Oro.
Rizos de oro era, como la mayoría de niñas de su edad, una
ninfómana incorregible. Nunca llevaba braguitas por que siempre tenía una mano
entre las piernas para acariciar su caliente chochito. Sus padres no daban
abasto para satisfacerla, así que la niña solía vagabundear en busca de alguien
que le diera lo que necesitaba.
Llena de curiosidad se acercó a la cabaña y, como la puerta
no estaba cerrada, se metió dentro.
Ante sí vio los tres platos de gachas y las tres sillas.
Primero se acercó a la silla grande y olió el asiento.
¡Oh! — dijo con un gemido — que olor tan penetrante a
polla...
Seguidamente olió la silla mediana.
¡Oh! — Dijo metiendo casi toda su mano dentro de su
diminuto coño — que olor tan delicioso a coño...
Por ultimo olió la sillita pequeña.
¡Oh! — ¡Que bien huele esta a coño y a polla y leche!
Así que decidió sentarse en la sillita pequeña.
Después probó el plato de gachas grande, pero no le gustó.
Luego el plato de gachas mediano, pero tampoco le entusiasmó. Finalmente probó
del plato de gachas pequeño, llevándose con la cuchara una buena cantidad de la
leche de Papá Oso.
¡Oh! — Dijo frotando enérgicamente su chochito — ¡ Qué
bueno, que caliente estoy!
Y así lo devoró como si no hubiera nada más en la vida.
Cuando terminó de comer le entró sueño, así que, buscando
dónde dormir subió las escaleras hasta el piso de arriba dónde se encontró con
una sola cama grande en la que dormían y follaban los tres ositos. Estaba llena
de manchas de semen y había una gran polla de látex que Papá Oso solía meter por
el culo a su hijo.
Rizos de Oro se tumbó en la cama y se masturbó con el
consolador al tiempo que olía las sabanas sucias y se corrió varias veces hasta
que quedó agotada.
Mas tarde llegaron los tres ositos a la cabaña. Tan pronto
como cruzaron el umbral se dieron cuenta de que algo se encontraba fuera de
lugar. Papá Oso se acercó a su silla y la olió.
Mi silla huele a coño de niña — dijo— aquí se ha sentado
una pequeña zorra.
Luego Mamá Oso olió también su silla.
La mía también huele a coño de niña — dijo Mamá Oso — de
niña caliente.
Por último el Osito se acercó a olisquear la suya, con una
mano en su pequeña picha por que la situación empezaba a ponerle caliente.
Mi silla no sólo huele a coñó de pequeña puta — dijo el
Osito— sino que además se ha corrido en ella — y lamió el asiento para recoger
el charquito que había dejado Rizos de Oro.
Alguien ha probado mis gachas — dijo Papá Oso —
Alguien ha probado las mías también — dijo a su vez Mamá
Oso —
Y las mías se las han comido todas — dijo el Osito — yo que
estaba impaciente por beberme la leche que había dejado Papá...
¡Un momento! — Advirtió Papá Oso — Oigo ruidos en el piso
de arriba.
Los tres ositos, caminando de puntillas para no hacer ruido
se encaminaron escaleras arriba con el fin de descubrir al intruso. Al llegar al
final de la escalera vieron, naturalmente, a Rizos de Oro tumbada en la cama,
completamente desnuda y masturbándose de nuevo.
La niña no tuvo tiempo de sobresaltarse pues, en cuanto los
tres ositos vieron a la pequeña puta rubia en su cama, entraron en acción
rápidamente: Papá Oso acercó su polla caliente a la viciosa cara de la niña que
se la metió en la boca con voracidad. El pequeño Osito se colocó entre sus
piernas a lamerle su majado coño, mientras Mamá Osa le reventaba su pequeño culo
infantil con el consolador de látex. Papá Oso no tardó en correrse en la cara de
la niña más Mamá Oso ya le había metido toda la mano en el coño a la pequeña
zorra así como el Osito su mano en el culo. La hicieron correrse varias veces,
pero como la pequeña viciosa necesitaba más y nunca tenía bastante Papá Oso tuvo
que follarsela. Luego aún necesitó hacérselo con Mamá Oso y que el Osito le
comiera su coño de zorra.
Por fin, la niña quedó exhausta y dejó descansar a sus
anfitriones.
Nunca había visto una zorra tan insaciable — comentó Papá
Oso asombrado —
Gracias — dijo la niña — pero lo necesito tanto...
Papá — dijo entonces el Osito — ¿Puede venir Rizos de Oro a
follar cuando quiera con nosotros?
Por supuesto que si— dijo Papá Oso— y si quiere puede
quedarse a comer todos los platos de gachas con semen que quiera.
"¡Hurra!" Dijeron todos, y tras descansar algunos minutos los
tres incestuosos ositos y la niña más caliente del bosque continuaron follando
hasta que se puso el sol, volvió a salir, volvió a ocultarse y volvió a salir.