PRÓLOGO
Este libro es la secuela de "El Retorno del Rey de Kovzland",
el primer libro de la saga de Las Segundas Crónicas de Kovzland. Para todos
vosotros que habéis esperado cuatro años, que han pasado desde que el primer
volumen fue publicado en 1993, os deseo que vuestra espera no haya sido en vano.
Para aquellos que sois nuevos lectores de la saga de Kovzland, os exhorto a que
iniciéis vuestra lectura en el primer libro, el cual ha sido distribuido en los
grupos de noticias, USENET.
Muchos me habéis pedido que publique Las Primeras Crónicas de
nuevo. Estas fueron originalmente escritas en los años 80s cuando yo tenía
veinte años. Desafortunadamente, estos archivos se destruyeron antes de ser
publicados en la Internet. Por tanto, solo existen en mi memoria. Tal vez en un
futuro los redacte de nuevo; sin embargo, ello retardaría la finalización de la
publicación de Las Segundas Crónicas, las cuales son primordiales para entender
el status quo de Kovzland y como lo ha logrado.
Estrictamente hablando, Kovzland es un reino localizado en un
gran continente en un planeta similar, pero diferente, a La Tierra. Mas allá de
los cerros y las montañas que lo rodean, existen otros reinos; algunos son
pacíficos con los habitantes de Kovzland, otros son hostiles y algunos otros
tiránicos. El más tiránico de todos es el Senex, o mejor conocidos como Los
Ancianos: una orden religiosa guiada por nueve semidioses comprometidos con la
destrucción de Kovzland.
Para defender el reino, Kovzland esta guiada por nueve
Guardianes que son los fundadores originales del mundo. Estos Guardianes son
poderosos, pero no siempre lo suficiente como para detener a Los Ancianos.
Hace cinco años, Los Ancianos atacaron con éxito a Kovzland,
casi borrando nuestro reino del planeta. Sin embargo, con la determinación de
los Guardianes y los cinco mil niños de Kovz descendientes de ellos, Kovzland
esta a punto de renacer más grandiosamente que antes. Las Segundas Crónicas
cuentan la historia de este renacimiento.
No es una historia que a todos gustará, porque el poder de
Kovzland emana del comportamiento sexual de sus habitantes, los cuales en
totalidad son varones jóvenes en una edad de los cinco hasta los veinte años.
Mientras ellos inocentemente satisfacen sus deseos hormonales, los niños
contribuyen a sumar un flujo energía sustancial que preserva y protege su reino.
Pero esa no es toda la historia de Kovzland. Por razones que
serán explicadas en estas Crónicas, Kovzland es mucho más que solo un reino. Es
un paraíso para niños de todas las edades de todo el universo. Vosotros podéis
visitarlo en vuestros sueños. O, si vuestra alma es pura y vuestro amor sincero;
si soportaros el desafío de esta vida en La Tierra con paciencia, podréis uniros
permanentemente en una valiosa vida después de la muerte.
En conclusión, cinco libros definirán la consumación de Las
Segundas Crónicas; cada uno construyendo un pedestal hacia lo que, creo, será
una sorpresiva y satisfactoria conclusión. Espero que no me tarde cinco años
para escribir cada uno. Me despido. Hasta entonces, pues; hasta que nos volvamos
a ver, me mantendré como vuestro amado hermano.
Kelvin Guard.
Guardián de Kovzland.
4 de julio de 1997.
DEL TRADUCTOR
Hace unos años, en 2001, tuve servicio de Internet por
primera vez en mi casa. Estaba maravillado al poder investigar sobre cualquier
tema imaginable y sin censura —lo cual mi mama siempre ha condenado—.Mi
curiosidad pueril me llevó a escribir ciertas palabras en un buscador que me
condujeron a una historia del sitio www.nifty.org. En aquel momento mi dominio
de la lengua inglesa era limitado y tuve que valerme de diccionarios bilingües y
aplicaciones informáticas de traducción para poder entender grandes párrafos que
estimulaban mi imaginación. Muchas veces tenia que recurrir tantas veces al
diccionario para poder entender un solo párrafo, que me desesperaba y me daba
por vencido. Sin embargo, al otro día volvía al texto y trataba de entender más
y más. Era como un reto que tenia que lograr, como un juego de espías en el que
tenia que descifrar un mensaje secreto y oculto; con mas razón, pues, en mi
familia, la homosexualidad siempre ha sido vista como la peor de las desgracias.
La emoción de este reto y la convicción por ser yo mismo hicieron que me
interesase por la Lengua Inglesa y la Lingüística (la carrera a la que acabo de
ingresar).
Obviamente yo sabía lo que buscaba, de otra manera no hubiese
escrito tales palabras claves dentro del campo de texto del buscador; además, ya
conocía mis sentimientos sexuales y los aceptaba.
Debo decir que, de cierta manera, esta obra me permitió
dominar otra lengua, definir mi vocación y estimular mi imaginación creativa que
estoy poniendo en práctica en otras áreas de mi vida. Agradezco al autor
original por todo ello. Ojalá pudiese agradecerle directamente a Kelvin Guard y
poder compartir tantas ideas y comentarios que tengo acerca de que lo impulsó a
escribir una obra de esta calidad. Kelvin, si es que algún día lees esto, no
dudes en contactarme; obviamente, tendrás que comprobarme que fuiste tú el autor
original.
En mi novicia traducción, he tratado de mantenerme fiel al
texto original, conservando el tono del autor. No obstante, he omitido algunos
párrafos y oraciones que considero superfluas y monótonas, haciendo así, la
lectura más amena. Es mi opinión personal que el autor original ha exagerado en
los detalles de las copiosas descripciones que hace de cada objeto; pienso que
el lector encontrará un ritmo mas interesante en la trama de la historia, si
prescinde de abundantes descripciones que podrían, en algún momento, aburrir al
lector joven.
El objetivo de este proyecto, es poder compartir esta obra
con todos los hispanohablantes del mundo y así, evitar que las barreras del
lenguaje os privéis de conocerla, pues considero que merece el mismo respeto que
cualquier otra obra literaria de autores "heterosexuales".
Espero también, recibir retroalimentación por parte de
vosotros los lectores, ya que de ello dependerá que continúe traduciendo todos
los capítulos. Si no recibo ningún comentario en mi correo electrónico —que
también funciona en el MSN Messenger—, y/o critica constructiva en los próximos
días, entenderé que hay falta de interés por parte de los internautas y
abandonaré el proyecto; de lo contrario, continuaré traduciendo los demás
capítulos de toda la saga.
Con entusiasmo.
Kevin Daniel Allen
kevinallen@mailup.net
LIBRO II: LOS GUARDIANES DE KOVZLAND
ESCRITO POR: KELVIN GUARD
TRADUCIDO POR: KEVIN DANIEL ALLEN
kevinallen@mailup.net
CAPITULO PRIMERO: YA NO HAY ISLAS.
Me estaba acercando. Podía sentirlo. En algún lugar tal vez
detrás de esa roca astillada o bajo aquella puerta calcinada, sabía que lo
encontraría.
Era algo peligroso aun sin estar bajo tierra. Varias piezas
de la vieja mansión aun estaban en pie, frágilmente, y los derrumbes eran
frecuentes. También había pasadizos subterráneos formados por derrumbes de
tierra que cayeron sobre áreas donde habían existido sótanos. Por esa razón,
tenía que moverme rápido: llegaría el día en que toda la mansión se colapsaría
sobre los sótanos definitivamente. Una vez que sucediera esto, seria muy difícil
hallar algo.
Estaba prohibido que jugásemos ahí, incluso para mi. Nos
dijeron que era muy peligroso para los niños pequeños. Pero como cualquier otro
niño curioso, estaba desobedeciendo las órdenes —no me castigarían si no saben
que estuve aquí y además están tan ocupados como para saber que es lo que cada
uno de nosotros esta haciendo cada minuto del día. Además, yo conozco estas
ruinas mejor que cualquiera de ellos. No me voy a lastimar ni nada de eso.
Ahí. Bajo la puerta. Lo pude ver; un oscuro agujero
subterráneo. ¿Podría ser?... Si, hay unos escalones. Con tremendo esfuerzo logré
abrir la puerta; algo que no es fácil para un niño de doce años pequeño y
delgado. Como la mayoría de las puertas reales, era muy sólida y tenía
incrustaciones de oro. Afortunadamente, la parte inferior estaba tan carbonizada
que se quebró en dos; de otra manera, no habría podido moverla. Una vez abierta,
reconocí lo que en el pasado había sido el sótano de la antigua mansión.
Habían pasado cinco años desde que Los Ancianos habían
declarado la guerra en contra del antiguo reino de Kovzland. Aun así, las
escalinatas que conducían al sótano estaban elegantemente alfombradas.
Aparentemente, la puerta y demás escombros habían mantenido la lluvia afuera.
Era fantástico. Ahora si tenia la certeza de encontrar el mejor tesoro.
Pisé y baje con cuidado los peldaños. La cautela era
menester: yo estaba desnudo y descalzo como de costumbre, aunque mis pies ya se
habían puesto resistentes a lo largo de varios meses, si pisaba sobre algún
pedazo de vidrio de las ventanas, me lastimaría. Sin embargo, el camino estaba
limpio por aquí: lo cual me indicaba que gran parte del sótano estaba intacta.
Esto aumentaba las posibilidades de encontrar algún objeto valioso.
Para los chicos como yo, el explorar las ruinas se había
convertido en cierto tipo de obsesión y la competencia más emocionante que
teníamos. La semana pasada, mi mejor amigo Kelly Masters había descubierto una
esfera de cristal de casi veinte centímetros de grosor. Era el mejor tesoro
encontrado hasta ahora. Para superarlo, yo ya había buscado por todos lados y no
me iba a dar por vencido hasta que encontrase algo tan valioso que nadie pudiera
superar jamás. Desafortunadamente, esta ambición me estaba conduciendo hacia una
cueva totalmente oscura.
Hubo entonces una luz que venía de las escalinatas por las
cuales yo había bajado, pero yo no podía ver nada. La alfombra aun se sentía
suave y cómoda bajo mis pies, pero el lugar estaba frío y me daba escalofríos
haciendo que abrazara mi pecho desnudo con mis brazos temblorosos. Pude escuchar
como la habitación estaba rechinando, como si se fuera a colapsar en cualquier
momento, pero yo no estaba asustado. Aunque se derrumbase, yo pensaba que no me
lastimaría. Tal es la manera de pensar de un niño de doce años.
Era imposible que pudiese encontrar algo en aquella
oscuridad. Necesitaría regresar y traer una antorcha, lo cual también estaba
estrictamente prohibido para nosotros, los pequeños. Podría traerme una sin que
se dieran cuenta.
Caminé hacia las escaleras, sintiendo menos frío mientras mas
me acercaba la luz calida del sol afuera. Tan pronto como salí, sin embargo,
encontré a Calvin Starr parado ante mí.
Parado en sus imponentes 1.87 metros de altura y de
intimidante complexión muscular, Calvin traía puesta una playera, pantalones
cortos y zapatos deportivos. Sus musculosos muslos se veían tan gruesos como un
tronco. Cruzó los brazos y me miró decepcionado. Yo permanecí parado, desnudo
como estaba, sin decir una palabra y con la vista hacia abajo.
—¿Qué tienes que decir en tu favor, jovencito? —preguntó con
su voz grave.
Levanté mis hombros asintiendo inocencia. No había mucho que
decir.
—¡Vamos! —dijo Calvin—. Hay que regresar al los lugares
seguros.
Caminé desmañadamente, pero con cuidado de no pisar algo
filoso. Pude sentir como Calvin caminaba cerca de mí.
Ya que habíamos dejado el terreno peligroso de las ruinas,
comencé a llorar. Sabia que me había ganado unas buenas nalgadas y Calvin era
que hacia el castigo mas doloroso. Los otros chicos nos daban de nalgadas a
veces, pero generalmente lo hacían ligeramente. En realidad con ellos no dolía.
Calvin sabía que la única manera de verdaderamente hacer entrar a un niño en
razón era imprimiendo el mensaje firmemente en su trasero.
—¿Entonces? —dijo una vez que ya estábamos lo suficientemente
alejados de los edificios dañados. Yo voltee y lo miré mientras lloriqueaba—.
Conoces bien las reglas, Kelvin —Calvin dijo firmemente.
—Lo sé —dije, sollozando— pero Kelly encontró una esfera de
cristal y yo tengo que encontrar algo mejor.
—¿Por qué? —preguntó.
Era inevitable y molesto cuando los chicos mayores hacían esa
pregunta. Siempre que la hacían, era imposible responderles.
—No lo sé —finalmente dije como era de esperar.
El movió la cabeza.
—Esto me dolerá más a mí, que a ti, Kelvin —dijo mientras se
acercó a mí.
Una de sus imponentes manos sujetó firmemente mi brazo,
volteándome hasta que mi trasero estaba hacia el. Comencé a llorar más fuerte,
incluso antes de que su gruesa palma de la mano hubiese golpeado mi piel
desnuda. Instintivamente, trate de alejarme del dolor, pero Calvin giró conmigo,
su mano surtiéndome nalgadas una y otra vez. Cinco nalgadas en total, cada una
ardiéndome considerablemente, pero no lastimándome en realidad. Lo cual no evitó
que berreara como si me estuvieran matando.
Finalmente me soltó y yo me quedé hincado, sollozando y
sobándome el ardiente dolor sobre mis nalgas.
—¡No quiero volver a verte en esta parte de la ciudad,
Kelvin! —Calvin dijo con una voz imperante —¡Es peligroso y no queremos perderte
de nuevo!
—Kelly anda por lugares peligrosos todo el tiempo. —sollocé
como un niño de cinco años.
—Tú bien sabes que eso no es cierto, Kelvin —contestó en un
tono más amable—. Los otros chicos tratan de seguir las reglas. Tú eres el único
que las sigue rompiendo a pesar de que sabes que te ganarás unas nalgadas.
—¿Y qué? —respondí llorando—. También soy un guardián. No
tienes por que darme de nalgadas.
—Si eres un guardián, entonces comienza a actuar como tal y
madura —Calvin dijo.
—No puedo evitarlo —respondí. En parte yo tenía razón. Por
una un lado, crecer era algo difícil de hacer en Kovzland. Como niño de Kovz, yo
crecía no más de un año en cada lustro, aun más lentamente si yo así lo deseaba.
Y eso no lo era todo.
Había estado, en cierto modo, esquizofrénico desde que
habíamos llegado a la ciudad de Kovz. Una parte de mi era un niño normal de doce
años, curioso, travieso y lleno de animo competitivo. La otra parte de mi,
contrariamente, era sabia. Tal como Calvin, yo tenía mas de dos mil años de edad
y, como Calvin, yo era uno de los originales diez Guardianes; uno de entre las
fuerzas más poderosas del planeta. Mentalmente, yo cambiaba entre estas dos
personalidades. Había veces en las que meditaba sobre la importancia de algún
asunto u otro, ayudando a los otros Guardianes a administrar nuestro pequeño
reino. Sin embargo, la mayoría del tiempo, yo era un niño irresponsable,
interesado únicamente en divertirme.
Como de costumbre, después de unas nalgadas, Calvin se acercó
y abrazo mi delgado cuerpo contra el suyo acariciando mis hombros angostos con
sus grandes manos mientras yo lloraba sobre su pecho. Se sentía cálido y
fornido: su cuerpo superaba al mío al doble en volumen.
—Se que no es fácil, Kelvin —dijo amablemente— pero tienes
que intentarlo. Solo habemos tres Guardianes y, si Los Ancianos nos atacan de
nuevo, estaremos perdidos otra vez.
—Lo sé —dije, tratando de cambiar mi comportamiento inmaduro.
—Debemos esperar a que los demás regresen y no va a ser
fácil. Se nos esta agotando la comida. Si Los Ancianos no nos destruyen primero,
entonces moriremos de inanición si es que no reconstruimos rápidamente.
—Lo sé —dije una vez mas, respirando con la nariz
congestionada, ya sin llorar—. Ya voy a obedecer.
—Sé que lo harás —Calvin dijo, agachándose y besando mi
cabello rubio, sus manos, acariciando mi espalda.
—Todo saldrá bien, Calvin —dije y él acarició mi cabello
tiernamente.
—No hay duda —Calvin dijo y me sonrió— anda ahora y vete a
jugar, pero mantente alejado del área del templo, ¿entendido?
—Entendido —afirmé. Mi nariz estaba congestionada, así que la
limpié con mi brazo.
—Por Kovz, tu si que eres un niño lindo, Kely.
Eso si que me hizo sonreír aun mas. Mientras Calvin se
alejaba, yo lo miraba y pensaba: mi amigo más antiguo en todo el mundo. Sus
hombros eran amplios y ondulados bajo su playera.
—Todo saldrá bien —repetí pensativamente— Potus llegará esta
noche.
—Alegremente comencé a trotar hacia el centro de la ciudad en
busca de mis amigos.
—¿Qué has dicho? —Calvin me detuvo.
Se detuvo de repente. Cuando voltee a mirarlo, inmediatamente
caminó hacia mí y sus manos grandes sujetaron mis delgados brazos.
—¿Ahora qué? —pregunté.
—¿Haz dicho que Potus vendrá?
Asentí con la cabeza; estaba un poco confundido por la
reacción de Calvin.
—¿Y cómo lo sabes?
—Él me lo dijo —respondí.
—¿Cuándo?
—En Labar —expliqué—. Dijo que vendría en seis meses y ello
es hoy.
No entendía como era que yo sabía esa información. Por un
momento sentí como si hubiéramos vivido en las ruinas por años, no solo por seis
meses.
—¿Te dijo el porqué?
—Me dijo que se trataba de un trato acerca de bienes
inmuebles.
—Ah… —Calvin se tornó pensativo. Me soltó los brazos y
comenzó a alejarse de nuevo.
—Calvin —lo llamé de nuevo— ¿Qué son bienes inmuebles?
Él me sonrió.
—Ya se verá, Kely. No estoy seguro de lo que signifique, pero
ya lo veremos.
Si él no sabía lo que significaba, menos yo. Dentro de mi,
tal vez yo si sabía, pero no conscientemente. Sin embargo, no le di mucha
importancia y continué mi camino hacia las partes seguras de la ciudad. Si en
verdad quería superar el tesoro de Kelly, sabía que me iba a costar mas trabajo.
No obstante, algo más pasaba por mi mente, algo en mi interior acerca de Potus.
Sabía lo que era: tenía miedo.
Poco quedaba de la ciudad de Kovz. Los Ancianos la habían
devastado con fuego del infierno, demoliendo todos los edificios, la galería de
las estatuas; derritiendo las puertas de hierro forjado y destruyendo los
ladrillos de oro que formaban los pasillos. Con un poco de imaginación, podías
ver que lugar tan hermoso solía ser y, yo estaba repleto de imaginación.
La antigua ciudad fue construida como una rueda de carreta:
un gran circulo de aproximadamente una legua de diámetro. En el centro había un
centro comunitario y un parque rodeado de estatuas y senderos. Desde ahí,
caminos dorados salían en todas direcciones y cada camino conducía hacia uno de
los diez edificios principales. El único que todavía estaba habitable era el
palacio y solo el ala norte había resistido el ataque. El ala sur eran solo
escombros. En ese momento, nuestra exigua población de cincuenta y tres personas
se alojaba ahí. Antes de la guerra, el palacio era un majestuoso edificio,
opulentamente decorado con obras de arte y cientos de habitaciones.
Al sur del palacio se encontraba el templo, un edificio aun
más imponente cuando existía. Nunca teníamos ritos de adoración ahí. Al igual
que Los Ancianos, los niños de Kovz éramos los elegidos y el culto a nuestro
dios no era requerido. No obstante, el templo era usado frecuentemente para
ceremonias y si era usado para alabar a nuestro dios con canciones. Habíamos
tenido un coro de niños impresionante. El templo había sido un gran edificio
capaz de alojar casi un total de cinco mil personas, la población de la ciudad.
Era una estructura redonda con un altar en el centro. Alrededor había filas de
bancas dirigidas hacia el centro. Arriba, una cúpula se elevaba en lo alto hasta
el cielo con una abertura que dejaba entrar la luz directamente sobre el altar.
Al norte del palacio, estaban las mansiones donde los niños
vivían. Cada mansión albergaba a ochocientos niños. La que estaba más cerca del
palacio era la casa blanca en la que vivían los más pequeños de todos los niños
de Kovz. Siguiendo la circunferencia se encontraba la casa azul claro, la casa
azul, gris, amarilla, verde y púrpura. Cada una de las mansiones estaba pintada
del color que representaba, pero de buen gusto y estilo. Cada una estaba
equipada con un gimnasio, una piscina, canchas de juego; todas las cosas que los
inquietos niños de Kovz necesitaban.
Más allá de las mansiones había huertas, cientos de acres de
ellas. En algunas se cultivaban cereales, en otras, hortalizas y viñas y otras
se usaban como ranchos. Estos eran atendidos por varios cientos de hombres y
niños humanos. Muchos de ellos eran eunucos. La castración era un castigo común
que se infligía en varios reinos alrededor del mundo; Kovzland se había
comprometido a rescatar a aquellos hombres de tales suplicios. A cambio de
atender nuestras granjas, recibían una vida digna y agradable, mucho mejor que
cualquiera del mundo de afuera.
Ahí también era donde los niños humanos vivían. La mayoría
eran huérfanos; una común situación en un mundo que apreciaba la guerra. Muchos
otros niños habían huido de sus casas, escapando de la violencia y crueldad
familiar. Eran visitantes frecuentes de nuestra ciudad; algunos trabajaban como
esclavos, pero más comúnmente como huéspedes.
Todo ello había desaparecido. Casi cinco años después de la
guerra contra Los Ancianos, los campos estaban llenos de hierbas y maleza. Aun
había algunas provisiones donde ahora la mies crecía sin control, aunque no
duraría para siempre. Los cincuenta y tres miembros de Kovzland ya estábamos
cercanos a la inanición.
La ciudad estaba situada en el centro de la cordillera de
Zanvera donde había un área de exuberante belleza. También estaba situada sobre
las orillas del lago Zanvera que bien podía llamarse mar, pues era muy extenso,
tan extenso como para perderse sobre el horizonte y ocultar la otra orilla.
Aparte del mar, también las montañas nos rodeaban, la mayoría con la cima
cubierta de nieve. La única manera de acceder al este paraíso natural era por un
pasaje entre las montañas al oeste.
Naturalmente, era un lugar hermoso. En cuanto a diseño
arquitectónico, la ciudad de Kovz había sido una obra de arte. Todo ello extinto
totalmente.
Caminaba entre las ruinas del antiguo centro comunitario,
decidiendo a donde ir. El centro comunitario había sido excavado por todos lados
desde las pocas semanas de nuestra llegada; por tanto, no era probable el
encontrar algo ahí. No había sótano, así que era completamente seguro también:
no había cuevas subterráneas en donde los niños se pudieran meter y correr el
peligro de un derrumbe. El templo era el único lugar donde potencialmente pudo
haber algún tesoro, pero de ninguna manera iba yo a regresar ahí y arriesgar a
que me fueran a dar otras nalgadas. Algún día lo haría. Un día mi curiosidad y
deseo de encontrar un valioso artefacto me impulsaría a romper las reglas de
nuevo e ir a explorar. Sabía que iría de nuevo, pero no hoy; no cuando mi
trasero estaba aun caliente por los azotes de Calvin.
Iba en camino hacia las ruinas de la casa amarilla cuando me
topé con Garrik sentado en el piso, armando algo con unas varas. Garrik era un
niño humano, uno de los huérfanos que habían viajado con nosotros desde Labar
hace algunos meses. Él era muy lindo, con cabello café y unos ojos cafés claros.
Solo tenía diez años de edad con una tez suave y apiñonada. Igual que yo y los
demás niños, él estaba desnudo y la delicada suavidad de su cuerpo estaba
expuesta para ser admirada. Tenía un pene de tamaño normal para un niño de su
edad, incircunciso y pequeño pero moderadamente grueso dentro de su apiñonado
prepucio. Es innecesario decir que todavía no llegaba a la pubertad y que sus
genitales eran suaves y sin vello púbico igual que yo.
—Hola, Garrik —sonreí y me senté en el suelo junto a él junto
a lo que estaba construyendo con las varas.
—Hola, Kely —me sonrió, una dulce, más bien tímida sonrisa.
El tenía un arete de oro que lo hacía ver aun mas lindo. Tal
como yo, el estaba acostumbrado a estar desnudo, particularmente con otros niños
impúberes. A pesar de que miraba mi pene y mi cuerpo, el no se sentía en lo
mínimo incomodo con mi desnudez; ni yo con la suya.
—¿Qué estas haciendo? —le pregunté.
—Nada —Garrik hizo un ademán con los hombros—. ¿Y tú?
—Estaba explorando el templo, pero Calvin me descubrió.
—respondí, alardeando.
Garrik sabría que había roto las reglas, algo que cualquier
niño respeta.
—¿Te dieron de nalgadas? —él preguntó; sus ojos cafés
mirándome con interés.
Moví los hombros admitiéndolo.
—Sí, pero no me dolió. —esta era, por supuesto, una mentira,
pero Garrik no lo sabría.
—¿Dónde esta Kelly? —Garrik preguntó.
Kelly y yo andábamos juntos frecuentemente que, obviamente,
los demás chicos esperaban verme con él siempre.
Encogí los hombros en señal de que yo era muy independiente
como para saber el paradero de alguien más. Me quedé mirando el pene del niño de
diez años, tan lindo ahí sobre sus tersos testículos.
Previsiblemente, sentí una pulsación entre mis piernas que
comenzó a aumentar; sentí como se me ponía duro mi pene. Mi cosita era mas como
la de un niño que la de un hombre; era delgada y sin vello. Observé como se me
levantaba de mi escroto, apuntando hacia arriba, midiendo unos nimios 7.62 cm.
Estaba circunciso, como la mayoría de los niños de Kovz, y mi pajarito terminaba
en una cabecita en forma de casco que estaba sonrojada por la intensidad de mi
erección.
Volteé a ver si Garrik se había dado cuenta de excitación. Él
estaba sonriendo como un querubín, sus mejillas estaban sonrojadas penosamente.
Se rió entre dientes y me miró.
—Se te puso duro —Garrik dijo.
—Sip. ¿Me lo chupas? —le pregunté.
Él se rió entre dientes de nuevo.
—Está bien. —Garrik dijo, acercándose a mí.
Me recosté sobre el cálido suelo mientras el niño desnudo se
colocó entre mis piernas. Mi respiración ya estaba alterada por mi excitación
mientras veía su linda carita acercándose a mi erección. Cuando sus labios se
aproximaron, su manita cogió mi palito, dirigiéndolo hacia abajo, su boca
descendiendo sobre este.
Mi pene cabía bien en su boquita, su paladar empujando contra
la cabecita en forma de zeta. Mi voz de impúber se escucho cuando gemí en
aprobación cuando sus labios húmedos hicieron contacto con mi terso pubis; sus
dedos deslizándose suavemente para acariciar mi bolitas.
Después de seis meses, todos los niños de Kovzland se habían
vuelto muy hábiles en el sexo con otros niños y Garrik no era la excepción. Me
chupó mi pene justo como a mi me gusta: no muy toscamente, sino suave y
deslizando su boquita lentamente. Se sentía de maravilla cuando sentí sus labios
moviéndose de arriba hacia abajo sobre mi pene, su lengua moviéndose
graciosamente sobre la cabecita de mi pene. Mientras sus deditos acariciaban mis
testículos, puso sus manos sobre mi suave y plano vientre, acariciándome
lentamente de un lado a otro, colmándome de placer.
Como si en un embrujo, miré entre las piernas del niño justo
cuando su impúber pene comenzó a moverse y a parársele. Se levantó lentamente,
el prepucio comenzó a retraerse justo lo necesario para revelar su glande
colorado. Cuando se endurecía su erección, su glande emergió un poco más y pude
ver el pequeño hoyito de su uretra.
Su erección era casi del mismo tamaño que la mía, pero era un
poco mas gruesa y se veía tersa por el grosor de su prepucio. Por abajo, sus
canicas se retrajeron contra su cuerpo dentro de su escroto, el cual era del
mismo grosor que su prepucio. Por todas partes, el niño era piel suave, tersa y
sin vello.
—Garrik —hablé con mi respiración moderadamente acelerada—,
déjame chuparte el tuyo también.
Una tímida risita con voz de niño se oyó, bloqueada por mi
pene. Torpemente, movió su cadera hacia mi cabeza. Mientras el continuaba
chapándomelo, ambos nos apoyamos de lado hasta que mi cara estaba cerca de sus
partes bajas. Por Kovz, si que tenía un pene bonito, el glande colorado aun
seguía medio cubierto por el prepucio. Lo cogí con mis dedos y suavemente jale
la piel hacia atrás; el glande en forma de honguito salió mostrándose ante mis
ojos. Su pene estaba bien duro y podía sentir como latía su corazón enviando
sangre hacia su miembro para mantener la erección.
Le besé la cabecita del pene suavemente y el se rió
tiernamente de nuevo. Con mucha ternura, saque mi lengua y lamí el glande duro.
Sabía rico, no muy diferente que el lamer su brazo o su pecho. Con mis dedos
jalando su prepucio, lentamente envolví mis labios alrededor de su glande,
lentamente deslicé mis labios sobre el cuerpo de su pene hasta que todo su
pajarito estaba dentro de mi boca y podía sentir su escroto contra mi barbilla.
Esta era mi actividad favorita. La pulsante erección del pene
de un niño en mi boca siempre era fenomenal y, sabiendo que lo estaba
complaciendo a él también, era aun mejor. Una de mis manos comenzó a acariciar
sus testículos y la otra se deslizó sobre su cadera y gentilmente apretó sus
nalguitas redonditas.
Sonidos de sorbos y chupetes acompañados de gemidos sopranos
se escuchaban mientras nos los chapábamos el uno al otro. Nuestros tersos
cuerpecitos se meneaban levemente mientras la sensación placentera en nuestras
erecciones crecía y crecía. Una ligera brisa acariciaba nuestros cuerpos,
confortante bajo el calor del sol que nos rodeaba mientras hacíamos el amor.
Ninguno de los dos duró mucho. Como la mayoría de los chicos,
no éramos muy hábiles para prolongar el placer y entre mas se incrementaba, más
ansiosos nos poníamos por llegar al clímax. Balanceando mi cadera contra su
carita, y gimiendo silenciosamente por el intenso placer en mis entrañas, sentí
la cúspide del orgasmo pulsando sobre mi pene. Mi cuerpo delgado se sacudió,
como siempre, a la llegada del orgasmo; pequeños músculos flexionándose
inconteniblemente y empujando mi pueril erección hacia delante, hacia la calida
y húmeda boca del otro niño. Aun era muy pequeño como para eyacular esperma; sin
embargo, mi pene lo intentaba instintivamente.
Mientras mi pene intentaba eyacular en vano, ondas de placer
orgásmico inundaron mi cuerpecito llenándolo de una calida sensación de
felicidad y satisfacción. No importaba cuantas veces tuviera sexo, siempre era
maravilloso, placentero y relajante. Dichas ondas de placer parecían estimular
mis músculos y cada célula de mi cuerpo: me sacudía y gemía de felicidad.
Sentía como que me faltaba el aire mientras el orgasmo
llegaba a su fin; aun así, no quería sacar el pene de Garrik de mi boca,
sabiendo que el también merecía un buen orgasmo. En consecuencia, mi respiración
bisbisaba por mi nariz, soplando sobre la tersa piel alrededor de su erección.
Él continuaba chapándomelo a mí, pero sus pueriles gemidos me indicaban que
estaba a punto de llegar al clímax también. Mis dedos asieron suavemente su
erección justo donde se unía con su lindo cuerpo; la apreté firmemente; sentía
como su corazón bombeaba sangre a su pene. Sentía como se tensaba su cuerpo de
diez años, su cadera lista para sacudirse en delicioso placer.
De repente, lo tenso de su cuerpo comenzó a contraerse en
espasmos que llevaron su pene más profundamente en mi boca. Varias veces su
cuerpo se sacudió hasta que sentí las pequeñas contracciones a lo largo de su
miembro pueril, que como el mío, trataba precozmente de eyacular esperma el cual
aun no producía. El niño gruñó agitadamente cada vez que su orgasmo le inundaba,
su tierno cuerpo balanceándose sobre el suelo. Era tan lindo ser la causa de su
placer, así como, sentirlo yo mismo y sentirme contento al saber que el también
estaba siendo tales sensaciones.
Cuando finalmente terminamos, permanecimos recostados ahí un
rato para recuperarnos. Ambos necesitábamos recobrar el aliento, así que
soltamos nuestros penes y nos reclinamos respirando apresuradamente. Nuestros
penes no perdieron su erección instantáneamente. A diferencia de algunos chicos
que necesitan algunos minutos para recuperar las fuerzas, los mas jóvenes
podíamos permanecer erectos por largo tiempo e incluso tener varios orgasmos sin
descanso.
Después de un rato de reposo, ambos estábamos felices y
llenos de energía de nuevo; nuestros penes estaban relucientes por nuestra
saliva.
—Quiero ir a explorar por donde esta la casa amarilla. —dije
mientas le sonreía al tierno niño—. ¿Me acompañas?
—Vale —me sonrió con su carita linda y sonrojada.
Pasamos el resto de la mañana explorando desnudos por las
ruinas de la vieja mansión. Garrik era un buen compañero, lleno de pueril
entusiasmo. Yo disfrutaba ver su lindo pene columpiándose sobre su escroto
cuando caminaba.
Ya era la hora del almuerzo y aun no habíamos encontrado algo
que superara la esfera de cristal de Kelly; así que, nos regresamos al palacio
con los brazos sobre nuestros hombros como novios.
El almuerzo era algo trivial, no le dábamos mucha
importancia. Consistía de ensalada y pescado. Al ser niños en crecimiento,
siempre teníamos hambre, pero era suficiente con lo que teníamos. La comida era
servida por Brendan Smith, el joven coronel del ahora extinto ejército de Kovz.
Fue él quien me había guiado la mayor parte del camino hacia la ciudad de Kovz y
también el que presencio como destruí al Anciano que había asesinado al Guardián
Eric Flynn. Era un apuesto joven de quince años de cuerpo fornido que se notaba
bajo su playera como todo un adolescente.
—Oí por ahí que alguien se ganó unas nalgadas —Brendan se
mofó de mí con una sonrisa mientras alborotaba mis cabellos rubios.
Yo asentí con los hombros.
—Ni me dolió —dije.
—¿Ajá? Tendré entonces que comentárselo a Calvin.
—¡No, no lo hagas! —dije inmediatamente—. Quiero decir, ni me
dolió mucho pero si lo suficiente.
—A bueno —me sonrío; su mano grande acariciaba mi espalda
desnuda.
—Garrik, ¿limpiaste tu cuarto esta mañana?
Mi amiguito asintió con la cabeza. Que buen niño era.
Justo cuando estábamos terminando de comer, Kelly llegó al
comedor seguido por una docena de niños de nuestra edad. Todos ellos estaban
desnudos como nosotros, con cuerpos delgados caritas jóvenes y adorables.
Kelly siempre había sido un niño muy popular. A la edad de
diez años tenía un suave cabello rubio y una carita de lindura natural. También
era reconocido como un príncipe y un dispuesto compañero de sexo para cualquier
niño. Si contamos con que poseía el tesoro mas apreciado por los demás, no era
sorprendente que atrajera todo un bando. Se suponía que era mi mejor amigo, pero
su repentina popularidad con los otros niños me hacía sentir como plato de
segunda mesa. No queriendo ser uno mas de sus admiradores, me había alejado de
él ya ni siquiera habíamos dormido juntos como solíamos. Como si me importara.
Garrik me era suficiente. ¡No necesitaba a Su Majestad!
—¿Y encontraste algo, Kely? —el principito me preguntó
mientras él y sus amigos se sentaban junto a nosotros.
—¿Y quién dice que andaba buscando algo? —dije, fingiendo
destinteres.
—Calvin —Kelly respondió riéndose entre dientes en coro con
los otros niños.
Todos, obviamente, sabían que me había ganado unas nalgadas
por ir al templo. Así era como los chicos mayores se mantenían informados. Ellos
alardeaban al que le daban nalgadas. Ninguno podía guardarse algo en secreto.
—Solo por que tú eres una gallina como para ir —respondí
molestamente.
—No es necesario —Kelly sonrió— por que ya tengo la esfera.
—¡Viva! —un niño llamado Chad exclamó—. ¡Kelly es el rey!
Los demás aclamaron al unísono.
Chad era un niño de doce años con una gruesa cabellera café
aparentando un inocente y lindo niño. El era conocido por masturbarse
constantemente, mas por estar interesado en frotar su propio pene que el hacerlo
con otros niños. Sin embargo, sabía que él y Kelly lo hacía frecuentemente y eso
me ponía celoso. Siempre me ponía celoso de otros niños los cuales percibía como
más lindos que yo, y el colmo es que eso aplicaba para cada niño que yo conocía.
—Será mejor que Erin no te oiga decir eso —Brendan sonrió
mientras servía comida a los otros niños.
—¿Oír qué? —una voz de joven soprano de repente se escuchó
del otro lado del comedor.
Justo a tiempo, ahí estaba Erin, el Rey de Kovzland. Lo había
conocido desde Villa Tarsec cuando fue rescatado de la muerte segura cuando el
Guardián Eric vino a rescatar al joven apuesto. Tenía trece años de cabello
castaño claro y una cara verdaderamente angelical, con un bronceado dorado.
Traía puesto una playera sin mangas y unos pantalones cortos cubriendo un
delgado pero exquisito cuerpo lleno de pubertad.
—El joven Chad estaba punto de proclamar al Príncipe Kelly
como el nuevo rey —Brendan sonrió.
—No era de a de veras —la voz chillona de Chad rápidamente;
su pueril carita sonrojada en pavor. No era para tanto. Si en realidad hubiese
hecho algo malo, se ganaría unas nalgadas, pero una pequeña broma nunca metía a
nadie en problemas. Como la mayoría de los forasteros, Chad tenía asimilado un
miedo hacia la realeza.
—Chad se la ha estado jalando mucho —el Rey sonrió y me besó
en la mejilla sentándose junto a mi.
Todos los demás niños nos reímos por tal confesión del niño
masturbador compulsivo. Me sentí redimido.
—Erin, ¿jugaremos fútbol hoy? —Kelly preguntó, sentándose
correctamente en la silla.
Era, como todos, un niño con mucha energía de sobra,
pobremente capaz de controlar su hiperactividad.
—Yo creo que no —Erin respondió, comenzando a comer los
alimentos que Brendan le sirvió—. Al parecer tendremos visitantes hoy —agregó
mirándome.
—¿Quién? —Kelly preguntó emocionadamente.
—¿Quién? —un pequeño niño de nueve años llamado Perry
repitió.
Todos los demás niños estaban atentamente sentados, ansiosos
de saber acerca de un algún recién llegado. No solo significaba un cambio en la
rutina, sino también un visitante era tal vez un niño más para jugar y a
nuestros chicos ciertamente les gustaba la diversidad.
—Sir Potus —Erin contestó, instantáneamente bajando el animo
de los demás niños.
—Un viejo gruñón… —un niño de ocho años llamado Scott
replicó.
—Si, —Perry dijo— oí que tiene como cien años.
—No precisamente. —Brendan rió—. Además el no juega con
niños.
Perry mostró desinterés con sus pequeños hombros. Un hombre,
incluso uno de cien años de edad, al que no le gustaba jugar, era algo
completamente irrelevante en su mente pueril.
—Niños, él será nuestro huésped de honor —Erin dijo—. El
Guardián Calvin castigará a todo el que no sea cortés con él.
—No se quedará por mucho tiempo —dije sin mirar a alguien.
—¿Y tu cómo sabes? —Perry preguntó.
—Él nunca se queda mucho tiempo —respondí y me paré de la
silla dirigiéndome hacia la puerta.
El miedo irracional hacia Potus había surgido de nuevo en mí.
Quería llorar y no sabía el porqué. Nadie me detuvo ni me siguieron mientras
abandonaba el comedor hacía lo que antes habían sido los jardines del palacio.
El único recuerdo lúcido de Potus era reciente. Hace seis
meses nos habíamos conocido en una taberna el Labar. Una prostituta llamada
Nancy me coqueteó por alguna razón y Potus me había salvado de esa vergonzosa
situación. Sin embargo, sabía que existían otras memorias ocultas dentro de mí.
Conocía a Potus por mucho más tiempo que solo seis meses.
Sin darme cuenta, ya había regresado a las ruinas del templo.
En cualquier momento esperaba que Calvin viniera a darme otras nalgadas, pero no
se presentó. Mis pies descalzos pisando cautelosamente sobre los escombros;
estaba de vuelta por las escaleras que había bajado antes. Sorprendentemente, el
sol estaba resplandeciendo directamente sobre el agujero; sentí mi corazón
acelerase mientras descendía una vez mas por los escalones.
Con el sol en tal posición, la habitación en la que estaba
parado estaba lo suficientemente iluminada como para ver lo suficiente; al menos
hasta que mis ojos se acostumbraron a la tenue iluminación. Para mi deleite, me
encontraba en una habitación llena de tesoros que fácilmente eclipsarían la
esfera de cristal de Kelly. Había estatuas de cristal de niños, vasijas y
tazones de oro y plata, artefactos cubiertos de gemas que no sabía que eran. Me
aproximé a una loza de mármol sobre la cual estaba colocado un mantel bordado de
seda. De repente, la habitación se oscureció completamente.
Sentí un pánico profundo pensando que ya me habían
descubierto de nuevo. Estaba tan asustado que mi vejiga se relajó, completamente
fuera de mi control, un chorro de orina salió de mi pene. Temblando de miedo y
de frío, trate de dejar de chorrean con mis manos, pero el cálido liquido solo
corrió entre mis dedos cuando dos oscuros sujetos bajaron por las escalinatas.
Eran grandes, mucho mas grandes que yo y, sabía que me iban a dan unas buenas
nalgadas por haber venido a las ruinas de nuevo.
—Tranquilo, Kely —uno de los sujetos dijo—. Esta vez no estas
en problemas.
Reconocí la voz de Calvin y pude oírlo reír probablemente por
me estaba yo orinando parado.
El otro sujeto se movió contra la pared y una chispa encendió
una flama. Un fósforo. Con la luz de la llama, pude ver la linda cara de
Jonathan Quade. Él se dirigió hacia uno de los muros y comenzó a encender los
candelabros. Pronto la habitación estaba completamente iluminada y pude ver
todos mis tesoros. También estaban Jonathan y el Guardián Calvin.
Mi vejiga ya se había vaciado, pero continué cubriendo mi
pene y testículos, más bien por vergüenza que por necesidad.
—Esta bien, Kely —Jonathan sonrió mirando el pequeño charco
bajo mis pies.
Jonathan tenía dieciséis años y había sido un antiguo
residente de Villa Tarsec antes de que el Guardián Eric lo hubiera
teletransportado junto conmigo por seguridad. A pesar de aun tener la delgada
figura de un adolescente, su cuerpo era macizo con músculos. Al igual que
Calvin, su pecho se hinchaba bajo su playera junto con sus brazos con musculosos
bíceps y antebrazos.
—Bueno, sabía que no te podría mantener alejado de aquí por
mucho tiempo —Calvin sonrió y puso su imponente mano sobre mi hombro—. ¿Acaso
sabes lo que encontrarías aquí?
Moví mi cabeza en signo de desconocimiento y comencé a mirar
a mí alrededor.
—¿Qué es este lugar?
—Este es el templo —el joven explicó—, que solía ser la
fuente de poder de Kovzland y aun lo es, bueno, lo que nos queda.
Con la luz de las velas pude ver que majestuoso era mi
hallazgo. Pude también ver que la habitación había sido recientemente ocupada,
limpiada y organizada.
—¿Qué hacéis vosotros aquí? —pregunté.
—El entrenamiento de Jonathan —Calvin explicó a la vez que
Jonathan se acercó—. El será nuestro nuevo Sumo Sacerdote.
Jonathan era un joven serio de cabello rubio y cara bien
parecida. Me miró con una expresión solemne que comúnmente usaba.
—Si Kovzland va a ser soberano de nuevo —Calvin continuó—,
vamos a necesitar a alguien que prepare nuestras defensas. Los Guardianes hemos
elegido a Jonathan.
—Por tal razón Eric dijo que sería uno de los niños mas
importantes de Kovzland —dije, recordando la charla que había tenido con él
alrededor de una fogata, meses atrás.
—Exactamente —Calvin sonrió—. Te lo hubiésemos dicho, Kelvin,
pero la confidencialidad era importante. Nuestras defensas están muy bajas por
ahora. No podíamos arriesgarnos a que Los Ancianos se enteraran.
—Ya veo —dije— todas estas cosas deben valer una fortuna.
Empecé a dar vueltas por toda la habitación observando todos
los objetos, inclusive reconocí la lámpara y el medallón que había encontrado
conmigo en Tarsec.
—Son muy valiosas, pero especialmente por ser parte de
nuestra magia de Kovzland; son objetos que nos protegen y nos sirven. Me temo
que la mayoría se ha perdido entre las ruinas; esto es todo lo que hemos podido
encontrar.
—¿Cómo las recuperaremos? —pregunté.
—Seguiremos buscando —Calvin contestó—. Una vez que Jonathan
haya terminado su entrenamiento, podrá fabricar más.
—¡Guau! ¿Qué es esto? —pregunté; mis dedos tocando el tapiz
sobre la loza de mármol. Una historia era contada con paneles mostrando
exquisitas imágenes de niños desnudos involucrados en escenas violentas, otras
majestuosas. Pude reconocer a Calvin en algunas de las imágenes y a los demás
Guardianes. Había también varias imágenes de un adolescente que semejaba una
joven versión de Potus.
—La Historia de Kovzland —Jonathan agregó; su voz grave
resonando en toda la habitación—. No es muy poderosa ahora, pero una vez que la
hayamos recargado será el más poderoso talismán que tendremos.
—¡Guau! —dije de nuevo.
La seda era muy suave pero gruesa; no se parecía a ninguna
otra seda que yo haya tocado. Sentí un cosquilleo en mi cuerpo cuando la toqué y
para mi sorpresa, mi pene se me empezó a parar. Debieron haber sido las imágenes
de los niños desnudos; mi palito con cabeza de casco estaba apuntando hacia
arriba de nuevo. Dejé de tocar la tela y entonces el cosquilleo cedió, pero no
mi erección que estaba parada en toda gloria. Volteé a mirar a Jonathan y Calvin
quienes sonreían a mi cuerpecito excitado.
—Vente, chiquito —Calvin dijo, envolviendo su grueso brazo
alrededor de mis hombros delgados—. Al parecer necesitar regresar con tus
amiguitos.
Me hubiese gustado si aquellos hombres jóvenes me hubiesen
complacido ahí mismo, pero no lo hicieron; en lugar de ello, me guiaron hacia
las escalinatas donde el sol brillaba sobre mi erección llena de impúber
excitación.
Los niños de Kovz no eran humanos, excepto en apariencia. A
diferencia de los niños humanos, nosotros estábamos hechos para el sexo. La
búsqueda de liberar nuestras sensaciones en orgasmos alimentaba la magia de
Kovzland. Por tanto, nuestro interés y necesidad de sexo era mucho mas potente
que en los humanos. Incluso un niño como yo, que probablemente era muy joven
para estar en la pubertad, sentía el fuerte impulso del deseo sexual. En
comparación con un niño humano cuya necesidad de orgasmo se presenta hasta la
pubertad, los niños de Kovz generalmente comenzaban a sentir esta necesidad
mucho antes que aparecieran los primeros indicios de pubertad. Era común que los
niños de Kovz de seis y siete años de edad estuvieran sexualmente activos. Un
niño de Kovz en la pubertad necesitaba tener relaciones sexuales varias veces al
día.
Toda la energía emanada de nuestros orgasmos flotaba como
electricidad en Kovzland, creando un hechizo mágico sobre todo nuestro reino.
Esta energía se retroalimentaba en si misma y entre mas abundara, mas
placenteras eran las experiencias sexuales para los niños Kovz.
En ese momento, como lo había dicho Calvin, no había
suficiente energía, así que nuestros deseos y sensaciones no eran muy diferentes
que los de los niños humanos. Sin embargo, si nuestra magia aumentaba, también
aumentaba nuestras prácticas sexuales.
Había, además, otras diferencias en la anatomía de los niños
de Kovz, pero eran diferencias no aparentes a simple vista y solo cobraban
significado en Kovzland. Por el momento, me estaba sintiendo muy excitado.
Cuando Jonathan y Calvin me estaban llevando de regreso al
palacio, de repente sentí una extraña tranquilidad. Mi erección se desvaneció
hasta que mi pene se quedó pequeño y blando sobre mis testículos.
—Ya viene Potus —dije con cierta sensación de miedo y
tristeza.
Ni Calvin, ni Jonathan me cuestionaron, pero se tornaron más
solemnes.
—Llegará desde el oeste —agregué.
Me adelanté y ahora los dos jóvenes me seguían a poca
distancia. Aunque me sentía pequeño y asustado, caminé a la parte frontal del
palacio, guiándolos a la gran explanada principal. Alguien debió haber notado
nuestra reunión y avisado a los demás, porque pronto se corrió la voz. Mientras
Calvin, Jonathan y yo estábamos por la baranda, los otros cincuenta niños de
Kovzland comenzaron a reunirse atrás de nosotros. Se nos unieron Brendan y los
otros Guardianes presentes en Kovzland: Rick, Stratton, Garrik Greene y Terry
Carver.
—¿Ya ha llegado? —Rick preguntó.
Calvin asintió. Todos mirábamos hacia el oeste donde el sol
comenzaba a ocultarse tras dos cerros. De repente apareció una figura
centellante como una estrella en el camino. Comenzó a agradarse conforme se
acercaba hasta que se reconoció la figura de un jinete. Potus.
Como siempre, estaba vestido con una reluciente armadura
dorada, destellante con la luz del sol. Su caballo blanco también tenía una
armadura y era tan grande como el hombre mismo. Cabalgaba hacia nosotros y yo mi
incertidumbre se incrementaba. Sentí como mi espalda hizo contacto con el cuerpo
de un niño mayor, un joven musculoso que traía una playera. Sin pensarlo,
envolví mis brazos a su alrededor y me di cuenta que se trataba de Chris
Anderson, el General del extinto ejercito de Kovzland. Me abrazó también; sus
imponentes manos tiernamente acariciando mi piel desnuda.
Con caballo al galope, Potus cabalgaba con la experiencia de
un jinete que montado caballos por mas de dos mil años. El metal de su armadura
no hacía ningún ruido a pesar del rápido golpeteo de las herraduras del caballo
sobre el suelo. Cabalgó por las ruinas sin reducir su velocidad, dirigiéndose
directamente al palacio, hacia nosotros. Cuando llegó ante nosotros, su caballo
hizo una suave parada y se quedó quieto. No traía casco y su viril cara se veía
preocupada tras una gruesa cabellera café.
—Bienvenido, Sir Potus, primo de los Guardianes —Calvin dijo
en voz potente.
—Calvin —el hombre asintió mientras sus ojos miraban el
desastre de lo que había sido la hermosa ciudad de Kovzland—. Si que os
golpearon fuerte —agregó.
Calvin asintió y miro junto con Potus. El palacio estaba en
alto terreno y desde el atrio era fácil observar la ciudad entera.
—Así es —asintió de nuevo.
—No será posible reconstruir esto —Potus observó.
—No tenemos otra opción que intentarlo —Calvin dijo—. Aun
tenemos algunos talismanes.
Potus exhaló casi burlonamente.
—Rick —se dirigió al Guardián.
—Potus —el joven respondió.
Rick semejaba tener entre dieciocho y diecinueve años de edad
con pelo amarillo rubio y ojos azul claro. Al igual que Calvin, el mantenía su
cuerpo en buena forma y era musculoso. Había llegado de Labar poco después de
nosotros, trayendo consigo un pequeño grupo adicional de niños.
—Garrik… Terry —Potus continuó.
—Primo —Garrik respondió.
Garrik era el mas lindo de los Guardianes, según yo; de
alrededor de catorce años con cabellos café y ojos azules. Terry tenía casi
quince con cabello café también y ojos verdes. Era alto y delgado, su cuerpo
bien tonificado.
—¿Qué le pasa a Kelvin? —el hombre preguntó, pero yo ni me
había fijado que me estaba mirando.
—Su mente va y viene —Calvin explicó mi pueril
comportamiento—. No hemos podido recuperarlo completamente.
—¿Sabes quien soy yo, niño? —preguntó repentinamente, sus
ojos azules mirándome fijamente.
—Usted es el hombre de Labar —dije en una voz pueril.
Potus entonces me miro disgustadamente y volteó hacia otro
lado.
—Ya no hay suficiente poder aquí, Calvin —Potus dijo.
—Reconstruiremos el reino.
—Los Ancianos lo conquistarían de nuevo —Potus exhaló—. Ellos
suman más de quinientos mil. Ni siquiera cinco mil niños de Kovz pueden detener
tal ejército. Necesitáis mas espacio del que tenéis aquí.
—Como dije —Calvin dijo cortésmente—, no tenemos otra opción.
El Valle Zanvera es el único lugar con poder suficiente como para darnos una
oportunidad.
Potus se tornó pensativo por algún momento. En la distancia,
se escuchaba la brisa entre los árboles; fuera de ello, todo era silencioso.
—Os traigo un obsequio —el hombre repentinamente proclamó.
—¿A cambio de qué? —dije yo de repente.
Me le despegué a Chris y mis delgadas piernas caminaron por
si solas hasta que quede parado junto a Calvin. Sabía que trataba de mi alter
ego tomando el control y destacando de nuevo.
—¡Ah! El niño es un hombre, después de todo —Potus me sonrió
irónicamente—. A cambio de nada, mi buen Kelvin. A cambio de paz. A cambio de la
amistad de Brendan. A cambio de una venganza en contra Los Ancianos. —Al haber
dicho eso, escupió al piso maldiciendo a nuestros antiguos enemigos—. La
necesitáis.
—¿Qué necesitamos? —Calvin preguntó—. ¿Cuál es tu obsequio?
—La isla de Zanvera —Potus anuncio haciendo que todos los
Guardianes contuvieran la respiración por un segundo y haciendo que mis rodillas
se sintieran aguadas—. Podéis quedaros con ella.
—Pero… —comencé.
—Ya no me sirve. Ya no vivo ahí —Potus parecía molesto
conmigo y no me dirigía la mirada.
—Pero te regalé la isla para siempre. Era parte del trato —mi
voz de soprano argumentó.
—Así es y, ahora os la regreso. La promesa sigue intacta. No
necesito la isla.
Ahí sobre el Lago Zanvera se encontraba, no solamente el
corazón de Kovzland, sino el centro del mundo entero. Fue allí sobre las orillas
del Zanvera donde todo comenzó. Era allí donde toda la energía del mundo estaba
concentrada. Desde ahí, cinco mil niños de Kovz serían formidables oponentes
contra Los Ancianos.
—¿Por qué estas haciendo esto? —mi voz pueril preguntó—.
Nunca hubiésemos sido capaces de pedírtela.
Potus no quería dirigirme la mirada y no lo hizo.
Probablemente mi cuerpecito desnudo iluminado con la dorada luz del ocaso era
mucho para él.
—Como he dicho, vosotros la necesitáis y, si podéis
defenderos de Los Ancianos, mis intereses estarán plenamente servidos.
—¿Te sientes solo, hermano? —pregunté.
Sonrió sarcásticamente.
—Ya no tanto —respondió—. Es lo mismo con la isla, que sin
ella. Prefiero el mundo; va conmigo y yo voy con el.
Volteó y me miró; sus ojos fijos con los míos. A pesar de que
había cincuenta niños, parecía que solo estábamos Potus y yo. Había dolor en sus
ojos y en su cara interés. Lentamente miró mi cuerpo y, de nuevo, a mi cara y
entonces me sonrió.
—Eres un niño hermoso, Kelvin —dijo, su más dulce frase hasta
ahora.
—Y tú eres un hombre valiente —respondí.
—¿De qué hablan? —Brendan preguntó desde atrás.
—Sh, Brendan —Calvin lo hizo callar—. Ahora no.
—Te daré algo a cambio —le dije al hombre.
—Pero, mi niño —me sonrió—. ¿Qué podrías darme? Soy el hombre
más rico del mundo. Soy más fuerte que el ejército más temible. ¿Qué puedes
darme que yo no tenga?
—¿Tienes que partir? —pregunté.
—Tengo que hacerlo —respondió aun con una sonrisa—. Además,
mi mundo es afuera. Con Los Ancianos fuera de mi camino, es mi mundo y hago lo
que me plazca.
Hubo un largo momento de silencio durante el cual Potus miro
a otro lado de nuevo. Yo me quedé mirándolo, sintiendo su dolor, pero sabiendo
que no podía hacer nada para aliviarlo.
—Nos has dado un regalo invaluable, primo —Calvin dijo,
rompiendo el silencio.
—No me cuesta nada a mí —Potus respondió; su actitud
volviéndose asertiva otra vez.
—¿Estas sufriendo?
—Solo si me quedo aquí. —Potus afirmó.
—Entonces vete —dijo Calvin—, y deja que tu dolor sea
nuestro.
—Por supuesto, viejo amigo —el hombre asintió.
Miró nuestra escasa población: los niños completamente
desnudos; los jóvenes, ligeramente vestidos. Sus ojos se detuvieron en Brendan.
—Habrá un torneo en Martel el próximo año, joven Brendan
—Potus sonrió—. Si así lo deseas, sería un gran honor para mi fueras mi
escudero.
—Soy yo el que se sentiría honorable, Sir Potus —el joven dio
un paso adelante orgullosamente.
—Atravesaremos las montañas Centron como lo he prometido.
Encuéntrame en Tevlak en la Fiesta de Amok. Será una gran aventura, una digna un
joven como tú.
—La espero ansiosamente.
—Yo igual.
Potus volteo hacia atrás para mirarme de nuevo, brevemente
antes de mirar al frente otra vez. Sin enunciar otra palabra, giró su caballo y
partió galopando hacia lo lejos. Tan pronto partió, lagrimas comenzaron a correr
por mis mejillas.
—¡Potus! —grite hacia él—. ¡Te amo!
Su caballo se detuvo y volteo a verme.
—Nos volveremos a ver, Kelvin —su voz se escuchó a través de
las docenas de metros que nos separaban—. Algún día hablaremos del nombre
sagrado con nuestro hijo.
Habiendo dicho eso, giró de nuevo y continuó su camino. Todos
lo vimos desaparecer en la distancia; todos igual de confundidos que yo. ¿El
nombre sagrado? ¿Nuestro hijo?
Cuando ya se había ido, sentí las manos de Calvin sujetando
mis hombros, deslizándolas sobre mi pecho para acariciarlo. Lloraba
silenciosamente, con lágrimas sobre mis mejillas. No obstante una parte de mi
obviamente conocía a Potus y estaba consciente de la situación, otra parte de mi
estaba completamente en confusión. Había solo una cosa que si entendía, lo que
había dado cabida a todo mi miedo y mi tristeza: sabía que yo era Potus y que
Potus era yo. Esa inferencia era suficiente para asustar a cualquier niño.
Aquella noche después de cenar nos reunimos en lo que en el
pasado había sido la sala del trono. Estaba intacta completamente a pesar de
haber sido acondicionada con varios muebles para que todos los cincuenta niños
pudiéramos sentarnos juntos alrededor de la chimenea de mármol para charlar. Era
tiempo de contar historias y socializar; un momento para sentirnos seguros y
contentos. Era también, inevitablemente, para que eligiéramos un compañero para
pasar la noche, porque a nadie le gustaba dormir solo. Sospecho que los chicos
mayores previeron la noche para asegurarse de que hubiese abundante actividad
sexual a la hora de dormir, justamente para sumar más energía a la debilitada
fuente de poder de Kovzland, o para evitar que se esfumara por completo. Fuera
de la luz del fuego de la chimenea, la habitación estaba oscura. Los niños
estaban reclinados en el suelo, sentados en sillones y acurrucados sobre los
sofás. Todos estábamos presentes. Como de costumbre, los niños menores estaban
desnudos, que eran casi tres cuartas partes del total. Los chicos mayores traían
playeras y pantalones cortos. Para preservar la alfombra, todos estábamos
descalzos.
Me senté sobre un sillón afelpado junto a Garrik; nuestros
cuerpos desnudos en contacto el uno del otro, abrazados con los brazos sobre
nuestros delgados hombros. Sobre el piso, el Príncipe Kelly estaba recostado
junto con su grupo de inquietos amigos jugando a las luchas, todos pequeños y
desnuditos. No podían estarse quietos por un momento. Mis ojos se daban turno en
observar sus nalgas y sus penes impúberes mientras jugaban y se meneaban
jugueteando. Para colmo, tuve una erección al mirarlos lo cual hizo reír a
Garrik. Juguetonamente cogió mi pequeño miembro tieso y lo talló suavemente, lo
suficiente como para hacerme sentir placer, pero no para llevarme hasta el
clímax. Pronto me hallaba haciendo lo mismo con el, estimulando su grueso y
pequeño pito para que tuviera una erección y después acariciárselo suavemente.
Contentos como estábamos, vimos como el Guardián Terry se acercó al fuego.
Estando en la flor de la adolescencia, Terry era un chico
extrovertido de brazos y piernas delgadas en una figura ajustada. Traía una
playera ajustada a sus músculos y unos pantalones cortos holgados que hacía
lucir sus piernas aun más delgadas. Todos se quedaron quietos y en silencio
cuando se dieron cuenta que el cuento de la noche iba a comenzar. Incluso Kelly
y sus admiradores se callaron, recostados sobre sus pancitas, manos sobre sus
barbillas, atentos para escuchar.
—Al principio existieron Los Guardianes —Terry comenzó su
historia sin mas preámbulos—. Nueve hombres valientes y fuertes llegaron de lo
lejos sin conocerse los unos a los otros. Persiguieron un espíritu malvado,
acompañados de un dios pacifico. Ellos y su dios se reunieron en la isla de
Zanvera de donde toda la vida comenzó a emanar.
Su dios dijo: "Construid tierra de paz en este lugar, porque
yo os lo confiero como un jardín donde la muerte no os acechará mas". Los
Guardianes así lo hicieron; construyeron una tierra de paz y amor sobre las
laderas de la isla de Zanvera y ahí adoraban a su dios y crecieron fuertes y
justos en la eterna juventud.
Con el tiempo, Los Guardianes aclamaron a su dios diciendo:
"Danos una nueva esperanza, señor. Permítenos admirar la belleza de la inocencia
que había en el pasado. Permite que haya un nuevo futuro para Zanvera".
Pero su dios los amonestó diciendo: "No os dejéis tentar por
los aires de la incertidumbre, hijos míos, porque es de peligro intentar
erguirse hacia el paraíso. En el anhelo de lo que deseáis obtener, podéis perder
la felicidad que ahora poseéis".
Los Guardianes, que eran fieles a su dios, se quedaron en
silencio y posteriormente aclamaron: "Sin crecimiento no hay cambio y, sin
cambio no placer en la vida. Permite que haya un futuro nuevo para Zanvera".
Su dios descendió sobre ellos y les dijo: "El peligro esta en
el cambio, hijos míos. Abandonad tales ambiciones y no abráis una puerta al
peligro".
De nuevo, Los Guardianes cedieron en silencio. Sin embargo,
pronto los anhelos por el cambio se incrementaron y, por tercera vez le
imploraron a su dios: "El peligro no nos importa, oh señor, envíanos un
instrumento del cambio".
Fue entonces cuando su dios finalmente accedió y les dio un
regalo: "He aquí el instrumento del cambio. Escuchad atentamente. Os advierto
que cuando crezcáis, también crecerán vuestros peligros, pues no estamos solos
en este mundo. El otro dios os exigirá como un severo maestro. Renunciad al
cambio y desistid en erguiros hasta el paraíso y no perderéis vuestra
felicidad".
Los Guardianes escucharon las palabras de su dios y se
angustiaron. A pesar de ahora tener el instrumento del cambio, no se atrevían a
usarlo y así, hubo paz en Zanvera y en todo el mundo.
Garrik seguía lentamente tocando mi erección y yo tocaba la
suya. El suave calor de su cuerpo desnudo junto al mío y sus tiernas caricias
sobre mi pene me hicieron sentir soñoliento y relajado. Mientras Terry hablaba,
su dulce voz me hipnotizaba llenando mi mente de visiones del cuento que estaba
relatando. Mas que escuchar el cuento, sentí que lo estaba viviendo.
—…pero no obstante, Los Guardianes no pudieron resistir la
tentación por mucho tiempo. Uno de ellos tomo el instrumento del cambio y se lo
llevó hacia el desierto. Ahí, lo utilizó sobre si mismo antes de regresar con
los demás Guardianes quienes le preguntaron: "¿Qué haz hecho? ¿Utilizaste el
instrumento del cambio?" El lo negó y dijo: "Solo estaba caminando en el
bosque".
A lo largo del tiempo, el instrumento del cambio produjo un
bebe reluciente de áurea luz y Los Guardianes quedaron impresionados. Viendo los
resultados, Los Guardianes estaban ansiosos de producir más niños; por tanto, el
instrumento del cambio fue usado una y otra vez. Mas niños nacieron hasta que
sumaban cinco mil y su mundo era hermoso y con paz, lleno de amor y alegría.
Buscaron un buen nombre para su utópico mundo y se llamaron así mismos Los Niños
de Kovz —los niños del cambio— y, nombraron a su creciente reino Kovzland.
—¡Igual que aquí! —Perry dijo emocionado a los niños desnudos
en el suelo.
—No, tonto —dijo Chad burlonamente al ingenuo niño menor—.
¿Pues, de que creías que se trataba el cuento, baboso?
—No soy baboso —Perry reclamó; su cuerpecito levantándose
sobre sus rodillas, su pene de parvulito aun muy pequeño como para balancearse
sobre sus testículos.
—Si lo eres —Chad rezongó, levantándose también sobre sus
rodillas; su pene mayor que el de Perry, semierecto dirigido hacia el frente
sobre sus tersas y suaves piernas.
—¡No lo soy! —la aguda voz de Perry respondió mas fuerte y
daba la impresión que estaba listo para lanzarse sobre el otro niño.
—¡Basta! —la grave voz de Calvin se escuchó, acabando de una
vez con la infantil riña. Su cuerpo alto y musculoso se acercó a la chimenea—.
¿Quién de vosotros queréis recibir las primeras nalgadas?
Sin otra palabra, ello calmó a ambos niños y se recostaron de
nuevo con los demás, riéndose entre dientes, pues sabían que Calvin no les daría
de nalgadas si comportaban inmediatamente.
—Dales de nalgadas de todos modos —el Príncipe Kelly rió con
el apoyo de los demás niños.
—No, por favor —Perry le sonrió como un querubín al joven—.
Ya vamos a ser buenos —prometió tiernamente.
—Si seremos buenos —Chad agregó con una sonrisa igual de
angelical.
Calvin les sonrió. Sus gorditos traseros luciendo adorables.
—Guardián Terry —Calvin hizo un ademán al cuentista y
sonriendo regresó a sentarse con los chicos mayores.
—Y luego, cuando los bebés crecieron —Terry continuó con el
cuento—, también aumentó un poder desconocido, porque Los Ancianos también
estaban creciendo bajo el poder de su propio dios, el antiguo enemigo del dios
de los niños de Kovz.
El dios de los niños de Kovz se les apareció y les dijo: "Qué
habéis hecho? ¿Acaso no os dije que no crecierais? ¿Acaso no os advertí que no
utilizarais el instrumento del cambio?"
"Te he desobedecido, señor", el primer Guardián que utilizó
el instrumento dijo. "Yo fui el primero que uso el instrumento del cambio".
El dios estaba tristemente decepcionado, pues ese Guardián
había sido su favorito entre los demás Guardianes. El dios dijo: "Vosotros
siempre habéis tenido dos mentes: una libre e inocente, y la otra ambiciosa y
llena de deseos de crecer. Entonces, que haya dos cuerpos y que cada uno persiga
la vida que desea."
Así pues, el dios dividió a aquel Guardián en dos seres,
idénticos en apariencia pero diferentes internamente. Desde ese instante, hubo
diez Guardianes de Kovzland. Al Guardián que deseaba el poder en el mundo le
dijo: "Vete hacia el mundo y no regreses a mi jardín otra vez, porque el día que
oses tocar la belleza que mas adoro, ese día la belleza desaparecerá para
siempre."
Y aquel Guardián abandonó la isla de Zanvera para siempre
fuera de los placeres del jardín nunca más.
Terry terminó de contar el cuento y yo me sentí triste a
pesar de las suaves caricias de mi amiguito Garrik. No era el relato completo,
por supuesto, pues había otro que completaba la saga de la isla de Zanvera, el
relato dado a Potus siglos después, devuelto a nosotros recientemente.
Quería llorar, pero no lo haría en presencia de los otros
niños. En vez de ello, comencé a tallar la erección de Garrik mas rápidamente,
esperando que su gozo calmara mi tristeza.
—¿Quién fue ese Guardián? —el pequeño Perry preguntó estando
en el piso junto a Kelly.
—Es solo un cuento, Perry —Terry respondió gentilmente—. No
importa que haya sido tal Guardián. Lo que importa, es que vosotros entendáis
que no debéis desobedecer a dios.
—Yo no he visto a dios —Chad dijo.
—Nadie lo ha visto por siglos —Terry dijo—. Se dice que
abandonó a los niños de Kovz después de la desobediencia y que ya no los
defendería.
—¿Es por eso que Los Ancianos nos vencieron en la guerra?
—Kelly preguntó.
Terry asintió.
—¿Por qué habría un mundo con dos dioses? —Travis Berenson,
mi novio de Labar preguntó.
Travis era un niño muy guapo de doce años de edad con cabello
rubio y brillantes ojos azules. Era de cuerpo delgado, solo cubierto por unos
pantalones cortos. Estaba parado de brazos cruzados sobre su gran pecho plano,
al parecer, realmente interesado en el cuento.
—Pensé que el mundo había sido creado por un solo dios
—Travis dijo.
—Hay un buen libro acerca de eso, Travis —Terry le sonrió a
la curiosa mirada del niño—. Si de veras estas interesado, puedes platicar con
Jonathan. De otra manera, vamos a guardar esa historia para otro día.
Travis se veía sorprendentemente pensativo acerca del tema.
Era un chico muy erótico y no era de esperar que pensara en otra cosa que su
pene. Este tema, sin embargo, pareció haber captado toda su atención e interés.
—¿Alguna vez aquel Guardián regreso a la isla de Zanvera? —un
niño de diez años llamado Alex preguntó.
Él tenía un adorable cuerpecito, cabello café y grandes
ojazos color miel. Era uno de los pocos que no andaba como perrito faldero atrás
de Kelly; por tanto, estaba sentado sobre un cojín grande de lado, sus piernitas
y su pequeño pene incircunciso a la vista de todos.
—Si —Terry respondió—. Pero eso es otra historia.
Varios de los niños gruñeron en desanimo, pero Terry levantó
su mano para hacerles callar.
—Es hora de un nuevo entretenimiento —Terry dijo, haciendo
que algunos niños se animaran.
Después de todo, solo había dos formas de entretenimiento.
Una era los cuentos y la otra era algo más interesante.
—¿Quién tiene el mejor cuerpo en Kovzland? —Terry les
pregunto a los niños que ahora estaban sonriendo. Ofrecieron varias respuestas,
la mayoría de ellas apuntaba a Calvin.
—Averigüémoslo —Terry agregó.
Mientras los demás niños se acercaban mas al fuego de la
chimenea para el concurso, pude notar que el pequeño Garrik se estaba poniendo
mas excitado. Estaba masturbando plenamente su pequeño órgano sexual; sus
propios dedos ya habían dejado de masajear el mío. Estaba casi volteando hacia
él, lo suficiente como para sentir mi suave pecho contra su brazo; mis labios
tiernamente besando la suave piel de niño de su cuello. Estaba jadeando
suavemente, mirándome penosamente para ver si yo entendía que se lo estaba
haciendo en presencia de muchos otros niños, pero estaba tan excitado como para
hacerme detener. Su pito estaba tan duro como un palo; era lindo ver como la
cabecita entraba y salía de su prepucio.
La multitud reía y animaba mientras los otros chicos se
quitaban sus playeras revelando sus pechos musculosos. A la vez que yo besaba y
masturbaba a Garrik, ellos se turnaban mostrándose a los otros niños.
Había algo apasionado en lo que le estaba haciendo al niño de
diez años. Era como si confiara en que su orgasmo me absolvería de cualquier
culpa que yo hubiese sentido, como si su pasión fuera mi salvación.
Mientras su flaquito cuerpecito comenzaba a tensarse,
patéticamente me agaché con mi mejilla rozando su pecho y su vientre hasta que
su pitito estaba frente a mí. Lo envolví con mi boca apasionadamente mientras
sus músculos se contraían aun más.
Mientras los otros niños se mostraban, Garrik dejó escapar
unos lloriqueos y gemidos cuando el orgasmo invadió su cuerpo pueril. Sentí como
se comenzó a agitar aun cuando toda la habitación se tornó silenciosa. Todo
mundo volteó a mirar lo que estaba sucediendo y me encontraron con mi cara sobre
las piernas de Garrik, chupándole el pilín mientras el niño gemía y se agitaba
en orgasmo. Cuando se percataron de lo que estaba sucediendo, los otros niños
comenzaron a reírse entre dientes y algunos animaban al niñito que yacía
sollozando y meneándose en placer.
Toda esta atención avergonzó al niño de diez años que no
había terminado su orgasmo cuando comenzó a tratar de quitar mi cara de su pene.
A pesar de que el sexo entre niños era apreciado, incluso fomentado, en
Kovzland, pocos niños de diez años querían que todos supieran que lo estaban
haciendo. Era ilógico, pues todos lo hacíamos; aun así, estaba tan avergonzado
como Garrik lo estaba. Lo que había empezado como un intento de salvación, se
había convertido en un objeto de más vergüenza.
Solté su pene y el niño enseguida se puso de pie; su pequeña
erección aun pulsante y reluciente entre sus piernas. Los otros chicos todos
animaron y rieron, apenándonos a Garrik y a mí aun más. No entiendo cual era la
gracia de que dos niños estuvieran teniendo sexo, particularmente en un lugar
donde todos lo hacíamos; de todas maneras, nos inhibíamos y con justa razón,
pues mi erección estaba bien parada. Por la vergüenza, el pene de Garrik se
estaba ya ablandando. El mío parecía endurecerse mas entre mas intentaba que se
ablandara.
—Vamos, vamos… —el Guardián Rick dijo, acercándose al grupo
de chicos mayores. Al igual que ellos, no traía playera, su imponente pecho
tonificándose en un lugar donde la mayoría éramos niñitos delgados—. Como el
resto de nosotros, no creo que estéis celosos. Al parecer he visto pocos penes
parados en mi vida.
Ello era poco probable para un Guardián de dos mil años de
edad. Sin embargo, sus palabras fueron atinadas: había copiosas erecciones
pueriles en la habitación.
—Todos vosotros, id a la cama —Rick dijo con una sonrisa.
Ciertamente no había objeción. Los niños estaban andando
enseguida, muchos erectos y ansiosos por lo que sabían que vendría. El irse a la
cama, no precisamente significaba irse a dormir. Pronto, los únicos en la
habitación éramos Calvin, Terry y yo.
Me acurruqué en el sillón sintiéndome diminuto comparado con
los chicos grandes.
—No fue mi intención hacer el cuento acerca de ti, Kelvin —la
linda cara de Terry dijo, pareciendo mortificada e inocente bajo su suave
cabello café.
—Lo sé —respondí.
—Los demás niños necesitan conocer nuestra Historia, Kelvin
—Calvin agregó.
—Lo entiendo. No hay problema —dije enfáticamente.
—De acuerdo —Calvin sonrió—. Oye, vamos a ir a una fiesta
abajo al en la habitación de Chad. Probablemente solo miremos como se lo jala,
pero, ¿por qué no vienes con nosotros?
—Nah. Ya tengo una cita.
—Si, claro —Terry sonrió—. No hay un día en que el niño mas
lindo de Kovzland no tenga una cita.
—Cierto —Calvin agregó para reforzar tal mentira—, pero si
quieres venir con nosotros, baja a la habitación de Chad. Será divertido, ¿de
acuerdo? Un montón de niños van a ir. Puedes traer a tu cita.
—De acuerdo —dije.
Entendían que quería estar solo y no iban a extenderse más
sobre el tema. Con sonrisas y calidas buenas noches, se fueron a la fiesta.
No se trataba solo de un cuento, por supuesto. Era una
crónica objetiva acerca de cómo Potus y yo nos dividimos en dos personas. El
heredó todas las ambiciones maduras de poder. Yo heredé todas cualidades
sensibles de la infancia. A él le había sido prohibido disfrutar del amor de los
niños que tanto apreciaba y admiraba. Yo fui provisto de todos los atributos
necesarios para deleitarme con el sexo con niños, pero era totalmente incapaz de
desea o perseguir el poder o la riqueza.
No es justo decir que yo fui el único culpable de nuestra
expulsión del "Edén" por un dios que ya no se mostraba. No. Fuimos Potus y yo.
Una parte fue mi amor por la dulce inocencia, la otra era su deseo de poder y
riqueza. Ya ninguno de los dos tenía un dios; ninguno de los dos estaba
completo. En alguna parte del mundo se encontraba el hijo que habíamos creado
con el instrumento del cambio. Algún día encontraría a ese niño de nuevo.
Desnudo y solito, me alejé de la chimenea y vague por los
jardines del palacio, o lo que quedaba de ellos. El ataque de Los Ancianos había
destruido la mayor parte. Lo que quedaba estaba cubierto por la maleza. Había
flores que podía ver gracias a la luz de la luna y las estrellas, pero no se
veían tan vividas en detalle como cuando era de día.
Gran carga el que llevaba encima; una carga compartida por
Potus solamente. Tantas cosas que habíamos hecho para protegernos. No tendría
paz, hasta que Potus y yo fuéramos uno de nuevo. Hasta ese momento, estábamos
forzados a vivir una mentira.
La noche era espectacular. El firmamento era una sólida
oscuridad punteada por millones de estrellas. En algún lugar, allá afuera, había
una estrella alrededor de la cual giraba La Tierra, el lugar original de Los
Guardianes. Me preguntaba si alguna vez tendría la oportunidad de regresar allí.
La primera de las dos lunas de nuestro planeta parecía estar
colgada de una cuerda, tan grande y hermosa como pertenecer a tan grande
extensión de los cielos. En aquella época del año, la segunda luna saldría en
unas horas, nunca tan grande o tan brillante como la primera.
A pesar de ser una noche cálida, había una fresca brisa
soplada desde el lago y sentí escalofríos sobre mis brazos y piernas. Mi pene se
puso mas chiquito también, tratando de taparse del frío de la noche.
Me senté sobre un paredón que se sentía mas frío que el aire
sobre mi trasero. No importaba. Quería tener frío. Quería sufrir. Desde hace
mucho tiempo había traído todo esto conmigo.
—Hola, Kelvin —una pueril voz de soprano se sentó junto a mí.
Salté por el susto y vi al Príncipe Kelly, lindo chiquillo,
desnudo igual que yo.
—Hola, Kelly —dije, fingiendo una sonrisa.
—¿Quieres que te deje solo? —preguntó con una voz tímida.
Lo pensé por un momento. Si, en realidad, quería sufrir solo.
Quería ser un mártir, despreciado por mis compañeros ciudadanos. Al mismo
tiempo, necesitaba desesperadamente alguien que me abrazara y me amara.
—No —dije—, quédate, por favor.
Kelly sonrió y se sentón mas cerca de mi.
—Brr —se rió entre dientes—, esta piedra esta fría.
Le sonreí y lo miré. Su carita angelical estaba difusa en
color sobre la luz de la luna, pero su belleza era fácil de apreciar. Su rubio
cabello parecía plateado y sus ojos casi grises bajo dos largas pestañas
oscuras. Arriba de sus ojos, sus escasas cejas difícilmente se veían sobre su
tersa piel. Abajo, su naricita se veía dulce y pueril, un poco achatada de la
manera que adoraba tanto. Sus labios se veían grises en la tenue luz, pero se
veían llenos y prominentes sobre sus dientes blancos. Todo lo que quería hacer
era besarlo y abrazarlo, pero en lugar de ello, me detuve a mirarlo
detenidamente.
Finalmente se sonrojó por mi afecto y miro hacia otro lado.
—Lamento haber estado presumiendo mi esfera de cristal
—dijo—. No lo hice a propósito.
—Lo se —sonreí a su carita de niño.
De cualquier manera, ya había superado su trofeo con lo que
había encontrado en el templo aunque no iba a anunciarle tal cosa.
—Siento haber portado así solo por eso.
—¿Qué quieres decir? —me sonrió dulcemente.
—No se —suspiré—. Los otros niños andaban todo el tiempo
contigo que yo ya no quería andar contigo.
Era la única manera de que un niño de mi edad admitiera que
estaba celoso de ellos.
—Son unos tontos —su aguda voz dijo—. Solo quería que
estuvieras orgulloso de mi y que fueras mi amigo.
—Siempre seré tu amigo —dije, mirando fijamente a su carita
de niño de diez años—. Te amo.
Estas dos palabras siempre hacían a los niños incómodos y
Kelly respondió con una tímida sonrisa que hizo sus hoyuelos mas pronunciados.
—Tu eres un Guardián, Kely —el niño dijo—.Es difícil para mi,
sabes, solo olvídalo. Quiero decir… tu siempre vas a ser mi numero uno. Yo soy
el que tengo que ser mejor.
En realidad era algo sin importancia. Los adultos saben que
cosa del ego es una perdida de energía. Para los niños, sin embargo, niños como
yo y Kelly, era importante.
—Solo soy un niño como tú, Kelly —dije—. En realidad no se
mucho de nada. Mira, tú eres un Príncipe. Eso me parece más grandioso a mí que
un Guardián.
Lo que dije lo hizo sonrojar, algo difícil de ver en la
noche, pero fácil de divisar por la forma en que sus hoyuelos de sus mejillas se
pronunciaban y la graciosa manera en la que miro hacia el otro lado. Era tan
sublime estar sentado junto a él que, estiré mi mano y acaricié su rubio
cabello, dejando que mi mano continuara sobre el terso contorno de su mejilla.
—Tengo frío —dijo temblando—. Vamos adentro.
No hacia tanto frío, pero el fuego de la chimenea seguía
ardiendo y no había razón para desperdiciarlo. Caminamos juntos al sofá más
cercano al fuego y de repente Kelly se giró hacia mí. Yo era un poco más alto
que él, pero su cuerpecito fácilmente se adhirió al mío y mis labios encontraron
el camino hacia los suyos, pues estaban hechos el uno para el otro. A la vez que
nuestras lenguas jugueteaban entre si, nuestros cuerpos se acercaron más. Entre
ellos, nuestros pueriles penes se pusieron duros el uno contra el otro, pasando
de suave carne a pulsantes erecciones en solo segundos. Ambos eran penes
pequeños y adorables. Al acercarme a la pubertad, el mío había crecido
recientemente y era ya mas grande que el de Kelly. Ambos eran delgados y tenían
casi idénticas cabecitas en forma de honguito colorado, las dos con un pequeño
orificio en la parte superior. La mayor diferencia era el cuerpo de nuestros
penes, pues el de Kelly era de completamente lisa piel de bebé; el mío tenía una
pequeña vena azul que se notaba a la mitad. Cuando se ponía muy duro, dicha vena
pulsaba al ritmo de mi corazón.
Suavemente rozamos nuestros cuerpos el uno contra el otro,
enfocándonos principalmente en que nuestras erecciones gemelas exploraran,
además de disfrutar el suave contacto de nuestros flacos vientres y la cálida
lisura de nuestros suaves pechos. Nuestros brazos —aunque aun pueriles, los míos
estaban creciendo y poniéndose mas delgados— asidos fácilmente alrededor para
que nuestras manos acariciaran tiernamente sobre nuestras espaldas, ninguno de
los dos lo suficientemente maduros como para tener músculos de adolescente.
Nuestras erecciones se pusieron más tiesas, topando contra si; Kelly suspiró
encantadamente mientras mi boca estaba presionada contra la suya.
Kelly y yo nos habíamos vuelto notables por nuestras caricias
preliminares; cada uno gustaba de estimularnos los penes hasta la excitación
intensa antes de llevarlos al clímax. Esta no era la excepción. Mas de cinco
minutos de cogernos abrazados, besándonos y estimulando nuestros penes hicieron
que estuvieran pulsando de placer.
Kelly finalmente se separó dando un paso atrás y nos
sonreímos, caritas de la niñez llena de amor por el otro. Ambos miramos hacia
abajo, admirando las pueriles erecciones pulsando de arriba abajo entre nuestras
piernas; los suaves 7.6 centímetros de nuestras vergas que compartíamos. Ambas
bien paraditas en un ángulo de cuarenta y cinco grados latiendo en anticipación.
Kelly volteó y se dirigió hacia el sofá, sus lindas nalguitas
luciendo carnosas y redonditas. Eran unas nalgas como las de cualquier niño de
su edad, como un compacto cojín de lisa piel separado por una rayita en medio.
Estaba ansioso de meterle mi pene entre sus nalguitas. No obstante, tan
excitados estábamos que buscábamos algo mas.
Kelly se recostó sobre el sofá sobre su espalda, su angelical
cuerpo acostado ahí en inocente belleza. Me sonrió cuando fui y me acosté
delicadamente sobre su cuerpo, asegurándome que mi pueril pene se colocara junto
al suyo. En la suavidad entre nuestras piernas, nuestras cositas pulsaban la una
con la otra y en cada pulsación, enviando ondas de amor en nuestro cuerpo. Nos
besamos y las manos de Kelly me cogieron y comenzaron a tallarme de arriba hacia
abajo sobre mi espalda y mis hombros. No puedes decir que los labios de un niño
saben dulces, a menos que se haya comido un chocolate, pero los de Kelly eran
exquisitos de cualquier forma. Dentro de su boca, mi lengua palpaba el calor y
la consistencia de su saliva; su lengüita recorriendo tiernamente la mía.
Numerosas veces este adorable pequeño había mi pene en su boca. Tantas veces mi
pene había tenido un orgasmo justo donde mi lengua estaba ahora tocando. En poco
tiempo, mis labios comenzaron a cansarse y separé mi cara de la de mi amiguito.
Nos sonreímos antes de que colocara mi cabeza sobre su hombro, mi mejilla
rozando contra su suave piel. Los largos meses de desnudez nos habían dado unos
suaves bronceados sobre nuestros cuerpos, sin marcas de ropa interior.
Aun besando su hombro, muy suavemente comencé a rozar mi pene
entre sus piernas. Percibí como Kelly sonreía, su sólida erección disfrutando el
contacto con mi verga. Para hacerlo mejor, mis nalgas subían y bajaban sobre
Kelly, mi pene deslizándose sobre su piel. Este estimulante jugueteo continúo
por otros cinco minutos hasta que comencé a sentir el placer en mis testículos
comenzando a retraerse, mi cuerpecito preparándose a eyacular algo que no
existía aun. Pude notar que Kelly también estaba cerca y esta no era la manera
en la que quería que terminara nuestra pasión.
Ambos estábamos jadeando cuando me levante y me puse de pie.
El no hizo preguntas: sabía que tan cerca había estado del orgasmo.
Me peine mis rubios cabellos fuera de mis ojos jadeando al
igual que él; mi inmaduro cerebro inundándose de deseo. Quería que me lo
chupara, algo no fuera de lo común, pero también quería metérselo entre las
nalgas y hacerle el amor.
Finalmente, mi mente se despejo lo suficiente como para
moviera hacia el; mis manos guiando su cuerpecito para que se volteara bocabajo.
Kelly y yo conocíamos bien nuestras técnicas de hacer el amor y no hicieron
falta palabras para que supiera lo que le quería hacer.
Riendo tiernamente, se colocó hincado sobre el sofá y su
cuerpo echado hacia delante soportado por sus brazos. Esto hizo que las
nalguitas se le pararan mejor, lo suficiente como para abrírselas y revelar su
pequeño y suave culito.
Enseguida me hinqué tras él; mis manos sujetaban sus
nalguitas manteniéndolas abiertas, ac