CAFÉ CALIENTE 2
En ése terrible momento me enteraba de su
nombre... Paola, mientras rápida y aterrada, se subía la tanguita y los jeans de
manera arrebatada...
-!Ya voy!
Desde afuera, el furioso hombre jalaba la
perilla y golpeaba la puerta, desesperado
-!¿Qué estás haciendo?!, ¿Con quién estás
allá adentro!?
Yo me empecé a subir los pantalones
nervioso por el inminente enfrenteamiento con el cornudo, trataba de pensar qué
demonios iba a hacer cuando se abriera esa puerta, que de pronto, cedió ante la
fuerza del sujeto.
Yo me levanté de la taza y reconocí al
tipo, era el mismo de aquella tarde cuando quedé atrapado en la tanga de Paola.
El problema es que ya no me fue tan indiferente cuando saqué conclusiones de su
estatura y porte. Era un hombre fuerte, atractivo, muy varonil con un
temperamento arrebatador. Miró a su mujer y luego me clavó la mirada a los ojos:
-¿Qué estabas haciendo encerrada con este
pendejo, si se puede saber, grandísima puta?!
Yo estaba esperando el primer golpe, Paola
muy nerviosa, sin atinar que hacer o decir
-Yo solo... Mira Manuel, no es lo que
piensas
Y el tipo se encierra con nosotros en el
baño, agarrando por el pelo a Paola.
-Escuchame bien, putita barata... Sé que
te encanta la verga y que eres una ofrecida... Y ahora me la vas a pagar por
caliente...
Yo para entonces sabía que llevaba una
desventaja física, pero me decidí a intervenir por mi nueva nalga; aunque ni
siquiera pude abrir la boca cuando él me dice:
- Y tú ni te muevas... Es más, bájate los
pantalones...
A lo que respondí:
-Oyé, yo creo que podemos hablar con...
Y Paola intervino:
-Por favor, no lo hagas más difícil... No
sabes de lo que es capáz.
Yo la miré como tratando de entender lo
que estaba sucediendo, él insistió:
-Órale, chingada madre, no tengo toda la
noche!
Y sin más, le terminó de bajar los jeans a
Paola y le arrancó la tanga de manera muy violenta. Todo fue muy rápido, Paola
pasaba del susto a un dejo de placer mientras yo me quitaba los pantalones.
Manuel se bajó los pantalones con todo y calzones y saltó a la vista una hermosa
verga de 20 cms, circuncidada, de buen grosor y de higienico aspecto. De
inmediato él se percató de mi mirada braguetera que intenté esquivar, demasiado
tarde. Manuel agarró a Paola de los cabellos y le ensartó todo su rábano en la
boca de un solo golpe. Mi erección fué inmediata, Manuel miró mi paquete y luego
me dijo, cómplice de un juego muy caliente:
-Luego sigues tú...
En relidad, yo no sabía a qué se refería,
pero a esas alturas, ya no me importaba nada. Mi calentura iba creciendo a cada
mamada que expertamente le daba Paola, y mi miembro palpitaba de la exitación...
De afuera se escuchó una voz:
-!Paola... Ya me voy, te dejo las llaves
en la covacha...!
Manuel le sacó el bultote de la boca y la
miró amenazante, Paola respondió:
-Hasta mañana Gerry, que descanses!
Manuel la tomó nuevamente de los pelos y
le exigió:
-!Ahora mámasela a él!
Paola, ya arrebatada de la calentura, tomó
mi miembro y comenzó a darle unas mamadas dignas de premio... Era evidente que
quería darle un espectáculo a su macho, mismo que él agradecía con una erección
que se fué acercando amenzante a mis labios. Yo intenté reaccionar tarde, pues
la punta de su verga y parte del tronco tocaron mi cara, y su olor y la cercanía
hicieron que me estremeciera... Manuel se dirigió a su mujer.
-!Eso putita, mámaselo bien... Sácale toda
la leche!... Eres una puta, Paola, yo lo sabía, que ojete y qué puta... Pero
ahora te vas a chingar y vas a cojer con quien yo diga...
Manuel ya me tenía sujetado de la cabeza y
embarraba duramente su miembro en mi cara...
-Es más, se me hace que este guey es
puto... Y me lo voy a cojer para demostrártelo...
Yo me sentía rebasado por las emociones,
muy confundido entre la indignación y el asumir que me estaba gustando la
cercanía de esa vergota. Súbitamente le dí una lamida, no me pude contener.
Manuel se separó y me miró con sorpresa.
!Mira nadamás!, Tu amante resultó
marica... Bien, pues te tengo una sorpresa, mi vida, a mí también me gustan los
maricas, y si nos lo cogemos entre los dos, por mi ya no habría problema...
Paola me miraba con la expresión cargada
de lujuria. Yo bajé la mirada apenado, y aparentemente resignado, aunque me
moría por que Manuel me metiera toda esa vergota en la boca... Finalmente
sucedió, y yo exploraba la suave piel de su miembro con mi boca, mientras Paola
me chupaba la verga a lo largo y los huevos, Manuel levantó y flexionó una de
mis piernas y Paola siguió el recorrido de su lengua desde la punta de mi verga,
hasta mi apretado ano. Yo succionaba aquella caña con una destreza innata que me
sorprendía y exitaba más, mientras Manuel porfiaba una cantidad de maldiciones
que yo ya ni escuchaba. Solo trataba de concentrarme en las deliciosas
cosquillas en mi ano, pues Paola me estaba dando un beso negro... Y nunca había
sentido algo igual, y al tiempo que me entregaba, Manuel entraba y salía de mi
boca y yo descubría cómo se sentía un hombre. Por momentos, ni me acordaba de la
presencia de Paola. Para entonces yo ya estaba de perrito, Con Paola hincada
bajo mi miembro mientras yo mamaba desesperado el tronco de Andrés, que
súbitamente se detuvo y me ordenó:
Híncate en el piso y levanta el culo!
Yo lo obedecí sin más y Paola continúo con
su beso negro, que entonces pude gozar en todo su esplendor pues la posición me
permitía abrirme sin nigúna complicación... Su lengua jugaba deliciosamente al
rededor de mi ano, de pronto, un dedo me invadió abruptamente... Sentí un poco
de dolor, que de inmediato desapareció, ya que Manuel lo dejó quieto un momento
para luego moverlo maestramente. Paola no dejaba de lamer mi agujerito que
rápidamente pidió mas. Pude percibir que Manuel se paro detrás de mí y acto
seguido, me embarró algo como crema y apoyó la cabeza de su instrumento en la
entrada de mis entrañas... Apenas entró la cabeza y dí un salto por el dolor...
Era demasiado agudo, La fuerza de Manuel me dominó y solo alcancé a maldecir,
muy bajito.
Manuel se quedó quieto un momento, sacando
la mitad de su instrumento mientras Paola continuaba dando lenguetazos a mi
apretado agujero y la parte del miembro que Manuel mantenía afuera, poco a poco
comenzó a moverse y el dolor desapareció por completo. Ahora podía sentir como
relajaba mi cuerpo y descansaba mi rostro contra el piso frío, soportanto las
embestidas del vengativo cornudo. Paola metió su cabeza debajo de mi vientre y
se apoderó de mi fierro con sus labios, dándome una ordeñada que, ayudada por la
presión de mi próstata, inundó la garganta de Paola de leche en pocos segundos.
Sin embargo, Manuel me siguió bombeando
cuando de pronto se detuvo y me sacó el fierro para acercármelo a la cara:
Límpiame el fierro!
Honestamente, me repugnó el olor a mierda,
a lo que Paola se adelantó y comenzó a lamerlo hasta dejarlo limpio...
-Me da gusto que se lleven bien, putitas,
porque de hoy en adelante me las voy a cojer todos los días...
CONTINUARA...