Y la vecina creció.
Mi esposa y yo, vivíamos en un piso en el centro de la ciudad
desde que nos casamos. En aquellas fechas no había nacido aún a nuestra hija, ni
teníamos intenciones de tener hijos todavía. Nos dedicábamos cada cual a nuestro
trabajo y a disfrutar de la vida en nuestros ratos de ocio. No nos sobraba el
dinero, pero nuestras necesidades básicas estaban cubiertas y, algo sobraba para
algún que otro capricho. Nuestra ilusión, y proyecto de futuro más ambicioso era
tener una vivienda grande, tipo "chalet", "casa pareada" o un "adosado", según
fueran nuestras futuras finanzas, antes de que llegasen los hijos.
La Diosa Fortuna nos sonrió y, de la noche a la mañana,
dispusimos de una importante cantidad de dinero que, si bien no alcanzaba para
ver cumplido íntegramente nuestro proyecto de vivienda, sí que nos permitía
embarcarnos en el mismo con garantías de éxito. Y así lo hicimos. En una "ciudad
dormitorio" muy próxima a la capital, encontramos la casa adosada de nuestros
sueños. Una construcción de solo 10 viviendas, con jardines independientes,
espacio suficiente para cubrir perfectamente las necesidades que tuviésemos
presentes y futuras, con un impresionante garaje para tres coches...
Pronto conocimos a todos los vecinos. La mayoría de las
familias eran poco mas o menos de nuestra edad, la mayoría con hijos de edades,
comprendidas entre los 7 y los 12 años. Nos integramos perfectamente con todos
ellos y existiendo más que una buena vecindad, una buena amistad. Cualquier
excusa era bien recibida para organizar una fiesta en la calle, donde corría el
vino, las cervezas y abundantes viandas.
Los años fueron pasando, y lógicamente, esas niñas que
jugaban con muñecas en la puerta de casa fueron creciendo, cambiando sus muñecas
por "muñecos" de carne y de hueso de edades similares a las suyas,
distanciándose un tanto de los mayores, y de nuestras fiestas y juergas
veraniegas. Y precisamente de una de ellas quiero hablarles.
Esta niña, si bien no era la de mayor edad, sí que era la mas
desarrollada desde que la conocimos. Cuando entró en la adolescencia, su
desarrollo fue espectacular, transformándose en una mujer de bandera. Pero su
"desarrollo", no fue motivo para dejar una de sus aficiones favoritas, el
patinaje sobre ruedas. Era delicioso ver sus evoluciones y movimientos sobre tan
resbaladizos utensilios. Me encantaba verla con sus compañeras en los
entrenamientos.
Ella era y es en la actualidad, una auténtica preciosidad de
criatura... Con toda seguridad conocerán a Nicole Kidman, la famosa y bella
actriz australiana. Tanto es así que casi nunca la llamo por su nombre y me
dirijo a ella por "Nicole". Bien, pues mi vecinita, es casi un doble perfecto a
ésta actriz, por así decirlo... su esbelto tipo, su cabello pelirrojo y rizado,
su rostro de sonrisa fácil y salpicado de graciosas pecas... largas y bien
formadas piernas, cuerpo perfectos en cuanto a sus proporciones de
pecho-cintura-caderas... un auténtico bomboncito.
Desde que tenía 14 o 15 años, siempre me llamaron la atención
en ella ciertos detalles, que en ocasiones me dejaban ciertamente "descolocado"
... siempre trataba de entablar conversación, me sonreía de forma pícara, no
mostraba pudor alguno al sentarse en las escaleras y mostrar sus braguitas de
motivos infantiles cuando se percataba que la miraba... incluso en cierta
ocasión, cuando estaba contemplando sus entrenamientos de patinaje, en un
momento dado se acercó donde me encontraba y alegremente me saludó,
¡¡Hola!! ¿Qué haces por aquí?
Hola, Nicoll... salí a dar un paseo y vi que andabais por
aquí y me acequé a curiosear... ¿cómo van los entrenamientos?
Hoy regular... me he caído y me he dado un buen golpe...
¡mira qué me he hecho! Uuuufff, que dañooo...
Al mismo tiempo, con el mayor desparpajo y sin el menor pudor
se desplazó hacia abajo la parte izquierda del pantalón de deportes que llevaba,
arrastrando al mismo tiempo su braguita, dejando al descubierto la cadera parte
de su glúteo y de propina, parte de su pubis, cubierto de ensortijados vellos
pelirrojos... su cadera estaba irritada por un fuerte rasponazo... obviamente
fue en lo que menos me fijé...
Vaya golpe que te has dado... ten cuidado y ve a que te
lo curen antes de que se te pueda infectar.
No, ahora iré a casa y después de ducharme me pondré agua
oxigenada.
Ahí acabó todo ese día, pero una puñetera cría de 15 años me
había puesto "burro"... vaya cuerpazo que tiene la niña. Niña, por llamarla de
alguna forma.
Situaciones como esta se repitieron infinidad de veces, en la
calle, en las piscinas municipales... Curiosamente siempre se daban cuando no
había nadie más cerca o tenia la completa seguridad de que nadie la miraba.
Jamás vi que lo hiciera con ningún otro vecino. Solo a mí.
He de decir que, aún teniendo alguna fantasía eróticas con
esa "lolita" que tenía por vecina, me mantuve firme y jamás le puse tan siquiera
una mano en el hombro, básicamente por dos motivos: El primero, porque ni soy ni
me considero un pedófilo y, en segundo lugar, por la buena amistad que me une
con sus padres.
Pero los años fueron pasando, ella fue creciendo y
obviamente, las situaciones también.
Todos somos muy rutinarios... con algunas variantes, pero
rutinarios. Mi esposa los sábados por la mañana, va a casa de sus padres para
ayudarles a hacer las compras, limpiar un poco... los vecinos, en su mayoría
marchan a la ciudad a realizar cometidos que no se pueden hacer durante la
semana, etc.
Aquel sábado, todo se desarrollo con normalidad... vecinos
que marchaban en sus vehículos, madres con sus hijos pequeños que iban a las
piscinas... en mi caso me quedé en el garaje de casa haciendo el "mantenimiento
rutinario" a la moto., ya que al día siguiente, marchaba con unos compañeros a
una concentración. Cuando menos lo esperaba, escuché
Hooolaaa – tú como siempre, entretenido con tus motos...
Y allí estaba ella, en lo alto de la rampa, con un vestido
veraniego de tirantes largo hasta los tobillos y, por efecto de estar ella de
espaldas al sol, daba la sensación de que iba desnuda, ya que se podía apreciar
hasta el más mínimo detalle de las maravillosas formas de su cuerpo. Era un
auténtico espectáculo verla así.
Hola guapetona - ¿Vas a las piscinas?
Sí. ¿qué le haces a la moto? . Me preguntó al mismo
tiempo que, tras miras a ambos lados de la calle, y bajaba la rampa del
garaje hasta donde me encontraba.
Nada importante. – Le contesté. – Mirar los niveles de
aceite, líquido de frenos y engrasar un poco la cadena.
¿Si?... y ¿Me puedes engrasar "esto"?... creo que se me
oxidará si no le doy un buen "engrase" a tiempo. - Dijo al mismo tiempo que
se levantaba el vaporoso vestido, dejando ante mis ojos su depilado pubis.
Estás jugando con fuego y terminarás por quemarte. –Le
dije muy serio.
Fuego es lo que tengo y nunca me lo has querido apagar.
–Contestó con una expresión en su rostro de auténtica lujuria.
Ven aquí. –Le exigí, al tiempo que le tendía la mano
derecha y me dirigía hacia las escaleras que dan acceso a la vivienda y que
nos ocultaban de miradas indiscretas procedentes de la calle.
Pensé que nunca conseguiría seducirte. –Dicho esto, me
abrazó dándome un beso en los labios, iniciando una sensual lucha con
nuestras lenguas.
Caí en sus sensuales redes en cuestión de segundos sin querer
evitarlo. Llevaba muchos años reprimiéndome. Ahora es mayor de edad y, si no nos
pillan "in fraganti", dudo que nadie se entere.
Subí su vestido hasta tener su cuerpo ante mis ojos... me
lance a acariciar sus pechos, sus tungentes y perfectos pechos, coronados por un
pezón que destacaba de ellos de forma erguida y desafiante... los devoraba,
pasando de un pecho a otro como si fueran los últimos que fuera a disfrutar.
Ella me acariciaba la cabeza con una mano mientras con la otra buscaba
afanosamente la forma de liberarme del pantalón y liberarme el miembro viril,
que estaba alcanzado su máximo tamaño en cuestión de segundos.
Sin dejar de acariciar sus pechos con mis manos, fui
descendiendo con mis labios por su perfecto y suave cuerpo, hasta alcanzar su
pubis, dejando un reguero de saliva. Elevó una pierna dejándola descansar dos
escalones más arriba, permitiendo que por primera vez pudiera ver la entrada a
su cueva, que ahora, por el movimiento de sus piernas, se mostraba abierta como
una flor en primavera. Allí enterré la lengua, saboreando las primeras oleadas
de flujos que fueron expulsadas, de sabor dulzón y exquisito. Pronto mis labios
se apoderaron de su clítoris y arrancaron sus primeros gemidos de placer. Mis
manos dejaron sus pechos y se apoderaron de sus glúteos, sin dejar en ningún
momento de jugar con su clítoris y de hacer con la lengua pequeñas penetraciones
en su cada vez más lubricada vagina.
Pronto alcanzó su primer orgasmo. Fue cuando con los labios
le estimulé el clítoris y con el dedo corazón, introduje la primera falange en
su vagina y comencé a moverlo en su interior. Fue intenso y largo, produciéndole
una aceleración en su respiración. Quedó apoyada en la pared, tratando de
recuperar fuerzas, como desmadejada.
Me desabroché el botón del pantalón y bajé la cremallera,
quedando ante sus ojos mi pene, que palpitaba a ritmo debocado en esos momentos,
como mi corazón. No llevaba ropa interior en esos momentos, por pereza a la hora
de vestirme.
Metemela... –Fueron sus palabras.
Y sin más dilación, tomándola por las caderas, emboqué el
pene en la entrada de su vagina y la penetré hasta que nuestros cuerpos
chocaron. Una vez acoplados, la tomé por los muslos, poniéndolos a la altura de
mis caderas, dejando que su espalda continuara apoyada en la pared, comenzando
un rítmico movimiento de cadera y obteniendo unas penetraciones profundas y
sumamente placenteras. Ella pasó sus brazos por mi cuello y nos besamos
nuevamente, mientras los estímulos que su gruta provocaba en mi ariete, me
estaban llevando al clímax.
El tiempo transcurrió de forma vertiginosa, y los placeres
que nos estábamos dando mutuamente, fueron en aumento, incrementándose más aún,
cuando ella, comenzó a cabalgar de forma furiosa, provocándose unas
penetraciones profundísimas, que le desencadenó un fortísimo orgasmo que tensó
todos los músculos del cuerpo durante unos intensos instantes, y echando hacia
atrás la cabeza. Sus ojos estaban en blanco y sus dientes mordían con fuerza su
labio inferior, ahogando un grito que con toda seguridad hubiese puesto en
antecedentes a algún vecino. Segundos más tarde, cuando se hubo recuperado de su
"premio", me ordenó de forma taxativa:
La quiero dentro de mí.
¿Qué quieres dentro de ti?
Tu leche. La quiero dentro de mí.
Y comenzó nuevamente a cabalgarme, al principio con suavidad,
pero poco a poco incrementando el ritmo, buscando mi recompensa y seguramente,
otra más para ella.
Yo no aguantaba más. Por un lado el esfuerzo físico de
sostenerla con mis brazos en volandas durante tato rato y por otro, el esfuerzo
de el acto sexual que llevábamos a cabo. Las piernas me temblaban y estaba
envuelto totalmente de sudor. Se dio cuenta de ello, y bajándose, se puso
sentada en un escalón, poniendo un pié apoyado en los pasamanos existentes a
casa lado de las escaleras (Dios mío, que piernas más largas y bonitas tiene
esta criatura), dejándome totalmente abierta y a la vista su vagina, que sin
demora, volví a penetrar, casi con violencia.
Ahora solo concentrado en el acto sexual, inicié un
movimiento de vaivén frenético, casi salvaje, con cierta violencia. Noté que se
le erizaban finos y casi imperceptibles vellos de sus brazos, que su respiración
nuevamente se aceleraba, volvía a morder su labio inferior con tal fuerza que le
quedaba blanco... Por mi parte, deseaba con todas mis fuerzas no acabar, quería
seguir disfrutando de forma salvaje de esa criatura que se había cruzado en mi
camino, pero... mi clímax llegó, de forma increíblemente intensa, como una
fuerte descarga eléctrica que me llegó al cerebro dejándome el cuerpo rígido y
con mi miembro en lo más profundo de esa maravillosa gruta de amor que estaba
disfrutando. Sus piernas golpearon con violencia mis glúteos en el momento en
que ella también recibió por tercera vez la sacudida de su orgasmo.
Quedamos los dos tendidos. Sentía en mi miembro como las
convulsiones producidas por la contracciones de su vagina, me producían un
placer exquisito.
No te salgas aún... espera... me siento muy bien así...
espera un poco más.
Acaricié y admiré la belleza de su rostro... acaricié su
cabello... la besé en los labios con ternura y cariño. Dios mío, que fácil puede
ser enamorar de esa criatura.
Pasados unos minutos, nos levantamos de las escaleras. Dejó
caer el vestido cubriendo su desnudez. Me dio un beso en los labios.
Por fin te he hecho mío. Desde los catorce años que deseo
con desesperación.
Me lo imaginaba por tu comportamiento. Me enseñaste tus
braguitas muchas veces... y lo que no son las braguitas.
Me gusta excitarte. ¿Volveremos a hacerlo?.
Estoy casado como sabes... y no sería complicado cometer
una locura por ti.
Pues cometámosla. Estaremos en contacto.
Y tomando su bolsa para la piscina, volvió a salir
provocativamente, despacio, muy despacio, sabiendo perfectamente el espectáculo
que me daba por el contraluz....