Curiosidad.
Cuando se levantó estaba totalmente desnuda, corrían por su
entrepierna hilillos de semen que provenían de lo profundo de su vagina, se miró
en el espejo que cubría toda la pared frente a la cama, y le gustó lo que vio,
su cuerpo era armonioso, delgada pero con curvas, su tetas si bien eran pequeñas
estaban bien paradas, los pezones tenían el tamaño exacto, y su color era suave,
invitante.
Caminó al baño, sintiendo en su interior aún la sensación de
la penetración, él la seguía con la mirada, se detuvo en la cola de ella, no
grande, pero si parada erguida, destacándose del resto de la espalda, y aún
saciado de sexo, tuvo un estremecimiento, unos cosquilleos que venían de sus
testículos tan exigidos durante la noche anterior.
Entró en el baño, se sentó en el bidet, y dejo que la lluvia
refrescara el interior irritado de su sexo, y el agua barrió (no del todo), el
liquido seminal que él le había obsequiado (y con abundancia, sin mezquinar
nada).
Corrió la mampara de acrílico, penetró en la ducha, bajo un
torrente de agua caliente, tuvo un estremecimiento de placer al sentir en su
epidermis correr la misma.
Sintió como él entraba en el baño, luego el correr del agua
del inodoro, no tuvo ninguna sorpresa cuando asomo su cabeza en el cubículo, e
ingresó a la ducha con ella.
Él le enjabonó la espalda con meticulosidad, luego los
pechos, su vientre, y al llegar al monte de Venus, detuvo brevemente su marcha
jabonosa, luego con delicadeza bajó al clítoris, que aún se mantenía irritado, y
suavemente con un solo dedo lo frotó, por encima y los costados.
Ella sintió como un choque eléctrico de placer, y se abrazó a
él, buscando con su boca el cuello, y bajando a las tetillas, que mordisqueo
suavemente.
Mientras la mano de él seguía su camino evidente, bajando por
el pliegue de los labios superiores, que normalmente están muy juntos formando
una línea delgada, pero que ahora estaban separados mostrando los inferiores y
la abertura del placer dilatada por los excesos de antes.
Ella notó como la excitación volvía, en oleadas que invadían
su cuerpo, potenciados por el agua caliente que corría en abundancia, abrió su
piernas un poco más, y cuando un dedo curioso exploró su interior, llegó a una
cumbre de excitación.
Bajó una de sus manos hasta el miembro que notaba erguido, y
con jabón que tenia en la misma, lo comenzó a frotar en forma leve, bajando a
los testículos, palpándolos con mucha suavidad, comprobando que estaban altos,
pegados a la base del pene, él suspiró.
Mientras el agua corría sobre ellos, seguía la exploración de
los cuerpos en búsqueda del placer, la mano libre de él busco entre las nalgas
el acceso trasero, y suavemente sin hacer ninguna presión, recorrió su contorno,
mientras uno de los dedos de la otra seguía la exploración del interior de la
vagina, y con el pulgar de la misma mano, masajeaba el clítoris que se notaba
muy erguido.
Mientras la mano de ella aumentaba el masaje al pene en
intensidad, él presionó el dedo que estaba en el ano de ella, forzándolo e
iniciando una muy leve penetración en el mismo.
Sus bocas se buscaron, y un beso muy intenso y ardiente
comenzó, prolegómeno de una mayor intensidad en las acciones que estaban
ocurriendo. Ya que con mayor fuerza el dedo que estaba en el trasero, y el que
estaba en la vagina parecieron querer buscar el encuentro aún con la separación
de las paredes interiores.
Llegaron a un punto que parecía ya de no retorno, pero él
hizo una separación entre los dos, y la levantó como una pluma agarrándola de
las nalgas, y la elevó hasta que su pene y la vagina estuvieron al alcance, y la
penetró, mientras el interminable beso seguía y seguía.
Ella pasó las piernas sobre las caderas de él, y puso todo su
peso para obtener aún más penetración, consiguiéndola sin ninguna duda, hasta
notar la presencia de los testículos en sus labios inferiores.
Se sintió totalmente penetrada, que llegaban a su fondo, que
la cabeza del pene golpeaba contra algo interno de ella, produciéndole
sensaciones de plenitud y placer inmensos, nunca había sido cogida con esa
intensidad y pasión, y él no recordaba tanto placer y tan explosivo.
Y fue cuando comenzó el paroxismo, y comenzó a cabalgarlo con
movimientos que momento a momento aumentaban en intensidad y fuerza, hasta el
estallido del placer, que desembocó en las contracciones del orgasmo profundo,
que atraían a el interior de la vagina el semen vertido en abundancia y en
espasmos por el pene invasor.
Se quedaron un instante en la posición, en plena penetración,
y luego comenzaron a relajarse, él la depositó con cuidado nuevamente en sus
pies, mientras seguían obnubilados por las sensaciones tan fuertes que
recibieron.
Ella reposó su cabeza contra el pecho de él, mientras recibía
un abrazo de protección y ternura.
Volvieron a enjabonarse, tratando de que no quedaran
residuos, pero eso es imposible, porque ella sabía que seguiría manchando su
tanga durante un tiempo ese día del semen dejado por el en su interior.
Se secaron con los toallones, entre bromas y ternura, y
volvieron a la habitación, descansaron unos minutos en la cama, pidieron café y
bocadillos dulces a la conserjería por el teléfono interno, conversando
animadamente.
Tomaron el café cuando este les fue servido, a través de un
mueble giratorio que había en la puerta de acceso, que no permite la vista al
interior de la habitación al conserje.
Ella fue desnuda a buscar la bandeja, para gratificación de
la vista de él.
Luego cercana la hora al vencimiento del último turno de los
tres que habían contratado, comenzaron a vestirse, y al salir ya de la
habitación, él le dijo- perdóname, ¿pero como me habías dicho que te llamabas?
Navegante.