Este cuento lo escuché distraídamente por la radio hace
cuatro veranos en la oficina donde trabajaba. Al no prestarle mucha atención,
solo me quedé con la idea y la frase del final .Tiempo después, la desarrollé yo
con mis ideas, por lo que no es un plagio. Tanto la versión original como esta,
os puede haber llegado por mail o haberla escuchado anteriormente, pero no deja
de ser bonita.
Hérase una vez, al principio de los tiempos, cuando nuestro
planeta era solamente vegetación y no existía ninguna huella sobre la tierra,
solo los sentimientos danzaban y andaban por él.
Un día estaban todos muy aburridos porque la verdad es que un
sentimiento por aquel entonces no tenía mucho que hacer hasta que decidieron
repartirse entre los humanos cuando estos aparecieron.
- Se me ha ocurrido una idea- anunció la Locura.
- A ver qué se le ha ocurrido a esta anormal- pensó la
Hipocresía.
- Podríamos jugar a un juego que me acabo de inventar. Yo
cuento hasta mil mientras todos vosotros os escondéis y luego os busco hasta
encontraros.
- Me parece una idea estupenda- dijo la Alegría saltando y
poniéndose a bailar con la Felicidad.
- Pues venga, corred, empecemos, empecemos ya- dijo la
Ansiedad.
La Estupidez no entendió el juego, la Rebeldía dijo que ella
no quería jugar a eso y la Timidez, como le daba vergüenza, no dijo nada.
La Locura se tapó los ojos con las manos y comenzó a contar:
"1... 2... 3..." Bueno, vosotros ya sabéis contar.
Todos los demás sentimientos echaron a correr.
La Pereza se tropezó con una piedra y prefirió quedar tras
ella a unos pocos metros de donde la Locura contaba porque no le apetecía
buscar.
La Sencillez se quedó en el primer lugar que encontró muy
cerca también de la Locura.
La Indecisión corría de un lado a otro sin escoger un sitio
donde esconderse finalmente.
La Lucidez encontró un escondite perfecto detrás de una gran
cordillera nevada y la Envidia, deseando haber encontrado ella primero aquel
sitio, la siguió hasta allí.
La Creatividad se inventó su propio escondrijo donde
ocultarse.
La Razón intentaba convencer a la Valentía de que el
acantilado donde ella quería esconderse era muy peligroso, pero quien convenció
a la Valentía de seguir en su empeño fue la Persistencia y la Razón, rendida, se
buscó un lugar más seguro.
La Crueldad engañó a la Inocencia para robarle el buen
refugio que había encontrado, pero la Piedad le indicó uno mucho mejor y la
Inocencia así dejó de llorar y le dio un beso por haber sido tan buena con ella.
La Impaciencia no dejaba de repetir: "Venga, Locura, termina
ya."
La Generosidad cedía cualquier escondrijo que encontraba a la
Modestia, la Humildad, el Respeto, la Cordura, la Ternura, la Cordialidad... a
todos los sentimientos que seguían buscando, excepto al Orgullo, que dijo que él
era capaz de dar con un buen escondite.
La Desesperación no encontraba ningún refugio y no paraba de
pedir ayuda hasta que la Amabilidad la invitó a esconderse con ella.
El amor, romántico como él solo era, se metió dentro de un
rosal para mientras esperaba a que la Locura le encontrase, disfrutar del aroma
y abandonarse a soñar entre los pétalos de las rosas.
- ... 998... 999 y 1000, ¡que voy!- gritó la Locura para que
todos los sentimientos estuvieran expectantes.
A la primera que vio fue a la Cobardía, que no se había
escondido porque la daba miedo perderse y no saber regresar.
La siguiente fue la Pereza, que se hallaba tan solo a unos
metros de ella, y, por lo mismo, la tercera en ser descubierta, fue la
Sencillez.
Después encontró a la Simpatía en un rinconcito del arco iris
y a la Amistad en una nube cercana riendo y haciendo chistes con su amiga la
Bondad.
A la Vanidad la encontró entre los juncos de un lago
observándose y admirándose a si misma reflejada en las aguas cristalinas.
A la Melancolía la encontró en un profundo agujero con su
inseparable compañera la Tristeza compartiendo sus penas.
A la Elegancia la vio oculta en un hermoso jardín lleno de
bellas flores silvestres.
A la Lujuria la descubrió gracias a una gran erección que
sobresalía de detrás del árbol donde se encontraba.
Y así, poco a poco, fue encontrando a todos los sentimientos.
- Pues ya está, os he encontrado a todos- dijo la Locura
satisfecha.
- No, todavía no- dijo la Sabiduría interrumpiendo la
algarabía – Queda el Amor, no sabes aún dónde está él.
Entonces, la Locura se dio cuenta de que no había mirado en
un bonito rosal que había frente a ella. Se acercó y comenzó a mover todas las
ramas para ver bien hiriendo con las espinas sin querer los ojos del Amor.
- Oh, no puedo ver, no puedo ver ¿qué voy a hacer?- dijo
atemorizado el Amor.
- Lo siento, lo siento en el alma- dijo la Locura y le
prometió ser su lazarillo– Nunca me separaré de ti.
Y desde entonces, el Amor es ciego y siempre va acompañado
por la Locura.
Dedicado a una diosa tanto fuera como dentro de TR. Por ti,
Pechuguita… por ti, Hera.