Paulina
Parte 6
Julio sintió que sus piernas temblaban, un sudor frío empapo
su cuerpo y su verga se puso tan dura que pensó que le explotaría.
Su amada hijita menor estaba desnuda delante de el y se
notaba que eso la excitaba muchísimo.
No pensó jamás que fuera tan hermosa, su carita ovalada, sus
ojos, grandes y negros, brillando de excitación al verle el miembro tan duro y
erguido, enmarcados por las cejas negras y dibujadas con trazos finos, el
cuello, delgado, las tetas tan formadas, gordas, duras, de pezones oscuros,
incluso le parecían mas grandes que las de Eva y sin embargo bien paradas, al
caminar efectuaban un suave balanceo, que al verlo, lo trastornaban, la cintura
fina, sus piernas quizás, algo gorditas en los muslos, pero tan suaves y
blancas; paso por su mente que quizás necesitaba tomar algo mas de sol, pero ese
pensamiento desapareció inmediatamente al fijar la vista en la unión de esos
muslos, Aurora se afeitaba totalmente el pubis, no tenia ni un solo pelito,
parecía la vulva de una niña, incluso Paulina tenia, apenas, un suave y rubio
bello pero su hija nada, solo los labios gorditos y cerrados, en la parte de
arriba de esos labios, la capucha, ocultando ese pequeño garbanzo de color
claro, llamado clítoris; un deseo casi imposible de evitar le paso por su
cabeza: chupar hasta el cansancio esa vulva que ahora, prácticamente se le
ofrecía, sin embargo el impulso pasó, al menos por ahora.
Aurora, no apartaba la vista del miembro totalmente parado de
su padre, sintió que se humedecía con solo verlo; se pregunto como seria
tocarlo, o como seria sentirlo en la entrada de su rajita y que le entrase de a
poco; ¿pero que cosa estaba pensando?, era su padre; sin embargo la enloquecía
ver el glande, gordo, en forma de hongo y de un color casi bordó, ver las
gruesas venas que recubrían la verga de su padre, gruesas y oscuras.
Como si le hubiese leído los pensamientos, Paulina, la tomo
de los hombros y la acerco hasta casi tocar con su cuerpo la erecta verga de su
padre.
- Mira Aurora- le dijo – Esta durísima y te será fácil sacar
la leche que tiene en los huevos, solo tienes que hacerle así – y colocando la
mano de Aurora en el miembro de Julio, comenzó a enseñarle como se hacia.
Aurora, a sus 15 años ya tenia perfecta cuenta, como
masturbar a un hombre, a pesar de que era virgen, ya había visto, en sus
compañeros de colegio, algún miembro que otro, incluso estuvo presente cuando
una de sus amigas; en un salón que en ese momento estaba desierto, masturbo a
uno de sus compañeros; así que aparto la mano de Aurora y se dispuso a hacer
gozar a su padre y por supuesto gozar, hasta donde pudiera, ella.
Aurora, cerro su mano, sobre la verga de su padre, no
alcanzaba a cubrirlo todo, ya que su manito era pequeña y la verga de Julio
demasiado gruesa, se ayudo con la otra mano;
la tomo suavemente, a lo que Paulina le aconsejo que apretara
un poco mas.
Julio, se creyó transportado al paraíso; las manos de Aurora
en su miembro, Paulina le acariciaba las nalgas, y Eva se aproximaba a ver y
disfrutar el espectáculo; miro los pezones de las tres niñas, no podría decir
quien de estas lo tenía más parados y duros, el olor a sexo llenaba la
habitación y Julio sintió que su cabeza daba vueltas.
Se sabia un hombre de pocos escrúpulos y jamás se sintió
culpable, había echo muchas cosas malas en su vida y no le importaba en
absoluto, pero ahora, delante de esas niñas, desnudas y deseable sus piernas
temblaban y su cuerpo se fundía solo con los tocamientos de las adolescentes,
solo quería enterrarles la verga a cada una de ellas y ver como se retorcían de
placer cuando su leche, tibia y espesa, invadiera y llenara sus aberturas.
Aurora empezó a mover las manos lentamente, la piel que
recubría la verga de Julio, comenzó a desplazarse hacia arriba y hacia abajo, a
cada movimiento de Aurora sus tetas se balanceaban imperceptiblemente, Paulina
dejo de acariciarle el culo a Julio y su mano tomo los huevos que colgaban en
sus bolsas y los apretaba con delicadeza.
Julio, delicadamente saco las manos de Paulina; le aparto las
manos a su hija, que lo miro extrañada, creyendo que lo hacia mal, sin embargo
su padre, con una sonrisa le tomó la mano y la llevo al costado de la cama,
Julio se tiro sobre ella y coloco a Aurora sentada sobre su vientre, mirando
hacia sus pies; al instante Aurora, que no tenia nada de inocente, comprendió el
silencioso pedido; tomo la verga de su padre y levantándola, se la apoyo contra
su rajita; los labios, de su vulva, se abrieron cuando el tronco se apretó entre
ellos.
Paulina y Eva se miraron y rieron alegremente cuando vieron a
Aurora con sus piernas abiertas y la verga de su padre saliendo de entremedios
de estas, daba la impresión que de pronto le hubiese salido a ella, un miembro.
Aurora, coloco una de sus manos en el muslo izquierdo de su
padre y con la otra manos tomo la verga de su papá y comenzó el lento, suave, y
excitante, sube y baja, llevaba la piel hasta tapar por completo el glande, para
luego descubrirlo totalmente, apretaba tanto hacia abajo que el frenillo,
pequeña tira de piel que esta debajo del glande; se tensaba de tal forma que
parecía que se cortaría y nuevamente su mano oscilaba hacia arriba; esto hacia
que Julio entrase en un estado de placer tan grande que sus gemidos retumbaban
por la habitación.
Julio, se inclino un poco hacia delante, y con sus manos tomo
desde atrás, los duros y gordos globos, haciendo estremecer a su hija cuando sus
dedos comenzaron a jugar con los parados pezones de esta.
Por supuesto, Paulina y Eva se habían aproximado para no
perder detalles de todo lo que sucedía entre padre e hija; sus caritas estaba
prácticamente pegado a las manos de Aurora y la verga su padre.
Eva, con una de sus manos, se entreabrió su propia vagina, y
su dedo medio comenzó a friccionar el clítoris.
Julio no solo apretaba las grandes y duras tetas de su hija,
si no que lamía el cuello de esta, de tal forma que los gemidos de Aurora se
hacían cada ves mas fuertes, al mismo tiempo ella aceleraba los movimientos de
su mano.
Los ojos de Paulina pasaban de ver como Aurora masturbaba a
su propio padre, a ver a su amiga, casi su hermana, Eva masturbarse furiosamente
ella misma.
Sentía como nuevamente su propia concha se humedecía de tal
forma que pequeños hilos de jugos salían de ella.
Coloco su boca en el glande de la verga de julio, y su
lengüita rosada comenzó a lamer, sentía el gusto salobre de algunas gotas de
semen que salían, anunciando la casi inmediata eyaculacion; sus manos
acariciaban los huevos de Julio; por el movimiento de las manos de Aurora se le
hacia difícil mantener su boca pegada al glande, así que metió mas adentro la
verga en su boca, hasta que toda la cabeza estuvo metida adentro.
Ni siquiera tuvo tiempo de saborear esa enorme verga metida
en su boca, las palpitaciones del pene le indico que ya la leche salía; con un
grito y movimientos convulsos de su cuerpo, la verga de Julio comenzó a escupir
grandes gotas de semen llenando la boca de Paulina que apenas tuvo tiempo para
tragar, aun así, por las comisuras de su boca comenzó a salir el semen que ella
no pudo soportar, corriéndole por el mentón y cayendo sobres sus parados
pezones.
Julio cayó como muerto sobre la cama, las niñas se miraron
sonrientes, pero tanto una como otras habían quedado totalmente excitadas, ya
que ninguna de ellas había tenido su orgasmo.
Sin embargo sabían interiormente que solo era cuestión de
tiempo y que por el momento nada podían hacer, ninguna de ellas quería seguir
masturbándose, lo que deseaban era poder tener su placer, pero con una verga
dentro de ellas, por lo tanto se resignaron a esperar.
Con el correr de los minutos, se fueron tranquilizando, se
vistieron, apuraron a Julio que se vistiera, ya que este, estaba exhausto y
bajaron a cenar.
La mirada de Dolores le indico que estaba furiosa por la
espera, sin embargo no advirtieron, que al fijar la vista en su esposo, este, le
indico con movimiento de su cabeza que todo caminaba sobre rieles, su plan de
hacer que Paulina y Eva se quedaran con ellos estaba resultando, tal como ellos
querían.
Se sentaron a cenar, Paulina al lado del padre Jerónimo,
quien poso sobre ella tal mirada, que parecía que la desnudaba con los ojos,
esto le agrado a Paulina ya que la excitaba ver como los hombres se ponían de
solo verla; Eva al lado de Armando y Ana; Julio por supuesto junto a su esposa
Dolores; la cena transcurrió en un ambiente tibio, pero no del todo
desagradable, la comida abundante y deliciosa; por lo tanto Paulina y Eva,
siendo esta una de las veces que cenaban sin sus padres, su tristeza no fue
desesperante, por el contrario sonrieron mas de una ves con las barbaridades que
decía el cura.
En la cocina, las mucamas, Elena y Marta se encargaban de
servir la cena en la mesa del comedor donde estaba la familia reunida, mientras
en un rincón cenaban, la cocinera junto a su esposo y de sus hijos Juan y
Juanita.
Juan les contaba a sus padres todo lo que sucedió con el
cura, su madre, preocupada, le pregunto si le dolía, a lo que Juan le dijo que
solo le ardía un poco el ano.
Al concluir de cenar, los cuatros se dirigieron a la
habitación destinada a ellos; esta era bastante amplia, dividida por un tabique,
que separaba la cama del matrimonio de las dos camitas de Juan y su hermanita,
grandes ventanales le daban suficiente aire y luz natural, un par de sillas y un
mueble para la ropa completaban el austero mobiliario.
- Bueno eso se resuelve con una buena pomada cicatrizante –
dijo su madre – Desnúdate y acuéstate en la cama con el culo hacia arriba y en
un momento estarás casi como nuevo -.
Se dirigió a un cajoncito, que estaba en un pequeño mueble y
regreso con cajita en la que se veía una pomada blanca.
Juan, con cierto pudor, por estar desnudo delante de su madre
se acostó sobre su vientre y levanto las nalgas, abriendo bien las piernas; al
estar en esa posición su verga quedaba colgando bien a la vista, no solo de su
madre, si no también a la de su hermana y su padre.
La madre de Juan se paro en seco al ver el tamaño de
semejante miembro que colgaba entre las piernas de su hijo; la última ves que lo
vio desnudo, hacia ya muchos años, no pensó jamás que le crecería de semejante
tamaño.
- ¡Edmundo!- dijo, llamando a su esposo, entre alegres
carcajadas – ¡Mira en que se ha transformado nuestro pequeño hijo!
Se acerco el esposo y mirando la verga del avergonzado Juan,
comento, - Bueno, mujer tampoco es para sorprenderse tanto ya que por lo visto
sale a mi-.
- Ni te acercas a lo que el tiene, Edmundo – contesto su
esposa riendo.
Ya siendo por el vino que había bebido en la cena o sea por
que estaba algo excitado, Edmundo contesto de una forma insólita a su esposa.
Bajándose los pantalones y calzoncillos sacó su ya erecta
verga y tomándola por el tronco la sacudió frente a su esposa, mientras esta
reía a carcajadas.
Juanita abrió grande los ojos, la verga de su padre era tan
grande o mas que la de su hermano.
- ¡Edmundo! dijo su esposa - ¡Guarda esa cosota que Juanita
no le saca la vista de encima!-.
-Vamos mujer, que la niña ya esta casi acostumbrada –
contesto este mientras se la mostraba aun más a su hija.
Riendo, aun, Esther, comenzó a pasarle la crema por el ano
enrojecido de Juan, sus dedos entraban apenas en el agujero, colocando el
medicamento, este actuando casi de inmediato, calmo el ardor y el dolor que le
había producido la verga del padre Jerónimo, en pocos minutos Juan se sintió
realmente muy bien.
Esther no podía sacar la vista del miembro de su hijo, este
al sentir los suaves dedos de su madre en una parte tan sensible como era su
culo, no pudo evitar que la verga, se le fuese endureciendo.
Juanita que no apartaba los ojos de los miembros de Juan y de
su padre, al advertir, la erección de Juan dijo – Mira, mamá ya se le esta
poniendo dura, igual a cuando el padre Jerónimo se la chupaba -.
Las manos de su madre, comenzaron a acariciar las nalgas de
Juan, la tibieza de estas manos y su suavidad fueron más que suficientes para
que el miembro del joven se endureciera de tal forma que todo el glande quedo al
descubierto.
Edmundo, su padre, miraba extasiado como Esther acariciaba a
su hijo, su verga también se fue endureciendo de tal forma, que apuntaba hacia
arriba; sin poder evitarlo, Edmundo comenzó a masturbarse muy lentamente.
Juanita, presintió ya lo que a continuación sucedería, se
acerco a la verga de su padre, saco la manos suavemente de su padre, coloca su
pequeña manito sobre el miembro y comenzó a acariciarla, este la miro con ojos
asombrados, pero sabia por los dichos de la pequeña y de su hermano lo que había
sucedido entre ellos y el cura, por lo tanto, no solo no la aparto, si no que
tomándola entre sus brazos, la llevo hasta la cama donde dormía el con su
esposa; la coloco sobre ella y comenzó a desnudarse totalmente.
- ¡Edmundo! exclamo su esposa, luego pensándolo mejor dijo –
Al menos desnúdala por que lo mas seguro es que la manches con leche y yo soy la
que lava; y por favor ten cuidado de no lastimarla - .
Su esposo comprendió entonces que tena ya el camino
totalmente libre; Juanita no necesito que su padre le sacara la ropa, con
rápidos movimientos se desnudo en un segundo; luego se estiro sobre la cama como
una gatita satisfecha, abriendo bien las piernas para que su padre se deleitara
viéndole la lampiña, rosada y cerradita vulva.
Edmundo se desnudo también, su verga de tan parada, se le
apoyaba sobre el bajo vientre, entre una mata de negros y enrulados pelos.
Juan miraba, sorprendido, estos preparativos, no podía creer
que en tan solo un día las cosas cambiaban de tal manera, en lo que a sexo se
refería y por lo que veía su padre estaba a punto de desvirgar a su pequeña
hermana y su madre se preparaba para tener relaciones con el.
En efecto, Esther, se estaba desnudando; se saco su delantal
que usaba para la cocina, luego fue el turno de su cerrado vestido negro;
quedando en sostén y bragas, de algodón blanco; el sostén apenas ocultaba sus
grandes tetas, tan así, que medio pezón se le salía por la parte superior de su
ajustador, Juan estaba aun agachado con el culo hacia arriba, girando su cabeza
miraba a su madre desvestirse, mientras, esta, pasaba su vista desde la verga,
parada al máximo, hasta sus ojos asombrados; con una sonrisa se saco las bragas
dejándolas caer, agachándose las saco por sus pies, dejándole ver, su vulva
totalmente cubierta de pelos, largos y negros.
Luego, lentamente, mirándolo fijo, soslayándose con la
calentura que le producía a su hijo, llevó sus manos a la espalda y desabrocho
el sostén, con un movimiento de hombros este cayo al piso dejando libre las
enormes tetas que una ves habían amamantado a su hijo y que nuevamente irían a
parar a sus labios para que el las chupara a su placer.
Juan no podía dar crédito a sus ojos, eran las tetas mas
hermosas que el en su corta vida había visto; en honor a la verdad las únicas
que había visto, eran las de algunas fotos de mujeres desnudas que guardaba en
un lugar oculto y que usaba de ves en cuando para masturbarse en el baño y por
supuesto, hacia solo unas horas las de su hermanita, pero éstas, como ya sabemos
solo eran por el momento dos pequeños bultitos.
Sin embargo las de su madre le parecían hermosas, grandes,
pesadas; a pesar de la edad de Esther, las conservaba bastante duras, al sacarse
el sostén solo cayeron un poco, lo que demostraban su firmeza.
Grandes areolas de color algo mas oscuro, que el resto de su
piel, rodeaban el pezón, este, de color casi bordo era largo, grueso como el
dedo meñique de Juanita, Juan alucino al solo pensar que en segundos mas lo
tendría en la boca para chuparlo y mordisquearlo a su antojo, sentía que su
colgante verga tomaba una dureza y una dilatación que temió, que le explotaría.
Su cintura, a pesar de los dos embarazos y de los años, era
bastante estrecha, apenas se le manifestaba algunos kilos de mas; sus nalgas,
rotundas, grandes y redondas, se veían muy apetecibles.
Esther, completamente desnuda, lo tomo de la mano,
obligándolo a levantarse y lo llevo a la cama, exactamente donde estaban su
hermana y su padre, quien al verlos acercar, se corrieron para hacerle lugar.
Juanita, al ver que llegaba su hermano, se corrió a los pies
de la cama, al acostarse Juan, la niña tenia antes su vista las dos verga
totalmente paradas, no resistió la tentación de tocar una con cada mano, las
apretó comprobando su dureza, y tirando bien la piel hacia atrás, pudo apreciar
las redondas cabezas, en la de Juan se había formado unas pequeñas gotas de
liquido seminal.
Desafortunadamente no pudo seguir con estos placenteros
tocamientos ya que también su madre se acostó en la cama, pero esta, sacándole
la mano de la verga de Juan, se coloco sobre las rodillas de este y agachándose
se coloco el miembro de su hijo en la boca comenzando a lamerlo, mientras con
una mano le acariciaba los grandes huevos.
Al inclinarse, Esther para chuparle la verga a Juan, se
coloco de tal forma, con las piernas a cada lado de su hija, que Juanita, pudo
ver perfectamente la entreabierta concha de su madre, e incluso el agujero de su
culo, rodeado este de algunos pelos, mas duros y gruesos que los que le rodeaban
la vulva.
Observo la niña, la humedad creciente en la concha de su
madre, esta, atareada como estaba, en chupar la verga de Juan no advirtió que su
hija llevaba sus dedos al interior de su vulva para tocar esa brillante humedad,
al sentir los dedos de su hija, introducirse en ella, Esther pego un pequeño
brinco de placer, a continuación , los dedos de Juanita, puestos en forma
vertical, en su interior y moviéndolo en forma suave, le produjeron tal gozo que
estuvo a punto de sentir el mayor orgasmo que en su vida había sentido.
En ese momento Juanita saco la mano de la vulva de su madre,
ya que ella lo único que deseaba era probar en su boca los jugos de Esther.
Ante la mirada aprobadora de su padre, Juanita se llevo los
dedos a la boca, y lamiéndoselos, sintió el gusto, casi insípido del liquido
lubricante que se encontraba en la vulva de su made, no le desagrado en absoluto
su sabor, es mas, se introdujo sus dedos en su propia vulva y luego sacándolos,
se los metió en su boquita para comparar sabores.
Una vez comprobado todo esto, se aproximo a la verga de su
padre y tomándola en sus manos trato de imitar a su madre, en la deliciosa tarea
de chupar y lamer un miembro.