SARA Y ADRI
PREFACIO
¡Ah, la adolescencia! -qué estúpido nombre, por cierto; pues
no se adolece de nada en ella-. Cuerpos firmes y llenos de energía, intensidad
en cada gota de vida. Euforia espontánea, que rápidamente se vuelve asfixiante
angustia, puesto que ésa es época de apremiante deseo. Y que, si todo va bien,
se torna nuevamente en euforia para terminar. Los últimos chicos y chicas, los
primeros hombres y mujeres. ¿Os acordáis?
Para algunos de los que leen quizá suene algo lejano, otros
tendrán ese mundo más próximo, algunos incluso presente.
Hoy conoceremos la historia de Sara y Adri, dos compañeros de
colegio de 17 años. Se caen bien, pasan tiempo juntos, se ayudan... En clase
cada uno tiene su propio grupo, pero entre ellos gozan de esa buena relación, de
esa química difícil de encontrar y que cuando se da, hace especial todo lo que
la rodea .
Veremos cómo afrontan el deseo creciente e inesperado que
comienzan a sentir cada uno por el otro ...
CAPÍTULO I
Mientras su madre dejaba la bandeja con los refrescos en el
centro de la mesa de café, Sara los miraba sonriendo a todos. El grupo de
trabajo lo formaban cuatro chicos y cuatro chicas, todos compañeros de clase y
más o menos amigos. El trabajo era para el profesor de Filosofía. Lo cierto es
que era difícil, no muy divertido y que les iba a llevar todavía 2 semanas más
tenerlo listo. Aunque la recompensa valdría la pena. Si lo hacían bien, para
aprobar en Junio, el mes siguiente, sólo necesitarían un 7 en el examen. Cada
mundillo tiene sus reglas .
- Bueno, me voy a trabajar- la madre de Sara era enfermera y
tenía turnos rotativos-. Portaos bien. Si queréis más Fanta, cogedla de la
nevera. ¡Pero no toméis alcohol!
- Mamá, ¡qué idea! Si nos hacemos unos cubatas, a lo mejor la
Filo se nos da mejor- dijo Sara con su mejor sonrisa de niña buena .
- Ja-ja. Qué hija más graciosa que tengo. Adri, te dejo al
cargo de todo. Se lo diría a mi hija, pero ya veo que ella es la primera
instigadora de lo prohibido- Sara miró a Adri boquiabierta y luego a su madre
frunciendo el ceño .
- No se preocupe, señora, ¡yo los cuido!
- ¡Serás nuestro perro guardián!- soltó Sara. Todos rieron,
incluido Adri que hizo como si ladrara amenazador .
Después de una hora y pico dedicándose a su "entretenido"
trabajo, pararon para hacer un descanso. De hecho, hicieron un descanso, luego
la merienda y después Carlos y Sara se prepararon un cubata y se sentaron a
hablar con los demás .
- Perfecto, pedazo de cabrones. Ahora vais a hacerme mentir a
la mamá de Sara- les reprochó Adri .
- Qué va tío, ¡si mi madre lo decía en broma! ¡Mientras no
hagamos nada malo!
- Oye, Sara, tiene que ser guay que tu madre te deje hacer
todo lo que quieres- comentó Alicia .
- Bueno, tampoco es que haga todo lo que me da la gana ...
- ¡Anda que no, tía! Si quieres, bebes; si quieres, sales de
noche. Qué morro... ¿Tú sabes cómo me llevan a mí mis padres?
- Bueno, la verdad es que tengo bastante libertad. Pero
también le doy confianza a mi madre para dármela. Supongo que al haberme criado
ella y vivir las dos solas, lo ve de otra forma que tus papis. Además, tus
padres le sacan casi diez años a mi madre, ¿no? ¡Entonces son más antiguos!- se
rió .
- Más que en tener padres casados o separados- intervino
Adri-, yo creo que es cuestión de lo liberales que sean los padres y lo
responsables que sean los hijos. Mis padres a mí me dejan hacer las mismas cosas
o más que la madre de Sara. Y luego ella, ¡pero si es la perfecta hija!
Simpática, educada, lista, saca buenas notas ...
- ¡Y también es la perfecta golfa!- interrumpió Carlos
riéndose. Un cojín volador impactó en su cara y él se lanzó rodando por el suelo
del comedor, simulando estar herido de muerte .
- ¡Uy, pobrecito! ¿Te he hecho daño?- preguntó irónicamente
Sara. Adri los miró pensativo-. Oye, ¿estás bien?- "¡lo ha matado!", se reían
los otros .
Sara se acercó a ayudar a su víctima, "oye, ¿estás bien?". Se
agachó hasta quedar de rodillas, sentada a horcajadas sobre la cintura de
Carlos. "¿Carlos?". Se inclinó más sobre él, ofreciéndole una bonita vista de su
escote a través del top negro que llevaba. ¿Le habría hecho daño de verdad? A lo
mejor le había dado fuerte en la nariz o la boca .
- ¡Qué cabrón! ¡Si se está riendo!- Sara se levantó
fingiéndose enfadada poniendo morritos.
- ¡Buah! Si te iba a contestar- se disculpó Carlos-, pero
cuando te he visto ahí, con tu pelo sobre mi cara, sentada con esos tejanos
azules ajustados que Dios bendiga sobre mi polla tiesa y enseñándome esas tetas
Maravilla de la Humanidad me ha entrado la risa- explicó intentando escapar.
Todos rieron. Sara le sonrió y cuando pasó por su lado le dio una patadita con
su bamba en la de él, como un ligero reproche .
- Lo mejor ha sido la cara de Adri viendo a Sara a cuatro
patas- añadió Carlos. Su amigo lo miró sorprendido y se limitó a esbozar una
media sonrisa, tranquilo .
- ¡Qué dices, tonto! No seas chafardero, ¡será por las veces
que él me ha visto! Si hay días que parece que viva aquí. En verano, con el
calor, hasta nos quedamos en ropa interior. Somos como hermanos .
- ¿Qué?- gritó Carlos, con la boca abierta- ¡Pero qué hijo de
puta, en ropa interior! ¡Anda que eso me lo habías contado! Y con la pedazo de
tía buena esta nada menos ...
- Claro que no te lo he contado. Porque no soy un alcahuete
como tú, que pareces un mandril cachondo. Yo tengo más clase, ¡por favor!-
replicó Adri, levantando el labio de lado, intentando parecer esnob .
- ¡Uy, me ha dicho tía buena!- Sara mostró su sonrisa
resplandeciente, casi infantil, que parecía dar brillo a su pelo liso, castaño y
largo- ¿Y por qué lo dices? ¿Acaso es que Adri no está a mi altura? Con lo mono
que es él también- le lanzó un besito y dio un saltito hasta llegar a su lado y
abrazarlo por el cuello, aplastándose contra él y girándose hacia Carlos con
cara traviesa y sacándole la lengua .
- - -
A la mañana siguiente, Viernes, Adri volvía con su grupo a
clase después del recreo. Último día de la semana, todos de buen humor. Como de
costumbre, entre empujones y bromas guarrillas, iban dando un repaso a todas las
chicas que se cruzaban por el pasillo. Este año, al ser los más mayores del
colegio por primera vez, las que más les impresionaban eran las de su propia
clase. Justo al revés que algunos años anteriores. Contradicciones de la vida .
Al final del pasillo, junto a la puerta de su aula, estaba
Sara. Se callaron y se quedaron mirándola medio embobados. Era la repetición de
la metáfora de la portada del disco "Like a virgin" de Madonna. Había venido a
clase imitando llevar uniforme: faldita azul plisada (la suya era por encima de
la rodilla, más o menos le caía hasta medio muslo), camisa blanca, calcetines
blancos, zapatitos negros y una diadema azul grisáceo que le daba un aspecto
angelical. Y siempre con su sonrisa luminosa. ¿Qué brillaba más, su sonrisa o
sus ojazos marrones, casi ámbar, atentos, inteligentes?
Lo cierto es que Sara tenía una fama bien ganada de ligona.
Fama de que le gustaban mucho los chicos y de que siempre salía con alguno.
Incluso con muchos a la vez. Lo explico con naturalidad y corrección, porque en
el colegio todo esto lo resumían de una forma bastante más grosera. Sin embargo,
eso no impedía que se llevara bien con casi todo el mundo, exceptuando a alguna
chica que le tuviera pelusilla, por envidia, o a algún chico inseguro. De todas
formas, la personalidad, simpatía y, además, éxito académico de Sara, pesaban
más que todo eso en su vida diaria .
-Y este cabrón la ve en bragas cada vez que quiere- soltó
Carlos, el guaperas del grupo. Más bien guaperas calentorro. Algo muy común en
los varones a los 17 años. En muchos casos sigue siendo así a los 107 también .
-¿Sí?- aullaron Juan y los otros .
-Ya estamos- se defendió Adri con una sonrisa serena-. A ver,
estamos siempre juntos, desde que ella vino a vivir aquí. Yo en su casa y ella
en la mía. Esas cosas son normales. No le hagáis caso al mandril, que lo saca
todo de quicio .
La verdad, tal como decía Sara, es que Adri tampoco estaba
nada mal. Era un chico normal, agradable. Digamos que Carlos es el chico que te
impresiona a los 17 y 18 años y que Adri es el chico que te atrae a los 18 y
también a los 30. Me parece un buen cumplido para nuestro protagonista .
- Pero, Adri, cuéntanoslo bien, tío, que nunca cuentas nada,
con la mierda esa de la etiqueta, que pareces un galgo inglés. ¿Cómo es eso de
que cuando queréis os despelotáis?
- A ver, que no, que no es que sea por etiqueta ni nada.
Primero, no suelo contar detalles de mi vida sexual porque creo que no es un
tema de conversación pública. Hablo de todo con normalidad, pero lo que no voy a
hacer es ponerme medallitas por cosas que en realidad son normales- "¡así se
habla!" le interrumpieron entre risas sus colegas.
- Claro, tíos, es que él es un caballero - explicaba uno,
medio con sorna, medio con admiración no confesada .
- Y segundo, es que esto sí se puede contar, porque no tiene
nada que ver con intimidades sexuales. Es muy sencillo, calentorros incurables.
Cuando estamos en el piso de Sara, en verano, y hace mucha calor, tenemos la
suficiente confianza para quedarnos en ropa interior. Es como en la playa .
- Pero, ¿hay movida o no?
- ¡Que no, pesados! Esas veces ella se queda en braguitas y
sujetador y yo en boxers. Ya está. No hay más .
Carlos empezó a reírse : "menos mal que has dicho en boxer,
te estaba imaginando en slips, de esos que te marcan todo el tema". Estallaron
en una carcajada .
- Joder, Carlos. Hasta ahí llego .
- ¿Ves? ¡O sea que te lo habías planteado! ¿Ves? ¡Te he
atrapado! -le señalaba acusador, riéndose - ¡Antes de quedar con ella te vistes
pensando en si te tienes que desnudar!
- Carlos, dicho así con tanta lógica, suena casi absurdo.
Pero, en fin, supongo que sí. Claro que me lo planteo. Pero es por lógica, es
parte del vestuario. No voy a ir en slips apretados ¡ni en tanga!. Es por eso,
hombre. No voy pensando en "a lo mejor Sara y yo vamos a vernos desnudos hoy" .
- ¿Acaso ella no va en tanga?- inquirió otro .
- Pues mira, a veces. Y muy bonitos, por cierto .
- ¡Dios, pero qué cabrón! ¡Me cambiaba por ti echando leches!
¿Y qué? ¿Cómo es? ¿Está tan buena desnuda como vestida?
- ¡Caballeros, les llamo al orden!- bromeaba Adri-. Les
recuerdo que estar en ropa interior técnicamente es estar vestidos. A ver, pues
os lo podéis imaginar. La verdad es que es una mini diosa de 17 años. Con más
ropa y con menos también.
- ¡Dios mío!- Carlos se lanzaba- Pero mírala ahora, allí al
fondo, agachada poniéndose bien los calcetines. ¡Es que me pone malo! Mira como
se aparta el pelo detrás de la oreja- "se ha puesto palote" se burlaban sus
colegas-. Uff, madre mía. Tal cómo está ahora, ¿sabéis lo que le haría?
- Cuenta, cuenta .
Adri miraba atento a Sara mientras escuchaba a Carlos
relatarles sus perversiones. Ella estaba riendo con sus amigas, no finamente,
sino más bien a carcajadas. Incluso le dio un manotazo en la espalda a la que
tenía al lado. Levantó la mirada hacia el final del pasillo, hacia donde se
encontraban ellos. Su mirada se cruzó un instante con la de Adri para continuar
al instante discutiendo con sus amigas .
» Tal cómo está ahora... Imaginaos que va a los lavabos. Pasa
por nuestro lado. Cuando nos supera yo la sigo a sus espaldas. La alcanzo en la
puerta de entrada al de chicas. La agarro por el brazo fuerte. Ella se gira
rápido y me mira seria. Directa a los ojos, con la boca cerrada. Con esa mirada
que me pone burro. Abro la puerta del lavabo de los chicos y me meto con ella.
Como es la hora de entrar a clase está vacío. La cojo fuerte por los hombros y
aplasto su espalda contra la puerta, para que no entre nadie .
» Ella me mira fijamente y antes de que yo diga nada,
adelanta su cuello y me besa con esos morritos que tiene de fresa. Me besa con
una pasión salvaje, devorándome los labios. Junta sus labios con los míos en un
estallido y al instante noto su lengua tierna y con sabor de chicle acariciando
la mía en mi boca .
Mientras Carlos hablaba, todos miraban a Sara reírse con sus
amigas .
» Como tengo prisa por no llegar tarde a clase y como no
estoy para tonterías, la cojo de la camisa, tiro y se la abro haciendo saltar
los botones. Lleva un sostén blanco, de esos de encaje. Podría hacer anuncios
-creo que estoy manchando el calzoncillo, tíos-. Ella no se enfada, sino que me
coge la cabeza con las dos manos y me la hunde sobre esas dos tetazas.
» Yo las beso y las chupo. Las beso y las chupo. Una y otra
vez. Ella misma se quita el sujetador y lo lanza contra el espejo. Cae dentro de
la pica de lavarse las manos. Con mi cabeza entre sus montañitas, pego mis
labios al hermoso valle y lo cubro de besitos desde abajo hasta arriba. Mientras
hago eso mis manos sujetan sus pechos desde abajo. Como si no quisiese que se
cayeran .
» Después, y sólo con mi lengua, con toda mi lengua, barnizo
de saliva esos pezones mágicos. No los muerdo porque con el deseo que estoy
conteniendo sé que hasta le haría daño. Ella está respirando profunda y
agitadamente "Ahhh". Le está gustando lo que le hago. Y eso es sólo el
principio. Tengo unos 10 minutos antes de que el profe nos eche en falta. Y
pienso entretenerme en aprovecharlos .
» Le doy la vuelta con ímpetu. Ella se sujeta como puede a la
puerta y separa sus piernas para no caer. Es como si hubiera leído mis
intenciones. Me arrodillo y esa faldita acaba a la altura de mi nariz. "Arquea
tu espalda" le digo. Como es lista y sabe qué es lo que quiero hacerle, lo hace
muy coqueta ella. Entonces, casi me desmayo, resulta que ¡ha venido al colegio
sin bragas! En minifalda y sin braguitas. Veo su sexo perfecto, sus ingles y
labios depilados, con un color entre bronceado y rosado que me está diciendo
"cómeme", cual suculento postre .
» Se ha dejado el triangulito arriba. Esta visión, este
atrevimiento y tanta simpatía se merecen una dedicación especial. ¡Esta mujer es
una diosa y a mí ya me da igual si llegamos tarde a clase, si nos expulsan o si
me voy a morir a la salida de esos lavabos! Acerco mi cara a su sexo lentamente.
En mi camino aspiro profundamente intentando captar el olor del paraíso. Cuando
estoy tan cerca que sus nalgas tocan a mi frente de tú a tú, extiendo mi lengua
rígida todo lo que da de sí y comienzo a acariciar su vulva. Sus sabrosos
labios, desde la parte más alejada a mí hasta la que tengo más a mi alcance .
» Cuando llego justo a la entrada de su gruta de las
maravillas hundo sin prisa pero todo lo que da de sí mi lengua allí. Sara, que
estaba gimiendo, al sentir eso grita "Ah!!" y noto como sus mieles corren a
abrazar mi lengua. Pero esto, amigos, era sólo el saludo que le quería hacer a
su divina vagina. La sujeto por el brazo y caminamos hasta la pica, donde la
levanto por la cintura y la siento. Ella, que ha perdido los zapatitos por el
camino, me acaricia suavemente mi henchida -por qué no decirlo- entrepierna con
su piececito dentro de esos calcetines blancos infantiles .
» Queda sentada con las piernas abiertas, de manera que su
espalda se refleja en el espejo de la pica. La puerta de entrada podría ser
abierta en cualquier momento. Eso hace rato que ha dejado de importarme. Al
diablo si nos sorprenden. De rodillas de nuevo me decido a seguir lamiendo esa
vulva descarada. Comienzo besando su ombligo, su pubis, sus ingles. Rodeando las
zonas más sensibles pero sin llegar. Se merece toda mi perversión y paciencia.
"Ahhhh , ¡ahhhh!". Por como gime le gusta la ocurrencia. La voy besando sólo con
mis labios secos, como mucho con la puntita de mi lengua .
» Sara se retuerce por lo que siente "Ahhhh". Tan pronto
parece como que va a caer hacia delante como hacia atrás. Al final siempre logra
mantener ese caliente equilibrio, con las piernas abiertas a los dos lados de mi
cara y de mi ocupada boca. Yo, por mi parte, ya he comenzado a acariciar sus
labios. Primero con mi boca, después con la puntita de mi lengua, de arriba a
abajo. "¡Aaaahh!", le arranco. Tras eso ya lo hago con toda mi lengua bien
mojada, como si fuera una brocha. Mi lengua plana y mojada en saliva y en sus
elixires de arriba abajo por toda su conchita "¡Aaaaah! ¡AAaah!
¡¡¡Aaaaaaahhhhh!!!" A Sara aún parece importarle menos que a mí que entre
alguien .
» Me mira fijamente con los ojos bien abiertos y la
respiración agitada. Es porque he parado. Me incorporo. A una seña mía salta
rodeando mi cintura con sus piernas y mi cuello con sus brazos. Con ella así
cogida, desabrocho mi bragueta y por allí asoma mi pene, duro como el mármol
donde Sara acaba de estar sentada, bailando sobre mi lengua -y viceversa-. ¿Y
mis calzoncillos?, os preguntaréis. Mis calzoncillos hace rato que fueron
sobrepasados en altura por la estaca ardiente que ahora roza el culo de Sara .
» Con ella a cuestas, camino de nuevo hacia la puerta hasta
que su espalda choca contra ella. Por lo que rezuma mi rabo a estas alturas
imagino que la cremallera del pantalón quedará inservible. Giro la cara y
sonrío, sudoroso, a Sara a través del espejo. Ella se va a ver de frente, y a mí
de espaldas, empujando y desapareciendo en su interior. Ella me mira desafiante,
con el pecho hinchado de aire .
» Subo mi mano tras su espalda hasta llegar a su perfumada
melena, ahora algo revuelta y la sujeto por el pelo. Después apunto bien algo
más abajo y dejó caer a Sarita sobre mi miembro. Lo esperaba, porque en el
espejo no muestra sorpresa alguna. Más bien al contrario, me sujeta fuerte con
las piernas por la espalda y apoyada sólo sobre mi miembro y contra la pared,
comienza a cabalgarme como una amazona. Esta chica está asalvajada .
» Yo la sujeto con mi brazo derecho por la cintura con todas
mis fuerzas, intentando mantenerla en alto mientras copulamos. Me da igual si
nunca más puedo volver a usar ese brazo por el esfuerzo. Es increíble el
recibimiento que su vagina cálida y mojada está dando a mi espadota. "¡Aaaaah!"
Ella grita. "¡Aaaaah!" Grito yo también. A cada embestida golpeamos la puerta.
Ella salta en movimientos cortos arriba y abajo, arriba y abajo. Yo acompaño el
ritmo, ya con más fuerza que pericia .
» "Aaaahh!¡Qué placer!" me grita. No imagino de qué película
X habrá sacado esa frase, pero en el momento me enloquece y me veo yo también
diciendo cosas parecidas "¿Te doy placer, Sarita?" "Ahhhh". Noto como mi cipote
es sujetado fuerte en la entrada y en la salida de su chochito bonito. Noto,
como si de un apretón de manos se tratara, el tacto de sus paredes a largo de mi
polla, de mi pollón inmenso ahora .
» "Me corro, me corro" grita Sara, que si dijera la verdad,
debería estar corriéndose desde hace 2 o 3 minutos. Yo sigo empujando "Aahhhh".
Ya estoy entumecido del esfuerzo y sólo consigo penetrarla con movimientos
cortos de mi cintura "¡Ah!, ¡ah!, ¡ah!". Pero es suficiente para sentir el
placer más inmenso del mundo e ir acercándome al orgasmo, mágico orgasmo, que me
está arrancando esa valquiria, que me ha cabalgado en los lavabos del colegio
como nunca nadie lo había hecho en ningún otro sitio .
» Levanto la cara y me encuentro la suya a pocos centímetros
de la mía. Su pelo suelto, pues hace rato que la diadema de Sarita rodó por el
suelo, está pegado a mi cara. Nos respiramos en la cara. Aspiro su aire, su
aliento. Igual que ella el mío. Olemos a lo mismo. Olemos a sexo. A nosotros.
» Llega el orgasmo. Por fin, no aguantaba más. Nuestras bocas
se juntan. Sus piernas me abrazan más fuerte .
- ¿Pero qué dices, Carlos, flipado? ¿Te corres dentro?
- Calla, capullo, que estoy acabando .
Todos, con una cara extraña, sudorosos, siguen escuchando
mientras miran a Sara.
» Sus piernas me aprietan y me sujetan para que me corra
tranquilo dentro suyo. Mueve su cadera arriba y abajo, me exprime hasta la
última gota mientras me besa con tanta adicción como al principio. En tres o
cuatro espasmos mi cuerpo comienza a relajarse, comienza a temblar por el
esfuerzo realizado. Me tiemblan las piernas, los brazos, me tiembla la polla
sobre todo, aunque en este último caso no es del esfuerzo sino del inmenso
clímax al que acaba de llegar. "Eres una pedazo de zorra" le susurro cuando
suelta mi boca. Ella lame mi mejilla y se ríe .
- ¿Qué os parece?- preguntó Carlos, satisfecho, sin obtener
respuesta .
- Muy entretenido, Carlitos- contestó Adri-. Muy divertido,
en serio. Sólo que lo de "pedazo de zorra" al final sobraba, tío. Esas cosas me
revientan. ¿Después de follar por qué coño le hablas mal?
- Adri, tío, era broma. Si ella me cae bien, ya sabes. No lo
digo por insulto ni nada de eso.
- Pues mejor no lo digas, tío .
- ¡Adri, el defensor de las causas nobles! ¡Y de las
mujeres!- reían los otros .
- ¡Y sobre todo de Sara!- dijo Juan .
Adri recuperó el buen humor .
- A ver, tíos, es que es verdad. ¿Por qué hay que confundir
las cosas? Primero te acuestas con ella. Eso es bueno. Y luego la insultas. Eso
es malo. ¿Qué mierda tenemos en la cabeza?
- Muy buen expuesto, sí señor- contestó Juan.
- No seré yo quien se lo discuta- añadió Carlos amistosamente
.
- Adri, tú que eres más amigo de ella, ¿sabes si ahora está
con alguien?- le preguntó Carlos .
- ¿Por qué lo dices?
- Porque voy a mirar de salir con ella alguna vez.
- Ah. Carlos, sinceramente, si es por eso, no importa si está
con alguien o no. Díselo y ya está- todos rieron "qué cabrón"-. No. Digo que
probablemente salga con él esté o no con otro. No digo que eso sea malo. Os
equivocáis. De cabrón, nada. Quizá es que soy abierto. Como ella .
- Sí, abierta de piernas- Juan se llevó un codazo de Adri por
eso .
- Ey, Juan, tío, no lo cabrees. Que me va a ayudar a quedar
con Sara. ¿Vale, Adri?- Adri lo miró pensativo .
- Vale. Yo se lo digo a ella si quieres y luego habláis entre
vosotros ya. Pero te digo una cosa- estaba sonriendo pero a la vez su mirada era
acerada y penetrante-. Sara y yo somos amigos. Más aún que tú y yo. Y es una tía
genial. Así que trátala bien. Haced lo que os dé la gana, pero trátala bien en
todo momento. Siempre. Recuérdalo, ¿vale?- Adri ensanchó su sonrisa, para que
los demás entendieran que no era una amenaza.
- Claro, claro, Adri. Claro, tío. Oye, ¿a ti te molesta si me
la follo? - Carlos puso una sonrisa pícara .
- Qué cabrón. A ver, Carlitos. Me da igual si folláis. Haced
lo que os venga en gana. Pedazo de cabrito- contestó Adri mientras caminaban
despacio por el pasillo rumbo al aula .
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