Mis relatos
Siempre me gustó escribir. Desde pequeñaja, en el colegio, me
encantaba inventarme historias y reflejarlas en papel. Conforme fui creciendo,
esa desbordante imaginación transgredió la frontera de la inocencia y se pasó al
erotismo. Hace poco descubrí en una vieja caja de zapatos algunas cosas
pertenecientes a mi adolescencia, y entre ellas estaban mi viejo diario y una
pequeña libreta en la que di mis primeros pasos como (si me permitís los
lectores) escritora erótica.
Ojeé ambos y noté sorprendida que donde el diario comenzaba a
abandonar la estricta realidad de desencantos amorosos, peleas familiares y
descubrimientos sexuales, el erotismo se hacía hueco poco a poco, hasta que dejé
de escribir en el mismo y empecé a redactar historias más o menos fantasiosas.
La verdad es que releyendo lo que entonces escribí, da
bastante pena, y aún me cuesta entender el salto que (creo) di de aquellas
primeras historietas a mi primer relato. De hecho, un pequeño esbozo del mismo
había en la libreta.
Ese primer relato, que publiqué en agosto de 2002, fue mi
homónimo, Laurita, el cual
etiqueté como primera parte de algo que esperaba desarrollar en el futuro.
Recuerdo que en otra conocida página de relatos eróticos de aquel entonces, me
denegaron la publicación por referencias a sexo con menores, debido a una única
frase en 60 minutos de lectura. Todorelatos era muy tolerante en aquellos
tiempos, que casi diría lejanos, y admitía todo tipo de escritos, buenos y malos
(por fortuna, que si no no estaría aquí), y no exigía registro de ningún tipo,
ni para leer ni para votar, además de no permitir dejar una nota si no era por
correo electrónico (spammers y pajilleros, ¡venid a mí por igual!). El relato
oscilaba alrededor de una muchacha universitaria y su forma de gastar el tiempo
en pasárselo bien. Mentiría de forma descabellada si dijera que todo lo que
escribí era 100% real, pero de igual forma lo haría si dijera que no tomé
prestada ninguna situación que yo hubiera vivido antes, y esto creo que la
mayoría de autores mediocres podemos asegurar. Para mí, al menos, no tiene
mérito escribir una biografía. El mérito está en inventar y desarrollar
coherentemente historias, personajes y situaciones.
El relato, que si lo releo soy capaz de sacarle no menos de
50 fallos, pequeños y grandes casi por igual, pareció gustar bastante entre los
escasos lectores, y se mantuvo entre los diez primeros durante varios meses.
Quién lo diría, teniendo casi 4 años después menos de 10.000 lecturas y un único
y solitario comentario. Y con todo lo mal que me parece escrito, tardé varios
meses en escribirlo. Lo hice en partes y a golpes, y se mantuvo abandonado
durante un par de meses, de ahí que incluso haya fallas argumentales. Pero
finalmente dio a luz, como he dicho. Más de uno y de dos me escribió algún
correo electrónico pidiéndome fotos y sexo a domicilio gratuito y desenfrenado.
Otros me sacaron errores de escritura y me ayudaron a mejorar, y unos cuantos me
pidieron que continuara la historia, algo que naturalmente hice animada por el
inesperado y relativo éxito.
Un mes después, en septiembre de 2002 vio la luz la
segunda parte de Laurita,
a mi parecer bastante más fresca e interesante y mejor escrita, aunque el gran
público no opinó lo mismo. La escena del coche, aunque mal introducida, siempre
me ha gustado especialmente. Quizá no sea gran cosa, pero no puedo evitar
mirarlo con otros ojitos.
Estando la tercera parte en camino, pero atascada ante falta
de inspiración, en una tarde escribí un relato de autosatisfacción, titulado
Que aburrido es estudiar!,
en el cual una chica, en principio un personaje de la propia historia de
Laurita, disfruta de un excitante y pícaro regalo de cumpleaños. Fue
razonablemente bien recibido, y como nadie escribía en esa categoría, estuvo de
los primeros mucho tiempo. He mencionado que el personaje aparecía en la
anterior historia. Esto es porque, una idea que tenía en mente, era intentar
desdoblar los personajes e ir contando otras historias. Ni el tiempo ni la
inspiración dieron para más, y quedó en nada.
En diciembre de 2002 publiqué la
tercera y última parte del
relato de Laurita. Me costó horrores terminarlo, y antes de repetirme,
decidí acabar con la historia. En esta última parte, intenté enfocar una
relación lésbica desde un punto de vista distinto a lo que había leído en otros
relatos y escribí un final, que a mí, me gustó cuando lo redacté.
Antes de terminar el año, hice una breve incursión en la
categoría de infidelidad. No sé si lo habré conseguido, pero en gran parte de
mis relatos he intentado escribir con originalidad. A veces han resultado
grandes truños difíciles de leer, y confío en que en ocasiones haya podido hacer
pasar un rato agradable y menos monótono de lo habitual a quienes me leían. En
Necesito tu ayuda traté de
mostrar una infidelidad como parte del plan para romper una relación.
La chica de
blanco es un relato que escribí apresuradamente un día al llegar a casa tras
viajar en transporte público. Se me ocurrió que podía ser un argumento
interesante y lo escribí. Tiene un puntito interesante la redacción, pero la
historia no es nada del otro mundo.
Yo ya estaba lanzada, y cada vez dedicaba más tiempo a
escribir y escribir, y en plenas navidades, y después de la celebración de fin
de año, se me ocurrió el relato más topicazo de las fechas, resultando
El primero del año.
Pocos días después, publiqué
El partido de exhibición,
un relato que describe una orgía multitudinaria al término de un partido de
fútbol entre un equipo femenino y uno masculino. Es a día de hoy el relato con
mayor puntuación que tengo en Todorelatos, aunque yo no creo que sea el mejor.
Eso sí, sexo puro y a raudales.
Una
profesora muy aplicada es el último relato que publiqué en enero de 2003. Un
poquito de dominación y abuso de poder y una generosa parte de sexo lésbico. Ni
para adictos al rollo bollo, que probablemente no lo encontrarán de su completo
agrado, ni para los más acérrimos defensores de lo hetero, que seguramente no
les cause gran impresión.
De mal en
peor es mi relato con mayor número de lecturas y mi única incursión en el
sexo no consentido. Lo escribí a modo de protesta, queriendo reflejar el lado
amargo de la violación, más que nada porque los relatos eróticos no suelen
mostrarlo, y casi siempre se presenta la misma como algo placentero.
Lost &
Found es un relato en el que intenté aportar un poco de erotismo al sexo.
Debido al bajo número de lectores, debo asumir que erré y no conseguí mi
objetivo. O quizá el sexo con sentimiento sea una especie de utopía, no lo sé.
En Lost & Found II le di
final a una historia que creo podría haber dado más de sí.
Fin de
semana en la sierra es un relato muy cercano, con el que mucha gente podría
sentirse identificada. No tiene nada de raro y el título refleja perfectamente
el argumento.
En Última
parada regresé al sexo en grupo, esta vez menos multitudinario y con una
historia menos creíble, si cabe. Es el único relato que empecé por el título,
que me resultó muy atractivo, con muchas posibilidades. Queda claro por qué no
repetí el proceso.
Llegados a este punto, comencé a hartarme de escribir y mi
ritmo se fue relajando. Tras un mes de reposo, publiqué
Las tres francesas, en el
cual unas estudiantes de intercambio satisfacían los deseos de un joven
adolescente. Y tras este relato, dejé de escribir durante una buena temporada.
Ocho meses después, en diciembre de 2003, apareció
La playa, en el que de
nuevo intenté innovar. Siempre me ha parecido que la categoría de Voyeurismo era
una pequeña incomprendida. O se publican relatos más cercanos al Exhibicionismo,
o el mirón acaba follando cual actor porno, pero en muy pocos casos se refleja
la naturaleza de esta práctica sexual.
Entonces sí que finalmente dejé la pluma, por carencia de
interés por un lado, por motivos personales por otro, por ausencia de tiempo en
general, hasta que en enero de 2006, en una tarde aburrimiento, escribí
La botella de agua, otra
historia de autosatisfacción que tuvo relativamente escasa acogida.
Yo no voy a retirar mis relatos, ahí se van a quedar hasta
que Todorelatos muera, y sólo escribo esto como medio de autopropaganda, a la
par que despedida. No creo que vuelva a escribir nada más. La escritura de
relatos eróticos, pornográficos, sexuales o como prefiráis denominarlos, ya no
me atrae, no me llena, de modo que me limitaré a mirar desde la barrera y a
disfrutar de las maravillas que, de vez en cuando, aparecen en Todorelatos.
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