Aquel verano en que cumplí mis 17 años convencí a mis padres
para que me dejaran pasar un fin de semana en casa de mi prima. Eran las fiestas
en su pueblo. La verdad, habíamos perdido bastante el contacto. Habíamos pasado
toda nuestra infancia muy unidas, pero desde que empezamos el instituto casi
habíamos dejado de vernos. Cada una tenía ya sus amigas, sus novietes. En una
visita familiar retomamos ese perdido contacto. Habíamos cambiado bastante.
Nuestros cuerpos de niñas se habían transformado en los exuberantes cuerpos de
dos jovencitas de 17 años, muy bien desarrolladitas. La naturaleza se había
portado bien con nuestro aspecto. Y después de contarnos un montón de cosas, me
propuso pasar el siguiente fin de semana, el de las fiestas de su pueblo, con
ella. Una ocasión perfecta para retomar nuestra amistad y para conocer qué había
sido de nosotras en estos últimos años.
Mi prima Angélica tenía novio desde hacía casi un año, y por
lo que decía, parecía que iban en serio. Se llamaba Rafa y estaba buenísimo. Yo
había tenido alguna intentona, un primer amor breve pero intenso, alguna
aventura, poco sería. Ya no era virgen. Ya había catado las mieles del sexo,
aunque mi vida sexual era bastante prudente. Vamos, que no me iba a la cama con
cualquiera en cualquier sitio o momento. O mejor dicho, no me lo hacía con nadie
a menos que estuviese muy justificado, que el afortunado de mi lotería mereciese
la pena y yo tuviese muchas muchas muchas ganas. Demasiadas condiciones.
La noche en que llegué me aconsejó que descansáramos toda la
tarde, porque la movida empezaba por la noche. A eso de las diez bajamos a la
plaza del pueblo, donde una aburrida orquesta hacía las delicias de los
matrimonios que habían superado ya los 50. Media hora de pasodoble, vals, tango
y algo de salsa fueron suficientes para que nos fuéramos a la peña de la panda
de mi prima. La música allí, naturalmente, era otra cosa. Y la bebida corría en
abundancia. Qué manera de correr las cervezas y los cubatas. La música,
intencionadamente, se hizo más suave, y la luz se redujo. Era el momento de las
‘lentas’. Fue entonces cuando conocí a Roberto, el amigo del novio de mi prima.
Me agarró por la cintura, se arrimó mucho más de lo que la prudencia aconseja y
empezó a moverme. Sí, digo a moverme, porque no bailábamos, sino que él se movía
y me arrastraba a mí. No pensaba yo que dos personas pudieran bailar tan
pegadas, que pudieran ocupar tan poco espacio. Mis tetas, talla 95 generosa, se
clavaban en su pecho, e igualmente, yo podía sentir su pene restregándose por mi
vientre. Era indudable que se excitaba, aunque eso no podía ser. Yo no era de
esas, tan fácil. ¡Si apenas habíamos cruzado tres palabras! Pero lo que veía a
mi alrededor no contribuía a rebajar el puntito de excitación que el baile y el
alcohol me provocaban. Las parejas que se intuían a nuestro alrededor se metían
mano descaradamente, por debajo de la falda, por debajo de la blusa. Uno,
incluso, bailaba con la verga fuera, mientras su novia, su amiga o lo que fuera
se la tocaba. Y las manos de mi acompañante empezaron a ‘bailar’ también.
Primero mi culo, con cierto recato, por mi espalda, intentando averiguar si
llevaba sujetador y poco después, ya resuelta la duda (en ese tiempo no me
gustaba usarlo, se sostenían estupendamente sin ayuda) metió su mano por debajo
de mi camiseta con decisión buscando mi pecho. Eso ya era mucho. Así que antes
de que llegara a su objetivo detuve su mano, me retiré y le dejé en la pista de
baile, con la excusa de ir a buscar algo de beber.
Al cabo de un rato mi prima se acercó a la zona donde nos
preparábamos las bebidas, y me preguntó:
-¿Qué pasa? ¿No te gusta Roberto? Es muy guapete...Y dicen
que tiene una polla descomunal
-Ya, ya, pero si no le paro ya me había metido la mano por
debajo de la camiseta
-¿Y…?¿Qué tiene de malo? Dicen que se lo hace muy bien
-¿Cómo que se lo hace bien?
-Sí, que follando es muy atento, y que hasta que tu no te
corres él no termina
-¿Pero que estás diciendo? Yo no tengo, ni de lejos,
intención de hacer nada con él
-¿Qué pasa? ¿Qué vas de beata, o algo así?
-Noooo - dije yo - ni mucho menos, pero es que así, tipo aquí
te pillo aquí te mato, no me sale
-A ti te hace falta un buen repaso. Si lo que necesitas es
que te calienten un poco, ven... – me dijo, indicándome una habitación a
oscuras, donde guardaban las bebidas
Entró apagó la luz, tomó mi mano, me arrimó hacia ella y...me
besó. Me plantó un beso en los morros como no me habían dado en mi vida
-¡Pero que haces! –tuve tiempo de susurrar, antes de que me
plantara otro
-Calentarte un poquito
-¡Pero si eres una tía, como yo! ¿Qué pasa, que eres
lesbiana?
-Ni de coña, pero a ti te hace falta que te enciendan la
mecha un poco
La muy...puta...besaba de maravilla. Joder, que morreo. Yo no
solo no había estado nunca con una tía, sino que ni siquiera me había planteado
que eso era una posibilidad. Así que ahora, ver como mi prima, mi amiga de la
infancia con quien tantas cosas había compartido, me estaba pegando un viaje
como ese, hacía que mi mundo se tambaleara. Y entonces empezó a meterme mano. Me
tocaba las tetas con descaro. ¿Y qué tenía que decirle yo, que parara? De
repente, me subió la camiseta, bajó su boca hacia mi pezón y empezó a comérmelo
-Angélica, por favor, estate quieta, que va a entrar alguien
Subió a mi boca otra vez, sin olvidarse de recorrer todo mi
cuello de una forma lujuriosa. Desabrochó mi pantalón, desoyendo mis quejas,
metió su mano por mis braguitas y con sus dedos llegó a mi coño. ¡Como se
manejaba, la cabrona!
Y de repente, paró. Se separó de mí, me dio otro beso en la
boca y me dijo
-Hala, ya estás en celo. Y no me digas que no te has puesto a
cien, porque estabas empapada.
Y dicho esto, sin dejarme tiempo para responder, desapareció,
dejándome con un calentón de campeonato. Me arreglé un poco la ropa, salí de ese
cuarto intentando disimular un poco la rojez de mi cara y me topé con Roberto
-Te estaba buscando – me dijo él - ¿Seguimos bailando?
Fuimos a la pista de baile, y simplemente, me dejé hacer. Y
el chaval hizo. Se tiró directo a mi cuello, volvió a restregar su polla contra
mi vientre, clavó sus labios en los míos y deslizó su mano de nuevo por debajo
de la camiseta, esta vez con mejor suerte. Desabrochó mi pantalón, y mientras
con una mano me tocaba las tetas, con la otra jugueteaba con mi rajita.
El juego duró más de una hora, y aunque estaba muy bien
termina cansando. Me dolían los labios de tanto morreo, las tetas las tenía
insensibles, el coño era una laguna. Las cuatro de la mañana. Las parejas de
alrededor habían ido cambiando, pero el panorama era el mismo: todos se metían
mano por todos lados, camisetas subidas, pantalones desabrochados. Incluso en un
rincón una pareja follaba de una forma que intentaba ser disimulada. Muy cerca
de nosotros, una chica le hacía una paja a un chico, que lucía un generoso
miembro. A mí, eso de bailar con las tetas al aire en un sitio público (aunque
oscuro) me tenía tensa, pero es que a nadie parecía importarle un bledo
De repente, alguien tocó mi hombro
-¿Os venís a dar una vuelta? –dijo mi prima
-Vale-dije yo bajándome la camiseta, ya algo cansada de aquel
juego que no daba para más
Salimos de la peña los cuatro, mi prima Angélica con su novio
Rafa, seguidos de Roberto y yo. Una vez en la calle me contó el plan: irnos a
terminar la noche a la bodega de Rafa.
La bodega estaba algo alejada del pueblo. Tenía dos plantas:
un sótano, donde se guardaban las botellas de vino, el jamón y el chorizo, y la
planta superior, donde se reunía la familia de Rafa con los amigos para pasar el
rato. Tenía dos sofás grandes. Como era seguro que los padres no iban a ir por
allí a esas horas, nos podíamos quedar a dormir tranquilamente. Yo supuse,
estúpida de mí, que Angélica y yo dormiríamos juntas en uno de los sofás, pero
por supuesto los planes eran otros. Abrimos los dos sofás-cama y Angélica con su
novio se acoplaron en uno de ellos. El otro, naturalmente, era para Roberto y
para mí. Fuera había luna llena, y aunque apagáramos la bombilla, la habitación
quedaba iluminada con la luz tenue que entraba por la ventana. No se oía nada:
así es el campo. Las estrellas lucen de una forma desconocida para los que somos
de ciudad, y es posible conocer el silencio. Ni un ruido fuera...
Nos acostamos vestidos, y Roberto empezó su juego de besos y
sobeteo. La verdad, yo iba a decirle que se estuviera quieto, hasta que giré la
cabeza hacia mi prima. Le estaba haciendo una mamada a Rafa, su novio. Nunca le
había hecho eso a un chico, y mucho menos, lo había visto hacer. Con la suave
luz que entraba por la ventana, veía la cabeza de Angélica moverse rítmicamente,
mamándosela. Él estaba tumbado bocaarriba, con los pantalones ligeramente
bajados. En una ocasión, la cabeza de mi prima se retiró, y pude ver la polla de
Rafa en todo su esplendor. Y era mucho esplendor. Desde luego, era lo más grande
que había visto en mi vida. Roberto, por su parte, seguía el juego, y ahora me
hacía desprenderme de mi camiseta, ocupándose de mis tetas. Mejor. Eso me
permitía concentrar toda mi mirada en mi prima. Todavía recordaba el sabor de
sus labios, los primeros labios de mujer que yo besaba. Y lo había hecho con
toda naturalidad, como si pegarse un morreo con otra tía fuera una cosa normal.
Angélica se quitó la camiseta y los pantalones en apenas un
segundo, y se montó encima de él. Empezó a cabalgarlo. Tenía un cuerpo realmente
bello. Un pecho pequeño pero perfecto se dibujaba al contraluz. Un pecho que se
movía a la vez que ella subía y bajaba, a la vez que cabalgaba su polla.
Roberto me desabrochó el pantalón. Yo me dejaba hacer, sin
apartar la vista de mi prima. Que excitante es ver a otra pareja, casi a tu
lado, follando. Nunca imaginé que mi prima fuera tan fogosa. Su pelo suelto
ahora caía sobre su pecho. Roberto terminó de quitarme el pantalón, y empezó a
tocarme el clítoris. Eso empezaba a ser mucho para mí. Joder, como se lo montan
en los pueblos. La rarita era yo, con mis recelos y mis distancias, tratando de
hacerme la dura en todo momento. Y aquí, nada, follando como conejos. Como mi
prima, que acababa de ponerse a cuatro patas para que Rafa se la metiera por
detrás. Ahora veía perfectamente las tetas de Angélica bailando, y el pene de
Rafa entrando y saliendo. Roberto se había sacado la polla, y había llevado mi
mano hasta ella. No era como la de Rafa, parecía todavía más grande. Mi prima
tenía razón con los rumores que había comentado. La tenía completamente dura.
Poco a poco se fue colocando detrás de mi, y mientras yo observaba a mi prima
follando tipo perro, él se iba colocando a mi espalda, sin dejar de acariciarme
el clítoris, pero acercando cada vez más peligrosamente su polla a mi cuevecita.
-No me la metas –susurré yo, de forma casi instintiva
-Tía, estoy que reviento. No me hagas esta putada –suplicó
Roberto
Yo también estaba que reventaba. Pero una cosa es una cosa y
otra cosa es otra cosa. Así que busqué una solución de compromiso: acariciársela
un poco y darle una chupadita. Así que le tumbé boca arriba, como había visto a
Angélica hacer hacía un rato. Succionaba un poco, y le acompañaba con la mano.
Él, mientras, disfrutaba como voyeur, viendo a Angélica montarse a su novio y
gritando y gesticulando sin ningún pudor. Yo creo que ella estaba exagerando un
poco al sentirse observada. Roberto empezaba a contraerse. ‘Como siga este se me
corre en la boca’. Así que paré, me puse de espaldas a él y francamente, me
olvidé que existía para centrarme en el espectáculo de la cama de al lado.
Y Angélica explotó. Vaya pedazo de corrida. Rober tampoco
quitaba ojo de esa escena. Ver a mi prima como se corría, como gritaba, como se
retorcía, era mucho para todos. Se sacó la polla que llevaba dentro, y empezó a
meneársela. Un minuto de meneo y ya estaba allí la corrida de Rafa.
Y a todo esto, yo sin correrme. Hubiera bastado un leve roce
en el clítoris para que me hubiera tenido mi orgasmo. Pero era mucho para mí
aceptar tenerlo con un completo desconocido, aunque estuviera bueno, tuviera una
polla muy generosa y yo estuviera más caliente que el horno de una siderúrgica.
A mediodía el sol ya calentaba demasiado la habitación como
para pensar en seguir durmiendo. Mi curiosidad era saber como nos íbamos a
levantar todos, así en pelotas. Mi prima se levantó en primer lugar y fue
tranquilamente hacia la ventana, que estaba a nuestro lado de la habitación. Se
paseaba desnuda sin ningún pudor. Y Roberto que ya estaba despierto estaba
abrazado a mí, pero mirando con descaro a Angélica. Ella pasó justo a su lado y
puso su coño tan cerca de él que hasta a mi me dieron ganas de tocárselo. Se
miraron a los ojos, ella sonrío y… ya está. Ella cogió su ropa y muy lentamente
empezó a vestirse. La polla de Roberto estaba totalmente tiesa. Con un leve
movimiento, Roberto corrió la sábana que le tapaba, y Angélica miró sin reparo
el miembro que se le ofrecía. Con sujetador y tanguita puesto, se paseó de nuevo
por la habitación. Joder, que tipazo, que envidia. Yo no estoy mal, pero esa tía
es una diosa. Angélica le ofrecía un show ahora en ropa interior.
Rafa se despertó, y el show acabó. Roberto guardó sus armas,
y Angélica continuó vistiéndose. Los tres que quedábamos en cama nos levantamos
a la vez, todos desnudos. Para mi era una sensación rarísima estar paseándome
desnuda por la habitación, pero claro, después de verles follar, y de haber
estado en la cama desnuda con Roberto no era cosa de volverse pudorosa. Así que
tras unos minutos deambulando por la habitación buscando cada uno su ropa, nos
vestimos y cada cual se fue a su casa.
Angélica y yo dormíamos juntas en la misma cama. Bueno,
dormía ella, porque yo con el calentón que tenía me era imposible. Había visto a
mi prima follar, me lo había montado con el Rober, que tenía la polla más grande
que había visto en mi vida. Y la había tenido entre mis manos. Ahora me
arrepentía de no habérmelo tirado. Qué indecisa, qué beata meapilas me volvía a
veces. Me lo tenía que haber follado así, sin más. Tenía su polla entre mis
manos, estaba desnuda en una cama encima de él. Bastaba con que me hubiera
acercado la polla del muchacho a mi cuevecita, y ya, habría entrado sola. Un
buen polvo, eso me habría sentado bien. Y allí en la cama, con Angélica dormida
a mi lado yo me acariciaba el coño por encima de la braguita pensando en lo que
pudo ser y no fue. Que tonta. Qué polla tenía allí, al alcance y la dejé pasar.
Y yo en la cama frotándome el coño, pendiente de los movimientos de Angélica, no
se fuera a despertar. Estaba dormida, bueno, respiraba profundo, y desde luego
no me cabía ninguna duda de que dormía. Así que yo allí, pensando en el pollamen
de Roberto, en la polla de Rafa entrando y saliendo de la vagina de Angélica.
Rafa no estaba nada mal, un bien tipo, un buen culo. Cuando empujaba follándose
a Angélica el culo le hacía una forma preciosa. Y yo de mirona, mientras Rober
me sobaba. Desde luego era lo más excitante que me había pasado hasta ese
momento. Y claro, yo venga a frotar y frotar mi clítoris, a hacerme una paja con
Angélica justo al lado. La miraba. Que tetas tenía la cabrona. Un pecho pequeño,
pero precioso, perfectamente formado, con un pezón justo, ni grande ni pequeño.
Recordaba como colgaba cuando Rafa la daba por detrás, a cuatro patas. Pero en
que estaba yo pensando, me estaba haciendo una paja pensando en Angélica, en el
tipazo que tenía, y ahora la estaba mirando dormir y me estaba poniendo
cachondísima de tenerla allí a mi lado. Eso no podía ser, a ver si me estaba
volviendo lesbiana. Que va, me gustaban las pollas más que a un tonto una
pandereta, aunque no podía apartar de mi mente el beso que me plantó en los
morros mi prima, de cómo me chupó las tetas; con qué habilidad llegó hasta mi
clítoris, y cuando estaba dispuesta a abandonarme a sus caprichos, la muy puta
se retira y me dice que ya me ha calentado bastante, que ahora a por Roberto…Y
yo mirando allí en la cama su preciosa cara de dormida cuando de repente…zás…me
corrí, casi sin avisar. Que intensidad, encima tratando de no hacer ruido,
intentando ahogar mis suspiros de orgasmo en el almohadón. Uff, que corrida. Y
que sopor justo después. Que tranquilidad deja una buena corridita…
Eran ya las 6 de la tarde cuando los padres de Angélica nos
despertaron, para decirnos que nos dejaban algo de comida en la mesa, pero que
ellos se iban a algún acto religioso de las fiestas, y que ya no llegarían hasta
la noche. Como las 6 de la tarde son ya horas muy prudentes para levantarse,
procedimos, y engullimos las viandas que nos dejaron preparadas. La casa estaba
para nosotras solas. Angélica llamó por teléfono a su novio y le dijo que
viniera a buscarnos. Pocos minutos más tarde estaba ya en la puerta, teniendo en
cuenta que el pueblo es pequeño y que se tarda poco en recorrerlo de punta a
punta.
Desde que su novio entró en la casa, consciente de que
estábamos los 3 solos y lo estaríamos mucho tiempo, Angélica se comportó de un
modo sensual, picarón, derivando cualquier comentario hacia el terreno sexual.
Estaba excitada. Bueno, era normal, con su novio allí y la casa para ellos
solos. Pero estaba yo delante, y no pensaba que se atrevería a hacer nada raro.
Pero me equivocaba. Estábamos los tres sentados en el sofá
del salón cuando de repente Angélica suelta
-Vaya pedazo de paja que se ha hecho mi prima en la cama. No
me extraña, con el calentón que se ha debido meter con Roberto, y encima sin
follárselo ni nada…
Rafa abría los ojos en exceso
-¿Yooo? ¡Que dices, una paja! –negué yo
-No, que va. Se ha hecho una paja que se movía toda la cama.
Yo no sé en que estaría pensando, pero no te puedes imagina como se mecía todo,
parecía un terremoto. Al principio pensé que alguien nos estaban moviendo la
cama, pero después, entre el ruido del frotis contra las sábanas, el meneo que
se sentía y la corrida semisilenciosa cuando le ha llegado el orgasmo, vamos,
como para dudarlo
-Tía, ¿me has oído? Qué cabrona eres, soltarlo así, aquí, con
Rafa delante
-No creo que se vaya a asustar. Te has hecho una paja porque
te apetecía y punto. Tampoco hay que avergonzarse por ello
-Bueno, una cosa es que no me sienta culpable, y otra es que
haya que ir contándoselo a todo el mundo, digo yo
-Bah, Rafa es Rafa, no es todo el mundo. No se va a asustar
-No, no, no me asusto – dijo Rafa todavía sorprendido por la
sinceridad de su novia
-¿Y sabes otra cosa?- añadió Angélica - Ayer, como veía que
esta sosa no se lanzaba con el Rober, me metí en el almacenillo de la peña con
ella, la pegué un morreito, y la sobé un poco para que se calentara.
-¿Si? –dijo Rafa, mirando hacia mi - ¿Y ella que dijo?
-Bah, al principio no quería, pero luego se dejaba hacer
-¿Pero te lo hiciste con ella?
-No, que va. Solo le pegué un par de morreos buenos, la sobé
un poco las tetas, se las comí, la toqué un poco el coño y ya se puso a cien.
-Bah, no me creo nada
Joder, yo estaba cortadísima. Una cosa es darte un pequeño
viaje con tu prima, y que encima la cosa te ponga, pero otra muy diferente es
que vayan publicándolo por ahí. Y entonces, en un momento de despiste, Angélica
se acercó a mi oído y me dijo: "Sígueme la corriente, confía en mi". Bueno, como
no iba a confiar en mi amiga del alma, a pesar de que había cambiado muchísimo.
Entonces empezó a provocarle. Se acercó a mí y me dio otro
morreo. Yo me dejaba hacer, siguiendo la corriente a mi prima, tal y como me
había pedido. Estaba completamente colorada, de vergüenza y de excitación.
-¿Ves como es verdad? – dijo Angélica mirando a novio a los
ojos - Y qué, ¿te gustaron las tetas de mi primita anoche? Porque no hacías más
que mirárselas
Que majo, el chico. Ósea que me estaba mirando las tetas, y
yo sin darme cuenta.
-Tiene buenas tetas –dijo Rafa, muy cortado y evidentemente
nervioso
Entonces Angélica, que cada vez ponía los límites más altos,
subió mi camiseta y dejó mis tetas al aire, ante la mirada agradecida de Rafa.
Se metió uno de mis pezones en la boca, y empezó a succionarlos, con aparente
deleite
-Sí que están buenas, sí. –dijo ella
Estaba incitando al pobre chico. Yo debería estar avergonzada
de estar enseñándole las tetas a un chico al que apenas conocía, mientras una
chica, posibilidad que nunca antes me había planteado, me magreaba y chupaba.
Pero la verdad es que la vergüenza ya se batía en retirada, mientras la
excitación era ya la dueña indiscutible de mis actos. Estaba segura de que lo
que mi prima pretendía. Angélica quería poner a prueba a Rafa, excitarlo, que
éste se acercara a mi y que cuando me fuera a poner una mano encima, zás,
cortarlo de golpe y decirle que era un capullo y que le pondría los cuernos con
la primera que se cruzara. Así que yo me metí en el papel, me dejé hacer, me
quité incluso la camiseta para facilitar la faena e incluso me atreví a tocar un
poco a mi prima, que reaccionó muy positivamente a mis caricias
-Fíjate bien, tiene dos tetas y yo solo puedo comerle una.
¿Me ayudas con la otra? –dijo mirando a su novio, de forma absolutamente
inocente y provocadora. El chico tendría madera de monje si se hubiera
resistido, pero no estaba hecho de tan noble material. Vino hacia mí. Estaba a
punto de caer en la trampa. Agarró una de mis tetas de 17 años, talla 95 y
cuando iba a metérsela en la boca, y recibir la reprimenda y reproches de su
novia, ésta se giró hacia él y dijo:
-Ten cuidado, no te vayas a atragantar, que las tiene más
grandes que yo…
Entonces engulló todo mi pezón como si se tratara de un bebé
hambriento en su primera toma. Joder, que sensación. Mi prima y su novio me
estaban chupando los pezones a dúo. Si alguna mujer lee esto y todavía no lo ha
probado, que lo haga urgentemente. Ya sé, ya sé que esto no pasa todos los días.
Lo digo por si le pasa a alguna…que no sea tan tonta de decir que no, vamos.
Mientras me las chupaban pensé que quizás mi prima quería ir
más allá demostrando la fidelidad, más bien la falta de fidelidad, de su novio.
Seguramente, pensé, le dejaría que me chupara las tetas, pero cuando quisiera
hacer algo más le cortaría en seco dejándole en evidencia.
Me fijé en el bulto del pantalón de Rafa. Tenía la polla a
mil. Daba casi pena ver como aquel miembro luchaba contra la tela del pantalón
vaquero. Y mi prima, a quien no se le escapaba un detalle de ese tamaño, vio
también el bulto, y a mi mirándolo atónita. Entonces lo liberó de su cautiverio,
desabrochándole el pantalón y sacándola para que le diera el aire. Aquello
estaba tiesísimo, que barbaridad. No parecía ni de carne, sino de madera de
estaca. Era toda una belleza de ejemplar, aunque viéndola de cerca, confirmé que
aquella herramienta era un poco más pequeña que la polla que había tenido hacía
unas horas entre mis manos, la de Roberto. Sí, era más pequeña, porque cuando yo
agarraba con la mano la del Rober sobresalía mucho más. Había tenido un pedazo
de ejemplar digno de museo entre mis manos y lo había desaprovechado. Qué tonta.
Y ahora aquella polla se me antojaba un manjar exquisito. Un manjar que mi prima
no me dejaría probar. Ella lo manipulaba con absoluta soltura, qué pedazo de
paja le estaba haciendo mientras entre los dos me comían las tetas.
Angélica bajó entonces la cabeza y empezó a propinarle una
mamada de campeonato. Chupaba y le masajeaba los huevos. Entonces subió la
cabeza por un momento hasta mi oído y me dijo:
-¿Me ayudas?
Uff, como negarse. No le había chupado la verga a nadie aún,
pero en ese momento, meterme esa polla en la boca era lo que más deseaba en el
mundo. Que cabrona mi prima. Seguramente quería calentarle todavía más y pegarle
el corte cuando quisiera metérmela, o cuando él quisiera hacerme algo y tomar la
iniciativa. Y yo me dejé guiar por mi prima. Juntas bajamos besándole hasta la
polla, y me dejó engullirla entera, con ansia, con tanta ansia que mi prima me
dijo: "tranquila, tranquila, que no se va a ir". Entre las dos jugueteábamos con
un pene. Cuando yo chupaba, ella le lamía los huevos; cuando ella se metía el
pene en la boca, yo le comía el pubis. De vez en cuando las dos bocas coincidían
en el glande, y nos enredábamos en un beso, que sabía indudablemente a verga.
Que espectáculo más cruel para el pobre chico, que después de tanto calentarle
se iba a quedar con las ganas de metérmela.
-¿Te pone vernos a las dos chupándotela? ¿O te pone más
vernos a las dos montándonoslo?
-Pues la verdad…las dos cosas…no sé que decir
-Como ya has probado lo de chupártela a dúo, mira esto
Mi prima me quitó los pantalones. Y las bragas. Yo no sabía
muy bien que quería hacer. Imaginé que quería desnudarme, toquetearme un poco
para encenderle todavía más (¿más?) y darme una pequeña sesión de morreos. Pero
no. Quería comerme el coño. Y me lo empezó a comer de una forma que yo no me
imaginaba que podría comerse. Me engullía toda la raja, se entretenía en mi
clítoris y me metía la lengua. Con auténtica delectación, con total dedicación
Esto era como estar en el cielo. Y él sólo miraba y se masturbaba. Que pasada de
situación. Es que me acuerdo y me mojo toda.
-Joder, no tienes vicio tú ni nada, eh-dijo Rafa- Seguro que
se lo has comido ya a todas las del pueblo.
-No, a todas no, me faltan 3
-¿Zorrones o beatas?-preguntó Rafa
-Beatas todas
-¿Qué es eso de zorrones o beatas?-pregunte yo intrigada
-Bueno, es una clasificación que tenemos aquí en el pueblo-me
aclaro Angélica- Las zorrones son todas las que les gusta follar más que a un
tonto un lápiz. Las beatas son las que llegaran vírgenes al altar, y tienen al
novio a dos velas. Después cuando se casan el único sitio donde saben hacerlo es
en la cama, con lo divertido que es hacerlo donde se pueda: en el coche, en los
servicios de un bar, en mitad del campo, en una moto, en el sofá, en la cocina…Y
de posturas ni hablamos: solo dos, o ella arriba o ella abajo, no hay más
Curiosa clasificación, algo extremista pero curiosa. Desde
luego, me era fácil colocar a todas las amigas de mi prima en una u otra
categoría (aunque la gran mayoría eran de una de ellas). Pero entonces me asalto
una duda.
-¿Y yo, de cual de esas soy?
No contestaron. Yo insistí.
-Venga, de cual soy
-¿No te enfadas? A lo mejor no te gusta
-No, no me enfado, venga
-Pues tú eres...en fin...tú eres...calientapollas
-¿Queeee?-pregunte yo muy asombrada. No me esperaba esa
respuesta - ¿Y eso qué es?
-Es la que pone a los tíos como una moto pero luego nada.
-Pero si yo me acosté con Rober anoche y ahora estoy aquí,
con el coño al aire delante de tu novio, y...y me lo estas comiendo…
Los dos sonrieron.
-Muy típico de las calientapollas, dejarse hacer. Pero no te
enfades, que no pasa nada
-Es que da la impresión de que eso no es bueno.
-Para Rober, desde luego no. El pobre se fue con un dolor de
huevos a casa que no te cuento
-Pero si le estuve tocando, y me metí desnuda en su cama
-Por eso, por eso –dijeron los dos a dúo
-Es que ni siquiera le hiciste una paja al pobre. Y él te
habría hecho lo que hubieras querido, conste –dijo Rafa
-O sea, que le calentaste y luego nada –sentenció mi prima-
Por eso cree que eres una calientapollas
-Vaya. ¿Y tú que crees? –pregunté a mi prima
-No sé, depende de si sabes acabar lo que empiezas
Vaya. Mi situación era complicada. Angélica le estaba
tendiendo una trampa al muchacho para comprobar su fidelidad y ahora, cuando
ella le cortara, iba a constatar que yo era eso una calientapollas. Y mi prima
seguramente tenía en cuenta que yo diría que no para hacer pasar al muchacho por
aquella prueba.
-Pues métemela y salimos de dudas
Ni yo me creía que había dicho eso. Pero sí, debí haberlo
dicho, porque mi prima se retiró, Rafa me colocó a cuatro patas y colocó su pene
apuntando a mi orificio vaginal. Yo lo sentía muy cerca, aunque tenía la
seguridad de que aquella utilísima herramienta no acabaría en mi interior. Sentí
el glande rozando mi lubricado orificio (la saliva de mi prima debería figurar
en todos los manuales de lubricación de los mejores mecánicos) y cuando ya
esperaba la negativa de mi prima y la reprimenda por intentar penetrarme, sentí
un pollazo en mi interior. Sentí como me desgarraba con su estupendo pene en una
sola estocada. Sentí como me penetraba entera, hasta el mismísimo final de mi
coño, y todavía le quedaba polla que meter. ¡Y cómo entraba y salía, que
barbaridad!. Con qué ritmo, con qué vigor. Lo recuerdo ahora y todavía me
excito.
¿Y que había pasado con mi prima y el plan que yo suponía?
Pues que yo había supuesto mal. Lo que ella quería era que él hiciera
exactamente lo que estaba haciendo, es decir, follándome como si le fuera la
vida en ello. Y ella encima colaboraba, me tocaba las tetas, me las comía, le
sobaba a él los huevos, decía todo tipo de marranadas para animarnos y nos
basaba en la boca a los dos, alternativamente. Aunque yo ignoraba cual era el
objetivo de dejar que su novio se follara a su prima, antes su mejor amiga
Con tanto envite, pues sucedió lo inevitable: que me corrí. Y
lo hice de forma sonora y alarmante, como si me estuvieran torturando (si si, ya
quisieran los presos de Guantánamo esta tortura una vez al día). Y él se fue a
continuación, mientras su novia le empujaba el culo, como queriendo metérmela
todavía más adentro.
Extenuado por la intensidad de la corrida, se tumbo
bocaarriba.
-Joder, me ha dejado seco. Chúpamela si quieres, pero te
advierto que no ha dejado nada para ti.
Mi prima sonrió mientras se sacaba el pene de Rafa de la
boca, consciente de que aquello no se volvería a poner duro en un tiempo.
-¿Te ha gustado hacértelo con mi prima?
-Casi tanto como me hubiera gustado darte a ti por el culo
Yo miré extrañada a Angélica
-Es que está obsesionado con darme por detrás. Cada vez que
lo hacemos intenta metérmela por el culo, y a mi es que eso no me pone nada. No
me lo han hecho nunca, pero estoy seguro de que eso tiene que doler
-Que no cariño, que solo duele un poco al principio, y yo
estoy seguro de que lo sé hacer bien y no te iba a doler nada
-Si quieres, que me la meta a mí y te cuento…-añadí yo, que
ya estaba más salida que una perra en celo y me daba igual ocho que ochenta
-A ver si ahora te va a gustar mi novio…
-Es guapo y folla bien, ¿Qué más quieres?
-Esa es mi prima, una autentica zorrona –y me estampó un beso
en los morros. Y dirigiéndose a Rafa dijo:
-Esto de los tríos es lo que tiene, que pone a todos como una
moto. Ahora tenemos que hacerlo con un chico, para ver como es…
Y ví ese brillo en los ojos de mi prima, ese brillo que había
visto otras veces. No. La intención de Angélica haciéndoselo conmigo y dejando
que su novio me follara no era comprobar su fidelidad, evidentemente. Ella se lo
quería hacer con dos tíos. Y probablemente ya había elegido con quien
-Ya, pero ¿con quien?
-Con alguien de confianza, no sé
-Bueno, con el que más confianza tenemos es con Rober, que es
mi mejor amigo
-Con Rober no, hombre, que es tu mejor amigo y a lo mejor te
molesta que me folle
-Seguro que Rober no se va a quedar prendado de ti y de cómo
follas, que se trata de echar un polvo y ya está, sin más complicaciones.
Ahora si estaba segura de la jugada de mi prima: follarse a
Rober. Seguro que le apetecía desde hacía tiempo, y se le ocurrió que la mejor
forma de hacerlo y que no causara ningún problema, teniendo en cuenta que eran
muy buenos amigos, era hacerlo delante de él y con su consentimiento. Y para que
la cosa resultara más fácil, lo mejor era que Rafa me follara a mí primero
delante de ella.
Las fiestas del pueblo de mi prima acabaron al día siguiente,
y yo volví a Madrid con la idea clara de dejar de ser una beatona y/o una
calientapollas, y convertirme en todo un zorrón. Esa es, de lejos, la más
variada y divertida de las tres opciones
Así que el primer fin de semana que pasé en Madrid me fui a
una discoteca lejos de mi casa, sola, dispuesta a ligarme al primero que
mereciera la pena y que se pusiera a tiro. Me entraron una docena de tíos, pero
yo no podía evitar compáralos con Roberto y con Rafa. Este es bajito, no me
gusta el pelo de este, le huele el aliento, este no dice más que tonterías, este
es guapo pero es tonto del culo… Y a las dos de la mañana ya había rechazado a
todos, y estaba sopesando abiertamente la posibilidad de tirarle los tejos al
camarero, que era el único que no me había entrado todavía. Entonces se sentó a
mi lado el más mediocre y simple de todos los que habían pasado por mi lado esa
noche, y me invitó a un cubata. Era simple, pero me hizo reír su forma torpe de
intentar ligar conmigo. Así que cuando me acabé el cubata, le dije abiertamente:
-Si tuvieras que hacérmelo en el servicio, ¿en cual
preferirías? ¿En el de chicas o en el de chicos?
-ummm…pensó un momento, seguro de que no hablaba en serio –
Si se puede elegir, el de chicas
-No te creo. Demuéstramelo
Y nos dirigimos al servicio de señoras, ante su asombro. Nos
costó un poco saber cuál era, porque con estas modernidades había un tornillo
dibujado en una puerta y una tuerca en la otra, y no estábamos para mucho
pensar. Pero elegimos la tuerca, y al entrar, vimos a dos chicas que se
arreglaban en el espejo, y una tercera que esperaba a que otra saliera. Entramos
en el que estaba vacío, cerramos la puerta y me pegué a él para darle un morreo
preparatorio. Tanteé su pene por encima del pantalón, y vi como aquello crecía a
la velocidad de la luz. Le bajé los pantalones sin mediar palabra, me agaché y
le mamé aquel pene mediano, tan mediocre como él, más pensando en lubricársela
un poco que en darle el gusto. Cuando entendí que ya estaba suficientemente
ensalivada, me bajé las bragas, me puse de espaldas a él ofreciéndole mi culo en
pompa, me subí un poco la falda y le dije:
-Métemela por el coño hasta dentro, hasta que no te quepa
más. Por el culo no, que mi prima dice que duele. Pero por el coño sí, hasta que
hagas tope
Cabía toda entera, sin más. Y no hacía tope. Después de tener
la polla de Rafa dentro y habiendo tenido a mi alcance el pollón de Roberto, lo
que tenía dentro de mi vagina no era más que un sucedáneo de polla. El pobre
muchacho, al que no había preguntado ni su nombre, seguro que no se había visto
en otra igual. Desde dentro del servicio podía oír a las chicas que estaban
fuera, contándose una a otra:
-Ha entrado con un tío adentro, se han bajado los pantalones
y seguro que se le está tirando, así, sin más
-Pues tiene que ser incomodísimo, que quieres que te diga
-Sí, pero mi novio no me lo ha hecho nunca así, y solo de
pensarlo me estoy poniendo cardiaca
‘Seguro que no te lo has llevado tú a un servicio y te lo has
follado sin más’ pensé yo, segura de que era la típica calientapollas a la que
se lo tienen que dar todo hecho.
Él se corrió en seguida dentro de mí. Tardó como 5 minutos. Y
yo, que necesito algo más de tiempo en los previos, pues sin cambiar de posición
y con la polla dentro, que se iba deshinchando, me hice una paja con mi dedito.
La corrida fue sensacional, no por la habilidad de mi compañero de juegos, sino
que porque me la hice pensando en Roberto y su pedazo de polla, en lo bueno que
estaba Rafa y la follada que me propinó y en lo puta que era mi prima y como
sabía comerse un coño. No me corté ni un pelo a la hora de correrme, y grité
como no lo había hecho nunca. Mi follador ocasional estaba asustado, igual que
las chicas que estaban en el servicio. Cuando salimos de allí, colocándonos la
ropa todavía, no solo estaban las tres chicas que había cuando entramos, sino
que además había por lo menos otras tres espectadoras que no querían perderse el
espectáculo.
Salí del servicio y me topé de frente con una de las chicas,
que me miraba incrédula.
-Es que soy zorrón, ni beata ni calientapollas – le dije
mirándole a los ojos, mientras su mirada se transformaba de sorprendida a
extrañada, ya que seguramente no sabía nada de cómo nos clasifican a las chicas
en el pueblo de mi prima.
Al día siguiente, volvía a la misma discoteca, desando
encontrarme a todos aquellos tipos a los que había dicho que no la noche
anterior, que seguro que daban mejor resultado que aquel mediocre amante
ocasional del servicio de chicas. Mi plan era tirármelos a todos, para comparar.
Con la falda más corta y el top más breve de mi armario afrontaba yo aquella
misión imposible.
Pero a quien me encontré fue a Raúl, que así se llamaba el
poco habilidoso mancebo. Hablamos bastante más que la noche anterior. Era
simpático, y me daba algo de pena, la verdad. Seguro que le habían dado
calabazas mucho tiempo, porque la competencia que tenía en esa discoteca era
grande. Y esta vez la pena me venció, y acepté que nos fuéramos a su coche, lo
que supuso probablemente y hasta la fecha, la decisión más trascendental y
errónea de mi vida. Follamos en el coche de forma tan mediocre como en el
servicio, y él, consciente de que yo me tenía que terminar corriendo con la
habilidad de mis deditos, no hacía más que justificarse. En realidad, a mi me
daba igual, pues no era más que un rollete ocasional y ni siquiera me gustaba.
El tercer día de ese fin de semana, dispuesta a poner en
marcha de una vez mi nueva vida como zorrón declarado, recé para no encontrarme
más al pesado de Raúl, pero mis rezos fueron ignorados, pues allí estaba él, en
la puerta. No tuve ni la oportunidad de disimular que no le había visto. Me dijo
que no había nadie en su casa, que vivía cerca y podíamos pasar la tarde allí,
muy tranquilos y cómodos. Como en la discoteca casi no había nadie, pensé en
follármelo y volver. Le eché el polvo y esta vez conseguí correrme, pero más por
mi decisión para hacerlo que por la habilidad del propietario de tan mediocre
instrumento de placer. Y ya nunca lo hice en ningún lugar que no fuera la cama,
como la mejor de las beatas.
Ocho años después, a mis 25, me casé con él, poniendo fin a
una prometedora y fugaz carrera como zorrón nunca ejercida. Y diez años después,
me he divorciado, harta de tanta mediocridad en todos los sentidos, harta de no
haberme corrido en condiciones desde que Rafa, el novio de mi prima, me follara
de aquella manera tan bestial y harta de no haber ejercido nunca mi frustrada
vocación.
A mi prima tampoco le fue muy bien. Unos días más tarde, el
mismo día en que yo follaba en los servicios con mi futuro marido, ella se lo
montó por fin con su novio y con Rober, en las ruinas de un viejo molino que
hacía años abastecía de electricidad al pueblo. Le echó un polvo fenomenal,
deseado y esperado, con una corrida final de las que hacen historia, de las que
deberían figurar como ejemplo de ‘Orgasmo’ en las enciclopedias de Sexualidad.
La cosa se torció un poco cuando él insistió, como siempre, en metérsela por el
culo. Y ella para quitarse el tema de en medio para siempre, se le ocurrió una
idea, que demostró ser un gran error: le dijo que él también tenía culo, y que
aceptaría ser penetrada por tan insigne orificio si él dejaba primero que Rober,
su amigo, se la metiera a él. Rafa debería haber dicho que no, pero eran tantas
las ganas que tenía del culo de su novia que dijo:
-Vale. Roberto me la mete a mí, para que veas que no es
desagradable, pero después yo te la meto a ti cuando quiera, sin más negativas
Aceptó, lubricó su culo con esa saliva mágica que tiene
Angélica y Rober le penetró a cuatro patas. Le dolió, pero aguantó, sin
reconocerlo. Pero entonces sucedió lo inesperado, según me contó mi prima mucho
después. A Rafa se le puso completamente tiesa, sintiendo como su amigo del alma
le penetraba. Ella se masturbaba delante de ambos, pero la verdad es que ninguno
la miraba. El pene de Rafa lucia una tensión y un tamaño desconocidos. Estaba
muy excitado. Tanto que cuando Angélica se lo tocó para hacerle una paja
mientras le daban por detrás, no hicieron falta más que un par de toques arriba
y abajo para que se corriera abundantemente, y a los pocos segundos lo mismo
hizo Rober en el interior del culo de su novio.
Angélica puso entonces su trasero a disposición, para que
Rafa se lo hiciera, dispuesta a cumplir su parte del trato. Pero Rafa estaba tan
exhausto que le pidió que le dejara descansar un poco, y que enseguida se
recuperaba. Pero no, no se recuperó. Esa noche no hubo más sexo en las ruinas
del viejo molino que hay junto al río en el pueblo de mi prima.
Un tarde, después de que llevaran si quedar varios días, fue
hacia la bodega de los padres de Rafa. Oyó ruido dentro, y se coló con gran
discreción por una ventana. Y lo que vio la impresionó bastante. Rober estaba
tendido en el suelo, y Rafa estaba encima de él, con la polla de su amigo dentro
y follando con energía. Roberto le masturbaba, y de vez en cuando, Rafa bajaba
su cabeza y se besaban. Estaba claro que aquello no lo hacían para que Rafa
pudiera darle por el culo a Angélica. Unos días después decidieron dejarlo, como
amigos, sin que nunca supieran que Angélica los había visto haciéndoselo, se
había hecho una paja mientras contemplaba el espectáculo, había secado una sola
lágrima y había salido por la ventana con la misma discreción con la que había
entrado. Años después se casó con un compañero de la facultad de Farmacia,
después de haberse tirado a una buena parte de su clase y a buena parte del
claustro de profesores. Tuvo dos hijos, y estaba a punto de separarse.
Esta tarde, ya liberada del yugo de la mediocridad, he
quedado con una chica de 19 años que he conocido en un Chat. Ella no ha estado
nunca con otra chica, tiene un montón de dudas y busca alguien más experimentado
que le aclare un poco el lío que tiene en la cabeza. He quedado con ella por
tres razones; porque por teléfono tiene una voz tan sensual que cada vez que
hablo con ella casi me corro; porque necesito descansar de tíos una temporada,
después del desastre que ha supuesto mi divorcio; y porque cada vez que me
acuerdo de mi prima y de como me comía el coño, tengo que salir disparada al
servicio a hacerme un dedo…