Controlándome
Siempre fuiste una estúpida, Irene . Por eso todas
disfrutamos de golpearte. Dijo ella con una sonrisa maléfica en los labios.
Pude ver como sus nudillos caían sobre mi, llevándome a la
inconciencia. Cuando volví en mi, me halle tirada en un campo vecino a la
escuela en la que curso. La cara me dolía mucho, maldije a la abusona de Yadira
con todo mi ser... se aprovechaba de ser mayor que yo, gorda de mierda.
Mi ser ardía de furia y en mi pecho comenzó a gestarse un
torbellino que no parecía detenerse. Me sentía impotente, porque mi verdugo
sabia donde pegar además de poseer una corpulencia mayor a la mía.
Sabia de mi desventaja, algo relativa y en ese instante mi
vista se fijo en mi muñequera multicolor. Este era un regalo de mi madre, que yo
cuidaba como un tesoro además... sin que ella lo supiera lo usaba como una
especie de sello.
Una voz dentro mío me decía que me dejara llevar y dejara
libre mi brazo de la muñequera. Sin embargo, ese era mi miedo ya una vez me paso
y casi acabo con la vida de mi mejor amigo. Por ello traía siempre puesta esta
prenda para recordarme no hacerlo de nuevo.
Esa noche me dormí profundamente y soñé, en mi sueño me vi
descendiendo hasta llegar al fondo una caverna y ahí me encontré a mi misma
sentada en el suelo, atada con pesadas cadenas.
La mirada de esa, mi otra persona estaba vacía; pero al verme
recobro brillo. Así le vi intentar zafarse de las cadenas, pero no pudo.
Entonces, contrariada volvió a sentarse y me hablo, su voz era tan diferente a
la mía. La voz de esa mujer era mas grave, mas dura y quemante...
Vamos, libérame de aquí y déjame hacer eso que tu no
puedes. Sabes tan bien como yo que esa pendeja no duraría cinco minutos
conmigo. Vamos, puedo acabarla en un tris si me das la oportunidad.
Me muero de ganas por dejarte libre y a solas con esa
bruja, pero te ruego que esperes un poco mas. No tienes porque desatar tu
furia sobre todos, solo la quiero ver sufrir a ella.
Déjame salir, en cuanto te saques esa muñequera... se que
estaré libre. Rió ella.
Así será. Me sonreí yo.
Al día siguiente, no se porque razón intente no ir al
colegio. Tenia miedo de dejarla libre, no quería ser de nuevo la mala. Pero no
pude con la terquedad de mi madre y ahí tuve que salir.
Caminaba sin ganas, como quien va condenado a la hoguera o al
patíbulo; llegue por fin a mi escuela y entre... me dirigí a los talleres ya que
de tarde teníamos escuela, de mañana solo taller.
Allí la encontré, apoyada en la entrada, aguardando por mi.
Mis piernas temblaron unos instantes, entonces la oí a "ella" claramente
retarme:
Tonta, enderézate y no tengas miedo de ella. Ten
seguridad en ti misma.
Me acerque a ella y la ignore, ni siquiera la mire y así
penetre en el taller. La muy zorra me agarro del pelo y sin fijarse me tiro al
piso. Yo grite, para mi fortuna el profesor del taller vino a separarla de mi.
Me sentía frustrada y molesta, mire la muñequera una vez mas...
El resto del turno estuve de lo mas tranquila, por suerte a
Yadira la habían llevado a firmar y andaba mas tranquila. Cuando llego el final
de clases y ya podíamos irnos, ella me espero junto a mi bicicleta y en cuanto
me tuvo a mano me agarro del pelo de nuevo, no podía zafarme.
Ella me llevo hasta el campo vecino a la escuela, yo iba con
mi mano sobre la muñequera... estaba harta de soportar sus abusos. Cansada de
sus insultos y sus aires de superioridad.
Haciéndome sentir su fuerza, me levanto con sus manos y me
escupió; yo solté mi muñequera y esta cayo al piso...
Una sonrisa comenzó a dibujarse en mis labios, mientras abría
mis ojos lentamente; disfrutando cada momento de esta preciada libertad. Mire a
la mojigata que me había escupido y le sonreí, maligna.
JAJAJAJA, reí animada. Yadira creo que se llamaba, me miro
extrañada. Apreté mis dientes al tiempo que golpeaba sus manos para soltarme. La
obligue a ello, y mientras ella se tomaba las manos de dolor, yo caía parada y
comenzaba a relamerme... había llegado mi turno.
No le di mas tiempo a nada y con tres de mis dedos le
arranque el globo ocular de su cuenca. La marrana comenzó a llorar y a gritar de
dolor, me miro con su único ojo, confundida... aprendió a temerme en muy poco
tiempo, mi sonrisa aún no se borraba de mi rostro, cerré mi puño, destrozando su
pequeño y miserable ojo.
Los restos del mismo ensuciaron mi mano, pero no me causo
repugnancia... di un paso hacia mi victima, que se apretó como la rata que era
contra la pared. Otro paso me acerco aún mas a esa basura putrefacta. La tome de
la mano, fingí ayudarla a levantarse y en cuanto hizo fuerza, aproveche para
dislocarle el codo en un instante.
Los gritos volvieron a escucharse en el campo, por suerte no
había nadie cerca, sin embargo no soportaba mas sus gritos y por eso le di una
patada en la boca... ahora no podía gritar, solo sangraba, mientras intentaba
juntar sus dientes, que ahora se mezclaban con la sangre de su boca.
Mi gozo era indecible, finalmente la estaba viendo retorcerse
y arrastrarse como el gusano que era. Podía hacer de ella lo que me placiera y
mejor aun, estaba libre de esa pendeja débil e inocente que siempre ocupa este
cuerpo. Si, es mi otra cara, pero a diferencia de mi; es débil, llorona y a
pesar de saber de su fuerza no la usa.
Tome a Yadira de los pelos, mientras le decía:
Ve despidiéndote de todo lo que conoces, morirás.
La chica se largo a llorar y como pudo comenzó a suplicar,
también intento huir; no me dejo mas remedio que romperle la rodilla. Así,
inmovilizada me tire sobre ella mientras posaba una de mis manos en su mentón y
la otra sobre el costado de su cráneo.
Podía sentir su temor, olía su miedo ante la proximidad de la
muerte. Sentía su aliento inmundo escapar a toda velocidad por sus labios
hinchados por mi golpe. Percibia los movimientos de sus ojos, nerviosos al no
ver llegar el desenlace. Sentí los escalofríos que recorrían su cuerpo... sufría
la muy condenada.
Ahora, tu sufrimiento se acaba. Dije, al tiempo que le
rompía el cuello.
¡Crack!, fue todo lo que se escucho y por fin su cuerpo
caliente y tembloroso ceso de moverse, sus miembros quedaron pegados al suelo...
inanimados. Me levante de encima de ella, tome mi muñequera y salí de ahí, no
sin antes limpiar toda evidencia mía.
Subí a mi bicicleta y volví a casa, me di un buen baño y por
fin me coloque la prenda... cuando tome conciencia de lo que hice, llore.
Hace tiempo que conocía esa parte tan sádica y cruel de mi,
pero solo podía contenerla, controlarla muy dentro mío para que no saliera a
hacer mas daño del que ya me hacia. Se que es estúpido, pero no hay de otra;
debo cargar con ella por lo que me reste de vida. A pesar de cómo es, también
tiene sus días buenos y logramos llevarnos bien a veces.
Dedicado a ese lado oscuro que todos tenemos dentro...
^^