BUFFY X: LAS CHICAS CON LAS CHICAS
La lengua de Willow acariciaba la de Tara jugando la una con
visitar la boca de la otra. Sus cálidos ojos azules servían para que la mirada
de Willow se perdiera en ellos, así como sus manos se perdían en sus enormes
pechos. Los pezones de Tara amenazaban con clavarse en los dedos de Willow, de
tan duros y erizados como estaban. Como intentando ablandarlos Willow se metió
uno en la boca.
Trabajando por su cuenta las manos de las brujas se
aventuraban a explorar. Tara empapaba las suyas entre las piernas de Willow.
Willow dejaba sus manos donde la espalda de Tara perdía el nombre, pues a la
bruja pelirroja le entusiasmaba el gordo trasero de su novia.
Que suerte tengo de tener una novia que está tan buena como
tu... — le susurró Willow al oído a su bruja preferida. Tara tan solo se
ruborizo.
Tu sacas de mi todo lo que tengo de bueno — dijo Tara por
fin.
Willow sonrió y empujo suavemente la cabeza de su novia hacia
abajo hasta tener su cara entre las piernas. Willow abrió bruscamente los
muslos, Tara cerro suavemente los ojos. Tara echó la lengua hacia delante,
Willow echó la cabeza hacia atrás.
Oh... que placer! — Susurró Willow — ¿No Sería estupendo
estar siempre así?
Tara levantó la mirada para sonreír con una boca pegajosa de
caldos vaginales.
No te pares — fue la contestación de Willow empujándole de
nuevo la cabeza para que recuperara su posición original —
Oh, cariño... deberíamos hacer un hechizo tántrico y hacer
que este momento durase aún más...
¡No!
Tara se incorporó, se limpió la barbilla con el dorso de la
mano y le dio la espalda a su novia.
Tara ¿Qué te pasa? — pregunto Willow visiblemente afectada
Ya lo sabes, ya lo hemos hablado otras veces. No debes usar
la magia para el placer, tienes que ser responsable.
Tara cariño, no te enfades... era solo una broma, nada más.
Willow rodeó el cuello de su novia con los brazos y le beso
en la boca. Tara recuperó la sonrisa. Willow recuperó los pechos de Tara y sus
duros pezones.
No tardaron en estar nuevamente en la cama, esta vez, era
Willow la que intentaba devorar a Tara empezando por su entrepierna, húmeda y
cálida. Tara cerró los ojos y se dejo hacer, disfrutando del tratamiento que la
lengua de su novia le daba a su clítoris. Entonces la sustituyó por su dedo
pulgar. Accionaba una y otra vez el diminuto botón de Tara como si fuera un
interruptor que le mandara electricidad. Fue entonces, aprovechándose de la
perdida de percepción que precede al orgasmo, aprovechando que tenía los ojos
cerrados, que Willow se atrevió a susurrar un hechizo.
Hecate, escucha mi ruego, bendice este amor sáfico,
multiplica nuestro placer, haznos diosas de un mundo de mujeres...
De repente, un chorro de luz como el de una manguera surgió
de la vagina de Tara para inundar la boca de Willow. Las dos brujas se quedaron
inundadas en luz mientras sus cuerpos se juntaban aun más y sus jugos, salados y
calientes, se esparcían como blanquecina leche escapándose de baldes por toda la
habitación. Los orgasmos se simultaneaban y los gemidos también. Por fuera de su
habitación en el campus de la universidad de Sunnydale, una siniestra y tupida
enredadera crecía monstruosamente cubriendo las paredes y tapando las ventanas.
Pronto, la habitación de las dos brujas se convirtió en un capullo vegetal
dentro del cual dos mujeres tenían un orgasmo cada segundo que vivían.
El miembro viril de Xander se abría paso como una taladradora
en la boca de Anya. Mimosa, a la ex demonio le gustaba saborearla con cuidado,
alojarla toda en su boca, chuparla con la misma atención que una niña golosa y
perversa haría con un polo y, por supuesto, tragarse todo aquello con lo que
Xander quisiera regarla. Le gustaba dar una chupada larga que culminara
sacadosela de la boca, sólo para echar un vistazo a la cara de su novio. Una
sonrisa perversa se dibujó en su boca ya que el entrecejo de Xander le indicaba,
como la experiencia le había enseñado, que estaba a punto de obsequiarle con un
regalo caliente y espeso. Anya aumento la velocidad de sus chupadas ansiosa de
su premio, pero de pronto notó algo distinto a lo que hubiera sentido todas las
otras veces que le había hecho una felación a Xander y se sacó la verga de la
boca y retiró la cara.
— ¿Se puede saber que estás haciendo? — Grito Xander —
Cállate, Xander, creo que tengo nauseas...
¿Nauseas? ¿Tu? ¿La presidenta del club "hagámosle un
francés a Xander cada cinco minutos pero vosotras no lo intentéis en casa,
esto es cosa de profesionales?"
Claro, Xander, debí imaginar que serias incapaz de
comprender que alguien no esté totalmente desesperado por lamer tu... cosa.
Eres incapaz de darte cuenta de que es repugnante.
¿Hola? Llevas diez minutos lamiéndome mi... cosa y ¿te has
dado cuenta de que es repugnante justo en el momento en que me iba a correr?
¿Eso es todo lo que te importa? ¿Qué te ibas a correr?
Si, soy una de esas personas egoístas que pierden el mundo
de vista cuando su novia les está chupando la polla magistralmente como hace
cada noche por lo menos dos veces...
¿Así que las cuentas, eh?
Nah! Sólo repaso las muescas que haces en tu cinturón...
Anya se dio la vuelta y se abrazó a si misma. Xander la
sujetó por los hombros.
Anya, en serio ¿Qué te pasa?
Nada, pero no quiero que me toques.
Anya, siento mucho si he sido brusco pero... imagínate que
yo estuviera lamiéndote a ti...
¡Xander Harris, he dicho que no quiero que me toques!
La víctima vestía como una mujerzuela. Su corta falda de
cuero mostraba unos muslos nada escuálidos que surgían de un trasero que se
desparramaba por los lados. Un escote nada tímido parecía querer enseñarle al
mundo los logros de la silicona. Mucho maquillaje, como un anuncio de neón
viviente. La presa favorita para los vampiros, penso Buffy oculta tras unos
arbustos de la avenida que separaba cual frontera el barrio viejo de Sunnydale
del cementerio.
La mujer sacó un paquete de cigarrillos del forro de su
chaqueta y al coger uno se le cayeron al suelo. Buffy se sorprendió a sí misma
poniéndose de puntillas para intentar vislumbrar lo que podía verse debajo de la
minifalda cuando la mujer se agachó a recogerlos.
—¿Pero que estoy haciendo? — Se dijo a sí misma.
Buffy notó que, si bien no hacia ningún frío, tenía los
pezones erizados, marcándolos en la camiseta. No podía dejar de pensar que ello
tenía algo que ver con el contoneo de la mujer al andar, con su generoso
escote... ¡Pero eso era ridículo! Aún así, ridículo o no, sintió que una humedad
le mojaba las bragas y que un sofoco la ahogaba. Fue incapaz de reprimir un
gemido.
Perdone ¿le sucede algo?
Alertada por el gemido de Buffy la mujer la había descubierto
entre los arbustos.
No, no... sólo estaba... buscando algo. Mi perro... se
escapa y se esconde detrás de los arbustos... es un perro extranjero ¿sabe?
La mujer examinaba sin ningún pudor el pecho de Buffy, con
sus pezones enhiestos como dedos acusadores. Se hizo el silencio. Buffy veía
ante si los ojos de la mujer, excesivamente maquillados, su boca entreabierta,
sus pechos como queriendo arrojarse sobre ella.
Buffy no trato de resistirse cuando la mujer le remangó la
camiseta hasta los hombros, ni tampoco cuando le quitó el sujetador. Uno de los
pezones de Buffy quedó oculto en la boca de la mujer mientras el otro pecho era
manoseado sin piedad. Sorprendiéndose a sí misma, la mano de Buffy se abrió
camino bajo la falda que había estado admirando hasta dar con algo peludo,
mojado y caliente. Antes de que pudiera reaccionar tenía la lengua de la mujer
en su boca y, un segundo después, sus pechos, por fin libres del opresivo
escote, estaban en su cara. Buffy lamió los mogrones de aquella mujer como si le
fuera la vida en ello. Notaba un intenso calor en el bajo vientre y supo que
tendría que cambiarse de bragas lo antes posible.
Buffy recorrió con su lengua el camino de los pechos a la
boca, lamiendo el cuello de la mujer con una lujuria que no había sentido desde
que Riley sé fuera de Sunnydale.
Al llegar a su destino la lengua de Buffy intentó aventurarse
en la boca de la mujer, encontrándose con algo puntiagudo. Extrañada, Buffy se
separó para echar un vistazo encontrándose con el horrible semblante de su
amante ocasional: la mujer era un vampiro y ahora exhibía su verdadero rostro.
Buffy intentó zafarse precipitadamente pero la vampira
consiguió asirla precisamente de un pecho. Buffy reaccionó a ese roce con un
ligero orgasmo, pero la distracción facilitó el camino al demonio que consiguió
derribarla al suelo.
La vampira se echó encima de Buffy pero, contrariamente a lo
que esta esperaba, no se abalanzó a su cuello. En su lugar intentó desabrocharle
los pantalones.
Las dos rodaron por el suelo. Buffy se debatía entre
acariciar a aquel cuerpo que tanto deseaba y que tenía tan cerca suyo o intentar
matarla. La vampira, por su parte, sólo tenía manos para manosear sus pechos y
bajarle los pantalones hasta la rodilla.
Poco a poco él ir rodando les fue acercando al cementerio
hasta que la cabeza de Buffy tuvo la mala suerte de estrellarse contra una
lápida. Los minutos escasos que estuvo inconsciente no los utilizó la vampira
para matarla. Al volver en si Buffy la encontró con la boca metida en su vagina,
lamiendo como si la vida le fuera en ello.
A pesar de saberse en peligro Buffy no fue capaz de hacer
nada más que abrir bien las piernas y relajarse, no había tenido un sexo oral
tan bueno desde que Riley se fue. Entonces recordó por que se había ido. Se
pelearon, es cierto. Todo comenzó con una infidelidad. Riley tenía "sexo oral"
con otra. Con una Vampira.
Buffy aprovechó la bajada de guardia de la vampira para tirar
las piernas hacia sí, de manera que la cabeza de esta quedara justo entre sus
rodillas. Con estas se la sujetó y pudo sacársela de encima al mismo tiempo que
se incorporaba.
Echo mano a una estaca en su chaqueta y se puso en guardia,
pero tropezó con los pantalones y las bragas enredadas en sus pies y cayó al
suelo.
¿Por qué te resistes? — dijo la vampira — si a ti también
te gusta...
Buffy dejó que la vampira se le acercara otra vez. Se le puso
encima, aplastándole con sus orondos pechos y acariciándole el trasero desnudo
con sus manos. Le beso la boca y le miró a los ojos. Su expresión cambió de
lujuria a sorpresa y explotó convertida en una nube de polvo en cuanto Buffy le
clavó la estaca en el corazón.
Buffy se levantó del suelo y se subió los pantalones. Nunca
se había sentido tan avergonzada. ¿Qué había pasado? ¿Eran los poderes
especiales de esa vampira o había una especie de demonio de la lujuria haciendo
de las suyas en la Boca del Infierno? Necesitaba información, necesitaba a
Giles, pero ¿Cómo le iba a contar lo que había sucedido a su vigilante? Se le
ocurrió entonces recurrir a otra fuente de información algo distinta. Alguien a
quien no necesitara dar explicaciones. Iría a ver a Spike.
A Dawn le gustaba masturbarse. No era algo que admitiría
delante de su hermana pero tampoco era nada que le avergonzara.
Por la noche se iba a acostar y se bajaba el pijama y las
bragas debajo de las sabanas, ponía su mano entre las piernas y pensaba en
chicos.
Al principio, cuando era más pequeña, le gustaba tocarse
pensando en Xander. Más adelante se imaginaba que hacía cosas con chicos de su
clase pero últimamente pensaba en Spike. Se imaginaba su pecho desnudo y
musculoso, su culo prieto y duro como una roca...
Pero esa noche, por más que lo intentaba, pensar en Spike no
le ayudaba. Había dejado de encontralo atractivo de pronto. Para ayudarse
recurrió a una revista de adolescentes. Aunque para sorpresa suya paso de largo
los reportajes fotográficos de Jhony Deep y Tom Cruise para centrarse en uno de
las gemelas Olsen. Por extraño que le pareciese había algo en los ojos azules de
las dos hermanas que hacía que la pequeña Dawn se mojara con solo tocarse un
poco. Empezó aimaginarse como sería besarlas a las dos. Primero a Mary Kate,
luego a Ashley... Dawn introdujo un dedo en su vagina como solía hacer desde muy
pequeña. Con la otra mano sostenía la revista.
Hija ¿estas dormida?
La madre de Buffy y Dawn entró sin llamar en el cuarto de
esta última. Dawn procuró disimular. Dejó la revista a un lado y apretó la
sabana para tratar de ocultar que, bajo ella, estaba desnuda de cintura para
abajo.
Estaba leyendo un poco — dijo Dawn fingiendo una sonrisa—
¿Cómo estás, cariño? — dijo Joyce sentándose en la cama,
junto a su hija — Creo que no te estoy prestando mucha atención últimamente,
con esos dolores de cabeza que he estado teniendo...
No te preocupes mamá. Estoy bien.
Bajo la sabana Dawn continuaba con la mano entre las piernas.
Por alguna razón que no acababa de entender, la proximidad de su madre hacía que
fuera más excitante tocarse.
Joyce le acarició la cara a su hija.
Dawn, cariño, nunca dudes de lo mucho que tu madre te
quiere...
Lo sé mamá — dijo Dawn ruborizándose —
Joyce plantó un cariñoso beso en la frente de su hija. Dawn
notó un estremecimiento.
No me había dado cuenta de lo guapa que eres, hija. Ya
estas hecha toda una mujer... — y le dio otro beso, esta vez en la mejilla.—
Dawn, que continuaba haciendo uso de su dedo en su
adolescente rajita, sintió una corriente que circulaba de su mejilla a su bajo
vientre y volvía a subir. No pudo reprimir un jadeante gemido.
Joyce acarició sus mejillas con las dos manos. Su boca estaba
entreabierta y le temblaban los labios. Un calor sofocante dominó a Dawn.
Me voy hija... — dijo Joyce de pronto levantándose de la
cama como impulsada por un muelle —creo que me daré una ducha... hace
demasiado calor...
Y salió de la habitación antes de que Dawn pudiese decir una
palabra. Pero sólo hizo que marcharse y Dawn tuvo un intenso orgasmo, llegó
incluso a pensar que su madre habría oído el grito.
Pero enseguida penso que ojalá que la hubiera oído. Ojalá
volviera alertada por el gemido y le demostrara de verdad cuanto la quería.
Dawn se dio cuenta de que se le ocurrían cosas muy sucias y
oscuras acerca de su madre, pero no le importó. Nunca se había sentido antes
igual al tocarse y quería volver a sentirse así. Sabía que era por los profundos
ojos de su madre. Nunca había reparado en lo bonitos que eran. Recordó aquel día
en que su madre celebró la inauguración de una galería. Dawn la ayudó a
vestirse. La perturbaba especialmente el recuerdo de haberla ayudado a ponerse
el sujetador... y haberle visto los pechos desnudos en el espejo. ¿Cómo podía
haber pasado por alto algo como aquello?
Dawn salió de la cama pero no se volvió a poner el pantalón
del pijama. Se quito la camisa del pijama y el sujetador, quedando totalmente
desnuda. Entonces salió de la habitación para ir a buscar a su madre. "Dijo que
estaría duchándose" pensó.
¡Spike! — Gritó Buffy al llegar a la cripta que este
utilizaba como hogar.
Pero el vampiro no parecía estar en casa.
Spike había decorado aquel horrible mausoleo de la manera más
acogedora posible. Tenía muebles: un sofá, una cama, cojines... hasta un
televisor. Buffy curioseo un rato. De pronto le pareció que algo se movía detrás
de ella, pero no lo demostró hasta el último momento en el que se giró al mismo
tiempo que daba una patada.
¡Ay! — gritó Harmony al recibir el puntapié —
¿Harmony? ¿Qué estás haciendo aquí, donde está Spike?
No me hagas daño — contestó la vampira — sólo he venido a
recoger mis cosas. Me voy de Sunnydale.
Harmony se quedo un tanto extrañada de cómo la miraba Buffy.
Desde que se convirtió en vampira se había vuelto más salvaje. Ahora se vestía
de una forma más provocativa y... ¡Buffy le estaba mirando el escote!
¿Qué estás mirando?
¡Nada! ¿Qué podría estar mirando?... ¿No ibas a irte?
Harmony estaba un poco confusa. Buffy se giró visiblemente
nerviosa, como queriendo apartar la mirada y Harmony se fijo en como se le
marcaba el culo en los pantalones.
—¿ Has estado haciendo dieta? — le preguntó de pronto—
—¿Qué?
Buffy se dio cuenta de donde tenía la mirada puesta la
vampira.
—¡Me estabas mirando el culo!
—¡Y tu me estabas mirando el escote, no lo niegues!
Eso... es ridículo, yo...
¡Mira! Me lo estás mirando otra vez...
Harmony hizo ademán de taparse. Buffy volvió a girarse.
Pero que culo tiene... — susurró Harmony, pero no lo
suficientemente bajo—
¿Lo ves? — Se giró de repente Buffy — Me estás mirando el
culo.
Bueno, es verdad ¿Y que? Tu, puedes mirarme el escote si
quieres
Harmony se fue acercando a Buffy mientras tiraba de sus tetas
para sacarlas donde Buffy pudiera verlas mejor.
—No... por favor...
Buffy colocó las manos en los pechos de Harmony.
Oh, Buffy, mi cuchi cuchi...
No voy a tirarme a todas las vampiras de Sunnydale — penso
Buffy—
Agarrándola por las mismas tetas que estaba acariciando Buffy
lanzó a Harmony al otro lado de la cripta. Harmony se incorporó enseguida,
exhibiendo su furioso rostro vampiresco, pero Buffy ya se había ido corriendo.
Anya se encontraba sentada en la barra de una taberna de mala
muerte. Aunque no era una taberna cualquiera, era el Bar de Willy, donde los
demonios de Sunnydale van a ahogar sus penas. Anya había sido un demonio, así
que no se encontraba del todo fuera de lugar.
¿Qué haces aquí, amor? ¿No estás con tus amigos haciendo
algo terriblemente humanitario?
Piérdete Spike — le contestó Anya — no estoy de humor para
tus insultos esta noche.
¡Hey! Yo nunca te insultaría — dijo Spike colocándose en un
asiento a su lado — en realidad, eres la única de ese atajo de cumbayás a
quien respeto.
¿Lo dices en serio?
Claro. Eres directa, dices lo que piensas. Me gusta eso en
una persona. Así era Dru. Estaba loca como un cencerro, si, pero era directa.
Anya le contestó únicamente con el silencio.
Vamos, cuéntale al viejo Spike lo que té pasa.
Es Xander. Creo que ha dejado de gustarme.
¡Aleluya! De buena te has librado, no sé que le veías a ese
tipo, la verdad...
Bueno, era algo fuera de serie en la cama — contestó Anya
sonriendo y moviendo la cabeza rítmicamente — Pero ahora sólo de pensar en
estar con él...
Eso es que no has encontrado al hombre adecuado, amor.
¿Tu? Pero si tu estás castrado ¿No?
¡Que tenga un maldito chip en la cabeza no te da derecho a
dudar de mi masculinidad!
Spike se había puesto furioso. Con el rabillo del ojo vio más
atrás, en una de las mesas, como una vampira y una demoniesa se besaban con
pasión. Como mínimo le resultó raro.
Verás, creo que me estoy volviendo loca. Creo que me
empiezan a gustar las mujeres.
Spike se quedó más blanco aún de lo que era. Pidió a Willy un
whisky doble y siguió escuchando.
Seguro que ha sido esa Willow y su novia, me lo han pegado,
ya sabía yo que sería contagioso.
Ser lesbiana no se contagia, amor.
¿A no?¿Y como explicas que no pueda dejar de pensar en
Michelle Pfeipher?
Anya continuó hablando ante la estupefacción de Spike. Detrás
suyo, la vampira y demonesa estaban sobre la mesa a punto de ponerse a hacer el
amor. Incluso en un local como el de Willy eso estaba de más.
Antes sólo pensaba en Xander todo el día. Sus músculos, su
torso, su pene erguido... pero ahora sólo puedo pensar en besarle el cuello a
Michelle Pfeipher. Oh! Que cosas le haría yo a esa mujer...
Pronto el bar de Willy se convirtió en un escándalo. Ninguno
de los clientes del antro era ya ajeno a la escena erótica que sobre una de las
mesas protagonizaban las dos criaturas femeninas. Incluso Spike y Anya tuvieron
que dejar a medias su conversación para prestar atención a lo que ocurría.
Oh, Spike... — dijo entonces Anya con un jadeo — ¿no son
hermosas?
La demonesa tenía la piel roja y cuernos de cabra en la
cabeza y la cabeza la tenía entre las piernas de la vampira que estaban abiertas
de par en par y por encima de la mesa.
Todo el bar animaba y aplaudía a las dos tórridas hembras a
excepción de Willy que intentaba en vano apaciguar los ánimos de su clientela.
Anya se arremango la falda y se quitó las bragas.
Tengo que sentarme sobre la cara de esa vampira...
Spike se dio cuenta de sobras de que algo muy raro estaba
pasando. Así que cogió a Anya por la cintura y la sacó del Bar de Willy a la
fuerza, pese a sus ruegos y forcejeos.
Una vez en la calle Anya pareció recuperar la cordura.
Estoy peor de lo que me creía — dijo una vez hubo
recuperado el aliento — esa bruja me ha contagiado de verdad...
Te repito que eso no se contagia, pero algo raro está
pasando aquí. Hay mil razones por las que te podrían gustar de repente las
mujeres, pero que te abalanzaras a estar con esas dos...
Raro ¿Verdad? — Anya cambió entonces de expresión —
¿podemos volver adentro, por favor?
A mí esto me suena a magia, amor. Quizá no sea mala idea
que le hagamos una visita a tu amiguita la bruja.
Joyce estaba especialmente trastornada desde que abandonara
la habitación de su hija. Pensamientos inauditos recorrían su mente sin dejarla
en paz. La única solución que encontró fue darse una ducha fría.
Parecía funcionar. El agua helada le devolvía la razón y
alejaba esos pensamientos absurdos y sucios de su cabeza. Debía estar enferma
para pensar así de su pequeña.
De pronto, la mampara de la ducha se abrió de par en par
desde el otro lado.
Mamá...
Dawn estaba frente a ella, completamente desnuda y con una
expresión perversa en los ojos. Joyce la recorrió de arriba abajo con la mirada:
sus labios carnosos, sus pequeños pechos todavía de niña, la pelambrera escasa
de su sexo...
Hija, esto no está bien...
Claro que está bien, mamá ¿Acaso crees que no he notado
como me miras?
Hija ¿qué quieres decir?
Que me deseas, mamá — Dawn se introdujo en la ducha
entonces — como yo te deseo a ti...
Las manos de Dawn acariciaron los pechos de su madre,
deteniéndose los dedos en pellizcar levemente los pezones. Joyce la sujetó
entonces por la muñeca, pero sólo para conducirle la mano hasta su vagina.
Dawn tomó este gesto como una aceptación y sonrió. Joyce
también sonrió.
Mi pequeña...
Madre e hija juntaron sus bocas y sus lenguas acercando sus
cuerpos. Los dedos de Dawn se abrían camino por los labios vaginales de su madre
y las manos de esta disfrutaban de la suave piel del pequeño trasero de Dawn.
—Mi pequeña Dawn... tienes los ojos de tu padre...
¿De verdad?
Sí. Y besas tan bien como él.
Y volvieron a besarse lascivamente en la boca.
Joyce hizo que su hija se sentara en el suelo de la ducha y
que abriera bien las piernas. Lo siguiente fue apoderarse con la boca del
clítoris de su hija. Y así estuvieron mucho rato en silencio a excepción de los
susurros de placer de Dawn.
¿Dawn? ¿Mamá?
¡Es Buffy! — Se sobresaltó Joyce al oír la voz de su otra
hija que sin duda subía por las escaleras — ¡Nos va a encontrar aquí, haciendo
esto!
¿Qué quieres decir con eso, mamá? ¿Es que no me deseas?
Dawn, cariño, esto que estamos haciendo no está bien...
¡Buffy, siempre Buffy! — Contestó Dawn encolerizada, a
punto de estallar en lagrimas — ¿estaría bien si se lo hicieras a Buffy?
Hija mía, esto es un error...
¡Siempre la has querido más que a mí! — dijo Dawn llorando—
Claro que no hija ¿Cómo puedes decir eso? — Y para
consolarla Joyce la abrazó y le besó nuevamente en la boca.
En ese momento la puerta del cuarto de baño se abrió y Buffy,
que había oído los gritos de Dawn, entro y contemplo el incestuoso beso entre su
madre y su hermana.
¡No! ¡Vosotras también, no!
Buffy, deja que te lo explique... — Joyce estaba realmente
avergonzada —
No quiero oír nada...
Pues vas a tener que oírlo — se adelantó Dawn con una
expresión de severidad en el rostro, aún desnuda y con los brazos cruzados
sobre el pecho — Mamá me desea, me desea mucho más que a ti...
Dawn, no sabes lo que estás diciendo...
¿No? Pues yo creo que tu estás celosa...
¡Ya basta! — Buffy lloraba, no acababa de creerse lo que
decía su hermana. Al mismo tiempo hacía esfuerzos por no sucumbir también.
Buffy había tenido una sensación cálida en el bajo vientre
tan pronto como había visto a su madre y a su hermana juntas. No era indiferente
al cuerpo de su hermana ni al de su madre y, cada vez que Dawn mencionaba que su
madre la deseaba... la cabeza le daba vueltas y tenía que esforzarse para no
lanzarse a lamer los pezones a su madre o hurgar entre las piernas de Dawn.
Dawn, estas... mamá y tu... y creo que yo también... bajo
algún tipo de hechizo...
Escúchala, Dawn, es la única explicación...
Dawn, llorando aún, apoyó su cuerpo desnudo contra la pared,
casi dándose por vencida.
Yo se que esto está mal — dijo entre sollozos — pero no
puedo evitarlo...
Lo mejor es que te encierres en tu habitación — dijo Buffy
— hasta que haya resuelto esto. He venido a cambiarme de ropa, luego iré a ver
a Giles.
Dawn asintió con la cabeza y se abandonó el cuarto de baño.
Buffy alargó una toalla a su madre para que se cubriera.
Estoy tan avergonzada, hija ¿Cómo ha podido pasar algo así?
No te preocupes, mamá, resolveré esto cueste lo que
cueste...
Pero Buffy no pudo acabar la frase, cayó al suelo
inconsciente. Tras ella, Dawn había vuelto, armada con una pesada figura de
mármol con la que había golpeado en la cabeza a su hermana.
He tenido que hacerlo, mamá. Quería separarnos...
Lo sé, cariño, lo sé — contestó Joyce —ahora ayúdame a
desnudar a tu hermana.
¿Qué estás haciendo con esa... cosa? —Pregunto Xander muy
enfadado — ¿Este cadáver andante es la razón por la que te has marchado
corriendo de casa?
Spike sonrío maliciosamente.
Xander, ¿Qué haces aquí? — Pregunto Anya —
Te he estado buscando, por supuesto. Te fuiste de
improviso, no sabía que pensar, y ahora te encuentro con...
Tal vez le guste tener la compañía de un hombre, para
variar — dijo Spike —
¿Qué has dicho? — Xander plantó cara a Spike, furioso. Anya
intentó separarles empujando el pecho de Xander con suavidad —
Basta Xander, Spike sólo me ayudaba...
¿A que te ayudaba?
Creo que me han hechizado — Se encogió Anya de hombros con
una mueca de fastidio — me han hechizado para que odie tu pene y esté
obsesionada con Michelle Pfeipher.
Xander se río un instante, algo incrédulo ante lo que oía.
¿Estas de guasa?
No lo está, paleto. Ahí dentro en el Bar de Willy hay dos
hembras comiéndose vivas, sino la llego a sacar, tu mujer se las estaría
comiendo a ellas.
¿Lo dices en serio? — Xander se debatía entre la
incredulidad y el morbo. Por un lado le horrorizaba que su novia se viera
envuelta en practicas sexuales con alguien que no fuera él, pero pensar en
Anya retozando con otras mujeres... se le puso dura al instante y algo en su
rostro lo dejó ver.
Eres asqueroso, tío — exclamó Spike asqueado.
¡He! ¡Yo no he dicho nada!
Es igual — replicó Anya — si lo que te gusta es ver a
mujeres besándose y acariciándose... y lamiéndose y... ¿Puedo volver adentro,
por favor?
¡Claro que no! — dijeron los dos al unísono —
Anya y Spike explicaron a Xander que iban a ver a Willow para
intentar determinar de que hechizo se trataba y de que forma podían revertirlo.
No sin dejar las discusiones los tres se encaminaron hacía el
campus de la universidad de Sunnydale para dar con Willow y Tara. Pero al llegar
se encontraron con el capullo de hiedra que rodeaba la habitación de las dos
brujas. La vegetación cubría totalmente las paredes y la ventana. Aún así, por
algunos resquicios de esta se escapaba algunos hilillos del tremendo resplandor
que se originaba en el interior. Willow y Tara tenían un orgasmo cada segundo.
Eyaculaban abundantemente la una en la boca de la otra una y otra vez, sus sexos
se rozaban provocando oleadas de placer, sus pechos eran lamidos y acariciados
sin cesar, sus agujeros eran colmados por los dedos de la otra, incluso la mano
de Willow se introdujo varias veces en la caliente y viscosa vagina de Tara y la
mano de esta en la vagina chorreante de Willow. No había final, las dos brujas
estarían para siempre haciendo el amor.
Esto no es normal — dijo Xander — tiene que estar
relacionado con lo que le pasa a Anya...
Por una vez estoy de acuerdo contigo, paleto. Aquí hay
magia, de la poderosa.
¿Qué hacemos, Xander? Quiero que me guste tu pene otra vez.
¿Podemos dejar de hablar de mi pene por un momento, por
favor? Creo que esto nos supera a los tres, necesitamos ayuda, necesitamos a
Buffy.
No me parece buena idea — Sentenció Spike al tiempo que se
encendía un cigarrillo—
Perdona ¿Te ha preguntado alguien?
Escucha, chico valiente, si viene Buffy lo primero que
pasará es que Anya intentará bajarle las bragas ¿te parece una buena idea?
Buena idea — se interpuso Anya — llamemos a Buffy.
No, amor. Nosotros tres tendremos que arreglárnoslas
solitos por una vez.
Joyce y Dawn ya habían terminado de desnudar a la
inconsciente Buffy, que seguía tirada en el suelo del cuarto de baño. Su madre
le separó bien los muslos y contempló un instante su vulva.
Dawn, ven aquí a chupar a tu hermana.
Si, mamá — dijo Dawn con una sonrisa —
Dawn puso enseguida la lengua entre las piernas de su
hermana. Buffy se mojó enseguida pese a estar inconsciente. Joyce, por su parte,
se retiró a un rincón a masturbarse mirando.
Eso es, mi pequeña... viola a tu hermana...
Dawn se pasó un largo rato lamiendo el coño de Buffy ante la
atenta y lasciva mirada de Joyce. Luego, por indicaciones de esta, Dawn le
introdujo la mano entera dentro. Comenzó con un dedo, luego pasó a dos, luego
tres y así hasta meter toda la mano. El vaivén del puño de Dawn en las entrañas
de Buffy fue haciendo que esta recuperara la consciencia poco a poco. Joyce se
dio cuenta y su reacción fue abandonar su rincón para ir a sentarse en la cara
de su hija.
Su excitación era poco menos que frenética. Literalmente se
restregaba por la cara de su hija. Pronto Buffy recuperó la consciencia del todo
pero a causa de la entrepierna de su madre no podía respirar. Se zafó como pudo,
Joyce perdió el equilibrio y cayó hacia un lado, golpeándose el cuello contra el
lavamanos.
Joyce quedó tirada en el suelo, con la mirada perdida, como
una muñeca rota.
¡Mamá! — Gritó Buffy a la vez que se libraba de su hermana
de una patada — ¿Qué es lo que he hecho?
Mientras Dawn volvía a ponerse de pie Buffy examinaba a su
madre.
Dios mío... — casi susurró Buffy — esta muerta...
Olvídala — contestó Dawn — Ahora tu y yo estaremos
juntas...
¡Dawn! — Gritó Buffy zarandeando a su hermana — ¿No lo
entiendes? ¡Es mamá! ¡Está muerta!
Xander, Anya y Spike entraron en el edificio del campus
universitario y se dirigieron a la habitación de Tara y Willow.
Al llegara la puerta de su cuarto se encontraron con que
numerosos zarcillos de hiedra crecían a través del hormigón de las paredes para
bloquearla, formando una barricada de vegetación.
La fuerza de Spike y un hacha de emergencia contra incendios
fueron suficientes para abrir una brecha en las ramas y hojas que cubrían la
entrada. Luego el propio Spike rompió la cerradura.
En cuanto Spike abrió la puerta el resplandor que provenía de
las dos brujas se escapó como una riada habitación afuera. Tal era la pureza de
esa luz que era indistinguible de la de la luz del sol y, para lo que a Spike le
importaba, igualmente letal. Spike fue bañado en la luz e inmediatamente entró
en combustión. Tardo segundos en convertirse en una pila de cenizas.
Anya y Xander quedaron estupefactos sin saber que hacer.
Xander intentó mirar en el interior de la habitación, pero Anya se lo impidió.
¿Quieres arder como Spike?
Pero Xander sospechaba que Spike había ardido por ser un
vampiro. Tenía que intentar entrar. Willow, su mejor amiga, estaba ahí dentro y
tenía problemas.
Desoyendo los consejos de Anya Xander se enfrento a la luz.
Aparte de que le cegaba no experimentó ningún otro efecto. Fue avanzando a
tientas guiándose por los gemidos de placer de las dos chicas en el centro de la
habitación.
Por fin, llegó hasta la cama en la que las dos brujas hacían
el amor. La luz la sentía entonces como una corriente de aire en la cara. A
tientas alcanzó una espalda desnuda, la tocó y la empujó hasta separar a las dos
chicas de su abrazo eterno. La luz cesó en ese mismo instante.
—¿Mamá? ¿Mamá ha muerto? — preguntó Dawn como recobrándose de
un shoc—
Dawn... Lo siento mucho...
Dawn se abrazó a su hermana y rompió a llorar.
—¡ Dios mío! ¿Qué hemos hecho?
Ha sido culpa mía, Dawn, ha sido culpa mía...
Tanto Tara como Willow estaban llorando, pero el desconsuelo
de esta era aún mayor.
¡Dios mío! ¿Pero que he hecho?
Willow ¿Cómo has podido? — Tara estaba furiosa — las he
visto en mi mente, a todas las mujeres de Sunnydale... vecina con vecina,
madre con hija, hermana con hermana... ¿Tienes idea del daño que has causado?
Anya había entrado en la habitación y abrazaba a Xander sin
saber que decir. Los dos contemplaban a las dos brujas desnudas con perplejidad.
Quieres decir ¿Qué tú eres la causa de todo esto? —
Pregunto Xander a Willow — ¿Qué lo has hecho a propósito?
¡Dios mío! ¡Fue un accidente, yo sólo quería prolongar
nuestro placer!
Willow — Tara le sujetó las mejillas — ¿Y Buffy, Dawn y su
madre? ¿No ves lo que has hecho?
Willow no podía soportarlo más. Buscó una solución en su
mente, quería arreglarlo todo, sin saberlo localizó un poder demasiado oscuro y
maligno como para ser controlado por una muchacha de veinte años. Eso le pasaría
factura un año después, cuando su poder creciera tanto que se volvería maligno y
estaría a punto de destruirlo todo, pero en ese momento Willow no lo sabía y
acceder a ese poder oscuro fue la llave para lograr algo imposible.
Sus ojos se volvieron dos lagunas negras y rayos violetas
salieron de su cuerpo en todas direcciones. Algo se rompió en el tejido de la
realidad y de pronto...
La lengua de Willow acariciaba la de Tara jugando la una con
visitar la boca de la otra. Sus cálidos ojos azules servían para que la mirada
de Willow se perdiera en ellos, así como sus manos se perdían en sus enormes
pechos. Los pezones de Tara amenazaban con clavarse en los dedos de Willow, de
tan duros y erizados como estaban. Como intentando ablandarlos Willow se metió
uno en la boca.
Trabajando por su cuenta las manos de las brujas se
aventuraban a explorar. Tara empapaba las suyas entre las piernas de Willow.
Willow dejaba sus manos donde la espalda de Tara perdía el nombre, pues a la
bruja pelirroja le entusiasmaba el gordo trasero de su novia.
Que suerte tengo de tener una novia que está tan buena como
tu... — le susurró Willow al oído a su bruja preferida. Tara tan solo se
ruborizo.
Tu sacas de mi todo lo que tengo de bueno — dijo Tara por
fin.
Willow sonrió y empujo suavemente la cabeza de su novia hacia
abajo hasta tener su cara entre las piernas. Willow abrió bruscamente los
muslos, Tara cerro suavemente los ojos. Tara echó la lengua hacia delante,
Willow echó la cabeza hacia atrás.
Oh... que placer! — Susurró Willow — ¿No Sería estupendo
estar siempre así?
Tara levantó la mirada para sonreír con una boca pegajosa de
caldos vaginales.
No té pares — fue la contestación de Willow empujándole de
nuevo la cabeza para que recuperara su posición original —
Oh, cariño... deberíamos hacer un hechizo tántrico y hacer
que este momento durase aún más...
¡No!
Lo decía en broma, cariño — replicó Willow — sólo era una
forma de hablar. Nunca haría algo tan peligroso.
Ya lo sé, mi Willow. Perdóname.
Tara quedó en silencio un instante mirando el rostro de su
novia.
— Willow — preguntó Tara extrañada — ¿estás llorando?