Como sabrán, hasta este momento había compartido la intimidad
con mi madre literalmente; en principio habían sucedido muchas cosas: me había
dejado chupar los pechos con total libertad, ella se había acariciado la vagina
mientras yo tenía sus pechos en mi boca y una noche, hasta ahora una sola, había
aparecido en mi cama y me había comido las tetas y me había masturbado, con
muchísima experiencia (que yo no tenía) y con cariño, pero también con demasiado
ímpetu y alguna agresividad en los movimientos, la torsión de los dedos en mis
pezones, y el modo en que me sostuvo mientras duró la sesión masturbatoria.
Solamente apercibí que ella había empezado una escalada de
excitación y desesperación por estar conmigo luego de esa noche primera. Ella
estaba afianzada en un rol dominante, y nuestro vínculo empezaba degenerarse de
modo notorio.
Yo la veía por la casa caminando, con esos pechos gigantes y
la panza que le parecía estallar y siempre me estaba mirando de modo lascivo. Yo
lo sabía porque también la miraba así. Luego de esa noche especial, hubo mucha
gente en casa, abuelos y otras yerbas. Solamente podíamos mirarnos. Yo no podía
más, no podía literalmente más, no sabía dónde iba a terminar todo ésto. Cada
día estaba más excitada, necesitaba más masturbaciones diarias, y había empezado
a imaginarme la vagina de mi madre. Me imaginaba demasiadas cosas, supongo que
porque no podía satisfacer ninguna. Me imaginaba incluso a ella y a mi hermanita
por nacer, ambas tiradas en la cama mientras yo podía hacer lo que quisiera con
ellas. Me asustó masturbarme con estas cosas. Hoy puedo ver que también, del
mismo que anhelaba las tetas de mi madre, también anhelaba su capacidad de
dominarme.
El baño era uno de los sectores de la casa más ocupados.
Éramos 6 personas viviendo en ella (por unos días más mis abuelos iban a
quedarse). Pero también se convirtió en un lugar de encuentro. Mi madre siempre
fingía algún dolor abdominal y pedía que yo la ayudara a bañarse. Todos
destacaban qué buena persona era yo por ayudarla (los había escuchado en
secreto, y me tranquilizaba que nadie sospechara nada). La primera vez que
fuimos juntas al baño fue algo así. Mi mamá me pidió delante de todos:
-¿Luli, me ayudás que me quiero bañar?
-Sí ma, claro.
en el camino me susurró al oído:
¿las extrañaste mi vida?
mientras con el brazo derecho se sopesaba ambas tetas
gigantescas, endurecidas y apuntadas hacia adelante. Me sonreí y le hice un
gesto asintiendo. Ya estaba mojada y ni siquiera habíamos entrado al baño. La
puerta no cerraba del todo, y por debajo quedaban dos centímetros de luz por los
que, por supuesto, pasaban todos los sonidos.
Ella sabía cómo actuar. Empezó a hablar en voz alta cosas
intrascendentes y me pedía que las contestara. Todo para que los demás creyeran
(si es que pasaban por ahí) que estábamos en una situación del todo rutinaria.
Empezó diciendo cosas tales como:
-¿viste a la vecina X lo mal que está de su X?
mientras, se sacaba todo, me acercaba a ella y al oído me
ordenaba:
-chupalas todas y mordelas por favor, están poco sensibles y
llenas de leche.
De nuevo al cielo, a chuparla de parada. Comí, tomé, me
manché de leche materna y un poco más amarga que antes. Ella me tenía abrazada y
seguía diciendo cosas que nada tenían que ver con la situación en voz alta, y en
voz baja y al oído me decía:
-¿Te gusta mi vida? ¿Te gustó lo de la otra noche? ¿Querés
hacérselo a mami?
me sentía un poco abrumada, pero seguía chupando y me
excitación solamente aumentaba. Estaba confundida y caliente, creo que no hay
peor estado, una puede terminar haciendo cualquier cosa. Ella me agarró la mano
y me la puso en su panza, me hizo acariciarla, con ambas manos, me agarró la
cabeza y me la movía por la panza y me indicó:
-Así luli, dale besitos a tu mami en la pancita. Sacá la
lengüita y no la guardes hasta que mami te avise, ¿sí?.
Así hice, saqué la lengua, y besaba la panza, se me
acalambraba la lengua, pero seguía. Ella me sostenía bien agarrada del pelo y me
indicaba toda la trayectoria de mi boca. Me dolía el pelo, y me sentía muy
oprimida, pero seguía excitada y empezaba a sentirme cada vez más cerca de la
vagina con esos pelos colorados y claritos. En voz baja me empezó a decir:
-besito acá, besito acá, besito acá...
mientras yo bajaba por el esternón, por la panza, el ombligo
y llegué al pubis y me detuve (en realidad ella me detuvo) y me preguntó:
-¿tenés ganas?
yo asentí y sin que me diera ninguna orden le di un besito en
la vagina. Ni siquiera vi bien dónde, solamente cerré los ojos y con los labios
apretados besé su vulva. La panza me apoyaba la frente y tenía que inclinar la
cabeza, pero lo hacía y empecé a besarle, con pequeños besitos, toda su vagina y
empecé a decir algo así cómo:
-Mami, ¿te gusta así?, ¿está bien?
ella por supuesto casi no decía nada. Solamente a veces
atinaba a decir algo sin sentido para seguir guardando las apariciencias.
Después de un ratito de besitos sin lengua, ella ordenó:
-Luli, mi vida, chupá ahí abajo igual que lo hacés con los
pezones.
Esa línea fue como darme libertad para hacer lo que quisiera.
Entonces, bajé mis manos que estaban casi sobre la panza y empecé a acariciar,
mover los labios y correr algunos pelitos y a lamer. Me metí los labios en la
boca, alternativamente, y ambos juntos. Le pasé la lengua por todos lados. No me
pude contener y me empecé a masturbar. Con una sola mano empecé a acariciarla
mientras chupaba toda. Me quería meter toda la vagina en la boca y a veces lo
lograba. Tenía miedo de meterle un dedo. Pero lo fui llevando desde el clítoris
para atrás y ella con el vientre me hacía notar que lo quería. Entonces lo metí.
Le dolió (esto no lo pude entender), se sintió como un mínimo sonido que asocié
a su dolor y quise parar, pero ella me tomó la mano y me hizo seguir. La otra
mano me la puso en la cabeza y me hizo ponerla nuevamente en la vagina. Tenía
una mano en mi vagina, un dedo adentro de la de mi madre y la boca en su vagina.
Tardó mínimo tiempo en acabar, me hizo doler mucho el cuero cabelludo, me apretó
fortísimo mientras acababa. Se movió mucho, se permitió rasguñarme un poco la
espalda con la otra mano. No me dolieron las uñas, al contrario, me excitaron un
poco. Luego de que acabó, la ayudé a bañarse en serio. Ella me decía:
-mi amor, luli, estuvo todo hermoso, vamos a seguir así,
¿querés?. ¿La querés mucho a mami?
Yo le contestaba a todo que sí, estaba embobada. Le
enjabonaba los pechos y se me ocurrió decirle:
-¿Después vos me vas a hacer a mí todo ésto?
y ella contestó
-claro mi vida, mami te va a cuidar mucho.
Ahí empecé a tomar velocidad. Ahora estaba segura que se
venía algo especial. Me había prometido chuparme, o al menos eso había
entendido.
Pasaron varios días de baños y de falsas ayudas, y quedamos
solas, mi padre y mis abuelos se fueron. Quedamos solamente ella y yo. Se fueron
en la madrugada y ella me pidió que ese día no fuera al colegio, que íbamos a
hacer cosas de la casa y que necesitaba ayuda. Era una mentira, ambas lo
sabíamos, pero quedaba bien ocultarnos también a nosotras que estábamos haciendo
algo que pensado en frío era bastante terrible. Después de este presagio del
día, me levanté y me lavé, me cambié la bombacha, me lavé los dientes, y me puse
tan hermosa como pude. Ella me llamó a su pieza. Estaba acostada con un camisón
y también se había puesto hermosa, me dijo:
-vení mi amor, sentate acá.
Me senté al lado de ella y empecé a acariciarla. Nos dimos
besos en las mejillas (jamás nos besamos en la boca), nos acariciamos el cuello
y ella empezó a tocarme los pechos. Muy suavemente, no era violenta ni brusca,
se lo atribuí a la tranquilidad de la situación. Me sacó la remera y me hizo
arrodillar en la cama, con mis pechos a la altura a su cara y empezó a decirme:
-¡Qué hermosos pechos que tiene la nena de mamá!
y alternativamente los besaba y los acariciaba, me miraba la
cara, yo estaba un poquito avergonzada, pero empecé a mirarla y ella me
preguntaba si me gustaba y yo le decía continuamente:
-me encanta, quiero que me lo hagas siempre.
Ella seguía chupando y me comía los pezones de todas las
maneras posibles. Los mordía, los acariciaba, los lamía, succionaba solamente el
pezón y alternativamente un sector la aereola. Yo estaba mojadísima, ella puso
su mano en mi vagina y se alegró de sentirla mojada, porque me dijo:
-Es hermoso que estés tan húmeda mi vida, vení acostate.
Me hizo acostar, y me sacó la pollera. Me quitó la ropa
interior y no paraba de sonreír; y me repetía que estuviera tranquila que ella
se iba a encargar de que estuviéramos bien. Abrió mi piernas, y me contempló un
rato largo, me miró toda la vagina, yo apenas miraba, me sentía avergonzada y
temerosa. Empezó a acariciarme después de haberse mojado los dedos de una mano,
con los dedos mojados recorría todo el medio de la vagina, y con su otra mano,
más seca, intentaba separarme los labios. Empezó mi éxtasis, estaba que
estallaba, ella se dio cuenta. Acercó su cara a mi vagina y en ese momento se
inició un orgasmo que duró como 4 minutos. 4 minutos de su lengua en mi
clítoris, me lo lamía, me lo succionaba, ponía una falange solamente dentro mío,
y yo no podía más. No podía parar de acabar y la miraba y ella tenía toda su
lengua en mi sexo y sonreía y empezaba a excitarse demasiado. Mi orgasmo se fue
aquietando y yo también, pero ella había entrado en un estado de excitación
inexorable, y empezó a agitarse, seguía chupando, intentaba meter más el dedo
mientras yo le agarraba la mano para que no lo hiciera, me hizo dar vuelta al
pedido de:
-Date vuelta mi vida, no tengas miedo.
Quedó mi cola apuntando al techo y ella con una mano me la
abrió y metió su cara de lleno adentro de mi ano. Lo lamió y lo chupó
desesperada. Yo estaba atónita y quieta. Empezó a meterme el dedo y no me dolió,
lo metía y lo sacaba y yo no salía de mi estupor. Me chupaba la cola y me
penetraba y se masturbaba, estaba exaltadísima. Acabó descontroladamente con
toda su boca pegada a mi ano en un grito húmedo de saliva y flujo. Apoyó su
carita en mis nalgas y se quedó un rato largo. Nos abrazamos luego y nos
quedamos en la cama durante horas sin decir una palabra.
Me había enfrentado a mi madre en un estado de exaltación y
demanda de cosas que no sabía que podían ser sexuales. No entendía del todo por
qué mi ano le había brindado el placer de ese orgasmo tan brutal. Los días que
siguieron tuvieron otras sorpresas y todo se fue agrandando de un modo que
ninguna de las dos podíamos controlar. En el próximo relato espero mostrarles
nuestra relación en su plenitud. Un beso y gracias por prestarle atención a esta
parte de mi vida.