CHUVA (UNA EXCUSA PARA PONERME TRISTE)
De pronto se ha puesto a llover, y no sé porqué, pero he
sentido la imperiosa necesidad de abrir la ventana, de apagar la luz, de
encender un cigarrillo. Cae la lluvia, y fumo. Y claro... fumo...
Longe de ti são ermos os caminhos,
Longe de ti não há luar nem rosas,
Longe de ti há noites silenciosas,
Há dias sem calor, beirais sem ninhos!(1)
Me ha venido a la mente, necesario, tu recuerdo. El recuerdo
de una tarde como ésta, en la que de repente empieza la tormenta, sin aviso
previo. Pero tan lejos... Ya cinco años... Pero tan lejos... En la otra otra
punta de la península, en esa suave cidade do sal, do mar... Mi primera
tarde en tu Lisboa, recién llegado.
Acababa de abandonar el equipaje en el hotel, aquel hotel
Florida, para hundirme en Alfama, para callejear, para saborear una ciudad que
amaba antes de conocerla y que, una vez allí, me robaba el corazón en cada
esquina. Hay que abandonar las avenidas para que las ciudades hablen. Demasiado
ruido en las grandes vías.
Aquella esquina, la cuesta, la otra esquina, el café... y
tú... Morena, claro, cómo si no. De negro. Siempre pensé que era porque hacía
poco que había muerto el fado hecho mujer, Amalia Rodrigues. Pero no, es tu
color, vuestro color, el color de la saudade, el único color posible si
nace el color del alma y el alma es portuguesa y el alma siente.
Está lloviendo y acaba de gritar el cielo con su voz de
trueno. Igual que cuando llegué a ti, o llegaste a mí, en aquel café de Alfama,
bajo la lluvia, coincidiendo en la puerta.
Tus ojos y tu voz, tu "perdão", mi "lo siento" y tus ojos de
nuevo al verme distinto, verme extranjero, oírme español. Y el café compartido
de los dos fugitivos de la lluvia, porque eso éramos aquella tarde.
Tu historia era triste, tejida con ausencias, pero no gris.
Intensamente triste, no con la tristeza de lo anodino, sino con la profunda
tristeza de la vida vivida en plenitud. Mi historia, tan distinta, tenía los
colores de mi mediterráneo, los sabores de mi tierra y su luz, el ruido de las
mascletaes y la alegria de la festa.
Y recitaste,
Eu tenho, Amor, a cinta esbelta e fina...
Pele doirada de alabastro antigo...
Frágeis mãos de madona florentina...
- Vamos correr e rir por entre o trigo! (2)
Y a mí me sonó al mejor de los ofrecimientos, y te participé
de mi estancia de una única semana, por motivos mixtos de placer y trabajo pero,
en todo caso, trabajo a partir del lunes, y era sábado. Y me dijiste que sólo
serías dos días a mi lado, que después tu vida volvería a la oscuridad.
Me sonó extraño, pero lo acepté. Y decidimos no esperar a que
dejase de llover. Tenías, cierto, la cintura esbelta y fina, la piel dorada de
alabastro antiguo, unas manos frágiles de Madonna florentina... pero no fuimos a
correr y reir entre el trigo, sino a tomar el elétrico 28, que era el que
me acercaba a tu vida, a tu mundo, a tu casa. Me presentaste la ciudad desde sus
ventanas y te me fuiste presentando tú también lentamente. Y yo contigo, claro,
y yo contigo, recorriendo la parte antigua de esa cidade entre dois braços de
água, um de sal, outro de nada, água doce, água salgada.... A veces el
idioma era un problema, y abandonaba yo mi castellano para parlar-te en
valencià, molt més pròxim a la teua llengua, y me decías que te gustaba el
castellano, que te parecía un idioma muy dulce, pero que aún más dulce era el
valenciano. Y te comentaba que Cervantes ya lo dejó escrito en El Quijote,
cuando habla de los libros que salva del fuego y menciona al "Tirant lo Blanc".
Éramos poetas bajo la lluvia de Lisboa. Hicimos de la poesía
la razón de ser y existir. La poesía salió a la calle, reconocimos nuestros
rostros...(3), fuiste Florbela y yo quise elegir para mí Garcilaso, pero
tuve que ser Pessoa, porque eras tú y era yo y era Lisboa. Y por eso, y antes de
acabar nuestro viaje en el 28, te dije aquello de
Não: toda a palavra é a mais. Sossega!
Deixa, da tua voz, só o silêncio anterior! (4)
Tuve que decírtelo, porque tú querías contarme de ti, tu
historia y sus días, y yo ya sólo quería besarte. Era ansia de ti, nacida de un
viaje hacia donde sabía que habitabas, aunque no te conociese. Y antes de llegar
a nuestro destino, te besé.
Te lo digo hoy, porque está lloviendo y me has venido a la
mente con una presencia de la que no puedo escapar, pero no te lo dije en ese
momento: tus labios besaban tristes. Pensé de nuevo en la saudade hecha
vida en tu boca. No te dije nada. Sólo volví a besarte porque con los besos pasa
lo mismo que con los cigarrillos: son adictivos y es difícil quedarse en uno
solo. Para cuando bajamos del elétrico, mi lengua ya habitaba el cielo de
tu boca.
Teníamos dos días, algo menos ya, apenas nada. Y los
aprovechamos, porque lo bueno que tienen los amores acotados es que no rompen
corazones, sino que los hacen vivir dentro de sus lindes hasta el infinito. Y
así quisimos ser nosotros en ese fin de semana en Lisboa: dos criaturas en un
coto que sólo gobernaba el destino, el hado, o algún dios desconocido para el
resto de los hombres y sus religiones.
Hice el amor a tus ojos con los míos y te conocí, desnuda el
alma, antes de desnudar tu piel. No necesitábamos más que estar, más que ser,
más que ser poetas. Cuando puse mis manos en tus caderas para traerte hacia mí,
ya en tu comedor, me dijiste
Eu bebo a Vida, a Vida, a longos tragos,
como un divino vinho de Falerno!
Pousando em ti o meu olhar eterno
como poussam as folhas sobre os lagos...(5)
Entendí la advertencia, y me lancé a esa mirada eterna hecha
cuerpo y vida, Vida, sabedor de que igual que el otoño acaricia con sus hojas
marchitas la superficie queda de los lagos debía yo acariciar tu piel. Fui tacto
suave bajo la blusa, cercando con mis manos de pianista tu talle, interpretando
lento un nocturno de Chopin a través de tu vientre y tu espalda y tu pecho. Te
dije al oído
Bem sei. Tudo isto é um sorriso
que é nem sequer sorriso meu.
Mas para meu não o preciso:
basta ser de quem mo deu. (6)
Y me la dabas tú, la sonrisa y la vida, Vida, a manos llenas.
Y fue tu boca en escorzo la que besó mi cuello mientras te desnudabas aún más el
alma
A Vida, meu Amor, quero vivê-la!
Na mesma taça erguida em tuas mãos,
bocas unidas, hemos de bebê-la! (7)
Y la bebimos como pedías, en un beso lento y profundo que
pensé que podría partir la historia de la humanidad en dos. Eran bocas unidas,
es cierto, pero también eran vidas y almas y cuerpos y corazones unidos, porque
en aquél momento eras amiga... noiva... irmã... o que quiseres!. Y tú lo
sabías y lo aceptabas. Eran dos días, pero en esos dias, por ti, todos os
céus terão estrelas. Y quisiste crucificarte en una cama a la que me guiaste
a puro besos, porque sabíamos que no podíamos malgastar el tiempo de esa Vida de
dos días que estábamos obligados a apurar hasta las heces (cfr. 8).
En la cama, extendida sobre ella, tú. La blusa abierta, el
pecho al aire, oculto sólo por un sostén negro y delicado, unos vaqueros que ya
han sido desabrochados pero siguen ahí, anticipando a la imaginación lo que a la
vista ocultan. Y te miro y me miras y te deseo. Y en el fondo de tus ojos sé que
sobre esa cama está mi auténtica soror saudade, la que fui buscando a
Lisboa porque sabía que existías y habitabas allí. Porque no podía ser de otra
forma. Claro.
Beso tu pecho de piel y calor, beso tu pecho de mujer
despacio. Y tus manos buscan mi cara y me las ofreces al beso sobre tu cuerpo.
Beija-me as mãos, Amor, devagarinho...
Como se os dois nascêssemos irmãos,
Aves cantando, ao sol, no mesmo ninho... (9)
Claro que te beso, cómo no besarte. Las manos y los brazos y
el alma entera, si tal beso fuera posible. Tus manos...
As tuas mãos terminam em segredo.
Os teus olhos são negros e macios
Cristo na cruz os teus seios esguios
E o teu perfil princesas no degredo... (10)
Me hago creyente para besar ese Cristo en la cruz de tus
senos. Me hago creyente de tu cuerpo y tu carne y tú. Tú. Me has quitado la
camisa, siento mi vientre desnudo junto al tuyo. Y te quito necesariamente la
blusa y te desprendes del sostén. Te abrazo, porque necesito hacerlo, porque
tengo que sentir tu pecho junto al mío, porque no hay otra forma de juntar más
los corazones, de ser más tú, de ser menos yo.
Separo mi cuerpo del tuyo, la distancia de los brazos que me
sostienen sobre ti. Y te miro. Como eres minha irmã, minha soror saudade,
lees mi pensamiento. Y besando mi cuello te desprendes de tu pantalón y rodeas
mi cintura con tus piernas desnudas. Necesito desnudarme para ti, contigo.
Necesito sentirte en plenitud, en la plenitud de una Vida que ha vivido siempre
y que, sin embargo, existe sólo desde hace unas horas. Necesito vivir esa Vida a
toda prisa, porque morirá pronto. Sabíamos del final antes de que llegara y por
eso no hay dolor de pérdida, sino intención de apurar cada segundo. Y para eso,
no ayuda el pensar.
Tortura do pensar! Triste lamento!
Quem nos dera calar a sua voz! (11)
Tu ropa interior no existe, ni la mía, finalmente. Nada entre
nosotros, sólo nuestra propia carne y piel. Quiero recorrerte entera, sin
separar mis dedos de tu cuerpo, sin levantar la lengua de ti. Y tú lo intentas
también, al mismo tiempo. Y somos una danza absurda e interminable de besos y
caricias por todos los lugares de nosotros mismos. Me besas la ingle y te beso
el codo. Me besas el tobillo y te beso las cejas. Te beso el cuello y me besas
el hombro. Te beso un glúteo y me besas el costado. Mis manos han pasado torpes
sobre tu sexo. He sentido como te estremecías. Iban de camino a buscar apoyo
junto a tu cuerpo, y tropezaron con él. Toda tu piel sintió mi mano en ella.
Decido que toda tu piel ha de sentir mi beso, del mismo modo. Y beso tu sexo. Y
besas el mío.
De lado, frente al otro, besando y buscando y encontrando
placer en el sexo ajeno y en el propio, gastamos nuestras pocas energías hasta
sentir que la noche ya es la única dueña de nuestros cuerpos desnudos. Bebo de
ti brindando por ella. Me ofreces el jugo de tu placer cuando a mí me recorre el
mío. Gozamos abrazados al otro, unidas bocas y sexos. Cuando te beso después,
lenta y profundamente, somos saliva y semen y flujo. Somos dos vidas en una
sola. Somos la Vida.
Poisa as mãos nos meus olhos, com carinho,
Fecha-os num beijo dolorido e vago...
E deixa-me chorar devagarinho... (12)
Lo hago y lo haces. Ahora en mi boca está la sal de tus
lágrimas, cuando antes estuvo la sal de tu placer.
Dame as mãos, a boca, o teu ser.
Façamos desta hora o resumo
do que não poderemos ter. (13)
Fui en Lisboa, porque fui tuyo y tú mía y fuimos uno. Sólo
unas horas, una Vida.
Andava na chuva quando dei de frente com esta recordação.
"Uma boneca de trapos não se parte se cair. Fizeste-me a alma em farrapos...
Bem: não se pode partir" (Fernando Pessoa: Quadras ao Gosto Popular).
----------
(1) Fumo, soneto de Florbela Espanca, en Livro de
Soror Saudade (1923).
(2) Passeio no campo, soneto de Florbela Espanca, en
Charneca em flor (1930).
(3) De la canción 1968, de Joaquín Sabina,
Inventario (1978).
(4) L'homme, de Fernando Pessoa, en Poesías
inéditas 1919-1930.
(5) O Nosso Mundo, Florbela Espanca, Livro de
Mágoas (1919).
(6) Fernando Pessoa, 24-08-1930.
(7) O Nosso Mundo (vid. 5)
(8) Crucificada, Florbela Espanca, Charneca em Flor
(1930).
(9) Amiga, Florbela Espanca, Livro de Mágoas
(1919).
(10) Fernando Pessoa, 24-06-1914.
(11) Angústia, Florbela Espanca, Livro de Mágoas
(1919).
(12) Nocturno, Florbela Espanca, Livro de Soror
Saudade (1923).
(13) A Outra, Fernando Pessoa, 28-07-1935.