MI NUEVA VIDA (IV)
Jeanette
Al comenzar la siguiente semana, mama me sorprendió con la
noticia que debía trasladarse al interior con Carmen para resolver unos asuntos
relacionados con la actividad económica de la familia. Mi sorpresa se debía a
que en pocos días mas ella debía regresar con papa y mis hermanos y mi deseo era
que me acompañase al medico con el fin de organizar mi transformación, pero me
dijo que al regresar, cumpliría con la promesa que me había hecho.
Carmen y mama partieron al día siguiente quedándome en casa a
solas con Liliana, oportunidad que se me brindaba para desentrañar una duda que
se me había presentado hacia ya algún tiempito. El día que se inicio el corto
viaje, le pedí a Liliana que fuésemos a la farmacia para comprar las hormonas
que ella me inyectaba, solicitud que atendió sin ningún problema. Regresamos y,
antes de entrar a la ducha, le pedí que me aplicara la dosis que tanto deseaba.
Me la puso y me dispuse a ir al baño, cuando me pidió que me esperara un momento
porque deseaba conversar conmigo. Comenzamos a hablar generalidades, yo
totalmente desnuda y ella vestida. Cuando me senté a su lado, coloco su mano
derecha sobre mi pierna y me explico que me apoyaba en la realización de todos
mis deseos porque, no obstante el poco tiempo que nos conocíamos, me había
tomado mucho cariño y que me admiraba por lo valentía y decisión con que yo
había asumido mi condición. Eso me halago, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando
traslado su mano a uno de mis senos y comenzó acariciarlo al tiempo que acercaba
su cara a la mía con la clara intención de besarme. En ese momento, solo atine a
decirle "…pero a mi las mujeres no me gustan", ella simplemente me contestó "yo
se, pero a mi si y tu me gustas mucho" momento cuando, sin mediar palabra,
empezó a besarme desenfrenadamente, mientras que metía sus manos entre mis
piernas para terminar de ocultar mi organito y formarme una vagina. La
temperatura de las dos crecía a ritmo exponencial y, poco después, comenzó a
chuparme las teticas con mucha delicadeza y su mano comenzaba a acariciarme la
vagina. A todas estas, entre la sorpresa y la excitación me dejaba llevar hasta
que ella se levanto y, sin ninguna pausa, se quedo en pantaletas para comenzar a
acariciar sus pezones contra los míos. Poco después, dirigió su cara a la
entrepierna y comenzó a besarme y chuparme la vagina que se me formaba. Como ya
no era "molestado" por ninguna erección, me sentí como tocando el cielo con las
manos. Al rato, me dijo que ya regresaba, y cuando lo hizo, mi sorpresa se
potencio. Apareció desnuda con un simulador de pene que se ataba a la cadera y
me pregunto "te dejarías coger por mi?", mi respuesta fue muy sencilla, sin
mediar palabra, me di la vuelta dejando mi culo a su total disposición, el cual
lubrico con gel al igual que al consolador que le colgaba como si fuese un pene.
Comencé a sentir su juego en mi culo con los dedos y la cabeza del arminisculo
que portaba hasta que comencé a sentir como el simulador de pene empezaba a
penetrar mi cuerpo. Poco a poco, lo fue introduciendo hasta que sentí que sus
pezones rozaban mi espalda, mientras sus manos acariciaban mi busto y el roce de
su vulva era cada vez mas intenso en mis nalgas. Los movimientos se fueron
acelerando en forma vertiginosa y la excitación nos hacia presa a las dos, los
gemidos de placer se hicieron incontrolables hasta alcanzar un clímax total. Yo
sentí como un liquidito caliente comenzaba a correr por fuera de mi culo, en
tanto que de mi cosito salía un líquido transparente que sustituyo al semen
desde que inicie el tratamiento hormonal. Caímos rendidas y nos sonreímos cara a
cara. Liliana, la empleada nuestra, me había cogido, había sido su mujer y ella,
mi macho. El misterio se había develado y se confirmaba mi sospecha, era
lesbiana. Tomamos el baño juntas y aproveche para que me depilara. El resto del
día ella se dedico a seducirme e, incluso, dormimos juntas en mi cama, sin que
faltaran dos sesiones más de sexo donde los protagonistas fueron su exótico
consolador y mi culo que descanso esa noche muy satisfecho.
Dos días después, todo volvió a la normalidad. De acuerdo a
lo programado, mama y Carmen me acompañaron al medico. La doctora, muy simpática
y comprensiva, me reviso detalladamente y me ordeno un conjunto de exámenes,
cuyos resultados le entregamos una semana después. Mientras los leía, su rostro
oscilaba entre la alegría y la sorpresa, sonreía y abría los ojos de asombro.
Cuando concluyo la lectura se recostó en su mullido sillón y me dijo, "No me
explico como pudiste esconder tu verdadero sexo por tanto tiempo…prácticamente
eres mujer desde que naciste… las bases sobre las que se desarrollaron tus
pechos…el tamaño de tu órgano me recordó al de mis hijos cuando recién
nacieron...te comprometo toda mi ayuda para que seas lo que en realidad eres,
mujer". Me embargo una gran alegría, mama y Carmen se emocionaron mucho, algunas
lágrimas corrieron por sus mejillas. Luego de una larga conversación, describió
y escribió el tratamiento al cual debía someterme para seguir torneando mi
cuerpo y sugirió la necesidad de ser atendida por un psiquiatra con el objeto de
canalizar adecuadamente mis ansiedades y expectativas, sobre todo, porque la
concreción de la transformación definitiva se haría efectiva en, por lo menos,
un lustro después. Las tres visitamos a la psiquiatra y se determinaron las
reglas que normarían nuestra participación en las sesiones de trabajo. Ante la
decisión de postergar por un tiempo la operación, también se difirió el contacto
con el cirujano plástico.
Mientras mi tratamiento se iniciaba y seguía viéndome con
Joel, el chico con quien salí del bar, preparamos la despedida de mama, quien
debía volver a casa con mi padre y hermanos. Un vestidito rojo muy entallado fue
mi selección para ese día, el cual complemente con el sostén, la tanguita, el
liguero y las medias del mismo color que me había regalado Marcela, mi primera
amante lesbiana. El maquillaje, los zapatos y los accesorios me los había
regalado mi madre. La reunión, mi segunda como mujer, fue muy linda y emotiva.
Hubo un momento que había evitado a toda costa, pero que se me hizo ineludible.
En una mis idas al baño, Marcela me espero en la puerta y fueron inevitables sus
caricias al querer comprobar si tenia en uso su obsequio.
Un topless blanco y una minifalda turquesa complementadas con
un sostén y unas pantaleticas bikini blancas fue el atuendo que seleccione para
ir al aeropuerto para despedir a mi madre. La tristeza nos embargo a todas y a
todo. Para mitigarla, y dada la cercanía, decidimos quedarnos el fin de semana
en la playa. Era mi primera visita después de iniciada mi transformación. Opte
por un bikini rosado de media copa e hilo dental. Mi "debut" frente al mar, me
emocionaba mucho. Mientras nos trasladábamos a la playa, estaba nerviosa y con
mucha expectativa por lo que podría pasar. Llegamos y nos instalamos a tomar el
sol totalmente distendidas. Era mi primer bronceado con ropa femenina, con lo
cual comenzaría a marcárseme el cuerpo como siempre lo había anhelado. El
descanso solo era alterado por las constantes miradas de un chico que se
asoleaba a pocos metros de nosotras quien, además del físico espectacular que
exhibía, lucia un bulto por demás mi atractivo en su entrepierna. A los pocos
momentos se nos acerco y entablamos una charla muy amena. Pero, mi vista no
podía apartarla de su entrepierna que se me antojaba muy apetitoso. En algún
momento que pudimos hablar a solas, me dio a entender que se había dado cuenta
de mi interés por su dotación y me propuso que saliéramos en la noche.
Nuevamente, las dudas me asaltaron. Y si no aceptaba mi condición? Y si su
reacción era violenta? Quede en comunicarle mi decisión telefónicamente, previa
consulta con Carmen y Liliana. Concluimos en que seria mejor invitar a Joel a
nuestro apartamento y dejar pasar esta oportunidad preñada de muchas dudas, y
optar por volver a ver a quien ya conocía, quien no planteaba ningún problema
frente a mi condición. Así actuamos.
Previa aceptación telefónica, a las 8 de la noche hizo acto
de presencia. Lo recibí vestida con un short amarillo de algodón muy finito que
delataba mi tanguita y una solerita del mismo color transparentaba el sostén de
copa lisa al tono que me había puesto mostrando mi busto en todo su esplendor.
Así como se me hizo imposible apartar mi vista de la entrepierna de aquel
muchacho de la playa, a Joel se le iban los ojos cada vez que me veía. Mientras
tomábamos algo antes de salir, me decía en voz baja "…estas
divina…provocadora…linda…mi reina…" Poco después bajamos al estacionamiento y,
al montarnos en el carro, sin mediar palabra, comenzamos a besarnos sin
contención y a acariciarnos como nunca lo habíamos hecho. Primero fuimos a comer
en un local muy informal y, posteriormente, nos dirigimos a una discoteca.
Cuando salimos, nos detuvimos a las orillas de una playa solitaria donde los
besos y las caricias fueron la chispa que encendieron el fuego de noche.
Regresamos a casa y entramos muy sigilosamente. Nos dirigimos a mi cuarto y,
casi sin darme cuenta, comencé a acariciarle sus testículos, se los lamí, y
traslade mi lengua hasta la base de su pene para comenzar a lamérselo como si
fuese un helado. Luego jugué con mi lengua en la punta de la cabeza. Antes de
comenzar a chuparselo, me desvestí quedándome solamente con la pantaletica
puesta. Inicie mi "tarea" con el mayor de los deseos. Sus fluidos comenzaron a
pasar a mi boca, mientras sus dedos apartaban la pantaletica de mi hueco para
explorar mi cuerpo. Cuando sentí que su excitación se acercaba al clímax, retire
su pene de mi boca para que su semen regara toda mi cara. Me sentí muy excitada.
Sin mediar palabra, Joel me saco la tanguita y me dio la vuelta colocándome en
pose. Paulatinamente me fue penetrando hasta que sentí que su escroto rebotaba
contra mis nalgas y su pene invadía mis entrañas. El ritmo de nuestros
movimientos se aceleraba cada vez mas hasta que su semen comenzó a inundar mi
cuerpo, mientras que simultáneamente sentí una explosión en mi parte delantera
dejando correr ese liquido transparente y dulce que brotaba de mi cuerpo. El
orgasmo había sido mutuo y en el mismo instante.
Caímos rendidos sobre la cama. Pocos momentos después, sentí
como sus dedos jugaban con mis pezones, acerco su boca y comenzó a besarlos y
chuparlos. Me metió la mano en la entrepierna y me oculto el estorbo formándome
una vagina, la cual empezó a acariciarme. Su lengua bajo lentamente desde el
busto lamiendo todo mi cuerpo hasta posesionarse en la falsa vagina que besaba y
chupaba con gran gusto. Le pedí que se montara encima de mí, pero al revés,
formando un 69 perfecto. El me lamía y besaba la vagina, yo chupaba su pene con
total dedicación. Al rato, estando yo boca arriba, levante las piernas y,
nuevamente, su pene su apoderaba de mi cuerpo. Otra vez, los movimientos se
fueron acelerando hasta que me di la vuelta y, por segunda vez en la noche,
nuestros cuerpos se unían sin tregua hasta alcanzar un nuevo orgasmo simultáneo.
Antes de ponerme mi baby doll, pase al baño a lavarme, mientras iba, sentía como
ese viscoso líquido blanco corría a lo largo de mis piernas. Esa noche dormimos
juntos por primera vez y, al despertarnos, nos volvimos a cobijar en un abrazo
que culmino en un nuevo acto de demostración de la plenitud de nuestra
sexualidad. Volví a ser la mujer de Joel. Ese día no pude llevar a la playa un
bikini hilo dental, la tirita se hundía, y sin ningún esfuerzo, en mi culito que
ya tenia amo y señor.
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