Soy Fernando, ahora tengo 26 años, soltero y creo que soy una
persona absolutamente normal, trabaja en una oficina bancaria y allí empezó
todo.
Mi primer trabajo fue en una oficina más bien pequeña, donde
todos nos conocíamos, nos llevábamos bien sin mas, había conversación, nos
ayudábamos, etc.. Cuando me cambiaron a esta oficina, que es mucho mas grande,
empecé a agobiarme. Aquí son todos super competitivos, nadie cede nada y por una
cuenta o un cliente son capaces de morder. Todo esto hace que la relación con la
gente sea casi nula.
Yo antes estaba acostumbrado a salir a media mañana a tomar
un café, o un pintxo, pero ahora no tenía con quien hacerlo y por eso al
principio no lo hacía. Después de un par de meses volví a salir, aunque fuese yo
solo. Fui probando bares por la zona que es una zona repleta de oficinas, hasta
que en uno, más bien pequeño y discreto me sentí a gusto (lejos de las grandes y
ampulosas cafeterías que les gustan a mis compañeros).
Tomaba mi café, comía algo, leía el periódico y volvía al
trabajo. El bar lo lleva Juan, un gallego mayor y bastante profesional en
atender a la clientela. Bromea con todo el mundo pero como yo no participaba
mucho me dejaba en paz.
Por motivos de trabajo tuve que retrasar mi horario normal
del café y así empecé a coincidir con Mila y sus tres amigas.
Las cuatro trabajan en un bloque de oficinas cercano, pero
cada una en un despacho o empresa distinta. Pero supongo que después de mucho
tiempo coincidiendo se han hecho amigas, y quedan y bajan las cuatro juntas.
Son de mediana edad, Mila tiene 46 años y sus compañeras
andan también por ahí. Y las cuatro sin excepción sin ser grandes bellezas,
tienen ese algo especial de la mujer madura, que se siente bien consigo misma,
que se cuida, y busca gustar y gustarse. Todas están casadas con mejor o peor
fortuna matrimonial, de hecho hasta los maridos se han hecho amigos, y coinciden
juntas a menudo. Lo que suelen hacer siempre es poner a los hombres siempre a
bajar de un burro.
Un lunes que estaba tomando café comentaban acerca del fin de
semana, y Mila que llevaba la voz cantante contaba a sus amigas que toda la
semana esperando para poder echar el polvo acostumbrado del sábado y que resulta
que su marido no estaba por la labor. Primero que si el futbol, luego que si
estaba cansado, que si le dolía la espalda, total que al final nada. Mila dijo
que se resignó pero que el domingo en la mañana lo volvió a intentar y tampoco
consiguió hacerle reaccionar. Les dijo a sus amigas que estaba igual que una
cafetera, apunto de explotar de caliente, y que iba a tener que buscarse un
jovencito que le quitase la calentura. En eso levantó la mirada y sus ojos
coincidieron con los míos; ya que yo la estaba mirando embobado mientras seguía
la conversación. Ella no se cortó ni media y me guiñó un ojo. A mi se me cayo el
café del susto y me marché como una exhalación, con el consiguiente alboroto y
risas de las cuatro.
Desde ese día me lanzaban todo tipo de puyas, de indirectas,
de directas, sin dejar de vacilarme. Podía haber cambiado de bar, (de hora no me
era posible), pero no se porque no lo hice. Supongo que ellas me dejaban la
puerta abierta para que participase de sus conversaciones, pero como soy
bastante tímido yo no abría la boca.
Una mañana Mila apareció en mi banco, venía a hacer unas
gestiones, porque la compañera que las solía hacer estaba de baja. Y me vio. En
lugar de ir donde la persona que habitualmente les atiende decidida se vino a mi
mesa. (Con el consiguiente mosqueo de mi compañero de trabajo) Se presentó, yo
también y resolví sus asuntos creo que más que eficientemente. Desde ese día
siempre que venía ella. La persona encargada de atenderla era yo.
Como ya sabía mi nombre y teníamos una pequeña relación,
cuando tomábamos café me llamaban y a mi no me quedaba más remedio que acercarme
y juntarme con ellas. Poco a poco me hicieron hueco, casi me adoptaron pues yo
seguí igual de callado y tímido que siempre. Pero poco a poco se fueron
enterando de mi vida, que estoy soltero, que no tengo novia, que vivo con mis
padres y que salgo poco porque los domingos me gusta practicar deporte,
cualquier deporte, desde fútbol sala, hasta bici, montañismo, tenis, etc. como
digo cualquier deporte y eso es incompatible con estar de bares hasta las tantas
de la madrugada.
Lo mismo que ellas se enteraron de mi vida, yo también supe
de las de ellas, además eran absolutamente libres cuando hablaban, como si yo
fuese otra compañera más. Evidentemente las bromas y dobles sentidos estaban al
la orden del día y ellas cuanto más me acobardaba yo más me tomaban el pelo y me
pinchaban.
Supongo que yo medio me enfadaba, pero cuando notaban que se
habían pasado un poco y yo estaba mosqueado, lo dejaban y cambiando de tercio
pasaban a poner verdes a sus compañeros, a sus maridos, a hablar de ropa o de lo
que fuese.
Un viernes de mañana, Mila estaba especialmente irritable,
sus amigas preguntaron que le pasaba y contestó que su marido se escapaba con
sus amigotes todo el fin de semana de caza, que sus dos hijos se marchaban
fuera, así que aparte de estar sola, encima se tenía que comer las "ganas". Sus
amigas estuvieron tomándole el pelo y diciéndole (sin cortarse para nada por mi
presencia) que ya era hora de que le pusiese unos buenos cuernos al idiota de su
marido, que se los merecía por bobo. Además aseguraban que ellos seguro que
algún que otro "conejo" también pensarían cazar. Mila seguía arisca y solo les
dijo que la dejasen en paz.
Esa mañana muy a última hora vino al banco a entregar unos
papeles y como siempre vino a mi mesa. Noté que no tenía prisa, porque no paraba
de hablar y de darme conversación. Y al final como de pasada me preguntó si
tenía algún plan para esa noche. Yo estaba rojo como un tomate, pero como
insistió le tuve que confesar que nada especial, que quedaría con mi cuadrilla
para tomar unas cervezas por la parte vieja.
Entonces mirándome muy seria a los ojos, me preguntó si me
gustaría salir a cenar con ella, y luego que la llevase de copas, pues hacía
tantísimo que no salía de marcha que estaba totalmente fuera del ambiente, y no
sabía donde moverse, además una cuarentona, casada y sola como que desafinaba.
Yo no sabía donde meterme, no sabía como escaparme, y viendo que no decía nada
me aseguró que era un gran favor, y no me preocupase que ella me invitaba a
cenar. No me dejo opción y me sacó el compromiso de pasar a buscarla a las nueve
de la tarde por una plaza, en un café la gente aprovecha para quedar. Yo no
sabía que pensar, por un lado pensaba que me estaba tirando los tejos y buscaba
sexo conmigo y por otro lado pensaba que me usaba de coartada y opción de salir
a ver que podía encontrar por ahí y cuando viese un tío de su gusto, gracias y
hasta el lunes.
Me vestí como suele hacer los fines de semana, totalmente de
sport, por desgracia he de llevar traje toda la semana y agradezco poder ponerme
unos vaqueros y una camiseta. A la hora acordada estaba esperando, me gusta ser
muy puntual y de hecho me desagrada la gente que no lo es.
Mila llegó pasados 5 minutos y venía magnifica. Peinada de
peluquería y vestida muy elegante con un vestido negro con un escote de vértigo
y espalda descubierta, y mucha carne a la vista. Me quede mudo y no me quedó más
remedio que disculparme por mi vestimenta pues no estaba a la altura, me
justifique diciendo que pensaba que cenaríamos en algún bar una ensalada y unos
bocatas y no pensaba que íbamos a ir a un sitio elegante.
Mila se rió diciendo que había reservado en un buen
restaurante al que había ido un par de veces con sus jefes y que ciertamente era
elegante. Pero no se amilanó sólo dijo que así parecía mi madre y no una novia.
Yo callaba y solo la miraba (más bien admiraba lo guapa que estaba). Andando
fuimos hasta el restaurante, fueron 20 minutos de caminata en los que no dejo de
hablar, mientras que yo asentía o callaba y aprovechaba cada vez que se
adelantaba un poco para mirar el rotundo culo que tiene.
A trabajar suele ir vestida muy discreta y no hubiera jurado
que estaba tan buena, alguna vez había fantaseado en follarmela a ella o a
cualquiera de sus amigas pero nunca pensé que estuviera tan maciza.
Ya en el restaurante, cuando nos llevaban a la mesa bromeó
diciendo que no había manera de que me vistiese bien, diciendo al camarero que
esta juventud ya se sabe. Lo que daba a entender es que era mi madre, a lo sumo
un pariente y que estabamos celebrando algún cumpleaños.
En la cena todo fue normal, bebimos vino pero sin pasarnos,
estuvimos comedidos aunque yo no podía dejar de mirar su escote, algo de lo que
ella se dio cuenta, aunque entonces nada dijo.
Después del café y de tomar un chupito de hierbas para
rebajar la cena me preguntó que se podía hacer ahora. Yo fui sincero y le dije
que por los ambientes donde yo me movía, generalmente en la parte vieja, como
iba vestida no cuadraba mucho, aparte de que podían estropearle el vestido y
todo. Algunas veces nos movemos en otra zona de Pubs, de gente más mayor, un
poco más tranquilos y le dije que esa era la mejor opción. Estuvo de acuerdo y
estuvimos deambulando por la zona, en algunos bares podíamos sentarnos, en otros
nos quedábamos en la calle charlando. Después de tres cubatas los dos estábamos
bastante más desinhibidos, y la conversación acabo por los derroteros del sexo.
Mila me preguntó si no había tenido novia, confesé que solo por unos meses
cuando estaba en el instituto, y entonces me preguntó que como me las arreglaba.
¿Pregunté que como me las arreglaba para qué? Ella se rió y me dijo que para el
sexo, yo estaba bastante suelto ya y haciendo un gesto más que elocuente y sin
hablar le di a entender que la masturbación era mi único medio de desahogarme.
Ella se rió y me dijo que últimamente a ella le pasaba lo mismo y que estaba
volviendo a los tiempos de juventud, en los que sus dedos eran los que le
proporcionaban placer. Pero acercándose a mi oído y riéndose me confesó que
tenía un amigo insaciable. Ante mi cara de asombró me dijo también al oído
(estabamos en un pub con muchísima gente y ruido) que nunca se cansaba de darle
placer, y lo único que tenía que hacer era cambiarle las pilas a menudo.
Entonces nos reímos los dos. Supongo que el alcohol, también
influyó, pero lo que sé es que debido a la gente que nos apretujaba, al ruido
que no nos dejaba entendernos, hube de acercarme mucho a ella y entonces
ocurrió, me miró a los ojos, luego los cerró y acercando su boca a la mía me
besó. Fue un beso fugaz, y cuando abrió los ojos y vio mi cara de susto se río.
Yo a su oído pregunté por que se reía y me dijo que había puesto cara de pánico.
Supongo que me solté del todo y entonces la agarre de la cintura y la acerqué a
mi y entonces fui yo quien la bese. Este beso no fue para nada breve, Mila abrió
la boca y con su lengua buscó la mía, nos estuvimos comiendo los morros un buen
rato. Y cuando parábamos, mirándonos a los ojos enseguida nos estabamos besando
de nuevo. Con la gente apretándonos hubiera sido imposible no agarrarla de ese
maravilloso culo y a la vez que la besaba me entretuve en amasarla por encima
del vestido y conseguí que maullase como una gatita.
Pero hubo que volver a la realidad, Mila sin dudar me agarró
de la mano y salimos juntos del pub, en la calle me preguntó, o más bien me
suplicó que si quería acompañarla a casa. No respondí con palabras y allí en
medio de la calle, rodeados de gente que entraba y salía del pub la di otro beso
de los que no se olvidan. Yo tenía el coche aparcado un poco lejos, y ella había
venido en taxi, pero la suerte que a veces se pone a favor de los amantes hizo
que pasase un taxi libre, y eso en un sábado y a las dos pasadas de la mañana es
verdadera suerte. En el taxi no dejamos de besarnos aunque no con gula, solo
como dos novios más. En el portal de su casa antes de entrar al ascensor si que
nos dimos otro buen repaso, con Mila apoyada su espalda en la pared junto a los
buzones, mientras nos besábamos e iniciábamos un pequeño baile de cadera con
cadera. Yo cada vez estaba mas caliente y supongo que Mila también. En el
ascensor en el corto tiempo que hay para subir tres pisos, nos devoramos sin
tregua y con pena nos separamos para salir al pasillo. Entonces fue cerrar la
puerta y ya no me dejó respirar, me empujó contra ella y me comió la boca, yo
reconozco que no tenía ninguna experiencia, pues aunque no era virgen mis pocas
veces habían sido con profesionales, y nada que ver. No se como lo hicimos pero
al poco Mila, ya no tenía el vestido, estaba con un sujetador precioso y unas
minúsculas bragas negras que la hacían preciosa. Y yo seguía con mi camiseta
pero con los vaqueros por los tobillos. Supongo que en un momento de pausa, nos
vimos allí en la entrada, a medio vestir, a oscuras y nos reímos. Mila me cogió
de la mano me llevó a su dormitorio. Delante de la cama matrimonial me quite lo
poco que quedaba, y me quedé tan solo con el slip, y una terrible erección. Mila
seguía con medias y sostén y la pequeña braga, y cuando hizo mención de
quitárselas, con un gestó le di a entender que no lo hiciese, y hablando por
primera vez desde que habíamos salido del taxi le dije que así estaba preciosa,
y muy sexy. Mila se volvió y dando unos cuantos pasos se contoneó delante de mí,
hasta que acercándose hasta donde yo estaba, volvió a besarme y sin ningún
disimulo metió la mano buscando mi aparato. Sin dejar de besarnos conseguí
acomodarla en la cama, y medio encima de ella me las arregle, para poco a poco
bajando con mi cara desde su pecho, ir besándole el vientre. Acabé con mi cara
entre sus piernas; primero por encima de la braga, mi lengua buscó su coño, y
luego apartando con mis dedos la braga a un lado, mi lengua exploró todo su
coño, mientras ella no paraba de gemir y de mover las caderas de un lado a otro.
Cuando encontré su botoncito casi se muere, pegó un grito ronco y comenzó a
agitarse, enseguida se corrió y se quedó toda tirada en la cama como
desmadejada. Fue cuando yo incorporándome un poco y poniéndome a su altura la
abracé dándole calor. Ella se dejaba hacer, y abrazada a mi lloraba. ¿Pregunté
si se arrepentía de estar allí conmigo? Y solo me respondió que hacía mucho
tiempo que no había tenido un orgasmo tan intenso, y me reconoció que no se
había creído capaz de lo que estaba haciendo. Yo seguía empalmado y mucho y mi
rabo, pese al slip pegaba en su pierna, Mila notándolo sonreía y besándome me
dijo que me iba a devolver todo lo que le había hecho disfrutar a ella.
Arrodillándose me ayudó a quitarme el slip, a la vez que me lo quitaba no dejaba
de sobarme. Cuando me tuvo totalmente desnudo me hizo poner boca arriba y desde
un lado se entretuvo besando, lamiendo, comiéndome la polla. Para mi era algo
nuevo, nunca me lo habían hecho y me encantó. No se si era una experta, (no creo
que lo fuese entonces, aunque ahora que ya lo es).
Me pasó la lengua por los huevos, los acarició, los estrujo,
me los mordió, me los apretó, me los chupó, y lo mismo hizo con el tallo,
después de toda la calentura acumulada le dije en alto que parase que me iba a
correr, al oírlo más se aplicó y tragándose todo lo que pudo de mi polla,
mientras una de sus manos me agarraba de los huevos, con un dedo libre llegó
hasta mi culo, fue sentirlo en la entrada de mi ojete y empezar a escupir leche.
Yo me la había meneado esa mañana, aún así solté una cantidad increíble de
leche. Se la tragó casi toda haciendo ostensibles gestos, un poco quedo en sus
labios y otra poca cayo en sus tetas. Yo me quedo totalmente inerte encima de la
cama, supongo que sería cómico verme en pelotas, con los brazos y piernas
extendidas, con el pito apuntando al techo y los ojos en blanco como desmayado.
A Mila no le dio por reír, se acurrucó encima de mi pecho y me besó. Desde que
habíamos entrado en su casa no habría pasado ni media hora y ya estabamos
derrotados. Me hizo incorporarme un poco y abriendo la ropa de la cama nos
metimos dentro. Con precaución le pregunté si no tenía miedo de que se
presentase alguien de su familia. Me respondió que sus hijos no lo creía y su
marido para nada, que ahora estaría borracho con sus amigotes después de una
cena terrible y haberse ido de putas. Le pregunté si no le importaba y me dijo
que suponía que esa era la forma de creerse más macho, pues una puta le diría
siempre que bueno a todo, y él feliz. Yo sonreí y dije que su falta la iba a
suplir yo con muchas ganas.
Esa noche no pasó nada más pues nos quedamos los dos
dormidos, supongo que el alcohol, y el cansancio y el haber soltado todo la
adrenalina acumulada lo hizo así. Bien pronto en la mañana, serían las ocho,
sonó el teléfono, yo me pegué un susto de muerte, Mila se despertó de golpe y
contestó. Era su marido que iban a salir de cacería y quería saber que tal le
había ido la noche anterior. Mila le había contado que había quedado a cenar con
una antigua compañera de estudios, mientras se quejaba de que la había
despertado, le fue contando que habían cenado, que se tomó tres cubatas y que
volvió a casa un poco contenta, yo oía a su marido reírse y decirle que no sabía
beber, Mila le fue diciendo que en la zona de bares había ligado mucho y que
sino fuera por el respeto que le tenía, esa noche la hubiese disfrutado de otra
forma. Su marido a todo reír le decía que estaba muy vieja y que no se hiciese
ilusiones. Seguían hablando y aprovechando que ella estaba desnuda me metí entre
las sábanas y con mi poca barba empecé a rozar sus muslos, Mila seguí hablando
pero me miraba con los ojos como platos, no lo dude y mi lengua salió al
encuentro de su coño, ella intentaba cerrarme, pero conseguí abrir sus labios y
alcanzar su clitoris, puso cara de furia, de placer, de enfado, de vicio, todas
a un tiempo y entonces dejó de hacer fuerza y se relajó, intentando no dejar
escapar ningún sonido extraño. La notaba moverse inquieta, y la humedad que
sentía con mi lengua me demostraba que le estaba gustando. Cuando ya no
aguantaba más le dijo a su marido que como así que tenía ganas de charlar,
porque ella tenía muchas cosas que hacer, y lo colgó. Entonces sin moverse y
dejándome hacer me dijo que era perverso pero que siguiese con lo que estaba
haciendo, Se dejo caer de espaldas en la cama, abriéndose de piernas todo lo que
pudo y se corrió, chillando, moviendo el culo y diciéndome cosas que no
entendía. Cuando se recuperó un poco, me incorporé y quedé con mis piernas entre
sus piernas y mi rabo a la entrada de su coño. Le miré a los ojos pidiendo
permiso, no habló, se abrió lo que pudo, me fue guiando con su mano y me abrazó
haciendo que todo mi sexo entrase en el suyo. Lo que sentí no se parecía nada a
lo que antes hubiera sentido, Mila con su coño, me estrujaba la polla, me estaba
ordeñando. Sentía su calor, y yo con mis movimientos unas veces rápido, otras
más despacio sentía como si toda mi vida estuviese en la punta de mi polla, Mila
se agitaba gozando nuestra primera vez, y cada vez que yo empujaba salía mi
encuentro, adelantando sus caderas, no se cuando se corrió ella, sólo se que se
me nubló la vista y empecé a vaciarme dentro de su coño, serían unos pocos
segundos pero a mi me pareció toda una eternidad.
Solté toda la leche que tenía dentro, y me deje caer encima
de Mila, para entonces ella también se había corrido, no se cuando lo hizo si
fue antes, o después de hacerlo yo. Lo que se es que los dos estabamos
enganchados, desnudos, sudados y FELICES después de disfrutar uno de los polvos
más gloriosos de mi vida.
Poco a poco fuimos volviendo en si, yo seguía dentro de ella,
aunque mi polla se había encogido, parecía querer dar muestras de reaccionar de
nuevo, por eso al sentirlo Mila movió sus caderas, me apretó del culo y entonces
lo consiguió, puso otra vez "tieso" mi pajarito. Ahora fue ella quien marcó el
ritmo de mis embestidas, pasó sus piernas por detrás de las mías y consiguió que
entrase dentro, pero que muy dentro. Nos besábamos como podíamos, mientras yo
estaba apoyado con mis dos brazos en la cama flexionando para entrar dentro de
Mila, ella me buscaba llevando su pelvis a mi encuentro. Y pese a que acababa de
correrme, enseguida estaba otra vez a tope, ahora duramos un buen rato, Mila se
mordía los labios para no ser oída por los vecinos y yo no le daba tregua
empalándola cada vez más fuerte. Y se corrió, sentí como si se quisiese escapar
de debajo mío, y lo que consiguió es que al tensar y apretar los músculos con el
esfuerzo de su vagina apretaba mi rabo y entonces di un aullido y yo también me
corrí. Como pude me salí de encima, quedando a su lado vencido, Mila estaba
igual, pero acertó a agarrar la ropa de cama y taparnos de nuevo. Nos quedamos
dormidos otra vez, sé que desperté cerca de la una, y lo hice porque Mila me
zarandeó, Estabamos los dos que dábamos pena, sudor, flujos de los dos, y la
habitación olía a sexo en estado puro. Nos levantamos y evidentemente la ducha
era lo primero que teníamos que hacer, me preguntó si quería ducharme yo primero
o prefería que lo hiciese ella, mi respuesta podéis imaginarla, dije que
fuésemos juntos. Mila ya había roto la vergüenza, y no lo dudó, en la ducha nos
enjabonamos, le metí mano hasta cansarme, y por fin pude disfrutar de sus tetas,
la estuve acariciando, mordiendo sus pezones, y poniéndola caliente de nuevo, mi
rabo –bendita juventud dice Mila- estaba otra vez en firmes, pese a que intente
colocarla en su coñito, me huía, y salimos de la ducha. En el cuarto de baño no
teníamos sitio para estar los dos moviéndonos y secándonos, así que volvimos
otra vez al dormitorio, yo solté mi toalla y me dediqué a secarla a ella, y por
supuesto a meterla mano, y reaccionó, pues sus pezones se erizaron y me puse a
besarla, y cedió. De pie como estábamos metí mis piernas entre las suyas y la
hice sentir mi rabo duro a mas no poder, la fui acercando a la cama y la deje
caer, mis manos en sus tetas y con mis rodillas abrí sus piernas, y volví a
poner mi glande en sus labios, suspiró y entonces me deje caer, pegó un pequeño
grito y fue cuando yo empecé a empujar entrando y saliendo. Poco a poco se
dejaba hacer y a moverse buscándome otra vez. Mila se corrió otra vez y después
lo hice yo soltando un poco de leche, (ya no me quedaba más). Evidentemente
mientras yo me quedaba todo tirado en la cama, ella volvió a la ducha saliendo
en unos pocos minutos y me dijo que me duchase yo. Estuve un buen rato debajo
del agua recuperándome. Cuando salí me di cuenta que en mi casa no sabían nada
de mi, busque mi móvil y tenía tres llamadas perdidas de mi casa. Llame a mi
madre y me echó una bronca monumental, conté la mentira piadosa de que había
coincidido con unos antiguos compañeros de estudios y me había ido con ellos a
una casa que tienen en el campo, y que igual me quedaba con ellos hasta el
domingo. Que no había podido llamar antes porque no hay cobertura y hasta que no
bajé la pueblo no pude llamarles. Como siempre he sido bastante formal se
tragaron la mentira y quedaron tranquilos. Mientras hablaba por el móvil, Mila
se había acercado y me estaba sobando el culo, y acariciándome el paquete por
encima del pantalón y mordiéndome en la oreja. Me puso como loco y por eso
cuando corté nos dimos un morreo largo e intenso. No era momento de ponernos a
follar de nuevo, así que con bastante pereza por los dos nos separamos. Le
pregunté si tenía que marcharme o bien podíamos salir a comer por ahí que ahora
me tocaba invitar a mi. Mila pienso que con buen criterio dijo que era un
riesgo, primero porque podían llamar sus hijos o su marido y además que la
vieran conmigo de nuevo podía ser sospechoso. Debí poner una gran cara de pena,
y entonces dijo que lo que podíamos hacer era comer en casa, total el riesgo ya
estaba tomado. Así que entre los dos nos pusimos a preparar algo para comer, una
ensalada, y luego unos filetes en la sartén. Comimos tranquilos y charlando,
supongo que los dos estábamos cómodos, y en ningún momento peso el hecho de que
acabásemos de hacer el mejor sexo del mundo. De postre, fruta. Y bromeamos un
montón cuando cogí un plátano y empecé a vacilarle con él en la mano. Mila se
reía en buena disposición y me dijo que me preparase porque en la siesta me iba
a enterar de lo que es capaz una mujer necesitada de un plátano pero de carne de
verdad. Preparó un café, mientras yo recogí los platos. Cuando acabe, ella
estaba de pie dándome la
ancho. Yo me acerque por detrás y la abracé, a la vez mis
labios recorrieron su nuca, sentí como se estremecía y se dejó hacer. Mis manos
acabaron dentro del pantalón llegando hasta su coñito que se empezaba a mojar,
también sobe sus tetas, que libres debajo de la camiseta marcaban los pezones.
Sus tetas están algo caídas pero no es ningún problema, y sacándolas de la
camiseta mordí y chupe sus pezones como un niño pequeño. Aquellos de estaba
poniendo demasiado caliente, por eso cuando sintió que el café ya estaba
preparado, me hizo separarme y sentarme a la mesa, diciendo que ya tendríamos
tiempo para todo. Yo tome un cortado y volví a bromear con la típica broma
masculina de que si ella lo quería con leche, que la leche la ponía yo. Ese tipo
de bromas que a las mujeres no les gusta en absoluto, Mila me dejó hacer y me
dijo que cuando acabase conmigo no me iba a quedar ni una gota. Se levantó para
meter los últimos cacharros al lavavajillas y de nuevo me levanté para ponerme a
su espalda y meterle mano. Yo creo que Mila estaba halagada porque un jovenzuelo
de buen ver (modestia aparte) estuviese tan cachondo por ella. Se dio la vuelta
y allí apoyados en la encimera de la cocina nos besamos, y nos besamos, y nos
comimos, y nos metimos mano. Al rato su camiseta estaba otra vez levantada, sus
tetas fuera y el pantalón casi caído. Evidentemente mis vaqueros marcaban con
claridad que mi polla estaba en forma, lo que ella propiciaba sobándome por
encima del pantalón. Una vez que paramos a descansar entre morreo y morreo, me
dijo al oído que fuésemos a la cama, la cama seguía sin hacer con todas las
sábanas revueltas, ella se recostó y me indicó que me tumbase a su lado, antes
de hacerlo me quite las playeras y el vaquero, y le dije que lo sentía pero que
me dolía de lo dura que la tenía. Mila no hablaba pero su cara de vicio lo decía
todo. En la cama estuvimos un rato largo besándonos y metiéndonos mano. Ella no
dejaba de sobarme la polla por encima del slip, y de vez en cuando metiendo su
mano comenzaba a meneármela, yo lo rehuía porque no quería correrme así, y
contraatacaba metiendo hasta tres dedos en su chocho, que ya estaba totalmente
encharcado. Al rato ya estábamos los dos desnudos, y cuando vio y sintió lo
empalmado que estaba me besó, me puso de espalda y fue ella la que poniéndose
encima mío, fue dejándose caer poquito a poco y se clavó en mi polla. Para mi
era algo nuevo y me encantó. Así era Mila la que llevaba el ritmo de la follada,
yo tan solo la tenía agarrada del culo, o de las caderas y cada vez que podía la
magreaba las tetas. Me estuvo cabalgando un montón de tiempo y cuando veía que
me acercaba a la corrida, se frenaba un poco, descansando para volver otra vez,
y con más ímpetu. Llegó un momento que no se pudo contener y se corrió chillando
y estrangulándome la polla con su coño. Yo al ver su cara de placer, sus tetas
agitándose arriba y abajo, tampoco me pude contener y solté toda la leche dentro
de su coño. Cuando se serenó un poco, sin dejar de estar encima mío, se dejo
caer a mi pecho y con mimo me estuvo besando.
Yo estaba agotado, y supongo que me dormí. Supongo que solo
fueron unos minutos pero me quede frito, desnudo encima de la cama y dormido.
Cuando desperté, estaba tapado con las sábanas y Mila no estaba en la cama. Me
levanté busque y me puse el slip y fui a buscarla, Había acabado de recoger la
cocina y estaba en el salón en el sofá sentada y seria. Me di la vuelta y me
puse la camiseta, pero no los vaqueros; y me senté a su lado. Entonces le
pregunté que estaba pasando por su cabeza, me miró seria y me dijo que estaba
pensando en las consecuencias de lo que habíamos hecho y las repercusiones que
pudiera tener. Estuvimos un buen rato callados los dos, y fui yo quien rompió le
silencio, diciendo que por supuesto contase con mi absoluta reserva, que no se
lo iba a contar a nadie, y que por supuesto comprendería si nunca más volvía
ocurrir. Ella empezó a llorar, diciéndome que con que cara iba a mirar a su
marido, y esas cosas. Yo la miré y dije que por lo que le había entendido su
marido se suponía que estaba cazando y posiblemente se hubiese ido de "putas" y
que no pasaba nada, que volvía a casa y todo seguía normal, que ella podía hacer
lo mismo. Sin mirarme me dijo que no era lo mismo, que ella realmente lo había
disfrutado, gozando lo que nunca antes, y que tenía miedo de llegar a enamorarse
de mi. Yo serio le dije, que era un halago que una mujer como ella se enamorase
de un joven como yo, pero que no tenía sentido, porque no teníamos nada en
común, y que en todo caso sería yo el que sería capaz de enamorarme, pues en ese
terreno también estaba virgen. Poco a poco se le fue cambiando la cara, serían
casi las siete de la tarde y pregunté que podíamos hacer. Mila me dijo que ella
tenía que ir al Supermercado a hacer la compra semanal, entonces dije de
vestirnos, ir a por mi coche y que yo la llevaba al Super y comprábamos. Me dijo
que era muy arriesgado, pero le dije que cada uno cogía un carro y hacíamos como
que íbamos separados, y si alguien conocido nos veía siempre podíamos decir que
nos habíamos encontrado allí y estabamos charlando. Así lo hicimos y juntos
estuvimos deambulando por el Super, yo para disimular echaba algo al carro, y
cuando ella saludaba a alguien conocido me rezagaba y cuando estábamos en una
zona en que nadie nos veía aprovechaba para besarle y tocarle el culo. Salí yo
primero y esperé a que llegase al coche. Cuando montó y dije de llevarle a casa,
me dijo que primero iba a llamar a sus hijos al móvil no fuesen a volverse a
casa. Primero habló con la hija y dijo que selo estaba pasando muy bien y que
volvería el domingo después de comer, con su hijo costó más hablar, y también
dijo que volvía el domingo por la tarde. Mila seguía convencida de que su marido
no iba a volver, y no le llamó. Volvimos a su casa, la deje lejos de su portal y
ella me dijo que dejaba la puerta del portal entornada y la del piso también,
para que no tuviese que llamar, que si por cualquier motivo estaba cerrada es
que su marido había vuelto. Aparqué, que me costó un ratito y volví a su casa,
las puertas estaban entornadas, así que todo correcto. Cuando entré al piso Mila
estaba en la cocina preparando algo de cena, porque habíamos comido poco y mal.
Cuando eran casi las diez, dijo que iba a llamar a su marido. Cuando le cogió el
teléfono le preguntó que tal la caza, parece ser que estaban en un bar, cenando
o viendo el futbol, y que se iban a dormir pronto porque al día siguiente
madrugaban para volver de caza . Ella y yo acabamos de preparar la cena y luego
nos sentamos juntos en el sofá del salón. Supongo que estábamos bastante
aplacados los dos. En la tele solo había "basura" así que le dije que podíamos
irnos a la cama. Mila suspirando dijo que bueno, al ver como estaba la cama. Me
dijo que primero habría que hacerla. Entre los dos en un momento la teníamos
otra vez bien hecha, mientras ella acababa de recoger fui al baño, me lave los
dientes como pude, me afeite con la maquinilla eléctrica de su marido,
intentando no dejar evidencia, pero como tengo poco barba no se notó y volví a
la habitación. Me desnude del todo mientras ella entraba al baño y desnudo
esperé entre las sábanas. Cuando salió del baño, después de un buen rato, se
había peinado, y no se que más haría, salió con tan solo el sostén y unas bragas
discretas de algodón. Vino a la cama y se acurrucó a mi lado, al notar que
estaba desnudo me miró y me preguntó que como así. Le dije que si no podía
disfrutar de su cuerpo durante un tiempo, quería dejarla tan contenta como lo
estaba yo, y que así estaría seguro que algún día se iba a repetir. Se calló,
pero al besarme me confirmaba que ella también lo estaba deseando. Por no
repetirme diré que esa noche hicimos el amor, porque fue amor, no sexo en dos
ocasiones. Fue algo pausado, tranquilo, en las que Mila disfruto de dos orgasmos
intensos pero no explosivos, fueron muy largos. Yo también me corrí dos veces. Y
luego nos quedamos dormidos. Por la mañana, después de despertar sobre las diez
de la mañana, y de unos cuantos arrumacos y magreos volví a penetrarla y los dos
gozamos de nuevo. Nos duchamos juntos y aunque nos besamos ya no hubo sexo,
después del desayuno y con mucha tristeza de los dos me marché. Al irme Mila me
confesó que había follado ese fin de semana más que en todo el año con su marido
y lo que había gozado ya ni que decir. Se despidió con un gran beso y me rogó
que fuese discreto porque no quería romper su matrimonio.
El lunes en el café las cosas estaban como siempre, Mila un
poco retraída, yo también pero como esa era mi actitud normal a nadie le
extrañó. Sus amigas preguntaron por su fin de semana y les contó la misma
mentira que a su marido, que el viernes cenó con una amiga, que tomo unos
cubatas y se quedó con las ganas de haber ligado por ahí, y que el sábado y
domingo solo salió a hacer la compra. Sus amigas como siempre la animaron a
ponerle los cuernos a su marido. Cuando a última hora de la mañana vino al banco
le pregunté que como había sido la vuelta de su marido, y me dijo que como
siempre, que había vuelto tan cansado que casi sin cenar se había ido a dormir y
de sexo por supuesto nada.
Nosotros seguimos como siempre, en el café lo justo y luego
en el banco era cuando me hablaba con franqueza, y me aseguró que deseaba poder
repetir lo de aquel fin de semana, opero que no sabía cuando iba a tener una
oportunidad. Yo por lo bajito también le decía que la deseaba y que ya estaba
harto de hacerme pajas. Pasaron casi cinco meses hasta que pudimos tener otro
encuentro, fue un sábado que sus hijos estaban fuera y su marido de caza otra
vez, (desde entonces ya no hablo mal de los cazadores) me escapé a su casa y fue
una noche muy larga en la que no dormimos casi nada y follamos hasta el
agotamiento. Desde aquel día nos dimos cuenta que los dos necesitábamos ese
desahogo, y fuimos planeando la forma de poder estar juntos todas las semanas
aunque fuesen un par de horas. Mila empezó a frecuentar más a sus antiguas
compañeras de estudios, a salir de compras, etc. Yo solía recogerla en el coche
y nos íbamos a las zonas a las que van las parejas, follabamos, o practicábamos
sexo oral en el coche, y aunque no es muy cómodo era lo único que podíamos
hacer. Un par de veces que no hubo nadie en mi casa me acompañó y las horas que
estuvimos juntos fueron especiales. Las compañeras de café se huelen algo y
están con la mosca detrás de la oreja, pero ni por asomo se imaginan que soy yo
el que se esta follando a su amiga. Mila me insiste en que me eche novia y que
lo entenderá, que aún así podemos tener algún revolcón de vez en cuando. Y lo
que tramó fue que me acostase con alguna de sus compañeras del café, para poder
contar con su complicidad y poder escaparnos algún fin de semana por ahí, según
ella prefiere tener que compartirme a no poder hacer nada.
No se como lo hizo, pero metió el gusanillo en Arantxa, la
mayor de todas y que Mila sabe que está totalmente desatendida por su marido. Un
jueves que sabía que estaba sola en casa, pues sus hijos se han independizado
ya, y su marido estaba de viaje, insistió en que pasase por su casa, también
vendría Mila para poner algo en su ordenador, supongo que sus hijos también
controlan pero parece ser que a Arantxa le daba un poco de vergüenza que vieran
que entraba en paginas porno. Fuimos los tres y al poco sonó el móvil de Mila
diciendo que tiene que irse pues le espera su marido y se había olvidado.
Quedamos solos Arantxa y yo, y al principio con la excusa del ordenador, y luego
sin excusas la abordé. Mi sorpresa fue en que no puso ni una mínima pega,
reconoció que lo estaba deseando desde hace demasiado tiempo y que nunca pensó
que pudiera llegar a pasar.
Esa tarde follé con Arantxa, hasta dejarla saciada para una
temporada. A esta le encanta chupar, y me dejó seco. Volvía mi casa casi a las
doce y completamente seco.
Al día siguiente en el café, Mila con sorna preguntaba si me
lo había puesto todo en su sitio, Arantxa se ponía como un tomate y yo me
desentendí, y me fui enseguida. Luego cuando vino al banco Mila me dijo que
Arantxa les había contado que se había acostado conmigo y que era una fiera en
la cama, que había conseguido hacerla correr tres veces, y que las otras dos ya
estaban planeando seducirme.
Pasaron los días y las cuatro me tiraban los tejos, poco a
poco me dejaba seducir y en menos de un mes me follé también a Marimar y a
Maite. Y por supuesto a Mila que estaba deseando hacerlo conmigo y poder
decirlo. Una vez que las cuatro sabían que me acostaba con las otras tres
iniciaron una carrera por ser las únicas. Por eso una tarde quedé con las cuatro
y les puse las cosas claras, no podía hacerlo con una en exclusiva, pues ninguna
de ellas quería dejar al marido y tampoco tenían la oportunidad de escaparse más
que de vez en cuando.
Además aseguré que disfrutaba con las cuatro y si se ayudaban
entre ellas era más fácil disponer de la oportunidad, pues cuando una de ellas
estuviese sola en casa, podíamos coincidir con otra de ellas y yo, y como son
amigas a los maridos no les extrañaría que una amiga fuese a la casa de la otra.
Esto es más fácil programarlo que hacerlo, y la ventaja es que el marido de
Arantxa viaja a menudo, y entonces parece que han decidido juntarse todas las
semanas en su casa por lo menos un par de días, Arantxa le dice a su marido que
así no está tan sola y las otras a los suyos les dicen que es por acompañarla. Y
como se conocen entre ellos encima contentos.
Yo intento estar siempre que puedo, de hecho Arantxa me ha
dado una llave del portal, para evitar problemas con los vecinos, aunque gracias
a Dios vive en un bloque en el que hay muchos vecinos y suelo pasar
desapercibido. Al principio el problema era con cual de ellas me acostaba, todas
andaban necesitadas de rabo y se las hacía duro verme irme a la habitación con
otra. Poco apoco lo normal ocurrió y casi todas las semanas follaba con alguna
de ellas, e incluso algún día con dos. Todo ocurrió una tarde que estabamos
solos Arantxa, Mila y yo. Fui a la habitación con Arantxa, y después de un rato
de estar dándole noté que Mila entraba al cuarto. A mi me dio morbo, pero no
tenía claro como podía reaccionar Arantxa, así que no la dije nada. Yo estaba
follándome a Arantxa que a cuatro patas recibía mi polla en su coño por detrás,
mientras la estrujaba las tetorras que tiene, grandes, colgantes y con unos
pezones oscuros enormes, que al mínimo contacto se ponen tiesos. Mila en bragas
se metía el dedo en el coño pajeándose. Cuando Arantxa se corrió, pegando
chillidos, pues me encargue de darle caña a tope, se quedó toda espatarrada en
la cama, y yo que seguía empalmado, con la mano, le hice una seña para que se
acercase. Se recostó en la cama lo más separada que pudo de Arantxa, que casi ni
se enteró, se abrió de piernas y me puse a follarla como un loco. Cuando Arantxa
notó lo que hacíamos no dijo nada, pero no separaba la vista de nosotros, y al
poco se estaba masturbando con tres dedos saliendo y entrando en su coño.
Arantxa es la más tranquila de las cuatro, es de un solo polvo, largo, y cuando
se corre ya no quiere mas, generalmente deja que yo me vacíe en su coño, o lo
que mas le gusta, que es chupármela hasta que me corro en su boca. Esa tarde la
novedad la puso histérica, y cuando Mila se corrió la quitó de debajo de mí y
ocupó su lugar. Y en un par de minutos se corrió también ella dando un
escandaloso recital de gemidos.
Yo continué hasta que la llené el coño de leche. Y me quedé
roto encima de la cama. Se había roto una barrera y ahora muchas tardes me
follaba a dos de ellas e incluso una tarde lo hice con las cuatro mientras ellas
se animaban entre si. Nunca han demostrado el más mínimo acercamiento lésbico
entre ellas, aunque a Mila alguna vez se lo he sugerido, pero me dice que ella
lo que de verdad necesita es mi rabo y eso le basta.
Estuve casi dos años sin parar de follar con cuatro hembras
ansiosas, pero todo cambió cuando me trasladaron a otra sucursal, (lo que fue un
ascenso), y también a otra población. La única ventaja fue que el banco me
proporcionó alojamiento, la política de la empresa es que has de vivir en donde
te destinan para tener contacto con la gente. Además no está tan lejos de donde
había vivido, a tan solo 20 Km. Con buena combinación de transporte (metro y
autobuses)
Ya no podía verlas todas las tardes, pero al disponer de piso
siempre se escapaban a verme, venían al menos dos, pues así disimulaban ante sus
maridos, me trían comida, me ayudaban con la casa y acabábamos todos follando
como locos.
Una de ellas, Maite se buscó otro amante, también joven y
poco a poco se fue dedicando más a él, hasta dejar de vernos. Y Marimar se
desanimó, nunca supimos porque, parece que paso por problemas en su matrimonio y
tuvo una crisis con la menopausia; y al final solo me quedaron Arantxa y Mila,
pero estas dos se bastan para dejarme sin gota de leche en las pelotas. Y raro
es el día que si no vienen a verme ellas, no me escapo yo hasta la casa de
Arantxa y acabamos follando los tres.
Esto es ficción, pero he de decir que está inspirado en
hechos que aunque parece increíble han sucedido, y es que la realidad siempre
supera a lo que imagina la mayoría de la población.