Primera vez.
Estaba agitada antes de cruzar la puerta.
Sus ojos estaban turbados y su piel erizada.
Su cabello ondulado acariciaba suavemente sus hombros
descubiertos.
Sus labios, secos por la impaciencia y los nervios, eran
mojados lenta y cuidadosamente por su lengua temblorosa.
Sus pasos retumbaban por el pasillo que parecía interminable
ante su mirada impaciente, que se escabullía hacia ambos lados buscando un lugar
donde fijar la vista.
Al fin lo encontró.
Su vista se fijó en el picaporte de la puerta que la esperaba
al final del pasillo. Esa puerta azul, oculta tras las sombras generadas por
lámpara que destellaba una tenue luz roja en ese hotel barato.
Ingresa a la habitación.
Allí estaba él parado, con una remera apretada y un pantalón
de jean gastado, el pelo corto y con gel para que quede parado en forma de
cresta. La piel color trigueño gracias al bronceado y todos los músculos
trabajados.
Ella tiene dieciocho años y es su primera vez, su primer
hombre.
Él un "taxi boy", un trabajador, experto en dar placer a
mujeres con deseos reprimidos.
Se miraron a los ojos largamente.
Ella estaba nerviosa y se revolvía el caballo con los dedos.
Él, sin embargo, esperaba la orden para iniciar su trabajo.
Finalmente, luego de un minuto de silencio, él se acercó, la
tomó por la cintura con ambas manos y murmurando en forma muy suave, pero clara,
dijo:
-Decime por donde querés que empiece, ¿o preferís que
simplemente te haga gozar a mi estilo?
-¿No me vas a preguntar primero mi nombre, o decirme el tuyo?
-Eso está bajo tu criterio, por lo general prefieren ser
totalmente anónimas –dijo él-. Vos decime cómo querés que te diga y vos decime
como querás, los nombres no importan.
-Está bien, el anonimato m seduce y m apasiona, es mejor así.
-Entonces decime, cómo lo querés.
-A decir verdad, es mi primera vez, así que no estoy segura
de querer hacer esto, entonces…
-Mirá nena –interrumpió él- tus problemas vienen aparte, yo
sólo te hago gozar, el resto viene por añadidura.
-Está bien, haceme tuya, haceme disfrutarlo. Disimulá como si
me amaras de verdad…
Él acarició suavemente sus labios para que no continuara
hablando y comenzó suavemente a sacarle la ropa, mientras acariciaba y besaba su
cuerpo.
Ya desnuda, la arrojó contra la cama y en forma muy sensual,
él se sacó la ropa.
Ella se sintió agitada y su corazón palpitaba con gran
velocidad.
Al terminar de desvestirse, se paró al pie de la cama y
comenzó a besarla en los pies e iba subiendo por los tobillos y las pantorrillas
hasta llegas a los muslos. Comenzó a acariciar su vagina con los dedos e
introdujo en ella la lengua por unos segundos, hasta que ella sintió una
excitación que recorrió todo su cuerpo.
Él siguió besándola y acariciando todo su cuerpo con sus
suaves dedos. Al llegar a sus pechos, los tomó con ambas manos y los frotó
suavemente.
Al llegar a sus labios, la besó tiernamente, y con sus manos
abrió sus piernas mientras comenzaba a penetrarla.
Ella suspiró lentamente y cerró sus ojos al tener los
primeros síntomas de placer.
Él comenzó un movimiento lento ascendente y descendente. Ella
acariciaba el cuerpo bien formado de su compañero, mientras él besaba todo su
cuerpo y comenzaba a acelerar el ritmo de sus movimientos.
Al término de algunos minutos, sus gemidos pausados pero
constantes, indicaban que habían llegado a un momento cumbre.
Ella se estremeció mientras él comenzaba a disminuir el ritmo
de sus movimientos.
Luego de esa gran excitación, ella abrió los ojos y descubrió
que su compañero se había alejado y que había empezado a vestirse.
-Gracias –dijo ella.
-No hay nada que agradecer –replicó él- vos ya pagaste.
Tras estas palabras la puerta se cerró y quedó ella, sola,
arrepintiéndose de lo que había hecho; puesto que a pesar de haberlo disfrutado
en el momento, no lo hizo con alguien a quien amaba: su primera vez se había
convertido en simple sexo, no había hecho el amor.