ARPÍA DORADA
Lo último que recordaba era un intenso
olor a cloroformo. Ahora, de repente, estaba totalmente perdida en un
intensísimo color dorado. Un ligero vaivén la adormecía, pero luchaba por
mantenerse despierta.
-Hola, Cameron- dijo una voz a sus
espaldas. Su mente se despejó. Era Kellye quien hablaba. Era la espía
canadiense. Trató de levantarse pero las piernas le fallaron.
-Tranquila, los efectos del cloroformo
se pasarán enseguida-
Cameron se desmayó otra vez por el
cloroformo. Cuando despertó, estaba maniatada a un diván dorado, Kellye la había
cambiado de ropa, llevaba un bikini dorado. Por primera vez, se fijó en el lugar
donde estaba. Era un yate dorado y rojo, de sillones de terciopelo, y
lujosísimo.
Kellye apareció desde la cubierta.
Llevaba un vestido de plumas doradas, pendientes de plumas y una cadena con una
pluma colgada del cuello. Era un traje peligrosamente temático.
-Bueno, Cameron- dijo sentándose a su
lado- Espero que no te opongas a darme cierta información sobre el proceso
REDHI-
-Hazme lo que quieras. Nunca diré nada-
-No estés tan segura. He seleccionado
una tortura muy especial y excitante para ti. Como puedes ver, vas vestida para
la ocasión- dijo admirando el bikini dorado.
El diván era muy largo, los pies y las
manos de Cameron estaban atadas en unos cepos de oro arriba y abajo. Cameron
comenzaba a mojarse. Kellye apretó un botón en un costado del diván, y un brazo
dorado extrajo un asiento de cuero que se situó al lado del diván.
-Por última vez, gatita- apretó un botón
y unos cerrojos cerraron el yate- Dime lo quiero saber de la REDHI-
-¡Jamás, perra canadiense!-
-Peor para ti-
Y sin más preámbulos, agarró un pequeño
mando de oro y pulsó un botón. El diván giró dejando los pies de Cameron justo
delante de Kellye.
Ella comenzó a rascar con sus largas
uñas el dedo gordo del pie derecho. ¡Cosquillas! Solo el nombre puso los pelos
de punta a la espía. Cameron estaba ya mojada. Se deshizo en risas mientras la
espía enemiga, con solo una uña, la dominaba enterita.
Estaba super mojada.
La torturadora sonreía con satisfacción
malévola.
Kellye conocía por experiencia los
efectos de la pluma. Continuó por los dedos, de izquierda a derecha. Acercó un
poco la cara y con un mechón de pelo, comenzó a atacar sin piedad el hueco entre
los dedos.
Cameron estaba histérica de risa, su
piel morena estaba sudorosa, su pelo largo, desparramado por el diván..Cameron
aumentó la intensidad de la risa cuando la canadiense usó la pluma en sus
mejillas, y las risas se mezclaron con violentos estornudos cuando ella atacó la
nariz. Luego, agarró, un cepillo grueso y agarro el pie para atacar salvajemente
al talón. Se dio cuenta que su víctima se había orinado,
No la tocó, pero vio enseguida lo mojada
que estaba la espía. Consultó rápidamente su reloj, en solo un cuarto de hora,
había hecho orinarse a su víctima. Todo un record.
-Por favor- siseó. –Dime algo que me
anime de la operación REDHI- dijo con ironía.
Observó a su víctima, y tuvo miedo al
ver como las cosquillas podían descomponer en quince minutos a una fuerte espía
estadounidense.
Estaba admirando el poder de las
cosquillas. El sexo hinchadísimo y mojado, la cara surcada de lágrimas, la
garganta ronca de reír descontroladamente. Los efectos eran devastadores.
Kelly era endemoniada, y se prometió no
parar hasta hacer llegar al límite a su víctima, aunque le diera la información.
El diván giró de nuevo, y puso las
axilas de Cameron a la altura de la silla.
Estaban perfectamente depiladas, lo cual
lo haría más fácil e intenso, ya que no tenían protección alguna. Con sus uñas
de gato arañó hasta dejar rojas las axilas de la víctima.
La espía estadounidense seguía orinando
sin parar, la torturadora apretó un pequeño botoncito negro y una bandeja salió
debajo del sexo de la espía, para que la orina no mojara el diván. Cameron se
deshacía en un llanto entrecortado.
Suplicaba, gritaba basta. Su cara estaba
llena de lágrimas, sus ojos, pegados por el rimel.
Pero la espía canadiense no había ni
empezado. Bajó con los dedos, haciendo la hormiguita, hasta el canalillo. Luego,
le quitó la parte de arriba del bikini a Cameron. Sus morenos pechos quedaron al
descubierto. Cameron se debatía como un animal salvaje. La arpía apretó un botón
y dos correas de metal se cerraron inmovilizando los pechos de la víctima, por
arriba y por abajo.
-Ooh… La gatita ya no está tan segura de
poder aguantar. Veamos si tiene cosquillas en el pechito. Cuchi-cuchi-cuu!!!…-
Primero, por el contorno, fue avanzando
hasta el pezón. Los pechos eran uno de los lugares donde la víctima tenía más
cosquillas. Estaba mojadísima, orinaba y se reía, lloraba a la vez.
Kelly paró un segundo. Se levantó y
cogió un par de cerezas. Una de ellas se la comió, la otra, la paso por el
cuello de su víctima, sonriendo de ver lo poderosa que era su voluntad.
Cameron cayó rendida de risa, al fin,
entre carcajadas histéricas, con la cara llena de rimel seco y corrido, cuando
su torturadora comenzó a cosquillear la ingle y el pubis.
Se lo dijo todo sobre la operación.
Luego, la espía canadiense Kelly la estuvo torturando durante cinco horas, hasta
el amanecer.