UN REGALO PARA TRES
De un tiempo a esta parte me rondaba la idea de hacer un
regalo especial a mi novio: Algo morboso… excitante a la vez y de paso que me
resultara satisfactorio a mi misma. En principio pensé en algún juguetito que le
diera mayor estímulo a nuestra vida sexual y de paso que fuera novedoso. Lo que
no imaginaba es que el azar iba a organizarlo todo casi sin darme cuenta.
La cosa empezó una tarde charlando con mi gran amiga Nuria,
sentadas en la terraza de un bar, con varias cervecitas frescas encima y con el
intercambio de cotilleos y charlas sobre nuestras respectivas canitas al aire.
Pero su historia me dejó alucinada.
Lydia, las dos coincidimos que cuando nos apetece, nos
damos un revolcón, si el momento y el tipo en cuestión lo merecen, con el
morbo añadido que tiene eso de engañar a tu pareja ¿no es cierto?
La verdad es que sí, lo de poner los cuernos como que
pone bastante…
Pues ellos también tienen derecho, mujer. Yo creo que los
celos es un mal invento, no sé a quién se le habrá ocurrido. Debemos pensar
en positivo con todo esto y ser más tolerantes.
Bueno Nuria, no es lo mismo ponerlos a que te los pongan.
Desde luego, donde esté un polvo robado que se quite todo lo demás, pero
siempre que sea yo la protagonista, no cuando soy la víctima…. Ya me
entiendes… los cuernos no me quedan muy bien…
Vaya morro que tienes, o sea que tu sí y él no.
Es que no da el mismo gustito, hija ¿Qué quieres que te
diga?
Eso creía yo. – añadió ella.
¿Cómo que creías?
Pues que el morbo de engañar y todo eso… está bien, pero
sentirse engañada lo puede ser aun más.
No te entiendo, Nuria.
Pues el hecho de saber que tu chico te engaña a ti.
Bueno, eso lo sé de sobra o mejor dicho lo intuyo… pero
no le veo la gracia o el morbo por ningún lado.
No, no me refiero exactamente a eso de intuirlo, saberlo
o sospecharlo. Está claro que a todas se nos pasa por la cabeza, pero ¿no te
has puesto a pensar lo que sería verlo con tus propios ojos? – me preguntaba
mi amiga mirándome fijamente.
Si, sí que me lo imagino. Me veo saltando sobre él,
arrancándole los ojos… y a la guarra que esté debajo, también…
Jajajaja…. Es verdad, esa puede ser la primera reacción…
¡Nuria! La primera y la única, supongo…
Pues no querida, también pensaba así, pero descubrí que
lejos de incomodarme, la cosa me proporcionaba un placer que nunca antes
había sentido.
¿Quieres decir que…? ¿Tú…?
Sí, sí, no me mires así. Puede parecerte una locura...
¿Entonces? – le pregunté incrédula.
Verás: Hace un tiempo tuve la oportunidad de demostrarme
a mí misma que mi novio era un sinvergüenza, lo sabía a todas luces, pero
mis sospechas, no eran más que eso: sospechas. Pensaba lo mismo que tú,
hasta que le pillé con mi prima Carla, ¿La recuerdas?
¿Carla?, ¿Tu primita, la pelirroja? ¿Pero no es una cría?
Bueno, tiene ya 17 años.
Menuda zorrita…
Pues esa. Me la encontré follando en el coche con Víctor
y no lo pasaban del todo mal.
Me dejas de piedra, Nuria ¿Quieres decir que ella…? ¿Con
tu Víctor…?
Sí, en ese primer momento quería morirme y que la tierra
me tragara, pero instantes después comencé a sentir algo extraño, una
especie de gusto interior que no podía controlar, no te lo puedo explicar…
pero créeme que me excité como nunca, de una manera sorprendente.
Nuria hizo un silencio y bebió un trago de su copa. Yo estaba
alucinando pero intrigadísima y con unas ganas tremendas de saber el final de la
historia.
¿Y que pasó? – le pregunté impaciente. - ¿Qué hiciste?
Nada, no hice nada.
¿Pero…?
Bueno, pues esperé escondida a que fueran desarrollándose
los acontecimientos, observándoles a cierta distancia sin problemas y al
final me acerqué lo más que pude y después ¿qué iba a hacer? Pues
masturbarme viendo aquella escena. Ese ha sido uno de los mejores orgasmos
de mi vida.
¡Pero Nuria!
Te pareceré una loca ¿verdad? Pues la cosa no quedó ahí,
he seguido espiándoles durante mucho tiempo, observándoles y calentándome
cada vez que lo he hecho.
Mi amiga me contó, a partir de ese momento lo acontecido ante
mi atónita mirada, buscando a la pareja traidora y excitándose viéndoles en
acción. Según me decía, fueron pasando los días y no conformándose con eso, fue
más allá, llegando a comentárselo a su prima Carla e implicándola en su juego de
mirona, para permitirle observar cómodamente como su propia pareja, su novio de
toda la vida, se follaba a su primita a poca distancia, vamos, delante de sus
narices. No podía comprender como se podía llegar a algo así y menos entender
esa sensación de placer de ver a tu chico en brazos de otra, de alguien tan
cercano, disfrutando al máximo… hasta llegar a una excitación fuera de lo
normal.
No dejé de darle vueltas a ese pensamiento durante el resto
del día. En el fondo ni yo misma quería reconocer lo cachonda que me puso toda
esa historia, más pensando en si me pudiera ocurrir a mí.
Esa noche, durante la cena con mi novio, la idea no cesaba de
dar vueltas en mi cabeza imaginando a Pablo con otra…
¿Por qué me miras así? – me preguntó él repentinamente
ante mi mirada ida.
No, por nada… - disimulé queriendo ocultar mis
pensamientos más trasnochados.
Charlamos, como siempre de diversas cosas, de cómo nos había
ido el día a cada uno y yo misma intentaba abandonar de mi cabeza la locura de
mi amiga y alejar esas ideas que me parecían absurdas.
¿Y tú que has hecho hoy? – me preguntó
¿Yo? – por un momento creo que me sonrojé sin saber por
qué.
Si, ¿qué has hecho de particular?
Estuve de compras… con Nuria. – Hice una pausa al
nombrarla y volví a sentir cierto calor en mis mejillas pero esa vez no era
de vergüenza precisamente, era un calor que salía de mi interior, viendo
además que Pablo se quedaba callado.
De sobra sabía que mi novio miraba a Nuria con ojos
golositos, cada vez que habíamos ido juntas las dos parejas o cuando en alguna
ocasión había tenido la oportunidad de verla en casa, de compras, en la playa… y
lo cierto es que no era para menos: Mi amiga es muy guapa, de las
espectaculares: morena con unos ojos claros color avellana, una boca sensual y
un cuerpo precioso, además de tener unas tetas que no pasan desapercibidas
precisamente… y con el añadido de su simpatía desbordante.
Te acuerdas de Nuria ¿Verdad Pablo? – le añadí con cierta
inocencia fingida.
Sí, claro.
¿Y que te parece?
¿Qué me parece de qué…?
Pues eso, ¿Cómo la ves?
Pues muy maja, ya lo sabes, me cae muy bien, es una tía
muy simpática.
Y está muy buena ¿no?
Joder Lydia…
¿Qué pasa? ¿Está buena o no está buena? – Al preguntar
eso sentí que mis pezones se endurecían por momentos con las ideas que iban
llegando a mi mente calenturienta.
Pues sí, está muy bien.
Bueno Pablo, pero eso es algo muy genérico…
¿Qué quieres que te diga?
¿Pues que si tiene un polvo…?
¿Pero qué preguntas me haces, cariño?
Se que es una chica dulce, sensual, con un tipazo, vamos,
el sueño de cualquier hombre… ¿Te acuerdas cuando fuimos hace poco con ella
a la piscina? ¿Con aquel bikini blanco tan pequeñito?
Que tonta eres Lydia… Ya te tengo a ti.
Entonces, ¿Yo estoy más buena que ella?
Joder, ¿Qué es esto? Pues no sé, para mí sí, eres mi
novia… sois distintas.
A ver Pablo, no mezcles las cosas, que yo sea tu novia no
tiene nada que ver, no te estoy preguntando si me quieres más a mi. ¿En qué
somos distintas? – A medida que le iba preguntando cosas más directas, el
grado de mi excitación aumentaba e imaginaba que el de él también.
Pues ella es más alta que tú… tú eres rubia, ella morena…
¿Y que más?
¿Qué más de qué?
De tetas…
¿Qué quieres decir?
Pues que tiene unas tetas impresionantes y yo… más bien
normalitas, ¿no me vengas ahora que no te has fijado?
Pues sí, son más grandes que las tuyas… Pero… ¿Qué es
todo esto?
Bueno, no te enfades hombre, solo estoy preguntándote.
Ya pero es que te pasas…. hay cosas…
Pablo se levantó queriendo cerrar definitivamente la
conversación, mostrando cara de enfado, ya que se encontraba muy incómodo con
todo aquello. Sin embargo la charla con mi amiga había provocado en mí algo más
que curiosidad y estaba viviendo de primera mano las mismas sensaciones que ella
me había contado en aquella conversación. Llegué incluso a quererlo borrar de mi
cabeza, pero no iba a ser fácil, pues la idea me atraía cada vez más.
Una semana más tarde quedé con mi cómplice en el mismo lugar
donde me había confesado sus más íntimas fechorías con su novio y su prima.
Nuria, ¿te acuerdas de lo que me contaste el otro día?
Si guapa, perdona, habrás pensado que estaba como una
cabra… no sé como te dije aquello, supongo que las cervezas…
No, no, si ahora que me lo has contado me siento
intrigadísima.
¿Ah sí?
Por supuesto, la idea no me parece tan descabellada
después de todo.
Vaya Lydia, ahora la sorprendida soy yo.
¿Tú que opinas de Pablo? – le pregunté de repente.
¿Qué opino?, ¿Qué podrías pillarle? Pues claro, si tú
misma me has dicho lo fácil que es que te los esté poniendo… así que si
quieres probar la sensación de ser voyeur…
No, no me refiero a eso, Nuria. De sobra sé lo canalla
que puede llegar a ser.
¿Entonces? – exclamó intrigada.
Pues que me gustaría planificarlo todo y ser testigo de
primera fila y de cada detalle, como hiciste tú al final con tu prima Carla,
no sé… con alguien de confianza.
Cuando le solté aquella frase me di cuenta que me estaba
entendiendo mejor de lo tonta que ella se estaba queriendo hacer.
Vaya, pareces más perversa que yo. Planificación desde el
principio, para que luego digas que la loca era yo…jajaja…
Ya sabes como soy...
¿Y…? ¿En quién has pensado para semejante labor, si se
puede saber? – añadió ella.
Pues… en ti.
¡Lydia!
¿Qué pasa?
De ninguna manera. Olvídate ¿vale?
Pero Nuria… ¿Por qué?
Pues porque no… soy tu amiga, soy amiga de tu novio y…
no, no, imposible.
Entonces es por Pablo… ¿no te gusta?
¿Qué dices? Está buenísimo… bueno, quiero decir que no,
que me gusta, osea, no me líes… que no.
Jajaja…. Pues él opina lo mismo de ti.
Guardó silencio y se me quedó mirando fijamente. Tanto ella
como yo sabíamos que mi perversión estaba llegando a cotas inalcanzadas hasta
ese momento pero al mismo tiempo aquello me proporcionaba un regustillo interior
difícil de definir y supongo que a ella también.
¿En serio? ¿Qué te ha dicho de mí? – preguntó intrigada.
Pues que eres muy guapa, que estás muy buena, que también
le gustas, que tienes unas tetas enormes y preciosas.
¡Venga ya!
Te lo juro.
Nuria llegó a ruborizarse, no sé si muy bien por todos esos
cumplidos por parte de mi chico o por ser yo su mejor amiga quien se lo estaba
contando y sentirse mal por eso.
Lydia, pero yo no puedo… comprende mi situación, yo no
podría hacerte eso.
Pero, si te lo estoy pidiendo yo…
Ya pero…
Bueno mira, hacemos una cosa: Probamos hasta donde puede
llegar él o hasta donde puedes llegar tú, solo quiero que me hagas el favor
de saber que se siente al observarlo y quiero que sea con una persona que
quiero…
Aun no sé como Nuria llegó a aceptar tan rápidamente, pero me
vio tan lanzada, decidida, ilusionada, que un "no" era lo último en querer
obsequiarme.
Unos días más tarde, tal y como planeé con ella, la invité a
cenar en casa y le pedí que se pusiera el atuendo más sexy posible. Quería
percibir de primera mano o a primera vista, las sensaciones de ver a Pablo
devorándola con la mirada en un principio y seguir un guión de lo más perverso y
premeditado después que con solo con imaginar, me hacía calentar más y más.
Además durante esos días había estado alentando a mi novio con las virtudes de
Nuria y sacándole incluso los colores cuando le enfaticé sus hermosas dotes
naturales.
Tras preparar la cena, a las diez en punto, como había
pactado con mi amiga, me metí en la ducha para que fuera Pablo quien abriese la
puerta a la llegada de nuestra invitada especial. Yo preparé el plan de manera
tal que dejé el agua de la ducha corriendo haciendo creer que estaba yo allí,
pero mi posición era como la de un pequeño depredador escondido tras el quicio
de la puerta observando a sus "presas" en los movimientos y acciones de ambos.
La vestimenta de Nuria cuando Pablo abrió la puerta le dejó
sin duda totalmente impresionado, y a mi también, pues solo por eso ya me sentí
nerviosamente cachonda sin haber ocurrido nada todavía. Lucía una camiseta
ajustada que resaltaba un escote voluminoso debido a su prominente pecho y unos
pantalones vaqueros negros ceñidos de talle bajo de los que sobresalía un tanga
blanco con encaje de florecitas. Estaba más que sensual. Un bomboncito envuelto
en el mejor papel.
Hola Pablo – saludó con entusiasmo mi amiga para
asegurarse que yo la oía.
Hola – contestó él casi inaudiblemente y con evidente
nerviosismo.
¡Que guapísimo estás! – soltó agarrando una mano de mi
chico y revisándole de arriba abajo.
Lo cierto es que no me había percatado hasta ese momento lo
guapo que se había puesto Pablo luciendo sus mejores galas ante la llegada de
nuestra invitada: esa camiseta ajustada que tanto me gusta y unos tejanos que
también le sientan de maravilla.
Tu si que estás guapa – contestó él casi inevitablemente
ante la deslumbrante belleza de mi amiga.
Gracias. Bueno… ¿Es que no me vas a dar un par de besos?
La respuesta a la petición de mi amiga no se hizo esperar
aunque con cierto apuro por parte de él, sobretodo cuando ella pegó literalmente
sus tetas sobre su pecho y sus labios muy cerca de la comisura de los suyos.
Mmmm, que bien hueles – dijo ella con toda la insinuación
del mundo pegando su cara al cuello de mi hombre.
Todo estaba saliendo según el plan previsto, viendo por un
lado a mi amiga desempeñando magníficamente su papel y por otro a mi chico
envuelto en una trampa de la que le iba a ser difícil escapar.
¿Quieres tomar algo? – le preguntó Pablo intentando
desembarazarse de tan complicada situación.
Sí, algo fuerte… - contestó ella en su afán de mostrar
sus dotes de perrita caliente y lo cierto es que lo hacía de maravilla.
Seguí observando durante un buen rato todos los movimientos
de ambos. Por un lado veía los ataques de ella y la cierta resistencia que
quería demostrar él, aunque en el fondo sabía cuanto le atraía mi amiga y
viceversa. Esa situación y el morbo de estar espiándoles era superior a mí. Al
fin aparecí en escena con mi pelo mojado disimulando como si de verdad acabara
de tomar una ducha, cuando lo que realmente había hecho era seguir animándome
con aquel espionaje en una situación nueva para mi… y muy morbosa, por cierto.
¡Que guapa estás! – Le dije a Nuria haciéndome de nuevas
al verla con aquella vestimenta tan atrevida y que ciertamente le quedaba de
maravilla.
Gracias, bueno quise ponerme "atrastiva"
Nos reímos ambas ante esa palabra que utilizamos de vez en
cuando a modo broma y que esa vez tenía un doble sentido. Sin embargo, lo que yo
deseaba era volver a espiarlos escondida, pues jugar a ese juego estando yo
presente no tenía los mismos alicientes. Durante la cena, Nuria se mostró ante
Pablo excesivamente cariñosa, provocativa y sensual, procurando disimular en mi
presencia para no levantar sospechas, pero mostrando todo su armamento
sofisticado en un papel que representaba de maravilla. En un momento que acudí a
la cocina me quedé en el pasillo escuchando, esa vez sin ver, pero sí oyéndoles.
Oye Pablo, te noto algo cortado… - comentaba ella.
¿Yo? ¿Por qué?
No sé, casi no me miras el escote… ¿no te gusta mi
canalillo?
Esto… yo…
Vamos hombre, no seas tímido, se que te gustan mis tetas
¿no?
Nuria, por favor… -contestaba apuradísimo Pablo y yo
viendo que la cosa no tenía mucha salida intenté aportar algo para ayudar a
la "causa".
¿Qué si le gustan?... ¡le encantan! – intervine entrando
en escena nuevamente en el comedor.
¡Lydia! – contestó nerviosamente Pablo.
¿Ah si? – añadió Nuria intentando buscar los ojos
azorados de mi chico.
No hagas caso a esta, te está vacilando. – añadió él.
¿Vacilando? De eso nada, el otro día te pregunté si te
gustaban las tetas de Nuria y me dijiste que sí.
Me volví a la cocina con los platos sucios dejando el asunto
cortado en ese punto y esperando algún tipo de reacción, imaginando que después
de mi "ayudita" la cosa pintase mejor para cumplir nuestro objetivo: Que no le
costase tanto avanzar con Nuria hasta tirársela, algo que cada vez me ponía más,
me encendía de una manera demencial. Volví a quedarme sigilosamente en el
pasillo esperando las reacciones de ambos, pero Pablo no respondía a las
continuas insinuaciones que le hacían tan claramente.
Bueno, no te sientas mal porque te gusten mis tetas, es
normal, son las que más gustan a los chicos, ya sabes, talla XL…jajaja… y tú
también me gustas mucho a mí, no tiene nada de particular. Ya me he dado
cuenta que te fijas y… entre tú y yo, ahora que no esta Lydia, me pongo muy
cachonda con eso.
No veía la cara de mi novio, pero debía ser todo un poema y a
mí aquello me calentaba un montón. Era realmente cierta la teoría de mi amiga,
ya que la sensación era indescriptible.
No veas la suerte que tiene Lydia de tenerte… tienes un
revolcón. – añadió ella.
Nuria por favor… - dijo él tímidamente.
¿Qué pasa? ¿No puedo decirlo?, hay confianza… las cosas
como son, ¿acaso no te gusto yo también? ¿no tendrías una aventura conmigo?
Otro silencio y yo esperando las expectativas… No quise
aguardar más tiempo y continuando por el pasillo me dirigí en busca del postre
para que no se mosqueara mi chico, pero en ese momento en el que entraba en la
cocina, llegó Nuria tras de mí.
Joder Lydia, vaya palo…
¿Qué pasa?
Pues creo que no va a funcionar.
Pero ¿eres tonta? Si lo estás haciendo de maravilla.
Ya pero no sé, no le veo muy puesto… creo que no le gusto
como decías.
Pero Nuria, ¿qué dices? Te aseguro que está coladito por
ti. Está cortado, solo es eso.
Pero yo además… no puedo… me da no se qué... somos
amigas…
Escucha, yo te he metido en esto y ahora más que nunca
deseo que llegues hasta el final, estoy cachondísima perdida, más caliente
que un horno. No voy a guardarte rencor ni nada parecido, todo lo contrario,
lo que más deseo es verte follar con Pablo, que le devores… que te devore…
Lo deseo con toda mi alma y sobretodo que sea contigo, con mi mejor amiga.
Después de convencer a Nuria con aquellas palabras ciertas y
contundentes volvimos ambas junto a mi chico y le seguimos animando un poco con
directas e indirectas, pero seguía firme, posiblemente aturdido por la situación
de verse acorralado y haciéndonos en una ocasión la temida pregunta:
- ¿Qué os pasa a vosotras dos?
Debía estar muy mosqueado y lógicamente cortado con Nuria,
sobretodo estando yo presente. Me ausenté en otro momento del comedor con la
excusa de fregar los platos permaneciendo escondida tras la puerta del pasillo,
observando por la pequeña rendija que me permitía una panorámica más o menos
clara de lo que ocurría en la habitación con ellos dos solos. Nuria puso una
música melosa e invitó a Pablo a acompañarla… Seguía cortado, pero ella le
incitaba agarrando sus brazos y colocándolos sobre su cintura, sobre sus
caderas, invitándole a participar en ese baile sensual. Esas escenas y el hecho
de estar oculta me ponía super fogosa. Al son de aquella balada los cuerpos se
pegaban cada vez más y a pesar de no oír a mi novio que hablaba bajito por miedo
a que yo pudiera escucharle, intuía las respuestas de ella que inteligentemente
traducía y repetía en voz alta para que yo pudiera entenderlas claramente desde
mi escondite.
No seas tonto Pablo, pégate a mí, no te voy a morder…
Ahora mismo con el vino que he tomado estoy algo borrachilla y puedes hacer
conmigo lo que quieras. ¿No te gustan mis tetas blanditas sobre tu pecho?
De nuevo él decía algo pero tan bajo que no podía escuchar y
ella volvía a repetirlo.
¿Lydia? No te preocupes por ella, no se entera…este es
nuestro secreto…
Mi amiga hacía lo indecible, ya pasaba de las insinuaciones a
los hechos acariciando la espalda de mi novio y el culo después, sin dejar de
repetirle cosas como:
¿Sabes? Me estoy poniendo cachonda con esta música y
bailando contigo.
De nuevo la respuesta inaudible de mi novio.
¿Parar? ¿Qué dices? Estoy mojadita con este baile, no lo
vamos a cortar ahora – repetía ella.
Tuve que volver después de mi supuesta ausencia en la cocina
y los dos se separaron casi al instante al verme llegar: Él, muy avergonzado por
la situación y ella haciendo el papel de zorrita despistada. En un momento que
Pablo se fue al baño, Nuria volvió a decirme las dificultades por las que estaba
pasando para convencer a mi chico de avanzar en algo en esa supuesta "traición
concertada".
No consigo nada con Pablo… no creo que caiga en la
trampa.
Pero si eres un bombón, ¿cómo va a desaprovechar esta
oportunidad? Este entra hasta adentro… nunca mejor dicho…jajaja… además le
tienes calentísimo…
No, sí ya sé que le gusto, lo noto, pero está muy
cortado…
Quizás no sea buena idea hacer esto aquí.
Claro, quizás no avancemos por eso.
Se me ocurre una idea. – dije de pronto.
Dime, yo ya estoy más caliente que otra cosa.
Pues creo que lo mejor es buscar otro terreno más
propicio, llevarle a tu casa, por ejemplo, con la excusa de algo… no sé.
En ese momento Pablo regresó al comedor y Nuria había
entendido perfectamente mi idea. Disimuló lo justo y tras unos minutos con gran
habilidad le expuso que tenía un problema con el aire acondicionado de su casa y
que pasaba un calor terrible.
¿No llamaste al técnico? – preguntó Pablo no sé si con
inocencia, con disimulo o como queriéndose quitar el problema de encima.
Pero Pablo – comenté yo – pero si tu eres un artista y un
experto de todos esos chismes, seguro que es una tontería y se lo arreglas,
no va a llamar a un técnico, que cobran por respirar, teniéndote a ti…
No soy un experto precisamente, soy electrónico, nada
más…
Bueno, no se hable más, se lo miras y ya está, ¿a que sí
cariño? – sentencié ante la sonrisa de ella y la aceptación más o menos
comprometida de él.
Por un momento se me pasó por la cabeza que Pablo no quisiera
engañarme con Nuria y que todo nuestro esfuerzo fuera en vano, pero aun así, me
sentía satisfecha y altamente acalorada por esa situación y todo lo vivido hasta
ese momento, pensando que tal vez eso podría ser todavía más excitante de lo
imaginable.
¿Podrías venir mañana?... Es sábado…
Sí, no tenemos que hacer nada… - intervine rápidamente
para evitar cualquier disculpa por parte de Pablo.
Pero… ¿no íbamos de compras? – dijo él con el miedo de
poder ser devorado por aquella mujer y al tiempo íntima amiga mía con el
riesgo que eso conlleva.
Si, mejor voy yo sola de compras y así le arreglas eso
tranquilamente. – añadí terminando la conversación y cerrando cualquier
resquicio por donde él intentara escapar.
Después de la cena nos despedimos de Nuria y ciertamente ella
lo hizo con cierta sensualidad con mi chico y quedamos en que él fuera a hacerle
"el arreglito".
A la mañana siguiente salí de casa más temprano que Pablo con
la idea de ir de compras a primera hora, sin que supiera que realmente a donde
me dirigía era a la casa de mi amiga para esconderme y ser espectadora
privilegiada de todos los acontecimientos.
Estoy nerviosa y cachondísima con todo esto. – le dije a
Nuria.
Pues yo también. ¿Estas segura de que siga adelante?
Por supuesto. Completamente convencida y mojadita antes
de empezar.
Al cabo de un rato sonó el timbre. Rápidamente me escondí en
el armario de su dormitorio para observar desde allí a través de un pequeño
respiradero todo lo que sucedía en aquella habitación. A los pocos minutos
apareció Pablo en escena con un pequeño maletín con sus herramientas. Nuria se
había puesto de lo más sexy y no pasó desapercibida para él, desde luego. Un
short superajustado que mostraba los cachetes del inicio de su redondo culito y
una camiseta suelta pero muy corta, tanto que si se agachaba o se estiraba se le
verían claramente las tetas. Ella se puso de puntillas, pegó su pecho al de mi
novio y le besó muy tiernamente en la mejilla.
Que bien Pablo, eres un cielo, cuanto te quiero... – dijo
ella acariciando su espalda sin dejar de juntarse al cuerpo de él y
ronroneando como una gatita caliente.
La muy perversa se pegó aun más y siguió subiendo su mano por
el cuello acariciando su nuca y apretujando incesantemente sus enormes globos
contra el tórax de mi chico, algo que causó el primer efecto deseado.
Vaya Pablo… creo que hay alguien que se ha alegrado de
verme – dijo Nuria separándose de mi novio refiriéndose a la erección que
había provocado aquello.
Perdona… Nuria… yo… - comentaba apuradísimo y girándose
hacia un lado.
¿Perdonar? Es un honor hijo mío y vaya pedazo de honor… -
añadió apretando con su mano la polla de Pablo que al tiempo intentaba
zafarse de ella.
Nuria, por favor…
Mi chico le pidió de manera algo tajante que le dijera el
motivo de la avería y ella se lo indicó, no sin antes guiñarme un ojo en señal
de complicidad. Aquella situación era altamente morbosa, tanto que cada paso y
cada sensación producían un gusto interior que no había sentido hasta entonces.
Me despojé de la camiseta, no se muy bien si por el calor de estar metida dentro
del guardarropa o por la temperatura de mi propio cuerpo y lo que acontecía.
Mientras, Pablo se puso a desmontar el aparato de aire acondicionado intentando
olvidar lo sucedido y queriendo borrar de su cabeza cualquier roce comprometido
con mi amiga. Yo por un lado estaba furiosa, casi me daban ganas de salir y
decirle si era un poco idiota ante semejante oportunidad, pero Nuria sabía como
llevarle y lo hacía francamente bien.
Bueno mientras tu vas mirando eso, yo aprovecho y me doy
una duchita, con este calor estoy empapada… tengo todo el cuerpo sudado.
Mi chico asintió sin decir nada. Le imaginaba tan caliente o
más que yo misma y de manera casi inconsciente empecé a tocarme por debajo de la
falda acariciando mi chochito.
Nuria no tardó mucho en la ducha y salió envuelta en una
toalla minúscula que mostraba sus muslos en toda su intensidad y tapaba su
voluminoso pecho a duras penas.
Ay que a gusto me he quedado – dijo – si no te importa me
cambio aquí mismo, hay confianza.
Esto… sí… yo… vale, no te preocupes que no me vuelvo. –
contestó de él dándole la espalda educadamente.
Era increíble, no podía entender que todos los esfuerzos de
mi preciosa amiga no tuvieran el menor efecto sobre él, al menos no el deseado,
pues me imaginaba que mi novio caería mucho más rápido en aquellas redes, sin
embargo el hecho de tratarse de mi mejor amiga, le impedía poder actuar a sus
anchas. Cualquiera en su caso no hubiera perdido el tiempo ante una propuesta
tan evidente y reveladora. Pero muy caballeroso se quedó arreglando el aparato
en cuestión sin volver la vista en ningún momento ante el cuerpo desnudo de
ella, que tardó intencionadamente en ponerse algo. Yo miraba desde mi parapeto
sus armoniosas curvas y como se acercaba hacia mí abriendo de repente el
armario. Me quedé de piedra, pero mi amiga estaba tan segura que Pablo no se
volvería a mirar que lo hizo con toda naturalidad. Sacó de uno de los cajones
una diminuta braguita tipo tanga de color negro que se puso lentamente y sin
cerrar la puerta, algo que me encendía incluso más. Luego se colocó la parte de
arriba, que era un sujetador minúsculo que realzaba su pecho ostensiblemente y
después la cerró por fin para que yo siguiera observando por aquel pequeño
respiradero enrejado.
Pablo, puedes volverte ya… por cierto ¿Me haces un favor?
Cuando este se dio la vuelta abrió los ojos como platos y
desde luego no era para menos. Nuria llevaba aquella diminuta vestimenta que
tapaba lo justo: Con una minúscula braguita apenas cubría su chochito y una
tirilla que se ubicaba entre sus respingones cachetes del culo. Ante sus enormes
tetas tan solo cubría poco más que los pezones sobresaliendo todas sus curvas de
aquella pequeña prenda.
Esto… sí… que… - articulaba difícilmente mi novio.
¿Puedes decirme como me queda este tanga? – añadió ella
girando sobre sí misma
¿Yo?... pues… divinamente, claro…
¿En serio? ¿Me queda bien?
Si, de maravilla.
No sé, me lo he comprado ayer, quería darle una sorpresa
a mi novio ¿sabes?, hace más de diez días que no le veo y tengo unas ganas
de que vuelva y mostrarle este conjunto… Es sexy ¿verdad?
Esto… Sí.
No te cortes hombre… estamos solitos y somos amigos, hay
confianza, me gustaría saber tu opinión sincera. Quiero sorprenderle y que
se quede con la boca abierta.
Pues creo que lo va a hacer.
Sí, sí, veo que a ti también te gusta. – Dijo señalando
al bulto que denotaba otra erección más que notable.
Uyyy, lo siento…
¿Qué dices? Es genial, si puedo provocarle eso… me
encantará… Si tú te pones así, imagínate él con diez días sin follar. –
decía ella con toda intención, sin que mi novio pudiese disimular la
montañita que crecía cada vez más. - Bueno, he dicho eso y no sé cuanto
llevas sin follar. Pero con ese cuerpazo que tienes seguramente Lydia te
dará buenos repasos ¿no?
Mi amiga era una artista calentando a mi novio que solo se
limitaba a sonreír sin articular palabra.
Espero no parecerte muy descarada, Pablo. Quizás te
incomodó ese comentario.
No, no… no pasa nada.
Bueno, es que me gusta decir las cosas claras ya sabes,
nos conocemos bien, no me gusta callarme nada y aunque seas un chico, pues
eres mi amigo y además soy muy abierta ya sabes.
Y tanto… jeje…
Vaya, vaya, ¿te parezco muy atrevida?
No Nuria, pero no estoy acostumbrado… a que una chica,
así…
¿Así como?, dime, dime…
Todo iba saliendo perfectamente, mejor incluso que el primer
plan previsto.
Pues Nuria, que una chica como tú… contándome esas cosas
aquí en tu dormitorio, en tanga… no sé... entiéndeme…
Ah, vaya, te cortas entonces porque una amiga pueda
contarte esas cosas. A mi me encanta hablar de sexo, creo que es muy sano
charlar de eso y muy divertido.
Bueno, sí.
Pues eso. A mi por ejemplo me encanta follar, menos mal
que mañana viene mi chico, que si no me tiraba a lo primero que se moviese,
me encanta sentir una polla bien adentro… y ahora más que nunca que llevo
diez días sin probar una… no te imaginas lo que es eso. Así que… si
quieres…ya sabes…
Vamos Nuria, no vaciles…
Mi chico se tomó aquello a broma y se volvió a seguir
trabajando con el aire acondicionado como si no pasara nada. No podía creérmelo.
Mis manos mientras tanto continuaban acariciando mis dilatados pezones. Ella
seguía al ataque.
Bueno, entonces ¿te gusta mi conjuntito?
Sí, sí. – contestó el algo maquinalmente pero
convincente.
Bueno, aunque creo que quizás me quite el sujetador.
A continuación sin dilación se soltó el broche del sostén y
lo tiró al suelo. Sus enormes tetas botaban a cada movimiento y Pablo se giró
sorprendido sin creerse todavía lo que estaba viendo con sus propios ojos,
paralizado sin saber como actuar.
Bueno, ahora por fin puedes vérmelas – añadió ella
acercándose lascivamente a mi novio.
La cara de él era un poema, miraba a sus tetas, miraba al
diminuto tanga que cubría su sexo, aquellas curvas salvajes que se le
aproximaban lentamente y con toda sensualidad.
Aquí las tienes, ¿no es lo que querías?
Yo al tiempo me había despojado de la falda y tenía mi mano
metida dentro de las braguitas acariciando mis labios vaginales, animando aun
más la calentura que me provocaba aquella sensación novedosa y… tan
satisfactoria.
¿Qué te parecen? ¿Te gustan así, grandes?
Sí, son muy bonitas.
Tócalas, anda…
Nuria…
No seas tonto hombre, aprovéchate que esto que ardo… –
sentenció Nuria metiendo la mano bajo la camisa de mi chico y pellizcándole
el pecho. - ¿Ves? Yo te toco a ti tus tetillas y no pasa nada… ven tócame…
La mano temblorosa de él se acercó por fin a los pechos de
ella y los acarició suavemente. Mi amiga cerró los ojos y soltó un leve gemido.
Uhhhmmmm, Pablo, estoy muy cachonda, estoy tan necesitada
de una buena polla, que no te puedes imaginar...
Era increíble la calenturienta estrategia de ella. Yo seguía
con mi mano acariciando mi rajita que para entonces estaba dilatada y muy
mojada. Era cierto eso de sentir una especie de vértigo muy especial viendo a mi
chico atrapado en las fauces de una zorrita como era mi amiga.
Pablo, tócame, acaríciame las tetas, si, sii…. – añadía
ella.
Las manos de mi chico estuvieron un buen rato sobando
aquellos pechos que tanto debía haber soñado y por fin tenía enteros para él.
Pablo, déjame ver tu polla, necesito verla… por favor.
Nuria, creo que ya está bien… Ya nos hemos pasado
bastante- dijo de repente separando sus manos del cuerpo de ella como si le
hubiera dado un calambre.
Pero Pablo…
Somos amigos, no puedo hacer esto... mi novia es tu mejor
amiga…
¿No te gusto, entonces?
¿Qué dices Nuria? Me encantas, eres preciosa… eres un
ángel…
No lo entiendo, solo te estoy pidiendo un favor, si somos
amigos, ¿no puedes hacerme ese regalo? Solo te pido que me dejes ver eso que
está tan duro, solo verlo… hace tiempo que no veo una verga bien dura.
Pero es que… Lydia…
¡Que le den por el culo a Lydia! – soltó ella algo
irritada por la resistencia de mi chico, dejándome muy sorprendida por esa
actitud, pero al mismo tiempo esa brusquedad en sus palabras me excitaba aún
más de lo que estaba.
Nuria…no puedo hacer eso…
Ah, vale, ¿quieres que me quite todo?
La imagen siguiente era la de una víbora convertida en mujer
que bailando de forma lasciva, se despojaba lentamente de su tanga, bajándolo
por sus muslos morenos sin dejar de mirar fijamente a los ojos de Pablo que
observaban la nueva perspectiva de mi amiga completamente desnuda y danzando de
la manera más sensual del mundo. La ausencia total de vello en su pubis fue otra
cosa que me llamó la atención y por supuesto a él también, delatado por sus ojos
asombrados y sabiendo además cuanto le gustaría que yo hiciera lo mismo.
- Bueno, ya estoy en pelotas. Ahora no tienes excusa,
hombretón.
No le dejó opción a réplica y puso manos a la obra. Se acercó
de nuevo a Pablo despojándole de la camiseta ante la impasividad de él, le
acarició su torso desnudo y a continuación le bajó los pantalones, todo como si
formara parte de un rito, de un baile diabólico y erótico. Lo dejó solo con su
bóxer ajustado y marcando una polla debajo que se adivinaba en todo su
esplendor. Nuria ante aquel panorama aplaudía nerviosa y decía:
Vaya, vaya, pero cosa más rica tienes ahí
Nuria… esto no está bien…
¿Qué? Esto está de maravilla. Se adivina algo grandioso.
– insistía impresionada.
Se agachó frente a mi novio y lentamente le bajó sus
calzoncillos dejándole desnudo ante su atónita mirada y la mía y con una
tremenda erección frente a sus ojos.
¡Dios mío que pollón! – dijo ella efusivamente ante el
miembro completamente erguido y que me pareció incluso más grande que otras
veces.
Mi chico comenzó a rendirse ante lo imposible, pues en ese
momento cerró los ojos al notar como los dedos de ella comenzaban a juguetear
con su glande, con sus huevos…. Los dos cuerpos se pegaron. La visión era
extraña para mí, pero altamente explosiva. Mi amiga y mi novio desnudos y
abrazados, las manos de ella acariciando su duro tronco y las de él,
completamente integradas ya en el juego, sobando el culo de aquella explosiva
mujer y besándola con todas sus ganas, retorciendo sus cabezas, sus labios, sus
lenguas… Pablo no pudo resistir la tentación de comerle las tetas, ese bocado
tan esperado y exquisito. Ella cerraba los ojos y pronunciaba su nombre sin
cesar:
Ayyy, Pablo, Pablo…
Yo ya me había despojado de toda la ropa. Estaba más excitada
que nunca. La visión de sus dos cuerpos despelotados invitaba a estar desnuda al
igual que ellos metida en aquel armario y masturbándome como una posesa ante la
visión más alucinante de mi vida.
La siguiente imagen era la de ella tumbada en la cama y mi
chico chupándole los pezones y acariciando sus muslos, su cintura, su pubis
completamente afeitado. No daba abasto y quería comérsela literalmente. Su
siguiente paso fue la de colocarse entre sus lindas piernas y comenzar a
chuparle la brillante rajita. Ya no había excusas, no había marcha atrás…
¡Pablo, que gusto!… ¡me matas!… ¡cariño…que bien lo
haces!- suspiraba ella.
Mi chico continuaba agachado entre sus piernas y observando
la preciosa desnudez de aquella diosa que se le ofrecía tan fácilmente. Mi
sensación era cada vez más caliente y mis movimientos en el clítoris casi tan
veloces como la lengua de él sobre su coñito que se corrió jadeando con fuerza y
dando gemidos sin cesar mientras acariciaba el cabello de mi hombre. Al mismo
tiempo que ella jadeaba y respiraba entrecortadamente yo intentaba acallar mis
propios jadeos tapando la boca con las prendas que colgaban de aquel armario.
Ahora quiero comerte esa polla preciosa – dijo mi amiga,
que sentada sobre la cama acariciaba con una mano los huevos de Pablo y con
la otra su miembro dulcemente en pequeñas caricias que le hacían
tambalearse.
Yo continuaba con mi paja pasando el dedo corazón a lo largo
de mi rajita caliente y disfrutando de la imagen que me ofrecía aquel
estratégico parapeto. Nuria jugaba con la mayor de sus travesuras sobre la verga
de mi novio, sacando su lengua y rozando su frenillo o chupando los huevos y
metiéndolos por completo en su boca. Comenzó a introducirse lentamente la polla
rígida de mi chico. Centímetro a centímetro su carne se abría paso entre los
labios ardientes de aquella boca sedienta. Sacaba la lengua, apretaba los
labios, sacaba los dientes y todo sin dejar de mirarle a los ojos y disfrutar de
ese buen trabajo que le estaba proporcionando.
¡Que gusto, que pasada… eres una delicia! – añadía él.
¿Te gusta eh?... Seguro que Lydia no te la chupa así de
bien… – sentenció ella separando su boca y mirando de reojo hacia al
armario.
No, desde luego que no… lo haces divinamente… mucho…
mejor…
Contrariamente a lo que pueda parecer, aquello no me
molestaba en lo más mínimo, deseaba querer oírlo y sentir como mi amiga me
superaba en lo que tantas veces me creía dominadora. Eso me excitaba de una
forma extraña. El miembro brillante continuaba desapareciendo una y otra vez en
su boca sin cesar y sus manos que habían abandonado la polla de Pablo pasaban de
acariciar la tripita a las nalgas de mi chico. Desde luego sí que parecía una
diosa tremendamente bella ante un hombre completamente rendido a sus
habilidades.
No puedo más… me voy a correr – dijo él apenas pasados
unos minutos.
Pues hazlo. Pero quiero que lo hagas en mi boca, hasta
adentro, quiero sentir tu leche correr por mi garganta…
Aquellas palabras dejaron atónito a mi novio y a mí también,
pues nunca le había permitido que se corriera en mi boca a pesar de habérmelo
pedido en innumerables ocasiones. Sabía que aquello era uno de sus deseos más
fervientes y una de sus fantasías incumplidas. Ella se colocó tumbada sobre la
cama quedando su cabeza colgada fuera de las sábanas, boca abajo.
Ahora Pablo, fóllame la boca, quiero tu polla entrando y
saliendo… dámela…
A continuación él flexionó las piernas y ubicó su duro pene a
la entrada de su boca y comenzó a meterla despacio primero, y luego
desesperadamente. Era como si le estuviera follando literalmente la boca una y
otra vez, entrando y saliendo mientras ella se acariciaba el clítoris, lo mismo
que estaba haciendo yo. Nuria acariciaba con su mano los huevos inflamados de
él, y en pocos segundos sus músculos se tensaron produciendo el aviso inequívoco
de que se iba a correr. Apretó más su polla contra la boca de mi amiga en algo
que me parecía inaudito pues se la enterró por completo hasta hacerla
desaparecer. Los gemidos y los aullidos de él eran también extraños para mí,
pues nunca había conseguido hacerle pasar un momento como ese y se veía que
espasmo tras espasmo depositaba todo su semen en el interior de la garganta de
aquella mujer rendida a su falo.
Nuria tragó gran parte de la corrida y aun tuvo tiempo de
jugar con los restos que le quedaban sobre la lengua, estirando con la punta de
sus dedos las cortinas de leche pringosa que le había quedado mientras le miraba
juguetona y cachonda. Él permanecía exhausto sobre la cama observando como
aquella chica seguía danzando e invitando con ese cuerpo y sus enormes y
perfectas tetas a lo que quedaba por venir. Él sonreía, haciendo entender lo
tremendamente satisfecho que se encontraba, como nunca… diría yo. De pronto
Nuria sin dejar de bailar de forma sensual, se acercó al armario y a través de
la pequeña rendija que nos separaba me mostró su lengua aun manchada del semen
de mi novio. Jugaba con aquel néctar y me lo enseñaba victoriosa. ¡Que
sensación, que placer sentía yo al otro lado!
Ahora ¿quién va a ser el que me la va a meter bien
adentro? – decía ella con aire de inocencia sin dejar de mover sus caderas
provocando el despertar de aquella polla recién ordeñada.
Nuria que buenísima estas… vaya polvo que tienes… - le
decía él admirándola.
Vamos a levantar a esa cosita. – añadió ella.
A continuación se tumbó sobre mi chico moviendo su cuerpo
desnudo, pegados piel con piel y besándose de la manera más alocada… Las lenguas
danzaban fuera de sus bocas y sus respectivas manos no paraban de acariciar el
cuerpo del otro. Dando besitos por el pecho, los hombros, el ombligo hasta
llegar de nuevo a la polla de Pablo, donde ella intentó con su lengua estimular
a la "bestia dormida". Pero las que realmente consiguieron milagrosamente
recuperarla tan pronto fueron sus tetas… aquellas enormes tetas que habían
acurrucado el miembro de mi novio hasta lograr enderezarlo en su máximo
esplendor. La polla desaparecía una y otra vez entre aquellos pechos anhelados y
que ahora estaban enteramente a su disposición.
Mis dedos seguían acariciándome el clítoris y percibía como
el orgasmo se aproximaba al ver a Nuria colocándose con sus piernas abiertas
sobre él y como lentamente se ubicaba la polla a la entrada de su chochito
depilado y se sentaba lentamente hasta conseguir insertárselo por completo,
hasta que ambos lanzaron un suspiro profundo.
Nuria, que gusto…
Sí Pablo, que bien, que cosa más dura tienes…
Comenzaron a follar con fuerza. Ella se dejaba caer sobre
aquel miembro aguantando su peso con sus manos sobre el tórax de Pablo que
respiraba con dificultad acariciando el culo respingón de ella. La imagen era
tremenda, inusitada para alguien como yo que no entendía como podía estar tan
excitada de verles haciendo el amor delante de mis narices. En esa habitación
solo se escuchaba el sonido de aquel metesaca veloz y rítmico, sus jadeos y mi
respiración entrecortada cuando alcancé uno de los orgasmos más increíbles de mi
vida, con el temor de que me pudieran escuchar.
Nuria como follas, que gusto… - repetía él.
Yo aprovechaba para amortiguar mis gemidos con la ropa
colgada en aquel armario mientras se oían los jadeos del otro lado:
Fóllame Pablo… házmelo… quiero ser tu puta, me corro, me
corro…
A los pocos segundos su cara quedó apoyada sobre el pecho de
mi novio que seguía empujando su pelvis desde abajo, hasta que al poco rato se
corrió de nuevo dentro del coño tan soñado de Nuria, que lo besaba exhausta en
la boca.
Después de aquel polvo sus cuerpos quedaron unidos un buen
rato mientras mis dedos seguían acariciando mis dilatados labios vaginales, mi
clítoris, mis pezones… en los últimos estertores de mi divino orgasmo.
¿Qué te ha parecido Pablito? – preguntó ella.
Una maravilla… eres una bomba…
¿Entonces lo hago mejor que tu novia?
Mucho mejor… ufff, me has dado un placer inmenso. Nunca
había echado un polvo como ese.
Tendremos que repetirlo… que no me entere que esa polla
pasa hambre…jaja… - añadió ella mirando hacia el armario y guiñándome un
ojo.
A continuación ella se la introdujo en la boca y terminó de
limpiar los restos de semen y sus propios fluidos hasta dejarla completamente
brillante.
Aun siguieron besándose y acariciándose, para terminar con
otro espectacular polvo al que volví a asistir como espectadora anónima y que
disfrute nuevamente con un orgasmo delicioso; Tras aquella mañana tortuosa llena
de sexo, donde por cierto quedó sin reparar el aparato de aire acondicionado,
los dos se despidieron con una buena sesión de besos.
¡Pablo! – le dijo ella en el último instante en que él
abandonaba su dormitorio.
Dime, preciosa.
¿Me prometes una cosa?
Claro, lo que quieras…
Cuando estés follando con Lydia, ¿pensarás en mí?
¿Imaginarás que soy yo la que esta debajo de ti? ¿Cerrarás los ojos y me
verás a mí follando? ¿me lo prometes?
Prometido. – añadió él dándole el último morreo que me
produjo un nuevo calor interno difícil de describir.
Ese fue el inicio de varias visitas para observar a mi novio
follándose a mi amiga y comprobando no solo que ambos disfrutaban plenamente,
sino que yo lo hacía también de una manera que no había conocido hasta entonces…
que me embriagaba… me hechizaba. Me había convertido en voyeur incorregible de
mi propia pareja y eso había degenerado en una dependencia colosal… en una droga
que no podía soltar, pues cada vez me excitaba más, hasta incluso el día de hoy
que sigo enganchada.
Lydia
lawebdelydia@gmail.com