Llegué a casa agotada, el viaje había sido largo, la noche
intensa y en la ciudad llovía a cántaros. Parecía que el cielo lloraba mi
descenso por esta larga y angosta escalera hacía los infiernos de mi propio
cuerpo. Sentía un leve escozor en mí sexo, los hombres que me habían llevado al
hyatt me advirtieron que podía sentir algo extraño y me dieron una crema para
aliviarlo. Sospeche que la crema sirviera para otros fines pero olvide mis
resquemores mis piernas empezaron a temblar por la corriente que provenía de mí
sexo. Tome el frasco que me habían dado, hundí un par de dedos y unte la crema
por toda mi vagina. Con todas mis fuerzas hice caso omiso al placer que me
otorgaba la sensibilidad de mi sexo.
Me bañé, y una vez que salí del baño me puse la camisa de
seda y las bragas de tela suave que usaba para dormir. Concilié el sueño
velozmente, mientras sentía como aminoraban aquella sensación extraña en mí sexo
y en cambio crecía un confortable calor en mí.
A la mañana siguiente desperté levemente excitada, procure
olvidar mis sensaciones y prepararme el desayuno. Al poco rato golpearon la
puerta. Era Carolina, una amiga que venía a veces a desayunar a mi departamento
porque le quedaba de camino al gimnasio, yo la había olvidado, la atendí en
camisón.
Al hacerla pasar noté que algo en ella me apetecía. Sus senos
se me hacían irresistible, y su culito contorneándose no se me podía escapar a
la vista. Había pasado por el gimnasio y vestía un conjunto de gimnasia de dos
piezas, "ciclista" al parecer, consistía en un top ajustado de color rosa y un
short negro con líneas rosa haciendo juego. Sus contornos dibujaban círculos
perfectos y su sudor se perdía entre sus pechos. Había venido corriendo.
Hablamos de un par de cosas, nada importante. Hasta que
finalmente me hizo esa pregunta a la que trate de evitar a toda costa "¿si no
estás trabajando, de dónde vas a sacar dinero?", "no lo sé", contesté lapidaria.
Conmovida por mi respuesta me dijo que tenía un amigo que me podía ayudar. Yo
trate de desviar la conversación, sabía que no iba hacía ningún lado, que no
serviría y que cuanto antes me deshiciera de ella más rápido se iría ese
incómoda escalofrío que recorría mi entrepierna y que seguía un sendero por mi
cuerpo hasta alcanzar mis labios, completamente sensibilizados.
Sin poder aguantarme tomé una banana y empecé a comerla
lentamente, sintiendo su textura, saboreándola con la lengua, trataba,
inconcientemente, de seducirla con aquella satisfacción que en principio buscaba
mi propia saciedad, de un momento a otro me di cuenta y abandoné mi actitud, me
pareció perverso y hasta ofensivo, mi amiga se había incomodado.
Cuando estaba por irse tomé la iniciativa de abrazarla, era
una amiga desde hacía mucho tiempo y yo no estaba viviendo momentos para ser
vividos en soledad, más bien todo lo contrario… Pero no pude evitar recorrer con
mis manos su espalda hasta alcanzar sus nalgas y sentirlas en mis manos. Ella me
separó un poco, me miró y en ese momento me ruboricé, no me había dado cuenta de
lo que había hecho, me sentí totalmente expuesta. Ella acercó sus labios, me dio
un beso suave en mis labios entreabiertos y se fue. Yo me quede mirándola
desamparada. No imaginé que su imagen persistiría tanto tiempo en mi memoria,
sin embargo lo hizo.
El teléfono sonó y yo lo atendí.
"Jazmín, para esta altura debes estar muy alterada, por lo
que te dejamos la ropa que necesitas para empezar a ejercitarte en el placard.
Junto a tú ropa encontraras un cartel que te indicara que tienes que hacer.
Adiós."
Fui a mí placard y hallé un body deportivo, de apariencia
chico. La nota decía la dirección de un gimnasio y un horario.
Me puse el body y me vi al espejo. La tela se adhería
perfectamente a mis formas, mis pechos se dibujaban perfectos y se sentían
comprendidos por el traje, así cada parte de mi cuerpo. Mis nalgas se
redondeaban a la perfección pero en el agujero de mi culo sentía algo extraño,
como una protuberancia espumosa que había en el interior del traje, desde afuera
no se notaba y no me incomodaba, no había motivos para alarmarse. Salí de mi
casa y empecé a sentir un cosquilleo extraño en mí trasero, me arrepentí de no
haberme sacado el body para ver de que se trataba aquél elemento extraño.
Llegué al gimnasio, dije mi nombre y alguien me esperaba. Un
instructor.
Un hombre, de unos treinta años, estatura normal y con cuerpo
bien formado, que no aparentaba ser un personal trainer. Sus anteojos negros
circulares desencajaban aún más y le otorgaban cierto misticismo a su peculiar
imagen.
Me condujo por una serie de pasillos a un lugar apartado. El
gimnasio parecía tenía estar formado por laberintos de pasillos que nos alejaban
en cada esquina de la idea de un gimnasio común y corriente. Parecía ramificarse
en todas las direcciones y poseer máquinas para ejercitar cada parte del cuerpo
humano. En un determinado momento ya no se vieron más personas transitando, el
pasillo era angosto y había algunas peceras con aparatos completamente vacías,
me llamó la atención el silencio, no me había dado cuenta de cuando había
empezado pero para ese momento era absoluto.
Llegamos a una puerta que el hombre abrió y me hizo pasar.
Adentro había máquinas extrañas, formadas por sillones de cuero que parecían
terriblemente cómodos y lujosos. El lugar era chico y tenía un aspecto
agradable, las paredes eran de color blanco y tenían espejos, allí no había
nadie más que el instructor y yo.
"Empecemos", dijo el instructor y cerró la puerta.
"¿Esto cuenta como una sesión más?", pregunté ingenua. El
hombre sonrió y luego dijo "no, por esto deberías pagar, pero por ser vos, te lo
hacemos gratis…recuéstate." Y me señaló uno de los sillones de cuero negro.
Intenté recostarme de espaldas pero de inmediato me di cuenta que la posición
era boca abajo. Había dos huecos para mis senos y mi rostro quedaba enmarcado
por un cuadrado de gomaespuma, coloqué mis brazos en dos apoyabrazos que el
aparato tenía y dejé caer un poco mis piernas, mi torso tenía una pequeña
pendiente hacía mi trasero y desde allí mis piernas seguían un recorrido hacía
abajo dejándome bastante expuesta.
El hombre tomó mis brazos y los amarró con unas bandas anchas
que había allí, que no me herían pero me imposibilitaban moverme. Pasó una cinta
más grande por mi cintura y luego terminó de atar mis tobillos a las
terminaciones del aparato. No me podía mover en absoluto.
A pesar de apresarme el sillón era bastante cómodo. El cuero
en contacto con mi piel se volvía cálido y mis pulmones al llenarse de aire
movían la tela del traje y le propinaban un masaje bastante gustoso a mi cuerpo.
El hombre prendió el aparato y un ruido vibrante empezó a
inundar el ambiente, mientras él hablaba la superficie que de mi cuerpo que
estaba contra el sillón recibía miles de micro-caricias.
"Quédate tranquila, esto es natural, estás pasando a otra
etapa, lo que hará esta máquina es prepararte…primero sentirás unas pequeñas
caricias, luego sentirás que tu body se adhiere a tú piel…no te asustes, sólo
prepárate."
Un calor intenso inundó mi cuerpo, hasta alcanzar mis orejas,
estaba totalmente caliente, sentía la humedad de mi piel y sentía como mi
necesidad de aire se incrementaba, me estaba agitando y no sabía por qué. Mi
respiración comenzó a hacerse irregular, gemía pero no sabía de dónde provenía
aquella extraña sensación, empecé a gritar de forma totalmente inconciente como
si realmente estuviera siendo presa de un orgasmo. El sonido de la máquina
aminoró hasta volverse un leve murmullo. Yo respiré calmada, estaba
completamente sudada. Los pelos se me pegaban al rostro, y aún sentía los
resabios de un calor intenso e inexplicable. "qué pasó?" murmuré y sólo el
silencio supo contestarme. Pronto el calor volvió, acompañado de aquél "vibrar"
que yo no podia percibir. Mi cuerpo estaba allí, pero yo era dueña de él, que
estaba sucediéndome conmigo, nunca lo supe, a lo sumo lo sospeche con el correr
del tiempo. Y hablando de correr me volví a correr pero esta vez no sudé, de
hecho el orgasmo fue un cosquilleo un tanto más sutil, mi cuerpo estaba
adormecido por la experiencia anterior. Volvió el tiempo de reposo y volvió la
máquina a arrancar pero al finalizar me dormí casi instantáneamente, alcancé a
escuchar unos rumores pero no pude distinguir una sola palabra, tal vez fue un
juego de mi mente.