Candente Despertar
Por Georgina del Carmen
Mi nombre es Sara, soy una joven mujer de 23 años. En una
palabra me puedo definir como una mujer muy cachonda en todos sentidos.
Quiero compartir con ustedes algo muy excitante e intimo que
me sucedió a principios del año en curso.
Era una noche como cualquier otra, a la hora de siempre me
había ido a acostar y pasados unos minutos me quedé dormida, no sé cuanto tiempo
habría pasado, pero mi sueño había sido interrumpido.
La ropa de cama que me cubría había sido retirada de mi
cuerpo, dejandome solo en el breve baby-doll que uso para dormir y las pequeñas
pantaletas que es día habían cubierto mis partes íntimas.
Aun con asombro y a medio dormir sentía como unas manos se
deslizaban por mis senos acariciándolos, otras mas hacían lo mismo en mis
pantorrillas y muslos. No estaba plenamente cierta de lo que estaba pasando y
poco a poco fui recobrando la lucidez, el manoseo continuaba sin poderlo evitar
y sin querer hacerlo, ya que me proporcionaba un placer nunca experimentado,
estaba siendo cachondeada a cuatro manos.
Habían sacado mis tetas del baby-doll frotándomelas en
directo y por abajo las otras manos habían llegado a mi abultada panocha por
debajo de las minúsculas pantaletas frotándome la vellosidad pélvica y buscando
con sus dedos la separación de mis labios vaginales. Yo me dejaba complacida y
de mi papaya empezaban a emanar los fluidos vaginales.
Entre los jadeos que me provocaban la extrema cachondez a la
que estaba sometida pude fijar la vista en los calientes intrusos que sin mi
consentimiento simultáneamente disfrutaban manoseando mi cuerpo.
No podía creer lo que estaba viendo, aquellos dos ardientes
sementales eran nada menos que mi padre y mi hermano, sí, ¡Mi Padre y mi
Hermano!, que como animales en brama manoseaban sin recato mi cuerpo casi
desnudo. Ellos estaban en completa exposición de sus cuerpos sin ropa alguna y
sobresalían de su peluda entrepierna dos enormes toletes en completa erección.
Alternaba mi incrédula mirada entre sus ojos y aquellos espléndidos especímenes
de verga a cuál más colosal, de no menos de 24 centímetros, de los que colgaban
sus enormes güevotes seguramente bien cargados de esperma.
Ignoraba los motivos de aquel, para mí, sorpresivo ataque
sexual y desde cuando mi humanidad les provocaba aquellos bajos y ardientes
instintos. Eso era lo de menos, en aquel momento me sentía tan cachonda que no
me importaba que mis familiares estuvieran gozando mi cuerpo, solo me importaba
el placer que eso me proporcionaba y me dejaba manosear a placer. Mi padre
continuaba masajeandome las tetas y mi hermano las piernas y la vulva e
intentando bajarme las diminutas pantaletas.
Mi padre acercaba peligrosamente su tolete a mi rostro, quizá
como invitación a que se lo besara o mamara, él se inclinó a chuparme las
chiches y aproveché para asirme con una de mis manos de su vergota y frotarle
discretamente, su camote es tan grueso que no podía tocar mi dedo medio con el
pulgar. Mi hermano había conseguido quitarme los calzoncitos y besándome los
muslos subía poco a poco rumbo a mi peludo monte de Venus. Estaba tan caliente
para entonces que permitía que me cachondearan sin oposición alguna, incluso
cooperando ampliamente con ellos.
Hector, mi hermano, ya había llegado a mi raja sexual
chupándome el clítoris y degustando mis jugos vaginales que a borbotones fluían
de mi candente papaya. Me convulsionaba de placer sin tratar de ocultar el
deleite que me estaban dando. Mi padre dejó de chuparme las chiches para
incorporarse y acercar su enormidad sexual a mis labios en tanto yo le seguía
chaqueteando, ahora con toda enjundia, cuando tuve su verga en mis labios le
besé la crecida cabeza de su macana y entreabriendo la boca la fui metiendo para
mamarle con pasión desmedida tratando de darle un placer similar al que mi
hermano me proporcionaba en mi vulva.
- "Sarita, que rico me chupas la verga hijita" -. Decía mi
padre alentándome a mamarle más y metía su vergón lo más que podía en mi boca y
jugueteaba con mi lengua en la cabeza de su pitote.
Minutos mas tarde me cambiaron de pose, mi hermano quería
sentir mi boca en su pene y mi padre probar el sabor de mis encantos íntimos.
Sin mas me puse en "cuatro patas" sobre la cama, con una mano
acariciaba los güevos de Héctor mientras le besuqueaba y chupaba la cabeza de su
tremenda macana, en tanto mi padre se daba gusto besándome las nalgas y pasando
su inquieta lengua por mi babeante raja sexual y mi apretado culito, mientras
con una de sus manos masajeaba mi velludo monte de Venus.
El enorme pene de mi hermano entraba en mi boca y garganta a
mas de la mitad, mi padre solo despegaba su boca de mis rinconcitos íntimos solo
para alabar el aroma y sabor de mi culito y mi papaya, "Sara, que sabroso
trasero tienes, me fascina tu lindo culo y tu peluda raja" me decía con voz
entrecortada por la excitación que le invadía al igual que a mi hermano y a mí.
Sin decir nada mi progenitor se incorporó y empezó a penetrar
su enormidad sexual en mi mojada hendidura de placer, sentía que su colosal
vergota me partía en dos, sin embargo lejos de tratar de evitarlo recibía con
intenso placer su camote y sacando momentáneamente la gran verga de mi hermano
de mi boca, le animaba repitiéndole incansablemente, "Cógeme papi, cógeme rico"
y movía mi cadera al compás de los embates de su tolete en mi vulva.
Después de varios minutos, mi hermano exigía penetrar con su
ricura mi cuerpo tal como mi padre lo estaba haciendo, cambiaron de posición y
ahora Hector me envergaba la vulva y mi padre me daba a mamar su vergota
haciéndome probar mis propios jugos vaginales lamiéndole la vergota desde los
güevos hasta la cabeza de su enorme y sabroso instrumento de deleite. El vientre
de mi hermano chocaba sonoramente contra mis nalgas en cada metida de verga que
sin piedad me daba haciéndome gozar y, sacando momentáneamente la verga de mi
padre de mi boca, proferir frases cachondas impulsándolo a darme mas verga.
Mientras mi hermano me seguía cogiendo, mi padre se separó de
mí y tomando un frasco de crema que había en el tocador, con el dedo medio tomó
una buena cantidad y sentándose en la orilla de la cama me ordenó que me parara
frente a él dándole la espalda, me empinó y me empezó a embarrar la crema entre
mis nalgas metiéndola en mi culito, era evidente que me habría de encular, yo
dudaba que en mi apretado orificio anal cupiera tal enormidad de verga. Sin
embargo estaba tan cachonda que deseaba tener su colosal plátano incrustado
entre mis ardientes nalgas.
Una vez que tuve suficientemente lubricada mi colita, mi
padre me ordenó sentarme en su monumental camote, colocó la cabezota de su
ricura en mi pequeño ano y flexionando las piernas me fui sentando, me abría las
nalgas con ambas manos y su vergota no podía entrar en mi apretado culito,
soportando el dolor que me causaba apliqué todo mi peso sobre su vergota y poco
a poco mi culo se fue abriendo para dar paso a su enormidad sexual devorando la
cabeza y cada centímetro de su macana, todo ello ante la mirada impaciente de mi
hermano que esperaba su turno de encularme.
Una vez que mis nalgas se asentaron en el vientre de mi padre
supe que todo su descomunal camote estaba dentro de mi culo e intestino, el
dolor era intenso, pero el placer era mayor. Impulsándome en las piernas fui
sacando lentamente algunos centímetros, para volver a sentarme en tan delicioso
caramelo, así una y otra vez hasta tomar cierta velocidad ante la distensión de
mi conducto excretor. Mi hermano no perdía el tiempo dándome a chupar su camote,
entre chupada y chupada animaba a mi padre diciéndole "Que rico me enculas papi…
Cógeme mas por mi culito… Jomy, jomy métemelo mas por mi colita".
Sorpresivamente Hector me separó las piernas y acercó su
vergota a mi babeante papaya y mientras mi padre me seguía cogiendo por el culo,
se echó sobre mí y me metió la verga en mi raja dándome la deliciosa doble
penetración por primera vez en mi vida. Era indescriptible el placer que mi
padre y mi hermano me daban cogiéndome simultáneamente en forma acompasada por
mis orificios íntimos.
Varios minutos después de estarme cogiendo ambos, decidieron
que ahora le tocaba a Hector disfrutar de mi culito. Me puse en pie sacándome
momentáneamente las enormes vergas de mi cuerpo, mi padre permaneció recostado y
dándome media vuelta me monté en él incrustándome yo misma su poderoso camote en
mi papaya, estaba empinada dándole a mamar mis tetas, levanté mi cadera
ofreciéndole mis nalgas a mi hermano, las colmó de besos y lamidas así como a mi
candente culo que ansioso esperaba la visita de su enormidad sexual.
En tanto mi padre metía y sacaba su vergón de mi mojada
papayita, me abrí las nalgas con ambas manos y Hector clavó con lentitud su
camote en mi goloso culito alojando la totalidad de su enorme ricura en mi recto
e intestino. Dio inicio el acompasado vaivén de sus vergotas en mis rinconcitos
íntimos llenándome de la lujuria mas extraordinaria jamas sentida, los
deliciosos orgasmos a que me llevaban se sucedían unos tras otros en
espectaculares y mojadas venidas haciendo brotar de mi papaya inusuales
cantidades de fluido vaginal.
Pasaron los minutos en los que no cesaba de gritarles "Que
rico me cogen y enculan... No se detengan síganme cogiendo por el culo y la
papaya", "Soy su putita disfruten de mi cuerpo que yo estoy gozando sus vergotas
sabrosas", "No son mi padre y mi hermano, ni yo su hija y hermana, soy su puta
cachonda y ustedes mis padrotes, mis picadores, mis camotes sabrosos y
calientes", "Me encanta la verga fraterna, no dejen de cogerme el culo y la
papaya que lo hacen muy rico, disfruten el cuerpo de su putita
cachonda…Disfruten de mi cuerpo".
Parecía que aquel placer celestial no tenia fin, me cambiaron
de pose varias veces en las mas variadas formas desconocidas, hasta entonces,
para mí, en las que aprovechaba para mamarles la vergota a ambos, pero en todas
me daban la doble penetración culo-papaya alternándose para visitar mis
candentes hoyos, especialmente en mi, hasta entonces, virginal "pedorrito" como
le llamaban ellos, que no dejaba de desear tener dentro a los extraordinarios y
sabrosos visitantes en los que se habían convertido las supremas vergotas de mi
padre y mi hermano.
No sé cuanto tiempo pasó, por fin mis cogedores estaban a
punto de descargar su esperma ante el intenso placer que les daba disfrutar mi
cuerpo, mi padre fue el primero en manifestar su deseo de eyacular. Sacó su
vergota de mi papaya y la llevó a mi boca, "Me quiero venir en tu boca Sarita,
para que tragues el semen de tu padre", me dijo, en tanto mi hermano me seguía
enculando sin piedad. Chupaba extasiada el camote de mi padre cuando
extraordinarios chorros de leche inundaron mi boca, tragaba su esperma con
deleite evitando me ahogara con su licor viril.
Apenas había degustado la ultima gota de la leche del garrote
de mi padre, cuando Hector sacó violentamente su vergota de mi culito,
metiéndola entre mis labios para que se la mamara, dos o tres chupetes y ahora
era él quien descargaba su esperma en mi boca, que mas tardaba en tragar que en
ya tenerla llena nuevamente, era una venida superior a la de mi progenitor. Era
tal cantidad de leche que emanaba de su tranca que sentí que me ahogaba y empecé
a toser bruscamente.
La intensa tos me hizo volver a la realidad, ¡Desperté! y al
tomar conciencia, supe que todo había sido un sueño húmedo y vaya que fue
húmedo, los abundantes flujos vaginales escurrían por entre mis muslos y mis
pequeñas pantaletas estaban empapadas y estaba en un grado de excitación como
nunca antes. Había sido un sueño cachondisimo en que disfrutaba del sexo
incestuoso con mi padre y mi hermano simultáneamente lo que me daba placer
doble, lo que nunca se me había ocurrido ni en mis fantasías más cachondas.
Desde la mañana siguiente, y hasta la fecha, al ver a mi
padre y a mi hermano vienen a mi mente las escenas vividas en mi sueño y me
pongo cachonda y enseguida se me mojan las pantaletas. Sé que con mi padre sería
imposible algo así, pero con el caliente de mi hermano no pierdo la esperanza de
que pronto les pueda contar como fue que me cogió por la boca, la papaya y mi
"pedorrito".
Georgina del Carmen
Relato 100% fantasía inspirada en una platica con una
compañera de la escuela, en la que tuvo un sueño erótico con uno de sus
familiares.