MI NUEVA VIDA I
Jeanette
Desde muy chica, siempre me sentí muy atraída por la ropa
interior de las mujeres con quienes me crié. En mi casa, además de mis padres y
mis dos hermanos mayores, vivían tres tías, hermanas de mi mama, y mi abuela
materna y, por supuesto, la zona en que se secaba la ropa luego de lavada,
siempre lucia cargada de pantaletas y sostenes de múltiples colores, cosa que
siempre me llamaba la atención y distraía mi concentración. Igualmente, nosotros
teníamos unos vecinos con quienes siempre compartíamos nuestros juegos
infantiles y, por razones de edad, a mi me tocaba jugar con una nena, diez meses
menor que yo, a quien yo envidiaba profundamente por la ropa que ella usaba,
sobre todo, la interior y las cosas que hacia abiertamente propias de su sexo y
que a mi me encantaban, pero que yo no podía realizar. Por ejemplo, nos gustaba
mucho jugar al medico, a mi tocaba ser el enfermo, un hermano mío hacia de
doctor y ella de enfermera, hasta que un día cuando mi hermano no estaba, le
pedí que jugáramos con su hermanito menor a quien pusimos de enfermo y yo le
sugerí a ella que fuera la doctora, mientras que yo hacia el papel de enfermera.
A partir de entonces, si estaba mi hermano, no jugábamos al doctor, con la total
complicidad de mi vecina. Igual, con su complicidad involuntaria, tuve por
primera vez una pantaleta en mis manos que era rosadita y tenía unas campanitas
en la parte trasera, la cual debí sostener porque casualmente la encontramos en
un armario que debimos revisar para conseguir un juguete.
Ese día se me hizo imborrable en mi vida y, simultáneamente,
seguía viendo la ropa interior de mis tías y mama en el tendedero de la casa.
Cada vez me atraían mas, pero no encontraba el momento de ponerme una, no por
falta de ganas, sino por temor a que me descubrieran, hasta un día que me
decidí. Me acuerdo que yo tenia una fuerte gripe y mama me llevo a dormir a su
cuarto para controlarme la fiebre, tendría entonces como 10 anos de edad. A eso
de las tres de la madrugada, llego mi papa totalmente borracho y, haciéndome el
dormido, vi. y oí como la forzaba a tener relaciones esa noche. Eso me marco
definitivamente, por el sentimiento de dolor y solidaridad que sentí con mi
mama. Recuerdo que al día siguiente, cuando me estaba duchando, por primera vez
en mi vida me escondí mi sexo (pipi o pija) entre mis piernas para formarme una
vagina (cuca o concha). Poco a poco me fui armando de valor, hasta que llego el
gran día de mi debut.
Poco tiempo después de celebrar mi onceavo onomástico, me
quede solo en la casa y no resistí la tentación y me dirigí al cuarto de una mis
tías. A todas estas, mi cuerpo había sufrido algunas transformaciones que, entre
otras, se manifestaban en el incipiente crecimiento de unas teticas, mientras
que el pipi se mantenía bastante chico y totalmente encapuchado. Después les
explico la raíz de esos cambios en mi cuerpo. Estando en el cuarto de mi tía, me
puse un sostén blanco de encajes que me costo mucho poder abrochar, no sabia
como hacerlo, y una pantaleta del mismo color. Eso me excito mucho y, por
primera vez en mi vida, me masturbe vestida con ropa de mujer. Desde ese día,
cada vez que me quedaba sola, hacia siempre lo mismo. A las pantaletas y el
sostén agregue unas medias panty, después un fondo, luego una falda haciendo
juego con la blusa y, lógicamente, algo de maquillaje. Eso lo hacia, por lo
menos una vez a la semana y cuando no podía hacerlo, me sentía profundamente
frustrada, hasta que comencé a estudiar la secundaria. En el colegio donde
estudiaba, daban libre los jueves de tarde y, como todos en casa trabajaban y
mis hermanos estudiaban, me quedaba sola y podía darme el gusto, incluso, de
ponerme pantaleta y sostén debajo de mi ropa de hombre para salir hasta el
abasto de la esquina a comprar algún refresco o cualquier cosa que se me
ocurriera. A medida que me podía vestir más a menudo, se me fue despertando el
interés por los chicos. Siempre procuraba orinar digamos que en hora pico y,
así, se me facilitaba ver, aunque fuese de lejos, el sexo de los compañeros de
clase. Poco a poco fui incorporando algunos instrumentos a mis sesiones de
transformación, salchichas, pepinos, plátanos, zanahorias con los cuales
acariciaba, al principio, el huequito de mi culo y, luego, me los introducía
masturbándome con la ilusión de que algún hombre me estuviese penetrando con su
pene.
Cuando cumplí los 13, entro a estudiar en el mismo curso un
chico rubio, catire como decimos en Venezuela, que me impacto desde la primera
vez que lo vi. y no dude en hacer amistad con el. Poco a poca esa amistad fue
creciendo y nos dábamos mutua confianza. Esa amistad, también poco a poco, se
fue transformando en admiración, por lo buen estudiante que era y me nació un
gran afecto por el, a tal punto que todas las noches nos hablábamos por el
teléfono (como novios, casi) y alcanzo su punto máximo un fin de semana largo
por días feriados, cuando me sentí como desasistida, me embargo un gran
desasosiego. Realmente, lo estaba echando de menos en mi vida. Comprendí,
entonces, que estaba enamorada por primera vez en vida.
Como todos los jueves en la tarde los seguíamos teniendo
libre, siempre lo invitaba a casa a estudiar y mi mama y una tía, que era mi
madrina, alcanzaron a conocerlo un día. Esa noche, después que el se fue, mama,
mi tía y yo solo hablamos de el, de su educación, de su modales y de lo bello
que era. Ahí, mi tía, como después me lo confesaría, le nació su sospecha sobre
mi opción sexual, lo cual hablaríamos abiertamente mas adelante. Por supuesto
que en la medida que nos veíamos, mi amor hacia el iba creciendo hasta que un
día no aguante mas. Recuerdo que llegue del colegio y, aunque mi madre y mis
hermanos estaban en casa para almorzar, me las ingenie para sacar una pantaleta
bikini negra con encajes del cuarto de una mis tías y me la puse debajo de mi
pantalón escondiendo mi calzoncillo en el bulto donde guardaba mis libros. Casi
terminando de almorzar, llego mi amigo que venia a estudiar conmigo. Mama y mis
hermanos se fueron a hacer sus cosas a la calle con mayor tranquilidad porque yo
quedaba acompañada. Luego de pasado un rato, nos dispusimos a estudiar en el
comedor de la casa y cuando abrí el bulto, lo primero que salto fue el
calzoncillo y el se rió mucho, preguntándome que hacia eso ahí. Bueno yo lo
lleve por el lado del humor y le dije que de seguro era una broma de uno de mis
hermanos. A medida que avanzaba la tarde, la confianza, y mi atracción hacia el,
crecían aceleradamente, hasta que en un momento no puede mas y coloque mi mano
derecha sobre su sexo. El se sorprendió, pero no le disgusto la idea. Me
pregunto que me pasaba y le conteste que quería vérselo y tocárselo,a lo cual no
opuso resistencia y me dejo bajarle el cierre del pantalón. La emoción llego al
máximo cuado surgió su herramienta varonil, blanca, erguida y de cabeza rojita
que me invitaba a tenerla en mis manos y en mi boca. Del comedor, nos fuimos a
mi cuarto que compartía con mis dos hermanos, donde nos desnudamos. Cuando el
vio la pantaleta que tenia puesta entendió, por fin, lo del calzoncillo en el
bulto. Nos acostamos y lo primero que hice fue llevarme a la boca su lindo pene,
el primero que tenia en mis manos en mi vida, para comenzar a chapárselo.
Comencé por los testículos, lamiéndole el escroto, después le fui besando el
pene y lamiendo como un helado hasta que me lo introduje en la boca y le chupe
hasta que sentí la explosión de semen en mi boca. Uno de los sabores mas ricos
que he sentido en mi vida, sobre todo, porque después me confesaría que era la
primera vez que alguien se lo hacia. Como su pene quedo erecto a pesar de su
eyaculacion, le pedí que me cogiera. No sabíamos como, pero el había leído en
una revista, que era preferible que me pusiera algún lubricante en mi culo.
Corrí hasta el cuarto de mi mama y me traje un frasco de crema para la cara, la
cual el me unto delicadamente en el huequito, introduciéndome poco sus deditos
hasta que se decidió y me coloque en posición de perrita para que me penetrara.
Poco a poco me lo fue metiendo y sacando cuando me dolía, hasta que la
excitación me hizo su presa e hice todo lo que estuvo a mi alcance para que su
pipi entrara totalmente en mi culo. El se movió muy bien y al poco rato sentí
como se le expandía el pene dentro de mi hasta que acabo, regando con su semen
todas mis vísceras, luego nos quedamos acostados un rato y comenzamos a besarnos
con mucha ternura hasta que sentí su nueva erección y le pedí que nuevamente me
cogiera, a lo cual accedió con gusto hasta que otra vez sentí su lechita
inundando mi cuerpo. Había sido su mujer, su primera mujer, y el, mi primer
hombre, me había hecho mujer. Desde ese día, nuestra amistad creció a tal punto
que en el colegio o en el bus donde nos trasladábamos, cuando nos percatábamos
que estábamos solos o no había nadie conocido, nos besábamos, tomábamos de la
mano, nos escribíamos mensajes amorosos como dos noviecitos donde yo siempre
hacia el papel de mujer. Me sentía como siempre había querido ser.
Ese plato se repetía todos los jueves. El único cambio era
como lo recibía, a veces solo con pantaleta, sostén, medias y liguero y, otras,
vestida totalmente, en ambos casos, maquillada muy delicadamente. Lo único si
fue algo que me convenció de ese sexto sentido que se le atribuye a las mujeres.
Mi tía-madrina noto cambios en mí. Me traslucía mucha alegría y la ansiedad me
había disminuido. Era lógico, todas las semanas, mientras había clases, sostenía
relaciones sexuales con el hombre que amaba y, los días que no nos acostábamos,
nos veíamos, paseábamos, estábamos juntos. Sin embargo, cuando llegaban las
vacaciones, esa magia desaparecía. Mis vacaciones coincidían con las de mis
hermanos y, en la mayoría de las veces, con las del resto de la familia, lo cual
obstaculizaba, no solo mis encuentros con mi novio, sino que también limitaba
las posibilidades de vestirme, lo cual me ponía de muy mal humor. El deseo de
ser mujer, pienso yo, que me comenzaba a brotar por los poros y, después,
comprobaría que mi tía-madrina lo había percibido, a tal punto que en una
ocasión entre casualmente a su cuarto estando ella en ropa interior y ni se
inmuto con mi presencia, tanto que hasta entablo conversación conmigo y hasta me
pidió con total normalidad que le alcanzara una blusa del closet donde las
guardaba. Su actitud, por un lado, me llamo mucho la atención, y hasta llego a
excitarme por la confianza que me había demostrado; y, por la otra, mas me
asombro que esos encuentros fortuitos comenzaron a hacerse mas consuetudinarios,
a tal punto, que un día estando los dos solos en casa, comenzó a llover y me
pidió que recogiera una ropa, lo cual hice muy complacida. Entre a su cuarto y
la deje sobe la cama, pero lo asombroso fue que cuando yo salía, ella regresaba
de la ducha con una toalla por encima, entonces me pidió que le pasara una
pantaleta y un sostén, inocentemente, le pregunte que quería, y me dijo "tu
sabes", se quito la toalla y delante de mi escogió un conjunto precioso que a ya
yo había usado preguntándome por que me daba pena agarrarle la ropa delante de
ella si eso le parecía algo muy natural entre ella y yo. Yo no salía de mi
sorpresa, cuando inmediatamente, solamente con la pantaleta puesta, se dio la
vuelta y me pidió que la ayudara a guardar el resto de la ropa en su closet.
Burlonamente, me iba indicando el nombre de cada prenda y la gaveta donde las
colocaba, "por si algún día se te ofrecen" y "no tengas que perder tiempo". Lo
sabia, sin verme y sin decirle nada.
Pasaban los días y siempre había miradas cómplices entre
nosotras, tanto que un día, para encontrarme con mi novio, le use su ropa y su
set de maquillaje, el cual deje desordenado. Al día siguiente, me llamo a su
cuarto y me dijo como se debían guardar los maquillajes y que la ropa usada se
ponía en la cesta de la sucia, hasta que ella pudiera lavarla, porque entendía
que todavía yo no lo hiciera. Yo vivía de sorpresa en sorpresa y así pasaban los
días y los meses. Hasta que un día se vino la debacle. Mi novio no quiso seguir
conmigo porque, desgraciadamente, se había enamorado de una mujer, debería decir
de otra, y por razones de trabajo, mis padres y mis hermanos se fueron al
interior, mientras que yo me quede a vivir con mi tía-madrina sumida en una
profunda depresión. Ver a mi amado todos los días sin poder si quiera abrigar
alguna esperanza de su regreso, mientras que no ver a mi familia directa, me
llenaba de soledad. Mi único alivio era vestirme los jueves de tarde, sola, como
al principio, La única variación que hice fue la de que cada vez mas me echaba
para atrás el pipi de tal manera que la pantaleta me dibujara un órgano femenino
y llegue, incluso, a bajármelo cuando estaba en erección como intentando
quebrármelo y había días que en medio de la desesperación, me golpeaba con un
cinturón para que no se erectara y me lo apretaba lo máximo que podía hasta
hacérmelo insensible al dolor. Su pequeña dimensión me permitía esos juegos.
Pero, todo en esta vida tiene su recompensa.
Una de esas tardes de los jueves, me fui al cuarto de mi
tía-madrina totalmente desnuda dispuesta a vestirme y maquillarme. Así fue que
escogí un lindo conjunto blanco de pantaleta tanga, tipo cola-less, y sostén con
la copa lisa y me los puse sin mayores problemas. Lo mejor es que la cola-less
no solo se me metía en el culo, sino que me partía en dos mis imperceptibles e
inútiles testículos. Luego me senté frente a la peinadora y comencé a
maquillarme, justo cuando me colocaba el rimel de reojo vi. que mi tía se estaba
deleitando con mi transformación. Yo me puse muy nerviosa, comencé a sudar
locamente, sentí un gran vació en mi estomago, mientras que ella simplemente se
sonreía y me recuerdo que alcanzo a decir "así quería verte…que linda te
ves…pareces una mujer…ahora si estas transformada…" Respuesta un poco de mi
aturdimiento, mi tía se sentó en la cama y me pidió que terminara de
maquillarme, mientras ella se duchaba y venia a conversar conmigo. Yo no sabia
que hacer.
Cuado ella regreso, me explico que no se había sentido bien y
por eso había regresado mas temprano a casa, pero que daba gracias a Dios de
conseguirme así vestida, porque al fin podíamos sincerar nuestra relación. Por
fin me saco de la duda y me confeso que desde nuestra conversión sobre el chico
del colegio, ella se había dado cuenta que me gustaba como hombre y que con lo
de la ropa y sus invitaciones a su cuarto se había requeteconvencido de que era
mas que mariquita, era una mujer en potencia. Todavía se franqueo más conmigo, y
eso es lo que prometí al principio explicar, me contó que al yo nacer, debido al
tamaño de mi pene, surgió la duda acerca de mi sexo, tanto que el pediatra que
me atendía me trataba como hembrita para la satisfacción de mi madre y de mis
tías. Con el tiempo, mi padre intervino y, con su machismo a ultranza,
prácticamente lo obligo a ponerme hormonas masculinas para que se revirtiera mi
sexo. Pero, la naturaleza no perdona, y a los once anos comenzaron a
desarrollarse mis senos, en tanto que era escasa, casi nula, la vellosidad que
recubría mi cuerpo y el pene nunca se desarrollo. Tanto mi tía como mi mama lo
esperaban y un día que me vieron en la playa, comenzaron a preguntarse cuando
"explotaría" mi verdadero sexo, mis consecuentes inclinaciones y, por ende, el
problema con mi papa.
A partir de ese día mi nombre en casa comenzó a ser Jeanette
y comence a ser tratada como sobrina y ahijada. Poco después cumpli 17 y mama
vino del interior. En conjunto con mi tia me obsequiaron un ajuar completo de
mujer, incluyendo el inicio de mi tratamiento hormonal para que desarrollara mis
verdaderas caracteristicas fisiologicas. En una próxima entrega les haré conocer
como siguió la historia, mi nueva vida.
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